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V Jornadas de Estudios Clásicos y Medievales “Diálogos Culturales”
Centro de Estudios Latinos en colaboración con la Cátedra de Literatura Española Medieval y el Centro de Teoría y Crítica Literaria. Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS UNLPCONICET) Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de La Plata.
Representaciones de la vejez y formas del discurso ejemplar romano durante el S. I d.C. Viviana Diez Universidad de Buenos Aires
[email protected] Jimena Palacios Universidad de Buenos Aires – Conicet
[email protected] Resumen Examinaremos cómo la vejez en el corpus fedriano se configura a partir de los diálogos que este establece con sus contextos literarios y culturales. Así, la construcción de la ancianidad femenina incorpora estereotipos cómicosatíricos que evidencian la perspectiva romanocéntrica desde la que el género se reformula (Phaed.2.2 y 3.1). Por su parte, la debilidad atribuida a los ancianos (Phaed.1.15 y 1.21) –leída en contraposición con la fortaleza que su contemporáneo, Valerio Máximo, adjudica a la ancianidad modélica en sus exempla (V. Max. 8.13)– contribuye a la construcción de la máscara del fabulista como sujeto marginal (3. 9 y 3. epil.). Palabras Clave: FedroValerio Máximofábula exemplapoder
Las Fabulae de Fedro –publicadas bajo los reinados de Tiberio, Calígula y Claudio– reúnen una serie de características singulares que las distinguen de otras obras que integran el canon de la literatura de Roma. Por cierto, su autor se presenta deliberadamente como un escritor marginal, precursor de un género menor: la fábula latina en verso como forma literaria autónoma. Nos proponemos demostrar que en el La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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corpus fedriano la vejez se configura a partir de los diálogos que este establece con sus contextos literarios y culturales. Por un lado, la construcción de la ancianidad femenina incorpora estereotipos cómicosatíricos que evidencian la perspectiva romanocéntrica desde la que el género se reformula (Phaed.2.2 y 3.1). Por otro, la debilidad atribuida a los ancianos (Phaed.1.15 y 1.21) –leída en contraposición con la fortaleza y longevidad que su contemporáneo, Valerio Máximo, adjudica a la ancianidad modélica en sus exempla (V. Max. 8.13 )– contribuye a la construcción de la máscara del fabulista como sujeto oprimido por los poderosos (3. 9 y 3. epil.). Comencemos por señalar entonces que, producto de lecturas que confunden persona literaria y autor concreto1, los eruditos inicialmente habían reconstruido la identidad de Fedro a partir de un único testimonio explícito y externo en el título del principal manuscrito que transmite el corpus.2 Allí se identifica al autor del texto como “liberto de Augusto”. Tomando este dato como punto de partida, la biografía de Fedro es el resultado de inferencias efectuadas por la crítica que ha intentado leer una autobiografía en sus fabellae, vista la fuerte inscripción del sujeto de la enunciación en el enunciado. Sin embargo, recientemente estas cuestionables interpretaciones han sido superadas por la lúcida sugerencia de Champlin (2005). En efecto, un pormenorizado análisis de las alusiones literarias a autores latinos (principalmente al Horacio de las sátiras), la abundancia léxico jurídico y el estilo (un latín puro, coloquial, urbano, inventivo y conciso) permiten al mencionado estudioso distinguir la máscara literaria de la figura de autor proyectada en el texto. Incluso, a partir de los elementos recién mencionados, Champlin postula que el autor de estas fabellae latinas es un abogado romano de la élite. En consecuencia, queda claro que la autopresentación del fabulista como liberto griego es un recurso funcional a la axiología explícita que las fábulas proponen en torno a la confrontación entre débiles y poderosos. Ahora bien, no solo los valores morales propugnados sino también la elección misma de un discurso marcadamente alegórico 1 El concepto de “auter concret” es de Lintvelt (1989:16) 2 Nos referimos al Codex Pithoeanus (siglo IX). Para una breve y esquemática revisión de la tradición manuscrita y un esbozo de las características del corpus original ver Reynolds (1983: 300302) y Henderson (1999). La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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para efectuar algún tipo de crítica social son aspectos susceptibles de ser analizados en relación con un contexto histórico –como el del siglo I y en particular el reinado de Tiberio– que muestra un notable grado de conflictividad en los discursos y prácticas vigentes y emergentes. Inclusive la crítica ha postulado la existencia de una feroz censura que habría condicionado la producción literaria del período en cuanto a formas, contenido y, lo que es más discutible, en cuanto a calidad.
Por su parte, el caso de los Facta et dicta memorabilia de Valerio Máximo
constituyen el reverso de la problemática planteada por las Fabulae Aesopiae de Fedro. Lejos de pretender enmascarar tras los rostros de animales y personajes “tipo” a los actores sociales y biográficos de su época, blancos de su censura, el discurso historiográfico de Valerio hilvana anécdotas de personajes históricos, principalmente romanos, pero también extranjeros, que invitan a la celebración y a la consecuente emulación. Pues bien, la confrontación entre ambos discursos ejemplares hace posible que se evidencie el hecho de que, como el resto de los elementos que constituyen la “realidad” del hombre, la representación de la ancianidad en los textos está gobernada por una serie de pautas que prescriben a nivel genérico cómo dicha etapa de la vida se presenta, describe y funciona en la literatura. Insistimos con este estatuto de representación porque no consideramos que los textos literarios sean fuentes de las que podamos recabar datos sobre la ancianidad “real”, sino que estas representaciones, entonces, nos muestran cómo estas experiencias reales o imaginarias fueron retratadas por los romanos, en tanto manifestaciones concretas de sus saberes, temores, fantasías y preocupaciones en torno al tema de la juventud y la vejez. La vejez femenina Un claro ejemplo del modo en que las representaciones demuestran su condición de tal, es, en el interior mismo del corpus fedriano, el notable contraste entre la construcción de ancianas y ancianos. La representación de la vejez femenina, como es posible percibir en las fábulas 2.2 y 3.1, está atravesada por prejuicios de género que se
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producen, implantan y promueven a partir de la persistente recurrencia a estereotipos que confrontan como en 2.2, por un lado, a las mujeres jóvenes (ya sean atractivas como en este caso “pulchra iuvenis”, ya sean repulsivas) y, por otro lado, a las mujeres ancianas, consideradas siempre repulsivas (Richlin, 1984:68). Fedro parece no insistir en esta última característica, pues en virtud de la mecánica propia del estereotipo y la brevitas fedriana, frente a la sola mención de una mujer que, como advierte el fabulista, esconde sus años con el arreglo personal (v.4 “annos celans elegantia”), el lector previsto recordará las palabras de Escafa en Mostellaria de Plauto, vv. 28992,3 y evocará las desagradables imágenes transmitidas por los textos latinos que contienen invectiva contra la mujer: nos referimos a las Priapea y textos de poetas como Propercio, Ovidio, Horacio, Marcial4. Recordemos que la repugnante apariencia más o menos oculta tras los artificios del maquillaje, los perfumes y el vestido está acompañada de una extrema lascivia que el poeta esboza con dos palabras, en referencia a la posesión del hombre en cuestión (“Aetatis mediae quendam...tenebat” vv. 34). Por su parte, en Phaed. 3.1, la fábula retoma otro aspecto del estereotipo tradicional de la vieja, tal como la afición al vino. Recordemos pues a Dipsas de Amores 1.8 y Leaena del Curculio.
3 “Quia ecastor mulier recte olet, ubi nihil olet./nam istae ueteres, quae se unguentis unctitant, interpoles,/uetulae, edentulae, quae uitia corporis fuco occulunt,/ubi sese sudor cum unguentis consociauit, ilico/itidem olent, quasi cum una multa iura confudit cocus.”/[…]/“Pulchra mulier nuda erit quam purpurata pulchrior:/poste nequiquam exornata est bene, si morata est male./pulchrum ornatum turpes mores peius caeno conlinunt./nam si pulchra est, nimis ornata est.” (Mos.28992) Puesto que una mujer huele bien, cuando no huele a nada. Pues esas ancianas, que se untan con perfumes, alteradas en su apariencia, viejas, sin dientes, que esconden con tinte los defectos del cuerpo, cuando el sudor se combina con los perfumes, despiden el mismo olor que cuando los cocineros mezclan muchas salsas. […] Una mujer hermosa estará mas hermosa desnuda que cubierta de púrpura. Además de nada le sirve un buen atuendo, si tiene mala conducta. Las costumbres no honorables manchan más que el barro. Pues si es hermosa, mucho mejor adornada está. 4 Hor. Epod. 8, donde después de una pormenorizada descripción de los defectos físicos de la pútrida (“putida“) anciana, se evoca la imagen de su funeral: “esto beata, funus atque imagines / ducant triumphales tuum”, 1112 (Sé feliz, efigies triunfales te acompañen en tu entierro). En Priap. 57.1 “Cornix et caries vetusque bustum” (Corneja y putrefacción y tumba vieja); en Mart. 3.32.23: “Quereris, Matrinia? possum / et uetulam, sed tu mortua, non uetula es.” (Me preguntas, Matrina, si podría poseer a una vieja; claro que puedo, pero tú eres un cadáver, no una vieja.). Acantis en Prop. 4.5.6768: “vidi ego rugoso tussim concrescere collo,/ sputaque per dentes ire cruenta cauos” (Yo vi que la tos se expresaba en su cuello arrugado y que sus esputos sanguinolentos salían a través de los huecos de sus dientes.) La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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Ciertamente, como es posible observar a partir de estos ejemplos, la vejez femenina constituye un disvalor en tanto despoja a la mujer de la razón de ser de su existencia social: la fertilidad de su cuerpo. A su vez, la anciana borracha o lasciva, desde una perspectiva que deja verse como romana y falocéntrica, hace ostensible la incontinentia que, efectivamente, desde dicha mirada define a lo femenino (Edwards, 1993: 81 y ss.). Se hace manifiesto, de este modo, el rechazo que suscita la mujer que, como sujeto de deseo, viola la observancia de su integridad sexual (pudicitia) en la medida en que esta asegura la procreación legítima a la que está destinada la matrona ejemplar.5
Ahora bien, volviendo a las Fábulas de Fedro, tanto la mujer anciana como la
joven en 2.1 comparten otro elemento estereotípico común que señala la condición de su género por sobre su situación etaria o social. En efecto, como lo sentencia el epimitio (vv.12) de dicha fábula ("A feminis utcumque spoliari viros, / Ament, amentur, nempe exemplis discimus", Que los hombres son saqueados, sea como fuere, por las mujeres, ya las amen, ya sean amados por ellas, lo aprendemos con ejemplos), ambas comparten la rapacidad como elemento característico y esencial de la totalidad del género femenino en su conjunto. Esta atribución no es menos tradicional y constituye en la literatura romana otra manifestación de la carencia de autocontrol propia de las mujeres. Así lo confirman los estereotipos de las meretrices cómicas (cf. Pl. Truc.572574) y las puellae elegíacas (cf. Prop. 4.5; Ov. Am. 1.8), con su facilidad para la adulación y el engaño de los amantes, motorizadas estas últimas por la descontrolada codicia de, justamente, las viejas alcahuetas. Dicha rapacidad en el proceso de representación del texto fedriano encuentra una extrema alegorización, que en cierto modo resulta hiperbólica, en la expropiación al varón de un bien natural e inalienable como son sus propios cabellos.
5 La centralidad de dicha virtud para la tradición moral romana queda demostrada incluso en la obra de Valerio Máximo cf. 6.1praef. y 2.praef. 17. Entendemos por dicha noción de pudicitia no solo la consecuencia física concreta de la inviolabilidad sexual, sino también la reputación honorable que se deriva de ella. Para el tratamiento del tema en Valerio Máximo y otras acepciones del término ver Langsland (2006), quien demuestra la naturaleza multidimensional de este concepto. La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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La vejez masculina Pasemos ahora al caso de la vejez masculina. La fábula constituye, como hemos dicho, un género menor que se plantea como el espacio de un discurso alternativo, propio de quienes no detentan el poder ("Nunc fabularum cur sit inventum genus, / Brevi docebo. Servitus obnoxia, / Quia quae volebat non audebat dicere,/ Affectus proprios in fabellas transtulit / Calumniamque fictis elusit iocis.", 3.prol.3337, Ahora voy a exponer brevemente por qué se creó el género de la fábula. La esclavitud sometida, puesto que no se atrevía a decir lo que quería, trasladó sus propios sentimientos a las fábulas y eludió la calumnia con historias inventadas). El objetivo del fabulista es tanto divertir como dar consejos prudentes y oportunos: "Duplex libelli dos est: quod risum movet / Et quod prudentis vitam consilio monet." (1.prol.34, Doble es la cualidad del librito: que mueve a risa y que sugiere a la vida un curso de acción por medio del consejo del prudente). Con seguridad, estas palabras harán rememorar al lector previsto que en los discursos institucionales romanos la prudentia –en tanto facultad de discernir entre el bien y el mal– y el consilium –capacidad de deliberación– son atributos propios de los miembros de la elite masculina y dirigente (Hellegourch’, 1972:254 y ss.). Inclusive la prudentia es la cualidad emblemática de la ancianidad frente a la temeritas de la juventud como lo afirma Catón en el De Senectute de Cicerón.6 En este marco cultural y literario, el anciano tipo de las fábulas de Fedro presenta como elemento característico la debilidad física. Por ejemplo, en 1.21, el texto pone en escena la pérdida de la antigua dignidad (“dignitatem pristinam”, v.1) del animal que representa la fuerza y el poder a lo largo de todo el corpus, el león. Este se ve atacado y lastimado por otras bestias que buscan venganza, inclusive las más viles como el asno, el cual es calificado por el propio leo como “naturae dedecus” (deshonra de la naturaleza, v.11). Pues bien, la descripción del protagonista como senex permite poner en primer plano el deterioro físico (“Defectus annis et desertus viribus/ Leo cum iaceret spiritum extremum trahens”, vv.34, Acabado por los años y abandonado por las fuerzas, yaciendo el león que arrastraba el última aliento) que conducirá a su muerte 6 “temeritas est videlicet florentis aetatis, prudentia senescentis.” Sen. 20 La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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(v.10 “At ille expirans”), pero que por sobre todo acompaña la decadencia moral del “rey de los animales”. Algo similar ocurre en 1.15, en donde puede percibirse claramente que la identificación del personaje como senex (reiterado en dos oportunidades vv. 4 y 9), no reviste funcionalidad alguna para la trama narrativa, sino que la vulnerabilidad evocada por la sola mención de su condición de anciano refuerza la situación de indefensión experimentada por el protagonista de la fábula lexicalizada con los términos “timidus” y “territus” en vv.4 y 5. Ahora bien, la debilidad y prudentia muchas veces implícitas en la imagen de la vejez, a lo largo del corpus fedriano encuentra en ciertos protagonistas humanos algunos interesantes y distintivos matices. En efecto, como ha observado la crítica, la tradición literaria atribuye a los personajes de Esopo o Sócrates –protagonistas de muchas de las fábulas que nos ocupan– ancianidad, deformidad física y marginalidad social. 7 Esopo, evocado también en esta obra como la auctoritas literaria en materia de fábula ("Equidem omni cura morem servabo senis", 2.prol.8, Yo en verdad, serviré con toda solicitud la práctica del anciano), en su función de protagonista de estas narraciones aparece siendo objeto o bien de duras golpizas como 3.5 o de crueles burlas en 3.14. Por su parte, el filósofo griego hace gala de sus excéntricas costumbres en 3.9. Más allá de las circunstancias en las que estas figuras se insertan, lo importante es señalar que ambos ancianos, demuestran en su accionar como personajes, poseer también consilium y prudentia toda vez que, por ejemplo, Sócrates enseña el valor e infrecuencia de la verdadera amistad (3.9) o Esopo exhibe la capacidad de discernimiento propia del prudens cuando asume dentro de la ficción de la fábula una función didáctica al ridiculizar a su oponente (3.14; 3.19) y explica lo que nadie comprende: "Aesopus ibi stans, naris emunctae senex, / Natura numquam verba cui potuit dare" (3.3.1415, Estando presente Esopo, anciano de agudo olfato, a quien la naturaleza nunca pudo engañar). Ahora bien, como puede advertirse estas cualidades no son aplicadas a las cuestiones públicas o políticas de estado, ni son encarnadas por sujetos a los que 7 Como son retratadas las figuras de Esopo y Sócrates en la Vita Aesopi o en Nubes de Aristófanes respectivamente, para este tema ver Zanker (1996).
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podríamos definir como nucleares. Por el contrario, tales cualidades son asumidas por por sujetos periféricos o marginales, que aplican su experiencia de vida y discernimiento a cuestiones de la vida privada y cotidiana. Materia que, por cierto, conviene al género de la fábula, y hace de los dos ancianos griegos máscaras adecuadas para nuestro fabulista romano. Efectivamente, la dupla debilidad o indefensión /prudentia que caracteriza a Esopo y Sócrates la reencontramos tanto en el prólogo del poemario que ya citamos, cuanto en la autopresentación de Fedro en 3.epil.1 ("Supersunt mihi quae scribam", aún me quedan fábulas por escribir), que en el verso 10 advierte: "Nam vita morti propior est cotidie" (pues mi vida está cada día más cerca de la muerte). Más adelante también, en los versos 15 a 17, describe la vulnerabilidad de su situación: "Languentis aevi dum sunt aliquae reliquiae, / Auxilio locus est: olim senio debilem / Frustra adiuvare bonitas nitetur tua" (Mientras me queda algún resto de vida que ya languidece, tienes oportunidad de socorrerme; más tarde, ya débil por la vejez, en vano se esforzará tu bondad en ayudarme). Esta particular representación de la vejez en las fábulas de Fedro queda aún mejor delineada si la confrontamos con la presentación que de la misma efectúa su contemporáneo Valerio Máximo. En sus Facta et dicta memorabilia los ancianos merecen un capítulo específico, son personajes históricos, todos ellos miembros de la elite gobernante que responden en un todo al modelo ciceroniano de ancianidad prudente, moralmente proba promovido por Catón en el De Senectute, fuente explícita de nuestro historiador. En otras palabras, se trata de la ancianidad que corresponde llevar a un uir, un varón digno de ese nombre, sujeto modélico cuyo cuerpo y carácter, eminentemente racional, se mantienen inviolables e incólumes frente a los embates de sus propias pasiones y de las agresiones de agentes externas e, inclusive, de una naturaleza que conduce a la decadencia física que llega con el ineludible paso de los años (Walters, 1997:40). Es entonces la práctica sostenida del imperium (entendido tanto “autodominio, dominio sobre los otros”), la fortitudo (“resistencia física”) y de todas las otras cualidades concertadas en la noción de uirtus –tanto atributos centrales que identifican a los varones de la elite dirigente y legitiman la dominación que estos
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ejercen sobre los Otros– la que produce la vejez que ejemplifican los varones añosos de Valerio Máximo. Una ancianidad admirable por su longevidad (“infinitum numerum annorum”), avanzada edad que lejos de volverlos inactivos les permite seguir ejerciendo sus responsabilidades cívicas, incluso con mejor desempeño. El vigor físico de estos ancianos no se extingue (“integris uiribus corporis”), ni pierden la capacidad de cultivar la tierra (“exactissimae agrorum suorum culturae”), ni la firmeza en la realización de los sacrificios (“neque in sacrificiis faciendis tremula manu gessit”), e inclusive conservan intacta su fecundidad y ejercen con la misma tenacidad su auctoritas como pater familias y como ciudadanos (“nisi quattuor filios, v filias, plurimas clientelas, rem denique publicam hoc casu grauatus fortissime rexisset.”).8 Ahora bien, las construcciones de la ancianidad como las de Cicerón o Valerio e, inclusive, el propio Fedro, en el caso específico de las ancianas, dejan ver una mirada falo y romanocéntrica propia de una sociedad jerarquizada y timocrática, en la que el varón, no solo teme la disolución de su identidad en los placeres en manos de los Otros, sino que se define tanto como quien domina como cuanto quien posee el monopolio de la cultura y la erudición. Frente a tales representaciones y vista la ya mencionada conflictividad en los discursos y prácticas vigentes y emergentes en el contexto del régimen autocrático llevado adelante por Tiberio, sostenemos que Fedro no es ajeno a una tradición que utilizan a Sócrates y Esopo como íconos del intelectual que desde una posición subalterna interpela a los poderosos y a su vez –teniendo en cuenta la tesis de Champlin acerca de la identidad del fabulista como sujeto nuclear– valida una tradición popular en las producciones literarias de la elite (Jedrkiewicz, 2002: 36 y ss.). En efecto, la fábula se evidencia como forma alternativa de subversión política (Henderson, 2001) por medio de la apropiación y desautorización del sentido de nociones centrales como la prudentia, al vincularla a otros agentes de su acción (sujetos marginales) y campos de aplicación (la vida cotidiana). Al mismo tiempo la preocupación del fabulista por legitimar su lugar como escritor a lo largo del corpus, especialemente en prólogos y epílogos (cf. 3.pr.23 “Fastidiose tamen in coetum recipio”, me veo, sin embargo, 8 V.Max., 8.13. La Plata, 5 7 de octubre de 2011 http://jornadasecym.fahce.unlp.edu.ar/ ISSN 22506837
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desdeñosamente admitido en la sociedad de los poetas), son elementos que señalan a las claras las tensiones entre prácticas, saberes, discursos y valores en el interior mismo de la elite y no respecto de un Otro externo a ella.
Conclusiones En definitiva, la consideración conjunta de dos formas contemporáneas de discurso ejemplar haciendo foco en las representaciones de la vejez nos ha permitido dar cuenta de que esta etapa de la vida adquiere en cada texto su forma particular en función de los dispositivos de enunciación y preceptiva de cada género y responden a formaciones ideológicas e intencionalidades discursivas subyacentes. En el corpus fedriano, por un lado, la representación de la vejez femenina es el producto de arraigados prejuicios de género propios de la mirada falo y romanocéntrica que da forma al punto de vista del fabulista. En cuanto a la vejez masculina, el contrapunto con el texto de Valerio Máximo resulta demostrativo. En efecto, su anecdotario historiográfico reviste un carácter laudatorio, propugna la conservación del status quo y en consecuencia sus ancianos exhiben los rasgos emblemáticos de la clase dirigente. A nuestro modo de ver, esta mirada sobre la ancianidad se corresponde con la misma perspectiva romanocéntrica y timocrática que postula el valor de la tradición, el rechazo a lo nuevo y la superioridad de determinado grupo social que a partir de un supuesto ejercicio de la virtus legitima su dominio sobre la alteridad. En este razonamiento, el dominio de sí incluye, como Cicerón hace decir a Catón, la capacidad de llegar a un tipo determinado de vejez, potente y sabia en la plena conducción de los asuntos públicos y privados, de las personas y del patrimonio. En cambio, las fábulas de Fedro son el vehículo de una crítica social sutil, que no se centra en personajes o circunstancias históricas concretas, como la sátira, (cf. 3.prol.4951), sino en observar el mundo y describir los mores desde una concepción que deja en evidencia las diferencias entre poderosos y dominados, ricos y pobres, fuertes y débiles. En tal sentido, la máscara construida por este autor para sí se propone explícitamente llamar la atención
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sobre el funcionamiento del mundo y proveer de recomendaciones útiles para sobrevivir en él. En consonancia con esta posición, sus ancianos presentan la debilidad propia de la experiencia material de la vejez y una prudentia en lo cotidiano que, a diferencia de la que detentan los célebres personajes valerianos, no tiene como objeto dirigir los destinos de los subordinados sino poder evitar o minimizar los abusos de los mismos poderosos. De este modo, la vejez constituye uno de los modos, aunque no el único, en que se manifiesta la posición de debilidad constitutiva de los grupos humanos que no detentan el poder y con los que el fabulista se identifica. A su vez es un elemento que, articulando debilidad, marginalidad y conocimiento práctico, contribuye a la constitución de la persona del poeta como un sujeto capaz de convertirse en portavoz de un discurso de defensa de los oprimidos en contra de los opresores.
Bibliografía citada Champlin, E. “Phaedrus The Fabulous”, JRS 95, 2005, 97123. Edwards, C. The Politics of Inmorality in Ancient Rome, Cambridge, Cambridge University Press, 1993. Guaglianone, A. Phaedri Augusti liberti Liber Fabularum, Torino, Paravia, 1969. Hellegouarc'h, J. Le vocabulaire latin des relations et des partis politiques sous la République, Paris, Les Belles Lettres, 1972. Henderson, J. “Phaedrus' Fables: the original corpus”, Mnemosyne 52.3, 1999, 308329. Telling Tales on Caesar. Roman Stories from Phaedrus, Oxford, Oxford University Press, 2001. Jedrkiewicz, S. “Animales y sophía: La fibula como mensaje universal” en: Pérez Jiménez, A. – Cruz Andreotti, G. (edd.) “Y así dijo la zorra”. La tradición
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fabulística en los pueblos del Mediterráneo, MadridMálaga, Ediciones Clásicas & Charta Antiqua, 2002. Langlands, R. Sexual Morality in Ancient Rome, Cambridge, Cambridge University Press, 2006. Lintvelt, J. Essai de typologie narrative: le ‘point de vue’, Paris, Éditions José Corti, 1989. Richlin, A. “Invective Against Women in Roman Satire”, Arethusa 17.1, 1984, 6780. Shackleton Bailey, D.R. Valerius Maximus: Memorable Doings and Sayings, Cambridge, Loeb, 2000. Walters, J. “Invading the Roman Body”, en: Hallet, J.Skinner, M. (edd.) Roman Sexualities, Princeton, Princeton University Press, 1997, 2943. Zanker, P. The Mask of Socrates: The Image of the Intellectual in Antiquity. Translated by Alan Shapiro, Berkeley, University of California Press, 1996.
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