Estudio Grafologico Sobre Ruben Dario
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ESTUDIO GRAFOLOGICO SOBRE RUBÉN DARÍO POR
MARÍA FRANCISCA DE JAUREGUI
Al proponerme estudiar el gxafismo de un personaje conocido umversalmente y más aún si es casi contemporáneo, me asalta siempre la idea de que mis lectores puedan pensar que mi camino está de antemano trazado por biógrafos, críticos y aun familiares, y que nada es más fácil que seguirlo. Sin embargo, una buena parte de los escritores, de figuras cimeras que he tenido ocasión de analizar, me han deparado hallazgos sorprendentes al presentármelas bajo aspectos muy alejados del tópico consagrado. Pudiera citar, entre los lejanos en el tiempo a don Fernando el Católico y a don Felipe II, y entre los actuales al doctor Marañón y a Picasso. Por cierto que respecto a los dos primeros, cuyos retratos grafológicos publiqué hace bastantes años, he tenido la satisfacción de comprobar qué investigaciones históricas recientes han venido a fortalecer mi punto de vista. Con toda sinceridad quiero confesar ahora que, como preparación a este trabajo sobre Rubén Darío, yo no traía más bagaje que la profunda huella admirativa grabada por sus poesías en mi sensibilidad adolescente y que me permite aún recitar algunas de memoria. A pesar de esto, ni un libro suyo en mi biblioteca ni la menor idea sobre su biografía. Ahora me encuentro de pronto ante una serie de escritos de Rubén en su época de plenitud y ellos hacen revivir en mí aquella lejana y extraordinaria sensación que me produjo el primer contacto con su poesía. No leo lo que dicen—siempre procuro no leer al analizar un grafismo—pero tampoco es necesario: allí están sus rasgos, los giros de su pluma que son como la representación plástica de su poesía, que tienen su mismo ritmo, su misma fuerza, su tremenda vibración vital. Vuelvo a sentirme, como entonces, sumergida en plena selva tropical, y al querer expresar lo que siento me faltan palabras—no he estado en esa selva—-y en cambio acuden a mi mente otras de antiguas lecturas: las de Keyserling (i) hablando del Continente, del tercer día de la Creación, de serpientes de pieles atigradas surgiendo de turbios lagos sin fondo..., las de
(i)
Conde de KEYSERLING:
Meditaciones
624
suramericanas.
El poeta a los treinta y un años
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Autógrafo de Rubén Darío, escrito a esa misma edad
Rubén a los cuarenta y seis años
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Un autógrafo a esa misma edad
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Dárwin (2), paralizado de asombro en los bosques brasileños ante la paradójica mezcla de ruidos—el que producían los insectos podía oírse desde el mar—y al mismo tiempo un silencio estrernecedor. Sigo ya caminando por mi cuenta por estos parajes incomparables y contemplo árboles espesísimos de los que cuelgan orquídeas de prodigiosa belleza, más allá vuelan mariposas de deslumbrantes colores, pero también se siente el viscoso reptar de vidas oscuras y repugnantes, resuenan lúbricos alaridos y gritos feroces ,de lucha y de muerte... Y de pronto, los grandes ojos, conmovedoramente inocentes, de un lindo y tímido animalillo inofensivo, al que su Creador defiende con guardia de milagros. Así se me ha aparecido en su enorme exuberancia el alma de Rubén: no hay demasiadas sorpresas aquí porque su naturaleza de poeta debió producirse casi siempre con pueril, con violenta, con brutal sinceridad, y por tanto dejó ver su intimidad casi con impudor. No puedo, pues, hacer otra cosa que confirmar, mediante este estudio, la mayor parte de los juicios que sobre mi personaje se habrán emitido, aunque tal vez mi criterio completamente neutral, precisamente por mi alejamiento del campo en que él se movió y en el que se ejercita la crítica de su vida y de su obra, puede tal vez traer una modesta aportación al conocimiento de su proteica personalidad. Como es natural, abundan en este grafismo los signos de inteligencia superior, de imaginación creadora, de gracia, d« fantasía. Domina la intuición sobre la lógica, y cosa notable, a pesar de la extensión y violencia de algunos rasgos, existe en esta letra la sobriedad propia de los espíritus superiores aunque esos exabruptos quiebran a veces ia armonía, también exigible, Pero es que el genio escapa a toda norma, tal vez porque la naturaleza humana se ve excedida por su contenido. El caso de Beethoven es típico en grafología. Hay gran impresionabilidad intelectual predominando sobre la sensibilidad cordial; fue más bien aquélla, conjugada con la terrible sensualidad—de todos sus cinco sentidos—las que debieron regir su vida afectiva, poco cómoda de sobrellevar, seguramente, por el objeto —objetos—de sus sucesivas o simultáneas predilecciones. Pasión y egoísmo en dosis cambiantes, atemperados afortunadamente por un sentimiento del deber y de la responsabilidad luchando por imponerse. La voluntad es el punto más débil de este carácter: tan pronto impulsiva, agresiva, tenaz, despótica, como derrumbada por repentinos desfallecimientos en los que aparece temeroso y desvalido cual un niño que busca refugio en el regazo materno... Y aquí surge una (2)
DARWIN:
A naturalist voyage round the world.
625 CU.VDF.XNDS. 212-213.—25
posible explicación para un episodio de su vida que me sorprendió grandemente al conocerlo: su unión tan duradera con Francisca Sánchez, ¿Qué pudo encontrar el gran -vate en aquella pobre aldeana analfabeta, aparte de una juventud y belleza que muchas otras «pretexto de sus rimas» también le ofrecieron y, sin embargo, fueron rápidamente olvidadas? No cabe pensar en que Rubén la tomase por su «princesa», víctima de encantadores, tal como ocurrió a nuestro Alonso Quijano con Dulcinea y la zafia labriega manchega... He podido estudiar el grafismo de esta mujer en los cuadernos en que aprendía a escribir, mezclado con borradores de Rubén, Puedo decir que me ha inspirado respeto. Es una escritura apenas organizada, pero que ya denota una clara inteligencia natural, lógica y deductiva. En el terreno afectivo sus valores serían la constancia, la serenidad, la paciencia, el equilibrio, la estabilidad. Probablemente poco expresiva, escasamente sensual, recibiría con humildad y sumisión las efusiones del poeta, y dudo de que añadiese nota personal alguna a su rica sinfonía amorosa. Eso sí, tenía una voluntad obediente a quien considerase con título para mandar, pero firme, que reaccionaba con paciente y tenaz heroísmo contra las adversidades; una conciencia estricta, rígida, sin titubeos, y su conducta sería modesta, reservada, igual, tal vez un poco seca y no demasiado atractiva. ¿Fue esta fortaleza, esta firmeza lo que buscó en ella Rubén, cual cable de amarre para establecer la conexión telúrica capaz de sostenerlo? «Francisca Sánchez, acompáñame»..., dijo, trasmutando en poesía, por magia de su arte, un nombre tan vulgar... Acaso quiso también decir: confórtame, deja que me apoye en ti, igual que dice el niño y aun el hombre a su madre, sin darse cuenta de que ella es tan débil... Al releer lo que llevo escrito acerca de estos dos seres, me impresiona el tremendo contraste entre ellos y también el que parecen escogidos como prototipos de las respectivas tierras que los produjeron. «Ubérrima», blanda, perezosa, abisal, Sudamérica; seca, dura, firme, ascética, Castilla... Es éste un tema que siempre me ha interesado: el hombre, producto de la tierra. Ya el viejo Gustavo Le Bon (3), espíritu tan típicamente francés-—a este respecto me lo recuerda el actualmente discutido P. Teilhard de Chardin (4), hoy olvidado, a pesar de sus intuiciones hasta en materia atómica, habló de las leyes psicológicas de los pueblos; modernamente Willy Hellpach (5), profesor de la Universidad de Heidelberg, ha desarrollado el tema del alma humana bajo el influjo de tiempo, clima, suelo y paisaje, en el que asegura que el alma humana es siempre alma {3) (4) (5)
GUSTAVO L E B O N : Lois psychologiques de TEILHARD DE CHARDIN: La place de l'home WILLY HELLPACH: Geopsique*
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Vevolution des peuples. dans la nature,
determinada por la tierra, dedicando su trabajo al gran Alejandro von Humboldt, genial pionero en tantos campos científicos. Muchos otros especialistas se han ocupado defendiendo tesis en pro y en contra sobre este asunto. Recientemente he leído un brillante ensayo de don José Antonio Maravall, pero aunque estoy completamente de acuerdo con él en que «no sería lícito basar un programa de vida común en la obligación de atenerse a la autenticidad de un carácter» y en que todo pueblo «debe buscar un conocimiento lo más objetivo y científico de esa situación para darse perfectamente cuenta de la manera y medida con que esos factores condicionan el esfuerzo para alcanzar un futuro que se persigue...», «pero que no pueden nunca aducirse para excluir unos fines que se quieren alcanzar, de la perspectiva del porvenir que un pueblo elige», no llego a compartir enteramente sus ideas sobre el «mito» de los caracteres nacionales: soy menos optimista a ese respecto. Me viene ahora a la memoria una anécdota que refiere Jung (6) en alguna de sus obras—no recuerdo en cuál y voy a citar de memoria, con toda la imprecisión que ello implica: hablando con un brujo de una tribu primitiva, éste sugería desacuerdos sobre el proceder de un gran pueblo moderno; Jung insinuó que tal vez las inmigraciones masivas a aquel país cambiarían su psicología, pero el brujo contestó convencido: «No, porque al establecerse allí otras familias, los espíritus de los muertos de aquella tierra entrarían en los cuerpos de los niños que fueran naciendo, y pronto serían iguales que los anteriores pobladores...». Después de esta digresión, motivada por la evocación de algo que rae es caro, he de volver a ocuparme de los grafismos de Rubén. Me entregan una carpeta con documentos de diferentes épocas, los primeros coincidentes en las características más arriba estudiadas, hasta que, al llegar a la fecha de 1913, se observa un brusco, espectacular cambio, que persiste e incluso se agrava de allí en adelante. Hay una notable disminución en el tamaño de las letras, una presión mucho más débil, una tendencia general al ahorro de esfuerzo, inseguridad, falta de iniciativa. Se diría un hombre envejecido, con notar ble menoscabo de cualidades viriles en su cerebro y en su carácter —en éste predominan ahora los rasgos infantiles, nunca ausentes en las naturalezas poéticas, el egoísmo, las oscilaciones de debilidad y violencia, -la falta de aplomo en los momentos difíciles, el buscar escudarse en otro, rehuir responsabilidades,' soñar sueños, lo que los franceses llaman «pescar sombras»—. Hasta aquellas barras de la t, (ó) JOSÉ ANTONIO MARAVALL: Sobre el mito de los caracteres nacionales. Revista de Occidente, año I, 2. a ép., núm. 3. C. G. JUNG: Transformaciones y símbolos de la libido. 627
que parecían tremendas mazas, lanzadas hacia delante, se han convertido en pequeños rasgos que quedan retrasados respecto al palo. ¿Qué edad tenía Rubén cuando escribió esto?—pregunto—. «Cuarenta y tantos años» —me responden. Quedo asombrada: tal vez los médicos que lo conocieron pudieran dar explicación a todo esto que yo no puedo hacer más que constatar. Y ello me lleva a repetir aquí algo que ya se viene diciendo hace muchos años, hasta ahora con escaso éxito: que la grafología debiera ser un buen auxiliar para los médicos y los psicólogos. Desde luego se han interesado y aun ocupado seriamente de la grafología muchos grandes médicos, psicólogos y pensadores: los nombres de. Kretschmer (7), Enke, Klages (8), Schwiedland, Dr. P. Menard (9), los rusos Kornílov, M. Bekker, etc., del Instituto de Psicología Experimental de Moscú (10), y entre nosotros los Drs. Ramón. Sarro, López Ibor, Escardó y otros muchos, bastarán como breve exponente de mi aserto, pero que yo sepa, hasta ahora nada de esto se ha plasmado aquí en algún centro de estudios serios y metódicos, que vayan consolidando y ampliando la base científica indudable de la grafología. Hace ya bastantes años, el Dr. Schneidemühl, profesor de Patología comparada de la Universidad de Kiel (n), decía, después de hablar del fundamento científico de la grafología y de sus métodos de investigación, que la meta deseada sólo podrá alcanzarse definitivamente cuando exista un número suficiente de jóvenes, con preparación profunda, dedicados a esta ciencia. Y más adelante afirmaba que los problemas que plantea la grafología sólo se pueden abordar con un método a la vez psicológico y fisiológico. Esperemos que gente nueva, con la formación necesaria, aplique su entusiasmo a proseguir estos estudios, que, a mi juicio, bien se lo merecen. MARÍA FRANCISCA DE JÁUREGUI
Añastro, 3 MADRID
(7) E. KRETSCHMER: Korperbau und Charakter. (8) LUDWIG KLAGES: Escritura y carácter. Problemas de grafología. (9) Dr. P. MENARD : L'écriture et le subconscient. (10) Los problemas de la psicología moderna. Instituto de Psicología experimental de Moscú. (11) Prof. GEORC SCHNEIDEMÜHL: Handschrift und Charakter.
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