Príncipe de Nada 1 - En El Principio Fue La Oscuridad

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EN EL PRINCIPIO FUE LA OSCURIDAD (Pr‫ي‬ncipe de Nada, vol.1) R. Scott Bakker 2003, The darkness that comes before Traducciَn: Ramَn Gonz‫ل‬lez Férriz

PR‫س‬LOGO Las ruinas de Kuniuri «Si es sَlo después cuando entendemos lo que ha sido antes, entonces no entendemos nada. As ‫ي‬pues, definamos el alma como sigue: lo que precede a todo«. Ajencis, El tercer anal‫ي‬tico de los hombres

ٌ del Colmillo 2147, montaٌas de Demua Ao No se pueden erigir muros contra lo que ha sido olvidado. La ciudadela de Ishual sucumbiَ en pleno Apocalipsis. Pero ningْn ejército de inhumanos sranc ascendiَ por sus murallas. Ningْn dragَn de corazَn ‫ي‬gneo derribَ sus poderosas puertas. Ishual era el refugio secreto de los Grandes Reyes Kuniْricos, y nadie, ni siquiera el No Dios pod‫ي‬a cercar un secreto. Meses antes, Anasurimbor Ganrelka II, Gran Rey de Kuniuri, hab‫ي‬ a huido a Ishual con lo que quedaba de su corte. Desde los muros, los centinelas observaban, meditabundos, los bosques que ten‫ي‬an debajo, con el pensamiento acongojado por el recuerdo de ciudades que ard‫ي‬ an y multitudes que gem‫ي‬an. Cuando el viento ululaba, se agarraban a la indiferente piedra de Ishual y rememoraban los cuernos de los sranc. Intercambiaban entrecortados comentarios tranquilizadores. ‫؟‬Acaso no

hab‫ي‬an escapado de sus perseguidores? ‫؟‬Acaso las murallas de Ishual no eran resistentes? ‫؟‬En qué otro lugar podr‫ي‬a un hombre sobrevivir al fin del mundo? La peste se llev َen primer lugar al Gran Rey, como tal vez fuera de esperar: Ganrelka no hab‫ي‬a hecho m‫ل‬s que llorar en Ishual, encolerizado como sَlo un emperador de la nada puede encolerizarse. La noche siguiente los miembros de la corte bajaron el féretro a los bosques .Advirtieron los ojos de los lobos reflejados en la luz de la pira. No hubo cantos fْnebres, y sَlo entonaron unas cuantas oraciones ap‫ل‬ ticas. Antes de que la brisa matinal pudiera llevarse sus cenizas, la peste hab‫ي‬a acabado con otros dos: la concubina de Ganrelka y su hija. Como si siguiera el rastro de su sangre hasta elْ ltimo vestigio, atacَ a m ‫ل‬s miembros de la corte. Los centinelas apostados en las murallas fueron cada vez menos, y a pesar de que todav‫ي‬a escudriٌaban el monta ٌoso horizonte, ve‫ي‬an poco. Los gritos de los moribundos poblaban sus mentes de un horror excesivo. Pronto, incluso los centinelas desaparecieron. Los cinco Caballeros de Tryse que hab‫ي‬an rescatado a Ganrelka después de la cat‫ل‬strofe de los Campos de Eleneot yac‫ي‬an inmَviles en sus camas. El Gran Visir, con los dorados ropajes manchados con la sangre de sus entraٌas, hab‫ي‬a ca‫ي‬do entre sus textos de hechicer‫ي‬a. El t‫ي‬o de Ganrelka, que hab‫ي‬a liderado el desgarrador asalto a las puertas de Golgotterath en los primeros d‫ي‬as del Apocalipsis, colgaba de una cuerda en sus aposentos y, mecido por el aire, daba vueltas lentamente. La Reina miraba para siempre con fijeza a través de s‫ل‬banas purulentas. De todos los que hab‫ي‬an huido a Ishual, sَlo el hijo bastardo de Ganrelka y el sacerdote bardo hab‫ي‬an sobrevivido. Aterrorizado por las extraٌas formas del bardo y su ojo blanco, el muchacho se escondiَ, y sَlo se atrev‫ي‬a a salir cuando el hambre le resultaba insoportable. El viejo bardo lo buscaba constantemente, cantando viejas canciones de amor y de guerra, pero profanando, a la vez, las palabras con blasfemias. --‫؟‬Por qué no te muestras, niٌo? --gritaba mientras daba tumbos por las galer‫ي‬as--. Déjame que te cante, que te atraiga con canciones secretas. ،Déjame compartir contigo la gloria de lo que un d‫ي‬a fue! Una noche el bardo cogiَ al niٌo. Primero le acariciَ la mejilla y después el muslo. --Discْlpame --susurraba una y otra vez, pero las l‫ل‬grimas sَlo

manaban de su ojo ciego--. No hay cr‫ي‬menes --susurrar‫ي‬a después-cuando nadie queda vivo. Pero el niٌo sobreviviَ. Cinco noches m‫ل‬s tarde, atrajo al sacerdote bardo a lo alto de las inmensas murallas. Cuando el hombre llegَ arrastrando los pies a causa de su ebriedad, lo empujَ desde las alturas. Permaneciَ un largo rato acuclillado al borde del abismo, contemplando a través de la oscuridad el cad‫ل‬ver desmembrado del bardo. «Sَlo se distingue de los dem‫ل‬s --pens --en َ que sigue hْmedo‫« ؟‬.Acaso se trataba de un asesinato si nadie m‫ل‬s quedaba vivo? El invierno aٌadiَ su fr‫ي‬o al vac‫ي‬o de Ishual. Apoyado en las almenas, el niٌo escuchaba cَmo los lobos cantaban y se peleaban en los oscuros bosques. Sacaba los brazos de las mangas y se abrazaba el cuerpo para protegerse del fr‫ي‬o, susurrando las canciones que le hab‫ي‬ a enseٌado su madre mientras saboreaba la mordedura del viento en las mejillas. Corr‫ي‬a a través de los patios, respond‫ي‬a a los lobos con gritos guerreros Kuniْricos y bland‫ي‬a armas que le hac‫ي‬an tambalearse por su peso. Y de vez en cuando, con los ojos bien abiertos, llenos de esperanza y un terror supersticioso, toqueteaba los muertos con la espada de su padre. Cuando empezَ a nevar, unos gritos le llevaron a la puerta delantera de Ishual. Observando a través de oscuras troneras, vio a un grupo de hombres y mujeres cadavéricos: refugiados del Apocalipsis. Al advertir su sombra, le pidieron a gritos comida, refugio, cualquier cosa, pero el niٌo estaba demasiado asustado para responder. Las penalidades les hab‫ي‬an dado un aspecto temible, salvaje, como hombres lobo. Cuando empezaron a escalar las murallas, corriَ a las galer‫ي‬as. Como el sacerdote bardo, le buscaban, le garantizaban a gritos su seguridad. Al fin, uno de ellos lo encontrَ encogido tras un barril de sardinas. --Somos dunyainos, niٌo. ‫؟‬Qué razَn puedes tener para temernos? --dijo con una voz ni tierna ni dura. Pero el niٌo cogiَ la espada de su padre. --،Mientras hay hombres vivos, hay cr‫ي‬menes! --gritَ. Los ojos del hombre se llenaron de asombro. --No, niٌo --dijo--. Sَlo mientras los hombres est‫ل‬n engaٌados. Por un momento, el joven Anasurimbor sَlo pudo observarlo. Después, solemnemente, dejَ la espada de su padre y le cogiَ la mano al extraٌo. --Yo era un pr‫ي‬ncipe --murmurَ.

El extraٌo lo llevَ con los otros, y juntos celebraron su excepcional fortuna. Gritaron --pero no a los Dioses que hab‫ي‬an repudiado, sino a otros-- que all‫ ي‬hab‫ي‬a una gran correspondencia de causa. All‫ ي‬la m‫ل‬s sagrada conciencia pod‫ي‬a ser atendida. En Ishual, hab‫ي‬an encontrado refugio contra el fin del mundo. Todav‫ي‬a escu‫ل‬lidos, pero vistiendo las pieles de los reyes, los dunyainos cincelaron los hechizados augurios de los muros y quemaron los libros del Gran Visir. Enterraron las joyas, la calcedonia, la seda y los ropajes de oro con los cad‫ل‬veres de una dinast‫ي‬a. Y el mundo los olvidَ durante dos mil aٌos.

«Nohombres, sranc y hombres: El primero olvida, El tercero lamenta, Y el segundo es el que se divierte.» Antigua canciَn infantil Kuniurica «Esta es la historia de una gran y tr‫ل‬gica guerra santa, de las poderosas facciones que trataron de poseerla y pervertirla, y de un hijo en busca de su padre. Y como con todas las historias, somos nosotros, los supervivientes, los que escribiremos su conclusiَn«. Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Finales de otoٌo, aٌo del Colmillo 4109, montaٌas de Demua De nuevo regresaron los sueٌos. Vastos paisajes, historias, contiendas de fe y cultura, todo entrevisto en cataratas de detalles. Caballos resbalando sobre la tierra. Puٌos apretando el lodo. Muertos esparcidos en la costa de un mar c‫ل‬ lido. Y como siempre, una ciudad antigua, tiza que se seca bajo el sol, levant‫ل‬ndose contra pardas montaٌas. Una ciudad santa: Shimeh. Y después la voz, fina como si hablara a través de la atiplada garganta de una serpiente, diciendo: «Mandadme a mi hijo». Los soٌadores se despertaron a la vez, dando un grito ahogado, tratando de arrancarle un sentido a la imposibilidad. Siguiendo el protocolo establecido después de los primeros sueٌos, se encontraron en las oscuras profundidades de los Mil Veces Mil Pasillos. Tal profanaciَn, segْn decidieron, no pod‫ي‬a seguir siendo tolerada.

Ascendiendo por escarpados caminos de montaٌa, Anasurimbor Kellhus doblَ una rodilla y se girَ para mirar la ciudadela mon‫ل‬stica. Las murallas de Ishual se alzaban m‫ل‬s all‫ ل‬de una pantalla de p‫ي‬ceas y alerces, aunque eran empequeٌecidas por las agrestes laderas de las montaٌas. «‫؟‬Viste esto, Padre? ‫؟‬Te giraste para mirar porْ ltima vez?» Figuras distantes desfilaban entre las almenas antes de desaparecer bajo la piedra. Los ancianos dunyainos abandonaban su vigilia. Kellhus sab‫ي‬a que descender‫ي‬an por las imponentes escaleras y entrar‫ي‬an uno a uno en la oscuridad de los Mil Veces Mil Pasillos, el gran Laberinto que daba vueltas en las profundidades, bajo Ishual. All‫ي‬ morir‫ي‬an, tal como hab‫ي‬a sido decidido. Todos aquellos a los que su padre hab‫ي‬a corrompido. «Estoy solo. Mi misiَn es loْ nico que me queda.» Apartَ la vista de Ishual y siguiَ ascendiendo por el bosque. La brisa de la montaٌa era amarga a causa del olor del pino marchito. Aْ ltima hora de la tarde, dejَ atr‫ل‬s los l‫ي‬mites del bosque y después de dos d‫ي‬as escalando glaciales laderas alcanzَ la cima de las montaٌas de Demua. En el extremo m‫ل‬s lejano de su campo visual, los bosques de lo que en el pasado hab‫ي‬a sido llamado Kuniuri se extend‫ي‬an bajo nubes en movimiento. ‫؟‬Cu‫ل‬ntos paisajes como ése deber‫ي‬a cruzar antes de encontrar a su padre? ‫؟‬Cu‫ل‬ntos horizontes escarpados deber‫ي‬ a dejar atr‫ل‬s antes de llegar a Shimeh? «Shimeh ser‫ ل‬mi hogar. Moraré en la casa de mi padre.» Descendiendo por barrancos de granito, se adentrَ en la espesura. Vagَ por la oscuridad del interior del bosque, a través de galer‫ي‬as de secuoyas silenciadas por la total ausencia de hombres. Tir d َ e su manto entre matorrales y sorte lَa fiereza de las corrientes de las monta ٌas. A pesar de que cruzar los bosques que hab‫ي‬a bajo Ishual hab‫ي‬a sido muy parecido, por alguna razَn, Kellhus se sintiَ agitado. Se detuvo para tratar de recuperar la compostura valiéndose de antiguas técnicas para imponer disciplina a su intelecto. El bosque estaba tranquilo, alborozado por el canto de los p‫ل‬jaros. Y sin embargo, él o‫ي‬a los truenos... «Algo me est‫ ل‬sucediendo. ‫؟‬Es ésta mi primera prueba, Padre?» Encontrَ un riachuelo brillante por la luz del sol y se arrodillَ en su

ribera. El agua que se llevَ a los labios era m‫ل‬s reconstituyente, m‫ل‬s dulce que cualquier agua que hubiera probado antes. Pero ‫؟‬cَmo pod‫ي‬a el agua ser dulce? ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a la luz del sol, quebrada en la espalda de las aguas de la corriente, ser tan hermosa? Lo que sucede antes determina lo que sucede después. Los monjes dunyainos pasaban sus vidas inmersos en el estudio de ese principio, con el fin de arrojar luz sobre la intangible malla de la causa y el efecto que determinaba todas las casualidades, y para minimizar todo lo salvaje e impredecible. Debido a esto, en Ishual los acontecimientos siempre se desarrollaban con una certeza gran‫ي‬tica. La mayor parte de las veces, uno conoc‫ي‬a el balanceante curso que una hoja seguir‫ي‬a a través de las arboledas dispuestas en terrazas. La mayor parte de las veces, uno sab‫ي‬a qué dir‫ي‬a el otro antes de que hablara. Comprender lo que hab‫ي‬a sucedido antes era saber lo que suceder‫ي‬a después. Y saber lo que suceder‫ي‬a después era la belleza que acallaba, la sagrada comuniَn del intelecto y la circunstancia: el don del Logos. La primera sorpresa de verdad, aparte de los d‫ي‬as de formaciَn de su infancia, hab‫ي‬a sido esa misiَn. Hasta entonces, su vida hab‫ي‬a sido un premeditado ritual de estudio, condicionamiento y comprensiَn. Todo era sabido. Todo era comprendido. Pero entonces, caminando a través de los bosques del Kuniuri perdido, parec‫ي‬a que el mundo se hund‫ي‬a mientras él permanec‫ي‬a inmَvil. Como tierra en las aguas apresuradas, era golpeado por una infinita sucesiَn de sorpresas: el débil trino de un p ‫ل‬jaro desconocido; espigas de hierbas también desconocidas en su manto; una serpiente enrosc‫ل‬ndose en un claro iluminado, buscando una presa igualmente desconocida. El seco aleteo pasaba sobre su cabeza, y él se deten‫ي‬a para cambiar de paso. Un mosquito se posaba en su mejilla, y él le daba una palmada; entonces, sus ojos ve‫ي‬an una configuraciَn distinta de un ‫ل‬ rbol. Sus alrededores le habitaban, le pose‫ي‬an, hasta que era movido por todas las cosas a la vez: el crujir de las ramas, las infinitas transformaciones del agua sobre las piedras. Esas cosas lo sacud‫ي‬an con la fuerza de las mareas. En la tarde de su decimoséptimo d‫ي‬a, una ramita se alojَ entre su sandalia y su pie. La sostuvo contra unas nubes cargadas de tormenta y la estudiَ; se perdiَ en su forma, en el camino que trazaba en el aire: las delgadas y musculosas ramificaciones que llenaban tanto vac‫ي‬o en el cielo. ‫؟‬Hab‫ي‬a ca‫ي‬do simplemente con esa forma o hab‫ي‬a sido ahormada, como un molde que se vac‫ي‬a de cera? Levantَ la mirada y vio un cielo surcado por las infinitas horcas de los ramajes. ‫؟‬No hab‫ي‬a

un solo modo de comprender un cielo? No fue consciente del largo rato que permaneciَ all‫ي‬, pero para cuando la ramita cayَ por fin de sus dedos ya era de noche. En la maٌana del vigésimo noveno d‫ي‬a, se acurrucَ sobre unas rocas enverdecidas por el musgo y observَ cَmo los salmones saltaban y cabeceaban contra la corriente del r‫ي‬o. El sol saliَ y se puso tres veces antes de que sus pensamientos escaparan de esa inexplicable guerra de peces y aguas. En los peores momentos, sus brazos eran vagos como la sombra contra la sombra, y el ritmo de sus pasos se avanzaba a él mismo. Su misiَn se convirtiَ en elْ ltimo vestigio de lo que hab‫ي‬a sido. Por lo dem‫ل‬s, carec‫ي‬a de intelecto e ignoraba los principios dunyainos. Como una hoja de pergamino expuesta a los elementos, cada d‫ي‬a ve‫ي‬a cَmo le eran robadas m‫ل‬s palabras, hasta que sَlo un imperativo permaneciَ: «Shimeh... Debo encontrar a mi padre en Shimeh». Siguiَ vagando hacia el sur, a través de las estribaciones del Demua. Su desposeimiento se agudizَ, hasta que dejَ de engrasar su espada después de que se hubiera humedecido por la lluvia, hasta que dejَ de dormir o comer. Sَlo hab‫ي‬a bosque, camino, y los d‫ي‬as que pasaban. Por la noche, buscaba refugio como un animal en la oscuridad y el fr‫ي‬o. «Shimeh. Por favor, Padre.» El cuadragésimo tercer d‫ي‬a, cruzَ un r‫ي‬o poco profundo y trepَ por terraplenes negros de ceniza. Los rastrojos abundaban entre la materia carbonizada que ocultaba el suelo, pero nada m‫ل‬s. Los ‫ل‬rboles muertos se hincaban en el cielo como lanzas ennegrecidas. Se abriَ camino a través de los desechos, aguijoneado por los hierbajos que se clavaban en su piel desnuda. Finalmente, llegَ a la cima de una cresta. La inmensidad del valle que vio a sus pies dejَ a Kellhus sin aliento. M‫ل‬s all‫ ل‬de la desolaciَn causada por el fuego, donde el bosque segu‫ي‬a oscuro y espeso, antiguas fortificaciones se erig‫ي‬an por encima de los ‫ل‬ rboles y formaban un inmenso anillo al otro lado de las distancias otoٌ ales. Observَ cَmo los p‫ل‬jaros revoloteaban alrededor de las fortificaciones m‫ل‬s cercanas y aparec‫ي‬an por entre franjas de piedra moteada antes de descender en picado bajo el dosel de ramas. Muros en ruinas, m‫ل‬s fr‫ي‬os y desamparados de lo que el bosque pod‫ي‬a llegar a ser.

Las ruinas eran demasiado antiguas para contradecir totalmente al bosque. Hab‫ي‬an quedado sumergidas, maltrechas y en desequilibrio tras eras sosteniendo su peso. Guarecidos por hondonadas llenas de musgo, los muros abr‫ي‬an brechas en mont‫ي‬culos y de repente se interrump‫ي‬an, como si fueran contenidos por las parras que los cubr‫ي‬an como inmensas venas sobre el hueso. Pero en ellos hab‫ي‬a algo, algo de otro tiempo, que despertaba en Kellhus pasiones desconocidas. Cuando frotَ las manos en la piedra, supo que estaba tocando el aliento y el duro esfuerzo de los hombres, la marca de un pueblo destruido. El suelo daba vueltas. Se inclinَ y apretَ la mejilla contra la piedra. Arenilla y el fr‫ي‬o de la tierra a la intemperie. Arriba, la luz del sol era interrumpida por un arco de nudosas ramas. Los hombres..., all‫ي‬, en la piedra. Antigua y jam‫ل‬s tocada por el rigor de los dunyainos. De algْn modo, hab‫ي‬an resistido el sueٌo, hab‫ي‬an alzado el trabajo de las manos contra la maleza. «‫؟‬Quién construyَ este sitio?» Kellhus vagَ por entre los montes percibiendo las ruinas enterradas debajo. Comiَ frugalmente galletas secas y bellotas que llevaba en su olvidado zurrَn. Apartَ las hojas de la superficie de un pequeٌo charco de agua de lluvia, bebiَ y se quedَ mirando con curiosidad el oscuro reflejo de su propio rostro, el largo pelo rubio que le cubr‫ي‬a el cr‫ل‬neo y la mand ‫ي‬bula. «‫؟ة‬ste soy yo«? Escudriٌَ las ardillas y los p‫ل‬jaros que pod‫ي‬a distinguir entre la oscura profusiَn de ‫ل‬rboles. En una ocasiَn vio un zorro desliz‫ل‬ndose entre los matorrales. «No soy un animal m‫ل‬s.» Su intelecto se debatiَ, encontrَ un asidero y se agarrَ a él. Percib‫ي‬a cَmo la naturaleza se arremolinaba a su alrededor en mareas estad‫ي‬ sticas. Toc‫ل‬ndole y sin tocarle. «Soy un hombre. No soy lo mismo que estas cosas.» Cuando la noche se cerraba, empezَ a llover. A través de las ramas observَ cَmo se formaban las nubes, gélidas y grises. Por primera vez en semanas, busc rَ efugio. Se abriَ camino hacia un pequeٌo barranco en el que la erosiَn hab‫ي‬ a provocado la ca‫ي‬da de un bloque de tierra que hab‫ي‬a dejado a la vista la fachada de piedra de un edificio. Trepَ por la arcilla llena de hojas hacia una abertura oscura y profunda. En el interior, le rompiَ el cuello al perro salvaje que le atacَ.

Estaba acostumbrado a la oscuridad. La luz hab‫ي‬a sido prohibida en las profundidades del Laberinto. Pero aquella cerrada oscuridad no se deb‫ي‬a a motivos matem‫ل‬ticos; loْ nico que all‫ ي‬encontrَ fue una azarosa sucesiَn de muros cubiertos de tierra. Anasurimbor Kellhus se tumbَ y durmiَ. Cuando se despertَ, el bosque estaba en silencio y cubierto de nieve. Los dunyainos no sab‫ي‬an a qué distancia estaba Shimeh. Simplemente, le hab‫ي‬an abastecido con las provisiones que iba a ser capaz de portar cَmodamente. El zurrَn estaba cada d‫ي‬a m‫ل‬s vac‫ي‬o. Kellhus sَlo pod‫ي‬a observar pasivamente cَmo el hambre y el fr‫ي‬o iban doblegando su cuerpo. Si la naturaleza no pod‫ي‬a poseerle, lo matar‫ي‬a. La comida se terminَ, pero siguiَ andando. Todo --la experiencia, el an‫ل‬lisis-- se tornَ misteriosamente severo. Cayَ m‫ل‬s nieve, hizo m‫ل‬s fr‫ي‬ o, se levantaron vientos ‫ل‬speros. Camin َhasta que no pudo m‫ل‬s. «El camino es demasiado angosto, Padre. Shimeh est‫ ل‬demasiado lejos.»

Los perros del trineo del cazador aullaron y husmearon la nieve. ‫ة‬l tirَ de las riendas y atَ los arneses a la base de un pino raqu‫ي‬tico. Perplejo, apartَ la nieve de los miembros que se retorc‫ي‬an debajo. Su primer pensamiento fue alimentar a los perros con el cad‫ل‬ver. De todos modos, los lobos acabar‫ي‬an con él, y la carne era escasa en el abandonado norte. Se quitَ los guantes y puso las puntas de los dedos en la mejilla barbada. La piel era gris y estaba seguro de que la cara estar‫ي‬a tan fr‫ي‬ a como la nieve que la cubr‫ي‬a parcialmente. No lo estaba. Gritَ, y sus perros le respondieron con un coro de aullidos. Maldijo, y después contrarrestَ la imprecaciَn con la seٌal de Husyelt, el Cazador de la Oscuridad. Cuando lo levantَ de la nieve, el hombre ten‫ي‬a fl‫ل‬ccidas las extremidades. La lana y el cabello quedaron r‫ي‬gidos bajo el viento. El mundo siempre hab‫ي‬a tenido un extraٌo significado para el cazador, pero entonces se hab‫ي‬a tornado aterrador. Corriendo mientras los perros tiraban del trineo, huyَ de all‫ ي‬antes de que se desencadenara la cَlera de la cercana tormenta de nieve.

--Leweth --dijo el hombre, llev‫ل‬ndose una mano a su pecho desnudo. Ten‫ي‬a el pelo corto, plateado, con un destello bronc‫ي‬neo, demasiado hermoso para enmarcar adecuadamente sus toscas facciones. Sus cejas parec‫ي‬an estar siempre arqueadas en seٌal de sorpresa, y sus incansables ojos no hac‫ي‬an m‫ل‬s que pedir excusas, siempre simulando interés en detalles triviales para evitar la atenta mirada de su pupilo. Sَlo m‫ل‬s tarde, después de aprender los rudimentos de la lengua de Leweth, descubriَ Kellhus cَmo hab‫ي‬a acabado al cuidado del cazador. Sus primeros recuerdos eran de pieles sudorosas y fuegos encendidos. Del techo bajo colgaban pellejos de animales. Los sacos y los toneles se amontonaban en las esquinas de una sola habitaciَn. El olor del humo, la grasa y la podredumbre ocupaban el poco espacio libre que quedaba. Como Kellhus supo m‫ل‬s tarde, el caَtico interior de la cabaٌa era, en realidad, una expresiَn, totalmente sistem‫ل‬tica, de los muchos miedos supersticiosos del cazador. «Cada cosa tiene su sitio --le dir‫ي‬a a Kellhus--, y las cosas fuera de lugar presagian desastres.» La chimenea era lo suficientemente grande como para abrazar todo el interior, incluido al propio Kellhus, con una dorada calidez. Al otro lado de las paredes, el invierno silbaba a través de las inexploradas leguas del bosque, pero de vez en cuando agitaba la cabaٌa con tanta fuerza que las pieles se balanceaban en los ganchos. Leweth le dir‫ي‬a que aquella tierra se llamaba Sobel, la provincia m‫ل‬s al norte de la antigua ciudad de Atrithau, aunque hab‫ي‬a sido abandonada hac‫ي‬a generaciones. ‫ة‬l prefer‫ي‬a vivir alejado de los problemas de los otros hombres. Pese a ser un hombre robusto, de mediana edad, Leweth era para Kellhus poco m‫ل‬s que un niٌo. La hermosa musculatura de su rostro carec‫ي‬a por completo de control y parec‫ي‬a atada como por cuerdas a sus pasiones. Lo que mov‫ي‬a el alma de Leweth mov‫ي‬a también su expresiَn, y al cabo de poco tiempo, Kellhus no ten‫ي‬a m‫ل‬s que echarle una mirada a su rostro para conocer sus pensamientos. La capacidad de anticiparlos, de volver a representar los movimientos del alma de Leweth como si fueran los de la suya, llegar‫ي‬a m‫ل‬s tarde. Mientras tanto, se desarrollَ una rutina. Al alba, Leweth enjaezaba los perros y se marchaba para comprobar los corrales. Los d‫ي‬as en que regresaba temprano, ped‫ي‬a a Kellhus que arreglara cepos, preparara

pieles o cocinara una nueva olla de estofado de conejo para «ganarse la manutenciَn», como dec‫ي‬a él. Por la noche, Kellhus se cos‫ي‬a su propio abrigo y sus polainas tal como el cazador le hab‫ي‬a enseٌado. Leweth le observaba desde el otro lado del fuego. Sus manos ten‫ي‬an una cr‫ي‬ptica vida propia cuando tallaban, cos‫ي‬an o simplemente se frotaban una con la otra: pequeٌas tareas que paradَjicamente le confer‫ي‬an el don de la paciencia, incluso de la elegancia. Kellhus sَlo ve‫ي‬a las manos de Leweth en reposo cuando dorm‫ي‬a o estaba extremadamente borracho. La bebida era lo que, por encima de todo, defin‫ي‬a al cazador. Por la maٌana, Leweth nunca miraba a Kellhus a los ojos; sَlo lo hac ‫ي‬a de reojo, nerviosamente. El hombre parec‫ي‬a embotado, como si su pensamiento careciera de ‫ي‬mpetu para convertirse en habla. Y si hablaba, su voz era tensa, constreٌida por un pavor ambiental. Por la tarde, su expresiَn se ruborizaba. Los ojos le refulg‫ي‬an con un brillo crispado. Sonre‫ي‬a, se re‫ي‬a. Pero al caer la noche, sus movimientos se abotargaban y se convert‫ي‬a en una parodia distorsionada de lo que hab ‫ي‬a sido apenas unas horas antes. Conversaba a golpes y le sobreven‫ي‬ an ataques de ira y mal humor. Kellhus aprendiَ mucho gracias a las pasiones exacerbadas por la bebida de Leweth, pero llegَ un momento en que ya no pudo permitir que el objeto de su estudio se tornara en una caricatura. Una noche sacَ rodando los barriles de whisky al bosque y los vaciَ sobre el suelo helado. Durante el sufrimiento que siguiَ a eso, continuَ dedic‫ل‬ndose a sus tareas.

Estaban sentados frente a la chimenea, con la espalda apoyada en mullidos montones de pieles de animales. Con la expresiَn grabada por el fuego, Leweth hablaba, animado por la honesta vanidad de compartir su vida con alguien a quien los hechos cautivaban mientras se los contaba. Viejos pesares afloraron en la narraciَn. --No tuve otra opciَn que marcharme de Atrithau --reconociَ Leweth, hablando una vez m‫ل‬s de su esposa fallecida. Kellhus sonriَ con pesar. Calculَ la sutil interacciَn de los mْsculos bajo la expresiَn de aquel hombre. «Quiere llorar para asegurarse mi pena.» --‫؟‬Atrithau te recordaba su ausencia? «Esta es la mentira que se cuenta a s‫ ي‬mismo.»

Leweth asintiَ con los ojos llenos de l‫ل‬grimas y expectantes al mismo tiempo. --Atrithau parec‫ي‬a una tumba después de su muerte. Una maٌana reunieron a la milicia para que guarneciera la muralla, y recuerdo haber mirado hacia el norte. Los bosques parec‫ي‬an... hacerme seٌales. ،El terror de mi infancia se hab‫ي‬a convertido en un santuario! Todo el mundo en la ciudad, incluso mis hermanos y mis compatriotas de la cohorte de la regiَn, parec‫ي‬an regocijarse secretamente de su muerte. ،Y de mi sufrimiento! Ten‫ي‬a que... Estaba obligado a... «Vengarte.» Leweth bajَ la mirada hacia el fuego. --Huir --dijo. «‫؟‬Por qué se engaٌa de este modo?» --Ninguna alma se mueve sola por el mundo, Leweth. Cada uno de nuestros pensamientos es producto de los pensamientos de los otros. Cada una de nuestras palabras es una repeticiَn de palabras dichas antes. Cada vez que escuchamos, permitimos que los movimientos de otra alma porten la nuestra. --Interrumpiَ el discurso para no desconcertar al hombre. La percepciَn golpeaba con mucha m‫ل‬s fuerza cuando aclaraba lo confuso--. ‫ة‬sa es la verdadera razَn por la que hu‫ي‬ ste a Sobel, Leweth. Por un instante, los ojos de Leweth se empequeٌecieron de horror. --Pero no lo entiendo... «De todo lo que yo pueda decir, lo que m‫ل‬s teme son las verdades que ya conoce, pero aun as‫ ي‬niega. ‫؟‬Son todos los hombres nacidos en el mundo tan débiles?» --S‫ ي‬lo entiendes. Piensa, Leweth. Si no somos m‫ل‬s que nuestros pensamientos y pasiones, y si nuestros pensamientos y pasiones no son m‫ل‬s que movimientos de nuestras almas, entonces no somos m‫ل‬s que lo que nos mueve. El que tْ fuiste en su d‫ي‬a, Leweth, dejَ de existir en el momento en que tu esposa muriَ. --،Y por eso hu‫ !ي‬--gritَ Leweth con los ojos implorantes y provocadores al mismo tiempo--. No pude soportarlo. ،Hu‫ ي‬para olvidar! Un destello en su pulso. Vacilaciَn en la contracciَn de los delicados mْsculos de alrededor de los ojos. «Sabe que es mentira.» --No, Leweth. Huiste para recordar. Hu‫ي‬ste para conservar el modo como tu mujer te mov‫ي‬a, para proteger el dolor de su pérdida del vigor de otros. Huiste para hacer de tu sufrimiento una defensa. Las l‫ل‬grimas cayeron por las flacas mejillas del cazador. --،Ah, crueles palabras, Kellhus! ‫؟‬Por qué dices esas cosas?

«Para poseerte mejor.» --Porque has sufrido el tiempo suficiente. Te has pasado aٌos solo junto a este fuego, refocil‫ل‬ndote en tu pérdida, pregunt‫ل‬ndoles a tus perros una y otra vez si te quieren. Acaparas tu dolor porque cuanto m‫ل‬ s sufres, m‫ل‬s se torna el mundo una atrocidad. Lloras porque el llanto se ha convertido en una prueba. «،Ves lo que me has hecho!», gritas. Y permaneces despierto noche tras noche condenando las circunstancias que te han condenado a revivir tu angustia. Te atormentas, Leweth, para seguir haciendo al mundo responsable de tu aflicciَn. «De nuevo me lo negar‫ل‬...» --‫؟‬Y qué si es as‫ ?ي‬El mundo es una atrocidad, Kellhus. ،Una atrocidad! --Es posible --respondiَ Kellhus, con tono de pena y tristeza--, pero hace ya mucho tiempo que el mundo ha dejado de ser el causante de tu angustia. ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces has gritado estas mismas palabras? Y cada vez se han apelotonado por la misma desesperaciَn, la desesperaciَn que uno necesita para creer en algo que sabe que es falso. Detente, Leweth; niégate a seguir los hitos que esos pensamientos han depositado en tu interior. Detente, y ver‫ل‬s. Obligado a replegarse hacia el interior, Leweth vacilَ, atَnito y con el rostro fl‫ل‬ccido. «Lo entiende, pero no tiene el coraje necesario para admitirlo.» --Pregْntate --insistiَ Kellhus-- por qué esa desesperaciَn. --No hay desesperaciَn --replicَ, ausente. «Ve el lugar que he abierto para él, se da cuenta de la futilidad de todas las mentiras en mi presencia, incluso de las que se dice a s‫ي‬ mismo.» --‫؟‬Por qué sigues mintiendo? --Porque..., porque... A través del resuello del fuego, Kellhus o‫ي‬a los latidos del corazَn de Leweth, enfebrecido como un animal enjaulado. Los sollozos le estremec‫ي‬an todo el cuerpo. Levantَ las manos para enterrar su rostro pero se detuvo. Levantَ la mirada hacia Kellhus y llorَ como un niٌo ante su madre. «،Duele! --gritaba su expresiَn--. ،Duele mucho!» --Ya sé que duele, Leweth. Liberarse de la angustia sَlo puede lograrse por medio de m‫ل‬s angustia. «Como un niٌo...» --‫؟‬Q-qué debo hacer? --dijo entre gemidos--. Kellhus, por favor, ،d‫ي‬ melo! «Treinta aٌos, Padre. Qué poder debes ejercer sobre los hombres

como éste.» Y Kellhus, con el rostro barbado c‫ل‬lido gracias al fuego y la compasiَn, respondiَ: --Ninguna alma se mueve sola, Leweth. Cuando un amor muere, uno debe aprender a amar a otro.

Al cabo de un rato, el fuego de la chimenea se fue apagando, y los dos permanecieron en silencio, escuchando cَmo una nueva tormenta reun‫ي‬a su furor. El viento sonaba como si pesadas mantas se agitaran contra las paredes. Fuera, el bosque rug‫ي‬a y silbaba bajo el oscuro estَ mago de la ventisca. --El llanto embarra el rostro --dijo Leweth, rompiendo el silencio con un viejo proverbio--, pero limpia el corazَn. Kellhus respondiَ con una sonrisa, con una expresiَn de reconocimiento desconcertado. ‫؟‬Por qué --se hab‫ي‬an preguntado los antiguos dunyainos-- confinar las pasiones a las palabras cuando hablan primero en la expresiَn? Una legiَn de rostros viv‫ي‬a en su interior, y pod‫ي‬a escoger entre ellos con la misma facilidad con que eleg‫ي‬a sus palabras. En el corazَn de su sonrisa jubilosa, de su risa comprensiva, se advert‫ي‬a el fr‫ي‬o del escrutinio. --Pero desconf‫ي‬as --dijo Kellhus. Leweth se encogiَ de hombros. --‫؟‬Por qué, Kellhus? ‫؟‬Por qué iban los dioses a mandarte a m‫?ي‬ Kellhus sab‫ي‬a que para Leweth el mundo estaba lleno de dioses, fantasmas, incluso demonios. Estaba infestado de sus conspiraciones, atestado de malos augurios y presagios de sus caprichosos humores. Como un segundo horizonte, sus designios provocaban las luchas de los hombres: oscuras, crueles y, al fin, siempre fatales. Para Leweth, haberlo descubierto bajo la nieve acumulada durante la ventisca en Sobel no hab‫ي‬a sido un accidente. --‫؟‬Quieres saber por qué he venido? --‫؟‬Por qué has venido? Hasta entonces, Kellhus hab‫ي‬a evitado hablar de su misiَn, y Leweth, aterrado por la velocidad con que se hab‫ي‬a recuperado y hab‫ي‬ a aprendido su idioma, no le hab‫ي‬a preguntado por ella. Pero el estudio hab‫ي‬a progresado. --Busco a mi padre, Moenghus --dijo Kellhus--. Anasurimbor Moenghus.

--‫؟‬Est‫ ل‬perdido? --preguntَ Leweth, inmensamente satisfecho por este reconocimiento. --No. Hace mucho que abandonَ a mi pueblo, cuando yo era todav‫ي‬ a un niٌo. --Entonces, ‫؟‬por qué lo buscas? --Porque mandَ a buscarme. Pidiَ que yo viajara para verle. Leweth asintiَ, como si todos los hijos debieran regresar a sus padres en algْn momento. --‫؟‬Dَnde est‫?ل‬ Kellhus se detuvo el tiempo que tardَ su corazَn en dar un latido; aparentemente ten‫ي‬a la mirada fija en Leweth, pero en realidad estaba perdida en un lugar vac‫ي‬o ante él. Como un hombre con fr‫ي‬o que pudiera acurrucarse hasta convertirse en una bola, reunir tanta piel como fuera posible entre los brazos y arrebat‫ل‬rsela al mundo, Kellhus, ensimismado, se retirَ de la habitaciَn y se refugiَ en su intelecto, indiferente a la presiَn de los acontecimientos externos. Las legiones interiores estaban enyuntadas, las variables aisladas y extendidas, y el marem‫ل‬gnum de las posibles consecuencias que pod‫ي‬an seguir a una respuesta veraz a la pregunta de Leweth floreciَ en su alma. El trance de la probabilidad. Se levantَ y parpadeَ ante la luz de la lumbre. Como en tantas otras preguntas acerca de su misiَn, la respuesta era incalculable. --Shimeh --dijo lentamente--. Una ciudad llamada Shimeh; est‫ ل‬al sur, muy lejos. --‫؟‬Mandَ a buscarte desde Shimeh? ‫؟‬Cَmo es eso posible? Kellhus adoptَ una expresiَn ligeramente desconcertada, que no estaba lejos de la verdad. --A través de los sueٌos. Me mandَ a buscar en sueٌos. --Brujer‫ي‬a... Como siempre, la curiosa mezcla de sobrecogimiento y pavor cuando Leweth pronunciaba esa palabra. Hab‫ي‬a brujas, le hab‫ي‬a dicho Leweth, cuyos requerimientos pod‫ي‬an espolear a los organismos dormidos en la tierra, los animales y los ‫ل‬rboles. Hab‫ي‬a sacerdotes cuyas plegarias pod‫ي‬an resonar en el Exterior, mover a los Dioses que mov‫ي‬an el mundo para que dieran tregua a los hombres. Y hab‫ي‬a hechiceros cuyas aseveraciones eran decretos, cuyas palabras dictaban m‫ل‬s que describ‫ي‬an cَmo ten‫ي‬a que ser el mundo. Supersticiَn. En todas partes y en todo, Leweth hab‫ي‬a confundido lo que ven‫ي‬a después con lo que ven‫ي‬a antes; el efecto con la causa. Los hombres ven‫ي‬an después, as‫ ي‬que los colocaba antes y los llamaba

«dioses» o «demonios». Las palabras ven‫ي‬an después, as‫ ي‬que las colocaba antes y las llamaba «escrituras» o «conjuros». Limitado a las consecuencias de los acontecimientos y ciego a las causas que los preced‫ي‬an, consideraba exclusivamente la propia ruina, los hombres y los actos de los hombres el modelo de lo que ven‫ي‬a antes. Pero lo que ven‫ي‬a antes, segْn hab‫ي‬an descubierto los dunyainos, era inhumano. «Debe haber otra explicaciَn. No hay brujer‫ي‬a.» --‫؟‬Qué sabes de Shimeh? --preguntَ Kellhus. Las paredes se estremecieron bajo una fiera sucesiَn de r‫ل‬fagas de viento, y la llama revoloteَ con una abrupta incandescencia. Las pieles colgadas se balancearon ligeramente hacia adelante y hacia atr‫ل‬s. Leweth paseَ la mirada con el ceٌo fruncido, como si se esforzara por o‫ي‬ r a alguien. --Es un camino muy largo, Kellhus, a través de tierras peligrosas. --‫؟‬Shimeh no es... sagrada para ti? Leweth sonriَ. Como los lugares demasiado cercanos, los lugares demasiado lejanos no pod‫ي‬an ser sagrados. --Sَlo hab‫ي‬a o‫ي‬do su nombre unas cuantas veces hasta ahora --dijo--. Los sranc poseen el norte. Los pocos hombres que quedan all‫ي‬ son incesantemente sitiados, confinados en las ciudades de Atrithau y Sakarpus. Sabemos poco de los Tres Mares. --‫؟‬Los Tres Mares? --Las naciones del sur --respondiَ Leweth con los ojos abiertos de puro asombro. «Mi ignorancia le parece divina», advirtiَ Kellhus--. ‫؟‬No has o‫ي‬do hablar nunca de los Tres Mares? --Si tu pueblo vive aislado, el m‫ي‬o lo hace todav‫ي‬a m‫ل‬s. Leweth asintiَ sabiamente. Al fin, era su turno para hablar de cosas profundas. --Los Tres Mares eran jَvenes cuando el norte fue destruido por el No Dios y su Consulto. Ahora que no somos m‫ل‬s que una sombra, ellos son quienes detentan el poder sobre los hombres. --Se detuvo, descorazonado por la rapidez con que su conocimiento le hab‫ي‬a fallado--. Sé poco m‫ل‬s que eso, sَlo un puٌado de nombres. --Entonces, ‫؟‬cَmo sabes de la existencia de Shimeh? --En una ocasiَn, le vend‫ ي‬armiٌo a un hombre de las caravanas, un hombre de piel oscura, un ketyai. Nunca antes hab‫ي‬a visto a un hombre de piel oscura. --‫؟‬Caravanas? --Era la primera vez que Kellhus o‫ي‬a esa palabra, pero la pronunciَ como si quisiera saber a qué caravana se refer‫ي‬a el

cazador. --Cada aٌo llega a Atrithau una caravana procedente del sur; si sobrevive a los sranc, claro est‫ل‬. Viaja desde una tierra llamada Galeoth a través de Sakarpus. Trae especias, sedas, ،cosas maravillosas, Kellhus! ‫؟‬Has probado alguna vez la pimienta? --‫؟‬Qué te dijo de Shimeh ese hombre de piel oscura? --No mucho, en realidad. Me hablَ sobre todo de su religiَn. Me dijo que era inrithi, seguidor del ‫ع‬ltimo Profeta, Inri, o algo as‫ي‬. --Sus cejas se arquearon un segundo--. ‫؟‬Te lo imaginas? ‫؟‬Unْ ltimo profeta? --Leweth, con la mirada perdida, se callَ, tratando de traducir el episodio en palabras--. Me dec‫ي‬a que yo estaba maldito a menos que me sometiera a su profeta y abriera mi corazَn a los Mil Templos; nunca olvidaré este nombre. --‫؟‬De modo que Shimeh era sagrada para aquel hombre? --La ciudad m‫ل‬s sagrada de todas las ciudades sagradas. Hace mucho tiempo, era la ciudad de su profeta. Pero hab‫ي‬a alguna clase de problema, creo. Algo relacionado con guerras y con infieles que la tomaron a expensas de los inrithi... --Leweth se detuvo, como si se le hubiera ocurrido algo especialmente significativo--. En los Tres Mares los hombres luchan contra otros hombres, Kellhus, y no se preocupan por los sranc. ‫؟‬Te lo puedes imaginar? --De modo que Shimeh es una ciudad santa en manos de infieles. --Por suerte, creo yo --respondiَ Leweth, repentinamente brusco--. Ese perro no dejaba de llamarme infiel a m‫ ي‬también. Siguieron hablando de tierras distantes hasta bien entrada la noche. El viento aullaba y golpeaba los macizos muros de la cabaٌa. Y en la oscuridad del fuego titubeante, Anasurimbor Kellhus fue induciendo en Leweth sus propios ritmos decrecientes: respiraciَn m‫ل‬s lenta, ojos adormilados. Cuando el cazador estuvo totalmente hechizado, le hizo desvelar elْ ltimo de sus secretos, lo persiguiَ hasta que no le quedَ ningْn refugio.

Solo, Kellhus recorriَ, con raquetas en los pies, glaciales bosques de abetos hacia la m‫ل‬s cercana de las cimas que rodeaban la cabaٌa del cazador. La nieve se amontonaba alrededor de los oscuros troncos. El aire ol‫ي‬a a silencio invernal. Kellhus se hab‫ي‬a transformado completamente durante las semanas anteriores. El bosque ya no era la pasmosa cacofon‫ي‬a que

hab‫ي‬a sido en el pasado. Sobel era la tierra del caribْ, la marta y la marta cibelina. El armiٌo dorm‫ي‬a en sus suelos. La piedra refulg‫ي‬a desnuda bajo sus cielos, y sus plateados lagos estaban llenos de peces. No hab ‫ي‬a nada m‫ل‬s, nada que produjera miedo o pavor. Ante él, la nieve cayَ de un risco poco profundo. Kellhus levantَ la mirada en busca del camino que deb‫ي‬a llevarle m‫ل‬s r‫ل‬pidamente a la cima. Trepَ. Excepto por unos cuantos espinos raqu‫ي‬ticos y sin hojas, la cima estaba despejada. En el centro hab‫ي‬a un viejo hito: una flecha de piedra inclinada contra la distancia. Runas y figuras talladas lo rodeaban por los cuatro costados. Lo que hab‫ي‬a llevado a Kellhus all‫ي‬, una y otra vez, no era solamente el idioma del texto grabado --aparte de algunos modismos, era indistinguible del suyo--, sino el nombre de su autor. Empezaba: «Y yo, Anasurimbor Celmomas II, miro desde este lugar y presencio la gloria lograda por mi mano...». Y prosegu‫ي‬a relatando una gran batalla que hab‫ي‬a enfrentado a dos reyes que llevaban ya mucho tiempo muertos. Segْn Leweth, esa tierra hab‫ي‬a sido en el pasado la frontera entre dos naciones: Kuniuri y Eanmor, ambas perdidas hac‫ي‬a milenios en guerras m‫ي‬ticas contra lo que Leweth llamaba «el No Dios». Como suced‫ي‬a con muchas de las historias de Leweth, Kellhus menospreciaba abiertamente sus leyendas sobre el Apocalipsis. Pero el nombre de Anasurimbor grabado en una antigua diorita era algo que no pod‫ي‬a menospreciar. Entonces comprend‫ي‬a que el mundo era mucho m‫ل‬s antiguo que los dْnyainos. Y su l‫ي‬nea de sangre se remontaba hasta ese Gran Rey, de modo que también él lo era. Pero tales pensamientos eran irrelevantes para su misiَn. El estudio de Leweth estaba tocando a su fin. Pronto tendr‫ي‬a que continuar en direcciَn al sur, hacia Atrithau; Leweth hab‫ي‬a insistido en que all‫ي‬ encontrar‫ي‬a medios seguros para viajar hasta Shimeh. Desde las alturas, Kellhus mirَ hacia al sur, m‫ل‬s all‫ ل‬de los bosques invernales. Ishual quedaba en algْn lugar a su espalda, escondida entre las montaٌas glaciales. Ten‫ي‬a ante s‫ ي‬una peregrinaciَn a través de un mundo de hombres unidos por costumbres arbitrarias, por la infinita repeticiَn de mentiras tribales. Se presentar‫ي‬a ante ellos como un hombre despierto. Se refugiar‫ي‬a en los huecos de su ignorancia y los convertir‫ي‬a en sus instrumentos a través de la verdad. ‫ة‬l era un dْnyaino, uno de los Aptos, y poseer‫ي‬a a toda la gente, todas las circunstancias. ‫ة‬l les preceder‫ي‬a. Pero le esperaba otro dْnyaino, uno que hab‫ي‬a estudiado la

naturaleza durante mucho m‫ل‬s tiempo: Moenghus. «‫؟‬Cuan grande es tu poder, Padre?» Apartando la mirada del paisaje, advirtiَ algo extraٌo. Al otro lado del hito vio huellas en la nieve. Las escudriٌَ por un momento, antes de decidir que preguntar‫ي‬a al cazador por ellas. El causante caminaba erguido, pero no parec‫ي‬a humano.

--Son as‫ ي‬--dijo Kellhus, y perfilَ una réplica de la huella con un dedo desnudo en la nieve. Leweth lo observَ con adem‫ل‬n severo. Kellhus sَlo tuvo que mirarle para ver el horror que trataba de ocultar. Al fondo, los perros ladraban y corr‫ي‬an en c‫ي‬rculo, tirando del extremo de las correas de piel. --‫؟‬Dَnde? --preguntَ Leweth, que miraba fijamente la extraٌa huella. --El viejo hito Kuniْrico. Trazan una tangente con respecto a la caba ٌa, hacia el noroeste. El hombre barbado se girَ hacia él. --‫؟‬Y no sabes qué son esas huellas? La trascendencia de la pregunta era evidente. «‫؟‬Eres del norte y no sabes lo que son?» Entonces, Kellhus lo comprendiَ. --Sranc --dijo. El cazador mirَ a su espalda y observَ detenidamente la cercana muralla de ‫ل‬rboles. El monje advirtiَ el revoloteo en las entraٌas del hombre, la aceleraciَn de su pulso y la letan‫ي‬a de sus pensamientos, demasiado r‫ل‬pidos para tornarse en una pregunta: «‫؟‬ Qué-hacemos-qué-hacemos-qué-hacemos...?». --Debemos seguir las huellas --dijo Kellhus-- y asegurarnos de que no cruzan tus corrales. Si lo hacen... --Ha sido un duro invierno para ellos --dijo Leweth, que necesitaba hallarle algْn significado a su terror. --Vienen al sur en busca de comida... Cazan comida. S‫ي‬, comida. --‫؟‬Y si no es as‫?ي‬ Leweth le mirَ con los ojos embravecidos. --Para los sranc, los hombres son un alimento de otra clase. Nos hacen daٌo para calmar la locura de sus corazones. --Se acercَ a los perros y la aglomeraciَn en torno a sus piernas le distrajo--. Tranquilos, ،chsss!, tranquilos. Les palmoteo las costillas y les hundiَ los hocicos en la nieve mientras les acariciaba con vigor la parte superior de la cabeza. Sus

brazos se balanceaban amplia y azarosamente, para dispensar de forma equitativa su afecto por ellos. --‫؟‬Puedes traer los bozales, Kellhus?

El rastro era delgado y gris‫ل‬ceo a través de los terrenos. El cielo se oscureciَ. Los anocheceres invernales llevaban un extraٌo silencio al interior de los bosques, esa sensaciَn de que estaba terminando algo m ‫ل‬s importante que la luz del d‫ي‬a. Hab‫ي‬an recorrido un gran trecho con las raquetas, y entonces se hab‫ي‬an detenido. Permanecieron sobre las yermas ra‫ي‬ces de un roble. --No deber‫ي‬amos volver --dijo Kellhus. --Pero no podemos dejar a los perros. El monje mirَ cَmo Leweth respiraba. Sus exhalaciones se hincaban con fuerza en el aire. Sab‫ي‬a que no le ser‫ي‬a dif‫ي‬cil disuadirlo de regresar. Fuera lo que fuese aquello que persegu‫ي‬an, sab‫ي‬a de los corrales, y quiz‫ ل‬también de la propia cabaٌa. Pero las huellas en la nieve --marcas vac‫ي‬as-- eran demasiado pequeٌas para valerse de ellas. Para Kellhus, la amenaza sَlo exist‫ي‬a en el miedo manifestado por el cazador. El bosque segu‫ي‬a siendo suyo. Kellhus se girَ y juntos se encaminaron hacia la cabaٌa, corriendo con la desgarbada elegancia de las raquetas. Pero después de un breve trecho, Kellhus detuvo al hombre con una mano firme en el hombro. --‫؟‬Qué...? --empezَ a preguntar el cazador, pero los sonidos lo silenciaron. Un coro de aullidos y gritos amortiguados perforَ el silencio. Un solo aullido recorriَ la hondonada, seguido por un pavoroso y glacial silencio. Leweth permaneciَ tan inmَvil como los ‫ل‬rboles. --‫؟‬Por qué, Kellhus? --Su voz se quebrَ. --No tenemos tiempo para los porqués. Debemos huir.

Kellhus estaba sentado en la oscuridad cenicienta, observando cَ mo los dedos rosados del alba se adentraban por entre las ramas de los matorrales y los pinos oscuros. Leweth segu‫ي‬a durmiendo. «Hemos corrido mucho, Padre, pero ‫؟‬hemos corrido lo suficiente?» Vio algo. Un movimiento r‫ل‬pidamente oscurecido por las profundidades del bosque.

--Leweth --dijo. El cazador se estirَ. --‫؟‬Qué? --respondiَ, tosiendo--. Todav‫ي‬a es oscuro. Otra figura, m‫ل‬s a la izquierda, se acercaba. Kellhus permaneciَ inmَvil, explorando con la mirada perdida los escondrijos del bosque. --Vienen --dijo. Leweth se incorporَ bajo las gélidas mantas. Ten‫ي‬a la cara cenicienta. Perplejo, siguiَ la mirada de Kellhus hacia la oscuridad circundante. --No veo nada. --Se mueven con sigilo. Leweth empezَ a temblar. --Corre --dijo Kellhus. Leweth le mirَ asombrado. --‫؟‬Correr? Los sranc dan caza a cualquier cosa, Kellhus. No se puede huir de ellos. ،Son demasiado r‫ل‬pidos! --Ya lo sé --respondiَ Kellhus--. Yo me quedaré aqu‫ ي‬para entretenerlos.

Leweth sَlo pudo mirarle. No logrَ moverse. Los ‫ل‬rboles bramaban a su alrededor. El cielo les atra‫ي‬a con su vacuidad. Entonces, una flecha cruzَ su hombro y cayَ de rodillas; Leweth se quedَ observando la punta roja que sobresal‫ي‬a por su pecho. --،Kellllhuuss! --jadeَ. Pero Kellhus se hab‫ي‬a ido. Leweth se arrastrَ por la nieve, busc‫ل‬ ndolo, y le encontrَ corriendo entre unos ‫ل‬rboles cercanos con su espada en la mano. El primer sranc fue decapitado, y el monje corr‫ي‬a, corr‫ي‬a como un espectro blanco. Otro muriَ mientras clavaba el cuchillo inْtilmente en el aire. Los otros cercaron a Kellhus como ‫ل‬speras sombras. --،Kellhus! --gritَ Leweth, quiz‫ ل‬llevado por la angustia, quiz‫ل‬ esperando que retrocedieran, hacia uno que ya estaba muerto. «Morir‫ي‬ a por ti.» Las formas fueron cayendo, agarr‫ل‬ndose a s‫ ي‬mismas en la nieve, y un aullido extraٌo, inhumano, cruzَ por entre los ‫ل‬rboles. Cayeron m‫ل‬s, hasta que sَlo quedَ el monje. Al cazador le pareciَ que sus perros ladraban en la distancia.

Kellhus tiraba de él. Puntos de nieve parpadeaban bajo el sol naciente cuando impactaban en los matorrales. Leweth ten‫ي‬a calambres alrededor del hombro dolorido, pero el monje era implacable y le obligaba a seguir un paso que a duras penas podr‫ي‬a haber mantenido de no estar herido. Cruzaron atropelladamente tierras de acarreo, rodearon ‫ل‬rboles, casi cayeron en barrancos y salieron de ellos valiéndose de las manos. El monje y sus brazos estaban siempre all‫ي‬, como una delgada red de hierro que le impulsaba hacia adelante una y otra vez. Todav‫ي‬a le parec‫ي‬a o‫ي‬r a los perros. «Mis perros...» Al fin, se vio lanzado contra un ‫ل‬rbol que le pareciَ, a su espalda, una columna de piedra, un pilar contra el que morir. Apenas distingu‫ي‬a a Kellhus, que llevaba la barba y la capucha cubiertas de hielo procedente del manto de ramas desnudas. --Leweth --estaba diciendo Kellhus--, ،tienes que pensar! ،Crueles palabras!, que tiraron de él hacia la claridad, lo arrojaron a su dolor. oigo. --Mis perros --gimi .--Los َ Los ojos azules no reconoc‫ي‬an nada. --Vienen m‫ل‬s sranc --dijo Kellhus entre trabajosos jadeos--. Necesitamos un refugio, un lugar en el que escondernos. Leweth echَ la cabeza hacia atr‫ل‬s y tragَ saliva contra la punta de dolor que ten‫ي‬a en el velo de la garganta. Tratَ de concentrarse. --‫؟‬En qué direcciَn hemos avanzado? --Hacia el sur. Siempre hacia el sur. Leweth se apartَ del ‫ل‬rbol y le dio un abrazo al monje. Era presa de unos escalofr‫ي‬os incontrolables. Tosiَ y mirَ por entre los ‫ل‬rboles. --‫؟‬Cu‫ل‬ntos riachuelos... --sorbiَ el aire--, riachuelos hemos cruzado? Sintiَ el calor del aliento de Kellhus. --Cinco. --،Al oeste! --jadeَ. Se echَ hacia atr‫ل‬s para ver el rostro del monje, pero no le soltَ. No sent‫ي‬a vergüenza; ese hombre no ten‫ي‬a de qué avergonzarse--. Debemos ir hacia el oeste --prosiguiَ, poniendo la frente ante los labios del monje--. Ruinas, ruinas, ruinas de nohombres. Est‫ل‬n a poca distancia de aqu‫ي‬.

Leweth sinti َque el suelo cubierto de nieve le golpeaba el cuerpo. Aturdido, loْ nico que pudo hacer fue cogerse las rodillas y hacerse un ovillo. A través de los‫ ل‬rboles vio cَmo la figura de Kellhus, distorsionada por las l‫ل‬grimas, retroced‫ي‬a entre los‫ ل‬rboles. «No-no-no.» Sollozَ. --‫؟‬Kellhus? ،Kelllhuuss! «‫؟‬Qué est‫ ل‬pasando?» --،Nooo! --chillَ. La alta figura desapareciَ.

La ladera era peligrosa. Kellhus tirَ de s‫ ي‬mismo, agarr‫ل‬ndose a las ramas, y avanzَ tratando de evitar los cepos que hab‫ي‬a bajo la nieve. Las con‫ي‬feras obstru‫ي‬an todos los pasos francos de la pendiente. Cadalsos radiales de ramas le araٌaban. Una penumbra distinta de la palidez del invierno techaba todo cuanto ten‫ي‬a a su alrededor. Cuando al fin alcanzَ el claro de la cima, el monje mirَ el cielo con el entrecejo fruncido, y la vista lo apaciguَ. Cubierto de nieve, el suelo se levantaba y adoptaba el hambriento perfil de un perro. Las ruinas de una puerta y un muro se erig‫ي‬an en las laderas m‫ل‬s cercanas. M‫ل‬s all‫ل‬, un roble muerto, de inmensas proporciones, se doblaba contra el cielo. La lluvia ca‫ي‬a de las oscuras nubes que cruzaban por encima de la cumbre, helada bajo las capas de nieve.

Kellhus estaba impresionado por las inmensas piedras de la puerta. Muchas eran tan grandes como el roble que ocultaban. En el dintel hab‫ي‬a sido esculpido un rostro vuelto hacia arriba: ojos en blanco, tan pacientes como el cielo. Pasَ por debajo. El suelo se allanَ un tanto. Tras él, las grandes extensiones boscosas se oscurec‫ي‬an sobre la cada vez m‫ل‬s intensa lluvia. Pero el ruido creciَ. El ‫ل‬rbol llevaba mucho tiempo muerto. Sus colosales ramas carec‫ي‬ an de corteza y las ra‫ي‬ces se extend‫ي‬an en el aire como colmillos retorcidos. Despojadas de toda protecciَn, el viento y el agua corr‫ي‬an con facilidad entre ellas. Se girَ cuando los sranc surgieron del bosque; aullando, trotaban sobre la nieve.

Era tan despejado aquel lugar. Las flechas silbaron junto a él. Cogi َ una en el aire y la estudiَ. Le resultَ c‫ل‬lida, como si hubiera sido presionada contra la piel. Después la espada en su mano refulgiَ a través del espacio circundante, del que se apoderَ como las ramas de un ‫ل‬rbol. Llegaron --un oscuro torrente--, y él estaba all‫ي‬, ante ellos, preparado antes de que pudieran preverlo. Una caligraf‫ي‬a de gritos. El ruido sordo de la carne estupefacta. Arponeَ el éxtasis de sus rostros inhumanos, se introdujo entre ellos y apagَ el latido de sus corazones. No pod‫ي‬an saber que aquella circunstancia era sagrada. Ellos sَlo ten‫ي‬an hambre. ‫ة‬l, en cambio, era uno de los dunyainos Aptos, y todos los acontecimientos ced‫ي‬an ante él. Cayeron, y el aullido amainَ. Por un momento se apiٌaron a su alrededor, con los hombros estrechos y el pecho de perro, la piel apestosa y collares de dientes humanos. Permaneciَ paciente ante su amenaza. Tranquilo. Huyeron. Se inclinَ junto a uno que todav‫ي‬a se retorc‫ي‬a a sus pies y lo levant َ por el cuello. El bello rostro se contra‫ي‬a de furia. --Kuz'inirishka dazu daka gurankas... Le escupiَ. El lo clavَ en el ‫ل‬rbol con su espada. Dio un paso atr‫ل‬s. Chillَ. Se sacudiَ. «‫؟‬Qué son estas criaturas?» Un caballo resoplَ detr‫ل‬s de él, pateando la nieve y el hielo. Kellhus recuperَ la espada y se girَ r‫ل‬pidamente. A través de la aguanieve, el caballo y el jinete eran solamente figuras grises. Kellhus observَ cَmo se acercaban lentamente, defendiendo su posiciَn; el abundante pelo se le hab‫ي‬a helado como pequeٌos colmillos que chasquearan al viento. El caballo era grande, de unos dieciocho palmos, y negro. El jinete iba cubierto con una larga capa gris bordada con apenas visibles motivos abstractos de caras. Llevaba un casco sin emblema que oscurec‫ي‬a su semblante. --Veo que no van a matarte --atronَ una voz poderosa en kuniْrico. Kellhus permaneciَ en silencio. Atento. El sonido de la lluvia parec‫ي‬ a arena volando al viento. La figura desmontَ, pero mantuvo un silencio cauteloso. Estudiَ los cuerpos inertes esparcidos a su alrededor. --Extraordinario --dijo el desconocido, y después le mirَ. Kellhus vio el brillo de sus ojos debajo de la visera del casco. --Debes de tener un nombre. --Anasurimbor Kellhus --respondiَ el monje.

Silencio. Kellhus pensَ que pod‫ي‬a percibir la confusiَn, una extraٌa confusiَn. --Eso lo dice todo --murmurَ el hombre lentamente. Se acercَ mirando a Kellhus--. S‫ ي‬--dijo--, s‫ي‬... No te est‫ل‬s riendo de m‫ي‬. Veo su sangre en tu cara. Kellhus permaneciَ en silencio. --También tienes la paciencia de un Anasurimbor. Kellhus le escudriٌَ y se dio cuenta de que su capa no ten‫ي‬a bordadas estilizadas representaciones de caras, sino rostros de verdad, con las facciones distorsionadas al haber sido aplanados. Debajo de la capa, se adivinaba un hombre de complexiَn poderosa; llevaba una pesada armadura y, por el modo como se comportaba, no tem‫ي‬a nada. --Ya veo que eres un estudiante. El conocimiento es poder, ‫؟‬eh? ‫ة‬se no era como Leweth. En absoluto. Todav‫ي‬a se o‫ي‬a el ruido de la aguanieve, que iba cubriendo pacientemente a los muertos. --‫؟‬No deber‫ي‬as temerme, mortal, sabiendo quién soy? El miedo también es poder. --La figura empezَ a rodearle, andando con cuidado entre las extremidades de los sranc--. Esto es lo que separa a los tuyos de los m‫ي‬os. El miedo. El desesperado, resoluto impulso de sobrevivir. Para nosotros la vida es siempre una... decisiَn. Para vosotros..., bueno, digamos que ella decide. Kellhus hablَ al fin. --La decisiَn, pues, parece ser tuya. La figura se detuvo. --،Ah, las burlas! --dijo con pesar--. ‫ة‬sa es laْ nica cosa que tenemos en comْn. La provocaciَn de Kellhus hab‫ي‬a sido deliberada, pero hab‫ي‬a servido para poco, o al menos eso pareciَ al principio. El desconocido bajَ de repente su cara oscurecida y echَ la cabeza hacia atr‫ل‬s y hacia adelante sobre el eje de la barbilla. me --،Me hostiga! El mortal me hostiga... --murmur .--Esto َ recuerda, me recuerda-- ...Empez a َ rebuscar en su capa y cogiَ una cara contrahecha--. ،A éste! ،Oh, impertinente! ،Qué alegre era éste! S‫ي‬ , me acuerdo... --Levantَ la mirada hacia Kellhus y silb، .--Me َ acuerdo! Y Kellhus vislumbrَ los principios de aquel encuentro. «Un nohombre. Otro de los mitos de Leweth convertido en realidad.» Con una solemne deliberaciَn, la figura sacَ el sable. Brillَ extraٌ amente en la oscuridad, como si reflejara el sol de otro mundo. Pero se volviَ hacia uno de los sranc muertos y lo girَ con la hoja del sable, hasta

que quedَ boca arriba. Su piel blanca estaba empezando a oscurecerse. --Este sranc, cuyo nombre no podr‫ي‬as pronunciar, era nuestro elju..., nuestro «libro», como dec‫ي‬s en vuestra lengua. El animal m‫ل‬s devoto. Estaré desolado sin él, al menos un tiempo. --Le echَ un vistazo a otro cad‫ل‬ver--. En realidad, son unas criaturas repugnantes y sanguinarias. --Volviَ a levantar la mirada hacia Kellhus--. Pero... memorables. Una grieta. Kellhus la explorar‫ي‬a. --Qué apurado. Das l‫ل‬stima --dijo. --‫؟‬Yo te doy l‫ل‬stima? ‫؟‬Un perro siente l‫ل‬stima por m-- ?‫ي‬El nohombre ri cَ on aspereza--. ،El Anasurimbor se apiada de m‫ !ي‬Y hace bien... Ka'cunuroi souk ki'elju, souk hus'jihla. --Escupiَ, y seٌalَ con su espada a los muertos esparcidos a su alrededor--. Estos..., estos sranc son ahora nuestros niٌos. ،Pero antes! Antes, vosotros erais nuestros niٌ os. Nos hab‫ي‬an arrancado el corazَn, de modo que acun‫ل‬bamos el vuestro. Compaٌeros de los Grandes Reyes norsirai. El nohombre dio un paso hacia él. --Pero ya no --prosigui .--A َ medida que pasaban las eras, algunos de nosotros necesit‫ل‬bamos recordar algo m‫ل‬s que vuestras peleas de niٌos. Algunos de nosotros necesit‫ل‬bamos m‫ل‬s brutalidad de la que ninguna de vuestras contiendas pod‫ي‬a ofrecernos. La gran maldiciَn de nuestra especie‫ ؟‬,lo sab‫ي‬as? ،Claro que lo sab‫ي‬as! ‫؟‬Qué esclavo no se regocija con la degradaciَn de su amo, eh? El viento envolviَ la vetusta capa a su alrededor. Dio otro paso. --Pero me excuso como un hombre. La pérdida est‫ ل‬escrita en la misma tierra. Nosotros somos sَlo su recordatorio m‫ل‬s dram‫ل‬tico. El nohombre hab‫ي‬a alzado la punta de su sable ante Kellhus, que ya se hab‫ي‬a puesto en posiciَn y hab‫ي‬a levantado la espada curva por encima de la cabeza. De nuevo, se hizo el silencio, pavoroso esa vez. --Soy un guerrero de eras, Anasurimbor..., eras. He hundido mi nimil en miles de corazones. He cabalgado en contra y al lado del No Dios en las grandes guerras que ocasionaron estos p‫ل‬ramos. He escalado las murallas de la gran Golgotterath y he visto cَmo los corazones de los Grandes Reyes estallaban de ira. --Entonces, ‫؟‬por qué --preguntَ Kellhus-- levantas ahora tu arma contra un hombre solo? Risa. Seٌalَ con la mano libre los sranc muertos. --Una miseria, ya lo sé, pero a pesar de todo ser‫ي‬as memorable. Kellhus atacَ primero, pero su espada retrocediَ ante la malla que el

nohombre llevaba debajo de la capa. Se agachَ, esquivَ el contraataque del nohombre y le barriَ las piernas para hacer que perdiera el equilibrio. El nohombre cayَ de espaldas, pero logrَ volver a ponerse en pie sin esfuerzo. La risa atronَ desde la cara cubierta. --Muy memorable --gritَ, cayendo sobre el monje. Y Kellhus se sintiَ atrapado. Una lluvia de poderosos golpes le oblig َ a retroceder, y se alejَ del ‫ل‬rbol muerto. El anillo de acero dunyaino y el nimil del nohombre restallaban en el aire de la cumbre azotada por el viento. Pero Kellhus percibiَ el momento, aunque fue mucho, mucho m‫ل‬ s breve de lo que lo hab‫ي‬a sido con los sranc. Se introdujo en ese breve instante y la sobrenatural hoja se alejَ m‫ل‬ s de su blanco y se clavَ todav‫ي‬a m‫ل‬s en el aire vac‫ي‬o. Entonces, la espada de Kellhus alcanzَ el cuerpo de la oscura figura; cortَ y pinchَ la armadura, e hizo trizas la macabra capa, pero no logrَ que derramara sangre. --‫؟‬Qué eres? --gritَ el nohombre, enfurecido. Hab‫ي‬a un espacio entre ellos, pero los cruces eran infinitos... Kellhus le rajَ la barbilla descubierta al nohombre. La sangre, negra en la penumbra, le salpicَ el pecho. Un segundo golpe y la asombrosa espada saliَ desliz‫ل‬ndose sobre la nieve y el hielo. Mientras Kellhus saltaba, el nohombre fue dando tumbos de espaldas y cayَ. La punta de la espada de Kellhus, colocada sobre la abertura de su casco, le acallَ. Bajo la gélida lluvia, el monje respirَ sin alterarse, con la mirada puesta en la figura ca‫ي‬da. Pasaron varios segundos. Entonces pod‫ي‬a empezar el interrogatorio. --Responder‫ل‬s a mis preguntas --le instruyَ Kellhus sin pasiَn en la voz. El nohombre riَ misteriosamente. --Pero la pregunta eres tْ, Anasurimbor. Y entonces vino la palabra, la palabra que, al o‫ي‬rla, desgarraba el intelecto. Una furiosa incandescencia. Como un pétalo soplado de la palma de la mano, Kellhus fue derribado y cayَ de espaldas. Se deslizَ sobre la nieve y, asombrado, tratَ de ponerse en pie. Observَ, absorto, cَmo el nohombre se levantaba en seguida, como tirado de un hilo. Una luz p‫ل‬ lida, acuosa, formaba una esfera a su alrededor. La lluvia helada chisporroteaba y siseaba contra ella. Tras él se erig‫ي‬a el gran ‫ل‬rbol. «‫؟‬Brujer‫ي‬a? Pero ‫؟‬cَmo puede ser?» Kellhus huyَ, corriَ por entre los edificios en ruinas hendiendo la

nieve. Se deslizَ sobre el hielo y resbalَ en el extremo m‫ل‬s lejano de las cumbres, fue derribado por las infames ramas de los ‫ل‬rboles. Volviَ a ponerse en pie y se abriَ paso entre la ‫ل‬spera maleza. Algo como un trueno retumbَ en el aire, y grandes, cegadores incendios ardieron entre los abetos a su espalda. El fuego le envolviَ y corriَ m‫ل‬s de prisa, hasta que las laderas se convirtieron en abismos, y el bosque oscuro, en un torrente de confusiَn. --،Anasurimbor! --gritَ una voz sobrenatural, rompiendo el silencio invernal--. ،Corre, Anasurimbor! --tron، .--َMe acordaré! Una risa como un trueno, y el bosque que quedaba a su espalda fue desgarrado por m‫ل‬s luces feroces, que fracturaron la penumbra circundante. Kellhus vio cَmo su propia sombra hu‫ي‬a, titilando, tras él. El aire fr‫ي‬o le hiriَ los pulmones, pero corriَ mucho m‫ل‬s r‫ل‬pidamente de lo que los sranc le hab‫ي‬an hecho correr. «‫؟‬Brujer‫ي‬a ‫؟‬Es ésta una m‫ل‬s de las lecciones que debo aprender, Padre?» La fr‫ي‬a noche cayَ. En algْn lugar, en medio de la oscuridad, aullaron los lobos. Parec‫ي‬an decir que Shimeh estaba demasiado lejos.

PRIMERA PARTE: EL HECHICERO

_____ 1 _____ Carythusal «Hay tres, y sَlo tres, clases de hombres en el mundo : c‫ي‬nicos, fan‫ل‬ticos y Maestros del Mandato.» Ontillas, Sobre la locura de los hombres

«El autor ha observado con frecuencia que, en la génesis de los grandes acontecimientos, los hombres ignoran por lo general lo que sus acciones auguran. Este problema no es, como se podr‫ي‬a pensar, consecuencia de la ceguera de los hombres ante las consecuencias de sus acciones. Es m‫ل‬s bien el resultado del enloquecido modo en que lo trivial se torna terrible cuando los objetivos de un hombre se topan con los de otro. Los eruditos de los Chapiteles Escarlatas tienen un viejo dicho: "Cuando un hombre persigue una liebre, encuentra una liebre. Pero cuando muchos hombres persiguen una liebre, encuentran un dragَn". En la persecuciَn de intereses humanos en disputa, el resultado es siempre desconocido y, con demasiada frecuencia, aterrador.»

Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa Mediados de invierno, aٌo del Colmillo 4110, Carythusal Todos los esp‫ي‬as se obsesionaban con sus informantes. Era un juego al que se dedicaban en los momentos previos al sueٌo o durante los nerviosos silencios de una conversaciَn. Un esp‫ي‬a miraba a su informante como Achamian estaba mirando a Geshrunni entonces y se preguntaba: «‫؟‬Cu‫ل‬nto sabe?». Como muchas tabernas situadas cerca del extremo del Gusano, el inmenso barrio bajo de Carythusal, El Santo Leproso era a la vez lujosa y paupérrima. El suelo era de baldosas de cer‫ل‬mica tan elegantes como las que se pod‫ي‬an encontrar en el palacio del Gobernador-Palatino, pero las paredes eran de adobe pintado y el techo resultaba tan bajo que los hombres m‫ل‬s altos ten‫ي‬an que agacharse bajo las l‫ل‬mparas de latَn, que eran imitaciones auténticas, segْn Achamian le hab‫ي‬a o‫ي‬do fanfarronear al propietario, de las encontradas en el templo de Exorietta. El lugar estaba siempre atestado, lleno de hombres misteriosos y, en ocasiones, peligrosos; pero el vino y el hach‫ي‬s eran lo suficientemente caros como para impedir que los que no pod‫ي‬an permitirse un baٌo se mezclaran con los que s‫ ي‬pod‫ي‬an. Hasta que fue a El Santo Leproso, a Achamian nunca le hab‫ي‬an gustado los ainonios, especialmente los de Carythusal. Como a la mayor‫ي‬a de los habitantes de los Tres Mares, le parec‫ي‬an vanos y afeminados. Llevaban demasiados aceites en las barbas, eran muy aficionados a la iron‫ي‬a y los cosméticos, y resultaban excesivamente irresponsables en sus costumbres sexuales. Pero hab‫ي‬a cambiado de opiniَn tras las infinitas horas que hab‫ي‬a pasado esperando la llegada de Geshrunni. Se hab‫ي‬a dado cuenta de que la sutileza de car‫ل‬cter y el

gusto que en las otras naciones sَlo afectaban a las castas m‫ل‬s altas eran una fiebre endémica entre esa gente, e infectaban incluso a los hombres libres y los esclavos de las castas m‫ل‬s bajas. Siempre hab‫ي‬a pensado que el Alto Ainon era una naciَn de libertinos y conspiradores de tres al cuarto; que eso hiciera de ella una naciَn de almas gemelas a la suya era algo que nunca hab‫ي‬a imaginado. Quiz‫ ل‬ésa fuera la razَn por la que no reconoci َinmediatamente el peligro cuando Geshrunni le dijo: --Te conozco. Oscuro incluso bajo la luz de la l‫ل‬mpara, Geshrunni bajَ los brazos, que hab‫ي‬a cruzado sobre el chaleco de seda, y se inclinَ hacia adelante en la silla. Era una figura imponente. Ten‫ي‬a un rostro duro de soldado y llevaba la barba recogida con lo que parec‫ي‬an correas de cuero negro. Los brazos estaban tan bronceados que sَlo se pod‫ي‬an advertir, pero no descifrar, las l‫ي‬neas de pictogramas ainonios tatuadas desde los hombros hasta las muٌecas. Achamian tratَ de sonre‫ي‬r afablemente. --Tْ y mis esposas --dijo, y se bebiَ de un trago otro cuenco de vino. Respirَ entrecortadamente y se relamiَ los labios. Geshrunni siempre hab‫ي‬a sido, o as‫ ي‬le hab‫ي‬a parecido a Achamian, un hombre corto de miras, para el que los misterios del pensamiento y la palabra eran pocos y profundos. La mayor‫ي‬a de los guerreros eran as‫ي‬, especialmente cuando se trataba de esclavos. Pero su afirmaciَn no hab‫ي‬a sido corta de miras. Geshrunni le observ َcuidadosamente, y en su mirada recelosa advirti u َ n rastro de asombro. Neg cَ on la cabeza, contrariado. --Deber‫ي‬a haber dicho: «Sé quién eres». El hombre se recostَ, pensativo, de una manera tan poco propia de los modales de un soldado que a Achamian se le erizَ la piel de miedo. La ruidosa taberna se desvaneciَ y se convirtiَ en un cuadro de figuras sombr‫ي‬as y puntos de luz dorada de las l‫ل‬mparas. --Entonces, escr‫ي‬belo --respondiَ Achamian, como si se estuviera aburriendo-- y d‫ل‬melo cuando esté sobrio. Apartَ la mirada como suelen hacerlo los hombres aburridos y se dio cuenta de que la entrada de la taberna estaba vac‫ي‬a. --Sé que no tienes esposas. --‫؟‬De verdad? ‫؟‬Y cَmo es eso? Achamian mirَ r‫ل‬pidamente a su espalda y alcanzَ a ver a una prostituta que se apretaba un refulgente ensolarii de plata contra sus sudorosos pechos.

--،Una! --rugiَ la vulgar muchedumbre que la rodeaba. --Es muy buena haciendo eso, ‫؟‬sabes? Lo hace con miel. Geshrunni no se distrajo. --Los hombres como tْ no podéis tener esposas. --Los hombres como yo, ‫؟‬eh? ‫؟‬Y quiénes son los hombres como yo? Otra r‫ل‬pida mirada a la entrada. --Eres un hechicero. Un Maestro. Achamian se riَ, sabedor de que su moment‫ل‬nea vacilaciَn lo hab‫ي‬a traicionado. Pero ten‫ي‬a motivos para seguir con su pantomima. Al menos, podr‫ي‬a ganar un poco de tiempo. De tiempo de vida. --Por el maldito ‫ع‬ltimo Profeta, amigo m‫ي‬o --gritَ Achamian, mirando otra vez de reojo la entrada--, jurar‫ي‬a que tus acusaciones tienen algo que ver con el vino. ‫؟‬De qué me acusabas anoche? ‫؟‬De hijo de puta? --،Dos! --gritَ alguien con gran estruendo, entre carcajadas. Poco le dijo a Achamian la mueca de Geshrunni. Todas las expresiones de aquel hombre parec‫ي‬an una mueca, especialmente su sonrisa. La mano que surgiَ r‫ل‬pidamente y le agarrَ la muٌeca, sin embargo, le dijo lo que necesitaba saber. «Estoy perdido. Ellos lo saben.» Pocas cosas eran m‫ل‬s aterradoras que «ellos», especialmente en Carythusal. «Ellos» eran los Chapiteles Escarlatas, la Escuela m‫ل‬s poderosa de los Tres Mares, y los seٌores secretos del Alto Ainon. Geshrunni era un capit‫ل‬n de Javreh, los guerreros-esclavos de los Chapiteles Escarlatas, razَn por la cual Achamian hab‫ي‬a estado busc‫ل‬ ndolo durante lasْ ltimas semanas. Eso era lo que hac‫ي‬an los esp‫ي‬as: tratar de ganarse el favor de los esclavos de sus rivales. Geshrunni le mirَ ferozmente a los ojos y le abriَ la mano con la palma hacia arriba. --Hay una manera de satisfacer mi sospecha --dijo en voz queda. --،Tres! --resonَ en las paredes de adobe y la caoba llena de hendiduras. Achamian hizo una mueca de dolor por la fuerza con que le agarraba aquel hombre y porque sab‫ي‬a a qué «manera» se refer‫ي‬a Geshrunni. «As‫ ي‬no.» --Geshrunni, por favor, est‫ل‬s borracho, amigo m‫ي‬o. ‫؟‬Qué Escuela osar‫ي‬a provocar la ira de los Chapiteles Escarlatas? Geshrunni se encogiَ de hombros. --La Myunsai, quiz‫ل‬. O el Saik Imperial. Los cishaurim. Son tantos

los de tu detestable especie. Pero si tuviera que aventurarme, dir‫ي‬a que el Mandato. Dir‫ي‬a que eres un Maestro del Mandato. ،Malvado esclavo! ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a que lo sab‫ي‬a? Las palabras imposibles estaban ah‫ي‬, suspendidas en el pensamiento de Achamian; palabras que pod‫ي‬an cegar ojos y dejar llagas en la carne. «No me deja otra opciَn.» Habr‫ي‬a un tumulto. Los hombres bramar‫ي‬an, desenvainar‫ي‬an las espadas, pero no podr‫ي‬an sino apartarse dando tumbos de su camino. Los ainonios tem‫ي‬an la brujer‫ي‬a m‫ل‬s que cualquier otro pueblo de los Tres Mares. «No tengo otra opciَn.» Pero Geshrunni ya se hab‫ي‬a metido una mano en el interior del chaleco bordado. Cerrَ el puٌo bajo la tela. Hizo una mueca como la de un chacal sonriendo. «Demasiado tarde...» --Parece --dijo Geshrunni con una tranquilidad amenazadora-- que tienes algo que decir. El hombre sacَ el Chorae. Parpadeَ, y después, con una aterradora brusquedad, se puso la cadena de oro que lo sosten‫ي‬a alrededor del cuello. Achamian lo hab‫ي‬a percibido desde su primer encuentro; hab‫ي‬a utilizado incluso su desconcertante murmullo para identificar la vocaciَn de Geshrunni. Entonces, Geshrunni lo utilizar‫ي‬a para identificarle a él. --‫؟‬Qué es eso? --preguntَ Achamian, y un estremecimiento de terror animal le cruzَ el brazo inmovilizado. --Creo que ya lo sabes, Akka. Creo que lo sabes mucho mejor que yo. Chorae. Los Maestros los llamaban Baratijas. Con frecuencia se da nombres despectivos a las cosas m‫ل‬s terribles. Pero los otros hombres, los que segu‫ي‬an a los Mil Templos en la condena de la hechicer‫ي‬a como blasfemia, los llamaban L‫ل‬grimas de Dios. Pero Dios no ten‫ي‬a nada que ver con su fabricaciَn. Los Chorae eran reliquias del Antiguo Norte, tan valiosas que sَlo se pod‫ي‬an obtener mediante el matrimonio de herederos, el asesinato o el tributo de naciones enteras. Y val‫ي‬an su precio: los Chorae daban a quienes los portaban inmunidad a la hechicer‫ي‬a y mataban a todo hechicero que tuviera la mala suerte de tocar uno de ellos. Manteniendo la mano de Achamian inmَvil sin esfuerzo, Geshrunni alzَ el Chorae entre el pulgar y el ‫ي‬ndice. Parec‫ي‬a totalmente vulgar: una pequeٌa esfera de hierro, de un tamaٌo semejante a una aceituna, pero cubierta con la escritura cursiva de los nohombres. Achamian sinti َ que tiraba de sus intestinos, como si lo que Geshrunni sostuviera fuera

una ausencia en lugar de una cosa, un pequeٌo hoyo en el tejido del mundo. El corazَn le retumbaba en los o‫ي‬dos. Pensَ en el cuchillo envainado bajo su tْnica. --،Cuatro! --Carcajadas estridentes. Tratَ de liberar su mano cautiva. En vano. --Geshrunni... --Cada capit‫ل‬n de Javreh tiene uno de éstos --dijo Geshrunni, en un tono a la vez reflexivo y orgulloso--. Pero t ْya lo sab‫ي‬as. «،Ha estado enga‫ٌل‬ndome todo este tiempo! ‫؟‬Cَmo he podido no darme cuenta?» --Tus dueٌos son generosos --dijo Achamian, transido por el horror suspendido sobre su palma. --‫؟‬Generosos? --le espetَ Geshrunni--. Los Chapiteles Escarlatas no son generosos. Son despiadados. Crueles con los que se les oponen. Y por primera vez, Achamian vislumbrَ el tormento que animaba al hombre, la angustia en sus refulgentes ojos. «‫؟‬Qué est‫ ل‬pasando aqu‫ي‬ ?» Y aventurَ una pregunta: --‫؟‬Y con los que les sirven? --No hacen diferencias. «،No lo saben! Sَlo Geshrunni...» --،Cinco! --resonَ bajo el techo. Achamian se lamiَ los labios. --‫؟‬Qué quieres, Geshrunni? El guerrero-esclavo bajَ la mirada hacia la temblorosa palma de la mano de Achamian y baj َla Baratija como si fuera un niٌo curioso por lo que pudiera suceder. Con sَlo mirarla, Achamian se sinti m َ areado y percibi e َ l regusto de la bilis en el velo del paladar. Chorae. Una l‫ل‬grima tomada de la mejilla de Dios. La Muerte. La Muerte de todos los blasfemos. --‫؟‬Qué quieres? --siseَ Achamian. --Lo que todos los hombres quieren, Akka. La Verdad. Todas las cosas que Achamian hab‫ي‬a visto, todos los padecimientos a los que hab‫ي‬a sobrevivido, estaban atrapados en el pequeٌo espacio que hab‫ي‬a entre la resplandeciente palma de su mano y el acero engrasado. Baratija. La muerte sostenida entre los dedos callosos de un esclavo. Pero Achamian era un Maestro, y para los Maestros nada, ni siquiera la propia vida, era tan precioso como la Verdad. Eran sus cicateros guardianes y guerreaban en todas las oscuras grutas de los Tres Mares para apoderarse de ella. Mejor morir

que ceder la verdad del Mandato a los Chapiteles Escarlatas. Pero all‫ ي‬hab‫ي‬a m‫ل‬s. Geshrunni estaba solo; Achamian estaba seguro de eso. Los hechiceros pod‫ي‬an ver a los hechiceros, ver la herida de sus cr‫ي‬menes, y en El Santo Leproso no hab‫ي‬a hechiceros ni Maestros Escarlatas, sَlo borrachos haciendo apuestas con prostitutas. Geshrunni estaba jug‫ل‬ndosela solo. Pero ‫؟‬por qué absurda razَn? «Dile lo que quiere. Ya lo sabe.» --Soy un Maestro del Mandato --susurrَ r‫ل‬pidamente Achamian. Y a ٌadi :--Un َ esp‫ي‬a. Palabras peligrosas. Pero ‫؟‬qué otra opciَn ten‫ي‬a? Geshrunni le escudriٌَ sin aliento durante un instante. Después, lentamente, cerrَ el puٌo alrededor del Chorae y le soltَ la mano a Achamian. Hubo un incَmodo momento de silencio, interrumpido solamente por el ruido de un ensolarii de plata contra la madera y un rugido de carcajadas. --،Has perdido, puta! --bramَ una voz ronca. Pero Achamian sab‫ي‬a que eso no era as‫ي‬. Por alguna razَn, aquella noche hab‫ي‬a ganado, y lo hab‫ي‬a hecho como siempre lo hacen las putas: sin comprender por qué. A fin de cuentas, los esp‫ي‬as no eran muy distintos de las putas. Y los hechiceros, todav‫ي‬a menos.

Si bien de niٌo soٌaba con ser hechicero, a Drusas Achamian nunca se le hab‫ي‬a ocurrido la posibilidad de convertirse en esp‫ي‬a .Esp‫ي‬a no formaba parte del vocabulario de un niٌo criado en las aldeas de pescadores nronios. Para él, durante su niٌez, los Tres Mares sَlo hab‫ي‬ an tenido dos dimensiones: hab‫ي‬a lugares cercanos y lejanos, y hab‫ي‬a gente de casta alta y de casta baja. Escuchaba a los viejos pescadores contar sus leyendas mientras él y otros niٌos los ayudaban a abrir ostras, y descubri m َ uy pronto que estaba entre los de casta baja, y que la gente poderosa moraba muy lejos. De aquellos viejos labios sal‫ي‬a un nombre misterioso tras otro-- el Shriah de los Mil Templos, los malvados infieles de Kian, los conquistadores scylvendios, los hechiceros conspiradores de los Chapiteles Escarlatas, etcétera--, nombres que trazaban las dimensiones de su mundo y lo poblaban de una aterradora majestad, a la vez que lo transformaban en el escenario de unos hechos incre‫ي‬

blemente tr‫ل‬gicos y heroicos. Se dorm‫ي‬a sintiéndose muy pequeٌo. Era de esperar que convertirse en un esp‫ي‬a aumentara las dimensiones del simple mundo de un niٌo, pero a él le sucediَ exactamente lo contrario. A medida que maduraba, obviamente, el mundo de Achamian se fue haciendo mas complicado. Descubriَ que hab‫ي‬a cosas sagradas y profanas, que los Dioses y el Exterior ten‫ي‬an sus propias dimensiones y que no eran personas de casta muy alta que viv‫ي‬an en un lugar muy remoto. También descubriَ que hab‫ي‬a épocas recientes y antiguas, que «hace mucho tiempo» no era como cualquier otro lugar, sino m‫ل‬s bien una especie de extraٌo fantasma que rondaba todos los lugares. Pero cuando uno se convert‫ي‬a en esp‫ي‬a, el mundo ten‫ي‬a la curiosa costumbre de venirse abajo y adoptar una sola dimensiَn. Los hombres de m‫ل‬s alta alcurnia, hasta los emperadores y los reyes, acostumbraban a parecer tan abyectos e insignificantes como el m‫ل‬s vulgar pescador. Naciones lejanas como Conriya, el Alto Ainon, Ce Tydonn o Kian ya no le parec‫ي‬an exَticas o encantadas, sino sucias y erosionadas como una aldea de pescadores nronios. Las cosas sagradas, como el Colmillo, los Mil Templos o incluso el Ultimo Profeta, se convirtieron en meras versiones de cosas profanas, como los fanim, los cishaurim y las Escuelas de Hechicer‫ي‬a, como si las palabras sagrado y profano fueran tan f‫ل‬cilmente intercambiables como los asientos en una mesa de juego. Y lo m‫ل‬s reciente simplemente se convirtiَ en una repeticiَn m‫ل‬s chabacana de lo antiguo. Como Maestro y esp‫ي‬a, Achamian hab‫ي‬a cruzado los Tres Mares, hab‫ي‬a visto muchas de esas cosas que en el pasado le hab‫ي‬an hecho estremecer de miedo sobrenatural, y sab‫ي‬a que las leyendas de la infancia eran siempre mejores. Desde que hab‫ي‬a sido identificado de joven como uno de los Escogidos y hab‫ي‬a sido mandado a Atyersus para ser formado en la Escuela del Mandato, hab‫ي‬a educado a pr‫ي‬ ncipes, hab‫ي‬a insultado a grandes maestros y hab‫ي‬a enfurecido a sacerdotes Shriah. Y entonces sab‫ي‬a con bastante seguridad que el mundo se iba despojando de sus maravillas gracias al conocimiento y los viajes; que cuando uno desbarataba los misterios, sus dimensiones se desmoronaban en lugar de florecer. Obviamente, en ese momento el mundo le parec‫ي‬a un lugar mucho m‫ل‬s complejo que cuando era un niٌo, pero también mucho m‫ل‬s simple. En todas partes, los hombres codiciaban y codiciaban, como si los t‫ي‬tulos de «rey», «shriah» y «gran maestro» fueran solamente m‫ل‬scaras llevadas por un mismo animal hambriento. Le parec‫ي‬a que la avaricia era laْ nica dimensiَn del mundo.

Achamian era un hechicero y esp‫ي‬a de mediana edad, y se hab‫ي‬a cansado de ambas vocaciones. Y aunque no le habr‫ي‬a gustado reconocerlo, estaba abatido. Como dec‫ي‬an las viejas viudas de los pescadores, hab‫ي‬a recogido la red vac‫ي‬a en demasiadas ocasiones. Perplejo y consternado, Achamian dejَ a Geshrunni en El Santo Leproso y corriَ a su casa --si as‫ ي‬se la pod‫ي‬a llamar-- a través de los tenebrosos caminos del Gusano. Extendiéndose sobre la ribera septentrional del r‫ي‬o Sayut hasta las afamadas Puertas Surm‫ل‬nticas, el Gusano era un laberinto de casas vecinales que se desmoronaban, de burdeles y de empobrecidos templos cْlticos. Achamian siempre hab‫ي‬a pensado que el nombre del lugar era adecuado. Hْmedo, lleno de callejones estrechos, el Gusano parec‫ي‬a, ciertamente, algo encontrado debajo de una piedra. Dada la naturaleza de su misiَn, Achamian no ten‫ي‬a por qué estar consternado; m‫ل‬s bien al contrario. Después del enloquecedor momento del Chorae, Geshrunni le hab‫ي‬a contado secretos, secretos importantes. Geshrunni resultَ que era un esclavo infeliz. Odiaba a los magos Escarlatas con una intensidad que resultaba casi aterradora una vez revelada. --No me hice amigo tuyo por la promesa de tu oro --le hab‫ي‬a dicho el capit‫ل‬n de Javreh--. ‫؟‬Para qué? ‫؟‬Para comprarles a mis amos mi libertad? Los Chapiteles Escarlatas rechazan todo lo que tiene algْn valor. No, me hice amigo tuyo porque sab‫ي‬a que me ser‫ي‬as de utilidad. --‫؟‬De utilidad? ‫؟‬Para qué? --Venganza... Durante todo este tiempo has sabido que yo no era un mercader. Risas desdeٌosas. --Por supuesto. Fuiste demasiado liberal con tus ensolariis. Siéntate a la mesa con un mercader o siéntate con un pordiosero. Siempre ser‫ ل‬el pordiosero quien te invite primero a beber. «‫؟‬Qué clase de esp‫ي‬a eres?» Achamian hab‫ي‬a fruncido el entrecejo ante aquello, ante su propia transparencia. Pero si la perspicacia de Geshrunni le preocupaba, estaba aterrado por lo mal que él le hab‫ي‬a juzgado. Geshrunni era un guerrero y un esclavo: ‫؟‬qué fَrmula m‫ل‬s segura pod‫ي‬a haber para la estupidez? Aunque Achamian supon‫ي‬a que los esclavos ten‫ي‬an buenas razones para ocultar su inteligencia. Un esclavo sensato era quiz‫ ل‬algo digno de encomio, como los esclavos-eruditos del viejo Imperio Ceneiano; sin embargo, un esclavo astuto era algo que temer, algo que deb‫ي‬a ser eliminado.

Pero esta idea no alcanzaba a consolarlo. «Si me ha podido engaٌar tan f‫ل‬cilmente...» Achamian hab‫ي‬a arrancado un gran secreto de la oscuridad de Carythusal y los Chapiteles Escarlatas; el m‫ل‬s grande, tal vez, en muchos aٌos. Pero no hab‫ي‬a sido gracias a su talento, que raramente hab‫ي‬a cuestionado durante los aٌos, sino a su incompetencia. Gracias a ella, se hab‫ي‬a hecho con dos secretos: uno era temible para el esquema general de los Tres Mares; el otro, para su propia vida. «No soy --se dio cuenta-- el hombre que era.» La historia de Geshrunni era alarmante por s‫ ي‬misma, aunque sَlo fuera porque demostraba la capacidad de los Chapiteles Escarlatas para albergar secretos. Geshrunni le dijo que los Chapiteles Escarlatas estaban en guerra y lo hab‫ي‬an estado, en realidad, durante losْ ltimos diez aٌos. A Achamian no le impresionَ; al principio. Las Escuelas de Hechicer‫ي‬a, como todas las Grandes Facciones, siempre organizaban escaramuzas con esp‫ي‬as, asesinatos, sanciones comerciales y delegaciones de enviados indignados. Pero esa guerra, segْn le asegurَ Geshrunni, era m‫ل‬s trascendental que una simple refriega. --Hace diez aٌos --dijo Geshrunni--, nuestro anterior Gran Maestro Sasheoka fue asesinado. --‫؟‬Sasheoka? Achamian no ten‫ي‬a por costumbre hacer preguntas estْpidas, pero la idea de que un Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas pudiera ser asesinado era absurda. ‫؟‬Asesinado? --En el sanctasanctَrum de los propios Chapiteles. En otras palabras, en mitad del m‫ل‬s formidable sistema de Guardas de los Tres Mares. El Mandato no sَlo no se habr‫ي‬a atrevido a hacer una cosa as‫ي‬, sino que no hubiera tenido ninguna posibilidad, ni siquiera con las brillantes Abstracciones de la Gnosis, de tener éxito. ‫؟‬ Quién pod‫ي‬a haber cometido un acto como aquél? --‫؟‬A manos de quién? --preguntَ Achamian, casi sin aliento. Los ojos de Geshrunni titilaron bajo la rojiza luz de la l‫ل‬mpara. --De los infieles --dijo--. Los cishaurim. Achamian estaba desconcertado y complacido a la vez por aquella revelaciَn. Los cishaurim, laْ nica Escuela infiel. Al menos eso explicaba el asesinato de Sasheoka. En los Tres Mares hab‫ي‬a un dicho muy comْn: «Sَlo los Escogidos pueden ver a los Escogidos». La hechicer‫ي‬a era violenta. Ejercerla era cortar el mundo como se har‫ي‬a con un cuchillo. Pero sَlo los Escogidos --los hechiceros-- pod‫ي‬an ver esa mutilaciَn, y sَlo ellos pod‫ي‬an ver,

adem‫ل‬s, la sangre en las manos del mutilador, «la marca», como as‫ ي‬la llamaban. Sَlo los Escogidos pod‫ي‬an verse y ver los cr‫ي‬menes de los otros. Y cuando se encontraban, se reconoc‫ي‬an con la misma facilidad con que los hombres reconoc‫ي‬an a los criminales gracias a que no ten‫ي‬ an nariz. No suced‫ي‬a lo mismo con los cishaurim. Nadie sab‫ي‬a cَmo ni por qué, pero tramaban acciones tan vastas y devastadoras como cualquier otra hechicer‫ي‬a sin dejar una marca en el mundo o llevar la marca de su crimen. Sَlo en una ocasiَn Achamian hab‫ي‬a presenciado una muestra de la hechicer‫ي‬a cishaurim, que ellos denominaban Psukhe, una noche no hac‫ي‬a mucho tiempo, en la distante Shimeh. Valiéndose de la Gnosis, la hechicer‫ي‬a del Antiguo Norte, Achamian hab‫ي‬a destruido a sus asaltantes, que iban vestidos con tْnicas de color azafr‫ل‬n, pero cuando se refugiَ tras sus Guardas, le pareciَ que ve‫ي‬a destellos de rayos silenciosos. Ningْn trueno. Ninguna marca. Sَlo los Escogidos pod‫ي‬an ver a los Escogidos, pero nadie-- al menos ningْn Maestro-- pod‫ي‬a distinguir a los cishaurim o sus obras de los hombres comunes o el mundo comْn. Y Achamian conjeturَ que eso hab‫ي‬a sido lo que les hab‫ي‬a permitido asesinar a Sasheoka. Los Chapiteles Escarlatas ten‫ي‬an Guardas para los hechiceros y esclavos-soldados como Geshrunni para los hombres que llevaban un Chorae, pero no ten‫ي‬an nada que les protegiera de hechiceros indistinguibles de los hombres comunes, o de la hechicer‫ي‬a indistinguible del mundo de Dios. Los perros de presa, segْn le asegurar ‫ي‬a Geshrunni, corr‫ي‬an entonces libremente por los salones de los Chapiteles Escarlatas, adiestrados para oler el azafr‫ل‬n y la henna con que los cishaurim te‫ٌي‬an sus ropas. Pero ‫؟‬por qué? ‫؟‬Qué pod‫ي‬a haber llevado a los cishaurim a declarar abiertamente la guerra a los Chapiteles Escarlatas? Por muy extraٌa que fuera su metaf‫ي‬sica, no pod‫ي‬an albergar ninguna esperanza de ganar esa guerra. Los Chapiteles Escarlatas eran, simple y llanamente, demasiado poderosos. Cuando Achamian le preguntَ a Geshrunni, el esclavo-soldado se limitَ a encogerse de hombros. --Ha pasado una década y todav‫ي‬a no lo saben. Eso, al menos, era motivo de un pequeٌo regocijo. No hab‫ي‬a nada que valorara m‫ل‬s un ignorante que la ignorancia de los dem‫ل‬s. Drusas Achamian se adentrَ todav‫ي‬a m‫ل‬s en el Gusano, hacia la escu‫ل‬lida casa de vecinos en la que hab‫ي‬a alquilado una habitaciَn, todav‫ي‬a m‫ل‬s preocupado por él que por su futuro.

Geshrunni sonriَ mientras sal‫ي‬a dando tumbos de la taberna. Se equilibrَ sobre el abundante polvo del callejَn. --Hecho --dijo, y después se riَ a carcajadas como nunca hab‫ي‬a osado hacer en pْblico. Levantَ la mirada hacia la estrecha franja de cielo cercada y oscurecida por los muros de adobe y los toldos de lienzo rajado. Vio unas cuantas estrellas. De repente, su traiciَn le pareciَ algo patético. Le hab‫ي‬a contado elْ nico secreto que ten‫ي‬a a un enemigo de sus amos. Entonces ya no le quedaba nada, ninguna traiciَn que atenuara el odio de su corazَn. Un odio muy amargo. Ante todo, Geshrunni era un hombre orgulloso. Cَmo era posible que alguien como él hubiera nacido esclavo, sometido a los deseos de hombres débiles de corazَn, hombres afeminados... ،De hechiceros! En otra vida, sab‫ي‬a que habr‫ي‬a sido un conquistador. Habr‫ي‬a doblegado a un enemigo tras otro con la fuerza de sus propias manos. Pero en esa execrable vida, loْ nico que pod‫ي‬a hacer era frecuentar a otros hombres afeminados y murmurar. ‫؟‬Qué ten‫ي‬an de venganza las murmuraciones? Descendiَ tambale‫ل‬ndose por el callejَn y se dio cuenta de que alguien le segu‫ي‬a. La posibilidad de que sus amos hubieran descubierto su pequeٌa traiciَn le sobrevino moment‫ل‬neamente, pero le pareciَ que era improbable. El Gusano estaba lleno de lobos, hombres desesperados que segu‫ي‬an cualquier seٌal en busca de hombres que estuvieran tan borrachos que pudieran ser asaltados sin riesgos. Geshrunni ya hab‫ي‬a matado a uno, hac‫ي‬a muchos aٌos: un pobre desgraciado que se hab‫ي‬a arriesgado a morir en lugar de venderse, como el padre sin nombre de Geshrunni hab‫ي‬a hecho, a la esclavitud. Siguiَ andando, con los sentidos tan despiertos como el vino le permit‫ي‬ a, y sus ebrios pensamientos daban vueltas alrededor de una sangrienta posibilidad tras otra. Pensَ que ésa ser‫ي‬a una buena noche. Sَlo cuando pasَ bajo la imponente fachada del templo que los carythusali llamaban la Boca del Gusano, Geshrunni se alarmَ. Los hombres eran con mucha frecuencia seguidos hacia el interior del Gusano, pero pocas veces lo eran al salir. Sobre el marem‫ل‬gnum de los tejados, Geshrunni logrَ vislumbrar el m‫ل‬s alto de los Chapiteles, carmes ‫ ي‬contra el campo de estrellas. ‫؟‬Quién se atrever‫ي‬a a seguirle hasta all ‫ ?ي‬A no ser que fuera...

Se dio la vuelta y vio a un hombre calvo, voluminoso, vestido, a pesar del calor, con un abrigo de seda bordado que podr‫ي‬a haber sido de cualquier combinaciَn de colores, pero que en la oscuridad parec‫ي‬a azul y negro. --Tْ eras uno de los idiotas que estaban con la puta --dijo Geshrunni, tratando de sacudirse la confusiَn de la bebida. --S‫ ي‬--respondiَ el hombre, con los carrillos tan sonrientes como los labios--. Era muy... atractiva. Pero a decir verdad, a m‫ ي‬me interesaba m‫ل‬s lo que le contaste al Maestro del Mandato. Geshrunni entrecerrَ los ojos, perplejo a causa de su ebriedad. «As ‫ ي‬que lo saben.» El peligro siempre le devolv‫ي‬a la sobriedad. Instintivamente, se metiَ la mano en el bolsillo y cerrَ los dedos alrededor del Chorae. Se lo tirَ violentamente al Maestro... O a quien él cre‫ي‬a que era un Maestro Escarlata. El extraٌo atrapَ la Baratija en el aire como si se la hubieran lanzado para que le echara un vistazo amistoso. La escudriٌَ un instante, como un cambista dubitativo que estudiara una moneda de plomo. Levantَ la mirada y volviَ a sonre‫ي‬ r, parpadeando con sus inmensos ojos bovinos. --Un regalo precioso --dijo--. Muchas gracias, pero me temo que no es una contrapartida justa por lo que quiero. «،No es un hechicero!» Geshrunni hab‫ي‬a visto a un hechicero tocar el Chorae en una ocasiَn; su carne y sus huesos se hab‫ي‬an deshecho, incandescentes. Pero, entonces, ‫؟‬qué era ese hombre? --‫؟‬Quién eres? --preguntَ Geshrunni. --Nada que tْ puedas comprender, esclavo. El capit‫ل‬n de Javreh sonriَ. «Quiz‫ ل‬sَlo sea un idiota.» Una peligrosa y ebria amabilidad se apoder َde sus modales. Camin h َ acia el hombre y le puso su mano callosa sobre una hombrera. Percibi e َ l olor a jazm‫ي‬n. Los ojos bovinos le miraron. --،Oh, cielos! --dijo el extraٌo--. Eres un idiota valiente, ‫؟‬verdad? «‫؟‬Por qué no tiene miedo?» Recordando la tranquilidad con que el hombre hab‫ي‬a atrapado el Chorae, Geshrunni se sintiَ, de repente, terriblemente desvalido, aunque resoluto. tiempo me has estado vigilando? --‫؟‬Quién eres? --susurr‫ ؟‬.--Cu‫ل‬nto َ --‫؟‬Vigil‫ل‬ndote? --El hombre gordo a punto estuvo de sonre‫ي‬r--. Esa presunciَn es impropia de un esclavo. «‫؟‬Est‫ ل‬vigilando a Achamian? ‫؟‬Qué es esto?» Geshrunni era un oficial, estaba acostumbrado a amedrentar a los hombres con la amenazadora intimidad de un enfrentamiento cara a cara. Pero no a ese

hombre. Blando o no, mostraba una tranquilidad imperturbable. Geshrunni lo percib‫ي‬a. Y si no hubiera sido por el vino que no hab‫ي‬an rebajado con agua, habr‫ي‬a estado aterrorizado. Clavَ los dedos un poco m‫ل‬s en el hombro de aquel hombre corpulento. --Te he dicho que me lo digas, gordo idiota --dijo entre sus dientes apretados--, o mancharé el suelo con tus intestinos. --Con la mano que ten‫ي‬a libre, blandiَ la navaja--. ‫؟‬Quién eres? Imperturbable, el hombre gordo sonriَ con una repentina ferocidad. --Hay pocas cosas tan penosas como ver a un esclavo que se niega a darse cuenta de cu‫ل‬l es su posiciَn. Atَnito, Geshrunni bajَ la mirada hacia su mano inerte y observَ cَmo su navaja ca‫ي‬a sobre el polvo. Loْ nico que hab‫ي‬a o‫ي‬do hab‫ي‬a sido el golpe de la manga del extraٌo. --Arrod‫ي‬llate, esclavo --dijo el hombre gordo. --‫؟‬Qué has dicho? El bofetَn hizo aflorar l‫ل‬grimas a sus ojos. --He dicho que te arrodilles. Otro bofetَn, tan fuerte que le hizo bailar algْn diente. Geshrunni retrocediَ dando tumbos, unos cuantos pasos y alzَ una mano torpe. ‫؟‬Cَ mo pod‫ي‬a ser? --‫؟‬Qué tarea nos hemos impuesto --dijo el extraٌo con tristeza, siguiéndole-- si hasta sus esclavos son tan orgullosos? Presa del p‫ل‬nico, Geshrunni buscَ a tientas la empuٌadura de la espada. El hombre gordo se detuvo y lanzَ una mirada a la empuٌadura. --Suéltala --dijo con una voz inconcebiblemente fr‫ي‬a, inhumana. Con los ojos como platos, Geshrunni se quedَ helado, paralizado por la silueta que se erig‫ي‬a ante él. --،He dicho que la sueltes! Geshrunni vacilَ. Una nueva bofetada lo postrَ de rodillas. --‫؟‬Qué eres? --gritَ Geshrunni con los labios ensangrentados. Cuando la sombra del hombre gordo le cubriَ, Geshrunni observَ cَ mo su cara redonda se desencajaba; después se doblَ con la tensiَn de la mano de un pedigüeٌo bajo el peso de una moneda. «،Hechicer‫ي‬a! Pero ‫؟‬cَmo pod‫ي‬a ser? Tiene un Chorae en la mano...» --Algo inconcebiblemente antiguo --dijo aquella abominaciَn en tono suave--. Extraordinariamente hermoso.

Un hombre, un hombre fallecido hac‫ي‬a mucho tiempo, alz lَa mirada entre los muchos ojos de los Maestros del Mandato: Seswatha, el gran adversario del No Dios y el fundador de laْ ltima Escuela Gnَstica, su Escuela. A la luz del d‫ي‬a, era vago, tan impreciso como un recuerdo de la infancia, pero por la noche los pose‫ي‬a, y la tragedia de su vida tiranizaba sus sueٌos. Sueٌos llenos de humo. Sueٌos sacados de su vaina. Achamian observَ cَmo Anasurimbor Celmomas, elْ ltimo Gran Rey de Kuniuri, ca‫ي‬a bajo el martillo de un traicionero caudillo sranc. Aunque Achamian gritَ, sab‫ي‬a con esa media certeza propia de los sueٌos que el mayor de los Grandes Reyes de la dinast‫ي‬a de Anasurimbor ya estaba muerto, que llevaba muerto m‫ل‬s de dos mil aٌos. Y sab‫ي‬a, adem‫ل‬s, que no era él quien lloraba, sino un hombre mucho m‫ل‬s grande. Seswatha. Las palabras le afloraron a los labios. El caudillo sranc se sacudiَ en medio de un fuego abrasador y se desvaneciَ para convertirse en un montoncillo de trapos y ceniza. M‫ل‬s sranc recorrieron la cima de la colina y m‫ل‬s murieron, abatidos por la luz sobrenatural que su canciَn hab‫ي‬a provocado. M‫ل‬s all‫ل‬, vislumbrَ un dragَn distante, como una figura de bronce en el sol poniente, suspendido sobre el campo de batalla de los sranc y los hombres, y pensَ: «Ha ca‫ي‬do elْ ltimo Rey Anasurimbor. Kuniuri est‫ ل‬perdido». Gritando el nombre del Rey, los Altos Caballeros de Tryse se reunieron a su alrededor, se abalanzaron sobre el sranc al que hab‫ي‬an quemado y cayeron como locos sobre las masas que hab‫ي‬a al otro lado. Con un Caballero de Tryse al que él no conoc‫ي‬a, Achamian arrastr َ a Anasurimbor Celmomas entre los histéricos gritos de sus vasallos y parientes, a través del olor de sangre, intestinos y carne quemada. En un pequeٌo claro, recostَ el cuerpo del Rey sobre su regazo. Los ojos azules de Celmomas, de costumbre tan fr‫ي‬os, le imploraron. --Déjame --dijo entre jadeos el Rey de la barba gris‫ل‬cea. --No --respondiَ Achamian--. Si mueres, Celmomas, todo estar‫ل‬ perdido. El Gran Rey sonriَ a pesar de tener los labios destrozados. --‫؟‬Ves el sol? ‫؟‬Ves su destello, Seswatha? --No --susurrَ Achamian. --،El sol! ‫؟‬No ves el sol? ‫؟‬No lo sientes en tus mejillas? Las revelaciones est‫ل‬n escondidas en cosas simples como ésas. ،Lo veo!

Veo tan claramente lo estْpido y terco que he sido... Y contigo, contigo m ‫ل‬s que con nadie, he sido injusto. ‫؟‬Puedes perdonar a un anciano? ‫؟‬ Puedes perdonar a un anciano estْpido? --No hay nada que perdonar, Celmomas. Has perdido demasiadas cosas, has sufrido demasiado. --Mi hijo... ‫؟‬Crees que estar‫ ل‬all‫ي‬, Seswatha? ‫؟‬Crees que me reconocer‫ ل‬como su padre? --S‫ي‬..., como su padre y su Rey. --‫؟‬Te he contado alguna vez --dijo Celmomas, con la voz entrecortada pero henchida de un orgullo estéril-- que mi hijo, en una ocasiَn, se introdujo a hurtadillas en uno de los pozos m‫ل‬s hondos de Golgotterath? --S‫ي‬. --Achamian sonriَ entre l‫ل‬grimas--. Muchas veces, viejo amigo. --،Cَmo le echo de menos, Seswatha! Cَmo me gustar‫ي‬a estar una vez m‫ل‬s a su lado. El anciano llorَ un rato. Abriَ m‫ل‬s los ojos. --Le veo perfectamente. Ha tomado al sol como corcel y cabalga entre nosotros. ،Lo veo! ،Galopando a través de los corazones de mi gente, despertando el asombro y la furia! --،Chsss! Conserva tus fuerzas, mi Rey. Los médicos est‫ل‬n de camino. --Dice... Me dice cosas tan dulces para confortarme. Dice que uno de mis descendientes volver‫ل‬, Seswatha; que un Anasurimbor volver‫ل‬... Un estremecimiento recorriَ al anciano, oblig‫ل‬ndole a jadear y babear entre dientes. --En el fin del mundo. Los refulgentes ojos de Anasurimbor Celmomas II, Seٌor Blanco de Tryse, Gran Rey de Kuniuri, se quedaron sin vida. Y con ellos, el sol del atardecer titubeَ y sumergiَ la gloria de las armaduras bronc‫ي‬neas de los norsirai en el crepْsculo. --،Nuestro Rey! --gritَ Achamian a los hombres estremecidos que le rodeaban--. ،Nuestro Rey ha muerto! Pero todo estaba a oscuras. No hab‫ي‬a nadie a su alrededor, ningْn rey recostado sobre sus muslos. Sَlo hab‫ي‬a s‫ل‬banas empapadas de sudor y una inmensa ausencia que zumbaba all‫ ي‬donde hab‫ي‬a estado el clamor de la guerra. Su habitaciَn. Estaba tendido a solas en su m‫ي‬ sera habitaciَn. Achamian se rodeَ fuertemente con los brazos. Otro sueٌo salido de su vaina.

Se llevَ las manos a la cara y llorَ un instante por un Gran Rey Kuniْ rico muerto hac‫ي‬a tiempo y un rato m‫ل‬s por otras cosas menos precisas. En la distancia, creyَ o‫ي‬r aullidos. Un perro o un hombre.

Geshrunni fue arrastrado por callejones infectos. Vio muros llenos de agujeros tambale‫ل‬ndose contra un cielo negro. Hab‫ي‬a perdido el dominio sobre sus extremidades y ten‫ي‬a los dedos fuertemente asidos a un ladrillo cubierto de grasa. Ol‫ي‬a el r‫ي‬o entre los borbotones de sangre. «Mi cara...» --‫؟‬Qué eres? --tratَ de gritar, pero hablar le resultaba casi imposible sin labios. «،Te lo he dicho todo!» El sonido de botas marchando entre el estiércol hْmedo. Una sonrisa procedente de algْn lugar encima de él. --Si el ojo de tu enemigo te ofende, esclavo, se lo arrancas, ‫؟‬no? --Por favor..., piedad. Te lo ruego..., piedad. --‫؟‬Piedad? --La cosa ri .--La َ piedad es un lujo de los holgazanes, idiota. El Mandato tiene muchos ojos y tenemos que arrancarlos todos. «‫؟‬Dَnde est‫ ل‬mi cara?» Ingravidez. Después el impacto del agua fr‫ي‬a; se ahogaba.

Achamian se despertَ bajo la luz previa al amanecer, con la cabeza zumbando por el recuerdo de la bebida y m‫ل‬s sueٌos angustiosos. M‫ل‬s sueٌos del Apocalipsis. Tosiendo, se incorporَ en la cama de paja y se dirigiَ dando tumbos a laْ nica ventana de la habitaciَn. Abriَ el postigo lacado con las manos temblorosas. Aire fresco. Luz gris‫ل‬cea. Los palacios y templos de Carythusal se erig‫ي‬an entre los matorrales de edificios m‫ل‬s pequeٌos. Una densa niebla cubr‫ي‬a el r‫ي‬o Sayut y recorr‫ي‬a los callejones y las avenidas de la parte baja de la ciudad, como el agua en las trincheras. Aislados y pequeٌos como una uٌa, los Chapiteles Escarlatas se alzaban en la etérea expansiَn de terreno, sobresaliendo como torres muertas por encima de las dunas blancas del desierto. A Achamian se le espesَ la garganta. Parpadeَ para alejar las l‫ل‬ grimas de sus ojos. No hab‫ي‬a ningْn fuego. No hab‫ي‬a un coro de

gemidos. Todo estaba en calma. Hasta los Chapiteles mostraban un reposo monumental, sin aliento. «Este mundo --pens ,--no َ debe terminar«. Apartَ la mirada del paisaje y la dirigiَ a laْ nica mesa de la habitaciَn. Se dej َcaer sobre el taburete, o lo que parec‫ي‬a un taburete, que ten‫ي‬a el aspecto de haber sido encontrado en un barco varado. Humedeci sَ u pluma y, tras desenrollar un pequeٌo pergamino entre pedazos sueltos de papel, escribi» :Vados َ de Tywanrae; igual. Incendio de la Biblioteca de Sauglish; distinto. Veo mi rostro y no una S en el espejo». Una curiosa discrepancia. ‫؟‬Qué significar‫ي‬a? Por un momento, reflexionَ sobre la futilidad de la pregunta. Luego, se acordَ de haberse despertado en mitad de la noche. Después de una pausa, aٌadiَ: «Muerte y Profec‫ي‬a de Anasurimbor Celmomas; igual». Pero ‫؟‬era igual? Sin duda en los detalles, pero el sueٌo hab‫ي‬a tenido una inquietante inmediatez, suficiente para despertarle. Después de tachar igual escribiَ: «Distinto. M‫ل‬s poderoso». Mientras esperaba que la tinta se secara, releyَ los fragmentos escritos con anterioridad, remont‫ل‬ndose por la curva del rollo de papiro. Una cascada de im‫ل‬genes y pasiones acompaٌaba a cada uno de ellos y transformaba la muda tinta en mundos fragmentarios: cuerpos tambale‫ل‬ ndose por entre las aguas nudosas de la catarata de un r‫ي‬o, un amante borboteando sangre por entre los dientes apretados, el fuego envolviendo torres de piedra como un bailar‫ي‬n libertino. Se apretَ los ojos con el pulgar y el ‫ي‬ndice. ‫؟‬Por qué estaba tan obsesionado con ese registro? Otros hombres mucho m‫ل‬s grandes que él se hab‫ي‬an vuelto locos tratando de descifrar la desquiciada secuencia y las permutaciones de los Sueٌos de Seswatha. Sab‫ي‬a perfectamente que nunca hallar‫ي‬a una respuesta. ‫؟‬Era, pues, una especie de juego perverso? ‫؟‬Un juego como el que su madre pon‫ي‬a en pr‫ل‬ctica cuando su padre regresaba borracho de los barcos? Quejarse e importunar, exigir razones all‫ ي‬donde no las hab‫ي‬a, estremecerse cada vez que su padre levantaba la mano y gritar cada vez que inevitablemente la golpeaba? ‫؟‬Por qué quejarse e importunar cuando revivir la vida de Seswatha era ya suficientemente cansino? Algo fr‫ي‬o le alcanzَ el esternَn y le rodeَ el corazَn. El viejo temblor sacudiَ sus manos y el rollo de papiro se cerrَ con la tinta todav‫ي‬a hْ meda. Basta... Entrelazَ las manos, pero el temblor se extendiَ a sus brazos y sus hombros. ،Basta! El aullido de las trompas sranc entrَ por la ventana. Se encogiَ bajo la sacudida de las alas del dragَn. Se meciَ en el

taburete. Todo el cuerpo le temblaba. --،Basta! Durante un rato, tratَ de respirar. Oyَ el repiqueteo distante del martillo del herrero, las riٌas de los cuervos en los tejados. «‫؟‬Es esto lo que quer‫ي‬as, Seswatha? ‫؟‬Era as‫ ي‬como ten‫ي‬a que ser?» Pero como suced‫ي‬a con muchas otras de las preguntas que se hac ‫ي‬a, ya conoc‫ي‬a la respuesta. Seswatha hab‫ي‬a sobrevivido al No Dios y al Apocalipsis, pero sab‫ي‬ a que el conflicto no hab‫ي‬a terminado. Los scylvendios hab‫ي‬an regresado a sus praderas, los sranc se hab‫ي‬an esparcido para guerrear por los restos de un mundo en ruinas, pero Golgotterath hab‫ي‬a quedado intacta. Desde sus negras murallas, los sirvientes del No Dios, el Consulto, todav‫ي‬a segu‫ي‬an observando, pose‫ي‬dos por una paciencia que eclipsaba la perseverancia de los hombres, una paciencia que ning ْn ciclo de versos épicos ni ninguna admoniciَn de las escrituras pod‫ي‬a igualar. Quiz‫ ل‬la tinta fuera inmortal, pero el significado no lo era. Seswatha sab‫ي‬a que con el paso de cada generaciَn, el cuello de su recuerdo se romper‫ي‬a un poco m‫ل‬s, y hasta el Apocalipsis ser‫ي‬a olvidado, as‫ ي‬que al fallecer, su desgarradora vida se reencarnَ en los sueٌos de sus seguidores. De este modo, hab‫ي‬a convertido su legado en una incesante llamada a las armas. «Estoy destinado a sufrir», pensَ Achamian. Oblig‫ل‬ndose a enfrentarse al d‫ي‬a que ten‫ي‬a por delante, se engras َ el pelo y se cepillَ las salpicaduras de estiércol que ten‫ي‬a en los ribetes bordados de su tْnica azul. Detenido junto a la ventana, calmَ su estَ mago con queso y pan duro mientras observaba cَmo la luz del d‫ي‬a quemaba la neblina tras la negra espalda del r‫ي‬o Sayut. Después preparَ las Palabras de Llamada e informَ a sus intermediarios en Atyersus, la ciudadela de la Escuela del Mandato, de todo lo que Geshrunni le hab‫ي‬a contado la noche anterior. No le sorprendiَ su relativo desinterés. La guerra secreta entre los Chapiteles Escarlatas y los cishaurim no era, a fin de cuentas, su guerra. Pero el llamamiento para que volviera a casa le sorprendiَ. Cuando preguntَ por qué, le dijeron sَlo que ten‫ي‬a algo que ver con los Mil Templos; otra facciَn, otra guerra que no era la suya. Mientras recog‫ي‬a sus pocas posesiones, pensَ: «Una misiَn m‫ل‬s sin sentido». ‫؟‬Cَmo no iba a ser c‫ي‬nico? En los Tres Mares, todas las Grandes Facciones guerreaban

contra enemigos tangibles por objetivos tangibles, mientras que el Mandato guerreaba contra un enemigo que nadie pod‫ي‬a ver por un objetivo en el que nadie cre‫ي‬a. Este hecho hac‫ي‬a de los Maestros del Mandato unos parias no sَlo a la manera de los hechiceros, sino también a la de los locos. Obviamente, los potentados de los Tres Mares, tanto los ketyai como los norsirai, sab‫ي‬an del Consulto y de la amenaza de un Segundo Apocalipsis --‫؟‬cَmo no iban a saberlo después de siglos de insistentes emisarios del Mandato?--, pero no cre‫ي‬an en ninguna de las dos cosas. Después de siglos de refriegas con el Mandato, el Consulto, simplemente, se hab‫ي‬a esfumado, desvanecido. Nadie sab‫ي‬a cَmo ni por qué, a pesar de que se hab‫ي‬an hecho todo tipo de especulaciones. ‫؟‬Hab‫ي‬an sido destruidos por fuerzas desconocidas? ‫؟‬Se hab‫ي‬an aniquilado a s‫ ي‬mismos desde dentro? ‫؟‬O, simplemente, hab‫ي‬an encontrado el modo de eludir los ojos del Mandato? Hab‫ي‬an transcurrido tres siglos desde laْ ltima vez que el Mandato se hab‫ي‬a topado con el Consulto. Durante tres siglos, hab‫ي‬an hecho una guerra sin enemigo. Los Maestros del Mandato cruzaban los Tres Mares persiguiendo a un enemigo al que nunca encontraban y en el que no cre‫ي‬a nadie. Por muy envidiados que fueran por su posesiَn de la Gnosis, la hechicer‫ي‬a del Antiguo Norte, eran objeto de toda clase de burlas, el hazmerre‫ي‬r en las cortes de todas las Grandes Facciones. Pero cada noche Seswatha los volv‫ي‬a a visitar. Cada maٌana se despertaban a causa del horror y pensaban: «El Consulto est‫ ل‬entre nosotros». ‫؟‬Hab‫ي‬a habido algْn momento en el que Achamian no hubiera sentido ese horror en su interior? La sensaciَn de mareo en la boca del estَmago, como si una cat‫ل‬strofe pendiera sobre algo que hab‫ي‬a olvidado, le sobrevino como un susurro sin aliento. «Debes hacer algo...» Pero nadie en el Mandato sab‫ي‬a qué deb‫ي‬an hacer, y hasta que no lo supieran, todas sus acciones ser‫ي‬an tan estériles como los gestos de un actor de mimo. Los mandar‫ي‬an a Carythusal para seducir a esclavos bien colocados como Geshrunni, o a los Mil Templos, para hacer quién sabe qué. Los Mil Templos. ‫؟‬Qué pod‫ي‬a querer el Mandato de los Mil Templos? Fuera lo que fuese, implicaba necesariamente abandonar a su suerte a Geshrunni, su primer informante real dentro de los Chapiteles Escarlatas en toda una generaciَn. Cuanto m‫ل‬s cavilaba sobre ello, m‫ل‬s extraordinario le parec‫ي‬a.

«Quiz‫ ل‬esta misiَn sea diferente.» Pensar en Geshrunni le puso, de repente, ansioso. Como mercenario que era, hab‫ي‬a arriesgado algo m‫ل‬s que su vida para darle al Mandato un gran secreto. Adem‫ل‬s, era inteligente y estaba lleno de odio a la vez: un informante ideal. Nada bueno traer‫ي‬a perderle. Después de sacar de su hatillo la tinta y el papiro, Achamian se inclinَ sobre la mesa y escribiَ un r‫ل‬pido mensaje: «Debo partir. Pero debes saber que tus favores no han sido olvidados, y que has encontrado a un amigo que comparte tus objetivos. No hables con nadie y no correr‫ل‬s ningْn riesgo. A». Achamian le pagَ la habitaciَn al portero sifil‫ي‬tico y se encaminَ hacia las calles. Encontrَ a Chiki, el huérfano al que le hab‫ي‬a encargado algunos recados, dormido en un callejَn cercano. El niٌo estaba acurrucado en un saco de cٌ‫ل‬amo tras una montaٌa de desperdicios que emit‫ي‬a un zumbido. Pese a la marca de nacimiento en forma de granada que le afeaba la cara, su rostro era bonito; ten‫ي‬a la piel color aceituna, suave como la de un delf‫ي‬n a pesar de la mugre, y sus rasgos eran tan bellos como los de cualquier hija del Palatinado. Achamian se estremeciَ al pensar cَmo se ganaba la vida el chico, aparte de sus negocios de poca monta. La semana anterior, Achamian hab‫ي‬a sido abordado por un borracho, cuyo maquillaje aristocr‫ل‬tico se ve‫ي‬a medio corrido en la cara; cogiéndose la entrepierna, le hab‫ي‬a preguntado si hab‫ي‬a visto a su dulce «granada». Achamian despertَ al niٌo con la punta de la zapatilla de mercader. Lentamente, el niٌo se puso en pie. --‫؟‬Te acuerdas de lo que te enseٌé, Chiki? El niٌo se le quedَ mirando con la actitud alerta de quien acaba de despertarse. --S‫ي‬, seٌor. Yo soy tu mensajero. --‫؟‬Y qué hacen los mensajeros? --Llevan mensajes, seٌor. Mensajes secretos. --Bien --dijo Achamian, mostr‫ل‬ndole el pergamino doblado al niٌo--. Necesito que lleves este mensaje a un hombre llamado Geshrunni. Recuerda este nombre: Geshrunni. No lo puedes confundir. Es un capit ‫ل‬n de Javreh y frecuenta El Santo Leproso. ‫؟‬Sabes dَnde est‫ ل‬El Santo Leproso? --S‫ي‬, seٌor. Achamian sacَ un ensolarii de plata de su monedero y no pudo evitar sonre‫ي‬r ante la expresiَn atemorizada del niٌo. Chiki cogiَ la moneda de la palma de la mano como si se tratara de una trampa. Por

alguna razَn, el tacto de su pequeٌa mano moviَ al hechicero a la melancol‫ي‬a.

_____ 2 _____ Atyersus «Escribo para informarle de que durante mi m‫ل‬s reciente audiencia, el Emperador de Nansur, sin mediar provocaciَn alguna, se dirigiَ pْblicamente a m‫ ي‬como "idiota". Esto a usted, obviamente, no le conmueve. Se ha convertido en un suceso habitual. El Consulto nos elude ahora m‫ل‬s que nunca. Sَlo lo o‫ي‬mos en los secretos de otros. Lo vislumbramos sَlo en los ojos de los que niegan su misma existencia. ‫؟‬Por qué no iban a llamarnos idiotas? Cuanto m‫ل‬s se oculta el Consulto entre las Grandes Facciones, m ‫ل‬s dementes parecen nuestras peroratas a sus o‫ي‬dos. Somos, como dir‫ي‬ an los malditos nansur, "un cazador en los matorrales", un cazador que, en el mismo acto de cazar, extingue toda esperanza de atrapar a su presa.» Maestro del Mandato anَnimo, Carta a Atyersus

Finales de invierno, aٌo del Colmillo 4110, Atyersus «Llamado a casa», pensَ Achamian, herido por la iron‫ي‬a de la palabra, casa. Pod‫ي‬a pensar en pocos lugares del mundo --Golgotterath sin duda, quiz‫ ل‬los Chapiteles Escarlatas-- m‫ل‬s ingratos que Atyersus. Pequeٌo y solo en el centro de la sala de audiencias, Achamian trat َ de recobrar la compostura. Los miembros del Quorum, el consejo dirigente de la Escuela del Mandato, permanec‫ي‬an en pequeٌos grupos dispersos entre las sombras, escudri‫ٌل‬ndole. Ve‫ي‬an, y él lo sab‫ي‬a, a un hombre bajo y fornido vestido con una simple tْnica de viaje marrَn y con una barba recortada en ‫ل‬ngulos rectos y con mechones plateados. Transmit‫ي‬a la sensaciَn de fortaleza de un hombre que ha pasado aٌos en el camino: la postura amplia, la piel curtida y bronceada de un trabajador de las castas inferiores. No deb‫ي‬a tener en absoluto el aspecto de un hechicero. Pero ningْn esp‫ي‬a deb‫ي‬a parecerlo. Molesto por el escrutinio, Achamian reprimiَ el impulso de preguntar

si quer‫ي‬an, como todo esclavista escrupuloso, mirarle los dientes. «Al fin en casa.» Atyersus, la ciudadela de la Escuela del Mandato, era su casa --siempre ser‫ي‬a su casa--, pero el lugar lo empequeٌec‫ي‬a de una manera inexplicable. Era m‫ل‬s que la arquitectura pesada: Atyersus hab ‫ي‬a sido construida siguiendo el estilo del Antiguo Norte, cuyos arquitectos no hab‫ي‬an sabido nada de arcos o cْpulas. Las galer‫ي‬as interiores eran bosques de recias columnas, y los techos estaban oscurecidos por capas de opacidad y humo. Todas las columnas estaban revestidas de estilizados relieves, cuyos excesivos detalles, o al menos as‫ ي‬se lo parec‫ي‬a a Achamian, eran iluminados por los braseros. Cada vez que la luz parpadeaba, el suelo parec‫ي‬a girar. Finalmente, uno de los integrantes del Quorum se dirigiَ a él. --Los Mil Templos no deben seguir siendo ignorados, Achamian; al menos desde que ese Maithanet se ha hecho con el Trono y se ha proclamado Shriah. Inevitablemente, hab‫ي‬a sido Nautzera quien hab‫ي‬a roto el silencio. Elْ ltimo hombre al que Achamian quer‫ي‬a o‫ي‬r hablaba siempre el primero. --Sَlo he o‫ي‬do rumores --contestَ en un tono comedido, el tono que siempre empleaba cuando se dirig‫ي‬a a Nautzera. --Créeme --dijo Nautzera, agriamente--. Los rumores apenas le hacen justicia a ese hombre. --Pero ‫؟‬cu‫ل‬nto tiempo puede sobrevivir? Era una pregunta natural. Muchos Shriah se hab‫ي‬an hecho con el timَn de los Mil Templos sَlo para descubrir que era un barco inmenso que se negaba a girar. --،Oh, sobrevivir-- !‫ل‬dijo Nautzera--. De hecho, le est‫ ل‬yendo muy bien. Todos los Cultos han acudido a reunirse con él en Sumna. Todos le han besado la rodilla, y sin ninguna de las maniobras pol‫ي‬ticas obligatorias en transiciones de poder como ésta. Ningْn mezquino boicot. Sin una sola abstenciَn. --Se detuvo para que Achamian tuviera tiempo de apreciar el significado de aquello--. Ha despertado algo --dijo el viejo hechicero frunciendo los labios, como si estuviera manteniendo a raya la siguiente palabra--, algo novedoso... Y no solamente en los Mil Templos. --Pero hemos visto a otros como él antes --aventurَ Achamian--. Fan‫ل‬ticos que sostienen la redenciَn con una mano para que nadie le preste atenciَn al l‫ل‬tigo que tienen en la otra. Tarde o temprano, todo el mundo ve el l‫ل‬tigo.

--No, no hemos visto «a otros como él» antes. Nadie se ha movido tan r‫ل‬pidamente ni con tanta astucia. Tres semanas después de su toma de posesiَn se descubrieron dos conspiraciones para envenenarlo, y lo extraordinario del caso es que las descubriَ el propio Maithanet. No menos de siete funcionarios del Emperador fueron denunciados y ejecutados en Sumna. Ese hombre es algo m‫ل‬s que astuto. Mucho m‫ل‬s. Achamian asintiَ y entrecerrَ los ojos. Entonces, comprend‫ي‬a la urgencia de su regreso. Los poderosos detestan por encima de todo los cambios. Las Grandes Facciones hab‫ي‬an reservado un lugar para los Mil Templos y su Shriah. Pero ese Maithanet, como dir‫ي‬an los nronios, se hab‫ي‬a meado en el whisky. Y lo m‫ل‬s inquietante era que lo hab‫ي‬a hecho con inteligencia. --Se va a producir una Guerra Santa, Achamian. Aturdido, Achamian buscَ las siluetas oscuras de los dem‫ل‬s miembros del Quorum para que se lo confirmaran. --Bromeas, sin duda. Nautzera emergiَ de las sombras. Era mucho m‫ل‬s alto que Achamian y sَlo se detuvo cuando se encontrَ frente a él. Achamian reprimiَ la urgencia de dar un paso atr‫ل‬s. El viejo hechicero siempre hab ‫ي‬a pose‫ي‬do una presencia desconcertante: intimidante debido a su altura, pero patética a causa de su avanzada edad. Su piel parec‫ي‬a un insulto a las sedas que lo cubr‫ي‬an. --No es una broma; te lo aseguro. --‫؟‬Contra quién, pues? ‫؟‬Los fanim? A lo largo de su historia, los Tres Mares sَlo hab‫ي‬an sido testigos de dos Guerras Santas, ambas libradas contra las Escuelas m‫ل‬s que contra los infieles. Laْ ltima, la llamada Guerra Escol‫ل‬stica, hab‫ي‬a sido desastrosa para los dos bandos. Atyersus hab‫ي‬a sido sitiada durante siete aٌos. --No lo sabemos. Hasta el momento Maithanet sَlo ha afirmado que habr‫ ل‬una Guerra Santa. No se ha dignado decirle a nadie contra quién. Como te he dicho, es un hombre endiabladamente astuto. --As‫ ي‬que os teméis otra Guerra Escol‫ل‬stica. Achamian a duras penas pod‫ي‬a creer que estaba manteniendo esa conversaciَn. La posibilidad de otra Guerra Escol‫ل‬stica, y él lo sab‫ي‬a, deber‫ي‬a horrorizarle, pero en lugar de eso, su corazَn lat‫ي‬a de euforia. ‫؟‬ Cَmo pod‫ي‬a ser? ‫؟‬Se hab‫ي‬a llegado a hartar tanto de la estéril misiَn del Mandato que entonces celebraba la perspectiva de una guerra contra los inrithi como una desfigurada especie de alivio? --Eso es precisamente lo que nos tememos. Una vez m‫ل‬s, los

sacerdotes cْlticos nos denuncian abiertamente y se refieren a nosotros como impuros. Impuros. La crَnica del Colmillo, que segْn los Mil Templos era la palabra de Dios, hab‫ي‬a llamado as‫ ي‬a los Escogidos con los conocimientos y la capacidad innata de ejercer la hechicer‫ي‬a. «Cortadles la lengua --dec‫ي‬an las palabras sagradas--, porque su blasfemia es abominaciَn como no hay otra...» El padre de Achamian --que, como muchos otros nronios, hab‫ي‬a despreciado la tiran‫ي‬a ejercida por Atyersus sobre Nron-- le hab‫ي‬a inculcado esa creencia. La fe pod‫ي‬a morir, pero los sentimientos permanec‫ي‬an eternamente. --Pero yo no he o‫ي‬do nada de eso. El anciano se inclinَ hacia adelante. Llevaba la barba teٌida y recortada en ‫ل‬ngulos rectos como la de Achamian, pero meticulosamente trenzada al estilo de los ketyai orientales. A Achamian le sorprendiَ la incoherencia del rostro anciano y el pelo oscuro. --Era imposible que oyeras nada, Achamian. Has estado en el Alto Ainon. ‫؟‬Qué sacerdote denunciar‫ي‬a la hechicer‫ي‬a en una naciَn regida por los Chapiteles Escarlatas, eh? Achamian mirَ con hostilidad al viejo hechicero. --Pero es lo que ser‫ي‬a de esperar, ‫؟‬no? --De repente, la idea le pareciَ rid‫ي‬cula. «Estas cosas les suceden a los otros hombres, en otras épocas»--. Dices que ese Maithanet es astuto. ‫؟‬Qué mejor forma de reforzar su poder que incitando al odio contra los que son condenados por el Colmillo? --Tienes razَn, por supuesto. --Nautzera ten‫ي‬a la forma m‫ل‬s irritante de hacerse con las objeciones de los dem‫ل‬s--. Pero hay un motivo mucho m‫ل‬s inquietante por el que creer que nos declarar‫ ل‬la guerra a nosotros y no contra los fanim... --‫؟‬Y cu‫ل‬l es ese motivo? --Achamian --respondiَ una voz que no era la de Nautzera--, es imposible que una Guerra Santa contra los fanim pueda tener éxito. Achamian escudriٌَ la oscuridad entre las columnas. Era Simas. Una sonrisa sardَnica cruzaba su barba blanca como la nieve. Llevaba unas vestiduras grises sobre la tْnica de seda azul. Hasta su apariencia era agua para el fuego de Nautzera. --‫؟‬Qué tal tu viaje? --preguntَ Simas. --Los Sueٌos fueron particularmente malos --respondiَ Achamian, un tanto desconcertado por la sustituciَn de las duras especulaciones por los amables cumplidos. En lo que entonces le parec‫ي‬a otra vida, Simas hab‫ي‬a sido su

maestro, el que hab‫ي‬a enterrado la inocencia del hijo de un pescador nronio bajo las incre‫ي‬bles revelaciones del Mandato. Hac‫ي‬a aٌos que no hablaban en persona, pues Achamian hab‫ي‬a estado fuera mucho tiempo, pero la facilidad de su trato, la capacidad de hablar sin los rodeos del jnan, permanec‫ي‬an. --‫؟‬Qué quieres decir, Simas? ‫؟‬Por qué no podr‫ي‬a tener éxito una Guerra Santa contra los fanim? --Por los cishaurim. De nuevo, los cishaurim. --Me temo que no te sigo, viejo maestro. No me cabe duda de que a los inrithi les resultar‫ي‬a m‫ل‬s f‫ل‬cil una guerra contra Kian, una naciَn con una sola Escuela, si es que los cishaurim pueden ser llamados as‫ي‬, que una contra todas las Escuelas. Simas asintiَ. --Aparentemente. Pero piensa en ello, Achamian. Estimamos que los miembros de los Mil Templos poseen entre cuatro y cinco mil Chorae, lo que significa que podr‫ي‬an disponer de al menos otros tantos hombres inmunes a cualquier hechicer‫ي‬a que pudiéramos conjurar. Suma a eso todos los seٌores inrithi que también disponen de Baratijas, y Maithanet podr‫ي‬a disponer de un ejército de hasta diez mil hombres que ser‫ي‬an inmunes a nosotros en todos los sentidos. En los Tres Mares, los Chorae eran una variable crucial en el ‫ل‬ lgebra de la guerra. Comparados con las masas, los Escogidos eran, en muchos sentidos, como Dioses; sَlo los Chorae imped‫ي‬an que las Escuelas dominaran completamente los Tres Mares. --Sin duda --respondiَ Achamian--, pero Maithanet podr‫ي‬a igualmente reclutar a esos hombres contra los cishaurim. Por muy diferentes que puedan ser los cishaurim, parecen compartir nuestra vulnerabilidad. --‫؟‬Podr‫ي‬a? --‫؟‬Por qué no? --Porque entre esos hombres y los cishaurim estar‫ي‬an todas las fuerzas armadas de Kian. Los cishaurim no son una Escuela, viejo amigo. No son distintos, como nosotros, de la fe y la gente de su naciَn. Mientras la Guerra Santa tratara de vencer a los infieles Grandes de Kian, los cishaurim los cubrir‫ي‬an de ruinas. --Simas bajَ la barbilla y se frotَ el esternَn con la barba--. ‫؟‬Lo ves? Achamian lo vio. Hab‫ي‬a soٌado con esa batalla antes: los vados de Tywanrae, donde las huestes de la antigua Akssersia hab‫ي‬an ardido en los fuegos del Consulto. Con sَlo pensar en esa tr‫ل‬gica batalla, las im‫ل‬

genes refulgieron antes sus ojos: hombres sombr‫ي‬os retorciéndose en las aguas, consumiéndose en imponentes fuegos... ‫؟‬Cu‫ل‬ntos se hab‫ي‬ an perdido en los vados? --Como Tywanrae --susurrَ Achamian. --Como Tywanrae --replicَ Simas, con la voz solemne y amable al mismo tiempo. Todos ellos hab‫ي‬an compartido esa pesadilla. Los Maestros del Mandato compart‫ي‬an todas las pesadillas. Durante la conversaciَn, Nautzera los hab‫ي‬a estado contemplando de cerca. Como si fuera un Profeta del Colmillo, sus opiniones eran manifiestas, con la salvedad de que all‫ ي‬donde los profetas ve‫ي‬an pecadores, Nautzera ve‫ي‬a idiotas. --Y como te dec‫ي‬a --prosiguiَ el anciano--, ese Maithanet es h‫ل‬bil, un hombre inteligente. Sin lugar a dudas sabe que no puede ganar una Guerra Santa contra los fanim. Achamian contemplَ con la mirada perdida al hechicero. Su euforia hab‫ي‬a desaparecido y hab‫ي‬a sido sustituida por un miedo gélido y hْ medo. Otra Guerra Escol‫ل‬stica... Pensar en Tywanrae le hab‫ي‬a proporcionado las terror‫ي‬ficas dimensiones de esa perspectiva. --‫؟‬Es ésta la razَn por la que he sido llamado al Alto Ainon? ‫؟‬Para prepararme para esta Guerra Santa del nuevo Shriah? --No --respondiَ Nautzera con contundencia--. Simplemente te hemos contado las razones por las que nos tememos que Maithanet pueda declararnos una Guerra Santa. Pero lo cierto es que no sabemos cu‫ل‬les son sus planes. --Cierto --aٌadiَ Simas--. Entre las Escuelas y los fanim, los fanim son, sin duda, la mayor amenaza para los Mil Templos. Shimeh ha estado en manos de los infieles durante siglos, y el Imperio no es sino una débil sombra de lo que en el pasado fue, mientras que Kian se ha convertido en el poder m‫ل‬s fuerte de los Tres Mares. No. Ser‫ي‬a mucho m‫ل‬s racional que el Shriah declarara a los fanim el objetivo de su Guerra Santa... --Pero --interpuso Nautzera-- todos sabemos que la fe no es amiga de la razَn. La distinciَn entre lo racional y lo irracional significa poco cuando hablamos de los Mil Templos. --Me est‫ل‬is mandando a Sumna --dijo Achamian--, para que descubra las verdaderas intenciones de Maithanet. Una pérfida sonrisa partiَ la barba teٌida de Nautzera. --S‫ي‬. --Pero ‫؟‬qué voy a poder hacer yo? Hace aٌos que no voy a Sumna.

Ya no tengo contactos all‫ي‬. Eso era cierto o no dependiendo de qué se entendiera por «contactos». Conoc‫ي‬a a una mujer en Sumna, Esmenet, pero de eso hac‫ي‬a mucho tiempo. Y también estaba... Achamian detuvo esa l‫ي‬nea de pensamiento. ‫؟‬Pod‫ي‬an ellos saberlo? --Eso no es cierto --respondiَ Nautzera--. En realidad, Simas nos ha informado de ese alumno tuyo que... --dijo, y se detuvo como si buscara el término ideal para referirse a un asunto demasiado aterrador para una conversaciَn educada--, que desertَ. «‫؟‬Simas? --Mirَ a su viejo profesor--. ‫؟‬Por qué se lo habr‫ ل‬dicho?» Achamian hablَ con precauciَn. --Te refieres a Inrau. --S‫ ي‬--respondiَ Nautzera--. Y ese Inrau se ha convertido, o al menos eso me han dicho --una nueva mirada de soslayo a Simas--, en un sacerdote Shriah. --Su tono estaba cargado de censura. «Tu disc‫ي‬ pulo, Achamian. Tu traiciَn.» --Eres demasiado duro, Nautzera, como siempre. Inrau estaba maldito: hab‫ي‬a nacido con el buen juicio de los Escogidos y, adem‫ل‬s, con la sensibilidad de los sacerdotes. Nuestras costumbres lo hubieran matado. --،Oh, s‫!ي‬, sensibilidad --replicَ el viejo rostro--. Pero cuéntanos, con toda la claridad que te sea posible, tu opiniَn sobre ese antiguo estudiante. ‫؟‬Lo hemos perdido para siempre o crees que el Mandato podr‫ ل‬recuperarlo? --‫؟‬Si podr‫ي‬a convertirse en esp‫ي‬a nuestro? ‫؟‬Es eso lo que me est‫ل‬ s preguntando? ‫؟‬Inrau, un esp‫ي‬a? Obviamente, Simas hab‫ي‬a exagerado su traiciَn al no contarle nada de Inrau. --Me pareciَ que era evidente --dijo Nautzera. Achamian se detuvo y mirَ a Simas, que ten‫ي‬a una expresiَn desalentadoramente seria. --Respَndele, Akka-- le dijo su viejo profesor. --No --respondiَ Achamian, gir‫ل‬ndose hacia Nautzera. De repente, sintiَ que su corazَn se convert‫ي‬a en una piedra--. No. Inrau naciَ ya perdido para siempre. Y no volver‫ل‬. Un fr‫ي‬o regocijo, extremadamente amargo en el rostro de un anciano. --،Ah, Achamian, s‫ ي‬lo har‫!ل‬ Achamian sab‫ي‬a lo que le estaban pidiendo: las hechicer‫ي‬as y la traiciَn que éstas representar‫ي‬an. Hab‫ي‬a sido amigo de Inrau, hab‫ي‬a

prometido que le proteger‫ي‬a. Hab‫ي‬an sido... amigos. --No --respondi .--َMe niego. El esp‫ي‬ritu de Inrau es fr‫ل‬gil. No tiene entereza para lo que me est‫ل‬is pidiendo. Necesitamos a otra persona. --No hay nadie m‫ل‬s. --En cualquier caso --respondiَ, y empezaba a comprender las consecuencias de su impetuosidad--, me niego. --‫؟‬Te niegas? --le espetَ Nautzera--. ‫؟‬Porque ese sacerdote es un pelele? Achamian, deber‫ي‬as contener a la madre que llevas... --Achamian obra as‫ ي‬por lealtad, Nautzera --le interrumpiَ Simas--. No confundas las dos cosas. --‫؟‬Lealtad? --repitiَ Nautzera--. ،Pero ésa es la verdadera cuestiَn, Simas! Lo que nosotros compartimos es incomprensible para los otros hombres. En nuestros sueٌos gritamos como uno solo. ،No hay ningْn vinculo m‫ل‬s fuerte! ‫؟‬Cَmo puede la lealtad hacia otro ser menos que sediciَn? --‫؟‬Sediciَn? --exclamَ Achamian, sabiendo que ten‫ي‬a que andarse con cuidado. Esas palabras eran como toneles de vino: una vez destapados, las cosas tend‫ي‬an a deteriorarse--. Me malinterpretas; ambos me malinterpret‫ل‬is. Me niego por lealtad al Mandato. Inrau es demasiado débil. Nos arriesgamos a enemistarnos con los Mil... --،Qué mentira tan rid‫ي‬cula! --gruٌَ Nautzera. Después se riَ, como si se diera cuenta de que deber‫ي‬a haberse esperado esa impertinencia desde el principio--. Las Escuelas esp‫ي‬an, Achamian. Ya estamos enemistados. Y tْ lo sabes. --El viejo hechicero se alejَ de él y se calentَ los dedos en las brasas de un brasero cercano. Una luz naranja recorriَ su gran figura y perfilَ sus cerradas facciones contra las colosales paredes de piedra--. Dime, Achamian, si este Maithanet y la amenaza de la Guerra Santa contra las Escuelas son obra, por decirlo suavemente, de nuestro escurridizo adversario, ‫؟‬no valdr‫ي‬a la pena arrojar la débil vida de Inrau, o incluso la buena reputaciَn del Mandato, en el otro plato de la balanza? --En ese caso, Nautzera --respondiَ, ausente--, s‫ي‬. --،Ah, s‫ !ي‬Me hab‫ي‬a olvidado de que te considerabas un hombre escéptico. ‫؟‬Qué puedo decir? Que perseguimos fantasmas. --Mantuvo la palabra en la boca como si fuera un pedazo de comida de sabor discutible--. Imagino, pues, que dir‫ل‬s que esa posibilidad, la de que estemos siendo testigos de las primeras seٌales del regreso del No Dios, no pesa tanto como la realidad de la vida de un desertor; que arrojar los dados del Apocalipsis es menos importante que la vida de un idiota. S‫ي‬, eso era precisamente lo que él cre‫ي‬a, pero ‫؟‬cَmo iba a

reconocerlo? --Estoy dispuesto a ser sancionado --tratَ de decir sin alterarse. ،Pero su voz! Grosera. Herida--. ،Yo no soy débil! Nautzera estudiَ su rostro. cometéis el mismo error. Nos --Escépticos --le espet .--Siempre َ confund‫ي‬s a nosotros con las dem‫ل‬s Escuelas. Pero‫ ؟‬acaso nosotros codiciamos el poder‫? ؟‬Nos arrastramos por los palacios colocando Guardas y olisqueando hechicer‫ي‬as como perros? ‫؟‬Susurramos en las orejas de los Emperadores y los Reyes? En ausencia del Consulto, confundes nuestras acciones con las de aquellos que no se mueven por otro interés que el poder y sus infantiles gratificaciones. Nos confundes a nosotros con las putas. ‫؟‬Pod‫ي‬a ser eso posible? No. Hab‫ي‬a pensado en ello muchas veces. A diferencia de otros, como Nautzera, él distingu‫ي‬a su era de aquella en la que soٌaba noche tras noche. Advert‫ي‬a la diferencia. El Mandato no sَlo estaba atrapado entre dos épocas, sino atrapado entre los sueٌos y la vigilia. Cuando los escépticos, los que cre‫ي‬an que el Consulto hab‫ي‬a abandonado los Tres Mares, miraban al Mandato, no ve‫ي‬an una Escuela que albergara ambiciones mundanas, sino lo contrario: una Escuela que viv‫ي‬a fuera de este mundo. El «mandato», que a fin de cuentas era también el mandato de la historia, no consist‫ي‬a en participar en una guerra mort‫ي‬fera o santificar a un hechicero hac‫ي‬a mucho tiempo fallecido que se hab‫ي‬a vuelto loco por los horrores de la guerra, sino aprender y vivir desde el pasado, no en él. --‫؟‬Discutir‫ل‬s de filosof‫ي‬a conmigo, pues, Nautzera? --le preguntَ, adoptando la fiera mirada de aquel hombre--. Antes has sido demasiado duro, pero ahora est‫ل‬s siendo demasiado estْpido. Nautzera parpadeَ, estupefacto. Simas intercediَ apresuradamente. --Comprendo tu renuencia, viejo amigo. Yo también tengo mis eludas, como bien sabes. --Mirَ fijamente a Nautzera, que segu‫ي‬a mirando a Achamian, perplejo--. Esa es la fuerza del escepticismo. Los que creen ciegamente son los primeros en morir en los momentos dif‫ي‬ ciles. Pero éste es un momento dif‫ي‬cil, Achamian; m‫ل‬s dif‫ي‬cil que en muchos, muchos aٌos. Quiz‫ ل‬tan peligroso como para que los escépticos lo seamos incluso ante nuestro escepticismo, ‫؟‬de acuerdo? Achamian se girَ hacia él, sorprendido por su tono. La mirada de Simas vacilَ. Un pequeٌo combate le ensombreciَ el rostro. Prosiguiَ. --Ya te has dado cuenta de lo intensos que son los Sueٌos. Puedo

verlo en tus ojos. Todos tenemos la mirada un poco salvajeْ ltimamente... Algo... --Se detuvo, con la vista perdida, como si estuviera contando los latidos de su corazَn. Achamian se enfureciَ. Nunca hab‫ي‬a visto a Simas as‫ي‬: indeciso; asustado, incluso. --Pregْntate, Achamian --dijo finalmente--: si nuestro adversario, el Consulto, fuera a hacerse con el poder en los Tres Mares, ‫؟‬qué veh‫ي‬ culo ser‫ي‬a m‫ل‬s eficaz que los Mil Templos? ‫؟‬Dَnde esconderse mejor de nosotros y a pesar de ello detentar un inmenso poder? ‫؟‬Y qué mejor que destruir el Mandato, elْ ltimo recuerdo del Apocalipsis, que declarando la Guerra Santa contra los Escogidos? Imagina a los hombres guerreando contra el No Dios sin nuestra gu‫ي‬a y protecciَn. «Sin Seswatha.» Achamian se quedَ mirando un largo instante a su viejo profesor. Sus dudas eran evidentes para todo aquel que le mirara. En cualquier caso, le sobrevinieron las im‫ل‬genes de los Sueٌos, un goteo de pequeٌos horrores. El internamiento de Seswatha en Dagliash. La crucifixiَn. El brillo de la luz del sol en los clavos de bronce de sus antebrazos. Los labios de Mekeritrig recitando las Palabras de Agon‫ي‬a. Sus gritos..., ‫؟‬ suyos? Pero se trataba de eso: ،esos recuerdos no eran suyos! Pertenec‫ي‬an a otro, a Seswatha, cuyo sufrimiento deb‫ي‬a ser contemplado si quer‫ي‬an tener alguna esperanza de seguir adelante. Pero Simas le observaba de un modo extraٌo, con los ojos curiosos por su propia indecisiَn. Algo hab‫ي‬a cambiado. Los Sueٌos se hab‫ي‬an vuelto m‫ل‬s intensos, incesantes, tanto que cualquier pérdida de la concentraciَn significaba que el presente fuera barrido por algْn trauma del pasado, a veces tan horrendo que las manos le temblaban y la boca se le abr‫ي‬a para emitir gritos en silencio. La posibilidad de que ese horror pudiera regresar... ‫؟‬Val‫ي‬a la pena sacrificar a Inrau, su amor, el ni ٌo que tanto hab‫ي‬a aliviado su cansado corazَn, que le hab‫ي‬a enseٌado a paladear el aire que él respiraba? ،Maldiciَn! ،El Mandato era una maldici َn! Despojado de Dios. Despojado incluso del presente. Sَlo el hiriente, asfixiante miedo de que el futuro se pareciera al pasado. --Simas... --empezَ, pero no encontrَ las palabras. Quer‫ي‬a admitir su derrota, pero el mero hecho de que Nautzera permaneciera cerca de él le imped‫ي‬a hablar. «‫؟‬Me he vuelto tan mezquino?» Tiempos tumultuosos, sin duda. Un nuevo Shriah, la fiebre inrithi con renovada fe, la posibilidad de que se repitiera la Guerra Escol‫ل‬stica, la repentina violencia de los Sueٌos... «‫ة‬stos son los tiempos en los que vivo. Todo esto est‫ ل‬sucediendo

ahora.» Parec‫ي‬a imposible. --Comprendes nuestras obligaciones tan profundamente como cualquiera de nosotros --dijo Simas con voz queda--. Y lo que nos jugamos. Inrau estuvo con nosotros un breve per‫ي‬odo de tiempo. Quiz‫ل‬ se lo podamos hacer entender. Sin Palabras, quiz‫ل‬. --Adem‫ل‬s --aٌadiَ Nautzera--, si te niegas a ir, nos obligar‫ل‬s a mandar a otra persona, ‫؟‬cَmo decirlo?, menos sentimental. Achamian estaba a solas en los parapetos. Incluso all‫ي‬, en las torretas que dominaban los estrechos, sent‫ي‬a la opresiَn de las edificaciones de piedra de Atyersus, empequeٌecido por los muros ciclَ peos. El mar no ofrec‫ي‬a gran compensaciَn. Las cosas hab‫ي‬an sucedido tan r‫ل‬pidamente como si hubiera sido agarrado por unas manos invisibles, le hubieran hecho dar vueltas entre las palmas y después le hubieran colocado en una direcciَn distinta; distinta, pero siempre la misma. Drusas Achamian hab‫ي‬a recorrido muchos caminos por los Tres Mares, hab‫ي‬a desgastado muchas sandalias, y nunca hab‫ي‬a vislumbrado siquiera a aquel al que supuestamente persegu‫ي‬a. Ausencia. Siempre la misma ausencia. La entrevista hab‫ي‬a proseguido. Parec‫ي‬a obligatorio que una audiencia con el Quorum fuera larga y estuviera repleta de rituales y una seriedad insoportable. Achamian se dec‫ي‬a que quiz‫ ل‬tal seriedad fuera apropiada para el Mandato, dada la naturaleza de la guerra, en el caso de que andar a tientas en la oscuridad pudiera llamarse as‫ي‬. Incluso después de que Achamian hubo capitulado, aceptado reclutar a Inrau por las buenas o por las malas, a Nautzera le hab‫ي‬a parecido necesario reprobar su renuencia. --‫؟‬Cَmo puedes haberlo olvidado, Achamian? --le hab‫ي‬a increpado el viejo hechicero con la expresiَn avinagrada, pero suplicante--. Los Viejos Nombres siguen vigilando desde las torres de Golgotterath, ‫؟‬y hacia dَnde miran‫? ؟‬Al norte? El norte es la jungla, Achamian. Sranc y ruinas. No. Miran hacia el sur, ،hacia nosotros!, y traman con una paciencia que devasta el intelecto. Sَlo el Mandato comparte esa paciencia. Sَlo el Mandato recuerda. --Quiz‫ ل‬el Mandato --respondiَ Achamian-- recuerda demasiado. Pero entonces sَlo pod‫ي‬a pensar: «‫؟‬Lo he olvidado?». Los Maestros del Mandato nunca pod‫ي‬an olvidar lo que hab‫ي‬a sucedido; la violencia de los Sueٌos de Seswatha as‫ ي‬lo garantizaba.

Pero la civilizaciَn de los Tres Mares era muy insistente. Los Mil Templos, los Chapiteles Escarlatas, todas las Grandes Facciones, guerreaban interminablemente a lo largo y ancho de los Tres Mares. En mitad de tal laberinto, el significado del pasado pod‫ي‬a ser f‫ل‬cilmente olvidado. Cuantas m‫ل‬s fueran las preocupaciones del presente, m‫ل‬s dif ‫ي‬cil resultaba ver las formas en que el pasado auguraba el futuro. ‫؟‬Acaso su preocupaciَn por Inrau, un alumno que hab‫ي‬a sido como un hijo para él, le hab‫ي‬a llevado a olvidar eso? Achamian comprend‫ي‬a perfectamente la geometr‫ي‬a del mundo de Nautzera. En el pasado, hab‫ي‬a sido la del suyo. Para Nautzera, no hab ‫ي‬a presente, sَlo el clamor de un pasado desgarrador y la amenaza de un futuro semejante. Para Nautzera, el presente se hab‫ي‬a ido desvaneciendo, se hab‫ي‬a convertido en la palanca con la que la historia proyectaba el destino. Una mera formalidad. ‫؟‬Y por qué no? La agon‫ي‬a de las Viejas Guerras era indescriptible. Casi todas las grandes ciudades del Antiguo Norte hab‫ي‬an ca‫ي‬do en manos del No Dios y su Consulto. La Gran Biblioteca de Sauglish hab‫ي‬ a sido saqueada; Tryse, la sagrada Madre-de-las-Ciudades, rapiٌada a fondo; las Torres de Myclai, derruidas; Dagliash, Kelmeol..., naciones enteras sometidas a la espada. Para Nautzera, ese Maithanet no era importante porque fuera Shriah, sino porque pod‫ي‬a pertenecer a ese mundo sin presente, ese mundo cuyoْ nico marco de referencia era la tragedia del pasado, porque pod‫ي‬a ser el autor del Segundo Apocalipsis. «‫؟‬Una Guerra Santa contra las Escuelas? ‫؟‬El Shriah, un agente del Consulto?» ‫؟‬Cَmo no se echaba a temblar ante esos pensamientos? A pesar del c‫ل‬lido viento, Achamian se estremeciَ. Debajo de él, el mar se mec‫ي‬a entre los estrechos. Inmensas olas oscuras combat‫ي‬an entre s‫ ي‬y chocaban con un ‫ي‬mpetu sobrenatural, como si los Dioses estuvieran combatiendo debajo. «Inrau...» Para Achamian, pensar en ese nombre era saborear la paz durante un momento fugaz. Hab‫ي‬a conocido tan poca paz en su vida. Y entonces se ve‫ي‬a obligado a poner esa paz en una balanza, junto al terror. Deb‫ي‬a sacrificar a Inrau para responder a esas preguntas. Inrau era apenas un adolescente cuando acudiَ a Achamian; era un niٌo que todav‫ي‬a parpadeaba tras el amanecer de la hombr‫ي‬a. A pesar de que su aspecto y su intelecto no ten‫ي‬an nada de extraordinarios, Achamian hab‫ي‬a reconocido inmediatamente algo distinto en él, un

recuerdo, quiz‫ل‬, del primer estudiante al que hab‫ي‬a amado, Nersei Proyas. Pero si Proyas se hab‫ي‬a vuelto orgulloso, ebrio por el conocimiento de que algْn d‫ي‬a ser‫ي‬a Rey, Inrau hab‫ي‬a seguido siendo... Inrau. Los profesores ten‫ي‬an numerosas e interesadas razones para amar a sus alumnos. Sobre todo, los amaban simplemente porque ellos escuchaban. Pero Achamian no hab‫ي‬a amado a Inrau como estudiante. Hab‫ي‬a advertido que Inrau era bueno. No bueno en el gastado sentido del Mandato, cuyos integrantes ten‫ي‬an sus miserias como todos los hombres. No. La bondad que vio en Inrau no ten‫ي‬a nada que ver con los gestos amables o los propَsitos dignos de elogio; era algo innato. Inrau no albergaba secretos, no ten‫ي‬a la sombr‫ي‬a necesidad de esconder defectos o de ganarse con excesiva evidencia la estimaciَn de otros hombres. Era abierto como lo son los niٌos y los locos, y pose‫ي‬a su misma ingenuidad sagrada, una inocencia que se deb‫ي‬a m‫ل‬s a la sabidur‫ي‬a que a la ignorancia. Inocencia. Si hab‫ي‬a algo que Achamian hab‫ي‬a olvidado era la inocencia. ‫؟‬Cَmo podr‫ي‬a no haberse enamorado de un niٌo as‫ ?ي‬Recordaba haber estado con él en ese mismo lugar, observando cَmo la argéntea luz del sol impregnaba la espalda de una ola tras otra. «،El sol!», hab‫ي‬a gritado Inrau. Y cuando Achamian le hab‫ي‬a preguntado a qué se refer‫ي‬ a, Inrau simplemente se hab‫ي‬a re‫ي‬do. --‫؟‬No lo ves? ‫؟‬No ves el sol? --le hab‫ي‬a dicho. Y entonces, Achamian lo hab‫ي‬a visto: l‫ي‬neas de una luz solar l‫ي‬ quida deslumbrando la acuosa distancia; una gloria inextinguible. La belleza. ‫ة‬se era el don de Inrau. Nunca dejaba de ver la belleza y, gracias a ello, siempre lo comprend‫ي‬a todo, siempre ve‫ي‬a lo que hab ‫ي‬a al otro lado y perdonaba las imperfecciones que atenazaban a los otros hombres. Con Inrau, el perdَn preced‫ي‬a al pecado en lugar de seguirlo. «Haz lo que debas-- dec‫ي‬an sus ojos--, porque ya est‫ل‬s perdonado.» En su momento, la decisiَn de Inrau de abandonar el Mandato en pos de los Mil Templos, por un lado, hab‫ي‬a consternado a Achamian y, por otro, lo hab‫ي‬a aliviado. Le hab‫ي‬a consternado porque sab‫ي‬a que hab‫ي‬a perdido a Inrau y el indulto de su compa‫ٌي‬a, pero hab‫ي‬a sentido alivio porque sab‫ي‬a que el Mandato habr‫ي‬a acabado con su inocencia si hubiera permanecido all‫ي‬. Achamian nunca podr‫ي‬a olvidar la noche en que hab‫ي‬a tocado en persona el Corazَn de Seswatha. El hijo del pescador hab‫ي‬a muerto en ese momento; sus ojos hab‫ي‬an sido

duplicados, y el mundo en s‫ ي‬mismo se hab‫ي‬a transformado, se hab‫ي‬a tornado grande y cavernoso a causa de su tr‫ل‬gica historia. Inrau hasta podr‫ي‬a haber muerto. Tocar el Corazَn de Seswatha le habr‫ي‬a carbonizado el suyo. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a esa inocencia, toda inocencia, sobrevivir al terror de los Sueٌos de Seswatha? ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a uno encontrar solaz simplemente en la luz del sol cuando la amenaza del No Dios se cern‫ي‬a en todos los horizontes? La belleza era negada por las v ‫ي‬ctimas del Apocalipsis. Pero el Mandato no toleraba defecciones. La Gnosis era demasiado preciosa para ser confiada a descontentos. ‫ة‬sa hab‫ي‬a sido la amenaza t‫ل‬cita de Nautzera durante su conversaciَn: «El chico es un desertor, Achamian. De todos modos, debe morir». ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hac ‫ي‬a que el Quorum sab‫ي‬a que la historia del ahogamiento de Inrau era una farsa? ‫؟‬Desde el principio? ‫؟‬O en verdad Simas le hab‫ي‬a traicionado? De los innumerables actos que Achamian hab‫ي‬a realizado en su vida, conseguir la huida de Inrau era elْ nico que consideraba un verdadero logro, elْ nico acto bueno en s‫ ي‬mismo, aunque hubiera traicionado a su Escuela para conseguirlo. Achamian hab‫ي‬a protegido la inocencia, le hab‫ي‬a permitido huir a un lugar m‫ل‬s seguro. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬ a nadie condenar una cosa as‫?ي‬ Pero todos los actos pod‫ي‬an ser condenados. Al igual que todos los linajes pod‫ي‬an ser trazados hasta llegar a un rey que llevara mucho tiempo muerto, todos los hechos pod‫ي‬an ser reconstruidos hasta alguna cat‫ل‬strofe potencial. Uno sَlo ten‫ي‬a que seguir lo suficiente las bifurcaciones. Si Inrau fuera secuestrado por otra de las Escuelas y obligado a confesar los pocos secretos que conoc‫ي‬a, entonces la Gnosis pod‫ي‬a llegar a perderse, y el Mandato ser‫ي‬a condenado a la impotente oscuridad de una Escuela Menor. Quiz‫ ل‬incluso fuera destruida. ‫؟‬Hab‫ي‬a hecho lo correcto‫? ؟‬O simplemente hab‫ي‬a hecho una apuesta? ‫؟‬Era la vida de un hombre bueno motivo suficiente para lanzar los dados del Apocalipsis? Nautzera hab‫ي‬a argumentado que no, y Achamian hab‫ي‬a estado de acuerdo. Los Sueٌos. Lo que hab‫ي‬a sucedido no pod‫ي‬a volver a suceder. Ese mundo no pod‫ي‬a morir. Un millar de inocentes --،un millar de millares!-- no val‫ي‬an la posibilidad de un Segundo Apocalipsis. Achamian hab‫ي‬a estado de acuerdo con Nautzera. Traicionar‫ي‬a a Inrau

por la razَn por la que siempre son traicionados los inocentes: el miedo. Se apoyَ en la piedra y observَ m‫ل‬s all‫ ل‬de los arremolinados estrechos, tratando de recordar cu‫ل‬l era su aspecto aquel d‫ي‬a soleado con Inrau. No lo consiguiَ. Maithanet y la guerra santa. Achamian no tardar‫ي‬a en abandonar Atyersus y partir hacia la ciudad nansur de Sumna, la ciudad m‫ل‬s sagrada para los inrithi, hogar de los Mil Templos y del Colmillo. Sَlo Shimeh, lugar de nacimiento del ‫ع‬ltimo Profeta, era tan sagrada. ‫؟‬Cu‫ل‬ntos aٌos hab‫ي‬an transcurrido desde laْ ltima vez que hab‫ي‬a visitado Sumna? ‫؟‬Cinco? ‫؟‬Siete? Se preguntَ ociosamente si encontrar ‫ي‬a a Esmenet all‫ي‬, eso en caso de que siguiera con vida. Siempre hab‫ي‬ a sabido cَmo tranquilizar el corazَn de Achamian. Y también ser‫ي‬a bueno ver a Inrau, a pesar de las circunstancias. Como m‫ي‬nimo, ten‫ي‬a que avisar al chico. «Lo saben, querido. Te he fallado.» Tan poco consuelo en el mar. Preso de una l‫ل‬nguida soledad, Achamian mirَ m‫ل‬s all‫ ل‬de los estrechos, hacia la lejana Sumna. Anhelaba volver a ver a esas dos personas; a una de ellas la hab‫ي‬a amado sَlo para perderla en favor de los Mil Templos, y a la otra, hab‫ي‬a cre‫ي‬do que podr‫ي‬a amarla... Si él fuera un hombre en vez de un hechicero y un esp‫ي‬a.

Después de observar cَmo la figura solitaria de Achamian descend‫ي‬ a por entre los bosques de cedros que hab‫ي‬a a los pies de Atyersus, Nautzera siguiَ en los parapetos, saboreando el infrecuente destello de luz solar y escrutando las nubes preٌadas de tormenta que se perfilaban en el cielo septentrional. En esa época del aٌo, el viaje de Achamian a Sumna iba a tener lugar bajo un clima inclemente. Nautzera sab‫ي‬a que sobrevivir‫ي‬a al viaje, por medio de la Gnosis si era necesario, pero ‫؟‬ sobrevivir‫ي‬a a la m‫ل‬s intensa tormenta que le esperaba? ‫؟‬Sobrevivir‫ي‬a a Maithanet? «Nuestra tarea es tan grande --pens ,--yَ nuestras herramientas son tan fr‫ل‬giles«. Sacudiéndose su ensoٌaciَn --una mala costumbre que no hab‫ي‬a hecho mas que empeorar con la edad--, se apresurَ por las recargadas galer‫ي‬as, ignorando por igual a los compaٌeros y los subordinados que se cruzaban con él. Al cabo de un rato se encontrَ en la penumbra de papiro de la biblioteca, sintiendo que sus viejos huesos le dol‫ي‬an por el

esfuerzo. Tal como esperaba, encontrَ a Simas encorvado sobre un antiguo manuscrito. La luz de la l‫ل‬mpara refulg‫ي‬a a través de una delgada l‫ي‬nea de tinta salpicada que Nautzera, por un momento, tomَ por sangre. Observَ al hombre absorto un instante, molesto por un destello de resentimiento. ‫؟‬Por qué envidiaba tanto a Simas? ‫؟‬Era porque al hombre todav‫ي‬a no le hab‫ي‬an fallado los ojos mientras que Nautzera, como muchos otros, ten‫ي‬a que valerse de sus alumnos para que le leyeran? --Hay m‫ل‬s luz en el scriptorium --dijo Nautzera, sobresaltando al anciano hechicero. Aquel rostro amable se alzَ, sorprendido, y observَ en la oscuridad. --‫؟‬De veras? Pero la compa‫ٌي‬a no debe de ser mejor, imagino. Siempre una ocurrencia sardَnica. Simas, a fin de cuentas, era un hombre predecible. ‫؟‬O era eso parte de la farsa, como el ligero aire de avejentada cortes‫ي‬a que utilizaba para desarmar a sus estudiantes? --Deber‫ي‬amos habérselo dicho, Simas. El anciano frunciَ el ceٌo y se rascَ la barba, absorto. --‫؟‬Decirle qué? ‫؟‬Que Maithanet ya ha convocado a sus fieles para comunicarles contra quién va a librar esta Guerra Santa? ‫؟‬Que la mitad de su misiَn es un mero pretexto? Achamian no tardar ‫ل‬mucho en descubrirlo. --No. Esa omisiَn hab‫ي‬a sido necesaria, al menos para que la perspectiva de traicionar a su antiguo alumno fuera m‫ل‬s soportable para aquel hombre. Simas asintiَ y suspirَ hondamente. --Entonces, est‫ل‬s preocupado por lo otro. Si hemos aprendido alguna lecciَn del Consulto, viejo amigo, es que la ignorancia es una arma poderosa. --Tanto como la sabidur‫ي‬a. ‫؟‬Por qué ‫ي‬bamos a negarle armas que necesita? ‫؟‬Y si es descuidado? Los hombres con frecuencia se tornan descuidados en ausencia de una amenaza real. Simas negَ con la cabeza vigorosamente. --Pero se dirige a Sumna, Nautzera. ‫؟‬Acaso lo has olvidado? Tendr ‫ ل‬cuidado. ‫؟‬Qué hechicero no lo tendr‫ي‬a en la guarida de los Mil Templos? Especialmente, en tiempos como éstos. Nautzera frunciَ los labios y permaneciَ en silencio. Simas se recostَ y levantَ la mirada del manuscrito, como si saliera de su estado de concentraciَn. Escudriٌَ a Nautzera minuciosamente. --‫؟‬Has o‫ي‬do nuevas informaciones? --dijo al fin--. ‫؟‬Ha muerto

alguien m‫ل‬s? Simas siempre hab‫ي‬a pose‫ي‬do la asombrosa habilidad de intuir la causa de sus muy diversos estados de ‫ل‬nimo. --Peor --dijo Nautzera--. Desaparecido. Esta maٌana, Parthelsus ha comunicado que su principal informador en la corte de Tydonni se ha desvanecido sin dejar rastro. Los nuestros est‫ل‬n siendo perseguidos, Simas. --Deben ser ellos. Ellos. Nautzera se encogiَ de hombros. --O los Chapiteles Escarlatas, o incluso los Mil Templos. Recuerda que los esp‫ي‬as del Emperador parecen estar sufriendo un destino similar en Sumna... En cualquier caso, deber‫ي‬amos habérselo dicho a Achamian. --Eres siempre tan puritano, Nautzera. No. Cualquiera que nos ataque es demasiado t‫ي‬mido o demasiado astuto como para hacerlo tan directamente. En lugar de golpear a nuestros hechiceros de m‫ل‬s rango, golpean a nuestros informadores, a nuestros ojos y o‫ي‬dos en los Tres Mares. Por alguna razَn, quieren dejarnos ciegos y sordos. A pesar de que era consciente de las temibles implicaciones que aquello ten‫ي‬a, Nautzera no logrَ ver cu‫ل‬l era la relaciَn. --‫؟‬Y? --Y Drusas Achamian fue mi alumno durante muchos aٌos. Lo conozco. Utiliza a los hombres tal como debe hacerlo un esp‫ي‬a, pero nunca le ha llegado a gustar tanto como debe gustarle a un esp‫ي‬a. ‫ة‬l es, por naturaleza, un hombre inusitadamente... abierto. Débil. Achamian era débil, o al menos eso hab‫ي‬a pensado siempre Nautzera, pero ‫؟‬qué pod‫ي‬a tener eso que ver con sus obligaciones para con él? --Estoy demasiado cansado para tus acertijos, Simas. Habla claro. Los ojos de Simas refulgieron de irritaciَn. --‫؟‬Acertijos? Cre‫ي‬a que estaba siendo muy claro. «Al menos vemos quién eres en realidad, viejo amigo.» --Se trata de lo siguiente --prosiguiَ Simas--. Achamian se hace amigo de las personas de las que se vale, Nautzera. Si supiera que sus contactos pod‫ي‬an estar siendo perseguidos, dudar‫ي‬a. Y lo que quiz‫ل‬ sea m‫ل‬s importante, si supiera que Atyersus ha sido infiltrada, podr‫ي‬a censurar la informaciَn que nos diera para proteger a sus contactos. Recuerda que mintiَ, Nautzera; puso en riesgo la mism‫ي‬sima Gnosis para proteger a ese traicionero disc‫ي‬pulo suyo. Nautzera agasajَ al hombre con una extraٌa sonrisa, y aunque le

pareciَ malvada all‫ي‬, en su rostro, sintiَ que era totalmente justificada. --Estoy de acuerdo. Una cosa como ésa ser‫ي‬a intolerable. Pero desde hace mucho tiempo, Simas, nuestro éxito ha dependido de nuestra capacidad para garantizar la autonom‫ي‬a de los agentes que hacen el trabajo de campo. Siempre hemos confiado en los que conocen mejor la situaciَn para tomar las mejores decisiones. Y ahora, a causa de tu insistencia, negamos a uno de nuestros hermanos el conocimiento que necesita; un conocimiento que podr‫ي‬a salvarle la vida. Simas se levantَ abruptamente y se acercَ a él en las sombras. A pesar de la pequeٌa estatura y el semblante avejentado del hombre, a Nautzera se le puso la piel de gallina cuando estuvo cerca de él. --Pero nunca es tan sencillo, ‫؟‬o lo es ahora, amigo? Es el equilibrio entre el conocimiento y la ignorancia lo que avala nuestras decisiones. Créeme, a Achamian le hemos dado la proporciَn adecuada de ambas cosas‫ ؟‬.Me equivocaba al decir que la defecciَn de Inrau nos ser‫ي‬a de utilidad algْn d‫ي‬a? --No --reconociَ Nautzera, recordando las acaloradas discusiones que hab‫ي‬an mantenido dos aٌos antes. Entonces, le hab‫ي‬a preocupado que Simas estuviera solamente protegiendo a su querido alumno. Pero si algo le hab‫ي‬an enseٌado los a ٌos de Polchias Simas era que el hombre ten‫ي‬a tanta astucia como carencia de sentimientos. --As‫ ي‬pues, créeme en esto --le instَ, llevando una mano amable y manchada de tinta a su hombro--. Venga, viejo amigo, nosotros también tenemos nuestras arduas tareas. Satisfecho, Nautzera asintiَ. Arduas tareas, ciertamente. Quienquiera que persiguiera a sus informadores lo hac‫ي‬a con una facilidad mortificante, y eso sَlo pod‫ي‬a significar una cosa: a pesar de revivir la agon‫ي‬a de Seswatha noche tras noche, un Maestro del Mandato se hab‫ي‬a convertido en un traidor.

_____ 3 _____ SUMNA «Si el mundo es un juego cuyas reglas son escritas por Dios, y los hechiceros son los que hacen trampas y m‫ل‬s trampas, entonces ‫؟‬quién ha

escrito las reglas de la hechicer‫ي‬a?» Zarathinius, Una defensa de las artes arcanas

Principios de primavera, aٌo del Colmillo 4110, de camino a Sumna En el mar de Meneanor, les alcanzَ una tormenta. Achamian se despertَ de otro de los sueٌos, abraz‫ل‬ndose. Las viejas guerras de sus sueٌos parec‫ي‬an enmaraٌarse con la negrura de su camarote, el suelo inclinado y el coro de agua atronadora. Estaba tumbado, acurrucado, temblando mientras trataba de distinguir lo real de los sueٌos. Caras le acechaban en la negrura, retorcidas por el asombro y el horror. Formas con armaduras de bronce forcejeaban en la distancia. El humo embadurnaba el horizonte, y hab‫ي‬a un dragَn alz‫ل‬ ndose, ensortijado como ramas de metal negro. «Skafra...» Un trueno. En la cubierta, atenazados por la lluvia difusa, los marineros nronios gem‫ي‬an y suplicaban a Momas, Aspecto de la tormenta y el mar, y Dios de los dados.

El buque mercante nronio fondeَ fuera del puerto de Sumna, antiguo centro de la fe inrithi. Apoy‫ل‬ndose en una desgastada barandilla, Achamian observaba cَmo el bote del pr‫ل‬ctico del puerto se dirig‫ي‬a hacia ellos entre el oleaje. La gran ciudad era indistinguible del trasfondo, pero logrَ discernir los edificios de la Hagerna, el vasto complejo de templos, graneros y cuarteles que conformaba el centro administrativo de los Mil Templos. En el centro se erig‫ي‬a el legendario bastiَn de la Junriuma, el sanctasanctَrum del Colmillo. Pod‫ي‬a percibir la atracciَn de lo que en el pasado deb‫ي‬a de haber sido su grandeza, pero todo parec‫ي‬a acallado en la distancia, mudo. Sَlo m‫ل‬s piedra. Para los inrithi, éste era el lugar en el que los cielos poblaban la tierra. Sumna, la Hagerna y la Junriuma eran mucho m‫ل‬s que un lugar geogr‫ل‬fico; eran part‫ي‬cipes del devenir de la historia. Eran las bisagras del destino. Pero para Achamian eran cascarones de piedra. La Hagerna atra‫ي‬ a a hombres distintos de él, hombres que, segْn supon‫ي‬a, no pod‫ي‬an escapar al peso de su tiempo; hombres como su antiguo alumno Inrau. Siempre que Inrau hablaba de la Hagerna, lo hac‫ي‬a como si el

mism‫ي‬simo Dios le hubiera dictado sus palabras. Achamian se hab‫ي‬a sentido muy ofendido por lo que dec‫ي‬a, como con tanta frecuencia le suced‫ي‬a cuando se enfrentaba al entusiasmo excesivo de otro. El tono de Inrau ten‫ي‬a un ‫ي‬mpetu, una loca certidumbre, que pod‫ي‬a someter por la espada a ciudades, incluso a naciones, como si su recta alegr‫ي‬a pudiera acompaٌar a cualquier acto de locura. ‫ة‬sa era, de nuevo, la razَn por la que Maithanet deb‫ي‬a ser fieramente temido: poseer ese ‫ي‬mpetu era ya suficiente dolencia, pero transmitirlo... Se hizo una pausa para el pensamiento. Maithanet portaba una plaga cuyo principal s‫ي‬ntoma era la certidumbre. Cَmo Dios pod‫ي‬a ser equiparado con la ausencia de dudas era algo que Achamian nunca hab‫ي‬a comprendido. Después de todo, ‫؟‬ qué era Dios sino el misterio que todos ellos portaban consigo? ‫؟‬Qué era la duda sino una forma de morar en el interior del misterio? «Quiz‫ل‬, en ese caso, yo soy uno de los hombres m‫ل‬s p‫ي‬os», pensَ, sonriendo para sus adentros. Era un hombre que no escatimaba los falsos halagos a s‫ ي‬mismo. Demasiado rumiaba ya. --Maithanet --susurrَ entre dientes, pero el nombre también estaba vac‫ي‬o. Ni pod‫ي‬a amarrar los altisonantes rumores que revoloteaban a su alrededor ni proveerle de motivos suficientes para los cr‫ي‬menes que iba a cometer. Como arrastrado por un sentido de la obligaciَn hacia elْ nico pasajero al que no comprend‫ي‬a del todo, el capit‫ل‬n del buque mercante se uniَ a su silencio meditativo deteniéndose un poco m‫ل‬s cerca de lo prescrito por las normas del jnan, un error comْn entre los miembros de las castas inferiores. Era un hombre robusto, hecho, al parecer, de la misma madera que su barco. Sal y sol en sus antebrazos, el mar en su pelo despeinado y su barba. --La ciudad --dijo al fin-- no es un buen lugar para alguien como tْ. «Alguien como yo... Un hechicero en una ciudad sagrada.» No hab ‫ي‬a ninguna acusaciَn en las palabras o el tono de aquel hombre. Los nronios se hab‫ي‬an acostumbrado al Mandato, los dones del Mandato y las exigencias del Mandato. Pero ellos segu‫ي‬an siendo inrithi, los piadosos. Una cierta vacuidad en su expresiَn les val‫ي‬a para solventar esa contradicciَn. Siempre iban hablando por ah‫ ي‬de su herej‫ي‬a, quiz‫ل‬ esperando que si no la tocaban con palabras, tal vez pudieran mantener su fe intacta. --Ellos nunca saben qué somos --dijo Achamian--. Eso es lo horrible de los pecadores. Somos indistinguibles de los p‫ي‬os. --Eso me han dicho --respondiَ el hombre, evitando su mirada--. Los

Escogidos sَlo pueden verse entre ellos. --Hab‫ي‬a algo inquietante en su tono, como si estuviera investigando los detalles de un acto sexual il‫ي‬ cito. ‫؟‬Por qué hablar de eso? ‫؟‬Estaba el muy idiota tratando de congraciarse con él? A Achamian le sobrevino una imagen: él, de niٌo, trepando por unas grandes piedras --las que su padre utilizaba para secar las redes--, deteniéndose sin aliento de vez en cuando solamente para mirar a su alrededor. Algo hab‫ي‬a sucedido. Era como si hubiera abierto unos p‫ل‬ rpados distintos, unos p‫ل‬rpados que ten‫ي‬a debajo de los que normalmente abr‫ي‬a cada maٌana. Todo era exasperadamente r‫ي‬gido, como si la carne del mundo hubiera sido secada y tensada en los huecos que hay entre los huesos: la red contra la piedra, la rejilla de sombras proyect‫ل‬ndose sobre los huecos, las cuentas de agua recogidas entre las l‫ي‬neas de los tendones de sus manos, ،tan claras! Y dentro de esa rigidez, la sensaciَn de florecimiento interior, del colapso de ver en el ser, como si sus ojos hubieran sido arrojados al centro mismo de las cosas. Desde la superficie de piedra, se pod‫ي‬a ver a s‫ي‬ mismo, un niٌo oscuro alz‫ل‬ndose ante el disco solar. El tejido mismo de la existencia. El onta. El lo hab‫ي‬a «experimentado», y todav‫ي‬a no era capaz de expresarlo adecuadamente. A diferencia de la mayor‫ي‬a, hab‫ي‬a descubierto de inmediato que era uno de los Escogidos. Lo hab‫ي‬a sabido con la terca certidumbre de los niٌos. «،Atyersus!», recordaba haber gritado, sintiendo el vértigo de una vida que ya no estar‫ي‬a determinada por su casta, por su padre o por el pasado. De niٌo, las ocasiones en que el Mandato hab‫ي‬a pasado por su aldea de pescadores le hab‫ي‬an marcado profundamente. Primero el sonido de los platillos y después las figuras envueltas en sus ropajes, protegidas por parasoles portados por esclavos, empapadas del aura er َtica del misterio. ،Era todo tan remoto! Rostros imp‫ل‬vidos, tocados sَlo con los mejores cosméticos, y con el correspondiente desprecio jnanico por los pescadores de casta baja y sus hijos. Sَlo los hombres de altura m‫ي‬tica pod‫ي‬an estar detr‫ل‬s de caras como ésas; eso él lo sab‫ي‬a. Hombres impregnados de la gloria de Las Sagas. Matadores de dragones y asesinos de reyes. Profetas y abominaciones. Los meses de entrenamiento en Atyersus sirvieron para que ese infantilismo menguara. Hastiada, presuntuosa y enga‫ٌل‬ndose a s‫ي‬ misma, Atyersus sَlo era diferente en su escala. «‫؟‬Soy yo tan diferente de este hombre? --se preguntَ Achamian,

observando al capit‫ل‬n con el rabillo del ojo--. No tanto», pensَ, pero ignor َ al hombre de todos modos y se girَ para contemplar Sumna, nublosa entre las oscuras colinas. Sin embargo, a pesar de todo, era diferente. Tantas preocupaciones y tan poco a cambio. Diferente en que sus enfados pod ‫ي‬an abatir las puertas de la ciudad, pulverizar la carne y partir el hueso. Mucho poder, pero las mismas vanidades, los mismos miedos y caprichos infinitamente m‫ل‬s oscuros. Hab‫ي‬a tenido la esperanza de que lo m‫ي‬tico le elevara por encima de eso, que exaltara todos y cada uno de sus actos, pero en lugar de eso lo hab‫ي‬a desorientado... La distancia no ilustraba a nadie. Pod‫ي‬a convertir ese barco en un refulgente infierno y caminar por encima de las aguas totalmente indemne; no obstante, nunca podr‫ي‬a tener... la certidumbre. Eso casi lo hab‫ي‬a susurrado. El capit‫ل‬n le dejَ por un momento, visiblemente aliviado por la llamada de su tripulaciَn. El pr‫ل‬ctico se hab‫ي‬a subido al barco en movimiento. «‫؟‬Por qué se muestran tan distantes conmigo?» Aguijoneado por este pensamiento, bajَ la cabeza y mirَ las profundidades oscuras como el vino. «‫؟‬A quién desprecio yo?» Formular esa pregunta era responderla. ‫؟‬Cَmo no pod‫ي‬a sentirse uno aislado, distante, cuando la propia experiencia respond‫ي‬a a su boca? ‫؟‬Dَnde estaba el terreno firme en el que uno pod‫ي‬a permanecer cuando las simples palabras pod‫ي‬an arrasarlo todo? Se hab‫ي‬a convertido en un lugar comْn entre los eruditos de los Tres Mares comparar a los hechiceros con los poetas, una comparaciَn que a Achamian siempre le hab‫ي‬a parecido absurda. A duras penas pod‫ي‬a imaginar dos vocaciones tan tr‫ل‬gicamente distintas. Con la salvedad del miedo o la maquinaciَn pol‫ي‬tica, ningْn hechicero hab‫ي‬a creado nada con sus palabras. El poder, las brillantes r‫ل‬fagas de luz, pose‫ي‬an una irresistible direcciَn, y era la equivocada: la direcciَn hacia la destrucciَn. Era como si los hombres sَlo pudieran remedar el idioma de Dios, sَlo pudieran envilecer y embrutecer su canciَn. Cuando los hechiceros cantaban, dec‫ي‬a el proverbio, los hombres mor‫ي‬an. Cuando los hechiceros cantaban. E incluso entre los suyos, él era un anatema. Las otras Escuelas nunca le podr‫ي‬an perdonar al Mandato su herencia, la posesiَn de la Gnosis, el conocimiento del Antiguo Norte. Antes de su extinciَn, las grandes Escuelas del norte hab‫ي‬an contado con benefactores, pilotos que las conduc‫ي‬an entre bancos de arena que ninguna mente humana podr‫ي‬a llegar a concebir: la Gnosis de los

magos nohombres, la Quya, refinada a través de otros mil aٌos de astucia humana. En muchos sentidos, él era un dios para esos idiotas. Siempre necesitaba recordarse eso; no sَlo porque era halagador, sino porque eran ellos quienes no lo pod‫ي‬an olvidar. Los que le tem‫ي‬an, y por lo tanto los que inevitablemente le odiaban; lo arriesgar‫ي‬an todo en una Guerra Santa contra‫ي‬as Escuelas. Un hechicero que olvidara ese odio olvidaba cَmo seguir con vida. Detenido ante la inmensidad borrosa de Sumna, Achamian escuch َ cَmo los marineros discut‫ي‬an en el fondo, y cَmo el barco gru‫ٌي‬a acompasadamente con las gaviotas. Pensَ en el incendio de los Barcos Blancos en Neleost, mil aٌos antes. Todav‫ي‬a pod‫ي‬a percibir el humo enmohecido, ver el refulgir de la fatalidad en las aguas del anochecer, sentir su otro cuerpo temblando de fr‫ي‬o. Y Achamian se preguntَ adonde llevaba aquello, el pasado, y por qué, si ya hab‫ي‬a pasado, despertaba tanto dolor en su corazَn.

En las atestadas calles que hab‫ي‬a al otro lado de los muelles, Achamian, que con frecuencia se tornaba contemplativo ante las aglomeraciones de gente, volviَ a tomar conciencia de lo absurdo de su presencia all‫ي‬. Era un pequeٌo milagro que los Mil Templos hubiera permitido a las Escuelas mantener misiones en Sumna. Los inrithi ten‫ي‬ an la impresiَn de que Sumna no era solamente el corazَn de su fe y su sacerdocio, sino también, y de un modo literal, el corazَn mismo de Dios. La crَnica del Colmillo era la m‫ل‬s antigua y, en consecuencia, la m‫ل‬ s atronadora voz del pasado; tan antigua que carec‫ي‬a en s‫ ي‬misma de una historia clara, «inocente», como hab‫ي‬a escrito el gran comentarista ceneiano Gaeterius. Repleta de personajes, narraba las grandes invasiones migratorias que marcaron la ascensiَn de los hombres en Earwa. Por alguna razَn, el Colmillo siempre hab‫ي‬a estado en posesiَn de una tribu, los ketyai, y desde los primeros d‫ي‬as del Shigek, antes incluso del alzamiento de Kyraneas, hab‫ي‬a estado instalado en Sumna, o al menos eso suger‫ي‬an los documentos que hab‫ي‬an sobrevivido. En consecuencia, Sumna y el Colmillo se hab‫ي‬an convertido en dos cosas inseparables en la mentalidad de los hombres. Los peregrinajes a Sumna y el Colmillo eran una cosa y la misma, como si el lugar se hubiera convertido en un objeto y el objeto en un lugar. Caminar por Sumna era caminar por las escrituras.

No era sorprendente, pues, que se sintiera fuera de lugar. Se encontrَ siendo empujado tras una pequeٌa reata de mulas. Brazos y hombros, caras fruncidas y gritos. El movimiento en la callejuela se detuvo. Nunca hab‫ي‬a visto la ciudad tan enloquecedoramente llena. Girَ a uno de los hombres que le apretaban. Era un conriyano, a juzgar por su aspecto: solemne, de hombros anchos, con una densa barba; un miembro de la casta de los guerreros. --Dime --le preguntَ Achamian en sheyico--, ‫؟‬qué est‫ ل‬pasando? La impaciencia le llevَ a prescindir del jnan: estaban, a fin de cuentas, compartiendo su sudor. El hombre lo evaluَ con los ojos oscuros y una expresiَn curiosa en el rostro. --‫؟‬Quieres decir que no lo sabes? --le preguntَ, alzando la voz por encima del barullo. --‫؟‬Que no sé el qué? --respondiَ Achamian, sintiendo un ligero cosquilleo en la columna. --Maithanet ha llamado a los creyentes a Sumna --dijo, desconfiando de su ignorancia--. Va a revelar contra quién declarar‫ ل‬la Guerra Santa. Achamian estaba aturdido. Mirَ los rostros apelotonados a su alrededor y, de repente, se dio cuenta de cu‫ل‬ntos de ellos ten‫ي‬an el aspecto endurecido de la guerra. Casi todos iban ostensiblemente armados. La primera mitad de su misiَn, descubrir contra quién iba a declarar la Guerra Santa Maithanet, iba a resolverse por s‫ ي‬misma. «Nautzera y los dem‫ل‬s deb‫ي‬an saberlo. Pero ‫؟‬por qué no me lo dijeron?» Porque necesitaban que fuera a Sumna. Sab‫ي‬an que se resistir‫ي‬a a reclutar a Inrau, as‫ ي‬que lo hab‫ي‬an preparado todo para convencerlo de que deb‫ي‬a hacerlo. Una mentira por omisiَn --quiz‫ ل‬no fuera un pecado muy grande--, pero le hab‫ي‬a plegado a sus objetivos de todos modos. Manipulaciَn sobre manipulaciَn. Hasta el Quorum hac‫ي‬a trampas con sus propias piezas. Era un viejo esc‫ل‬ndalo, pero no por ello dejaba de escocer. El hombre siguiَ hablando, con los ojos refulgentes de un repentino fervor. --Roguemos por que hagamos la guerra contra las Escuelas, amigo, y no contra los fanim. La hechicer‫ي‬a es siempre el mayor c‫ل‬ncer. Achamian a punto estuvo de darle la razَn.

Achamian alzَ el brazo con la intenciَn de meter un dedo en la ranura que hab‫ي‬a en el centro de la espalda de Esmenet, pero vacilَ, y en su lugar se cubriَ con un montَn de s‫ل‬banas manchadas. La habitaciَn era oscura, densa a causa del calor de su acoplamiento. A través de las sombras, ve‫ي‬a las migas y los desperdicios que hab‫ي‬a por todo el suelo. Una cegadora rendija en las contraventanas era laْ nica fuente de luz. El estruendo de la calle se colaba por los delgados muros. --‫؟‬Nada m‫ل‬s? --dijo, sintiéndose remotamente aturdido por la inseguridad de su propia voz. --‫؟‬Qué quieres decir con «nada m‫ل‬s»? --La voz de ella estaba marcada por una herida vieja y paciente. Ella le hab‫ي‬a malinterpretado, pero antes de que se pudiera explicar, le sobrevino una repentina sensaciَn de n‫ل‬usea y calor asfixiante. Se obligَ a salir de la cama y a ponerse en pie, e inmediatamente se sintiَ como si fuera a caer de rodillas. Las piernas se le combaban, y se apoyَ como un borracho en el aparador. Un escalofr‫ي‬ o le recorriَ el vello de los brazos y el cuero cabelludo, y volviَ a descender. --‫؟‬Aldea? --preguntَ ella. --Estoy bien --respondiَ él--. El calor. Achamian se incorporَ y regresَ como pudo al colchَn, que daba vueltas. El tacto de ella contra su piel le pareciَ como el de un puٌado de anguilas ardiendo. ،Tanto calor a principios de primavera! Era como si el mundo tuviera fiebre ante la perspectiva de la Guerra Santa de Maithanet. --‫؟‬Has sufrido las fiebres antes? --dijo ella, con la voz aprensiva. Las fiebres no eran contagiosas, eso lo sab‫ي‬a todo el mundo. tuve hace --S‫ ي‬--dijo él con voz ronca. «Est‫ل‬s a salvo», pens .--Las َ seis aٌos, en una misiَn en Cingulat... Estuve a punto de morir. --Hace seis aٌos --repitiَ ella--. Mi hija muriَ ese mismo aٌo. Amargura. Se sorprendiَ lamentando la facilidad con que su dolor se convirtiَ en el de ella. Le vino a la mente una imagen del posible aspecto de su hija: robusta pero con buena osamenta, el cabello oscuro y l‫ل‬nguido cortado corto siguiendo la costumbre de la casta baja, una mejilla perfectamente curva como la palma de la mano. Pero en realidad era a Esmi a quien estaba viendo. A ella de niٌa. Permanecieron en silencio un largo rato. Los pensamientos de

Achamian se aposentaron. El calor se tornَ tranquilizador, perdiَ el filo acre de sus esfuerzos. «Ella ha malinterpretado lo que le he dicho antes», pensَ Achamian, recordando el extraٌo tono herido de su voz. ‫ة‬l solamente hab‫ي‬a querido saber si hab‫ي‬a algo m‫ل‬s que rumores. En cierto modo, Achamian siempre hab‫ي‬a sabido que regresar‫ي‬a all‫ي‬, no sَlo a Sumna, sino a ese lugar, entre los brazos y las piernas de aquella mujer cansada. Esmenet, un nombre extraٌo y pasado de moda para una mujer de su car‫ل‬cter, pero a la vez sorprendentemente apropiado para una prostituta. «Esmenet.» ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a un nombre afectarle tanto? Ella se hab‫ي‬a empequeٌecido en los cuatro aٌos que hab‫ي‬an transcurrido desde laْ ltima visita de Achamian a Sumna. M‫ل‬s demacrada, ten‫ي‬a el humor dolido por la acumulaciَn de muchas heridas pequeٌas. Sin dudarlo, Achamian la hab‫ي‬a buscado después de abrirse paso en el atestado puerto, sorprendido por su propio entusiasmo. Verla sentada en la ventana hab‫ي‬a sido extraٌo, una mezcla de pérdida y vanidad, como si hubiera reconocido a un rival de la infancia tras el rostro picado de un leproso o un pordiosero. --Veo que sigues coleccionando bastones --hab‫ي‬a dicho ella sin la menor expresiَn de sorpresa en su mirada. La grasa infantil también hab‫ي‬a desaparecido de su ingenio. Gradualmente, ella fue arranc‫ل‬ndole de sus preocupaciones y adentr‫ل‬ndole en su intrincado mundo de anécdotas y s‫ل‬tiras. De un modo inevitable, hab‫ي‬an acabado yendo a su habitaciَn, y Achamian le hab‫ي‬a hecho el amor con una urgencia que le sorprendiَ, como si le hubiera sido imposible aplazar la animalidad de ese acto, un aplazamiento de la agitaciَn de su misiَn. Achamian hab‫ي‬a ido a Sumna por dos razones: para determinar si el nuevo Shriah planeaba lanzar una Guerra Santa contra las Escuelas y para descubrir si el Consulto ten‫ي‬a algo que ver en esos trascendentales acontecimientos. La primera hab‫ي‬a sido un objetivo tangible, algo que podr‫ي‬a utilizar para racionalizar su traiciَn a Inrau. La segunda era... fantasmal, y pose‫ي‬a una anemia febril de excusas que no bastaban ni de lejos para lograr la absoluciَn. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a utilizar la guerra del Mandato contra el Consulto para racionalizar la traiciَn cuando la guerra en s‫ ي‬misma hab‫ي‬a acabado pareciendo tan irracional? ‫؟‬De qué otro modo se pod‫ي‬a describir una guerra sin enemigo? --Maٌana debo encontrar a Inrau --dijo, m‫ل‬s a la oscuridad que a Esmenet.

--‫؟‬Todav‫ي‬a tienes la intenciَn de... convertirlo? --No lo sé. La verdad es que sé muy poca cosa. --‫؟‬Cَmo puedes decir eso, Akka? A veces me pregunto si hay algo que tْ no sepas. Siempre hab‫ي‬a sido una zorra consumada. Atend‫ي‬a primero al cuerpo y luego al corazَn de Achamian. «No sé si podré soportar esto otra vez.» --Me he pasado toda la vida entre gente que me considera un loco, Esmi. Ella se riَ al o‫ي‬r eso. Pese a que hab‫ي‬a nacido en una casta baj‫ي‬ sima y nunca hab‫ي‬a recibido ninguna educaciَn --al menos formal--, Esmenet siempre hab‫ي‬a apreciado la iron‫ي‬a. Era una de las muchas cosas que la hac‫ي‬an distinta de las otras mujeres, de las otras prostitutas. --Me he pasado la vida entre gente que me considera una ramera. Achamian sonriَ en la oscuridad. --Pero no es lo mismo. Tْ eres una ramera. --‫؟‬De modo que tْ no est‫ل‬s loco? Ella se riَ, y Achamian se sintiَ decepcionado. Esa ingenuidad femenina era una charada, o al menos eso hab‫ي‬a cre‫ي‬do él siempre, algo fingido para los hombres. Le recordَ que era un cliente, que a fin de cuentas no eran amantes. --De eso se trata, Esmi. Que yo esté loco o no depende de si mi enemigo existe. --Achamian vacilَ, como si las palabras le hubieran llevado a un precipicio sin aliento--. Esmenet..., tْ me crees, ‫؟‬verdad? --‫؟‬Que si creo a un mentiroso inveterado como tْ? Por favor, no me insultes. Fue un atisbo de irritaciَn que r‫ل‬pidamente lamentَ. --No, en serio... Ella se detuvo antes de responder. --‫؟‬Creo yo en la existencia del Consulto? «Ella, no.» Achamian sab‫ي‬a que la gente que repet‫ي‬a las preguntas ten‫ي‬a miedo de responderlas. Sus hermosos ojos marrones le escudriٌaron en la oscuridad. --Digamos simplemente, Akka, que creo que la pregunta del Consulto existe. Su mirada ten‫ي‬a algo suplicante. Achamian sintiَ m‫ل‬s escalofr‫ي‬os. --‫؟‬No es eso suficiente? --preguntَ ella. Incluso para él, el Consulto hab‫ي‬a abandonado el terror real para adentrarse en la ansiedad de las preguntas sin arraigo. Lament‫ل‬ndose

de la falta de respuesta, ‫؟‬se hab‫ي‬a olvidado de la importancia de la pregunta? --Debo encontrar a Inrau maٌana --dijo. Los dedos de Esmenet hurgaron en su barba, en su barbilla. Alzَ la cabeza como un gato. --Hacemos una pareja muy triste --dijo ella, como si hiciera un comentario casual. --‫؟‬Por qué dices eso? --Un hechicero y una ramera... Eso tiene algo triste. ‫ة‬l le cogiَ la mano y le besَ la punta de los dedos. --Todas las parejas tienen algo triste --dijo.

En su sueٌo, Inrau caminaba entre caٌones de ladrillo quemado, a través de caras y figuras iluminadas por restos de antorchas. Y o‫ي‬a una voz procedente de ninguna parte, gritando a través de sus huesos, por toda la superficie de su piel; dec‫ي‬a palabras como las sombras de puٌos, golpeando justo donde el ojo no ve‫ي‬a. Eran palabras que azotaban lo que quiera que quedara de él; palabras que caminaban con sus piernas. Vislumbrَ la fachada verdosa de la taberna; después, un grave, resplandeciente recinto lleno de humo, mesas y l‫ل‬mparas colgantes. La entrada lo envolviَ. El suelo inclinado le empujَ hacia adelante y le llevَ a una malévola oscuridad, en el extremo m‫ل‬s lejano de la sala. También le envolviَ; otra entrada. Todo se precipitaba hacia el hombre barbudo que ten‫ي‬a la cabeza apoyada en el estuco agrietado y la cara levantada en un ‫ل‬ngulo perezoso, pero tenso, en un éxtasis prohibido. La luz se vert‫ي‬a por su boca en movimiento. Co‫ل‬gulos de sol en sus ojos. «Achamian...» Entonces, el murmullo imposible se abriَ camino entre el alboroto de los clientes. El turbio interior de la taberna se tornَ robusto y vulgar. Los ‫ل‬ngulos de pesadilla se afilaron. El juego de las luces y de las sombras se volviَ vigorizante. --‫؟‬Qué est‫ل‬s haciendo aqu‫ ?ي‬--farfullَ Inrau, tratando de aclarar sus pensamientos--. ‫؟‬Eres consciente de lo que est‫ ل‬sucediendo? Escudriٌَ el interior de la taberna y a través de las vigas y de la neblina vio una mesa de Caballeros Shriah en el extremo opuesto, tan lejos que no le hab‫ي‬an visto. Achamian le observَ amargamente. --Me alegro de verte, chico.

Inrau frunciَ el ceٌo. --No me llames chico. Achamian sonriَ. --Pero ‫؟‬qué otra cosa --parpade --َse supone que un querido t‫ي‬o debe llamar a su sobrino‫? ؟‬Eh, chico? Inrau exhalَ un largo suspiro y se recostَ en la silla. --Me alegro de verte..., t‫ي‬o Akka. No era mentira. A pesar de las dolorosas circunstancias, se alegraba de verle. Durante un rato se arrepintiَ de haberse alejado del lado de su maestro. Sumna y los Mil Templos no eran los lugares, los santuarios, que él cre‫ي‬a que eran, al menos no hasta que Maithanet hab‫ي‬a sido elegido para el Trono. --Te he echado de menos --prosiguiَ Inrau--, pero Sumna... --No es un muy buen lugar para alguien como yo, lo sé. --Entonces, ‫؟‬por qué has venido? Estoy seguro de que has o‫ي‬do los rumores. --No he venido, y ya est‫ل‬, Inrau... --Achamian se detuvo, con el rostro repentinamente atribulado--. Me han enviado aqu‫ي‬. A Inrau se le erizَ el cuero cabelludo. --،Oh, no!, Achamian. Por favor, cuéntame... --Tenemos que saber de ese Maithanet --dijo Achamian en un tono forzado--, de esta Guerra Santa. No me cabe ninguna duda de que lo comprendes. Achamian bajَ su cuenco de vino. Por un momento, pareciَ estar desolado. Pero la repentina pena que Inrau sintiَ por él, el hombre que en tantos sentidos se hab‫ي‬a convertido en su padre, fue empequeٌecida por una atribulada sensaciَn de que el suelo desaparec‫ي‬a bajo sus pies. --Pero lo prometiste, Akka. Lo prometiste. Las l‫ل‬grimas refulgieron en los ojos del Maestro. Eran l‫ل‬grimas prudentes, pero igualmente llenas de arrepentimiento. --El mundo tiene por costumbre --dijo Achamian-- romper mis promesas.

A pesar de que Achamian hab‫ي‬a esperado presentarse ante Inrau bajo la apariencia de un profesor que finalmente reconoce en un antiguo alumno a un igual, una pregunta jam‫ل‬s formulada segu‫ي‬a importun‫ل‬ ndole: «‫؟‬Qué estoy haciendo?». Escudriٌando al hombre joven, sintiَ una punzada de afecto. Su

rostro parec‫ي‬a extraٌamente aguileٌo afeitado a la moda nansur. Pero la voz era familiar y estaba cada vez m‫ل‬s y m‫ل‬s enmaraٌada en ideas que compet‫ي‬an entre s‫ي‬. Y también sus ojos: exuberantes, anchos y marrَn vidrioso, perpetuamente girando sobre el vértice de la honesta duda en s‫ ي‬mismo. Inrau hab‫ي‬a sido m‫ل‬s maldecido que los otros al recibir el don de los Escogidos. Por su temperamento, estaba perfectamente dotado para ser un sacerdote de los Mil Templos. El atisbo de candor desinteresado, de atrevida pasiَn, ésas eran las cosas de las que el Mandato le hab‫ي‬a despojado. --Pero Maithanet es m‫ل‬s de lo que podéis comprender --estaba diciendo Inrau. Todo el cuerpo del joven parec‫ي‬a estremecerse bajo la violenta corriente de aire de la taberna--. Algunos casi le rinden culto, aunque esto le hace montar en cَlera. Debe ser obedecido; no, adorado. Por eso escogiَ ese nombre... --‫؟‬Escogiَ? A Achamian no se le hab‫ي‬a ocurrido que su nombre pudiera significar algo. Eso le perturbَ. Era una tradiciَn Shriah adoptar un nuevo nombre. ‫؟‬Cَmo cosas tan simples se le pod‫ي‬an pasar por alto? --S‫ ي‬--respondiَ Inrau--. De mai'tahana. Achamian no conoc‫ي‬a la palabra. Pero antes de que pudiera preguntar, Inrau prosiguiَ su explicaciَn en un tono desafiante, como si el antiguo alumno sَlo entonces, finalmente fuera del alcance del Mandato, pudiera dar rienda suelta a viejos resentimientos. --Su significado te ser‫ ل‬desconocido. Mai'tahana es un término del thoti-eannoreano, el idioma del Colmillo. Significa «instrucciَn». «‫؟‬Y qué conclusiَn debo sacar de eso?» --‫؟‬Y nada de esto te inquieta? --le preguntَ Achamian. --‫؟‬Nada de qué me inquieta? --El hecho de que Maithanet haya logrado sin ningْn esfuerzo el Trono, de que fuera capaz, en cuestiَn de semanas, de purgar el aparato del Shriah de todos los esp‫ي‬as del Emperador. --‫؟‬Inquietarme? --gritَ Inrau con incredulidad--. Mi corazَn est‫ل‬ exultante por esas cosas. No tienes ni la menor idea de lo profundamente desesperado que estaba cuando llegué a Sumna, cuando llegué y me di cuenta de lo sَrdidos y corruptos que se hab‫ي‬an vuelto los Mil Templos, cuando me di cuenta de que el propio Shriah era simplemente otro de los perros del Emperador. Y entonces, llegَ Maithanet. ،Como una tormenta! Una de esas infrecuentes tormentas de verano que barren la tierra y la dejan limpia. ‫؟‬Inquieto por la facilidad con que limpiَ Sumna? Akka, me alegré.

--Entonces ‫؟‬qué pasa con esta Guerra Santa? ‫؟‬Acaso tu corazَn también se alegra al pensar en ella? ‫؟‬Al pensar en otra Guerra Escol‫ل‬ stica? Inrau dudَ, como si le sorprendiera que su vigor anterior se hubiera apagado tan r‫ل‬pidamente. --Nadie sabe contra quién se va a librar esta Guerra Santa --dijo fr‫ي‬ amente. Por mucho que Inrau despreciara al Mandato, Achamian sab‫ي‬a que la idea de la destrucciَn le horrorizaba. «Una parte de él mora entre nosotros todav‫ي‬a.» --‫؟‬Y si Maithanet declara la guerra contra las Escuelas? ‫؟‬Qué pensar‫ل‬s de él entonces? --No lo har‫ل‬, Akka. Estoy seguro de eso. --Pero ésa no era mi pregunta, ‫؟‬no? --Achamian se estremeciَ en su interior por la falta de misericordia de su tono--. Si Maithanet declara la guerra contra las Escuelas, ‫؟‬entonces, qué? Inrau se llevَ las manos --unas manos delicadas para un hombre, como siempre hab‫ي‬a pensado Achamian-- a la cara. --No lo sé, Akka. Me he hecho esa misma pregunta mil veces, y todav‫ي‬a no lo sé. --Pero ‫؟‬por qué? Ahora eres un sacerdote Shriah, Inrau, un apَstol de Dios tal como fue revelado por el Ultimo Profeta y el Colmillo. ‫؟‬Acaso no exige el Colmillo que todos los hechiceros sean quemados? --S‫ي‬, pero... --Pero ‫؟‬el Mandato es distinto? ‫؟‬Una excepciَn? --S‫ي‬. Es distinto. --‫؟‬Por qué? ‫؟‬Porque un viejo idiota al que amaste en el pasado es uno de ellos? --Baja la voz --susurrَ Inrau, mirando de soslayo y con preocupaciَn la mesa de los Caballeros Shriah--. Sabes perfectamente por qué, Akka. Porque te quiero como padre y como amigo, sin duda, pero porque también... respeto la misiَn del Mandato. --As‫ ي‬que si Maithanet declara la guerra contra las Escuelas, ‫؟‬qué pensar‫ل‬s? --Me apenar‫ي‬a. --‫؟‬Te apenar‫ي‬a? Me parece que no, Inrau. Creer‫ي‬as que est‫ل‬ equivocado. Por muy brillante y sagrado que Maithanet sea, pensar‫ي‬as: «،No ha visto lo que yo he visto!» Inrau asintiَ, ausente. --Los Mil Templos --prosiguiَ Achamian, con un tono m‫ل‬s gentil--

siempre han sido la m‫ل‬s poderosa de las Grandes Facciones, pero se ha visto con frecuencia mermada, si no arrasada, por la corrupciَn. Maithanet es el primer Shriah en siglos que reclama su preeminencia. Y ahora en los concili‫ل‬bulos secretos de cada facciَn, hombres despiadados preguntan: ‫؟‬qué har‫ ل‬Maithanet con ese poder?, ‫؟‬contra quién dirigir‫ ل‬esta Guerra Santa?, ‫؟‬contra los sacerdotes fanim y los cishaurim?, ‫؟‬o contra los condenados por el Colmillo, las Escuelas? Nunca Sumna hab‫ي‬a estado tan llena de esp‫ي‬as como ahora. Merodean por los Recintos Sagrados como buitres a los que se ha prometido un cad‫ل‬ver. La Casa Ikurei y los Chapiteles Escarlatas tratar‫ل‬ n de dar con el modo de ligar los planes de Maithanet con los suyos. Los kianene y los cishaurim vigilar‫ل‬n con los ojos bien abiertos todos sus movimientos, temiéndose que su lecciَn sea para ellos. Minimizar o explotar, Inrau; todos ellos est‫ل‬n aqu‫ ي‬por una de esas dos razones. Sَlo el Mandato permanece fuera de este sَrdido c‫ي‬rculo. Una vieja t‫ل‬ctica, eficaz gracias a un ingenio desesperado. Cuando se recluta a un esp‫ي‬a uno tiene que abrir con las palabras un espacio seguro, hacer que parezca que lo que est‫ ل‬en juego no es la traiciَn, sino una fidelidad mayor y m‫ل‬s exigente. L‫ي‬mites, darle l‫ي‬mites m‫ل‬s amplios con los que interpretar la traiciَn de sus acciones. Ante todo, un esp‫ي‬a que recluta esp‫ي‬as debe ser un maestro en la narraciَn de historias. --Ya lo sé --dijo Inrau, contempl‫ل‬ndose la palma de la mano derecha--. Ya lo sé. --Y si hay algْn lugar --dijo Achamian-- en el que una facciَn oculta pueda ser encontrada es aqu‫ي‬. Todas las razones que me has dado para explicar tu devociَn a Maithanet son las razones por las que el Mandato debe vigilar a los Mil Templos. Si el Consulto puede encontrarse en algْn lugar, Inrau, es aqu‫ي‬. En cierto sentido, loْ nico que Achamian hab‫ي‬a hecho era tirar del hilo de unas afirmaciones en absoluto polémicas, pero la historia que hab‫ي‬a explicado ante Inrau era clara, aunque al joven no le pareciera as ‫ي‬. De todos los sacerdotes Shriah en la Hagerna, sَlo Inrau ser‫ي‬a capaz de ver los l‫ي‬mites m‫ل‬s amplios; sَlo él actuar‫ي‬a movido por intereses que no ser‫ي‬an provincianos ni autoengaٌos. Los Mil Templos era un buen lugar, pero era desventurado. Ten‫ي‬a que ser protegido de su propia inocencia. --Pero el Consulto --dijo Inrau, mirando a Achamian con una expresiَn dolorida--. ‫؟‬Y si ellos han muerto? Si hago lo que me pides a cambio de nada, Akka, entonces estaré condenado. --Como si se temiera un castigo inmediato, mirَ ansiosamente a su espalda.

--Pero la pregunta, Inrau es: ‫؟‬y si ellos...? Achamian se detuvo, inmovilizado por la horrorizada expresiَn del joven sacerdote. --‫؟‬Qué pasa? --Me han visto. --Tragَ saliva r‫ي‬gidamente--. Los Caballeros Shriah que hay detr‫ل‬s de m ,...‫ي‬a tu izquierda. Achamian hab‫ي‬a visto que los Caballeros entraban poco después de su llegada, pero aparte de asegurarse de que no estaban entre los Escogidos, apenas les hab‫ي‬a prestado atenciَn. ‫؟‬Y por qué deber‫ي‬a haberlo hecho? En misiones como ésa, resultar llamativo era un punto a favor. Lo que llamaba la atenciَn eran los hombres normales, no los fanfarrones. Mirَ de reojo a la pequeٌa gruta de l‫ل‬mparas en la que los tres Caballeros estaban sentados. Uno de ellos, un hombre bajo y fornido con el pelo lanoso, todav‫ي‬a llevaba puesta la malla de su armadura, pero los otros dos vest‫ي‬an los ropajes blancos con bordados de oro de los Mil Templos, al igual que Inrau, si bien el traje de aquellos hombres consist‫ي‬a en una extraٌa mezcla de uniforme marcial y las vestiduras sacerdotales caracter‫ي‬sticas de los Caballeros Shriah. El hombre con la armadura trazَ unos c‫ي‬rculos en el aire con un hueso de pollo, describiendo algo con avidez --una mujer o una batalla, tal vez-- a sus camaradas, que estaban al otro lado de la mesa. El hombre que estaba entre ellos, con la cara fl‫ل‬ccida y la arrogancia de la casta alta, mirَ a Achamian a los ojos y asintiَ. Sin decir una palabra a sus compaٌeros, el hombre se puso en pie y se dirigiَ a grandes zancadas hacia su mesa. --Viene uno de ellos --dijo Achamian, sirviéndose otro cuenco de vino--. Asْstate, tranquil‫ي‬zate, haz lo que quieras, pero déjame hablar. ‫؟‬ De acuerdo? Un asentimiento sin resuello. El Caballero Shriah sorteَ las mesas y los clientes circundantes con maneras bruscas; se detuvo en una ocasiَn para apartar con brusquedad a un transportista que se tambaleaba en mitad de su camino. Ten‫ي‬a una esbeltez patricia, iba bien afeitado y llevaba el cabello negro azabache muy corto. Parec‫ي‬a que el blanco de su intrincada tْnica hac‫ي‬a encoger a las sombras, pero por alguna razَn, su cara no. Llegَ portando la esencia del jazm‫ي‬n y la mirra. Inrau levantَ la mirada. --Creo que te he reconocido --dijo el Caballero Shriah--. Inrau, ‫؟‬ verdad?

--S-s‫ي‬, Sarcellus. ‫؟‬Sarcellus? El nombre le resultaba extraٌo a Achamian, pero el estremecimiento de Inrau sَlo pod‫ي‬a significar que se trataba de alguien poderoso, demasiado poderoso para tratar en persona, habitualmente, a los pequeٌos funcionarios del templo. «Un Caballero-Comandante...» Achamian mirَ de soslayo m‫ل‬s all‫ ل‬de su torso y vio a los otros dos Caballeros observ‫ل‬ndolos. El de la armadura se inclinَ hacia un lado y murmurَ algo que hizo re‫ي‬r al otro. «Esto es alguna clase de broma. Algo para divertir a sus amigos.» --‫؟‬Y quién es éste? --preguntَ Sarcellus, gir‫ل‬ndose hacia Achamian--. ‫؟‬Te est‫ ل‬causando algْn problema? Achamian se bebiَ el vino de golpe y, furiosamente, apartَ la mirada del Caballero-Comandante, como un viejo borracho que no tolera interrupciones. --El niٌo es hijo de mi hermana --le espet --yَ est ‫ل‬de mierda hasta el cuello-- .Entonces, como si se le ocurriera después, aٌadi --:َSeٌor. --‫؟‬Ah, s‫ ?ي‬Le ruego que me diga por qué. Rebuscando en sus bolsillos como si buscara una moneda suelta, Achamian negَ con la cabeza con un enfado sardَnico, aْn sin posar la mirada en el interrogador. --Por comportarse como un idiota, ‫؟‬por qué si no? Puede vestir de oro y blanco, pero es un estْpido mojigato igualmente. --‫؟‬Y quién eres tْ para reprender a un sacerdote Shriah, eh? --‫؟‬Qué? ‫؟‬Yo reprendiendo a Inrau? --exclamَ Achamian, imitando el miedo sarc‫ل‬stico de un borracho--. Por lo que a m‫ ي‬respecta, el niٌo es una perita en dulce. Sَlo le estoy transmitiendo el mensaje de mi hermana. --Ya veo. ‫؟‬Y quién es ella? Achamian se encogiَ de hombros y sonriَ, lamentando moment‫ل‬ neamente tener la boca llena de dientes. --‫؟‬Mi hermana? Mi hermana es una puerca en celo. Sarcellus parpadeَ. --،Hummm! Si as‫ ي‬es, ‫؟‬qué eres tْ? --،El hermano de una puerca! --gritَ Achamian, que finalmente mirَ al hombre a la cara--. No resulta raro que el niٌo esté cubierto de mierda, ‫؟‬ eh? Sarcellus sonriَ, pero sus grandes ojos marrones permanecieron extraٌamente muertos. Se girَ hacia Inrau. --El Shriah nos exige nuestra diligencia, joven apَstol, m‫ل‬s ahora que en cualquier tiempo del pasado. Pronto declarar ‫ل‬contra quién

lanzaremos la Guerra Santa‫ ؟‬.Est‫ل‬s seguro de que irte de juerga con un payaso, por mucho que tenga lazos de sangre contigo, es una buena idea justo antes de un momento trascendental? --‫؟‬Y qué hay de ti? --murmurَ Achamian, sirviéndose m‫ل‬s vino--. Préstale atenciَn a tu t‫ي‬o, niٌo. Los bellacos pomposos y engre‫ي‬dos como... El dorso de la mano de Sarcellus le golpeَ el lado de la cabeza, dejَ su silla inclinada sobre dos tambaleantes patas y, finalmente, le derribَ al suelo adoquinado. La taberna estallَ en gritos y aullidos. Sarcellus apartَ la silla de una patada y, con el aire rutinario de un rastreador que olisquea un rastro, se acuclillَ junto a él. Achamian se protegiَ la cara con los brazos temblorosos. --،Asesino! --logrَ gritar el actor que llevaba dentro. Una mano de hierro le atenazَ la nuca y lo levantَ hasta alzar su o‫ي‬ do a los labios de Sarcellus. --Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a que ten‫ي‬a ganas de hacer esto, cerdo --susurrَ el hombre. Y entonces desapareciَ. El duro suelo. Un vislumbre de su espalda alej‫ل‬ndose. Achamian tratَ de levantarse. ،Malditas piernas! ‫؟‬Dَnde estaban? La cabeza colgando hacia atr‫ل‬s. Una l‫ل‬grima blanca de la luz de la l‫ل‬mpara, refulgiendo sobre un colgante de latَn, iluminando las vigas y el techo, las telaraٌas y las moscas momificadas. Después Inrau, detr‫ل‬s de él, gruٌendo mientras le ayudaba a ponerse en pie, susurrando algo inaudible mientras le arrastraba a su asiento. Apoyado en su silla, apartَ las manos maternales de Inrau. --Estoy bien --dijo con voz ronca--. Sَlo necesito un momento para recuperar el aliento. Achamian sorbiَ el aire por sus fosas nasales, se apretَ un lado de la cara con la mano y se hundiَ los dedos retorcidos entre la barba. Inrau volviَ a sentarse y observَ con aprensiَn cَmo cog‫ي‬a de nuevo el vino. --Un p-poco m‫ل‬s dram‫ل‬tico de lo que quer‫ي‬a --dijo Achamian con un displicente aire de buen humor. Cuando sus manos temblorosas derramaron las primeras gotas de vino, Inrau se acerc َy le quit a َ mablemente el decantador. --Akka... «،Malditas manos! Siempre temblando.» Achamian observَ cَmo Inrau le serv‫ي‬a el vino en el cuenco. Tranquilidad. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a estar tranquilo el chico? --Una pizca demasiado dram‫ل‬tico, p-pero eficaz..., igualmente

eficaz. Y eso es lo que importa. Se secَ las l‫ل‬grimas de los ojos con el pulgar y el ‫ي‬ndice. ‫؟‬De dَnde hab‫ي‬an salido? «El aguijَn. Eso es, el aguijَn.» --Le he tomado el pelo, chico. --Un resoplido que quer‫ي‬a ser una risa--. ‫؟‬Has visto cَmo lo he hecho? --Lo he visto. --Bien --declarَ, bebiéndose de golpe el vino del cuenco y jadeando--. Observa y aprende. Observa y aprende. Inrau volviَ a servirle en silencio. A Achamian empezaron a dolerle la mejilla y la mand‫ي‬bula, antes feroces e impertérritas. Una rabia incomprensible se adueٌَ de él. --،Las iras que podr‫ي‬a haber desencadenado! --espetَ en voz baja para asegurarse de que no le oir‫ي‬an. «‫؟‬Qué m‫ل‬s da si vuelve?» Mirَ de reojo, r‫ل‬pidamente, a Sarcellus y los otros dos Caballeros Shriah. Se estaban riendo de algo, de un chiste o de algo as‫ ;ي‬algo. haberle hecho hervir el --،Las palabras que sé! --gru، .--ٌPodr‫ي‬a َ corazَn en el pecho! Se zampَ otro cuenco, como aceite ardiendo en su helado intestino. --Lo he hecho antes. --«‫؟‬Era yo ése?» --Akka --dijo Inrau--, tengo miedo.

Nunca hab‫ي‬a visto Achamian a tanta gente reunida en un lugar, ni siquiera en los Sueٌos de Seswatha. La gran plaza central de la Hagerna era una selva de humanidad. En la distancia, baٌados en la luz del sol, los muros inclinados de la Junriuma se alzaban sobre las masas. De los edificios circundantes, sَlo ése parec‫ي‬a inmune a las multitudes. Los otros, diseٌados en losْ ltimos y m‫ل‬s gr‫ل‬ciles d‫ي‬as del Imperio Ceneiano, estaban abrumados por la retorcida maraٌa de guerreros, esposas, esclavos y comerciantes. Armas colgantes y rostros indefinidos congestionaban los balcones y las largas columnatas del recinto administrativo. Montones de jَvenes estaban posados como palomas entre los cuernos curvos y las grupas de los tres Toros Agoglianos que normalmente dominaban el corazَn de la plaza. Hasta las anchas avenidas procesionales, que bajaban por entre la bruma de la gran Sumna, estaban atestadas de gente que se mov‫ي‬a lentamente, recién llegados que todav‫ي‬a esperaban abrirse paso hasta m‫ل‬s cerca, m‫ل‬s cerca de Maithanet y su revelaciَn. Achamian no hab‫ي‬a tardado mucho en lamentar haberse acercado

tanto a la Junriuma. El sudor le aguijoneaba los ojos. Por todos lados, extremidades y cuerpos se tambaleaban contra él. Finalmente, Maithanet se dispon‫ي‬a a anunciar contra quién se declarar‫ي‬a la Guerra Santa, y como el agua en una esclusa, los fieles hab‫ي‬an acudido en riadas. Achamian se encontraba periَdicamente arrastrado por mareas en movimiento. Era imposible permanecer inmَvil. La presiَn lo habr‫ي‬a tragado y se hubiera visto lanzado contra las espaldas de los que estaban ante él. Casi pod‫ي‬a creer que nada se mov‫ي‬a, exceptuando el suelo bajo sus pies, agitado por un ejército oculto de sacerdotes deseosos de ver cَmo se asfixiaban. En cierto momento, lo maldijo todo: el sol castigador, los Mil Templos, el antebrazo entre sus hombros, Maithanet. Pero los instantes m‫ل‬s feroces los reservَ para Nautzera y para su propia y maldita curiosidad. Parec‫ي‬a que una combinaciَn de las dos cosas era lo que le hab‫ي‬a llevado all‫ي‬. Entonces, se dio cuenta: «Si Maithanet declara la guerra contra las Escuelas...». Entre tantos, ‫؟‬qué posibilidades hab‫ي‬a de que le reconocieran como un hechicero, como un esp‫ي‬a? Ya se hab‫ي‬a topado con varios hombres rodeados de la mareante aureola de una Baratija. Era costumbre que los miembros de las castas dirigentes llevaran su Chorae colgando alrededor del cuello. Las masas estaban pespunteadas por pequeٌos puntos que susurraban muerte. «Yo..., la primera v‫ي‬ctima de la nueva Guerra Escol‫ل‬stica«. La iron‫ي‬a de ese pensamiento fue suficiente para dibujarle una mueca en el rostro. Las im‫ل‬genes revoloteaban ante el ojo de su alma: fan‫ل‬ticos seٌal‫ل‬ndole y gritando «،blasfemo!, ،blasfemo!», su cuerpo desmembrado lanzado por encima de una muchedumbre furibunda. «‫؟‬Cَmo puedo haber sido tan estْpido?» El miedo, el calor y la hediondez le hac‫ي‬an sentir n‫ل‬useas. La mejilla y la mand‫ي‬bula le lat‫ي‬an con fuerza otra vez. Hab‫ي‬a visto a otros --en sus sienes un entramado de brillantes venas, los ojos adormilados por una confusiَn cercana a la inconsciencia-- que eran alzados entre la multitud y transportados bajo el sol sobre una ola de manos alzadas. Verlo le hab‫ي‬a infundido una mezcla de asombro y desolaciَn, aunque no sab‫ي‬a por qué. Mirَ hacia la inmensidad de la Junriuma, la C‫ل‬mara del Colmillo, que se ergu‫ي‬a en un silencio pétreo sobre las multitudes. Grupos de sacerdotes y otros funcionarios pululaban por las alturas y se inclinaban

sobre las almenas. Vio cَmo una figura volcaba una cesta de lo que parec‫ي‬an pétalos de flor blancos y amarillos. Cayeron revoloteando por las laderas de granito antes de posarse sobre la formaciَn de Caballeros Shriah que guardaban con barricadas los rellanos inferiores. Fortaleza y templo, la Junriuma ten‫ي‬a el aire monol‫ي‬tico de los edificios destinados a repeler ejércitos, tal como hab‫ي‬a hecho muchas veces en el pasado. Suْ nica concesiَn a la fe era la gran entrada abovedada de la puerta delantera, flanqueada por dos pilares kyraneanos, sus dimensiones eran tales que sَlo pod‫ي‬a empequeٌecer a cualquier hombre que permaneciera debajo de ella. Achamian esperaba que Maithanet fuera la excepciَn. Durante losْ ltimos d‫ي‬as, especialmente después del desconcertante encuentro con el Caballero-Comandante, el nuevo Shriah hab‫ي‬a llegado a hacerse un gran hueco en sus pensamientos, un hueco que Achamian ten‫ي‬a que llenar con la fuerza de la presencia del hombre. «‫؟‬Merece tu devociَn, Inrau? ‫؟‬Merece Maithanet tu vida?» Las Trompas de la Llamada, cuyo timbre sin fondo tanto se parec‫ي‬ a a las antiguas trompas de la guerra de los sranc, sonaron detr‫ل‬s de él. Cientos de ellas reverberaban entre los grandes huecos del cielo sobre sus cabezas. Alrededor de Achamian, los hombres empezaron a gritar, extasiados, prorrumpiendo en un rugido que fue llenando, y luego eclipsando, el quejido oce‫ل‬nico de las Trompas de la Llamada. Las Trompas se alejaron, y el rugido creciَ, hasta que pareciَ que los muros de la Junriuma se resquebrajar‫ي‬an y se vendr‫ي‬an abajo. Una formaciَn de niٌos calvos vestidos de color escarlata saliَ por la puerta de la C‫ل‬mara; saltaban descalzos por las monumentales escaleras y tribunas, sacudiendo hojas de palma en el aire. El rugido decreciَ lo suficiente como para que se distinguieran gritos individuales por encima de la estela de hombres que susurraban. Se percib‫ي‬an fragmentos de himnos que inmediatamente deca‫ي‬an y se desvanec‫ي‬ an. Las masas se hab‫ي‬an convertido en un trasfondo impaciente, lentamente acallado por la espera de los pasos que en seguida iban a darse por encima de él. «Todos nosotros por ti, Maithanet. Qué se debe sentir...» A pesar de lo que hab‫ي‬a dicho Inrau, Achamian sab‫ي‬a que el joven, a su manera, veneraba al nuevo Shriah, una idea que hab‫ي‬a herido su vanidad. Achamian siempre hab‫ي‬a valorado la adoraciَn de sus alumnos, y de ninguno m‫ل‬s que de Inrau. Entonces el viejo profesor hab‫ي‬a sido suplantado. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a él rivalizar con un hombre que

inspiraba acontecimientos como aquél? Pero él lo lograba. De alguna forma hab‫ي‬a arrastrado los ojos y los o‫ي‬dos del Mandato al corazَn de los Mil Templos. ‫؟‬Hab‫ي‬a sido su astucia lo que hab‫ي‬a convencido a Inrau, o fue su humillaciَn a manos de Sarcellus? ‫؟‬Era pena? ‫؟‬Acaso hab‫ي‬a vencido una vez m‫ل‬s fracasando? Una imagen de Geshrunni cruzَ sus pensamientos. El hecho de que lo hubiera logrado sin Palabras calmَ su vergüenza, al menos un tanto. Las habr‫ي‬a utilizado en caso de que Inrau se hubiera negado. Achamian no se hac‫ي‬a ilusiones. Si no hubiera conseguido su misiَn, el Quorum habr‫ي‬a matado a Inrau. Para hombres como Nautzera, Inrau era un traidor, y todos los traidores deb‫ي‬ an morir; tan simple como eso. La Gnosis, incluso los escasos rudimentos conocidos por Inrau, era m‫ل‬s valiosa que cualquier vida. Pero si hubiera utilizado las Palabras de Coacciَn, tarde o temprano el Luthymae, el Colegio de monjes y sacerdotes que gestionaba la vasta red de esp‫ي‬as de los Mil Templos, habr‫ي‬a identificado la marca de la hechicer‫ي‬a en Inrau. No todos los Escogidos se convert‫ي‬an en hechiceros. Muchos utilizaban el «don» para hacer la guerra contra las Escuelas. Y Achamian no dudaba de que el Colegio de Luthymae habr‫ي‬ a matado a Inrau por llevar la marca de la hechicer‫ي‬a. Hab‫ي‬a perdido a otros agentes a manos del Colegio antes. Lo m‫ل‬ximo que las Palabras pod‫ي‬an hacer era ganar tiempo. Eso, y romperle el corazَn. Quiz‫ ل‬ésa era la razَn por la que Inrau se hab‫ي‬a mostrado de acuerdo en convertirse en esp‫ي‬a. Quiz‫ ل‬hab‫ي‬a vislumbrado las dimensiones de la trampa que el destino y Achamian le hab‫ي‬an tendido. Quiz‫ ل‬lo que m‫ل‬s tem‫ي‬a no era la perspectiva de lo que le pudiera suceder si se negaba, sino la perspectiva de lo que le pudiera suceder a su antiguo profesor. Achamian habr‫ي‬a utilizado las Palabras, habr‫ي‬a convertido a Inrau en un t‫ي‬tere hechicero, y él se habr‫ي‬a vuelto loco. Los sacerdotes, envueltos en ropajes blancos con bordados dorados y sosteniendo réplicas doradas del Colmillo, desfilaron en filas de cuatro entre los pilares kyraneanos. Los Colmillos refulg‫ي‬an al sol. Algunos gritos roncos sobresalieron entre el estallido de la masa hasta convertirse en muchos. Como palmeras hْmedas, la masa se apretَ con mas fuerza sobre Achamian. Su espalda se arqueَ ante el empujَn hacia adelante y jadeَ. El aire ten‫ي‬a sabor. Las esquinas del cielo empezaron a difuminarse. Parpadeando para sacarse el sudor de los ojos, mantuvo la boca abierta hacia arriba por la promesa de un aire mas fresco, como

si en alguna parte justo encima de él hubiera una superficie en la que el aliento de miles terminara, y empezara el cielo. Las voces eran un estallido. Bajَ la mirada, y la Junriuma llenَ sus ojos. A través de una extensiَn de brazos alzados, observَ la forma emergente de Maithanet. El nuevo Shriah era una figura poderosa, tan alta como cualquier norsirai. Llevaba una tْnica blanca impoluta y una poblada barba negra. Hac‫ي‬a que los sacerdotes que lo flanqueaban parecieran afeminados. Achamian sintiَ la repentina necesidad de verle los ojos, pero desde esa distancia permanec‫ي‬an escondidos bajo la sombra de sus cejas. Inrau le hab‫ي‬a dicho que Maithanet proced‫ي‬a del sur profundo, de Cingulat o Nilnamesh, donde el dominio de los Mil Templos era incierto. Hab‫ي‬a caminado, siendo un inrithi solitario, por las tierras infieles de Kian. En realidad, no hab‫ي‬a llegado a Sumna, sino que se hab‫ي‬a apoderado de ella. Entre los hastiados administradores de los Mil Templos, sus misteriosos or‫ي‬genes hab‫ي‬an sido un punto a su favor. Ser un funcionario de los Mil Templos era oler a corrupciَn, un olor que ninguna pureza de intenciones o grandeza de esp‫ي‬ritu podr‫ي‬a jam‫ل‬s hacer que desapareciera del todo. Los Mil Templos hab‫ي‬an llamado a Maithanet, y Maithanet hab‫ي‬a acudido. «‫؟‬Pod‫ي‬a el Consulto haber descubierto esta carencia? ‫؟‬Haberte engaٌado para que la solventaras?» Con sَlo pensar en ese nombre, el Consulto, Achamian se tranquiliz َ. Innumerables pesadillas le hab‫ي‬an llenado de tanto odio, de tanto temor, que se hab‫ي‬an convertido en un sostén de su ser casi tanto como su propio nombre. Sus pensamientos se vieron abrumados por la hْmeda reverberaciَn de las bocas de la muchedumbre. Durante un instante, el aire se estremeciَ por sus gritos. Sintiَ que se le ennegrec‫ي‬an sus l‫ي‬mites, una frialdad en el pecho y el rostro. El ruido de la multitud se adelgazَ y amainَ. Oyَ alguna cosa incoherente, pero estaba seguro de que era la voz de Maithanet. M‫ل‬s estruendos. La gente tratando de tocar su figura distante con la punta de los dedos. Se tambaleَ entre la hْmeda presiَn de los hombres que le rodeaban, sintiَ una punzada en el velo del paladar, el escozor del vَmito. «Fiebres...» Las manos estaban sobre él, y fue alzado por los extraٌos por encima de la superficie de la multitud. Palmas y dedos, su tacto era tanto y tan ligero, all‫ ي‬un instante y en seguida desaparecido. Sent‫ي‬a que el sol quemaba en la negrura de su barba, en la sal hْmeda de sus

mejillas. Vislumbrَ titubeantes grietas de ropa empapada, de cabello y piel; un suelo de caras observando el paso de su sombra. A través del cielo interior de ojos medio cerrados, el sol se ensamblaba con las l‫ل‬ grimas, y oy َuna voz, tan clara y c‫ل‬lida como una tarde de otoٌo. --En s‫ ي‬mismos --estaba gritando el Shriah--, los fanim son una afrenta a Dios. ،Pero el hecho de que los p‫ي‬os, los inrithi, toleren esta blasfemia, es suficiente para que la ira de Dios arda con toda su fuerza contra nosotros! Con el cuerpo postrado sobre las manos, bajo el sol, Achamian se sintiَ transido por un delirante asombro al o‫ي‬r el sonido de la voz del hombre. ،Qué voz! Una voz que se posaba sobre las pasiones y los pensamientos, y no sobre las orejas, con entonaciones exquisitamente moduladas para incitar, para encolerizar. --Ese pueblo, esos kianene, son una raza obscena, seguidores de un Falso Profeta. ،Un Falso Profeta, hijos m‫ي‬os! El Colmillo nos dice que no hay mayor abominaciَn que un Falso Profeta. Ningْn hombre es tan vil, tan malvado, como aquel que se burla de la voz de Dios. Y sin embargo, firmamos tratados con los fanim, compramos seda y turquesas que han pasado por sus impuras manos. Intercambiamos oro por caballos y esclavos criados en sus venales establos. ،Nunca m‫ل‬s deben los fieles relacionarse con naciones prostitutas! ،Nunca m‫ل‬s deben los fieles ver cَmo su indignaciَn disminuye a cambio de unas chucher‫ي‬as procedentes de tierras de infieles! No, hijos m‫ي‬os, ،debemos mostrarles nuestra furia! ،Debemos descargar sobre ellos la venganza de Dios! Achamian flotaba en mitad del estruendo de la multitud, impulsado por unas palmas que pronto se cerrar‫ي‬an en un puٌo, por manos que golpear‫ي‬an m‫ل‬s que alzar. --،No!, no vamos a seguir comerciando con los infieles. ،De hoy en adelante, lo cogeremos! ،Los inrithi no seguir‫ل‬n permitiendo estas obscenidades! ،Maldeciremos al que sea maldito! ،Debemos guerrear! Y la voz se acercَ, como si las innumerables manos que sosten‫ي‬an a Achamian no pudieran hacer m‫ل‬s que entregarlo a la fuente de esas palabras que resonaban, palabras que hab‫ي‬an partido el sudario del futuro con una terrible promesa. Guerra Santa. --،Shimeh! --gritَ Maithanet, como si su nombre estuviera en la ra‫ي‬z de todos los pesares--. La ciudad del ‫ع‬ltimo Profeta est‫ ل‬en manos de los infieles. ،En manos impuras y blasfemas! El santificado suelo de Shimeh se ha convertido en el mism‫ي‬simo hogar del mal abominable.

،Los cishaurim! Los cishaurim han hecho de Juterum, ،las sagradas cumbres!, la guarida de ceremonias indecibles, ،la sede de hediondos y b‫ل‬rbaros rituales! Amoteu, la Tierra Santa del Ultimo Profeta; Shimeh, la Ciudad Santa de Inri Sejenus, y Juterum, el santo lugar de la Ascensiَn, se han convertido en el hogar de una atrocidad tras otra. ،De un atroz pecado tras otro! ،Debemos recuperar esos lugares sagrados! ،Debemos volver nuestras manos al sangriento trabajo de la guerra! Debemos golpear a los infieles con el filo de la espada afilada. Debemos atravesarles con la punta de la larga lanza. ،Debemos azotarlos con la agon‫ي‬a del fuego sagrado! Debemos guerrear, y debemos guerrear hasta que ،Shimeh sea libre! Las masas hicieron erupciَn, y a través de su insoportable tr‫ل‬nsito, Achamian se preguntَ, con la extraٌa lucidez que se tiene al borde de la inconsciencia, por qué los fanim y las Escuelas eran un c‫ل‬ncer entre ellos. ‫؟‬Por qué asesinar a otro cuando es el propio cuerpo el que necesita ser sanado? ‫؟‬Y por qué iniciar una Guerra Santa que no pod‫ي‬ an ganar? Una superficie imposiblemente distante de piedra inclinada contra el sol --la Junriuma, bastiَn del Colmillo-- y los hombres le estaban bajando sobre los sombreados escalones. El agua salpicَ su cara, cayَ entre sus labios. Le levantaron la cabeza, vio un muro de gritos, de rostros enrojecidos y de brazos alzados. «Quieren Shimeh..., Shimeh. Las Escuelas nunca estuvieron amenazadas.» Cada instante era tenso a causa del exultante estruendo de la asamblea, pero por alguna razَn, hab‫ي‬a cierta intimidad entre los que estaban en los escalones. Achamian echَ un vistazo a los dem‫ل‬s --los que hab‫ي‬an sido alzados por la muchedumbre como él, temblando y empapados por el cansancio--, pero todos estaban paralizados por algo que hab‫ي‬a en los escalones que quedaban por encima de ellos. Levant َ la mirada, asustado por la bota gastada que estaba a un palmo de su frente. Mirَ el vac‫ي‬o que enmarcaban las extremidades de un hombre que se arrodillaba junto a la rodilla de otro. El hombre lloraba, parpadeaba para contener las l‫ل‬grimas; luego, le vio. Asustado, Achamian observَ cَmo la cara del hombre se relajaba al reconocerlo y después se tensaba con una furia monol‫ي‬tica. Un hechicero... all‫ي‬. «Proyas.» Era el Pr‫ي‬ncipe Nersei Proyas de Conriya..., otro alumno al que hab‫ي‬a amado. Durante cuatro aٌos, Achamian hab‫ي‬a sido su tutor en artes no hechiceras.

Pero antes de que pudieran intercambiar una palabra, las manos guiaron al Pr‫ي‬ncipe, que todav‫ي‬a le observaba, a un lado, y Achamian se quedَ mirando la serena y sorprendentemente joven cara de Maithanet. Las multitudes rugieron, pero un extraٌo silencio se hab‫ي‬a establecido entre ellos dos. La cara del Shriah se oscureciَ, pero sus ojos azules refulgieron con..., con... Hablَ suavemente, como si lo hiciera con un ‫ي‬ntimo: --Los tuyos no sois bienvenidos aqu ,‫ي‬amigo. Huye. Y Achamian huy‫ ؟‬.Declarar‫ي‬a َ un cuervo la guerra a un leَn? Y a lo largo de la estremecida locura de su lucha a través de las huestes inrithi, se sintiَ paralizado por un solo pensamiento: «Puede ver a los Escogidos». Sَlo los Escogidos pod‫ي‬an ver a los Escogidos.

Maithanet cogiَ con fuerza a Proyas por el brazo, y entonces, con la voz suficientemente alta para agujerear los rugidos de adulaciَn de la muchedumbre, le susurrَ: --Hay muchas cosas que tengo que comentar contigo, mi Pr‫ي‬ncipe. Sus pensamientos todav‫ي‬a bull‫ي‬an con la furia y la sorpresa de ver a su antiguo tutor. Proyas se secَ las l‫ل‬grimas que le bajaban por las mejillas y asintiَ abstra‫ي‬damente. Maithanet le pidiَ que siguiera a Gotian, el ilustre Gran Maestro de los Caballeros Shriah, que le indicَ el camino en direcciَn contraria a la refulgente procesiَn Shriah, hacia las profundidades de las galer‫ي‬as semejantes a catacumbas de la Junriuma. Gotian aventurَ unos cuantos comentarios amables, sin duda para tratar de entablar conversaciَn con él, pero Proyas sَlo pod‫ي‬a pensar: «،Achamian! ،Insolente sinvergüenza! ‫؟‬Cَmo ha podido cometer un ultraje as‫»?ي‬. ‫؟‬Cu‫ل‬ntos aٌos hab‫ي‬an pasado desde que le hab‫ي‬a visto porْ ltima vez? ‫؟‬Cuatro? ‫؟‬Cinco, incluso? Durante todo ese tiempo hab‫ي‬a estado tratando de limpiar su corazَn de la influencia de ese hombre. Y todo ese tiempo le llevaba a ese penْltimo instante, a arrodillarse a los pies del Padre Santo, sintiendo que su gloria le cubr‫ي‬a con una descarga dorada, y besar su rodilla en un momento de pura y absoluta sumisiَn a Dios. ،Sَlo para ver a Drusas Achamian temblando en el escalَn inferior!

Un blasfemo impenitente acurruc‫ل‬ndose a la sombra del alma m‫ل‬s gloriosa que hab‫ي‬a pisado la tierra en mil aٌos: Maithanet, el Gran Shriah que liberar‫ي‬a Shimeh, que acabar‫ي‬a con el yugo de los emperadores y los infieles que cargaba la fe del ‫ع‬ltimo Profeta. «Achamian. Te quise en el pasado, querido profesor, ،pero esto! ،Esto es intolerable!» --Pareces atribulado, mi Pr‫ي‬ncipe --dijo Gotian al fin, conduciéndole por otro pasillo m‫ل‬s. El incienso de una mezcla de maderas olorosas humeaba por los espacios abiertos y rodeaba con un halo la luz de las linternas. En algْn lugar, un coro practicaba los himnos. --Lo siento, Gotian --respondi .--Es َ un d‫ي‬a de una extraordinaria importancia. --As‫ ي‬es, mi Pr‫ي‬ncipe --dijo el Gran Maestro de pelo plateado con una prudente sonrisa dibujada en el rostro--. Y todav‫ي‬a adquirir‫ ل‬m‫ل‬s importancia. Antes de que Proyas pudiera preguntarle a qué se refer‫ي‬a, el pasillo con columnas termin yَ desemboc e َ n una inmensa habitaciَn flanqueada por colosales pilares..., o lo que él crey q َ ue era una habitaci َn, porque pronto se dio cuenta de que estaba en un patio. La luz del sol se colaba a través del distante techo, atravesando la oscuridad con rayos inclinados y prolongados dedos de luz entre las columnas occidentales. Proyas parpadeَ y se quedَ mirando el suelo de mosaico del patio, que estaba a un nivel m‫ل‬s bajo... ‫؟‬Pod‫ي‬a ser? Cayَ de rodillas. El Colmillo. Un gran cuerno de marfil curvado, mitad iluminado por el sol, mitad en penumbra, estaba suspendido por cadenas que se alzaban hacia lo alto y se perd‫ي‬an en el contraste del brillante cielo y la oscuridad de la columnata. El Colmillo, lo m‫ل‬s sagrado de lo m‫ل‬s sagrado. Brillaba por los aceites y estaba ribeteado de inscripciones, como las extremidades tatuadas de una sacerdotisa de Gierra. Los primeros versos de los Dioses. La primera escritura. ،All‫ي‬, ante sus ojos! All‫ي‬. Después de un instante sin resuello, Proyas sintiَ la consoladora mano de Gotian en su hombro. Parpadeando para ver entre las l‫ل‬ grimas, levantَ la mirada hacia el Gran Maestro.

--Gracias --dijo con la voz empequeٌecida por las inmensidades que le rodeaban--. Gracias por traerme a este lugar. Gotian asintiَ y le dejَ solo para sus oraciones. Los triunfos y los arrepentimientos recorrieron por igual sus pensamientos; su victoria sobre los tydonnios en la batalla de Paremti; las palabras de odio que hab‫ي‬a dirigido hacia su hermano mayor la semana antes de que muriera. Le pareciَ que all‫ ي‬las redes ocultas sal‫ي‬ an, por fin, a la superficie, de tal manera que todos esos acontecimientos se reun‫ي‬an en aquel momento. Incluso los aٌos que hab‫ي‬a pasado con Achamian de niٌo, repitiendo un ejercicio tras otro, riéndose de sus gentiles bromas, ten‫ي‬an un lugar en la preparaciَn de ese momento. Entonces. Ante el Colmillo. «Me someto a tu palabra, Dios. Encomiendo mi alma a la feroz tarea que has puesto ante m‫ي‬. Haré del campo de batalla un templo.» El sonido de los p‫ل‬jaros jugueteando sobre los altos aleros. El olor de s‫ل‬ndalo aclarado por el aire del cielo l‫ي‬mpido. Las bandas de luz solar. Y el Colmillo, suspendido contra las sombras de los poderosos pilares kyraneanos. Inmَvil. Silencioso. --‫؟‬Rompe el corazَn --dijo una poderosa voz tras él-- ver por primera vez el Colmillo, verdad? Proyas se girَ, y a pesar de que hac‫ي‬a mucho tiempo que cre‫ي‬a ser ajeno a la adulaciَn, inevitablemente mirَ al hombre con veneraciَn. Maithanet, el nuevo e incorruptible Shriah de los Mil Templos, el hombre que llevar‫ي‬a la paz a las naciones de los Tres Mares ofreciéndoles la Guerra Santa. «Un nuevo profesor.» --Desde el principio, ha estado con nosotros --prosiguiَ Maithanet, observando con reverencia el Colmillo--. Nuestro gu‫ي‬a, nuestro consuelo y nuestro juez. Es loْ nico que nos testimonia, incluso cuando lo contemplamos. --S‫ ي‬--dijo Proyas--. Puedo sentirlo. --Conserva ese sentimiento, Proyas. Llévalo fuertemente junto a tu pecho y nunca lo olvides, porque en los d‫ي‬as que seguir‫ل‬n, ser‫ل‬s asediado por muchos hombres que lo han olvidado. --‫؟‬Su excelencia? Maithanet se dirigiَ a su lado. Hab‫ي‬a cambiado sus elaborados ropajes con trazos dorados por un sencillo h‫ل‬bito blanco. A Proyas le parec‫ي‬a que todos sus movimientos, todos sus gestos, transmit‫ي‬an una sensaciَn de inevitabilidad, como si la escritura de sus actos ya hubiera sido escrita.

--Hablo de la Guerra Santa, Proyas, el gran martillo del Ultimo Profeta. Muchos hombres tratar‫ل‬n de pervertirlo. --Ya he o‫ي‬do rumores de que el Emperador... --Y habr‫ ل‬otros también --dijo Maithanet, en un tono triste y a la vez cortante--. Hombres de las Escuelas... Proyas se sintiَ aleccionado. Sَlo su padre, el Rey, se hab‫ي‬a atrevido a interrumpirlo, y sَlo cuando él hab‫ي‬a dicho alguna estupidez. --‫؟‬Las Escuelas, su excelencia? El Shriah girَ su poderoso perfil barbado hacia él, y a Proyas le sobresaltَ el penetrante azul de sus ojos. --Dime, Nersei Proyas --dijo Maithanet con la voz de un edicto--, ‫؟‬ quién es ese hombre, ese hechicero, que ha osado contaminar mi presencia?

_____ 4 _____ Sumna «Ser ignorante y ser engaٌado son dos cosas distintas. Ser ignorante es ser un esclavo del mundo. Ser engaٌado es ser el esclavo de otro hombre. La cuestiَn siempre ser‫ ؟‬:‫ل‬por qué, cuando todos los hombres son ignorantes, y por lo tanto esclavos, esta segunda esclavitud nos escuece tanto«? Ajencis, Las epistemolog‫ي‬as «Pero a pesar de las historias de las atrocidades fanim, el hecho es que los kianene, infieles o no, fueron sorprendentemente tolerantes con los peregrinajes inrithi a Shimeh; antes de la Guerra Santa, se entiende. ‫؟‬Por qué un pueblo entregado a la destrucciَn del Colmillo mostrar‫ي‬a tal cortes‫ي‬a con los "idَlatras"? Quiz‫ ل‬estaban en parte motivados por la perspectiva del comercio, como otros han sugerido. Pero el motivo fundamental reside en su tradiciَn del desierto. En kianene, guerra santa se dice si'ihkhalis, que significa, literalmente, "gran oasis". En el desierto abierto tienen la estricta costumbre de no codiciar el agua de los viajeros, aunque sean enemigos.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

La Guerra Santa de los inrithi contra los fanim fue declarada por Maithanet, el ciento dieciséis Shriah de los Mil Templos, la Maٌana de la

Ascensiَn del aٌo del Colmillo 4110. El d‫ي‬a hab‫ي‬a sido inusualmente c‫ل‬ lido para aquella estaciَn, como si Dios hubiera bendecido la Guerra Santa con una premoniciَn del verano. De hecho, por los Tres Mares corr‫ي‬an rumores de augurios y visiones; todos ellos daban fe de la santidad de la tarea que hab‫ي‬an de emprender los inrithi. La palabra se difundiَ. En todas las naciones, sacerdotes de los templos Shriah y cْlticos clamaron contra las atrocidades y las iniquidades de los fanim. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬an los inrithi considerarse fieles cuando la ciudad del ‫ع‬ltimo Profeta hab‫ي‬a sido esclavizada? Por medio de invectivas y apasionadas arengas, los abstractos pecados de pueblos distantes y exَticos fueron acercados a las congregaciones de los inrithi y transformados en los suyos. Les dec‫ي‬an que tolerar la iniquidad era cultivar la maldad. Cuando un hombre no consegu‫ي‬a desbrozar su jard‫ي‬n, ‫؟‬acaso no estaba cultivando maleza? Y a los inrithi les parec‫ي‬a que hab‫ي‬an sido despertados de una inercia mercantil, que hab‫ي‬an sufrido de una incomprensible pereza de esp‫ي‬ritu. ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo soportar‫ي‬an los Dioses a un pueblo que hab‫ي‬a convertido sus corazones en rameras, que se hab‫ي‬a dejado insensibilizar por la corrupta facilidad? ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo pasar‫ي‬a antes de que los Dioses los abandonaran, o lo que es peor, se tornaran contra ellos con una intensa ira? En las calles de las grandes ciudades, los vendedores ambulantes contaban a sus clientes rumores de este o aquel potentado que se hab‫ي‬ a declarado a favor del Colmillo. Y en las tabernas, los veteranos discut ‫ي‬an y comparaban la piedad de sus distintos seٌores. Reunidos alrededor de la chimenea, los niٌos escuchaban con los ojos abiertos como platos, transidos por el sobrecogimiento y el terror, mientras sus padres les describ‫ي‬an cَmo los fanim, un pueblo inmundo y desdichado, hab‫ي‬a saqueado la pureza de un lugar incre‫ي‬blemente maravilloso, Shimeh. Se despertaban gritando en mitad de la noche, lloriqueando por culpa de cishaurim sin ojos que ve‫ي‬an a través de cabezas de serpiente. Durante el d‫ي‬a, mientras correteaban por las calles o los campos, los hermanos menores eran obligados a ser los infieles, para que sus hermanos mayores pudieran derrotarles con palos en forma de espada. Y en la oscuridad, los maridos les contaban a sus esposas las ْltimas noticias de la Guerra Santa, y hablaban en solemnes susurros de la gloria de la tarea que el Shriah hab‫ي‬a puesto ante ellos. Y las esposas lloraban --en silencio, porque la fe las hac‫ي‬a fuertes--, sabiendo que muy pronto sus maridos las dejar‫ي‬an. Shimeh. Los hombres hac‫ي‬an rechinar los dientes al pensar en ese

nombre sagrado. Y les parec‫ي‬a que Shimeh ten‫ي‬a que ser un lugar silencioso, un territorio que hab‫ي‬a contenido el aliento durante atormentados siglos, esperando a que los perezosos seguidores del Ultimo Profeta finalmente despertaran de su sueٌo y pusieran fin a un crimen antiguo y atroz. Ir‫ي‬an all‫ ي‬con una espada y un cuchillo, y limpiar ‫ي‬an el terreno. Y cuando los fanim estuvieran muertos, se arrodillar‫ي‬an y besar‫ي‬an la dulce tierra que hab‫ي‬a engendrado al ‫ع‬ltimo Profeta. Se unir‫ي‬an a la Guerra Santa. Los Mil Templos emitieron edictos declarando que los que se aprovecharan de la ausencia de cualquier seٌor que hubiera hecho del Colmillo su causa ser‫ي‬an juzgados por herej‫ي‬a en los tribunales eclesi‫ل‬ sticos y ejecutados sumariamente. Asegurados, pues, sus derechos de nacimiento, pr‫ي‬ncipes, condes, palatinos y seٌores de todas las naciones se declararon Hombres del Colmillo. Se olvidaron las guerras triviales. Las tierras se hipotecaron. Los caballeros siervos fueron llamados por sus seٌores y barones. Los vasallos fueron prove‫ي‬dos de armas y alojados en barracones provisionales. Grandes flotas de barcos fueron contratadas para hacer por mar el viaje a Momemn, que era donde el Shriah hab‫ي‬a anunciado que la Guerra Santa se preparar‫ي‬a. Maithanet hab‫ي‬a hecho un llamamiento, y los Tres Mares al completo respondieron. La espalda del infiel ser‫ي‬a rota. La santa Shimeh ser‫ي‬a limpiada.

Mediados de primavera, aٌo del Colmillo 4110, Sumna La hija de Esmenet nunca estaba lejos de sus pensamientos. Era extraٌo cَmo cualquier cosa, incluso la casualidad m‫ل‬s trivial, pod‫ي‬a evocarle recuerdos de ella. Esa vez fue Achamian y su curiosa costumbre de olisquear las pasas antes de metérselas en la boca. Una vez su hija hab‫ي‬a olisqueado una manzana en el mercado. Era un recuerdo sin aliento, p‫ل‬lido, como si se le hubieran aclarado los colores por el horrible hecho de su muerte. Una adorable muchachita, brillante bajo las sombras de los transeْntes, con el cabello negro y liso, una cara regordeta y tierna, y los ojos como una esperanza perpetua. --Mam‫ل‬, huele como... --hab‫ي‬a dicho. Su voz se fue apagando cuando le fallَ la intuiciَn--. Huele como agua y flores. --Le dedicَ a su madre una mirada triunfante. Esmenet levantَ la mirada hacia el avinagrado vendedor, que seٌalَ

con la cabeza las serpientes enlazadas que llevaba tatuadas en el dorso de su mano izquierda. El mensaje era claro: «Yo no vendo nada a los de tu clase». --Es curioso, querida. A m‫ ي‬me huele que es muy cara. --Pero mam‫ل‬... --hab‫ي‬a dicho su querida hija. Esmenet tratَ de contener las l‫ل‬grimas. Achamian le estaba hablando. --Me resulta dif‫ي‬cil --dijo en un tono confesional. «Deber‫ي‬a haber comprado la manzana en otra parte«. Ambos estaban sentados en taburetes bajos en su habitaciَn, junto a la maltrecha mesilla. Las contraventanas estaban abiertas y el fr‫ي‬o aire de la primavera parec‫ي‬a exagerar los sonidos de la calle. Achamian se hab‫ي‬a cubierto los hombros con una manta de lana, pero a Esmenet no le importaba temblar. ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a que Achamian estaba all‫ ي‬con ella? Lo suficiente como para que se sintieran a salvo y aburridos el uno del otro; casi como si estuvieran casados. Hab‫ي‬a llegado a pensar que un esp‫ي‬a como Achamian, un esp‫ي‬a que reclutaba y dirig‫ي‬a a los que en realidad ten‫ي‬an acceso al conocimiento, se pasaba la mayor parte del tiempo simplemente esperando a que sucediera algo. Y Achamian hab‫ي‬a esperado all‫ي‬, en su pobre habitaciَn de un viejo edificio que albergaba a docenas de rameras como ella. Al principio, hab‫ي‬a sido extraٌo. Muchas maٌanas ella yac‫ي‬a despierta, escuchando los espantosos ruidos que él hac‫ي‬a al ir de vientre en su orinal. Esmenet enterraba la cabeza debajo de las mantas, insistiendo en que fuera a ver a un médico o a un sacerdote, sَlo medio en broma, porque era realmente espantoso. ‫ة‬l empezَ a llamarlo su «apocalipsis matinal» después de que ella le gritara, m‫ل‬s desesperada que de buen humor: «،Sَlo porque revivas el Apocalipsis cada noche, Akka, no significa que tengas que compartirlo conmigo por la maٌana!». Achamian se re‫ي‬a entre dientes con tristeza mientras se limpiaba y murmuraba algo acerca de las ventajas de beber mucho y tener limpio el orinal. Y Esmenet encontraba tanta comodidad como diversiَn en la visiَn de un hechicero limpi‫ل‬ndose el culo con agua. Se levantaba, abr‫ي‬a las contraventanas y se sentaba medio desnuda sobre el alféizar como siempre hac‫ي‬a, mirando alternativamente a través del humeante clamor de Sumna y escudriٌ ando la calle en busca de un posible cliente. Los dos com‫ي‬an un desayuno frugal a base de pan ‫ل‬cimo, queso amargo y cosas por el estilo, mientras hablaban de toda clase de cosas: losْ ltimos rumores

acerca de Maithanet, la corrupta hipocres‫ي‬a de los sacerdotes, el modo como los transportistas pod‫ي‬an hacer que hasta los soldados se sonrojaran con sus maldiciones, etcétera. Y a Esmenet le parec‫ي‬a que eran felices, que por alguna extraٌa razَn estaban bien en ese lugar y en ese momento. Tarde o temprano, sin embargo, alguien la avisar‫ي‬a desde la calle, o uno de sus clientes habituales llamar‫ي‬a a la puerta, y las cosas se agriar‫ي‬an. Achamian se pondr‫ي‬a sombr‫ي‬o, coger‫ي‬a su capa y su mochila, e invariablemente ir‫ي‬a a emborracharse a alguna lْgubre taberna. Normalmente, ella le observar‫ي‬a desde el alféizar cuando regresara, caminando solo entre los incesantes empujones de la gente, un hombre envejecido, ligeramente redondeado, que parec‫ي‬a que hubiera perdido todo lo que llevaba en el monedero apostando. Cada vez, sin excepciَn, ya estar‫ي‬a mir‫ل‬ndola cuando ella le viera. ‫ة‬l la saludar ‫ي‬a con la mano dubitativamente, intentar‫ي‬a sonre‫ي‬r y un atisbo de pesar recorrer‫ي‬a el cuerpo de ella, a veces con tanta intensidad que soltar‫ي‬a un grito ahogado. ‫؟‬Qué era lo que ella sent‫ي‬a? Muchas cosas, al parecer. Pena por él, sin duda. En mitad de desconocidos, Achamian siempre parec‫ي‬a tan solitario, tan incomprendido. «Nadie --pensaba con frecuencia-- le conoce como yo.» También sent‫ي‬a alivio porque regresara a pesar de que ten‫ي‬a oro suficiente para hacerse con los servicios de prostitutas mucho m‫ل‬s jَvenes. Era una pena ego‫ي‬sta. Y vergüenza, vergüenza porque sab‫ي‬a que él la quer‫ي‬a, y que cada vez que aceptaba un cliente le romp‫ي‬a el corazَn. Pero ‫؟‬qué otra opciَn ten‫ي‬a? ‫ة‬l nunca sub‫ي‬a a su habitaciَn a menos que la viera en el alféizar. En una ocasiَn, después de ser golpeada por un desalmado especialmente desagradable que afirmaba ser herrero, ella no pudo hacer m‫ل‬s que encaramarse a la cama y llorar hasta quedarse dormida. Se despertَ antes del amanecer y se acercَ corriendo a la ventana cuando se dio cuenta de que Achamian no hab‫ي‬a regresado. Se quedَ all‫ ي‬acurrucada durante horas, esper‫ل‬ndole, observando cَmo el sol tornaba cobrizo el mar y después se abr‫ي‬a paso a través de la neblinosa ciudad. Los tornos de los primeros alfareros gruٌeron al cobrar vida en la calle adyacente, y los primeros rastros de humo de hornos y cocinas se enroscaron sobre los tejados hacia el cielo cada vez m‫ل‬s azul. Ella llorَ en silencio. Pero incluso entonces dejَ que un pecho se le saliera de las s‫ل‬banas, como si fuera una madre dando de mamar, y permitiَ que una larga y p‫ل‬lida pierna colgara contra los fr‫ي‬os ladrillos para que los que

miraran hacia arriba pudieran vislumbrar la promesa sombr‫ي‬a entre sus piernas. Y después, al fin, cuando el sol empezaba a calentarle la cara y el hombro desnudo, oyَ unos golpecitos en la puerta. Cruzَ la habitaciَn corriendo y abriَ la puerta de un tirَn, y all‫ ي‬estaba el despeinado hechicero. --،Akka! --gritَ con las l‫ل‬grimas cayéndole de los ojos. ‫ة‬l la mirَ y después observَ la cama vac‫ي‬a, y le dijo que se hab‫ي‬a quedado dormido junto a la puerta. Y entonces, ella hab‫ي‬a sabido que le amaba de verdad. El suyo era un extraٌo matrimonio, si es que as‫ ي‬pod‫ي‬a llamarse. Un matrimonio de parias santificado por votos jam‫ل‬s pronunciados. Un hechicero y una prostituta. Quiz‫ ل‬se pod‫ي‬a esperar cierta desesperaciَn en uniones as‫ي‬, como si esa extraٌa palabra, amor, fuera profunda solamente en proporciَn al grado en que uno fuera despreciado por los dem‫ل‬s. Esmenet se abrazَ los hombros. Estudiَ a Achamian con un suspiro impaciente. --‫؟‬Qué? --preguntَ cansinamente--. ‫؟‬Qué es lo que te resulta dif‫ي‬cil, Akka? Achamian apartَ su herida mirada de ella y no dijo nada. Cuando comprendiَ lo que ese herrero hab‫ي‬a hecho, montَ en cَlera. La arrastrَ a diversas herrer‫ي‬as mientras le exig‫ي‬a que identificara al hombre. Y a pesar de que ella protestَ y manifestَ que esos ataques eran parte connatural de los clientes que obten‫ي‬a en la calle, se emocionَ en secreto, y una parte de ella esperَ que quemara a ese hombre hasta convertirlo en un puٌado de ceniza. Por primera vez, quiz‫ل‬, comprendiَ que Achamian pod‫ي‬a hacerlo y que lo hab‫ي‬a hecho en el pasado. Pero no encontraron al hombre. Esmenet sospechaba que Achamian segu‫ي‬a rondando por las herrer‫ي‬as, buscando a alguien que encajara con la descripciَn que ella le hab‫ي‬a dado. Y no ten‫ي‬a ninguna duda de que Achamian lo habr‫ي‬a matado en caso de encontrarlo. Hab‫ي‬a seguido hablando de él mucho después del incidente, simulando ser galante cuando en realidad, o eso sospechaba Esmenet, una pequeٌa parte de él quer‫ي‬a matar a toda su clientela. --‫؟‬Por qué te quedas aqu‫ي‬, Achamian? --le preguntَ ella con un punto de hostilidad en su voz. ‫ة‬l la mirَ, enfadado, y su pregunta fue sencilla. --‫؟‬Por qué sigues acost‫ل‬ndote con ellos, Esmi? ‫؟‬Por qué insistes

en seguir siendo una ramera mientras yo estoy aqu‫ ي‬contigo? «Porque tarde o temprano me dejar‫ل‬s, Akka... Y los hombres que me dan de comer encontrar‫ل‬n a otras rameras.» Pero antes de que él pudiera hablar, oyeron un t‫ي‬mido golpe en la puerta. --Me voy --dijo Achamian, poniéndose en pie. Un rel‫ل‬mpago de temor recorriَ su cuerpo. --‫؟‬Cu‫ل‬ndo volver‫ل‬s? --le preguntَ, esforz‫ل‬ndose por no parecer desesperada. --Después --dijo él--, después de que... ‫ة‬l le ofreciَ la manta, que ella cogiَ con sus manos nudosas. ‫ع‬ ltimamente lo cog‫ي‬a todo con una extraٌa fiereza, como si desafiara a las cosas pequeٌas a que fueran de cristal. Lo observَ mientras abr‫ي‬a la puerta. --Inrau --dijo Achamian--. ‫؟‬Qué est‫ل‬s haciendo aqu‫?ي‬ --He descubierto algo importante --dijo el joven sin aliento. --Pasa, pasa --dijo Achamian, guiando al sacerdote a su taburete. --Tengo miedo de no haber tenido cuidado --dijo Inrau, evitando la mirada de ambos--. Es posible que me hayan seguido. Achamian le estudiَ un momento y después se encogiَ de hombros. --Aunque te hubieran seguido, no importa. Los sacerdotes suelen ser aficionados a las prostitutas. --‫؟‬Es cierto, Esmenet? --dijo Inrau con una sonrisa nerviosa. Esmenet sab‫ي‬a que su presencia le hac‫ي‬a sentir incَmodo. Y como muchos otros hombres amables, trataba de ocultar su vergüenza con un humor forzado. --En ese sentido, se parecen mucho a los hechiceros --dijo de forma irَnica. Achamian le dedicَ una mirada de juguetona indignaciَn, e Inrau sonriَ nerviosamente. --Cuéntanos --dijo Achamian, traicionando con los ojos su sonrisa--. ‫؟‬Qué es eso que has descubierto? Una expresiَn de concentraciَn infantil cruzَ el rostro de Inrau. Ten‫ي‬a el pelo oscuro y era esbelto, iba bien afeitado y pose‫ي‬a unos grandes ojos castaٌos y unos labios femeninos. Esmenet pensَ que ten‫ي‬a la atractiva vulnerabilidad de los hombres jَvenes a la sombra de los terribles azotes del mundo. Esos hombres eran muy apreciados por las prostitutas, y no sَlo porque acostumbraban a pagar los daٌos infligidos, sino por el placer que experimentaban. Eran una compensaciَn de otra clase. Esos hombres pod‫ي‬an ser amados sin riesgo, tal como las

madres aman a sus hijos pequeٌos. «Comprendo por qué le tienes tanto miedo, Akka.» --Los Chapiteles Escarlatas han aceptado unirse a la Guerra Santa --dijo Inrau recobrando el aliento. Achamian frunciَ el ceٌo. --‫؟‬Es eso un rumor que has o‫ي‬do? --Supongo. --Se detuvo--. Pero me lo dijo un orador del Colegio de Luthymae. Sospecho que Maithanet hizo su oferta hace tiempo. Para demostrar que no era un frivolo, llegَ a mandar seis Baratijas a Carythusal como gesto de buena voluntad. Como Luthymae tiene un gran poder en la administraciَn de los Chorae, Maithanet se vio obligado a darles una explicaciَn. --De modo que es cierto. --Es cierto. --Inrau le mirَ como mirar‫ي‬a un hombre hambriento que ha encontrado una moneda extranjera a un cambista. «‫؟‬Qué vale esto?» --Excelente, excelente. Es ciertamente una noticia muy importante. La euforia de Inrau era contagiosa, y Esmenet se sorprendiَ sonriendo con él. --Has hecho un buen trabajo, Inrau --dijo ella. --S‫ ي‬--aٌadiَ Achamian--. Los Chapiteles Escarlatas, Esmi, es la Escuela m‫ل‬s poderosa de los Tres Mares, regentes del Alto Ainon desde laْ ltima Guerra Escol‫ل‬stica-- .Pero demasiadas preguntas se apiٌ aban en sus pensamientos para poder continuar. Achamian siempre hab‫ي‬a tenido tendencia a dar explicaciones innecesarias; sab‫ي‬a perfectamente que ella conoc‫ي‬a a los Chapiteles Escarlatas. Pero Esmenet se lo perdonaba. En cierto modo, sus explicaciones eran una medida de su deseo por incluirla a ella en su vida. En muchos sentidos, Achamian era completamente distinto de los otros hombres. --Seis Baratijas --espet، .--َUn regalo extraordinario! ،De valor incalculable! ‫؟‬Era ésa la razَn por la que ella le quer‫ي‬a? La palabra parec‫ي‬a tan pequeٌa --tan sَrdida-- cuando estaba sola. Y cuando él regresaba parec ‫ي‬a como si cargara los Tres Mares enteros en su espalda. Ella llevaba una vida sumergida, una vida en las catacumbas a causa de la pobreza y la ignorancia. Entonces, llegaba ese hombre corpulento de buen coraz َn, un hombre que parec‫ي‬a incluso menos un esp‫ي‬a que un hechicero, y por un tiempo, el techo de su vida se desmoronaba y el sol y el mundo llenaban su existencia. «Te quiero, Drusas Achamian.»

--،Baratijas, Esmi! Para los Mil Templos son las mism‫ي‬simas L‫ل‬ grimas de Dios. ،Darle seis a una Escuela de blasfemos! Sorprendente. --Se mesَ la barba mientras pensaba, trazando con los dedos cinco vetas plateadas y volviéndolas a trazar. Baratijas. Eso recordَ a Esmenet que a pesar del asombro, el mundo de Achamian era extremadamente mort‫ي‬fero. La ley eclesi‫ل‬stica dictaba que las prostitutas, como las adْlteras, deb‫ي‬an ser castigadas mediante la lapidaciَn. Lo mismo era cierto para los hechiceros, con la salvedad de que a ellos sَlo les pod‫ي‬a herir una clase de piedra, y era suficiente que les tocara una sola vez. Por suerte, hab‫ي‬a pocas Baratijas. El mundo, por otro lado, estaba lleno de piedras para las rameras. --Pero ‫؟‬por qué? --preguntَ Inrau, con un dejo de pena en la voz--. ‫؟‬ Por qué Maithanet iba a contaminar la Guerra Santa invitando a una Escuela? «Qué dif‫ي‬cil debe de ser para él --pensَ Esmenet-- estar atrapado entre dos hombres como Achamian y Maithanet.» --Porque debe hacerlo --respondiَ Achamian--; de lo contrario, la Guerra Santa estar‫ي‬a condenada. Recuerda que los cishaurim residen en Shimeh. --Pero los Chorae son tan letales para ellos como para los hechiceros. --Quiz‫ل‬... Pero eso es una diferencia pequeٌa en una guerra como ésta. Antes de que la Guerra Santa pudiera hacer que las Baratijas ejercieran su influjo sobre los cishaurim, tendr‫ي‬a que haber derrotado a las huestes de Kian. No, Maithanet necesita una Escuela. «،Menuda guerra!», pensَ Esmenet. En su juventud, su alma se aceleraba cuando o‫ي‬a historias de guerra. E incluso entonces, sol‫ي‬a pedir a los soldados a los que daba placer que le contaran historias de guerra. Por un instante, casi logrَ ver el tumulto, las espadas destellando bajo la luz de un fuego hechicero. --Y los Chapiteles Escarlatas --prosiguiَ Achamian--. No podr‫ي‬a haber una mejor Escuela a la que él... --Ninguna escuela m‫ل‬s odiosa --protestَ Inrau. Esmenet sab‫ي‬a que el Mandato albergaba un odio especial por los Chapiteles Escarlatas. Ninguna Escuela, segْn le hab‫ي‬a dicho Achamian en una ocasiَn, envidiaba m‫ل‬s al Mandato su posesiَn de la Gnosis. --El Colmillo no discrimina entre abominaciones --replicَ Achamian--. Obviamente, Maithanet ha hecho este intento de

aproximaciَn por razones estratégicas. Se dice que el Emperador pretende hacer de la Guerra Santa su instrumento de reconquista. Ali‫ل‬ ndose con los Chapiteles Escarlatas, Maithanet no depender‫ ل‬de la Escuela del Emperador, el Saik Imperial. Piensa en lo que la Casa Ikurei puede hacer de su Guerra Santa. El Emperador. Por alguna razَn, su menciَn atrajo la mirada de Esmenet a dos talentos de cobre que hab‫ي‬a sobre la mesa, uno apoyado sobre el otro, con sus perfiles en miniatura de Ikurei Xerius III, el Emperador de Nansur. Su Emperador. Como todos los habitantes de Sumna, nunca pensaba en él como su l‫ي‬der, a pesar de que los soldados imperiales eran una parte de su clientela casi tan numerosa como los sacerdotes Shriah. El Shriah estaba demasiado cerca, pero lo cierto era que ni siquiera el Shriah significaba mucho para ella. «Soy demasiado pequeٌa», pensَ. Y en ese momento, se le ocurriَ una pregunta. --La pregunta... --empezَ Esmenet, pero se detuvo cuando los dos hombres la miraron, extraٌados--. La pregunta no deber‫ي‬a ser: ‫؟‬por qué los Chapiteles Escarlatas han aceptado la oferta de Maithanet? ‫؟‬Qué podr‫ي‬a inducir a una Escuela a unirse a una Guerra Santa? Son extraٌos compaٌeros de cama, ‫؟‬no creéis? No hace tanto, Akka, tem‫ي‬as que la Guerra Santa pudiera ser contra las Escuelas. Se produjo un momento de silencio. Inrau sonriَ como si le divirtiera su propia estupidez. Esmenet percibiَ que a partir de ese momento Inrau la mirar‫ي‬a como a una igual en esos asuntos. Achamian, sin embargo, seguir‫ي‬a mostr‫ل‬ndose distante, el juez de todas las cuestiones. Como ten‫ي‬a que ser, tal vez, dada su profesiَn. --En realidad, hay muchas razones --dijo Achamian, finalmente--. Antes de partir de Carythusal, supe que los Chapiteles Escarlatas han estado guerreando en secreto contra los hechiceros-sacerdotes de los fanim, los cishaurim. Guerreando durante diez amargos aٌos. --Se mordi َ el labio un instante--. Por alguna razَn, los cishaurim asesinaron a Sasheoka, que era entonces el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. Eleazaras, el pupilo de Sasheoka, es ahora el Gran Maestro. Se rumoreaba que era ‫ي‬ntimo de Sasheoka, ‫ي‬ntimo en el sentido de los hombres ainonios... --De modo que los Chapiteles Escarlatas... --dijo Inrau. --Esperan, para vengarse --dijo Achamian, completando el pensamiento de su protegido--, poner punto final a su guerra secreta. Pero hay m‫ل‬s. Ninguna de las Escuelas comprende la metaf‫ي‬sica de los cishaurim, la Psukhe. Todas ellas, incluida la Escuela del Mandato, est‫ل‬

n aterrorizadas por el hecho de que no pueda ser considerada una forma de hechicer‫ي‬a. --‫؟‬Por qué os aterroriza que no pueda ser considerada as‫?ي‬ --preguntَ Esmenet. ‫ة‬sa era solamente una de las muchas pequeٌas preguntas que nunca se hab‫ي‬a atrevido a formular. --‫؟‬Por qué? --repitiَ Achamian, muy serio de repente--. Me haces esta pregunta, Esmenet, porque no tienes ni idea del poder que ostentamos, ni idea de lo desproporcionado que es comparado con la fragilidad de nuestros cuerpos. Sasheoka fue asesinado precisamente porque no pod‫ي‬a distinguir la obra de los cishaurim de las obras de Dios. Esmenet frunciَ el ceٌo. Se girَ hacia Inrau. --‫؟‬Te hace lo mismo a ti? --‫؟‬Te refieres a encontrarle defectos a la pregunta en lugar de responderla-- ?dijo Inrau de forma irَnica--. Constantemente. Pero la expresiَn de Achamian se hab‫ي‬a ensombrecido. --Escuchad. Escuchadme con atenciَn. Esto no es un juego. Cualquiera de nosotros, pero especialmente tْ, Inrau, podr‫ي‬a acabar con la cabeza hervida en sal, alquitranada y colgada ante la C‫ل‬mara del Colmillo. Y hay m‫ل‬s cosas en juego que nuestras vidas. Mucho m‫ل‬s. Esmenet se quedَ en silencio, ligeramente sorprendida por la reprimenda. Hab‫ي‬a ocasiones en las que se olvidaba de las profundidades de Drusas Achamian. ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces le hab‫ي‬a abrazado después de que se despertara de uno de sus sueٌos? ‫؟‬Cu‫ل‬ ntas veces le hab‫ي‬a o‫ي‬do hablar en extraٌas lenguas mientras dorm‫ي‬a? Le mirَ de soslayo y vio que la ira de sus ojos hab‫ي‬a sido sustituida por el dolor. --No espero que ninguno de los dos comprend‫ل‬is lo que est‫ ل‬en juego. Incluso me he cansado de o‫ي‬rme a m‫ ي‬mismo parlotear sobre el Consulto. Pero esta vez es algo distinto. Sé que te duele pensar en ello, Inrau, pero tu Maithanet... --No es mi Maithanet. No es propiedad de nadie, y eso --Inrau vacil َ, como si estuviera turbado por su propio ardor--, eso es lo que le hace digno de mi devociَn. Quiz‫ ل‬no comprendo exactamente lo que est‫ ل‬en juego, como dices, pero sé m‫ل‬s que la mayor‫ي‬a. Y me preocupa, Akka; me preocupa, honestamente, que esto sea simplemente otro recado de un idiota. Mientras Inrau dec‫ي‬a esto, mirَ --«involuntariamente», pensَ Esmenet-- la marca serpentina de la prostituta tatuada en el dorso de la

mano. Ella se tapَ los puٌos bajo los brazos cruzados. Entonces, inexplicablemente, le sobrevino el verdadero misterio que se ocultaba bajo esos acontecimientos. Mirَ a ambos hombres con los ojos por completo abiertos. Inrau bajَ la mirada. Achamian, sin embargo, la contemplَ amablemente. «Lo sabe --pensَ Esmenet--. Sabe que tengo un don para estas cosas.» --‫؟‬Qué pasa, Esmi? --‫؟‬Dices que el Mandato acaba de enterarse de la guerra de los Chapiteles Escarlatas contra los cishaurim? --S‫ي‬. Esmenet se inclinَ hacia adelante, como si esas palabras debieran ser susurradas. --Si los Chapiteles Escarlatas pueden ocultarle una cosa as‫ ي‬al Mandato durante diez aٌos, Akka, entonces, ‫؟‬cَmo es que Maithanet, un hombre que acaba de convertirse en Shriah, lo sabe? --‫؟‬A qué te refieres? --preguntَ Inrau con alarma. --No --dijo Achamian, pensativamente--. Tiene razَn. No es posible que Maithanet se acercara a los Chapiteles Escarlatas a menos que supiera que la Escuela estaba en guerra con los cishaurim. Ser‫ي‬a demasiado absurdo de otro modo. ‫؟‬La Escuela m‫ل‬s orgullosa de los Tres Mares uniéndose a una Guerra Santa? Piensa en ello. --«‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a saberlo?» --Quiz‫ ل‬--dijo Inrau-- los Mil Templos simplemente se toparon con ese dato, como tْ, pero antes. --Quiz‫ ل‬--repitiَ Achamian--, pero es poco probable. Por lo menos eso nos exige que lo vigilemos m‫ل‬s de cerca. Esmenet volviَ a estremecerse, pero esa vez de euforia. «El mundo gira gracias a personas como éstas, y yo acabo de unirme a ellas.» El aire, pensَ, ol‫ي‬a a agua y flores. Inrau mirَ moment‫ل‬neamente a Esmenet antes de devolver la mirada quejumbrosa a su mentor. --No puedo hacer lo que me pides... No puedo. --Debes acercarte m‫ل‬s a Maithanet, Inrau. Tu Shriah es demasiado astuto. --‫؟‬Qué? --dijo el joven sacerdote con un sarcasmo desganado--. ‫؟‬ Demasiado astuto para ser un hombre de fe? --En absoluto, amigo m‫ي‬o. Demasiado astuto para ser lo que parece.

Finales de primavera, aٌo del Colmillo 4110, Sumna Lluvia. Si una ciudad era vieja, muy vieja, las alcantarillas y las charcas siempre eran de un color negro brillante, empapadas del detritus de la historia. Sumna era antigua, sus aguas eran como brea. Abraz‫ل‬ndose a s‫ ي‬mismo, Paro Inrau escudriٌَ el oscuro patio. Estaba solo. En todas partes se o‫ي‬a el ruido del agua: el monَtono rugido de la lluvia, el borboteo de los aleros y el chasquido de las alcantarillas. A través del chapoteo, o‫ي‬a el gemido de los suplicantes. Arqueados en una postura de dolor y pena, su canciَn cruzaba la piedra hْmeda y sosten‫ي‬a sus pensamientos en alargadas notas. Himnos de sufrimiento. Dos voces: una muy aguda y quejumbrosa, preguntando por qué debemos sufrir, siempre por qué; la otra grave, henchida de la inquietante grandeza de los Mil Templos y con la circunspecciَn de la verdad: que los Hombres eran solamente sufrimiento y ruina, que las l‫ل‬ grimas eran lasْ nicas aguas sagradas. «Mi vida --pens .--Mi َ vida«. Inrau bajَ el rostro y tratَ de borrar su llanto con una sonrisa. ،Ojal‫ل‬ pudiera olvidar! ،Ojal‫!ل‬ «El Shriah. Pero ‫؟‬cَmo puede ser?» Estaba tan solo. A su alrededor se alzaban mamposter‫ي‬as ceneianas, amontonadas en la oscura vastedad de la Hagerna. Se deslizَ hasta agacharse y se meciَ contra la piedra hْmeda. El miedo a aquel recinto no le dejaba ninguna direcciَn en la que correr. Sَlo pod‫ي‬a encogerse en su interior, tratar de llorar hasta desaparecer. «Achamian, querido tutor, ‫؟‬qué me has hecho?» Cuando Inrau pensَ en sus aٌos en Atyersus, estudiando bajo la atenta mirada de Drusas Achamian, recordَ las ocasiones en que hab‫ي‬a salido con su padre y su t‫ي‬o para arrojar las redes lejos de la costa nronia; esas ocasiones en las que las nubes se hab‫ي‬an oscurecido y su padre, sacando los peces argénteos del mar, se hab‫ي‬a negado a regresar a la aldea. --،Mira qué pez! --gritaba con los ojos transidos por una desesperada buena suerte--. ،Momas nos favorece, compaٌeros! ،El Dios nos favorece! Atyersus le recordaba a Inrau uno de esos peligrosos momentos, no porque Achamian se pareciera a su padre --no, su padre hab‫ي‬a sido fuerte, sus piernas inclinadas sobre la cubierta, su esp‫ي‬ritu indomable

ante las cabezadas del mar--, sino porque como los peces, las riquezas que él hab‫ي‬a obtenido del seno de la hechicer‫ي‬a hab‫ي‬an sido conseguidas contra la amenaza de la muerte. A Inrau, Atyersus le hab‫ي‬ a parecido una violenta tormenta congelada en inmensos pilares y negras cortinas de piedra, y Achamian se asemejaba a su t‫ي‬o, subyugado por la cَlera de su padre y, a pesar de ello, esforz‫ل‬ndose para recuperar su bot‫ي‬n y as‫ ي‬poder salvar a su hermano y al hijo de su hermano. Le deb‫ي‬a la vida a Drusas Achamian, de eso Inrau estaba seguro. Los Maestros del Mandato nunca regresaban a la costa y mataban a los que abandonaban sus redes para hacerlo. ‫؟‬Cَmo pagaban los hombres esas deudas? Cuando se deb‫ي‬a dinero, un hombre simplemente lo retornaba con intereses al usurero. Lo que se daba y lo que se devolv‫ي‬a era lo mismo. Pero ‫؟‬era ese intercambio tan sencillo cuando un hombre le deb‫ي‬a su vida a otro? Por haberle retornado a la costa, ‫؟‬le deb‫ي‬a Inrau a Achamian unْ ltimo viaje por los tormentosos mares del Mandato? Pagarle a Achamian con la misma moneda que le deb‫ي‬a le parec‫ي‬a un error de todos modos, como si su viejo profesor hubiera anulado su regalo en lugar de pedir un regalo a cambio. Inrau hab‫ي‬a hecho muchos intercambios en su vida. Al dejar el Mandato por los Mil Templos, hab‫ي‬a intercambiado el corazَn roto de Seswatha por la tr‫ل‬gica belleza de Inri Sejenus, el terror del Consulto por el odio de los cishaurim, y el rechazo condescendiente de la fe por la p‫ي‬a condena de la hechicer‫ي‬a. Y se hab‫ي‬a preguntado, en aquellos primeros d‫ي‬as, qué hab‫ي‬a ganado con ese intercambio de vocaciones. Todo. Lo hab‫ي‬a ganado todo. Fe por conocimiento, sabidur‫ي‬a por astucia, corazَn por intelecto: no hab‫ي‬a escalas para aquello, sَlo hombres y sus muy diversas inclinaciones. Inrau hab‫ي‬a nacido para los Mil Templos, y al permitirle abandonar la Escuela del Mandato, Achamian se lo hab‫ي‬a dado todo. Y debido a ello, la gratitud que Inrau sent‫ي‬a por su viejo profesor estaba mas all‫ ل‬de toda medida o descripci َn. «Cualquier precio --pensaba mientras paseaba por la Hagerna, obsesionado por el alivio y la alegr‫ي‬a--. Cualquier precio.» Y entonces la tormenta se hab‫ي‬a desatado. Se sent‫ي‬a pequeٌo, como un niٌo abandonado en mitad de las aguas oscuras y agitadas. «،Por favor! ،Perm‫ي‬teme olvidarlo!» Por un momento, le pareciَ que pod‫ي‬a o‫ي‬r el ruido de unas botas haciendo eco por uno de los callejones, pero entonces sonaron las Trompas de Llamada, incre‫ي‬blemente profundas, como el oleaje del océano o‫ي‬do a través de un muro de piedra. Cruzَ el patio corriendo

hacia las inmensas puertas del templo, tirando de su capa contra el aguacero. Las puertas de Irreuma se abrieron chirriando y arrojaron una amplia banda de luz sobre los adoquines en los que chisporroteaba la lluvia. Con cuidado de evitar las miradas curiosas, avanzَ entre la repentina masa de sacerdotes y monjes que sal‫ي‬an del templo. Ascendi َ corriendo los anchos escalones entre las serpientes de bronce que adornaban la entrada. Los guardianes fruncieron el ceٌo cuando entrَ. Al principio, sintiَ vergüenza, pero después se dio cuenta de que hab‫ي‬a dejado un rastro de agua y arena en el suelo. Les ignorَ. Ante él, dos hileras de columnas formaban un ancho pasillo desigualmente iluminado por braseros colgantes. Las columnas se alzaban para sostener el triforio, la secciَn central alzada del techo, demasiado alta para que la luz llegara hasta all ‫ي‬. A ambos lados del pasillo del triforio hab‫ي‬a dos hileras de columnas m‫ل‬s pequeٌas que flanqueaban las pequeٌas capillas de diversas deidades cْlticas. Todo parec‫ي‬a estar al alcance de la mano, al alcance de la mano. Puso una mano ausente sobre la piedra caliza. Fr‫ي‬a. Impasible. Ninguna seٌal de la gran carga que soportaba. Esa era la fuerza de las cosas inanimadas. «Dame esa fuerza, Diosa. Haz de m‫ ي‬un pilar.» Inrau trazَ un c‫ي‬rculo alrededor de la columna y se introdujo en la penumbra de su capilla; se sintiَ aliviado por su fr‫ي‬a piedra. «Onkis... querida.» «Dios tiene mil veces mil caras --hab‫ي‬a dicho Sejenus--, pero los hombres sَlo tienen un corazَn.» Toda gran fe era un laberinto con innumerables y pequeٌas grutas, lugares medio secretos en los que las abstracciones se desvanec‫ي‬an y donde los objetos de culto eran lo suficientemente pequeٌos como para calmar las ansiedades cotidianas, lo suficientemente familiares como para llorar abiertamente por cosas de poca importancia. Inrau hab‫ي‬a encontrado su gruta en el santuario de Onkis, la Cantante en la Oscuridad, el Aspecto que estaba en el corazَn de todos los hombres, que les mov‫ي‬a a tratar de abarcar siempre m‫ل‬s de lo que pod‫ي‬an sostener. Se arrodillَ. Los sollozos lo sacudieron. ،Ojal‫ ل‬hubiera sido capaz de olvidar!, olvidar lo que el Mandato le hab‫ي‬a enseٌado. Si hubiera sido capaz de hacer eso, entonces esaْ ltima revelaciَn que le hab‫ي‬a roto el corazَn no hubiera tenido ningْn sentido para él. ،Ojal ‫ل‬Achamian no hubiera ido all !‫ي‬El precio era demasiado alto. «Onkis.» ‫؟‬Podr‫ي‬a perdonarle que regresara al Mandato?

El ‫ي‬dolo estaba tallado en m‫ل‬rmol blanco, con los ojos cerrados y el aspecto hundido de los muertos. A primera vista parec‫ي‬a la cabeza escindida de una mujer, hermosa pero algo vulgar, colocada sobre una peana. Pero una mirada m‫ل‬s atenta permit‫ي‬a descubrir que la peana era un ‫ل‬rbol en miniatura, como los que cultivaban los antiguos norsirai, pero trabajado en bronce. Las ramas se le met‫ي‬an en la boca abierta y le sub‫ي‬an por la cara; la naturaleza renacida a través de los labios humanos. Otras ramas sub‫ي‬an por la parte trasera de la cabeza y se enredaban en el pelo inmَvil. La imagen nunca dejaba de conmover algo en su interior, y ésa era la razَn por la que siempre regresaba a ella: ella era esa conmociَn, el lugar oscuro en el que sus pensamientos se pon‫ي‬ an en marcha. Ella le preced‫ي‬a. Dio un respingo al o‫ي‬r el sonido de una voces procedentes de la puerta del templo. «Guardianes. Deben de ser ellos.» Después rebuscَ en su capa y sacَ un pequeٌo fardo con comida: albaricoques secos, d‫ل‬ tiles, almendras y un poco de pescado salado. Se acercَ lo suficiente como para que ella pudiera sentir el calor de su aliento y, con las manos temblorosas, puso la comida en un pequeٌo comedero colocado en el pedestal. Toda la comida ten‫ي‬a su esencia, su ‫ل‬nima, lo que los blasfemos llamaban el onta. Todo arrojaba su sombra sobre el Exterior, donde los Dioses se mov‫ي‬an. Con las manos temblorosas sacَ su modesto ‫ل‬rbol genealَgico y susurrَ los nombres, y sَlo se detuvo para rogarle a su bisabuelo que intercediera en su favor. favor, fuerza... --Fuerza --murmur .--Por َ El pequeٌo rollo de pergamino cayَ al suelo. El silencio era completo, opresivo. El corazَn le dol‫ي‬a; tanto era lo que estaba en juego. ‫ة‬sos eran los acontecimientos sobre los que giraba el mundo. Suficiente para una Diosa. --Por favor, h‫ل‬blame. Nada. Las l‫ل‬grimas se ramificaron sobre su rostro. Levantَ los brazos y los sostuvo en lo alto hasta que le ardieron los hombros. --،Cualquier cosa! --gritَ. «Corre --susurraron sus pensamientos--. Corre.» ،Cobarde! ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a ser tan cobarde? Algo tras él. ،El sonido del batir de unas alas!, como el revoloteo de los clérigos entre los inmensos pilares. Volviَ el rostro hacia el oscuro techo, buscando con sus o‫ي‬dos. Otro revoloteo. En algْn lugar del triforio. Se le puso la piel de gallina. «‫؟‬Eres tْ?»

«No.» Siempre dudando. ‫؟‬Por qué siempre estaba dudando? Dando traspiés, saliَ corriendo de la capilla. La puerta del templo hab‫ي‬a sido cerrada y los guardianes no estaban all‫ي‬. Al cabo de un rato, localizَ la estrecha escalera que ascend‫ي‬a por el muro hacia los balcones del triforio. A medio camino, la oscuridad de la escalera se hizo completa. Se detuvo un momento y respirَ profundamente. El aire ol ‫ي‬a a polvo. La inseguridad, siempre tan poderosa en él, se desvaneciَ. «،Eres tْ!» La cabeza le lat‫ي‬a de arrobamiento cuando llegَ a la cima de la escalera. La puerta del balcَn estaba entreabierta. Una luz gris‫ل‬cea se colaba por la rendija. Finalmente --después de todo su amor, de todo su tiempo--, Onkis le cantar‫ي‬a a él y no a través de él. Saliَ al balcَn cautelosamente. Se lamiَ los labios. El estَmago le daba saltos. O‫ي‬a el rugido de la lluvia a través de la piedra. Los capiteles de los pilares eran la primera cosa que se distingu‫ي‬a en la oscuridad, y después, el techo que se alzaba cerca, por encima de ellos. Parec‫ي‬a antinatural que tanto peso estuviera suspendido a tanta altura. Los troncos de las columnas se tornaban m‫ل‬s brillantes a medida que escapaban de la visiَn. La luz procedente de abajo era distante y difusa, tan suave como los bordes desgastados de la mamposter‫ي‬a. La baranda del balcَn ten‫ي‬a una aura de vértigo, as‫ ي‬que mantuvo la espalda pegada al muro. La mamposter‫ي‬a parec‫ي‬a quebradiza, resquebrajada por el paso del tiempo en la oscuridad. Los frescos de la pared se hab‫ي‬an desconchado. El techo estaba lleno de avisperos de arcilla, y recordَ los barcos de guerra varados sobre la arena de la playa como c‫ل‬scaras de percebe. --‫؟‬Dَnde est‫ل‬s? --susurrَ. Y entonces lo vio, y el horror le estrangulَ. Estaba a poca distancia, apostado en la baranda, observ‫ل‬ndole con unos refulgentes ojos azules. Ten‫ي‬a el cuerpo de un cuervo, pero su cabeza era pequeٌa, calva y humana, del tamaٌo del puٌo de un niٌo. Tensando los labios sobre unos pequeٌos y perfectos dientes, sonriَ. «،Dulce Sejenus! ،Oh Dios! ،No puede ser! ،No puede ser!» Una parodia de sorpresa cruzَ su cara en miniatura. --Sabes lo que soy --dijo en una voz quebradiza--. ‫؟‬Cَmo es eso? «،No puede ser! ،No puede ser! ،Consulto aqu‫ ي‬no, no, no!» --Porque --replicَ otra voz-- en el pasado fue uno de los estudiantes de Achamian. --La voz estaba oculta en las sombras, a cierta distancia

en el triforio. Entrَ caminando en la débil luz. Curtias Sarcellus le saludَ con una sonrisa. --‫؟‬No es as‫ي‬, Inrau? ‫؟‬Un Caballero-Comandante trat‫ل‬ndose con una S‫ي‬ntesis del Consulto? «،Akka, Akka, s‫ل‬lvame!» Un terror de pesadilla y desconfianza sin aliento, los pensamientos presas del p‫ل‬nico. Inrau retrocediَ, tambale‫ل‬ndose. El suelo se moviَ. El sonido del hierro rascando contra la piedra a su espalda le hizo gritar. Se dio la vuelta y vio a otro Caballero Shriah salir de la penumbra. También a ése lo conoc‫ي‬a: Mujonish, que le hab‫ي‬a acompaٌado a recolecciones del diezmo en el pasado. El hombre se acercَ con adem‫ل‬ n cauteloso y los brazos abiertos, como si estuviera arreando un toro peligroso. ‫؟‬Qué estaba sucediendo? «‫؟‬Onkis?» --Como puedes ver --dijo la S‫ي‬ntesis con cuerpo de cuervo-- no tienes adonde ir. --‫؟‬Quién? --consiguiَ decir con un jadeo Inrau. Entonces ve‫ي‬a la marca de la hechicer‫ي‬a, la cicatriz de las Palabras utilizadas para atar el alma de un hombre al abominable recipiente que ten‫ي‬a ante s‫ ؟‬.‫ي‬Cَmo no se hab‫ي‬a dado cuenta? --Sabe que esta forma no es m‫ل‬s que un cascarَn --le dijo la S‫ي‬ ntesis a Sarcellus--, pero no veo a Chigra en su interior. --Girَ los ojos del tamaٌo de un guisante, pequeٌas cuentas de cristal azul celeste, hacia Inrau--. ،Hummm! ‫؟‬Chico, tْ no sueٌas el Sueٌo como los dem‫ل‬s, ‫؟‬verdad? Si lo hicieras, me reconocer‫ي‬as. Chigra siempre me reconoc‫ي‬a. «‫؟‬Onkis? ،Diosa zorra y traicionera!» A través del terror, una imposible seguridad se apoderَ de él. Una revelaciَn. Las palabras de la plegaria se hab‫ي‬an convertido en un tejido. Debajo percibiَ otras palabras, palabras de poder. --‫؟‬Qué queréis? --preguntَ Inrau, esa vez con la voz m‫ل‬s tranquila--. ‫؟‬Qué est‫ل‬is haciendo aqu‫ ?ي‬--No le importaba la respuesta, sَlo el tiempo. «Por favor, recuerda; por favor, recuerda.» --‫؟‬Haciendo? Bueno, lo que nosotros siempre hacemos: supervisando nuestros intereses en estos asuntos. --Frunciَ los labios sobre sus pequeٌos dientes, pero amargamente, como si su sabor le desagradara--. No hay ninguna diferencia, supongo, con respecto a lo que tْ est‫ل‬s haciendo en los aposentos del Shriah, ‫؟‬no? Respirar se hab‫ي‬a vuelto doloroso. No pod‫ي‬a hablar.

«S‫ي‬, s‫ي‬, s‫ي‬, eso es, pero ‫؟‬ahora qué?; ‫؟‬ahora qué sigue?» --Veamos --dijo Sarcellus, acerc‫ل‬ndose--. Me temo que es en parte culpa m‫ي‬a, Viejo Padre. Hace algunas semanas declaré que el joven ap َstol era disciplinado. --As‫ ي‬que es culpa tuya --dijo la S‫ي‬ntesis con la burla en miniatura de un ceٌo fruncido. Dio algunos pasitos sobre la baranda para seguir el retroceso de Inrau--. Sin direcciَn, simplemente puso todo su ardor en la vocaciَn equivocada. --Un pequeٌo resoplido, como el de un gato--. Ah, ‫؟‬ lo ves, Inrau? No tienes absolutamente nada que temer. El Caballero-Comandante asume la responsabilidad. «،Eso es, eso es, eso es!» Inrau percibiَ a Mujonish tras él. La plegaria se adueٌَ de su lengua. La blasfemia asomَ a sus labios. Gir‫ل‬ndose con una velocidad hechicera, metiَ dos dedos en la cota de malla de Mujonish, le rompiَ el esternَn y le cogiَ el corazَn. Dio un tirَn con la mano que ten‫ي‬a libre y sacَ un cordَn de sangre relumbrante al aire. M‫ل‬s palabras imposibles. La sangre ard‫ي‬a con una llama incandescente, siguiendo su arrolladura mano hacia la S‫ي‬ntesis. Gritando, la criatura se tirَ de la baranda hacia el vac‫ي‬o. Gotas de sangre cegadoras rompieron la piedra desnuda. Se hubiera girado hacia Sarcellus, pero la visiَn de Mujonish le inmovilizaba. El Caballero Shriah hab‫ي‬a ca‫ي‬do de rodillas y se secaba las manos sangrientas en el sobretodo de la armadura. Entonces, como si se derramara de una vejiga, la cara se le cayَ, volviéndosele hacia fuera, desasiéndose... Ninguna seٌal. Ni el menor murmullo de hechicer‫ي‬a. «Pero ‫؟‬cَmo?» Algo le golpeَ con fuerza en la cabeza y se cayَ. Se levantَ con dificultades. Un golpe en el estَmago lo hizo rodar. Vislumbrَ la sombr‫ي‬a figura de Sarcellus danzando a su alrededor. Dijo jadeando m‫ل‬s palabras, palabras de refugio. Unas fantasmales Guardas surgieron de él... Pero fue inْtil. Alargando el brazo a través de los luminiscentes cristales como si fueran humo, el Caballero-Comandante le cogiَ por el cuello y lo levantَ en el aire. Levantَ un Chorae con la otra mano y lo pas َ por encima de la mejilla de Inrau. Agon‫ي‬a chamuscada. El suelo de piedra golpeَ la cara de Inrau. Se encogiَ de dolor. La piel se le descascarillaba entre los dedos, transformada en sal por el tacto del Chorae. La carne expuesta le ard‫ي‬ a. Gritَ otra vez.

--،Ceder‫ل‬s! --oyَ que gritaba la S‫ي‬ntesis. Mirando fulminantemente esa cosa odiosa, Inrau retomَ su canciَn blasfema. Vio el sol brillando a través de la ventana de su cara. Demasiado tarde. Luces como mil anzuelos salieron de la boca de la S‫ي‬ntesis. Las Guardas de Inrau se agrietaron y se partieron con un tableteo cegador. Entonces, su canto se ahogَ en sus labios. El aire le asfixiaba con la densidad del agua. Flotَ sobre el suelo del triforio. Torrentes de burbujas plateadas salieron de su boca abierta para estallar contra el techo. El peso de un océano le golpeَ con un puٌo embalsamador. Al principio, mantuvo la calma. Observَ cَmo la S‫ي‬ntesis se posaba en el hombro del Caballero-Comandante y le miraba con sus pequeٌos ojos azules del tamaٌo de un botَn. Admirَ la negrura de sus plumas, salpicada con reflejos cristalinos morados. Pensَ en Achamian, desventurado, ajeno al peligro. «،Oh, Akka! Es peor de lo que osaste imaginar.» Pero no hab‫ي‬a nada que hacer. Con la garganta cerr‫ل‬ndosele, Inrau pensَ en la Diosa, en las infidelidades de ella y en las suyas. Pero su corazَn lat‫ي‬a m‫ل‬s y m‫ل‬s fuerte e introduc‫ي‬a m‫ل‬s presiَn en su cr‫ل‬neo, hasta que los labios se le doblaron y abrieron. Entonces, se desplomَ y se retorciَ con locura; sus estْpidos pensamientos estaban seguros de que en algْn lugar hab‫ي‬a una superficie que romper, alguna abertura al aire. Un reflejo salvaje e irresistible le abriَ los pulmones. Convulsiones, arcadas, agua como un calcet‫ي‬n en la garganta, sacudiéndose en una neblina de puntos blancos. Después, el duro suelo, tosiendo, ardiendo, asfixi‫ل‬ndose. Sarcellus lo puso de rodillas tir‫ل‬ndole del pelo y le arrancَ la cara hacia el confuso borrَn de la S‫ي‬ntesis. Inrau vomitَ, sac َa golpes m‫ل‬s fuego de sus pulmones. --Soy un Viejo Nombre --dijo la pequeٌa cara--. Aunque porte este cascarَn, podr‫ي‬a mostrarte las Agon‫ي‬as, estْpido del Mandato. qué? --،Aj! --Inrau tragَ saliva. Solloz‫ ؟‬.--Por َ De nuevo, la sonrisa delgada, minْscula. --Tْ rindes culto al sufrimiento. ‫؟‬Qué crees? Una ira colosal se apoderَ de él. ،No lo entend‫ي‬a! No lo entend‫ي‬a. Con un rugido de toses, avanzَ dando sacudidas, arranc‫ل‬ndose el pelo del cuero cabelludo. La S‫ي‬ntesis pareciَ salir volando de su camino, pero no era su muerte lo que él deseaba. «Cualquier precio, viejo

profesor.» La baranda de piedra le golpeَ la cadera, que se rompiَ como un pastel. Estaba flotando de nuevo, pero era tan diferente. El aire le bat ‫ي‬a la cara, le baٌaba el cuerpo. Con una sola mano extendida, Paro Inrau siguiَ un pilar hasta el suelo.

SEGUNDA PARTE: EL EMPERADOR

_____ 5 _____ Momemn «La diferencia entre el emperador fuerte y el débil es simplemente ésta: el primero hace del mundo su ruedo, mientras que el segundo hace de él su harén.» Casidas, Los anales de Cenei «Lo que los hombres del Colmillo nunca comprendieron era que los nansur y los kianene eran viejos enemigos. Cuando dos pueblos civilizados se encuentran en guerra durante siglos, una infinidad de intereses comunes surgir‫ل‬n en mitad de su mayor antagonismo. Los enemigos ancestrales comparten muchas cosas: respeto mutuo, una historia comْn, un triunfo en punto muerto y una plétora de treguas t‫ل‬citas. Los Hombres del Colmillo eran intrusos, una marea impertinente que amenazaba con arrasar los cauces respetados de una enemistad mucho m‫ل‬s antigua.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Principios de verano, aٌo del Colmillo 4110, Momemn

Diseٌada para capturar la puesta del sol, la Sala de Audiencias imperial no ten‫ي‬a muros detr‫ل‬s del estrado del Emperador. La luz del sol entraba en el interior abovedado a través de los pilares de m‫ل‬rmol de la explanada e iluminaba los tapices que hab‫ي‬a suspendidos entre ellos. La brisa arremolinaba el humo de los incensarios colocados alrededor del estrado y mezclaba la fragancia de los aceites olorosos con las del cielo y el mar. --‫؟‬Se sabe algo de mi sobrino? --preguntَ Ikurei Xerius III a Skeaos, su Primer Consejero--. ‫؟‬Algo de Conphas? --No, Dios-de-los-Hombres --respondiَ el anciano--. Pero todo va bien. Estoy seguro. Xerius frunciَ los labios e hizo cuanto pudo para parecer sereno. --Procede, Skeaos. Con el frufrْ de su toga de seda, el marchito Primer Consejero se gir َ hacia los dem‫ل‬s funcionarios reunidos alrededor del estrado. Desde que ten‫ي‬a uso de razَn, Xerius siempre hab‫ي‬a estado rodeado de soldados, embajadores, esclavos, esp‫ي‬as y astrَlogos... Desde que ten‫ي‬ a uso de razَn, hab‫ي‬a sido el centro de esa muchedumbre que correteaba de aqu‫ ي‬para all‫ل‬, el gancho del que colgaba el maltrecho manto del Imperio. Entonces, de repente, le sorprendiَ no haber mirado nunca a ninguno de ellos a los ojos, jam‫ل‬s. Mirar a los ojos al Emperador estaba prohibido para aquellos que no ten‫ي‬an sangre imperial. Esa idea le horrorizَ. «Con la salvedad de Skeaos, no conozco a ninguno de esos hombres.» El Primer Consejero se dirigiَ a ellos. --‫ة‬sta ser‫ ل‬una audiencia distinta de todas las que habéis presenciado antes. Como sabéis, el primero de los grandes caballeros inrithi ha llegado. Somos el portal a través del cual él y sus pares deben pasar para unirse a la Guerra Santa. No podemos imped‫ي‬rselo ni cobrarles por ello, pero podemos ejercer nuestra influencia, hacerles ver que nuestros intereses coinciden con lo que est‫ ل‬bien y es verdadero. A medida que avance la audiencia, manteneos en silencio. No cuchicheéis. No os mov‫ل‬is. Adoptad un aspecto de severa compasiَn. Si el estْpido firma el Solemne Contrato, sَlo entonces prescindiremos del protocolo. Podéis mezclaros con su séquito, compartir la comida o la bebida que los esclavos os ofrezcan. Pero medid vuestras palabras. No reveléis nada. Nada. Quiz‫ ل‬cre‫ل‬is que est‫ل‬is al margen de estos acontecimientos, pero no lo est‫ل‬is. Form‫ل‬is parte de ellos. No comet‫ل‬is ningْn error, amigos m‫ي‬os; el propio Imperio est‫ ل‬en juego.

El Primer Consejero mirَ a Xerius, que asintiَ. --Ha llegado el momento --grit َSkeaos, haciendo un gesto hacia el extremo m‫ل‬s lejano de la Sala de Audiencias imperial. Las grandes puertas de piedra, reliquias kyraneanas recuperadas de las ruinas de Methsonc, se abrieron pesadamente. --Su eminencia --gritَ una voz--, el seٌor Nersei Calmemunis, Palatino de Kanampurea. Sintiéndose por sorpresa sin aliento, Xerius observَ cَmo sus ujieres imperiales guiaban al séquito conriyano por la sala. A pesar de su anterior resoluciَn de permanecer inmَvil («los hombres que parecen estatuas --pensaba-- irradian sabidur‫ي‬a»), se encontrَ tir‫ل‬ndose de las borlas de su faldَn de lino. Hab‫ي‬a recibido a innumerables peticionarios en cuarenta y cinco aٌos, embajadas de guerra y paz de todos los Tres Mares, pero como Skeaos hab‫ي‬a dicho, nunca hab‫ي‬a presidido una audiencia como aquélla. «El propio Imperio...» Hab‫ي‬an pasado meses desde que Maithanet hab‫ي‬a declarado la Guerra Santa contra los infieles de Kian. Como la nafta, los man‫ي‬acos llamamientos hab‫ي‬an incendiado los corazones de todos los hombres de la naciَn inrithi; a los p‫ي‬os, los sedientos de sangre y los codiciosos por igual. Incluso entonces, las arboledas y los viٌedos que hab‫ي‬a m‫ل‬s all‫ ل‬de las murallas de Momemn estaban repletos de los autoproclamados Hombres del Colmillo. Pero hasta la llegada de Calmemunis, hab‫ي‬an sido sobre todo chusma: hombres libres de las castas inferiores, mendigos, sacerdotes cْlticos no hereditarios e incluso, segْn le hab‫ي‬an dicho a Xerius, un grupo de leprosos, hombres con pocas esperanzas m‫ل‬s all‫ ل‬de la promesa de Maithanet, incapaces de comprender la temible tarea que su Shriah les hab‫ي‬a encomendado. Hombres como ellos no merec‫ي‬an el escupitajo del Emperador, y mucho menos sus preocupaciones. Nersei Calmemunis era una cosa completamente distinta. De todos los grandes nobles inrithi de los que se rumoreaba que hab‫ي‬an hipotecado sus derechos de nacimiento por la Guerra Santa, él hab‫ي‬a sido el primero en llegar a las costas del Imperio. Su llegada hab‫ي‬a provocado tumultos entre la poblaciَn de Momemn. Tablillas de consagraciَn de arcilla, compradas en los templos por un talento de cobre, fueron colgadas en las calles. Las piras de Cmiral quemaron a una infinita procesiَn de v‫ي‬ctimas donadas en su nombre. Todo el mundo comprendiَ que un hombre como Calmemunis, junto a sus barones y caballeros vasallos, ser‫ي‬a la quilla y el timَn de la Guerra

Santa. Pero ‫؟‬quién ser‫ي‬a su piloto? «Yo.» Aguijoneado por un p‫ل‬nico moment‫ل‬neo, Xerius apartَ la mirada de los conriyanos que se acercaban para observar el revoloteo de alas en las alturas. Como siempre, los gorriones jugueteaban y se enmaraٌaban bajo las oscuras bَvedas. Por un momento, se preguntَ qué ser‫ي‬a un emperador para un gorriَn. ‫؟‬Sَlo un hombre m‫ل‬s? Le pareciَ poco probable. Cuando bajَ la mirada, los conriyanos se estaban arrodillando en el suelo, debajo de él. Xerius advirtiَ con desagrado que muchos de ellos llevaban pequeٌos pétalos de flores en el pelo y entre los tirabuzones aceitados de sus barbas. Marcas de la adulaciَn de Momemn. Se pusieron en pie al un‫ي‬sono, algunos parpadeando, otros protegiéndose los ojos de la luz del sol. «Para ellos, soy sَlo una figura oscura enmarcada por el sol y el cielo.» --Siempre es bueno --dijo con una sorprendente resoluciَn-- recibir a un primo de nuestra raza de allende los mares. ‫؟‬Cَmo van las cosas, seٌor Calmemunis? El Palatino de Kanampurea se adelantَ de entre su séquito y se detuvo ante los monumentales escalones, eligiendo con poco tacto la larga sombra de Xerius para bloquear aquel resplandor. Alto y ancho de hombros, el hombre ten‫ي‬a una figura imponente. La pequeٌa boca fruncida entre la barba suger‫ي‬a algْn defecto de nacimiento, pero los ropajes rosados y azules que llevaba eran dignos de la envidia de un emperador. Los conriyanos pod‫ي‬an parecer salvajes con sus barbas, especialmente entre la elegancia bien rasurada de la corte imperial de Nansur, pero sus vestimentas eran impecables. --Bien, ‫؟‬cَmo va la guerra, t‫ي‬o? Xerius a punto estuvo de salir disparado de su trono. Alguien reprimiَ un grito. --No pretende ofenderte, Dios-de-los-Hombres --le murmurَ en seguida al o‫ي‬do Skeaos--. Los nobles conriyanos con frecuencia se refieren a sus superiores como t‫ي‬os. Es su costumbre. «S‫ ي‬--pensَ Xerius--, pero ‫؟‬por qué ha mencionado la guerra? ‫؟‬Me est‫ ل‬acosando?» --‫؟‬A qué guerra te refieres? ‫؟‬La Guerra Santa? Calmemunis mirَ con los ojos entrecerrados lo que para él deb‫ي‬a de ser un muro de siluetas en lo alto.

--Me dijeron que tu sobrino, Ikurei Conphas, marcha contra los scylvendios en el norte. --،Oh! Eso no es una guerra. Es solamente una expediciَn de castigo; una simple escaramuza, en realidad, si se la compara con la gran guerra que se avecina. Los scylvendios no son nada. Elْ nico objeto de mi preocupaciَn son los fanim de Kian. Después de todo, son ellos, y no los scylvendios, quienes profanan la santa Shimeh. ‫؟‬Pod‫ي‬an los dem‫ل‬s o‫ي‬r el hueco que ten‫ي‬a en el estَmago? Calmemunis frunciَ el entrecejo. --Pero he o‫ي‬do que los scylvendios son un pueblo formidable, que nunca han sido vencidos en el campo de batalla. --Has o‫ي‬do mal... Pues bien, Palatino, tu viaje desde Conriya se ha producido sin incidentes, intuyo. --Nada digno de menciَn. Momas nos favoreciَ con un mar tranquilo. --Merced a su gracia viajamos... Dime, ‫؟‬tuviste ocasiَn de hablar con Proyas antes de partir de Aoknyssus-- ?Pod‫ي‬a o‫ي‬r claramente cَmo Skeaos se tensaba a su lado. Menos de tres horas antes, el Primer Consejero le hab‫ي‬a informado de la enemistad de Calmemunis con su ilustre pariente. Segْn sus fuentes en Conriya, Proyas hab‫ي‬a ordenado que Calmemunis fuera azotado por impiedad en la batalla de Paremti el aٌo anterior. --‫؟‬Proyas? Xerius sonriَ. --S‫ي‬, tu primo. El Pr‫ي‬ncipe Coronado. Su cara y su pequeٌa boca se oscurecieron. --No, no hablamos. --Cre‫ي‬a que Maithanet le hab‫ي‬a ordenado que condujera a todos los conriyanos a la Guerra Santa. --Est‫ل‬s equivocado. Xerius reprimiَ una carcajada. Se dio cuenta de que ese hombre era estْpido. Con frecuencia se hab‫ي‬a preguntado si no era ésa la verdadera funciَn del jnan: la r‫ل‬pida separaciَn del grano de la paja. Entonces comprobaba que el Palatino de Kanampurea era paja. --No --dijo Xerius--. Creo que no. Varios miembros del séquito de Calmemunis fruncieron el entrecejo al o‫ي‬r eso --el funcionario rechoncho a su derecha incluso abri َ la boca en seٌal de protesta--, pero no pronunciaron palabra. Sab‫ي‬an perfectamente, como supuso Xerius, que no deb‫ي‬an decir nada que pudiera sugerir que a su Palatino se le hab‫ي‬a pasado algo por alto. --Proyas y yo no... --Calmenius se detuvo, como si a media frase se

diera cuenta de que hab‫ي‬a dicho demasiado. Se quedَ boquiabierto, desconcertado. «،Oh, esto es todo un arte! El idiota de un idiota.» Xerius hizo un gesto desdeٌoso con la mano y observَ cَmo su sombra revoloteaba sobre los hombres del Palatino. El sol le calentaba los dedos. --Ya basta de Proyas. --Sin duda --espetَ Calmemunis. Xerius no dudaba de que m‫ل‬s tarde Skeaos encontrar‫ي‬a una forma poco original de regaٌarle por haber mencionado a Proyas. No tendr‫ي‬a en cuenta el hecho de que el Palatino le hab‫ي‬a ofendido a él antes. Seg ْn Skeaos, estaban all‫ ي‬para seducir, no para enzarzarse en discusiones. «El viejo ingrato --pensaba Xerius-- se est‫ ل‬volviendo tan malo como mi madre.» No importaba. El Emperador era él. --Las provisiones... --susurrَ Skeaos. --Tْ y tu contingente seréis prove‫ي‬dos de cuanto necesitéis, por supuesto --prosiguiَ Xerius--. Y para asegurarme de que te hospedas de un modo acorde a tu rango, he preparado una cercana casa de campo para tu solaz. --Se gir َhacia el Primer Consejero--. Skeaos, ‫؟‬eres tan amable de mostrarle al Palatino nuestro Solemne Contrato? Skeaos chasqueَ los dedos, y un inmenso eunuco saliَ lenta y pesadamente de detr‫ل‬s de los cortinajes, a la derecha del estrado; sosten‫ي‬a un atril de bronce. Un segundo eunuco le siguiَ; llevaba como si se tratara de una reliquia, sobre sus brazos de foca, un largo rollo de pergamino. Calmemunis, asombrado, retrocediَ por los escalones cuando el primer eunuco colocَ el atril ante él. El segundo sostuvo con dificultades el pergamino durante un instante --una indiscreciَn que, sin duda, tendr‫ي‬a su castigo-- y después lo desenrollَ lentamente sobre el bronce inclinado. Ambos se retiraron a una prudente distancia. El Palatino conriyano entrecerrَ los ojos burlonamente mirando a Xerius y después se inclinَ para estudiar el pesado documento. Pasَ un largo rato. --‫؟‬Lees sheyico? --le preguntَ Xerius finalmente. Calmenicus le mirَ de soslayo. «Tengo que andarme con cuidado», pensَ Xerius. Pocas cosas resultaban tan imprevisibles como los hombres que eran a la vez estْ pidos y susceptibles. --Leo sheyico, pero no lo entiendo. --Eso no servir‫ ل‬de nada --dijo Xerius, inclin‫ل‬ndose hacia adelante en su trono--. Eres el primer hombre de alto rango, Calmemunis, que

honra con su presencia la inminente Guerra Santa. Es crucial que nos entendamos sin ningْn tipo de reserva, ‫؟‬no crees? --Es cierto --respondiَ el Palatino con un tono y una expresiَn gélidos, propios de quien trata de mantener la dignidad en un estado de desconcierto. Xerius sonriَ. --Bien. El Imperio de Nansur, como bien debes saber, ha estado guerreando contra los fanim desde que los primeros hombres de la tribu kiani llegaron aullando de los desiertos. Durante generaciones hemos luchado contra ellos en el sur, incluso mientras luch‫ل‬bamos contra los scylvendios en el norte, y hemos ido perdiendo una provincia tras otra a manos de su ardor fan‫ل‬tico. Eumarna, Xerash, incluso Shigek..., pérdidas pagadas con el sacrificio de miles y miles de hijos nansur. Todo lo que hoy es llamado Kian perteneciَ en el pasado a mis ancestros imperiales, Palatino. Y como quien yo soy ahora, Ikurei Xerius III, no es sino el rostro de un Emperador divino, todo lo que hoy es llamado Kian me perteneciَ, a m‫ي‬, en el pasado. Xerius se detuvo, transido por sus palabras y emocionado por la resonancia de su voz a través de las estancias de m‫ل‬rmol pulido. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬an negar la fuerza de su oratoria? --El Solemne Contrato que tienes ante ti, Calmemunis, solamente te une, como todo hombre debe estar unido, a la verdad. Y la verdad, la verdad innegable, es que todos los estados de Kian son, en realidad, provincias del Imperio de Nansur. Firmando este contrato, prometes deshacer esa antigua injusticia; prometes devolver todas las tierras liberadas por medio de la Guerra Santa a su leg‫ي‬timo propietario. --‫؟‬Qué es esto? --preguntَ Calmemunis, que a punto estaba de temblar de recelo, y eso no era bueno. --Como te he dicho, es un contrato mediante el cual te comprometes a... --Te he o‫ي‬do la primera vez --ladrَ Calmemunis--. ،No me han dicho nada de esto! ‫؟‬Tiene el visto bueno del Shriah? ‫؟‬Lo sabe Maithanet? ‫؟‬El muy idiota ten‫ي‬a el descaro de interrumpirle? ‫؟‬A Ikurei Xerius III, el Emperador que quer‫ي‬a ver restaurado el Nansurium? ،Qué esc‫ل‬ ndalo! --Mis generales me dicen que has tra‫ي‬do a mil quinientos hombres contigo, Palatino. Estoy seguro de que no esperabas que les diera una cama y un pecho del que mamar a cambio de nada, ‫؟‬verdad? --La palabra pecho atrapَ su imaginaciَn, y no pudo evitar aٌadir:-- El Imperio no tiene tantas tetas, mi amigo conriyano.

--N-no sab‫ي‬a nada de esto --tartamudeَ Calmemunis--. ‫؟‬Debo prometer que voy a renunciar a todas las tierras de infieles que conquiste? ‫؟‬Que voy a d‫ل‬rtelas a ti? El rechoncho funcionario que estaba a su lado no pudo aguantar m ‫ل‬s. --،No firmes nada, Palatino! Estoy seguro de que el Shriah no sabe nada de esto. --‫؟‬Y quién eres tْ? --le espetَ Xerius. --Krijates Xinemus --dijo el hombre con br‫ي‬o--. Mariscal de Attrempus. --Attrempus..., Attrempus. Skeaos, por favor, dime, ‫؟‬por qué me resulta tan familiar este nombre? --Por supuesto, Dios-de-los-Hombres. Attrempus es la hermana de Atyersus, la fortaleza que la Escuela del Mandato ha dado en usufructo a la Casa Nersei. El seٌor Xinemus, aqu‫ي‬, es un amigo ‫ي‬ntimo de Nersei Proyas. --El viejo Primer Consejero se detuvo durante el m‫ل‬s breve de los instantes, sin duda para permitir a su Emperador asimilar la importancia de aquello--. Su maestro de esgrima durante su infancia, si no me equivoco. Por supuesto. Proyas no era tan estْpido como para permitir que un idiota, especialmente un idiota tan poderoso como Calmemunis, se enfrentara, él solo, a la Casa Ikurei. Hab‫ي‬a mandado a una nodriza. «،Ah, madre! --pens ,--los َ Tres Mares al completo conocen nuestra reputaciَn«. --Mariscal --dijo Xerius--, olvidas cu‫ل‬l es tu lugar. ‫؟‬Acaso mi maestro de protocolo no te ha ordenado que permanecieras en silencio? Xinemus se riَ y negَ con la cabeza, compungido. Se girَ hacia Calmemunis. --Nos advirtieron de que esto pod‫ي‬a suceder, seٌor --dijo. --‫؟‬Qué os advirtieron que pod‫ي‬a suceder, Mariscal? --gritَ Xerius. ،Eso era completamente intolerable! --Simplemente, que la Casa Ikurei pod‫ي‬a jugar con lo que es sagrado. --‫؟‬Jugar? --exclamَ Calmemunis, gir‫ل‬ndose para enfrentarse con Xerius--. ‫؟‬Jugar con la Guerra Santa? Me he dirigido a ti con el corazَn abierto, Emperador, como un Hombre del Colmillo ante otro, ‫؟‬y tْ juegas con lo sagrado? Silencio fْnebre. El Emperador de Nansur acababa de ser acusado. --Te he pedido... --Xerius se detuvo, tratando de no gritar--. Te he

pedido, ،con buenas maneras, Palatino!, que firmaras mi Contrato. O lo firmas, o tْ y tus hombres os mor‫ي‬s de hambre; tan sencillo como esto. Calmemunis hab‫ي‬a adoptado la mirada de alguien que iba a desenfundar su arma, y por un momento, Xerius luchَ contra la demente necesidad de huir, a pesar de que las armas del hombre hab‫ي‬an sido confiscadas. El Palatino pod‫ي‬a ser un idiota, pero estaba terriblemente bien proporcionado. Parec‫ي‬a como si se dispusiera a ascender por los escalones que hab‫ي‬a entre ellos de siete en siete. --‫؟‬De modo que no nos dar‫ل‬s provisiones? --gritَ Calmemunis--. ‫؟‬ Matar‫ل‬s de hambre a Hombres del Colmillo para valerte de la Guerra Santa en tu favor? «Hombres del Colmillo.» La frase hac‫ي‬a que Xerius tuviera ganas de escupir, y sin embargo ese parlanch‫ي‬n idiota la pronunciَ como si fuera el nombre secreto de Dios. M‫ل‬s fanatismo lerdo. Skeaos también le hab‫ي‬a advertido de eso. --Sَlo estoy hablando de lo que la verdad exige, Palatino. Si la verdad sirve en mi favor es porque yo sirvo los fines de la verdad. --El Emperador de Nansur no pudo reprimir una sonrisa perversa--. Que tus hombres mueran o no de hambre depende de tu decisiَn, Calmemunis. Tu... Algo c‫ل‬lido y viscoso le golpeَ la mejilla. Asombrado, se dio una palmada en la cara y estudiَ la mugre de sus dedos. Una premoniciَn de condena le sobrevino y arrancَ el aliento de su pecho. ‫؟‬Qué era aquello? ‫؟‬Qué clase de augurio? Alzَ la mirada hacia los gorriones que revoloteaban. --،Gaenkelti! --bramَ. El capit‫ل‬n de la Guardia Eَtica corriَ a su lado: llevaba el aroma de b ‫ل‬lsamo y cuero. --،Matad a esos p‫ل‬jaros! --siseَ Xerius. --‫؟‬Ahora, Dios-de-los-Hombres? En lugar de contestar, agarrَ a Gaenkelti por la capa carmes‫ ي‬que el hombre vest‫ي‬a, de acuerdo con las costumbres nansur, recogida sobre el hombro izquierdo y anudada en la cadera derecha. La utilizَ para limpiarse los excrementos de p‫ل‬jaro de las mejillas y los dedos. Uno de sus p‫ل‬jaros le hab‫ي‬a corrompido... ‫؟‬Qué pod‫ي‬a significar eso? Lo hab‫ي‬a arriesgado todo. ،Todo! --،Arqueros! --gritَ Gaenkelti hacia las galer‫ي‬as superiores en las que estaban escondidos los Arqueros Eَticos--. ،Matad a los gorriones! Después de una breve pausa, se oyَ el taٌido de las cuerdas de unos arcos invisibles en lo alto.

--،Morid! --rugiَ Xerius--. ،Traidores desagradecidos! Pese a su cَlera, sonriَ al ver cَmo Calmemunis y su embajada correteaban para esquivar las flechas que ca‫ي‬an. Las saetas repicaron en el suelo de la Sala de Audiencias Imperial. La mayor‫ي‬a hab‫ي‬an errado el blanco, pero unos cuantos p‫ل‬jaros cayeron revoloteando como semillas de arce, llevando consigo unas pequeٌas sombras retorcidas. Pronto la sala quedَ llena de gorriones ca‫ي‬dos; algunos daban cabezadas como peces arponeados, y otros estaban inertes. Los arqueros se detuvieron. El golpeteo de las alas puntuaba el silencio. Un gorriَn empalado hab‫ي‬a ca‫ي‬do sobre los escalones entre él y el Palatino de Kanampurea. Llevado por un capricho, Xerius se alzَ de su trono y descendiَ por los escalones. Se inclinَ y alzَ la flecha con su maltrecho mensaje. Escudriٌَ el p‫ل‬jaro un instante, observَ sus convulsiones y bandazos. «‫؟‬Fuiste tْ, pequeٌo? ‫؟‬Quién te ha llevado a hacer esto? ‫؟‬Quién?» Un simple p‫ل‬jaro nunca hubiera osado ofender al Emperador. Levantَ la mirada hacia Calmemunis y fue presa de otro capricho, esa vez m‫ل‬s oscuro. Sosteniendo la saeta y el gorriَn ante él, se acercَ al estupefacto Palatino. --Toma esto --dijo Xerius con calma--, como muestra de mi estima.

Intercambiaron palabras de mutua indignaciَn y después Calmemunis, Xinemus y su séquito salieron bramando de la Sala de Audiencias imperial y dejaron a Xerius solo con su corazَn atronante. Se rascَ los restos de excremento de p‫ل‬jaro de la mejilla. Entrecerrando los ojos contra el sol, mirَ su trono, la silueta bruٌida de sus sirvientes. Oyَ vagamente a su Gran Senescal, Ngarau, pedir a gritos un cuenco de agua tibia. El Emperador deb‫ي‬a ser limpiado. --‫؟‬Qué significa esto? --preguntَ Xerius, absorto. --Nada, Dios-de-los-Hombres --respondiَ Skeaos--. Ten‫ي‬amos previsto que inicialmente se negaran a firmar el Solemne Contrato. Como todos los frutos, nuestro plan necesita tiempo para madurar. «‫؟‬Nuestro plan, Skeaos? Querr‫ل‬s decir mi plan.» Tratَ de bajar la mirada hacia aquel idiota insolente, pero el sol le confundiَ. --No estoy hablando contigo ni del contrato, viejo estْpido. --Para subrayar su argumento, le dio una patada al atril de bronce. El contrato

se tambaleَ en el aire como un péndulo antes de caer al suelo. Entonces, seٌalَ el p‫ل‬jaro ensartado que ten‫ي‬a a sus pies--. ‫؟‬Qué significa esto? --Buena fortuna --gritَ Arithmeas, su augur y astrَlogo favorito--. Entre las castas inferiores, ser... ،Ah!, que un p‫ل‬jaro se te cague encima es motivo de gran celebraciَn. Xerius quiso re‫ي‬r, pero no pudo. --Pero que se les caguen encima es elْ nico destino que conocen, ‫؟‬ no es as‫?ي‬ --En cualquier caso, esa creencia encierra una gran sabidur‫ي‬a, Dios-de-los-Hombres. Creen que las pequeٌas desgracias como ésta auguran cosas buenas. Las advertencias sombr‫ي‬as siempre deben acompaٌar al triunfo para recordarnos nuestra fragilidad. Sintiَ un cosquilleo en la mejilla, como si reconociera la verdad de las palabras del augur. ،Era un augurio! Y, adem‫ل‬s, bueno. ،Lo sent‫ي‬a! «،Una vez m‫ل‬s, los Dioses me han tocado!» De nuevo animado, ascendiَ los escalones, escuchando ‫ل‬ vidamente cَmo Arithmeas segu‫ي‬a hablando sobre el modo como ese acontecimiento coincid‫ي‬a con su estrella, que acababa de entrar en el horizonte de Anagke, la Zorra del Destino, y entonces estaba sobre dos fortuitos ejes con el Clavo del Cielo. --Una conjunciَn excelente --exclamَ el corpulento augur--. ،Sin duda, una conjunciَn excelente! En lugar de regresar a su lugar en el trono, Xerius pasَ junto a él y le pidiَ a Arithmeas que le acompaٌara. Liderando un pequeٌo grupo de funcionarios, caminَ entre los grandes pilares de m‫ل‬rmol rosado que resaltaban la ausencia del muro y saliَ a la terraza adyacente. Como un vasto fresco enturbiado por colores ahumados, Momemn se extend‫ي‬a ante él, expandiéndose hasta el sol poniente. Su palacio, las Cumbres Andiamine, estaba en el barrio mar‫ي‬timo de la ciudad, de modo que pod‫ي‬a, si lo deseaba, ver Momemn en su laber‫ي‬ntica entereza simplemente girando la cabeza de lado a lado: las torretas cuadradas del Cuartel Eَtico al norte, el monumental malecَn y los edificios del templo-complejo de Cmiral directamente al oeste, y el congestionado tumulto del puerto a lo largo de las orillas del r‫ي‬o Phayus al sur. Escuchando todav‫ي‬a a Arithmeas, observَ a través de los distantes muros hacia donde las arboledas y los campos circundantes se decoloraban bajo el vientre del sol. All‫ي‬, arracimados y esparcidos a lo largo del paisaje como el moho en un pedazo de pan, ve‫ي‬a las tiendas y

los pabellones de la Guerra Santa. No eran muchos hasta entonces, pero Xerius sab‫ي‬a que en cosa de meses podr‫ي‬an cubrir perfectamente el horizonte. --Pero la Guerra Santa, Arithmeas... ‫؟‬Significa esto que la Guerra Santa ser‫ ل‬m‫ي‬a? El augur imperial entrelazَ sus gruesos dedos y agitَ sus carrillos afirmativamente. --Pero los caminos del destino son estrechos, Dios-de-los-Hombres. Hay muchas cosas que debemos hacer. Tanta atenciَn prestaba Xerius a los diagnَsticos y las prescripciones de su augur --entre los que hab‫ي‬a detalladas instrucciones para el sacrificio de diez toros-- que al principio no se percatَ de la llegada de su madre. Pero all‫ ي‬estaba, una sombra estrecha en su periferia, tan inconfundible como la muerte. --Prepara las v‫ي‬ctimas, pues, Arithmeas-- dijo perentَreamente--. Es suficiente por ahora. Mientras el augur se retiraba, Xerius vio de soslayo un grupo de soldados que portaba el cuenco de agua que aquél hab‫ي‬a pedido antes. --‫؟‬Arithmeas? --‫؟‬S‫ي‬, Dios-de-los-Hombres? --La mejilla... ‫؟‬Debo limpi‫ل‬rmela? El hombre agitَ las manos de un modo cَmico. --،No! E-en ningْn caso, Dios-de-los-Hombres. Es crucial que esperes al menos tres d‫ي‬as. Crucial. Le asaltaron muchas otras preguntas, pero su madre se hab‫ي‬a acercado seguida por la tambaleante mole de su eunuco. Ella se mov‫ي‬a con la esbelta gracilidad de una virgen de quince aٌos pese a sus sesenta de ramera. Con un batir de muselina y seda azules, se girَ hacia él y escudriٌَ la ciudad como hab‫ي‬a hecho Xerius hac‫ي‬a un instante. La luz del sol brillaba sobre las capas de su tocado de jade. --Un hijo --dijo secamente-- que depende de un idiota que balbucea y lloriquea. Es muy reconfortante para el corazَn de una madre. Percibiَ algo extraٌo en sus maneras, algo contenido. Pero, de todos modos, nadie parec‫ي‬a sentirse cَmodo en su presenciaْ ltimamente; Xerius supon‫ي‬a que era porque finalmente hab‫ي‬an vislumbrado la divinidad que moraba en su interior, después de que los dos grandes cuernos de su plan hab‫ي‬an sido puestos en movimiento. --Son tiempos dif‫ي‬ciles, madre; demasiado peligrosos como para ignorar el futuro. Ella se girَ y lo estudiَ de un modo que era a la vez coqueto y

masculino. El sol profundizَ sus arrugas y proyectَ la sombra de su nariz sobre la mejilla. Xerius siempre hab‫ي‬a pensado que los viejos eran, en cuerpo y alma, desagradables. La edad transformada para siempre en resentimiento. Lo que era viril y ambicioso en los ojos de los jَvenes se convert‫ي‬a en impotencia y codicia en los de los viejos. «Me pareces insultante, madre. Tanto por tu aspecto como por tus maneras.» En el pasado, la belleza de su madre hab‫ي‬a sido legendaria. En vida de su padre, ella hab‫ي‬a sido la posesiَn del Imperio m‫ل‬s celebrada: Ikurei Istriya, la Emperatriz de Nansur, cuya dote hab‫ي‬a sido la quema del harén imperial. --He estado observando tu audiencia con Calmemunis --dijo gentilmente--. Un desastre, tal como te hab‫ي‬a dicho, divino hijo m‫ي‬o. --Su sonrisa resquebrajَ el maquillaje de alrededor de sus labios. A Xerius le sobrevino el deseo de besar esos labios con una fuerza f‫ي‬sica. --Supongo que s‫ي‬, madre. --Entonces, ‫؟‬por qué insistes en ese sinsentido? Y entonces ese extraٌo giro: su madre discutiendo contra la pura raz َn. --‫؟‬Sinsentido, madre? El Solemne Contrato ver‫ ل‬el Imperio restaurado. --Pero si ni un idiota como Calmemunis puede ser embaucado para que lo firme, ‫؟‬qué esperanza tiene tu contrato de prosperar, eh? No, Xerius, servir‫ل‬s mejor al Imperio sirviendo a la Guerra Santa. --‫؟‬También a ti te ha embrujado Maithanet, madre? ‫؟‬Cَmo se embruja a una bruja? Risas. --Ofreciéndole la destrucciَn de sus enemigos, ‫؟‬cَmo si no? --Pero todo el mundo es tu enemigo, madre. ‫؟‬O me equivoco? --Todo el mundo es enemigo de todo hombre, Xerius. Har‫ي‬as bien en recordarlo. En un extremo de su campo visual, vislumbrَ a un guardia acerc‫ل‬ ndose a Skeaos y susurr‫ل‬ndole algo en el o‫ي‬do. Sus augures le hab‫ي‬an dicho que la armon‫ي‬a era musical. Exig‫ي‬a que uno estuviera en sinton‫ي‬ a con los matices de cada circunstancia. Xerius era un hombre que no necesitaba mirar las cosas para verlas. Pose‫ي‬a un refinado sentido de la sospecha. El viejo Primer Consejero asintiَ; después, por un momento, mirَ a su Emperador con la vista inquieta. «‫؟‬Est‫ل‬n tramando algo? ‫؟‬Es esto una traiciَn?» Pero se encogiَ de

hombros para alejar esos pensamientos. Eran demasiado habituales como para confiar en ellos. Como si intuyera el motivo de su distracciَn, Istriya se girَ hacia Skeaos. --‫؟‬Qué dices tْ, Skeaos, eh? ‫؟‬Qué dices tْ de la avaricia infantil de mi hijo? --‫؟‬Avaricia? ‫؟‬Infantil? --gritَ Xerius. ‫؟‬Por qué le provocaba de ese modo? --‫؟‬Qué si no? Despilfarras los regalos de la Zorra. Primero el destino te entrega a este Maithanet y, en contra de mi consejo, tratas de asesinarlo. ‫؟‬Por qué? Porque no es tuyo. Después te entrega la Guerra Santa, ،un martillo con el que aplastar a nuestro ancestral enemigo! Y como no es tuya, ،quieres destruirla a ella también! Eso son berrinches de un niٌo, no las estratagemas de un Emperador astuto. --Créeme, madre estoy tratando de desencadenar la Guerra Santa, no de acabar con ella. Los perros extranjeros firmar‫ل‬n el Solemne Contrato. --،Con tu sangre! ‫؟‬Has olvidado lo que sucede cuando alguien junta estَmagos hambrientos con corazones fan‫ل‬ticos? Son hombres belicosos, Xerius; hombres intoxicados por su fe. ،Hombres que actْan ante el rostro de la humillaciَn! ‫؟‬Esperas de verdad que soporten tu extorsiَn? ،Est‫ل‬s poniendo en riesgo el Imperio, Xerius! ‫؟‬Poniendo en riesgo el Imperio? No. En el noroeste viv‫ي‬an pocos nansur visibles desde las montaٌas, tal era su miedo a los scylvendios. Y en el sur, todas las «viejas provincias» que hab‫ي‬an pertenecido al Nansurium en el momento m‫ل‬s ‫ل‬lgido de su poder estaban esclavizadas por los infieles de Kian. Entonces, los tambores fanim resonaban en sus viejas conquistas, llamando a los hombres a rendir culto al Falso Profeta, Fane. La fortaleza de Asgilioch, que los antiguos kyraneanos hab‫ي‬an erigido para resguardarse de Shigek, era de nuevo una frontera. No estaba poniendo en riesgo el Imperio; sَlo su apariencia. El Imperio era el premio, y no, la apuesta. --Por fortuna, tu hijo no es tan estْpido como eso, madre. Los Hombres del Colmillo no se morir‫ل‬n de hambre. Comer‫ل‬n de mi plato, pero sَlo una vez al d‫ي‬a. No pretendo negarles las provisiones que necesitan para vivir; sَlo las provisiones que necesitan para marchar. --‫؟‬Y qué hay de Maithanet? ‫؟‬Y si te ordena que les des provisiones? En cuestiones de Guerra Santa, una antigua constituciَn compromet‫ي‬a al Emperador con el Shriah. Xerius estaba obligado a

abastecer la Guerra Santa so pena de ser objeto de la Censura del Shriah. --،Ah!, pero ya sabes, madre, que no puede hacerlo. Sabe tan bien como nosotros que esos Hombres del Colmillo son estْpidos, que creen que Dios en persona ha ordenado el derrocamiento de los infieles. Si abastezco a Calmemunis de todo lo que me pide, marchar‫ل‬n en quince d‫ي‬as, convencidos de que pueden destruir a los fanim con sus m‫ي‬seros recursos. Maithanet simular‫ ل‬indignarse, por supuesto, pero en secreto aplaudir‫ ل‬mi decisiَn; sabe que eso le dar‫ ل‬a la Guerra Santa el tiempo que necesita para agruparse. ‫؟‬Por qué crees que ordenَ que se reuniera en Momemn y no en Sumna? Aparte de para gravar mi bolsillo, porque sab‫ي‬a que yo har‫ي‬a esto. Ella se detuvo de repente, con los ojos entrecerrados y escrutadores. A ninguna alma tan reptil como la suya le pod‫ي‬a pasar por alto la sutileza de ese movimiento. --‫؟‬Significa esto que tْ est‫ل‬s jugando con Maithanet o que Maithanet est‫ ل‬jugando contigo? Durante los meses anteriores, Xerius hab‫ي‬a subestimado al nuevo Shriah; deb‫ي‬a reconocerlo. Pero no subestimar‫ي‬a al demonio una vez m‫ل‬s. No, en ese caso. Xerius hab‫ي‬a advertido que Maithanet comprend‫ي‬a que el Nansurium estaba condenado. Durante elْ ltimo siglo y medio, los sabios y poderosos de Nansur hab‫ي‬an estado esperando la cat‫ل‬strofe, la noticia de que las tribus scylvendias se hab‫ي‬an unido como en el pasado y estaban avanzando con gran estruendo hacia la costa. As ‫ي‬ era como Kyraneas hab‫ي‬a ca‫ي‬do dos mil aٌos antes y como el Imperio Ceneiano lo hab‫ي‬a hecho m‫ل‬s de mil aٌos después. Y as‫ ي‬ser‫ي‬a como, y de eso Xerius estaba seguro, caer‫ي‬a también el Nansurium. Pero era la perspectiva de esta inevitabilidad sumada a Kian, una naciَn infiel que crec‫ي‬a al mismo ritmo que Nansur decrec‫ي‬a, lo que verdaderamente le aterraba. Cuando los scylvendios se marcharan, y siempre se acababan marchando, ‫؟‬quién impedir‫ي‬a que los infieles de Kian olisquearan la sangre encharcada de Kyraneas, que arrancaran los Tres Corazones de Dios: Sumna, los Mil Templos y el Colmillo? S‫ي‬, ese Shriah era astuto. Xerius ya no lamentaba el fracaso de sus asesinos. Maithanet le hab‫ي‬a dado un martillo como ningْn otro: una Guerra Santa. --Nuestro nuevo Shriah --dijo-- est‫ ل‬muy sobrevalorado. «Que crean que juega conmigo.» --Pero ‫؟‬con qué fin, Xerius? Aunque la mayor‫ي‬a de los

participantes en la Guerra Santa se plieguen a tus exigencias, ‫؟‬no creer ‫ل‬s realmente que ellos derramar‫ل‬n su sangre para izar el Sol Imperial, verdad? Aunque lo firmaran, el Solemne Contrato ser‫ي‬a inْtil. --No inْtil, madre. Aunque rompan su juramento, ese contrato no es inْtil. --Entonces, ‫؟‬por qué? ‫؟‬Por qué asumir este riesgo insensato? --Venga, madre. ‫؟‬Tan mayor est‫ل‬s? Por un instante, inesperadamente, vislumbrَ cَmo las cosas deb‫ي‬an de parecerle a ella: la mercantil, y por lo tanto extraordinaria, exigencia de que todos los grandes nobles de la Guerra Santa firmaran el Solemne Contrato; el env‫ي‬o del mayor ejército nansur reunido en una generaciَn no contra los infieles de Kian, sino contra su mucho m‫ل‬s antiguo y temperamental enemigo, los scylvendios. ،Cَmo deb‫ي‬an de haberla perturbado esas dos cosas! En los planes tan sublimes como el suyo, la lَgica siempre estaba oculta. Xerius no era tan estْpido como para creer que él era igual a sus ancestros en fuerza o esp‫ي‬ritu. El presente era distinto, y distintas eran las fuerzas necesarias. El gran hombre de ese momento encontraba sus armas en los otros hombres y en el astuto c‫ل‬lculo de los acontecimientos. Xerius ten‫ي‬a entonces ambas cosas: su precoz sobrino, Conphas, y esa insensata Guerra Santa del Shriah. Con esos dos instrumentos, recuperar‫ي‬a el Imperio. --‫؟‬Cu‫ل‬l es tu plan, Xerius? ،Debes dec‫ي‬rmelo! --Es doloroso, ‫؟‬verdad, madre? Estar en el corazَn del Imperio pero ser sordo a sus latidos... ،Después de toda una vida marcando su comp ‫ل‬s como si fuera un tambor! Pero en lugar de mostrar su enfado, sus ojos se abrieron con una repentina epifan‫ي‬a. --El Solemne Contrato es simplemente un pretexto --jade ,--algo َ para protegerte de la Censura del Shriah cuando t...ْ --‫؟‬Cuando yo qué, madre? --Xerius mirَ nerviosamente a la pequeٌa multitud que le rodeaba. Aquél no era el lugar adecuado para una conversaciَn de tal envergadura. --‫؟‬Es ésa la razَn por la que has mandado a mi nieto a la muerte? --le preguntَ ella gritando. All‫ ي‬estaba finalmente el verdadero motivo de su sedicioso interrogatorio. Su querido nieto, el pobre Conphas, que en ese mismo momento marchaba en algْn lugar de la estepa de Jiunati en busca de los temibles scylvendios. ‫ة‬sa era la Istriya que Xerius conoc‫ي‬a y despreciaba: devota del sentimiento religioso pero obsesionada por su

progenie, por el destino de la Casa Ikurei. «Conphas deb‫ي‬a ser el Restaurador, ‫؟‬verdad, madre? A m‫ ي‬no me cre‫ي‬as capaz de semejante gloria, ‫؟‬verdad, vieja zorra?» --،Eres demasiado ambicioso, Xerius! ،Ambicionas demasiado! --،Ah!, por un momento cre‫ ي‬que lo hab‫ي‬a entendido. Hab‫ي‬a dicho eso con una brusca certeza, pero una parte importante de él la cre‫ي‬a lo suficiente como para que entonces el sueٌo exigiera un cuarto de vino entero sin rebajar con agua. «Incluso m‫ل‬s esta noche --pens ,--َdespués del incidente de los p‫ل‬jaros«. --S‫ ي‬que lo entiendo --le espetَ Istriya--. Tus pensamientos no son tan profundos como para que esta anciana no pueda comprenderlos. Esperas conseguir esas firmas para tu Solemne Contrato, pero no porque esperes que los Hombres del Colmillo renuncien a sus conquistas, sino porque vas a declararles la guerra después. Gracias a ese contrato, ser‫ل‬s inmune a la Censura del Shriah cuando sometas a los insignificantes y mal defendidos feudos que sin duda van a alzarse en la estela de la Guerra Santa. Y ésa es la razَn por la que has mandado a Conphas a lo que tْ llamas expediciَn de castigo contra los scylvendios. Tu plan exige mano de obra que no tienes para guarecer las provincias del norte. El temor le retorciَ las tripas. --،Ah! --dijo Istriya con maldad--, una cosa es ensayar tus planes en la oscuridad de tu alma y otra muy distinta o‫ي‬rlos de los labios de otro, ‫؟‬no es as‫ي‬, mi estْpido hijo? Es como escuchar a un actor imitando tu voz. ‫؟‬Te parece una estupidez ahora, Xerius? ‫؟‬Te parece una locura? --No, madre --logrَ decir con cierto aire de seguridad--. Solamente atrevido. --‫؟‬Atrevido? --gritَ ella, como si la palabra hubiera dado riendo suelta a un transtorno--. ،Por los Dioses, ojal‫ ل‬te hubiera estrangulado en la cuna! ،Un hijo tan idiota! Nos has condenado, Xerius, ‫؟‬no lo ves? Nadie, ningْn Gran Rey de Kyraneas, ningْn Emperador-Aspecto de Cenei, ha derrotado jam‫ل‬s a los scylvendios en su terreno. ،Son el Pueblo de la Guerra, Xerius! ،Conphas est‫ ل‬muerto! ،La flor de tu ejército est‫ ل‬muerta! ،Xerius! ،Xerius! ،Nos has condenado a todos a la cat‫ل‬strofe! --،No, madre! ،Conphas me asegurَ que pod‫ي‬a hacerlo! ،Ha estudiado a los scylvendios como nadie! ،Conoce sus debilidades! --Xerius, pobre loco, ‫؟‬no ves que Conphas es todav‫ي‬a un niٌo? Brillante, valiente, hermoso como un Dios, pero todav‫ي‬a un niٌo... --Se llevَ las manos a las mejillas y se clavَ las uٌas--. ،Has matado a mi niٌo!

--gimiَ. Su lَgica, o tal vez fuera su terror, recorrieron el cuerpo de Xerius con la fuerza de una catarata. Presa del p‫ل‬nico, Xerius mirَ al resto de gente que estaba en el balcَn, vio el miedo de su madre en todos sus rostros y se dio cuenta de que hab‫ي‬an estado all ‫ي‬durante todo el rato. No le ten‫ي‬an miedo a Ikurei Xerius III، ,sino a lo que hab‫ي‬a hecho! «‫؟‬Lo he destruido todo?» Dio un traspié. Unas manos huesudas lo sostuvieron. Skeaos. ،Skeaos! ‫ة‬l comprend‫ي‬a lo que hab‫ي‬a hecho. ،Hab‫ي‬a vislumbrado la gloria! ،El resplandor! Se dio la vuelta, cogiَ al anciano Primer Consejero por los pliegues de su tْnica y lo agitَ con tanta fuerza que su broche, un ojo de oro con la pupila deَ nice, se solt yَ cay rَ ebotando al suelo. --،Dime que lo ves! --gritَ Xerius--. ،D‫ي‬melo! Sosteniendo su tْnica para evitar que se le abriera, el anciano mantuvo diligentemente la mirada pegada al suelo. --Has hecho una apuesta, Dios-de-los-Hombres. Sَlo lo sabremos una vez que se hayan lanzado las fichas numeradas. ،S‫ !ي‬،Eso era! «Sَlo después de que se hayan lanzado las fichas numeradas.» Los ojos se le llenaron de l‫ل‬grimas. Cogiَ al anciano por las mejillas y le sorprendiَ la aspereza de su piel. Su madre no le hab‫ي‬a dicho nada nuevo. Siempre hab‫ي‬a sabido que lo hab‫ي‬a apostado todo. ‫؟‬Durante cu ‫ل‬ntas horas hab‫ي‬a estado conspirando con Conphas? ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces se hab‫ي‬a sentido admirado por el talento marcial de su sobrino? Nunca antes hab‫ي‬a tenido el Imperio un Exalto-General como Ikurei Conphas. ،Nunca! «Vencer‫ ل‬a los scylvendios. ،Humillar‫ ل‬al Pueblo de la Guerra! --Y a Xerius le parec‫ي‬a que sab‫ي‬a esas cosas con una certidumbre incre‫ي‬ ble--. Mi estrella entra en la Zorra, llevada por dos portentos al Clavo del Cielo... ،Un p‫ل‬jaro se cagَ encima de m‫»!ي‬ Hab‫ي‬a puesto las manos sobre los hombros de Skeaos, y le sorprendiَ la magnanimidad de su gesto. «Cَmo debe amarme.» Mirَ a Gaenkelti, Ngarau y los dem‫ل‬s, y de repente la causa de su duda y su miedo le pareciَ perfectamente clara. Se girَ hacia su madre, que hab‫ي‬a ca‫ي‬do sobre sus rodillas. --Vosotros, todos vosotros, creéis que es un hombre el que ha hecho una apuesta loca. Pero los hombres son fr‫ل‬giles, madre. Los hombres cometen errores. Ella le mirَ, con el holl‫ي‬n que le rodeaba los ojos enturbiado por las

l‫ل‬grimas. --‫؟‬Acaso los emperadores no son hombres, Xerius? --Los sacerdotes, los augures y los filَsofos nos enseٌan que lo que vemos es humo. El hombre que yo soy no es m‫ل‬s que humo, madre. El hijo al que alumbraste no es sino mi m‫ل‬scara, un disfraz m‫ل‬s que he adoptado para esta cansina profusiَn de sangre y semen que tْ llamas vida. ،Soy lo que me dijiste que ser‫ي‬a! Emperador. Divino. No humo, sino fuego. Al o‫ي‬r estas palabras, Gaenkelti se arrodillَ. Después de un momento de duda, los otros le imitaron. Pero Istriya se agarrَ al brazo de su eunuco y se puso en pie, mir‫ل‬ ndolo boquiabierta. --‫؟‬Y si Conphas tiene que morir en el humo, eh, Xerius? ‫؟‬Si los scylvendios emergen del humo y apagan tu fuego, entonces, qué? Tratَ de contener su ira. --Tu fin se acerca y te aferras al humo porque temes que el humo sea loْ nico existente. Tienes miedo, madre, porque eres vieja y nada desconcierta m‫ل‬s que el miedo. Istriya le observَ imperiosamente. --Mi edad es problema m‫ي‬o. No necesito a idiotas que me la recuerden. --No. Supongo que tus tetas no te permiten olvidarla. Istriya dio un alarido y se abalanzَ sobre él como hab‫ي‬a hecho en su infancia. Pero su gigantesco eunuco, Pisathulas, la retuvo cogiéndola con unos puٌos que hac‫ي‬an que sus antebrazos parecieran los de un enano. Inclin lَa cabeza afeitada con una estupefacciَn atemorizada. haberte --،Deber‫ي‬a haberte matado! --bram، .--Deber‫ي‬a َ estrangulado con tu propio cordَn umbilical! Incomprensiblemente, Xerius se echَ a re‫ي‬r. ،Vieja y asustada! Por primera vez parec‫ي‬a vulgar, lejos de la indَmita y sabelotodo matriarca que siempre hab‫ي‬a parecido. ،Su madre era patética! Casi compensaba perder un Imperio. --Llévala a sus aposentos --le dijo al gigante--. Que los médicos la atiendan. Farfullando y gritando, fue sacada por la fuerza del balcَn. La inmensidad de las Cumbres Andiamine se tragaron sus gritos asesinos. Los ricos colores del atardecer se hab‫ي‬an empalidecido y se hab‫ي‬ an tornado los de la oscuridad. El sol casi se hab‫ي‬a puesto, enmarcado por un manto de nubes purpْreas. Durante un rato, Xerius se quedَ all‫ي‬,

respirando hondamente, retorciéndose las manos para silenciar los temblores. Su gente le observaba nerviosamente con el rabillo del ojo. Su rebaٌo. Finalmente, Gaenkelti, cuya ascendencia norsirai le hac‫ي‬a m‫ل‬s franco de lo que parec‫ي‬a, rompiَ el silencio. --Dios-de-los-Hombres, ‫؟‬puedo hablar? Xerius asintiَ con un gesto irritado. --La Emperatriz, Dios-de-los-Hombres... Lo que ha dicho... --Sus miedos est‫ل‬n justificados, Gaenkelti. Ella simplemente dijo la verdad que mora en todos nuestros corazones. --،Pero ha amenazado con matarte! Xerius golpeَ al capit‫ل‬n en plena cara. Las manos del hombre rubio se cerraron en un puٌo durante un instante, después volvieron a abrirse. Se quedَ mirando fieramente los pies de Xerius. --Lo siento, Dios-de-los-Hombres. Sَlo tem‫ي‬a que... --Nada --dijo Xerius, secamente--. La Emperatriz est‫ل‬ envejeciendo, Gaenkelti. La marea la ha alejado tanto de la costa que ya ni se la ve. Est‫ ل‬perdiendo los modales. Gaenkelti cayَ al suelo y colocَ los labios fuertemente en la rodilla derecha de Xerius. --Es suficiente --dijo el Emperador. Xerius puso de pie al capit‫ل‬n. Dejَ que sus dedos se demoraran en los atractivos tatuajes azules que cubr‫ي‬an los antebrazos del aquel hombre. Los ojos le ard‫ي‬an. Le dol‫ي‬a la cabeza. Pero sintiَ una extraordinaria calma. Se girَ hacia Skeaos. --Alguien te ha tra‫ي‬do un mensaje, viejo amigo. ‫؟‬Eran noticias de Conphas? Una pregunta enloquecedora, pero sorprendentemente trivial cuando la pronunciَ sin aliento. Como el Primer Consejero dudَ, regresaron los temblores. «Por favor... Sejenus, por favor.» --No, Dios-de-los-Hombres. Alivio mareante. Xerius casi tartamudeَ. --‫؟‬Y bien? ‫؟‬De qué se trataba? --Los fanim han mandado un emisario en respuesta a tu peticiَn de iniciar negociaciones. --Bien... ،Bien! --Pero no un emisario cualquiera, Dios-de-los-Hombres. --Skeaos se lamiَ sus delgados labios de anciano--. Un cishaurim. Los fanim han

mandado a un cishaurim. El sol desapareciَ, y pareciَ que con él lo hiciera toda esperanza.

Como un trapo batido por el viento, los braseros revoloteaban en el pequeٌo patio que Gaenkelti hab‫ي‬a escogido para la reuniَn. Rodeado de cerezos enanos y acebos, Xerius apret َcon fuerza su Chorae, hasta que sinti q َ ue le ard‫ي‬an los nudillos. Ech u َ n vistazo a la penumbra de los pَ rticos colindantes y cont iَnconscientemente los hombres que all ‫ي‬hab‫ي‬ a. Se gir h َ acia el enjuto hechicero que ten‫ي‬a a su derecha: Cememketri, el Gran Maestro del Saik Imperial. --‫؟‬Tenemos suficientes? --M‫ل‬s que suficientes --respondiَ Cememketri con indignaciَn. --Modera tu tono, Gran Maestro --le espetَ Skeaos desde la izquierda de Xerius--. Nuestro Emperador te ha hecho una pregunta. Cememketri inclinَ levemente la cabeza, como si lo hiciera contra su voluntad. Dos hogueras gemelas se reflejaban en sus acuosos ojos. --Aqu‫ ي‬somos tres, Dios-de-los-Hombres, y doce arqueros, todos con Chorae. Xerius parpadeَ. --‫؟‬Tres? ‫؟‬Sَlo qued‫ل‬is tْ y dos m‫ل‬s? --No he podido hacer nada, Dios-de-los-Hombres. --Por supuesto. Xerius pensَ en el Chorae que ten‫ي‬a en la mano derecha. Pod‫ي‬a darle una lecciَn de humildad al pomposo mago con un golpecito, pero eso har‫ي‬a que sَlo quedaran dos. ،Cَmo despreciaba a los hechiceros! Los despreciaba casi tanto como despreciaba necesitarlos. --Ya vienen --susurrَ Skeaos. Xerius apretَ su Chorae con tanta fuerza que las escrituras grabadas en él le dejaron una marca en la palma. Dos guardias entraron en el patio llevando l‫ل‬mparas en lugar de armas. Ocuparon sus puestos a ambos lados de las puertas de bronce, y Gaenkelti, todav‫ي‬a vestido con su armadura ceremonial, se colocَ entre ellos, acompaٌado de una figura que vest‫ي‬a un h‫ل‬bito de lino negro. El capit‫ل‬n acompaٌَ al emisario al lugar establecido, en el que las esferas de luz proyectadas por los cuatro braseros se sobrepon‫ي‬an. A pesar de la iluminaciَn, Xerius sَlo pod‫ي‬a ver parte de los labios y la mejilla izquierda bajo la capucha del h‫ل‬bito. Cishaurim. Para los nansur, elْ nico nombre m‫ل‬s odioso era el de

scylvendio. Los niٌos nansur --incluso los hijos de los emperadores-- se criaban escuchando leyendas sobre los hechiceros-sacerdotes infieles, sus rituales venéreos y sus inconmensurables poderes. Con sَlo pronunciar el nombre, el terror se apoderaba del pecho de los nansur. Xerius se esforzَ por respirar. «‫؟‬Por qué mandar a un cishaurim? ‫؟‬ Para matarme?» El emisario se quitَ la capucha, que quedَ reposando sobre sus hombros. Después, bajَ los brazos para que el h‫ل‬bito cayera al suelo y revelara la larga tْnica de color azafr‫ل‬n que llevaba debajo. Ten‫ي‬a la calva p‫ل‬lida, extraٌamente p‫ل‬lida, y el rostro dominado por la negrura de las cuencas bajo la frente. Los rostros sin ojos siempre turbaban a Xerius, pues le recordaban la calavera muerta que hab‫ي‬a debajo de la expresiَn de todo hombre; pero el conocimiento de que ése pod‫ي‬a ver igualmente le provocَ una punzada en el velo del paladar, una punzada que no pudo silenciar tragando saliva. Tal como sus profesores le hab‫ي‬ an advertido durante su infancia, una serpiente rodeaba el cuello del cishaurim, un ‫ل‬spid Shigeki, negra y brillante como si llevara aceites, con la lengua titilando y los ojos de lazarillo suspendidos cerca de la oreja derecha del hombre. Las hendiduras sin vista siguieron fijas en Xerius, pero el ‫ل‬spid inclinَ y volviَ la cabeza para escudriٌar lentamente la amplitud del patio y probar metَdicamente el aire. --‫؟‬La ves, Cememketri? --susurrَ Xerius entre dientes--. ‫؟‬Ves la marca de la hechicer‫ي‬a? --No --dijo el hechicero, con la voz tensa por miedo a que le oyeran. Los ojos de la serpiente se detuvieron un instante en los pَrticos oscuros que flanqueaban el patio, como si estudiara la amenaza que representaban las sombras que hab‫ي‬a al otro lado. Después, como un timَn girando sobre un gozne engrasado, se girَ hacia Xerius. --Soy Mallahet --dijo el cishaurim en un sheyico sin acento--, hijo adoptivo de Kisma, de la tribu de Indara-Kishauri. --،‫؟‬Eres Mallahet?! --exclamَ Cememketri. Otra indiscreciَn: Xerius no le hab‫ي‬a dado permiso para hablar. --Y tْ eres Cememketri. --El rostro sin ojos se inclinَ, pero la cabeza de la serpiente permaneciَ erguida--. Es un honor, viejo enemigo. Xerius percibiَ que el Gran Maestro se agarrotaba a su lado. --Emperador --murmurَ el hechicero--, debes marcharte ahora mismo. Si es realmente Mallahet, est‫ل‬s en grave peligro. ،Todos lo estamos! Mallahet... Hab‫ي‬a o‫ي‬do ese nombre antes, en uno de los informes de Skeaos: el que ten‫ي‬a los brazos cubiertos de cicatrices como un

scylvendio. --As‫ ي‬que tres no son suficientes --replicَ Xerius, inexplicablemente animado por el miedo de su Gran Maestro. --Mallahet es el segundo cishaurim m‫ل‬s importante, sَlo por debajo de Seokti. Yْ nicamente porque sus Leyes Proféticas prohiben que los no kianene ocupen la posiciَn de Heresiarca. ،Hasta los cishaurim temen su poder! --Lo que dice el Gran Maestro es cierto, Dios-de-los-Hombres --aٌ adiَ Skeaos en voz baja--. Debes marcharte ahora mismo. Perm‫ي‬teme que negocie en tu lugar... Pero Xerius les ignor‫ ؟‬.Cَ َ mo pod‫ي‬an ser tan poco juiciosos cuando los mism‫ي‬simos Dioses hab‫ي‬an garantizado esos procedimientos? --Bienvenido, Mallahet --dijo, sorprendido por la tranquilidad de su voz. --Est‫ل‬s en presencia de Ikurei Xerius III, el Emperador de Nansur. Arrod‫ي‬llate, Mallahet --ladrَ Gaenkelti después de una breve pausa. El cishaurim alzَ un dedo y el ‫ل‬spid se balanceَ sobre él como si se estuviera burlando. --Los fanim sَlo nos arrodillamos ante el ‫ع‬nico, el Dios-que-es-Solitario. Por reflejos o por simple ignorancia, Gaenkelti alzَ el puٌo para golpear al hombre. Xerius le detuvo con la palma abierta. --Prescindiremos del Protocolo en esta ocasiَn, capit‫ل‬n --dijo--. Los َ l puٌo en el que sosten infieles pronto se arrodillar‫ل‬n ante m-- .‫ي‬Se llev e ‫ي‬a el Chorae a la palma de la otra mano, movido por un oscuro impulso de esconderlo de la mirada de la serpiente--. ‫؟‬Has venido a negociar? --le preguntَ al cishaurim. --No. Cememketri murmurَ una maldiciَn de soldado. --Entonces, ‫؟‬para qué has venido? --He venido, Emperador, para que tْ puedas negociar con otro. Xerius parpadeَ. --‫؟‬Quién? Por un instante, pareciَ que el Clavo del Cielo refulg‫ي‬a en la frente del cishaurim. Se oyَ un grito procedente de la oscuridad de los pَrticos, y Xerius alzَ las manos. Cememketri entonَ algo incomprensible, mareante. Un globo, compuesto de rastros fantasmales de fuego azul, apareciَ ante ellos. Pero nada hab‫ي‬a sucedido. El cishaurim segu‫ي‬a all‫ي‬, tan inmَvil como antes. Los ojos del ‫ل‬spid refulg‫ي‬an como dos pedazos de ‫ل‬mbar

a la luz del fuego. --،Su cara! --dijo Skeaos entre jadeos. Superpuesta, como una m‫ل‬scara transparente sobre su semblante de calavera, hab‫ي‬a otra cara, un soldado kianene entrecano que todav‫ي‬ a llevaba la marca del desierto en sus rasgos perfilados. Unos ojos escudriٌaron desde las cuencas vac‫ي‬as del cishaurim, y una barba fantasmal le creciَ en la barbilla, trenzada a la manera de los Grandes de Kian. --Skauras --dijo Xerius. Nunca hab‫ي‬a visto a ese hombre antes, pero de alguna manera supo que estaba mirando al Sapatishah-Gobernador de Shigek, el infiel sinvergüenza al que las Columnas Meridionales hab‫ي‬an sitiado durante m‫ل‬s de cuatro décadas. Los fantasmales labios se movieron, pero loْ nico que Xerius oyَ fue una voz lejana que hablaba con los ritmos reposados del kiani. Entonces, debajo se movieron los labios reales. --Excelente intuiciَn, Ikurei. A ti te conozco por tus monedas. --‫؟‬Qué es esto? ‫؟‬El Padirajah manda a uno de sus perros Sapatishah para hablar conmigo? De nuevo, el alarmante lapso de labios y voces. --No eres digno del Padirajah, Ikurei. Yo solo podr‫ي‬a romper tu Imperio con la rodilla. Da gracias por que el Padirajah sea un hombre piadoso y respete sus tratados. --Todos nuestros tratados son irrelevantes, Skauras, ahora que Maithanet es Shriah. --Todav‫ي‬a m‫ل‬s razَn para que el Padirajah te desdeٌe. También tْ te has vuelto irrelevante. Skeaos se inclinَ. --Pregْntale a qué viene tanto teatro si ya no tienes ninguna importancia --le susurrَ a su o‫ي‬do--. Los infieles tienen miedo, Dios-de-los-Hombres. ‫ة‬sa es laْ nica razَn por la que han venido aqu‫ي‬. Xerius sonriَ, convencido de que su anciano Primer Consejero sَlo hab‫ي‬a confirmado lo que él ya sab‫ي‬a. --Si me he vuelto irrelevante, ‫؟‬a qué vienen estas medidas extraordinarias? ‫؟‬Por qué has hecho del mejor de los tuyos tu mensajero? --Por la Guerra Santa que tْ y tus hermanos idَlatras lanzaréis contra nosotros. ‫؟‬Por qué si no? --Y porque sabes que la Guerra Santa es mi instrumento. La expresiَn espectral sonriَ, y Xerius oyَ unas lejanas carcajadas.

--Le arrancar‫ي‬as la Guerra Santa de las manos a Maithanet, ‫؟‬ verdad? ‫؟‬Har‫ي‬as de ella la gran palanca que utilizar‫ي‬as para enmendar siglos de derrotas? Conocemos tus miserables tramas para unir a los id َlatras mediante el Solemne Contrato. Y sabemos del ejército que has mandado contra los scylvendios. Las estratagemas de un loco, todas. --Conphas ha prometido poner picas con cabezas de scylvendios a lo largo del camino desde la estepa hasta mis pies. --Conphas est‫ ل‬condenado. Nadie posee la astucia ni la fuerza necesarias para vencer a los scylvendios, ni siquiera tu sobrino. Tu ejército y tu heredero est‫ل‬n muertos, Emperador. Carroٌa. Si no hubiera tantos inrithi en tus costas, ir‫ي‬a hasta all‫ ي‬ahora mismo y te dar‫ي‬a de beber con mi espada. Xerius agarrَ su Chorae con m‫ل‬s fuerza para silenciar los temblores. Una imagen de Conphas sangrando a los pies de algْn saqueador scylvendio cruzَ su mente, y se sonriَ a pesar del horror que aquello significaba. «Entonces, madre sَlo me tendr‫ي‬a a m‫ي‬...» Una vez m‫ل‬s la voz de Skeaos en su o‫ي‬do. --Trata de asustarte. Hemos tenido noticias de Conphas esta maٌ ana, y no hab‫ي‬a ningْn problema. Recuerda, Dios-de-los-Hombres, los scylvendios aplastaron Kianene hace menos de ocho aٌos. Skauras perdiَ tres hijos en esa expediciَn, incluido Hasjinnet, el mayor. Acَsale, Xerius. ،Acَsale! Los hombres enfadados cometen errores. Pero, obviamente, él ya hab‫ي‬a pensado en eso. --Te equivocas, Skauras, si crees que Conphas es tan estْpido como Hasjinnet. Los ojos etéreos parpadearon sobre las cuencas vac‫ي‬as. --La batalla de Zirkirta fue una gran congoja para nosotros, s‫ ;ي‬pero una congoja que vosotros compartiréis muy pronto. Tratas de hacerme daٌo, Ikurei, pero solamente profetizas tu propia destrucciَn. --El Nansurium --dijo Xerius-- ha soportado pérdidas mucho mayores y ha sobrevivido. «،Pero Conphas no puede perder! ،Los augurios!» --Es suficiente, Ikurei. Te concedo esta nimiedad. El Dios-que-es-Solitario sabe que los nansur sois un pueblo testarudo. Incluso te concedo que Conphas quiz‫ ل‬prospere all‫ ي‬donde mi hijo titubeَ. No subestimaré a ese encantador de serpientes. Fue mi rehén durante diez aٌos, ‫؟‬lo recuerdas? Pero nada de esto hace de la Guerra Santa de Maithanet tu instrumento. No tienes ningْn martillo amenaz‫ل‬ ndonos.

--S‫ ي‬lo tengo, Skauras. Los Hombres del Colmillo no saben nada de tu pueblo, menos incluso que Maithanet. Una vez que comprendan que no sَlo guerrean contra ti sino contra tus cishaurim, los l‫ي‬deres de la Guerra Santa firmar‫ل‬n el Solemne Contrato. La Guerra Santa necesita una Escuela, y esa Escuela resulta ser m‫ي‬a. Los labios incorpَreos sonrieron sobre la adusta l‫ي‬nea de la boca de Mallahet. De nuevo, una extraٌa voz lejana. --‫؟‬Hesha? ‫؟‬Ejoru Saika? Mamnati jeskuti kah... --‫؟‬Qué? ‫؟‬El Saik Imperial? ‫؟‬Crees que el Shriah te ceder‫ ل‬la Guerra Santa por el Saik Imperial? Maithanet ha apartado tu mirada de los Mil Templos, ‫؟‬verdad? ‫؟‬Lo ves, Ikurei? ‫؟‬Ves finalmente lo r‫ل‬pidamente que el suelo se abre bajo tus pies? --‫؟‬Qué quieres decir? --Hasta nosotros sabemos m‫ل‬s de los planes de tu maldito Shriah que tْ. Xerius se quedَ mirando el rostro de Skeaos y vio que era la preocupaciَn y no el c‫ل‬lculo lo que surcaba sus arrugados rasgos. ‫؟‬Qué estaba sucediendo? «Skeaos, ،dime qué tengo que decir! ‫؟‬Qué significa esto?» --‫؟‬Te has quedado sin habla, Ikurei? --La voz interpuesta adoptَ un aire despectivo--. Bueno, a ver qué te parece esto: Maithanet ha sellado un pacto con los Chapiteles Escarlatas. Ahora mismo, los magos Escarlatas se est‫ل‬n preparando para unirse a la Guerra Santa. Maithanet ya posee la Escuela que necesita, y es una que deja en rid‫ي‬ culo al Saik Imperial en nْmero y poder. Como te dec‫ي‬a, eres irrelevante. --،Imposible! --espetَ Skeaos. Xerius se girَ hacia el anciano Primer Consejero, asombrado por su audacia. --‫؟‬Qué es esto, Ikurei? ‫؟‬Ahora permites que tus perros aullen en tu mesa? Xerius sab‫ي‬a que deb‫ي‬a estar encolerizado, pero una salida as‫ي‬ de Skeaos... no ten‫ي‬a precedentes. --،Miente, Dios-de-los-Hombres! --gritَ Skeaos--. Es una trampa de infiel para arrancarnos concesiones... --‫؟‬Por qué iban a mentir? --espetَ Cememketri, obviamente ansioso por humillar a un viejo enemigo de la corte--. ‫؟‬No crees que los infieles quieren que nos hagamos con la Guerra Santa? ‫؟‬O crees que prefieren tratar con Maithanet? ‫؟‬Se hab‫ي‬an olvidado de la presencia del Emperador? Hablaban

como si él fuera una ficciَn cuya utilidad hubiera terminado. «‫؟‬Me consideran irrelevante?» --No --replicَ Skeaos--. Saben que la Guerra Santa es nuestra, ،pero quieren hacernos creer que no es as‫!ي‬ Una furia gélida se desatَ en el interior de Xerius. Aquella noche iba a haber muchos gritos. O bien los dos hombres recobraron la compostura, o bien percibieron algo en el humor de Xerius, porque guardaron silencio de repente. Hac‫ي‬a dos aٌos, un zeumi hab‫ي‬a actuado ante la corte de Xerius con unos tigres blancos. Después, Xerius le hab‫ي‬a preguntado c َmo pod‫ي‬a hacer obedecer a bestias tan feroces con sَlo la mirada. --Porque ven su futuro en mis ojos --le hab‫ي‬a dicho el inmenso hombre de piel oscura. --Debes perdonar a mis fervorosos sirvientes --dijo Xerius al espectro que moraba en el rostro del cishaurim--. Pero puedes estar seguro de que yo no lo haré. El semblante de Skauras parpadeَ y después reapareciَ, como si entrara y saliera de un caٌَn de luz que no hab‫ي‬an visto. Cَmo deb‫ي‬a estar riéndose el viejo lobo. Xerius casi pod‫ي‬a verle agasajando al Padirajah con descripciones de la confusiَn de la corte imperial. --Lloraré por ellos --dijo el Sapatishah. --Ahَrrate tus cantos fْnebres para tu propia gente, infiel. Independientemente de quién posea la Guerra Santa, est‫ل‬s condenado. Los fanim estaban condenados. Dejando de lado su colérica insolencia, lo que Cememketri hab‫ي‬a dicho hac‫ي‬a un momento era cierto. El Padirajah quer‫ي‬a que poseyera la Guerra Santa. Uno no pod‫ي‬ a regatear con fan‫ل‬ticos. --،Oh, poderosas palabras! Al menos hablo con el Emperador de Nansur. Dime, pues, Ikurei Xerius III, ahora que comprendes que ambos estamos regateando desde una posiciَn débil, ‫؟‬qué propones? Xerius se detuvo, pose‫ي‬do por un fr‫ي‬o calculador. Siempre hab‫ي‬a sido especialmente astuto cuando estaba airado. Las alternativas le cruzaban el alma, pero la mayor‫ي‬a de ellas fallaban por culpa de la evidente astucia de Maithanet. Pensَ en Calmemunis y el odio que profesaba por su primo, Nersei Proyas, heredero del trono de Conriya... Y entonces, lo comprendiَ. --Para los Hombres del Colmillo, tْ y tu pueblo sois poco m‫ل‬s que v‫ي‬ ctimas de un sacrificio, Sapatishah. Hablan y actْan como si su triunfo ya estuviera en las escrituras. Quiz‫ ل‬llegue el momento de que te respeten como hacemos nosotros.

--Shrai laksara kah. --Quieres decir miedo. Ahora todo depend‫ي‬a de su sobrino, que estaba lejos, en el norte. M‫ل‬s que nunca. «Los augurios...» --Como dec‫ي‬a, respeto.

_____ 6 _____ La estepa de Jiunati «Se dice: un hombre nace de su madre y se alimenta de su madre. Después se alimenta de la tierra, y la tierra pasa a su interior, cogiendo y dando una pizca de polvo cada vez, hasta que el hombre ya no es de su madre, sino de la tierra.» Proverbio scylvendio «... Y en el antiguo sheyico, el idioma de las castas dominantes y religiosas del Nansurium, skilvenas significaba "cat‫ل‬strofe" o "apocalipsis", como si los scylvendios de algْn modo hubieran trascendido el papel de los pueblos en la historia y se hubieran convertido en un principio.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Principios de verano, aٌo del Colmillo 4110, la estepa de Jiunati Cnaiur urs Skiotha encontr َal Rey-de-Tribus y los dem‫ل‬s apiٌados en la cima del risco, que les proporcionaba una vista panor‫ل‬mica de las montaٌas Hethanta y el ejército nansur, que estaba acampado m‫ل‬s abajo. Deteniendo el avance de su caballo, observ d َ esde la distancia mientras el corazَn le lat‫ي‬a como si la sangre se le hubiera espesado m ‫ل‬s de la cuenta. Por un momento, se sintiَ como un niٌo excluido por sus hermanos mayores y sus pérfidos amigos. No le hubiera sorprendido o‫ي‬ r insultos flotando en el aire. «‫؟‬Por qué me deshonran de este modo?» Pero él ya no era un niٌo; era el muy sangriento caudillo de Utemot, un experimentado guerrero scylvendio, de m‫ل‬s de cuarenta y cinco veranos. Pose‫ي‬a ocho esposas, veintitrés esclavos y m‫ل‬s de

trescientas cabezas de ganado. Era padre de treinta y siete hijos, diecinueve de ellos leg‫ي‬timos. Ten‫ي‬a los brazos cubiertos de swazond, trofeos rituales en forma de cicatriz, de m‫ل‬s de doscientos enemigos muertos. Era Cnaiur, el-que-destroza-caballos-y-hombres. «Podr‫ي‬a matar a cualquiera de ellos. ،Machacarlos hasta dejarlos cubiertos de sangre! ‫؟‬Y sin embargo me ofenden as‫ي? ؟‬Qué he hecho?» Pero como cualquier asesino, conoc‫ي‬a la respuesta. El atropello no se deb‫ي‬a a su deshonra, sino a la presunciَn de que la conoc‫ي‬an. Llameante entre cimas cubiertas de nieve, el sol baٌaba a los caudillos congregados bajo el p‫ل‬lido oro de la maٌana. Parec‫ي‬an guerreros de distintas naciones y eras pese a que los veteranos de la batalla de Zirkirta llevaban los cascos puntiagudos de los kianene. Algunos vest‫ي‬an antiguos corsés escamados; otros, cotas de malla y corazas de distinta procedencia, botines de pr‫ي‬ncipes y nobles inrithi hac‫ي‬a mucho tiempo fallecidos. Sَlo los brazos cubiertos de cicatrices, los rostros pétreos y el pelo negro largo les delataban como el Pueblo de la Guerra, como scylvendios. Xunnurit, el Rey-de-Tribus por elecciَn, estaba sentado entre ellos, con el brazo izquierdo firmemente apoyado en el muslo, y el derecho, se ٌalando hacia la distancia. El jinete que estaba a su lado apuntَ en esa direcciَn con la luna creciente llena de muescas que era su arco. Cnaiur vislumbrَ una flecha de abedul volando a través del cielo y vio cَmo desaparec‫ي‬a al otro lado de la hierba que hab‫ي‬a junto al r‫ي‬o. «Est‫ل‬n midiendo distancias --pens ,--lo َ cual sَlo puede significar que tienen planeado el asalto«. «Sin m‫« ؟‬.‫ي‬Pod‫ي‬an simplemente haberse olvidado? Maldiciendo, Cnaiur dirigiَ su montura hacia ellos. Mantuvo la cara girada hacia el este para librarse de la indignidad de sus miradas burlonas. El r‫ي‬o Kiyuth cruzaba la superficie del valle, negro excepto all ‫ ي‬donde hab‫ي‬a r‫ل‬pidos poco profundos congelados. Incluso desde la distancia, pod‫ي‬a ver cَmo el ejército de Nansur hab‫ي‬a ocupado la orilla, y entonces talaba los ‫ل‬lamos que quedaban y los arrastraba sirviéndose de grupos de caballos. Fortificado con trincheras y empalizadas, el campamento imperial estaba aproximadamente a un kilَmetro de distancia. Era un gran rect‫ل‬ngulo de innumerables tiendas y carromatos bajo la montaٌa que los memorialistas llamaban Sakthuta, los Dos Toros. Tres d‫ي‬as antes, esa visiَn le hab‫ي‬a sorprendido y consternado. Que los nansur entraran en sus territorios era ya una afrenta, pero que clavaran postes y erigieran muros...

Entonces, con todo, sَlo le llenaba de presagios. Mostrando los dientes, se introdujo entre sus hermanos caudillos. --،Xunnurit! --bram‫ ؟‬.--َPor qué no he sido llamado? El Rey-de-Tribus maldijo y tirَ de las riendas de su caballo para encararle. La brisa matinal rizaba los adornos de piel de lobo de su casco de batalla kianene. Observَ a Cnaiur con un evidente desprecio. --Fuiste llamado como los dem‫ل‬s, utemot. Cnaiur hab‫ي‬a conocido a Xunnurit sَlo cinco d‫ي‬as antes, poco después de llegar con sus guerreros utemot. Se cayeron mal mutua e inmediatamente, como les sucede a los pretendientes de una misma mujer bella. El desprecio de Xunnurit, y Cnaiur no ten‫ي‬a ninguna duda, se deb‫ي‬a a los escandalosos rumores sobre la muerte de su padre, ya antiguos. Ignoraba por completo, sin embargo, las razones de su propia antipat‫ي‬a. Quiz‫ ل‬solamente hab‫ي‬a correspondido al desdén con m‫ل‬s desdén. Quiz‫ ل‬era el bordado de seda de la tْnica de vellَn de Xunnurit, o la enquistada vanidad de su sonrisa. El odio no necesitaba razones, aunque sَlo fuera porque hab‫ي‬a tantas y tan f‫ل‬ciles de explicar. --No deber‫ي‬amos atacar --dijo Cnaiur sin rodeos--. Esto es una locura juvenil. La desaprobaciَn pend‫ي‬a en el aire como el almizcle en la brisa matutina. Los otros caudillos le escudriٌaron con expresiَn cauta. A pesar de los rumores que sin lugar a dudas hab‫ي‬an tenido que o‫ي‬r, los brazos despellejados de Cnaiur exig‫ي‬an una mezquina deferencia. Cnaiur sab ‫ي‬a que ni uno solo de aquellos hombres hab‫ي‬a matado a la mitad que él. Xunnurit se inclinَ y escupiَ sobre la hierba, un gesto de falta de respeto. --‫؟‬Locura? Los nansur cagan, mean y atizan culos en nuestra tierra santa, utemot. ‫؟‬Qué preferir‫ي‬as que hiciera? ‫؟‬Negociar? ‫؟‬Capitular y rendir tributo a Conphas? Cnaiur se debatiَ entre desacreditar al hombre o desacreditar sus planes. --No --respondiَ, optando por la sabidur‫ي‬a en lugar de la calumnia--. Yo preferir‫ي‬a esperar. Tenemos a Ikurei Conphas atrapado. --Alzَ una mano de dedos gruesos y la cerrَ en un puٌo--. Sus caballos necesitan buen forraje; los nuestros, no. Sus hombres est‫ل‬n acostumbrados a los techos, las almohadas, el vino y las comodidades de las mujeres f‫ل‬ciles, mientras los nuestros duermen en sus sillas y sَlo necesitan la sangre de su caballo como sustento. A medida que los d‫ي‬as pasen, el cervatillo empezar‫ ل‬a correr a través de sus corazones y el chacal a través de sus

estَmagos. Tendr‫ل‬n miedo y hambre. Sus fortificaciones de tierra y madera les oler‫ل‬n m‫ل‬s a cautiverio que a seguridad. Y pronto, ،la desesperaciَn los llevar‫ ل‬a nuestro terreno! Un sordo estruendo recorriَ la asamblea de caudillos, y Cnaiur mirَ cada una de aquellas caras curtidas. Algunos eran jَvenes y estaban ansiosos por derramar sangre, pero la mayor‫ي‬a ten‫ي‬an el sَlido conocimiento de muchas campaٌas; caras m‫ل‬s viejas, como la suya. Eran hombres que hab‫ي‬an sobrevivido a las muchas impaciencias de la juventud y, a pesar de eso, segu‫ي‬an en el momento ‫ل‬lgido de su fuerza y advert‫ي‬an la sabidur‫ي‬a de sus palabras. Pero Xunnurit no parec‫ي‬a muy impresionado. --Siempre el t‫ل‬ctico, ‫؟‬eh, utemot? Dime, Cnaiur urs Skiotha, si entraras en tu yaksh y encontraras a un grupo de hombres asaltando a tus esposas, ‫؟‬qué t‫ل‬ctica adoptar‫ي‬as? ‫؟‬Esperar‫ي‬as en una emboscada fuera, donde tendr‫ي‬as m‫ل‬s posibilidades de tener éxito? ‫؟‬Esperar‫ي‬as hasta que hubieran terminado de profanar tu hogar y tuْ tero? Cnaiur soltَ una risotada mientras advert‫ي‬a por primera vez que a Xunnurit le faltaban dos dedos de la mano izquierda. ‫؟‬Podr‫ي‬a el muy idiota hacer un nudo? --La ladera de las Hethanta es algo muy distinto a mi yaksh, Xunnurit. --‫؟‬Lo es? ‫؟‬Es esto lo que nos cuentan los memorialistas? Lo que sorprendiَ a Cnaiur no fue tanto la astucia del hombre como darse cuenta de que lo hab‫ي‬a subestimado. Los ojos de Xunnurit refulgieron de triunfo. --No. Los memorialistas dicen que nuestra batalla es nuestro hogar, nuestra tierra y nuestroْ tero, nuestro cielo y nuestro yaksh. Hemos sido violados, como si Conphas hubiera pose‫ي‬do a nuestras mujeres y hubiera roto nuestros hogares. Violados. Profanados. Humillados. No estamos para calcular ventajas t‫ل‬cticas, utemot. --‫؟‬Y qué hay de nuestra victoria sobre los fanim en Zirkirta? --preguntَ Cnaiur. La mayor‫ي‬a de los hombres presentes hab‫ي‬an estado en Zirkirta ocho aٌos antes, donde él mismo hab‫ي‬a abatido a Hasjinnet, el general kianene. --‫؟‬Qué pasa con eso? --‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo tardaron las tribus en replegarse ante los kianene? ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo sangramos antes de romperles la espalda? Dedicَ a Xunnurit una sonrisa macabra, la que con tanta frecuencia llevaba a las l‫ل‬grimas a sus esposas. El Rey-de-Tribus se puso tenso.

--Pero eso... --‫؟‬Es distinto, Xunnurit? ‫؟‬Cَmo puede una batalla ser como un yaksh y, sin embargo, no ser como otra batalla? En Zirkirta, tuvimos paciencia. Esperamos, y al hacerlo, destruimos completamente a un poderoso enemigo. --Pero no es simplemente una cuestiَn de esperar, Cnaiur --gritَ una tercera voz. Era Oknai Un Ojo, el caudillo de la poderosa tribu munuati, del interior--. La cuestiَn es cu‫ل‬nto tiempo debemos esperar. Pronto empezar‫ل‬n las sequ‫ي‬as, y los que procedemos del corazَn de la estepa debemos llevar a nuestros rebaٌos a los pastos veraniegos. Numerosos gritos siguieron a la intervenciَn, como si ésa fuera la primera cosa razonable que se dec‫ي‬a. --Ciertamente --aٌadi َXunnurit, repuesto gracias a su inesperado apoyo--. Conphas ha venido bien pertrechado, con un convoy de equipaje m‫ل‬s grande que su ejército. ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo nos har‫ي‬as esperar antes de que el cervatillo y el chacal royeran sus corazones y َ acia los dem‫ل‬ sus estَmagos? ‫؟‬Un mes‫? ؟‬Dos‫? ؟‬Seis, incluso-- ?Se gir h s y se vio reconfortado por una oleada de asentimientos guturales. Cnaiur se pasَ la mano por el cuero cabelludo y escudriٌَ los rostros hostiles que le rodeaban. Comprend‫ي‬a sus preocupaciones porque también eran las suyas. Una ausencia demasiado prolongada planteaba excesivos peligros. Los rebaٌos desatendidos significaban lobos, pestes, incluso hambrunas. Si uno aٌad‫ي‬a a eso la amenaza de las revueltas de los esclavos, las esposas d‫ي‬scolas y, para las tribus de la frontera septentrional de la estepa como la suya, los sranc, entonces el atractivo de un regreso precipitado era irresistible. Se girَ hacia Xunnurit. Se daba cuenta de que la decisiَn de atacar no era algo que el hombre hubiera impuesto a los dem‫ل‬s. Aunque eran conscientes de que la prisa era la maldiciَn de la sabidur‫ي‬a, quer‫ي‬an que la guerra concluyera r‫ل‬pidamente, mucho m‫ل‬s de lo que lo hab‫ي‬an querido en Zirkirta. Pero ‫؟‬por qué? Todos los ojos estaban en él. --‫؟‬Y bien? --preguntَ Xunnurit. ‫؟‬Pretend‫ي‬a eso Ikurei Conphas? Supuso que resultar‫ي‬a bastante f ‫ل‬cil conocer las diversas exigencias que las estaciones planteaban al Pueblo de la Guerra. ‫؟‬Hab‫ي‬a elegido Conphas deliberadamente las semanas anteriores a la sequ‫ي‬a estival? Las implicaciones de esa idea marearon a Cnaiur. De repente, todo lo que hab‫ي‬a observado y hab‫ي‬a o‫ي‬do desde que se hab‫ي‬a unido a las huestes ten‫ي‬a un significado distinto: la sodom‫ي‬a de sus prisioneros

scylvendios, las embajadas burlonas, incluso el posicionamiento de sus retretes... Todo calculado para incitar al Pueblo de la Guerra a atacar. --‫؟‬Por qué? --preguntَ abruptamente Cnaiur--. ‫؟‬Por qué iba Conphas a traer tantas provisiones? Xunnurit soltَ una risotada. --Porque esto es la estepa. No hay forraje. --No. Porque espera una guerra de desgaste. --،Exactamente! --exclamَ Xunnurit--. Pretende esperar hasta que el hambre obligue a las tribus a disolverse. --‫؟‬Disolverse? --gritَ Cnaiur, consternado porque su punto de vista pudiera ser tan f‫ل‬cilmente pervertido--. ،No! Pretende esperar hasta que el hambre o el orgullo obliguen a las tribus a atacar. La audacia de su afirmaciَn provocَ gritos entre los all‫ ي‬reunidos. Xunnurit riَ a la manera atribulada de los que han confundido la ingenuidad con la sabidur‫ي‬a. --Tْ, utemot, vives lejos del Imperio --dijo como si le estuviera perdonando la vida a un idiota--, de modo que tal vez tu ignorancia de la pol‫ي‬tica imperial sea de esperar. ‫؟‬Cَmo ibas a saber que la estatura de Ikurei Conphas crece mientras que la de su t‫ي‬o, el Emperador, se tambalea? Hablas como si Ikurei Conphas hubiera sido mandado aqu‫ي‬ para conquistar, cuando en realidad ha sido enviado aqu‫ ي‬،para morir! --‫؟‬Bromeas? --gritَ Cnaiur, exasperado--. ‫؟‬Has mirado sus huestes? Su caballer‫ي‬a de élite, sus auxiliares norsirai, pr‫ل‬cticamente todas las columnas del Ejército Imperial, ،hasta la Guardia Eَtica del Emperador! Han vaciado el ejército para reunir esta expediciَn. Se han incumplido tratados, se han prometido y gastado fortunas en oro. ‫ة‬ste es un ejército de conquista, no una procesiَn fْnebre por... --،Pregunta a los memorialistas! --espetَ Xunnurit--. Otros emperadores han sacrificado tanto como eso, si no m‫ل‬s. Xerius ten‫ي‬a que engaٌar a Conphas, ‫؟‬no es as‫?ي‬ --،Bah! ،Y tْ dices que los utemot no saben nada del Imperio! El Nansْrium es un lugar sitiado. ،No puede permitirse perder ni siquiera una parte de su ejército! Xunnurit se inclinَ hacia adelante en su montura y alzَ el puٌo en un gesto amenazador. Sus cejas se hundieron sobre los ojos resplandecientes. Los orificios nasales le brillaron. --Entonces, ،m‫ل‬s razَn para aplastarlo ahora! Después, ،avanzaremos hacia el Gran Mar arrasando como nuestros padres de antaٌo! ،Destruiremos sus templos, dejaremos embarazadas a sus hijas, decapitaremos a sus hijos!

Para alarma de Cnaiur, gritos de adhesiَn estallaron al viento matutino. Los silenciَ con una mirada asesina. --‫؟‬Sois todos una panda de borrachos ciegos? ،Qué mejor razَn para dejar que los nansur se consuman! ‫؟‬Qué creéis que har‫ي‬a Conphas si estuviera entre nosotros? ‫؟‬Qué...? --،Sacarse mi espada del culo! --gritَ alguien, lo que provocَ una explosiَn de carcajadas desbordantes. Cnaiur pudo percibir entonces la jocosa camarader‫ي‬a, que en realidad se reduc‫ي‬a a poco m‫ل‬s que una conspiraciَn para re‫ي‬rse de un hombre, siempre el mismo, independientemente de cu‫ل‬l fuera su llamada a las armas o al intelecto. Sus labios se fruncieron hasta formar una mueca. Le hab‫ي‬an juzgado hac‫ي‬a muchos aٌos y le hab‫ي‬an encontrado carencias. «Pero los indicadores son incesantes...» --،No! --gritَ Cnaiur--. ،Se reir‫ي‬a de vosotros como vosotros os re‫ي‬s de m‫ !ي‬Dir‫ي‬a que a un perro hay que conocerlo para domarlo, ،y yo conozco a esos perros! ،Mejor de lo que se conocen a s‫ ي‬mismos! --Su voz y su expresiَn hab‫ي‬an adoptado un tono lastimero; tratَ de sofocarlo--. Escuchad. ،Debéis escucharme! Conphas est‫ ل‬jugando incluso con esta misma reuniَn: con nuestra arrogancia, con nuestros... pensamientos habituales. ،Ha hecho todo lo que ha estado en su mano para provocarnos! ‫؟‬No lo veis? Nosotros decidimos su genio en el campo de batalla. Sَlo nosotros podemos dejarle en rid‫ي‬culo. Y hacer lo que m‫ل‬s le aterroriza, aquello que ha querido prevenir con todos sus medios. ،Debemos esperar! ،Esperar a que él venga a por nosotros! Xunnurit le observaba fijamente, con los ojos refulgentes de deleite. Entonces sonre‫ي‬a con sorna. --Los hombres te llaman Cnaiur, el que Mata Hombres; hablan de tu destreza en el campo de batalla, de tu infinita hambre de santas matanzas. Pero ahora --negَ con la cabeza en un gesto de reprensiَn--, ‫؟‬ ha desaparecido esa hambre, utemot? ‫؟‬Debemos llamarte ahora Cnaiur, el que Mata el Rato? M‫ل‬s carcajadas salidas del fondo de sus corazones, graves, ordinarias, honestas al modo de la gente sencilla, pero a la vez teٌidas de un regocijo desagradable: el sonido de hombres de poca val‫ي‬a deleit‫ل‬ ndose en la degradaciَn de otro de m‫ل‬s. A Cnaiur le zumbaban los o‫ي‬ dos. La tierra y el cielo se encogieron hasta que todo el mundo se convirtiَ en una suma de rostros con los dientes amarillos, riéndose. La percibiَ revolviéndose en su interior, su segunda alma, la que emborronaba el sol y manchaba de sangre la tierra. Sus risotadas

titubearon ante su amenaza. Su mirada hostil barriَ las sonrisas de sus caras. --Maٌana --declarَ Xunnurit, guiando nerviosamente a su caballo hacia el distante campamento nansur-- sacrificaremos una naciَn entera al Dios-Muerto. ،Maٌana pasaremos un Imperio a cuchillo!

Balance‫ل‬ndose en silencio sobre las monturas de madera, innumerables jinetes avanzaron a través de la hierba helada y gris‫ل‬cea a causa del roc‫ي‬o matinal. Hab‫ي‬an pasado casi ocho aٌos desde la batalla de Zirkirta, ocho aٌos desde que Cnaiur hab‫ي‬a sido testigo porْ ltima vez de una reuniَn del Pueblo de la Guerra como aquélla. Grandes congregaciones segu‫ي‬an a sus caudillos y cubr‫ي‬a una extensiَn de laderas y cumbres de una milla. Ocultos tras grupos de lanzas levantadas, cientos de pendones sobresal‫ي‬an de las masas, seٌalando tribus y federaciones de toda la estepa. ،Tantos! ‫؟‬Era consciente Ikurei Conphas de lo que hab‫ي‬a hecho? Los scylvendios eran rebeldes por naturaleza, y aparte de sus rituales escaramuzas en la frontera con el Nansurium, se pasaban la mayor parte del tiempo asesin‫ل‬ndose entre ellos. Su aficiَn a las regaٌinas y la aniquilaciَn rec‫ي‬proca era el mayor baluarte del Imperio contra su raza; m‫ل‬s incluso que Hethanta, el que arrasaba el cielo. Al invadir la estepa, Conphas hab‫ي‬a unido al Pueblo de la Guerra y hab‫ي‬a puesto al Imperio bajo la amenaza del mayor peligro experimentado por toda una generaciَn. ‫؟‬Qué pod‫ي‬a haber provocado que asumiera ese riesgo? Sin ninguna razَn aparente, Ikurei Xerius III se hab‫ي‬a jugado el Imperio por su sobrino. ‫؟‬Qué promesas le hab‫ي‬a hecho Conphas? ‫؟‬Qué circunstancias le hab‫ي‬an motivado? No todo era como parec‫ي‬a; Cnaiur estaba seguro de eso. Y sin embargo, mientras contemplaba los campos de jinetes armados, no pudo evitar arrepentirse de sus recelos pasados. Dondequiera que mirara, ve‫ي‬a adustos, belicosos jinetes, con pedazos de cuero clavados en sus escudos circulares, con los caballos guarnecidos con faldones hechos de monedas nansur y kianene saqueadas. Miles y miles de scylvendios, endurecidos por crueles estaciones y una guerra inacabable, se hab‫ي‬an unido como en los d‫ي‬as legendarios. ‫؟‬Qué esperanzas pod‫ي‬a tener Conphas?

Los cuernos nansur atronaron desde detr‫ل‬s de las montaٌas y asustaron a los hombres y los caballos por igual. Todos los ojos se volvieron hacia el largo risco que oscurec‫ي‬a el valle. El caballo de Cnaiur resoplَ, hizo una cabriola y agitَ en el aire las cabelleras que adornaban sus bridas. --Pronto --murmurَ, tranquilizando la cabeza retozona del caballo con una mano firme--, pronto estallar‫ ل‬la locura. Cnaiur siempre recordaba las horas previas a la batalla como insoportables, y debido a ello, cuando ten‫ي‬a que pasar por el trance invariablemente se sorprend‫ي‬a. Hab‫ي‬a momentos en los que la enormidad de lo que iba a suceder se apoderaba de él y le dejaba aturdido como un hombre que acabara de evitar una ca‫ي‬da mortal. Pero esos momentos eran pasajeros. En buena medida, esas horas transcurr ‫ي‬an como las dem‫ل‬s, m‫ل‬s ansiosas quiz‫ل‬, y puntuadas de fogonazos de odio y turbaciَn, pero tan tediosas como las dem‫ل‬s. En buena medida, necesitaba recordarse la locura que iba a desencadenarse. Cnaiur fue el primero de los miembros de su tribu en llegar a la cima del risco. Ardiendo entre dos montaٌas de formas incisivas, el sol naciente los cegaba, y pasَ un largo rato antes de que Cnaiur pudiera discernir las lejanas columnas del Ejército Imperial. Falanges de infanter ‫ي‬a formaban un gran grupo segmentado en el campo abierto, entre el r‫ي‬ o y el campamento fortificado de los nansur. Soldados de vanguardia a caballo se alineaban en las abruptas laderas que hab‫ي‬a ante ellos, preparados para hostigar cualquier intento scylvendio de cruzar el Kiyuth. Como si dieran la bienvenida a su antiguo enemigo, los cuernos nansur retronaron de nuevo y provocaron estremecimientos a través del crudo aire matinal. Un fuerte grito surgiَ de entre las columnas, seguido del hueco repiqueteo de los golpes de las espadas en los escudos. Mientras las otras tribus se reun‫ي‬an a lo largo del risco, Cnaiur escudriٌَ a los nansur con una mano levantada contra el sol. El hecho de que ocuparan el terreno central en lugar de la orilla oriental del r‫ي‬o no le sorprendiَ, aunque imaginaba que Xunnurit y los dem‫ل‬s estar‫ي‬an en ese momento tratando de cambiar sus planes a toda prisa. Intentَ contar las columnas --las formaciones parec‫ي‬an extraordinariamente amplias--, pero tuvo dificultades para concentrarse. La absurda magnitud de sus circunstancias le pesaba como algo palpable. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬an suceder cosas as‫ي? ؟‬Cَmo pod‫ي‬an naciones enteras...? Bajَ la cabeza y se frotَ la nuca, ensayando la letan‫ي‬a de recriminaciones que siempre consumaban esos pensamientos tan culpables. Vio mentalmente a su padre, Skiotha; la cara se le iba

ennegreciendo mientras se ahogaba en el barro. Cuando levantَ la mirada, sus pensamientos estaban tan ausentes como su expresiَn. Conphas, Ikurei Conphas era el centro de lo que iba a suceder; no, Cnaiur urs Skiotha. Una voz le sobresaltَ: Bannut, el hermano de su padre. --‫؟‬Por qué se han desplegado tan cerca de su campamento? --El viejo guerrero se aclarَ la garganta, un sonido como el de las monedas del bajo vientre de los caballos--. Cre‫ي‬a que se valdr‫ي‬an del r‫ي‬o para impedir que carg‫ل‬ramos. Cnaiur retomَ su evaluaciَn del Ejército Imperial. El vértigo del inminente derramamiento de sangre le recorriَ las extremidades. --Porque Conphas necesita una batalla decisiva. Quiere que extendamos nuestras l‫ي‬neas en su lado del r‫ي‬o. Negarnos espacio de maniobra y obligarnos a un enfrentamiento a todo o nada. --‫؟‬Est‫ ل‬loco? Bannut ten‫ي‬a razَn. Conphas estaba loco si cre‫ي‬a que sus hombres podr‫ي‬an imponerse en una batalla campal. Desesperados, los kianene hab‫ي‬an hecho una intentona similar en Zirkirta ocho aٌos antes, pero no hab‫ي‬an logrado m‫ل‬s que un desastre. El Pueblo de la Guerra no se ven ‫ي‬a abajo. Una carcajada aflorَ entre los murmullos de los parientes que le rodeaban. Cnaiur girَ la cabeza. ‫؟‬Se re‫ي‬an de él? ‫؟‬Estaba alguien riéndose de él? --No --respondiَ, distante, observando a esos hombres por encima del hombro de Bannut--. Ikurei Conphas no est ‫ل‬loco. Bannut escupiَ, un gesto destinado, o al menos eso le pareciَ a Cnaiur, al Exalto-General nansur. --Hablas como si le conocieras. Cnaiur mirَ directamente al anciano, tratando de descifrar qué significaba el tono indignado de su voz. En cierto sentido, conoc‫ي‬a a Conphas. Mientras hac‫ي‬a incursiones en el Imperio el otoٌo anterior, hab ‫ي‬a capturado a numerosos soldados nansur, hombres que parloteaban sobre el Exalto-General con una adoraciَn que hab‫ي‬a despertado el interés de Cnaiur. Con carbones calientes y preguntas severas, hab‫ي‬a descubierto muchas cosas de Ikurei Conphas, de su brillantez en las Guerras Galeoth, de sus audaces t‫ل‬cticas y su novedoso régimen de entrenamiento; suficiente como para saber que era distinto de cualquier otro con el que se hubiera encontrado en el campo de batalla. Pero ese conocimiento era inservible con viejas serpientes como Bannut, que nunca le hab‫ي‬a perdonado el asesinato de su padre.

--Cabalga hasta Xunnurit --le ordenَ Cnaiur, sabiendo perfectamente que el Rey-de-Tribus no prestar‫ي‬a la menor atenciَn a un mensajero utemot--. Descubre cu‫ل‬les son sus intenciones. Bannut no se dejَ engaٌar. --Me llevaré a Yursalka conmigo --dijo con la voz quebrada--. Se casَ con una de las hijas de Xunnurit, la deforme, la primavera pasada. Quiz‫ ل‬el Rey-de-Tribus se acuerde de su generosidad. --Bannut volviَ a escupir, como si quisiera subrayar lo que hab‫ي‬a dicho, y espoleَ para mezclarse con el resto de utemot. Durante un largo rato, Cnaiur permaneciَ sentado, sombr‫ي‬o, en su caballo, contemplando absorto cَmo los abejorros se lanzaban entre las cabezas inclinadas de los tréboles morados del suelo. Los nansur siguieron aporreando sus distantes escudos. El sol, lentamente, envolvi َ el valle con su c‫ل‬lido abrazo. Los caballos piafaban de impaciencia. M‫ل‬s cuernos sonaron mientras tanto, y los nansur detuvieron su clamor. El rumor de los murmullos de sus parientes se desvaneciَ y una creciente ira sustituyَ a la pena en su pecho. Siempre hablaban entre s‫ي‬ y nunca con él; era como si fuera un hombre muerto para ellos. Pensaba en todos aquellos a los que hab‫ي‬a matado los primeros aٌos después de la muerte de su padre, todos esos utemot que trataban de arrancarle al Yaksh Blanco del caudillo el deshonor de su nombre. Siete primos, un t ‫ي‬o y dos hermanos. Un odio terco se desbordَ en su interior, un odio que le aseguraba que no ceder‫ي‬a, por muchas indignidades que hubiera de sufrir, por muchos susurros o miradas cautelosas que tuviera que soportar. Matar‫ي‬a a todos y a cualquiera, enemigo o igual, antes de ceder. Fijَ la mirada en el atestado paisaje del ejército de Conphas. «‫؟‬Te mataré hoy, Exalto-General? Creo que s‫ي‬.» Unos sْbitos gritos llamaron su atenciَn a la izquierda. Al otro lado de la muchedumbre de brazos y caballos, vio el pendَn de Xunnurit ondeando contra el cielo. Colas de caballo teٌidas se agitaban arriba y abajo, transmitiendo la orden de que avanzaran lentamente. M‫ل‬s lejos, al norte, grupos de scylvendios ya hab‫ي‬an empezado a descender por las laderas. Gritando a los miembros de su tribu, Cnaiur espoleَ su caballo hacia el r‫ي‬o, pisoteando los tréboles y ahuyentando a los abejorros. El roc‫ي‬o se hab‫ي‬a evaporado y la hierba, entonces, hac‫ي‬a un ruido ‫ل‬spero bajo las espinillas de su caballo. El aire ol‫ي‬a a tierra calent‫ل‬ndose. Las huestes scylvendias cubrieron lentamente el extremo oriental del valle. Abriéndose paso a través de los matorrales de los terrenos

que flanqueaban el r‫ي‬o, Cnaiur vislumbrَ a Bannut y Yursalka dirigiéndose hacia él a través de campo abierto; los estuches con sus arcos se balanceaban a la altura de las caderas, y los escudos rebotaban sobre las ancas de los caballos. Saltaron por encima de la maleza, y Bannut estuvo a punto de caer del caballo a un profundo barranco. Al cabo de un instante estaban colocando sus monturas en paralelo a la de Cnaiur. Por alguna razَn, parec‫ي‬an todav‫ي‬a m‫ل‬s extraٌamente cَmodos que de costumbre. Después de dedicar una mirada conspiratoria a Bannut, Yursalka mirَ a Cnaiur con unos ojos inexpresivos. --Vamos a tomar el extremo meridional del fuerte; después, nos posicionaremos frente a la Columna Nasueret, a la izquierda del enemigo. Si Conphas avanza antes de que hayamos recuperado la posiciَn, vamos a retirarnos hacia el sur y atacar sus flancos. --‫؟‬Xunnurit te ha contado todo esto? Yursalka asintiَ con cuidado. Bannut le mirَ; en sus viejos ojos refulgentes hab‫ي‬a una satisfacciَn maliciosa. Balance‫ل‬ndose al paso de su caballo, Cnaiur mirَ por encima del Kiyuth, que avanzaba por entre los estandartes de color carmes‫ ي‬a la izquierda del Ejército Imperial. Encontrَ el pendَn de la Columna Nasueret r‫ل‬pidamente: el Sol Negro de Nansur partido por el ala de una ‫ل‬guila, con el s‫ي‬mbolo sheyico del nueve bordado en oro debajo. Bannut se aclarَ la garganta de nuevo. --La Novena Columna --dijo con aprobaciَn--. Nuestro Rey-de-Tribus nos honra. Si bien tradicionalmente estaban apostados en la frontera kianene del Imperio, se rumoreaba que los hombres de la Nasueret se encontraban entre los mejores del Ejército Imperial. --O eso, o nos est‫ ل‬llevando al asesinato --rectificَ Cnaiur. Quiz‫ ل‬Xunnurit esperaba que las duras palabras que hab‫ي‬an intercambiado el d‫ي‬a anterior tuvieran consecuencias dr‫ل‬sticas. «Todos me quieren muerto.» Yursalka espetَ algo ininteligible, y después, se alejَ trotando. Cnaiur imaginَ que buscar‫ي‬a una compa‫ٌي‬a m‫ل‬s honorable. Bannut sigui َ al lado de Cnaiur, pero no dijo nada. Cuando el Kiyuth estuvo tan cerca que olieron su glacial antigüedad, varios destacamentos se separaron de las l‫ي‬neas scylvendias y galoparon a través de los muchos vados del r‫ي‬o. Cnaiur observَ esas cohortes con aprensiَn, sabedor de que su inmediata fortuna revelar‫ي‬a en buena medida las intenciones de Conphas. Los

soldados de vanguardia nansur al otro lado del r‫ي‬o cayeron sobre ellos, se dispersaron y echaron a correr, acribillados por descargas de flechas. Los scylvendios los siguieron hacia el grueso del Ejército Imperial; después, giraron y galoparon en paralelo a las l‫ي‬neas nansur, disparando nubes de flechas desde la grupa de los caballos, que avanzaban al galope. M‫ل‬s y m‫ل‬s cohortes se unieron a ellos; guiaban sus caballos solamente mediante las espuelas, los gritos y las rodillas. Pronto, miles cruzaban las l‫ي‬neas imperiales. Cnaiur y sus utemot atravesaron el Kiuth bajo la cobertura de esos merodeadores y dejaron rastros de agua al ascender por la orilla opuesta. Después, cabalgaron r‫ل‬pidamente hacia su nueva posiciَn frente a la Nasueret. Cnaiur sab‫ي‬a que el momento de cruzar el r‫ي‬o y reubicarse ser‫ي‬a cr‫ي‬tico, y durante todo el proceso esperَ o‫ي‬r el sonido de los cuernos nansur seٌalando su avance. Pero el Exalto-General mantuvo sus columnas inmَviles, y permiti q َ ue los scylvendios se reunieran formando una gran media luna a lo largo de la orilla del r‫ي‬o. ‫؟‬Qué estaba haciendo Conphas? Al otro lado del campo, sobre una hierba tan desigual como la barba juvenil, les esperaba el Ejército Imperial. Cnaiur mirَ una fila tras otra de figuras con escudo, cargadas con armaduras e insignias, con faldas de cuero rojo y arneses revestidos de hierro con ribetes de malla. Innumerables y anَnimos, pronto morir‫ي‬an por sus pecados. Los cuernos bramaron. Miles de espadas golpearon como una sola. Y a pesar de todo, un asombroso silencio se hab‫ي‬a posado sobre el campo de batalla, como si todos inspiraran a la vez. Una brisa cruzَ el valle y arrastrَ el olor de caballos, cuero sudoroso y hombres sin lavar. El roce y el ruido de las vainas y los arneses le recordَ a Cnaiur su propia armadura. Con las manos tan ligeras como vejigas llenas de aire, comprobَ las cintas de su casco esmaltado blanco, un trofeo de su victoria sobre Hasjinnet en Zirkirta, y después los nudos de su pechera revestida de oro. Se balanceَ por la cintura sobre su montura para flexionar sus mْsculos y aliviar la tensiَn. Susurrَ un homenaje en memoria del Dios-Muerto. Las tribus reunidas se intercambiaron s‫ي‬mbolos de crin, y Cnaiur gritَ algunasَ rdenes a sus parientes. Se formَ la primera oleada de lanceros que cabalgar‫ي‬a a su lado. Se ataron los escudos al cuello. Percibiendo el escrutinio de Bannut, Cnaiur se girَ hacia él; su expresiَn lo intranquilizَ. --Tْ --dijo el viejo guerrero-- deber‫ي‬as ser juzgado por este d‫ي‬a, Cnaiur urs Skiotha. El juicio es incesante.

Cnaiur mirَ con la boca abierta al hombre, transido de furia y asombro. --‫ة‬ste no es el lugar, t‫ي‬o, para revivir viejas heridas. --No se me ocurre un lugar mejor. Preocupaciones, sospechas y premoniciones le acuciaron, pero no hab‫ي‬a tiempo. Los soldados de vanguardia se estaban batiendo en retirada. En la distancia, las l‫ي‬neas de jinetes se separaban de las grandes huestes en direcciَn a las falanges del Ejército Imperial. El peregrinaje hab‫ي‬a terminado; la adoraciَn iba a empezar. Con un grito, ordenَ a los utemot que avanzaran al trote. Algo parecido al miedo le atenazaba, una sensaciَn de ca‫ي‬da, como si estuviera en lo alto de un precipicio. Al cabo de un instante, se encontraron a tiro de los arqueros nansur. Gritَ, y sus lanceros espolearon los caballos, que se pusieron a galopar, y sostuvieron los escudos contra los hombros y las alforjas de la montura. Cruzaron un raqu‫ي‬tico matorral de zumaques. Las primeras saetas susurraron entre ellos; cortando el aire como si fuera tela, impactaron contra escudos, suelo, carne. Una le rozَ el hombro; otra se hundiَ un dedo en la l‫ل‬mina de cuero de su escudo. Cruzaron al galope una extensiَn de hierba lisa, haciendo acopio de un ‫ي‬mpetu mortal. M‫ل‬s flechas descendieron sobre ellos, y ya eran menos. Bufidos de los caballos, repiqueteo de las flechas, después sَlo el sonido seco de mil cascos sobre la hierba. Con la cabeza gacha, Cnaiur observَ a los soldados de infanter‫ي‬a de la Columna Nasueret prepar‫ل‬ndose. Bajaron las picas, y eran las picas m‫ل‬s largas que jam‫ل‬s hab‫ي‬a visto. El aliento contenido por la vacilaciَn. Después espoleَ el caballo para que corriera m‫ل‬s, blandiَ la lanza y aullَ el grito de guerra utemot. Sus parientes respondieron, y el aire temblَ: «،Guerra y culto!». Pasَ volando por encima de macizos de hierbajos y flores silvestres. Su tribu cabalgaba con él, extendida como dos grandes brazos. Alcanzado en el pecho, el caballo se inclinَ y cayَ sobre la hierba de la estepa. Cnaiur se golpeَ contra matojos y espinillas, y se desgarrَ el hombro y el cuello. Por un instante, estuvo enredado entre patas. Se estremeciَ bajo una sombra aplastante, pero nada sucediَ. Empujَ para liberarse, y arrojَ a un lado su escudo, desenvainَ la espada y tratَ de comprender el sentido de la confusiَn que lo rodeaba. Muy cerca, al alcance de la mano, un caballo sin jinete daba patadas en c‫ي‬rculo para golpear a los nansur. Fue destripado hasta morir por unos hombres que avanzaban tan juntos que parec‫ي‬an unidos con clavos. Las filas nansur segu‫ي‬an en buena medida indemnes, y luchaban

con terca profesionalidad. Los utemot, de repente, parec‫ي‬an agrestes y endebles ante ellos, empobrecidos por su cuero sin teٌir y su armadura robada. Por todas partes, sus parientes estaban siendo masacrados. Cnaiur vio cَmo Okkiurm, su primo, era derribado del caballo mediante unos ganchos y aporreado en el suelo. Observَ cَmo su sobrino Maluti se revolv‫ي‬a bajo espadas que se cern‫ي‬an sobre él, todav‫ي‬a bramando el grito de guerra utemot. ‫؟‬Tantos hab‫ي‬an ca‫ي‬do ya? Oteَ la extensiَn de terreno que quedaba a su espalda, esperando encontrar la segunda oleada de lanceros utemot. Con la sola excepciَn de un caballo solitario que renqueaba hacia el r‫ي‬o, el terreno estaba vac ‫ي‬o. Vio que, en la distancia, los miembros de su tribu se arremolinaban en sus posiciones originales; observaban cuando deb‫ي‬an estar cabalgando. ‫؟‬Qué estaba sucediendo? ‫؟‬Traiciَn? ،Traiciَn! Buscَ a Bannut, le encontrَ encogido sobre la hierba, cerca, toc‫ل‬ndose el estَmago como si acunara un juguete. Un nansur saliَ dando tumbos de la riٌa y levantَ su puٌal para clav‫ل‬rselo en el cuello a Bannut. Cnaiur agarrَ una pesada jabalina del suelo y se la lanzَ. El soldado le vio y, estْpidamente, alzَ el escudo. La jabalina perforَ la parte superior, y el soldado tuvo que bajarlo a causa del peso. Cnaiur saltَ hacia él, cogiَ la jabalina y violentamente ensartَ al escudo y el hombre. El soldado de infanter‫ي‬a se sacudiَ y cayَ al suelo sobre las manos y las rodillas, gateَ bajo el sable alzado de Cnaiur y, finalmente, se desplomَ al suelo sin cabeza. Cnaiur cogiَ a Bannut por el arnés y le alejَ a rastras del tumulto. El viejo guerrero se carcajeَ; la sangre le formaba pompas entre los labios. --،Xunnurit recordaba bien el favor que le hizo Yursalka! --gritَ. Cnaiur le mirَ horrorizado. --‫؟‬Qué has hecho? --،Matarte! ،Matar al asesino de los suyos! ،El maricَn llorica que hubiera sido nuestro caudillo! Los cuernos atronaron en medio de los rugidos. Entre latidos de su corazَn, Cnaiur vio a su padre en el rostro dolorido de Bannut. Pero Skiotha no hab‫ي‬a muerto as‫ي‬. --،Te vi esa noche! --dijo Bannut resollando, con la voz cada vez m ‫ل‬s tomada por la agon‫ي‬a--. Vi la verdad de lo que... --Su cuerpo se acalambrَ y se estremeciَ en una tos incontrolable--. Lo que ha sucedido durante estosْ ltimos treinta aٌos. ،Conté toda la verdad! ،Ahora los utemot ser‫ل‬n liberados de la opresiَn de tu deshonra! --،No sabes nada! --gritَ Cnaiur.

--،Lo sé todo! Vi cَmo le mirabas. ،Sé que era tu amante! ‫؟‬Amante? Los ojos de Bannut estaban empezando a tornarse espejos, como si mirara algo sin fondo. --El tuyo es el nombre de nuestra vergüenza --dijo entre jadeos--. ،Por el Dios-Muerto que iba a verlo eliminado! Cnaiur sintiَ que su sangre era como grava. Se girَ y parpadeَ para reprimir las l‫ل‬grimas. Llorica. A través de una pantalla de figuras que peleaban y bland‫ي‬an espadas, vislumbrَ cَmo Sakkeruth, un amigo de la infancia, ca‫ي‬a de su montura. Recordَ haber pescado peces con arpَn junto a él bajo el amplio cielo estival. Recordَ... «No.» Maricَn. ‫؟‬Era eso lo que ellos cre‫ي‬an? --،No! --gruٌَ, gir‫ل‬ndose hacia Bannut. La vieja ira de hierro, por fin, le hab‫ي‬a encontrado--. Soy Cnaiur urs Skiotha, el-que-detroza-caballos-y-hombres. --Clavَ su espada en la hierba y cogiَ al hombre estupefacto por la garganta--. ،Nadie ha matado a tantos! ،Nadie tiene tantas cicatrices sagradas! Soy la medida de la deshonra y el honor. ،Tu medida! Su t‫ي‬o tuvo arcadas, y le sacudiَ con las manos empapadas de sangre. Después, se le escapَ toda la fuerza. Ahogado, como se ahogaba a las hijas de los esclavos. Recuperando el sable, Cnaiur se alejَ del cad‫ل‬ver de su t‫ي‬o, que ten ‫ي‬a una expresiَn ausente, dando tumbos. Los cuerpos de caballos y hombres cubr‫ي‬an el suelo. Reducidos a bobalicones sin sus monturas, sus utemot retroced‫ي‬an ante el fiero muro de soldados de infanter‫ي‬a. Muchos aullaban a sus distantes parientes, d‫ل‬ndose cuenta de que hab ‫ي‬an sido engaٌados. Un puٌado, vergonzosamente, se vino abajo y corriَ. Otros se reunieron alrededor de Cnaiur. Oficiales imperiales vociferaban por encima del barullo. Las columnas nansur avanzaban. Con la mano izquierda extendida hacia adelante, Cnaiur se quedَ absorto y alzَ el sable hasta que el sol refulgiَ a lo largo de la superficie manchada. Los soldados de infanter‫ي‬a avanzaron por encima de los ca‫ي‬dos, con los escudos decorados con el Sol Negro y en los rostros una m‫ل‬scara de desalentador jْbilo. Cnaiur vio que uno lanceaba el cuerpo de Bannut. Entre los oficiales, volvieron a estallar gritos broncos sobre el estrépito de cuernos distantes. De repente, las tres primeras filas cargaron.

Cnaiur se encogiَ y lanzَ su espada contra la protegida espinilla del primer hombre que se dispuso a ir a por él. El muy idiota cayَ. Apartَ el escudo de una patada y le clavَ la hoja en las bandas de la armadura, justo debajo de la axila. Exultaciَn. Liberَ su sable de un tirَn, se dio la vuelta y atacَ a otro, al que le rompiَ la clav‫ي‬cula a través del arnés. Cnaiur gritَ y alzَ sus brazos llenos de cicatrices, poderosas recompensas de su pasado sangriento. --‫؟‬Quién? --rugiَ en su afeminada lengua--. ‫؟‬Quién de entre vosotros ser‫ ل‬el que pondr‫ ل‬el cuchillo sobre mis brazos? Un tercero cayَ, vomitando sangre, pero los dem‫ل‬s se cerraron a su alrededor, en clara superioridad, liderados por un oficial con los ojos marmَreos que bramaba «،muere!» con cada golpe de su espada. Cnaiur le complaciَ cort‫ل‬ndole una parte de la mand‫ي‬bula con los dientes inferiores. Impertérritos, los otros le atacaron con lanzas y escudos, empuj‫ل‬ndole por la espalda. Otro oficial se abalanzَ sobre él, un joven noble con el motivo de la Casa Biaxi en el escudo. Cnaiur vio el terror en sus ojos, la conciencia de que el inmenso scylvendio que ten‫ي‬ a delante era algo m‫ل‬s que humano. Cnaiur le arrancَ el puٌal de las manos, le dio patadas salvajemente, lo golpeَ. El niٌo cayَ de espaldas, temblando y d‫ل‬ndose palmadas en la sangre que le manaba de la entrepierna como si fuera fuego. Le empujaron; estaban tan ansiosos por evitarle como por estar cerca de él. --‫؟‬Dَnde est‫ل‬n vuestros poderosos guerreros? --gritَ Cnaiur--. ،Mostradme a vuestros poderosos guerreros! Con las extremidades bulliendo de una ira devoradora, acabَ con todos ellos, con los débiles y con los fuertes por igual. Luchَ como un loco con el corazَn partido; golpeaba escudos hasta que romp‫ي‬a los brazos, machacaba figuras hasta que arrojaban penachos de sangre. Las columnas que avanzaban les rodearon, pero Cnaiur y sus utemot mataron y mataron hasta que la hierba a sus pies se convirtiَ en un estiércol sangriento, enmaraٌado de cad‫ل‬veres. Los nansur amainaron y retrocedieron unos cuantos pasos, mirando boquiabiertos al caudillo utemot. Envainando el sable, Cnaiur saltَ por encima de los cad‫ل‬veres apilados ante él. Cogiَ a un herido rezagado por el cuello y le aplastَ la tr‫ل‬quea. Rugiendo, levantَ al hombre destrozado por encima de su cabeza. --،Yo soy el saqueador! --grit، .--La َ medida de todos los hombres-- ! Arroj e َ l cuerpo que sosten‫ي‬a, que cay a َ sus pies--. ‫؟‬No hay ningْn hombre entre vosotros? --Escupiَ y después se riَ ante su estupefacto

silencio--. Todos nenas, pues. --Se sacudiَ la sangre de la melena y volvi َ a alzar el sable. Entre los nansur emergieron gritos de p‫ل‬nico. Muchos se lanzaron contra los hombres que se apretujaban a su espalda, locos por escapar de su trastornado aspecto. Los cascos atronadores abrieron una brecha por entre el barullo de la batalla, y todas las cabezas se giraron. M‫ل‬s jinetes utemot explotaron entre ellos, empalando a algunos nansur con largas lanzas y pisoteando a otros. Hubo un breve instante de total confusiَn, y Cnaiur, con la espada ya roma convertida en un tubo de hierro, acabَ con dos m‫ل‬s. Después, los hombres de la Columna Nasueret huyeron, dejando atr‫ل‬s armas y escudos mientras corr‫ي‬an. Cnaiur y sus parientes se encontraron solos, con los pechos jadeantes y la sangre fluyendo por heridas abiertas. --،Ayaaah! --gritaban mientras una cohorte tras otra galopaba huyendo de ellos--. ،Guerra y culto! Pero Cnaiur les ignorَ y se dirigiَ corriendo a la cima de un pequeٌo mont‫ي‬culo. El valle se abr‫ي‬a ante él, repleto de polvo, humo e incontables miles de hombres luchando. Por un momento, la enormidad del espect‫ل‬culo lo dejَ sin aliento. M‫ل‬s lejos, al norte, vio cَmo divisiones de jinetes scylvendios, oscuros a través de faldas de polvo, giraban sobre sus talones y cargaban contra lo que parec‫ي‬a una aislada columna nansur. Siguiendo la costumbre de la caballer‫ي‬a munuati, compa‫ٌي‬as de jinetes se dirigieron hacia el este entre la columna aislada y el centro, y derribaron a los hombres que hu‫ي‬an. Al principio pensَ que se dirig‫ي‬an hacia el campamento nansur, pero los observَ y se dio cuenta de que no era as‫ي‬. El campamento ya ard‫ي‬a, y Cnaiur vio esclavos, sacerdotes y artesanos nansur colgando y cayendo desde la empalizada. Alguien ya hab‫ي‬a alzado el pendَn de los pulit, la m‫ل‬s meridional de las tribus scylvendias, en lo que hab‫ي‬a sido la puerta de madera. Tan r‫ل‬pidamente... Escudriٌَ la locura del centro. Alguien hab‫ي‬a prendido fuego a los hierbajos que quedaban en medio, y a través del humo vio a Xunnurit Akkunihor atrapado contra las resplandecientes aguas negras del Kiyuth, rodeado por todas partes por la Guardia Eَtica y elementos de una columna que no pudo identificar. Caballos y hombres muertos cubr ‫ي‬an la gran franja de tierra entre él y la desesperada posiciَn de Xunnurit. ‫؟‬Dَnde estaban los kuoti? ‫؟‬Los alkussi? Cnaiur se girَ hacia el oeste, hacia el extremo m‫ل‬s lejano del r‫ي‬o --el lado equivocado--, y vio una batalla campal a lo largo de la abrupta cresta del valle. Identificَ a los Kidruhil, la caballer‫ي‬a de élite del Imperio, que se impon‫ي‬an a una

destrozada cohorte scylvendia. Vio jinetes nymbricanios, los auxiliares norsirai del Emperador, desaparecer por un risco situado m‫ل‬s al norte, y las perfectas falanges de lo que parec‫ي‬an dos columnas intactas marchando en su estela; una de ellas portaba pendones Nasueret... Pero ‫؟‬cَmo pod‫ي‬a ser? Sus utemot acababan de aniquilar a la Nasueret, ‫؟‬no? ‫؟‬Y no hab‫ي‬an sido colocados los Kidruhil en el flanco derecho de los nansur, la posiciَn de honor entre los ketyai, la posiciَn desde la que se encaraba a los pulit... O‫ي‬a a sus hombres llam‫ل‬ndole, pero los ignor‫ ؟‬.Qué َ estaba haciendo Conphas? Una mano le cogiَ el hombro. Era Balait, el hermano mayor de su segunda esposa, alguien a quien siempre hab‫ي‬a respetado. Le hab‫ي‬an cortado el corsé y entonces le colgaba de un hombro. Todav‫ي‬a llevaba su puntiagudo casco de batalla, pero la sangre le corr‫ي‬a por la sien izquierda y dibujaba una l‫ي‬nea entre las salpicaduras. --Venga, Cnaiur --dijo, jadeando--. Othkut nos ha tra‫ي‬do caballos. El campo de batalla es confuso; debemos reagruparnos para golpear. --Algo pasa, Bala --respondiَ Cnaiur. --Pero los nansur est‫ل‬n condenados... Su campamento est‫ ل‬en llamas. --Pero poseen el centro. --،Mucho mejor! Los flancos son nuestros, y lo que queda de su ejército ha sido arrastrado a campo abierto. Ahora mismo, ،hasta Oknai Un Ojo lidera a sus munuati para liberar a Xunnurit! ،Nos cerraremos sobre ellos como un puٌo! --No --dijo Cnaiur con expresiَn ausente, observando cَmo los Kidruhil se abr‫ي‬an camino a golpes por encima de la cresta--. ،Algo pasa! Conphas nos ha dado los flancos para hacerse con el centro... Eso explicaba por qué los pulit hab‫ي‬an tomado tan f‫ل‬cilmente el campamento. Conphas hab‫ي‬a retirado a sus Kidruhil al principio de la batalla para lanzarlos contra el centro de los scylvendios. Y hab‫ي‬a dado a sus columnas estandartes falsos para que creyeran que hab‫ي‬a desplegado su principal baza en los flancos. El Exalto-General quer‫ي‬a el centro. --Quiz‫ ل‬pensَ que la toma del Rey-de-Tribus nos sumir‫ي‬a en la confusiَn --sugiriَ Balait. --No, no es tan estْpido como eso... ،Mira! Ha lanzado todos sus caballos hacia el centro... como si persiguiera algo. Cnaiur se frotَ la barbilla mientras observaba el panorama y recorr‫ي‬ a con los ojos una escena violenta tras otra: los afilados golpes de las

espadas; los empujones mortales y el sangriento trabajo de los martillos de la guerra, y bajo su belleza, algo incomprensible, como si el propio campo de batalla se hubiera convertido en una seٌal viva, un pictograma como los que los extranjeros utilizaban para helar el aliento sobre la piedra y el papiro. ‫؟‬Qué significaba eso? Balait se hab‫ي‬a unido a sus meditaciones. --Est‫ ل‬condenado --dijo el hombre, negando con la cabeza--. ،Ni siquiera sus Dioses pueden salvarle! Entonces, Cnaiur lo entendiَ. El aliento se le tornَ gélido en el pecho. La hirviente furia de la sangre abandonَ sus extremidades; sent‫ي‬a sَlo el dolor de las heridas y el indecible hueco abierto por las palabras de Bannut. --Tenemos que huir. Balait le mirَ con desdén, estupefacto. --‫؟‬Que tenemos que qué? --Los Arqueros del Chorae. Conphas sabe que los ubicamos en el centro: o bien ha acabado con ellos, o los ha perseguido por todo el campo de batalla. En ambos casos, nosotros... Entonces, vislumbrَ los primeros resplandores de luz profana. Demasiado tarde. --،Una Escuela, Bala! ،Conphas se ha tra‫ي‬do una Escuela! Cerca del corazَn del valle, desde donde las falanges de infanter‫ي‬a se desplegaban r‫ل‬pidamente para hacer frente a Oknai Un Ojo y sus munuati, al menos dos docenas de figuras ataviadas de negro ascendieron lentamente por encima del campo hacia el cielo. Maestros. Los hechiceros del Saik Imperial. Varios se dispersaron por el valle. Los otros ya estaban cantando su c‫ل‬ntico sobrenatural, que abrasaba la tierra y a los scylvendios con una resplandeciente llama. La carga de los munuati se convirtiَ en un amasijo de caballos y hombres ardiendo. Durante un largo rato, Cnaiur no pudo moverse. Observَ cَmo las siluetas montadas ca‫ي‬an en el corazَn de las hogueras doradas. Vio a hombres arder como la paja en flores incandescentes. Vio soles acerc‫ل‬ ndose al horizonte y chocando contra la fiera tierra. En el aire resonaban las sacudidas del trueno hechicero. la batalla estaba pensada para --Una trampa --murmur، .--Toda َ impedir que utiliz‫ل‬ramos nuestros Chorae! Pero Cnaiur ten‫ي‬a su propio Chorae, una herencia de su padre. Con los dedos insensibles y los brazos aturdidos de cansancio, se sacَ la esfera de hierro de la pechera y la cogiَ con fuerza.

Como si caminara por encima de la espalda del humo y el polvo, un Maestro se dirigiَ hacia ellos. Se detuvo, flotando a la altura de un ‫ل‬rbol. Su tْnica negra de seda restallaba bajo el viento de la montaٌa, y sus bordados dorados se ondulaban como una serpiente bajo el agua. Una luz blanca refulg‫ي‬a en sus ojos y su boca. Una descarga de flechas se tornَ carbَn al impactar contra sus Guardas esféricas. El fantasma de la cabeza de un dragَn ascendiَ pesadamente de sus manos. Cnaiur vio escamas vitreas y ojos como globos de agua sanguinolenta. La mayest‫ل‬tica cabeza se inclinَ. Se girَ hacia Balait. --،Corre! --gritَ. Las fauces astadas se abrieron y arrojaron una llama cegadora. Los dientes restallaron. La piel se cubriَ de ampollas y se descamَ. Pero Cnaiur no sintiَ nada; sَlo la calidez arrojada por la sombra ardiendo de Balait. Hubo un grito moment‫ل‬neo, y después explotaron intestinos y huesos. Entonces, la espuma de luminoso fuego desapareciَ. Desconcertado, Cnaiur se encontrَ en el centro de unas ruinas quemadas. Balait y los otros utemot segu‫ي‬an ardiendo, chisporroteando como la carne de cerdo en la brasa. El aire ol‫ي‬a a cenizas y grasa. «Todos muertos...» Un poderoso grito emergiَ entre la cacofon‫ي‬a, y a través de pantallas de humo y scylvendios que hu‫ي‬an, vio una marea de ensagrentados soldados de infanter‫ي‬a nansur corriendo hacia él a través de las laderas. --El juicio es incesante... --susurrَ la voz de un extraٌo. Cnaiur saliَ corriendo por encima de los ca‫ي‬dos, saltando como los dem‫ل‬s en direcciَn a la l‫ي‬nea oscura del r‫ي‬o. Tropezَ con una flecha clavada en la hierba y cayَ de cabeza contra el cad‫ل‬ver de un caballo. Apoy‫ل‬ndose contra la ijada templada por el sol, se puso en pie y echَ a correr. Pasَ junto a un joven guerrero que cojeaba a causa de una flecha hincada en el muslo; después, junto a otro arrodillado en el suelo que escup‫ي‬a sangre; luego, junto a un grupo de utemot que emit‫ي‬an un ruido sordo postrados sobre sus caballos, liderados por Yursalka. Cnaiur gritَ su nombre, y a pesar de que el hombre le mirَ moment‫ل‬ neamente, siguiَ cabalgando. Maldiciendo, se apresurَ. Los o‫ي‬dos le tronaban. Tragaba saliva después de inspirar trabajosamente. M‫ل‬s adelante, vio a centenares concentrados junto a la orilla; algunos se despojaban frenéticamente de su armadura para nadar, y otros corr‫ي‬an hacia el sur, hacia los r‫ل‬pidos de poca profundidad. Yursalka y su

cohorte de utemot pasaron al galope junto a los hombres que se dispon ‫ي‬an a lanzarse al r‫ي‬o y se adentraron en las aguas. Muchos de los caballos zozobraron en la r‫ل‬pida corriente, pero unos cuantos lograron llevar a sus jinetes a la otra orilla. El terreno se inclinaba, y Cnaiur recorri َ la distancia a grandes zancadas. Se tropezَ con otro caballo muerto, y después chocَ contra un matorral de vara de oro meciéndose al viento. A su derecha, vio una compa‫ٌي‬a de Kidruhil despleg‫ل‬ndose sobre las laderas y galopando velozmente hacia los fugitivos. Se tambaleَ en el angosto terreno cercano a la orilla; finalmente, se adentrَ dando tumbos en la histérica muchedumbre de sus paisanos. Apartando a los hombres a empujones, consiguiَ abrirse paso trabajosamente hacia el fango y la maleza pisoteada de la orilla. Vio a Yursalka empujando y espoleando a su empapada montura al otro lado. Una docena de utemot le esperaban con los caballos embravecidos, piafando. --،Utemot! --bramَ, y de algْn modo le oyeron entre el clamor. Dos de ellos seٌalaron en su direcciَn. Pero Yursalka les estaba gritando mientras golpeaba el aire con la mano abierta. Con los rostros inexpresivos, hicieron girar los caballos y, arredrados por Yursalka, galoparon hacia el suroeste. Cnaiur maldijo su forma de batirse en retirada. Cogiَ el cuchillo y empezَ a tambalearse cubierto con su pechera. En dos ocasiones, a punto estuvo de ser empujado al agua. Gritos de alarma cruzaban el cielo, apremiados por el creciente estruendo de cascos. Oyَ cَmo se part ‫ي‬an lanzas y chirriaban los caballos. Empezَ a cortar los encajes que la pechera ten‫ي‬a a la altura de la barriga. Los cuerpos se apretujaban contra él y hac‫ي‬an que se tambaleara. Vislumbrَ el perfil negro de un jinete Kidruhil erigiéndose contra el brillo del sol. Se arrancَ la pechera y la lanzَ al Kiyuth. Algo explotَ sobre su cuero cabelludo. La sangre caliente le anegَ los ojos. Cayَ de rodillas. El suelo lleno de surcos le golpeَ la cara. Gritos, lloriqueos, y el sonido de cuerpos sumergiéndose en las agitadas aguas de montaٌa. «Como mi padre», pensَ, y entonces la oscuridad se arremolinَ sobre él.

Voces roncas, exhaustas, enmarcadas por un coro de cantantes m ‫ل‬s distantes y m‫ل‬s borrachos. Dolor, como si su cabeza estuviera

clavada a la tierra. Su cuerpo plomizo, inamovible como el fango del r‫ي‬ o. Dif‫ي‬cil pensar. --‫؟‬Qué? ‫؟‬Se hinchan justo después de morir? El horror le sacudiَ. La voz proced‫ي‬a de su espalda, muy cerca. ‫؟‬ Saqueadores? --‫؟‬Otro anillo? --exclamَ otra voz--. ،Pues cَrtale el maldito dedo! Cnaiur oyَ pasos aproxim‫ل‬ndose, pies enfundados en sandalias que se abr‫ي‬an paso sobre la hierba. Lentamente, porque los movimientos r‫ل‬pidos llamaban la atenciَn, probَ sus dedos y muٌecas. Se mov‫ي‬an. Con cuidado, metiَ la mano bajo el cinturَn y cerrَ los cosquilleantes dedos alrededor de su Chorae; lo sacَ y lo hundiَ en el barro. --Es un aprensivo --aٌadiَ una tercera voz--. Siempre lo ha sido. --،No lo soy! Es sَlo que..., que... --‫؟‬Qué? --Es un sacrilegio; eso es todo. Robar a los muertos es una cosa; profanarlos es otra. --‫؟‬Tengo que recordarte --dijo la tercera voz-- que estos cad‫ل‬veres son de los que tْ llamas scylvendios? No es f‫ل‬cil profanar algo que ya era maldito. ،Eh! Aqu‫ ي‬hay otro vivo. El sonido de una espada saliendo enérgicamente de la vaina, un ruido sordo, un jadeo de asfixia. A pesar de que la cabeza le lat‫ي‬a, Cnaiur hundiَ la cara en el fango, aunque evitando en lo posible que le entrara en la boca. --Todav‫ي‬a no he logrado sacarle este maldito anillo... --‫؟‬Quieres hacer el favor de cortarle el maldito dedo? --gritَ la segunda voz, entonces tan cerca que a Cnaiur se le erizَ el vello de la nuca. --،Por el maldito ‫ع‬ltimo Profeta! ،Elْ nico que tiene la suerte de encontrar oro en estos apestosos salvajes y est‫ ل‬paralizado por los escr ْpulos! Bueno, ‫؟‬qué tenemos aqu‫ ?ي‬Un hombretَn. Por Sejenus, ،miradle las cicatrices! --De todos modos, dicen que Conphas quiere que cojamos todas las cabezas --dijo la tercera voz--. ‫؟‬Qué importancia tiene un dedo? --All‫ي‬. Un pequeٌo brillo. ‫؟‬Crees que pueden ser rub‫ي‬s? Una mano ‫ل‬spera cogiَ el hombro de Cnaiur y lo levantَ del fango. Ojos entreabiertos al sol poniente. Los miembros tensos para simular el rigor mortis. La boca llena de barro inmَvil en una sonrisa sardَnica. Sin respiraciَn. --Lo digo en serio --dijo una sombra avecin‫ل‬ndose--. ،Mirad las

cicatrices de este cabrَn! ،Ha matado a cientos! --Deber‫ي‬an dar recompensas por hombres como ése. Imag‫ي‬nate, uno de nuestros compatriotas por cada cicatriz. Las manos le toquetearon el cuerpo, le dieron palmadas y fisgonearon. Sin respiraciَn. R‫ي‬gida inmovilidad. --Quiz‫ ل‬deber‫ي‬amos llev‫ل‬rselo a Gavarus --sugiriَ la primera voz--. Tal vez quieran colgarlo o algo as‫ي‬. --Buena idea --dijo la sombra c‫ل‬usticamente--. ‫؟‬Qué tal si lo cargas tْ? Un risa. --Ya no te parece tan buena idea, ‫؟‬eh? --dijo la segunda voz--. ‫؟‬Has tenido suerte por ah‫ي‬, Naff? --Ni una maldita cosa --dijo la sombra, soltando a Cnaiur en el suelo de nuevo--. El prَximo anillo que encuentres es m‫ي‬o, cabrَn. ،Si no, te corto los dedos! Un golpe desde la oscuridad. Un dolor que nunca hab‫ي‬a sentido antes. El mundo rugiَ. Tratَ de no vomitar. --Claro --dijo la primera voz, amistosamente--. ‫؟‬Quién necesita oro después de un d‫ي‬a como éste? ،Imag‫ي‬nate la celebraciَn del triunfo cuando volvamos! ،Imag‫ي‬nate los c‫ل‬nticos! Los scylvendios destruidos en su propio pa‫ي‬s. ،Los scylvendios! Cuando seamos viejos, sَlo tendremos que decir que servimos junto a Conphas en Kiyuth, y todo el mundo nos observar‫ ل‬con respeto y miedo. --La gloria no sirve para nada, chico. Oro. Loْ nico que importa es el oro.

Por la maٌana, Cnaiur se despertَ temblando. Sَlo oyَ el chapoteo de la profunda corriente del r‫ي‬o Kiyuth. Un inmenso dolor de acero se le expand‫ي‬a desde la nuca, y durante un momento se quedَ inmَvil, aplastado por su peso. Las convulsiones le sacudieron el cuerpo y escupiَ bilis sobre la huella que ten‫ي‬a ante su cara. Tosiَ. Con la lengua palpَ una suave y salada mella entre sus dientes. Por alguna razَn, el primer pensamiento claro que emergiَ de su estado de sufrimiento fue su Chorae. Metiَ los dedos en el vَmito y el fango, y lo encontrَ en seguida. Se lo metiَ debajo del cinturَn revestido de hierro. «M‫ي‬o. Mi recompensa.»

El dolor le apretaba como una herradura contra la base del cr‫ل‬neo, pero logrَ ponerse a cuatro patas. La hierba estaba manchada de barro y afilada, como pequeٌas navajas bajo sus dedos. Se alejَ a rastras de la corriente del r‫ي‬o. El suelo del terraplén estaba cubierto de huellas fangosas y entonces era el fr‫ل‬gil recuerdo de la matanza. Los cad‫ل‬veres parec‫ي‬an unidos con cemento al suelo: la carne era correosa bajo las moscas; la sangre se coagulaba como una cereza aplastada. Se sintiَ como si estuviera arrastr‫ل‬ndose por uno de esos mareantes relieves en piedra que cubr‫ي‬an las paredes de los templos en Nansur, en los que hombres que forcejeaban eran esculpidos a modo de una representaciَn profana. Pero eso no era ninguna representaciَn. Coronando la cumbre que ten‫ي‬a ante él, un caballo muerto se erig‫ي‬ a como una redondeada cordillera, con el vientre en la sombra. El punto brillante del sol se alzaba en el extremo opuesto. Los caballos muertos siempre ten‫ي‬an el mismo aspecto, rid‫ي‬culamente tenso, como si hubieran sido grabados en madera siendo simplemente repujados por los lados. Se subiَ a él y se dejَ caer dolorosamente. Contra su mejilla, estaba tan fr‫ي‬o como el fango del r‫ي‬o. Con la salvedad de las grajillas, los buitres y la muerte, no hab‫ي‬a nadie en el campo de batalla. Contemplَ la gradual pendiente por la que hab‫ي‬a escapado. Escapado... Cerrَ los ojos con fuerza. Una y otra vez, corr‫ي‬a; el cielo azul se encog‫ي‬a por el rugido que ten‫ي‬a tras él. «Nos vencieron abrumadoramente.» Derrotados. Humillados por su enemigo ancestral. Durante un largo rato, no sintiَ nada. Recordَ esas maٌanas de su juventud en las que, por cualquiera que fuera la razَn, se despertaba antes del amanecer. Sal‫ي‬a sigilosamente del yaksh y se adentraba en el campo, en busca de un terreno m‫ل‬s elevado desde el que pudiera observar cَmo el sol abrazaba la tierra. El viento siseaba por entre la hierba. El sol, agachado, sal‫ي‬a, incorpor‫ل‬ndose. Y él pensaba: «Soy el ْltimo. Soy elْ nico». Como en ese momento. Por un absurdo instante, sintiَ el extraٌo entusiasmo de quien ha profetizado su propia destrucciَn. Se lo dir‫ي‬a a Xunnurit, el idiota de ocho dedos. Hab‫ي‬an pensado de él que era una vieja propagadora de miedos rid‫ي‬culos. ‫؟‬Dَnde estaba entonces su risa? «Muerta», pensَ. Todos ellos estaban muertos. ،Todos! Las huestes se hab‫ي‬an apostado en el horizonte, hab‫ي‬an estremecido la C‫ل‬mara del Cielo con el estruendo de sus avances, y entonces hab‫ي‬an

desaparecido, hab‫ي‬an sido vencidas, estaban muertas. Desde el lugar en el que estaba tendido, vio grandes franjas de prado quemado, la c‫ل‬ scara abrasada de lo que hab‫ي‬an sido miles de hombres arrogantes. M ‫ل‬s que vencidos; hab‫ي‬an sido masacrados. ،Y por los nansur! Cnaiur hab‫ي‬a participado en demasiadas escaramuzas fronterizas para no respetar a sus guerreros, pero al final hab‫ي‬a despreciado a los nansur como lo hac‫ي‬an todos los scylvendios: como una raza mestiza, una especie de alimaٌa humana, merecedora de ser perseguida e incluso, extinguida. Para los scylvendios, la menciَn del Imperio-tras-las-Montaٌas evocaba innumerables im‫ل‬genes de degradaciَn: monjes lascivos postr‫ل‬ndose ante su profano Colmillo; hechiceros enfundados en tْnicas de fulana, que pronunciaban obscenidades sobrenaturales mientras cortesanos pintados, con sus suaves cuerpos espolvoreados y perfumados, comet‫ي‬an las carnales. ‫ة‬ sos eran los hombres que los hab‫ي‬an conquistado: cultivadores de la tierra y escritores de palabras; hombres que se divert‫ي‬an con hombres. Su respiraciَn se convirtiَ en un dolor en el velo del paladar. Pensَ en Bannut, en la traiciَn de sus parientes. Se agarrَ a la hierba, con sus manos doloridas, como si fuera tan débil, estuviera tan vac‫ي‬o, que pudiera elevarse en cualquier momento hacia el cielo hueco. Un grito desesperado se desencadenَ en su pecho, pero se tornَ en un simple bufido entre sus dientes apretados. Jadeَ en busca de aire, gimiَ, girَ la cabeza a un lado y a otro a pesar de la agon‫ي‬a. «،No!» Entonces, gimoteَ. Llorَ. «Llorica.» Bannut riéndose a carcajadas, escupiendo sangre lechosa. «Vi cَmo le mirabas. ،Sé que era tu amante!» --،No! --gritَ Cnaiur, pero su odio le fallَ. Todos esos aٌos d‫ل‬ndole vueltas a sus silencios, obsesion‫ل‬ndose por la reprimenda silenciosa en sus ojos, creyéndose loco por sus sospechas, vilipendi‫ل‬ndose a s‫ ي‬mismo por sus miedos, pero siempre pensando en los pensamientos ocultos de los dem‫ل‬s. ‫؟‬Cu‫ل‬ntas calumnias murmuradas en su ausencia? ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces, atra‫ي‬do por el ruido de las carcajadas, hab‫ي‬a entrado en un yaksh para encontrar sَlo labios cerrados y miradas insolentes? Todo ese tiempo, ellos... Se agarr َ el pecho. «،No!» Reprimiَ las l‫ل‬grimas que le afloraban a los ojos, golpeَ con su puٌo mugriento, cada vez con m‫ل‬s fuerza, la hierba, como si le estuviera echando carbَn a un horno. El rostro de hac‫ي‬a treinta aٌos flotَ en su

imaginaciَn, pose‫ي‬do por una demon‫ي‬aca tranquilidad. --،Tْ me obligaste! --murmurَ entre dientes--. Me obligaste a cargar con un peso tras otro... Un repentino destello de miedo le acallَ. Le llegaban voces a través del viento. Tendido inmَvil, con los ojos solamente entreabiertos de modo que las pestaٌas emborronaban su visiَn, escuchَ. Hablaban en sheyico, pero lo que dec‫ي‬an le resultَ indescifrable. ‫؟‬Estaban los saboteadores recorriendo todav‫ي‬a el campo de batalla? «،Corazَn de ciervo desgraciado! ،Lev‫ل‬ntate y muere!» El viento se calmَ y los sonidos aumentaron. O‫ي‬a los pasos de caballos y el roce regular de los b‫ل‬rtulos. Al menos hab‫ي‬a dos hombres montados. El acento aristocr‫ل‬tico de su habla parec‫ي‬a sugerir que se trataba de oficiales. Se acercaban, pero ‫؟‬desde qué direcciَn? Reprimiَ el loco impulso de sentarse y mirar a su alrededor. --Desde los d‫ي‬as de Kyraneas, los scylvendios han estado aqu‫ي‬ --dec‫ي‬a la voz m‫ل‬s refinada--, tan implacables y pacientes como el océano. ،Y sin sufrir ningْn cambio! Algunos pueblos se alzan y otros se hunden, razas y naciones enteras desaparecen, pero los scylvendios permanecen. ،Y los he estudiado, Martemus! He estudiado todas y cada una de las informaciones sobre ellos que he podido encontrar, antiguas y recientes. ،Hasta consegu‫ ي‬que mis hombres entraran en la Biblioteca de los Sareots! ،S‫ي‬, en Iothiah! Aunque no encontraron nada. Los fanim han dejado que se caiga a pedazos. Pero esto es lo importante: todas las descripciones de los scylvendios que he le‫ي‬do, por muy antiguas que fueran, podr‫ي‬an haber sido escritas ayer. Han pasado miles de aٌos, Martemus, y los scylvendios no han experimentado ningْn cambio. Deja de lado sus estribos y su hierro, y podr‫ي‬an ser indistinguibles de los que destruyeron Mehtsonc hace dos mil aٌos o los que saquearon Cenei mil aٌos después. Los scylvendios son, como dijo el filَsofo Ajencis, un pueblo sin historia. --Pero son gentes analfabetas, ‫؟‬no? --preguntَ el otro hombre, Martemus. --Pero incluso los pueblos analfabetos cambian a lo largo de los siglos, Martemus. Migran. Se olvidan de los dioses viejos y descubren otros nuevos; hasta sus idiomas cambian. Pero no los scylvendios. Est‫ل‬ n obsesionados con las costumbres. Donde nosotros construimos inmensos edificios de piedra para vencer el paso de los aٌos, ellos hacen monumentos de sus acciones, templos de sus guerras.

La descripciَn le dio un vuelco al corazَn de Cnaiur. ‫؟‬Quiénes eran esos hombres? Uno era, sin lugar a dudas, de las Casas. --Es interesante --dijo Martemus--, pero eso no explica que tْ supieras que los derrotar‫ي‬amos. --No seas pesado. No soporto que mis oficiales sean pesados. Primero me haces preguntas impertinentes y después te niegas a considerar respuestas mis respuestas. --Lo siento, Exalto-General. No pretend‫ي‬a ofenderte. Te ruego que me disculpes y me castigues por mi franco... --،Ah, Martemus!, siempre la misma farsa. El recatado general de provincias sin otra ambiciَn que servir. Te conozco mejor de lo que crees. He visto cَmo tu interés aumenta cuando menciono cuestiones de Estado, del mismo modo que ahora veo ansia de gloria en tus ojos. Era como si una gran piedra le hubiera ca‫ي‬do a Cnaiur sobre el pecho. No pod‫ي‬a respirar. Era él. ،‫ة‬l! ،Ikurei Conphas! --No lo negaré. Pero no pretendo cuestionarte. Es sَlo que..., que... Al decir esas palabras, los dos hombres se detuvieron. Cnaiur ya pod‫ي‬a verlos; eran como sombras montadas a través del borrَn de sus pestaٌas. Respirَ superficialmente. --‫؟‬Qué, Martemus? --Durante toda esta campaٌa, he mantenido la boca cerrada. Lo que est‫ل‬bamos haciendo me parec‫ي‬a una locura, tanto que... --‫؟‬Qué? --Que mi fe en ti ha titubeado. --Pero a pesar de eso no has dicho nada, no has preguntado nada... ‫؟‬Porqué? Cnaiur tratَ de levantarse del suelo, pero no pudo. En sus o‫ي‬dos, las voces incorpَreas se hab‫ي‬an convertido en un estruendo burlَn. Asesinarle. ،Deb‫ي‬a hacerlo! --Por miedo, Exalto-General. Uno no sale de lo m‫ل‬s bajo como yo he hecho sin saber el peligro que entraٌa cuestionar a los superiores..., especialmente cuando est‫ل‬n desesperados. Risas. --As‫ ي‬que ahora, rodeados por esto --la sombra de Conphas seٌalَ los campos repletos de maltrechos cad‫ل‬veres--, das por hecho que ya no estoy desesperado; te parece que es seguro hacer las enconadas preguntas que me est‫ل‬s haciendo. Una sْbita conciencia de s‫ ي‬mismo y su entorno sobrevino a Cnaiur. Era como si se viera desde lejos: un hombre encogido, acurrucado contra el cad‫ل‬ver de un caballo, rodeado de inmensos c‫ي‬rculos de

muerte. Incluso esas im‫ل‬genes le causaban recriminaciones. ‫؟‬Qué clase de pensamientos eran ésos? ‫؟‬Por qué siempre deb‫ي‬a pensar demasiado? ‫؟‬Por qué ten‫ي‬a que estar pensando siempre? «،M‫ل‬tale!» --Exactamente --respondiَ Martemus. «Abal‫ل‬nzate sobre ellos. Asusta a sus caballos. ،Cَrtales el cuello aprovechando su confusiَn!» --‫؟‬Debo consent‫ي‬rtelo? --prosiguiَ Conphas--. ‫؟‬Debo permitirte que des un paso m‫ل‬s hacia la cima, Martemus? --Mi lealtad y discreciَn, Exalto-General, son tuyas sin ninguna reserva. --Eso ya lo daba por sentado, pero gracias por repet‫ي‬rmelo. ‫؟‬Qué me dir‫ي‬as si te dijera que la batalla que acabamos de librar, la gloriosa victoria que hemos logrado, no es m‫ل‬s que el primer combate de la Guerra Santa? --‫؟‬La Guerra Santa‫? ؟‬La Guerra Santa del Shriah? --Si la Guerra Santa es del Shriah o no, no es la cuestiَn aqu‫ي‬. «،Muévete! ،Véngate! ،Venga a tu gente!» --Pero ‫؟‬qué hay de...? --Me temo que ser‫ي‬a una irresponsabilidad por mi parte contarte m ‫ل‬s, Martemus. Pronto, quiz‫ل‬, pero no ahora. Mi triunfo aqu‫ي‬, tan magn‫ي‬ fico, tan divino, ser‫ ل‬un pequeٌo sacrificio al lado de lo que seguir‫ل‬. Pronto, los Tres Mares enteros celebrar‫ل‬n mi nombre, y entonces... Bueno, eres m‫ل‬s un soldado que un oficial. Sabes que con frecuencia los comandantes necesitan tanto de la ignorancia de sus subordinados como de sus conocimientos. --S‫ي‬. Deber‫ي‬a habérmelo esperado. --‫؟‬Esperado, qué? --،Que tus respuestas alimentar‫ي‬an mi curiosidad en lugar de saciarla! Risas. --Venga, Martemus, aunque te dijera todo lo que sé, te seguir‫ي‬a sucediendo lo mismo. Las respuestas son como el opio: cuanto m‫ل‬s ingieres, m‫ل‬s necesitas. ‫ة‬sa es la razَn por la que el hombre sobrio encuentra solaz en el misterio. --Al menos, podr‫ي‬as explicarme, zopenco como soy, cَmo sab‫ي‬as que los ganar‫ي‬amos. --Como te dec‫ي‬a, los scylvendios est‫ل‬n obsesionados por las costumbres. Eso significa que ellos repiten, Martemus. Siguen la misma fَrmula una y otra vez. ‫؟‬Lo entiendes? Veneran la guerra, pero no

comprenden qué es en realidad. --‫؟‬Y qué es en realidad? --Intelecto, Martemus. La guerra es intelecto. Conphas espoleَ el caballo para que reemprendiera la marcha y dej َ a su subordinado debatiéndose con la trascendencia de lo que acababa de decir. Cnaiur observَ cَmo Martemus se quitaba el casco tocado con plumas y se pasaba la mano por el pelo corto. Durante un instante sin aliento, pareciَ mirarle directamente a él, como si pudiera o‫ي‬ r el martilleo de los latidos del corazَn de Cnaiur. Entonces, de repente, espoleَ el caballo para que siguiera al del Exalto-General. --Esta tarde, cuando nuestros hombres se hayan recuperado de sus diversiones, empezaremos a recoger cabezas de scylvendios --le gritَ Conphas a Martemus cuando éste estuvo cerca--. Voy a hacer un camino de trofeos, desde aqu‫ ي‬hasta nuestra gran y enfermiza capital de Momemn, Martemus. ،Piensa en la gloria! Sus voces se apagaron, y sَlo quedَ la corriente de aguas fr‫ي‬as contra el silencio zumbante y el p‫ل‬lido aroma de hierba arrasada. Tan fr‫ي‬o. El suelo era tan fr‫ي‬o. ‫؟‬Adَnde deb‫ي‬a ir? Hab‫ي‬a huido de su infancia y hab‫ي‬a recuperado lentamente el honor del nombre de su padre, Skiotha, caudillo de los utemot. Con la ignominiosa muerte de su padre, hab‫ي‬a huido y hab‫ي‬a recuperado lentamente el nombre de su pueblo, los scylvendios, que eran la cَlera de Lokung, m‫ل‬s venganza que hueso o carne. Entonces, también ellos hab‫ي‬an muerto ignominiosamente. No le quedaba nada. Estaba tendido en ninguna parte, entre los muertos.

Algunos acontecimientos nos marcan tan profundamente que tienen una presencia m‫ل‬s evidente en sus secuelas que mientras suceden. Se resisten a convertirse en pasado, y as‫ ي‬se vuelven contempor‫ل‬neos de nuestros corazones palpitantes. Algunos acontecimientos no se recuerdan, se reviven. La muerte del padre de Cnaiur era uno de esos acontecimientos. Cnaiur est‫ ل‬sentado en la oscuridad del gran yaksh del caudillo como lo estuvo veintinueve aٌos atr‫ل‬s. Un fuego arde en el centro, muy brillante si se mira directamente, pero ilumina poco. Cubierto con pieles, su padre habla con otros distinguidos miembros de la tribu acerca de la insolencia de sus parientes kuoti del sur. En las sombras proyectadas por esos hombres robustos, los esclavos merodean nerviosamente;

llevan odres de gishrut, leche de yegua fermentada. Cuando un cuerno es alzado por un brazo lleno de cicatrices, lo llenan. El lugar apesta a humo y licor agrio. El Yaksh Blanco ha visto muchas escenas semejantes, pero esta vez, uno de los esclavos, un hombre norsirai, abandona las sombras y entra en la luz del fuego. Levanta el rostro y se dirige a los estupefactos l‫ي‬deres en un scylvendio perfecto, como si él mismo fuera de la tierra. --Quisiera hacer una apuesta contigo, caudillo de los utemot. El padre de Cnaiur no sale de su asombro, tanto por la insolencia como por la gran transformaciَn. Un hombre doblegado hasta entonces se ha vuelto tan augusto como cualquier rey. Sَlo Cnaiur no est‫ل‬ sorprendido. Los otros hombres, que se refugian en la oscuridad, guardan silencio. --Ya has hecho una apuesta, esclavo. Y has perdido --responde su padre desde el otro lado del fuego. El esclavo sonr‫ي‬e burlonamente, como un soberano entre gente inmadura. --Pero quiero apostar mi vida contigo, Skiotha. Un esclavo pronunciando un nombre. ،Hasta qué punto esto deroga las antiguas costumbres! ،Cَmo subvierte el orden tradicional! Skiotha sopesa esa situaciَn absurda y finalmente se r‫ي‬e. La risa empequeٌece, y esta afrenta debe ser empequeٌecida. La furia dar‫ي‬a fe de la profundidad de este combate y convertir‫ي‬a al esclavo en un combatiente. Y el esclavo lo sabe. As‫ ي‬que el esclavo continْa. --Te he estado observando, Skiotha, y me he preguntado por el tamaٌo de tu fuerza. Muchos aqu‫ ي‬se lo preguntan... ‫؟‬Lo sabes? La risa de su padre se borra. El fuego sisea quedamente. --He sido juzgado, esclavo --dice Skiotha, temeroso de mirar a la cara de sus parientes. Como avivado por esas palabras, el fuego chisporrotea, radiante, y se adentra m‫ل‬s en las zonas en penumbra, entre los hombres reunidos. Su calor renovado le muerde la piel a Cnaiur. --Pero el juicio --replica el esclavo-- no es algo que se obtiene y luego se olvida, Skiotha. El viejo juicio es solamente una base para el nuevo. El juicio es incesante. La complicidad las hace inolvidables, graba escenas con una claridad insoportable, como si la extensiَn de la condena fuera consecuencia de la precisiَn de los detalles. El fuego tan caliente que

podr‫ي‬a mecerlo en su regazo. El fr‫ي‬o de la tierra bajo sus muslos y nalgas. Sus dientes apretados, como si mascaran arena. Y el rostro p‫ل‬ lido del esclavo norsirai gir‫ل‬ndose hacia él, con los ojos azules refulgentes, abarcando m‫ل‬s que cualquier cielo. ،Ojos que ordenan! Ojos que subyugan, que hablan. «‫؟‬Recuerdas tu parte?» Cnaiur ha recibido un guiَn para ese momento. --‫؟‬Tienes miedo, padre? --dice entre los hombres sentados--. ،Locas palabras! ،Traicioneras y locas! Una mirada hiriente de su padre. Cnaiur baja los ojos. Skiotha se gira hacia el esclavo. --‫؟‬Cu‫ل‬l, pues, es tu apuesta? --le pregunta con una indiferencia artificiosa. Y Cnaiur es atenazado por el miedo de que pueda morir. Miedo a que el esclavo, Anasurimbor Moenghus, ،pueda morir! No su padre. Moenghus... Después, cuando su padre yac‫ي‬a muerto, llorَ ante los ojos de su tribu. Llorَ de alivio. Al fin, Moenghus, el que se llamَ a s‫ ي‬mismo dunyaino, era libre. Algunos nombres nos marcan profundamente. Treinta aٌos, ciento veinte estaciones... Mucho tiempo en la vida de un hombre. Y no significaba nada. Algunos acontecimientos nos marcan profundamente.

Cnaiur huyَ. Con la ca‫ي‬da de la oscuridad, se escabullَ entre las refulgentes hogueras de las patrullas nansur. El vasto cuenco de la noche parec‫ي‬a algo en lo que pudiera desplomarse; tan grande era la reprobaciَn de la tierra. La muerte lo persegu‫ي‬a con sus propios pies.

_____ 7 _____ Momemn «El mundo es un c‫ي‬rculo que tiene tantos centros como hombres.» Ajencis, El tercer anal‫ي‬tico de los hombres

Principios de otoٌo, aٌo del Colmillo 4110, Momemn Todo Momemn hab‫ي‬a rugido. Helado por las sombras, Ikurei Conphas desmontَ bajo la inmensidad del Arco Xatantiano. Sus ojos se demoraron un instante en las im‫ل‬genes talladas, siguiendo un panel de prisioneros y botines tras otro. Se girَ hacia el general Martemus para recordarle que ni siquiera Xatantius hab‫ي‬a pacificado a las tribus scylvendias. «Yo hice lo que ningْn hombre hizo. ‫؟‬No me convierte eso en algo m‫ل‬s que un hombre?» Conphas no pod‫ي‬a seguir contando cu‫ل‬ntas veces ese pensamiento entrecortado se hab‫ي‬a apoderado de él, y a pesar de que era reacio a reconocerlo, deseaba o‫ي‬rlo resonando en la boca de los dem‫ل‬s, especialmente en la de Martemus. ،Ojal‫ ل‬pudiera sacarle esas palabras! Martemus pose‫ي‬a el candor natural de una vida de oficial de campo. Despreciaba los halagos. Si dec‫ي‬a algo, y eso era algo que Conphas sab‫ي‬a, era cierto. Pero entonces no era el momento. Martemus estaba estupefacto, mirando hacia el otro lado del Campus Scuari, el escenario de los desfiles del recinto imperial. Dispuestas bajo los pendones de todas las columnas del Ejército Imperial, las falanges de soldados de infanter‫ي‬a con uniforme de ceremonia llenaban toda la extensiَn del Scuari. Cientos de banderines rojos y negros ondulaban a la brisa sobre las formaciones, con plegarias pintadas en oro. Entre las falanges, se extend‫ي‬a una amplia avenida hacia la fachada del Foro Allosiano. Los jardines, instalaciones y columnatas de las Cumbres Andiamine se encaramaban entre la neblina en lo alto. Conphas vio que su t‫ي‬o lo esperaba. Resultaba una figura distante enmarcada por las poderosas estatuas del foro. Pese a la pompa imperial, parec‫ي‬a pequeٌo, como un ermitaٌo asom‫ل‬ndose a la entrada de su cueva. --‫؟‬Es tu primera audiencia imperial? --le preguntَ Conphas a Martemus. El general asintiَ y se girَ hacia él con un aire ligeramente inseguro. --Es la primera vez que entro en el recinto imperial. Conphas sonriَ. --Bienvenido al burdel. Unos mozos se hicieron cargo de los caballos. De acuerdo con la costumbre, los sacerdotes hereditarios de Gilgaَl les llevaron unas vasijas de agua. Como Conphas esperaba, les untaron sangre de leَn en

las extremidades y, murmurando oraciones, les limpiaron sus simbَlicas heridas. Los sacerdotes Shriah que llegaron tras ellos, sin embargo, le sorprendieron. Les ungieron con aceites entre murmullos, y después acabaron mojando sus dedos en vino de palma y dibujando el Colmillo en su frente. Sَlo cuando terminaron el rito gritando su nuevo t‫ي‬tulo, Escudo-del-Colmillo, comprendiَ por qué su t‫ي‬o los hab‫ي‬a incorporado a la ceremonia. Los scylvendios eran tan infieles como los kianene, as‫ي‬ que ‫؟‬por qué no aprovechar el imperante fervor por la Guerra Santa? Conphas pensَ, con cierto desagrado, que era, en verdad, una buena estratagema, lo que probablemente significaba que Skeaos estaba detr‫ل‬s. Por lo que Conphas sab‫ي‬a, su t‫ي‬o hab‫ي‬a agotado cualquier atisbo de brillantez que en otro tiempo hubiese tenido, especialmente por lo que respectaba a la Guerra Santa. La Guerra Santa... Sَlo con pensar en ella a Conphas le entraban ganas de escupir como un scylvendio, y eso que hab‫ي‬a llegado a Momemn el d‫ي‬a anterior. Nunca en su vida hab‫ي‬a sentido Conphas nada parecido a la euforia que hab‫ي‬a experimentado en la batalla de Kiyuth. Rodeado por su estado mayor --que estaba medio muerto de miedo--, hab‫ي‬a mirado al indeciso campo de batalla y, de alguna manera, inexplicablemente, hab‫ي‬a sabido lo que ten‫ي‬a que hacer, y con una certeza que le hab‫ي‬a hecho sentir que sus huesos eran de hierro. «Soy el amo de este lugar. Soy m‫ل‬s...» El sentimiento hab‫ي‬a sido parecido al rapto o el éxtasis religioso. Hab‫ي‬a sido, como advertir‫ي‬a m‫ل‬s tarde, una revelaciَn, un momento de percepciَn divina del inconmensurable poder de su mano. No pod‫ي‬a haber otra explicaciَn. Pero ‫؟‬quién habr‫ي‬a pensado que las revelaciones, como la carne, pod‫ي‬an corromperse con el transcurso de los d‫ي‬as? Al principio, las cosas hab‫ي‬an ido extraordinariamente bien. Después de la batalla, los scylvendios supervivientes hab‫ي‬an huido a la estepa profunda. Algunos grupos dispersos hab‫ي‬an seguido de cerca al ejército, pero no pod‫ي‬an hacer m‫ل‬s que atacar a alguna que otra patrulla. Incapaz de resistirse a unaْ ltima estocada, Conphas hizo que una docena de prisioneros «oyeran como por casualidad» a sus oficiales alabando a las tribus que hab‫ي‬an traicionado a las huestes; los prisioneros, gracias a una osad‫ي‬a y un ingenio que no les correspond‫ي‬ an, consiguieron m‫ل‬s tarde escaparse milagrosamente. Conphas sab‫ي‬a que los scylvendios no sَlo creer‫ي‬an sus acusaciones de traiciَn, sino que les complacer‫ي‬an. Mucho mejor que sea el Pueblo de la Guerra quien derrote al Pueblo de la Guerra, y no los nansur. ،Ah, qué hermoso

era el desacuerdo! Transcurrir‫ي‬a mucho tiempo antes de que los scylvendios acudieran al campo de batalla con una voluntad unida. No obstante, hubiera sido preferible que los desacuerdos fueran m ‫ل‬s f‫ل‬ciles de deshacer. Meses antes, Conphas le hab‫ي‬a prometido a su t‫ي‬o que adornar‫ي‬a su marcha de regreso del frente con cabezas scylvendias ensartadas en picas. Con ese fin, ordenَ que las cabezas de todos los scylvendios fallecidos en Kiyuth fueran recogidas, embalsamadas y amontonadas en carros. Pero tan pronto como el Ejército Imperial cruzَ la frontera, los cartَgrafos y matem‫ل‬ticos empezaron a discutir acerca de la ubicaciَn adecuada de sus truculentos trofeos. Como las disputas persistieron, los hechiceros del Saik Imperial, que al igual que todos los hechiceros se consideraban mejores cartَgrafos que los cartَgrafos y mejores matem‫ل‬ticos que los matem‫ل‬ ticos, intervinieron. Lo que siguiَ fue una guerra burocr‫ل‬tica propia de la corte de su t‫ي‬o, que de algْn modo, siguiendo la perversa mezcla de orgullo herido y rencor, llevَ al asesinato de Erathius, el m‫ل‬s renombrado de los cartَgrafos imperiales. Cuando la subsiguiente investigaciَn militar no logrَ resolver ni el asesinato ni la disputa, Conphas detuvo sumariamente a los m‫ل‬s prominentes representantes de cada facciَn y, valiéndose de art‫ي‬culos ambiguos de la ley marcial, hizo que fueran despellejados en pْblico. A nadie le sorprendiَ que las diferencias se disiparan al d‫ي‬a siguiente. Pero si la vejaciَn hab‫ي‬a empaٌado su embeleso, su regreso a Momemn a punto estuvo de acabar con él por completo. Encontrَ la capital rodeada por los campamentos de la Guerra Santa, que se hab‫ي‬ an convertido en una inmensa barriada de tiendas y cabaٌas alrededor de los muros del frente seco de la ciudad. Pese a lo perturbadora que le resultَ esa visiَn, Conphas todav‫ي‬a esperaba que las masas entregadas le dieran la bienvenida. En cambio, una muchedumbre de inrithi desaliٌ ados le gritaron insultos, le lanzaron piedras e incluso, en una ocasiَn, le arrojaron bolsas de excrementos humanos ardiendo. Cuando ordenَ a sus Kidruhil que se adelantaran para abrirle camino, lo que siguiَ podr‫ي‬a ser descrito como un campo de batalla. --Sَlo ven al sobrino del Emperador --le explicَ un oficial enviado por su t‫ي‬o--, no al hombre que conquistَ a los scylvendios. --‫؟‬Tanto odian a mi t‫ي‬o? El oficial se encogiَ de hombros. --Hasta que sus seٌores acepten firmar el Solemne Contrato, él sَlo les provee del grano suficiente para sobrevivir. El hombre le dijo que la Guerra Santa estaba creciendo a razَn de

cientos de personas al d‫ي‬a, a pesar de que, como se rumoreaba, los principales contingentes de Galeoth, Ce Tydonn, Conriya y el Alto Ainon todav‫ي‬a estaban a meses de distancia. Hasta entonces, sَlo tres grandes seٌores se hab‫ي‬an unido a los Hombres del Colmillo: Calmemunis, el Palatino de la provincia conriyana de Kanampurea; Tharschilka, un conde de una oscura zona fronteriza de Galeoth, y Kumrezzer, el Gobernador-Palatino del distrito ainonio de Kutapileth. Todos ellos hab‫ي‬an rechazado violentamente las exigencias del Emperador acerca de la firma del contrato. Las negociaciones se hab‫ي‬ an deteriorado desde entonces y se hab‫ي‬an convertido en un agrio enfrentamiento de voluntades; los seٌores inrithi sembraban tanta confusiَn como pod‫ي‬an, lo que provocaba incluso la cَlera del Shriah, e Ikurei Xerius III hac‫ي‬a una proclamaciَn tras otra en un intento de constreٌirlos y hasta coaccionarlos. --El Emperador --concluyَ el oficial-- est‫ ل‬de lo m‫ل‬s alentado por tu llegada, Exalto-General. Conphas a punto estuvo de echarse a re‫ي‬r al o‫ي‬r aquello. El regreso de un rival no alentaba a ningْn emperador. Pero todos los emperadores se sent‫ي‬an alentados por el regreso de su ejército, especialmente cuando estaba sufriendo un asedio, como era, esencialmente, el caso. Conphas se hab‫ي‬a visto obligado a entrar en Momemn en barco. Y entonces, el gran triunfo que tanto hab‫ي‬a esperado, el important ‫ي‬simo reconocimiento de lo que hab‫ي‬a logrado, se hab‫ي‬a visto ensombrecido por acontecimientos m‫ل‬s importantes. La Guerra Santa hab‫ي‬a mermado su gloria; hab‫ي‬a empequeٌecido incluso la destrucciَn de los scylvendios. Los hombres lo festejar‫ي‬an, s‫ي‬, pero del mismo modo como celebraban festivales religiosos en tiempos de hambruna: con desgana, demasiado preocupados por la urgencia de los acontecimientos como para comprender realmente qué o a quién festejaban. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a él no odiar la Guerra Santa? Los platillos retumbaron. Los cuernos sonaron. Completando la ceremonia, los sacerdotes Shriah hicieron una reverencia y se retiraron, y él se quedَ empapado del acre olor del vino de palma. Aparecieron ujieres vestidos con faldas decoradas con motivos dorados, y Conphas, con Martemus a su lado y su séquito tras él, los siguiَ en una lenta marcha a través del atestado silencio del Scuari. Campos enteros de soldados con faldas rojas se pusieron de rodillas cuando pasaron ante ellos, como si, al igual que el viento entre el trigo, dejaran una estela en

los extremos m‫ل‬s lejanos del campus. Conphas sintiَ una emociَn moment‫ل‬nea. ‫؟‬No hab‫ي‬a sido aquello su revelaciَn? ‫؟‬La fuente de su embeleso en las orillas del r‫ي‬o Kiyuth? «Por lo que pueden ver mis ojos, est‫ل‬n respondiendo ante m‫ي‬, ante mi mano. Por lo que pueden ver mis ojos, y m‫ل‬s all‫ل‬...» M‫ل‬s all‫ل‬. Un pensamiento sin aliento. Gratuito. Mirَ a su espalda para asegurarse de que las instrucciones que hab ‫ي‬a dictado estaban siendo obedecidas. Dos de sus guardaespaldas personales le segu‫ي‬an muy de cerca, tirando del prisionero entre ellos, mientras que otra docena marcaban su paso con lasْ ltimas cabezas scylvendias cortadas. A diferencia de los Exalto-Generales del pasado, no llevaba un desfile de esclavos y botines para el Emperador, pero Conphas pensَ que la visiَn de las cabezas scylvendias embalsamadas erguidas por encima del campus pose‫ي‬a un efecto singular. Aunque no pudo ver a su abuela entre la multitud que flanqueaba a su t‫ي‬o en el foro, supo que estaba all‫ي‬, y que le daba su aprobaciَn. --Dales espect‫ل‬culo --le gustaba decir--, y ellos te dar‫ل‬n el poder. El poder se daba all‫ ي‬donde se percib‫ي‬a. Durante toda su vida, Conphas hab‫ي‬a estado rodeado de tutores. Pero hab‫ي‬a sido su abuela, la fiera Istriya, quien m‫ل‬s le hab‫ي‬a preparado para sus derechos de nacimiento. En contra de los deseos de su padre, Istriya hab‫ي‬a insistido en que Conphas pasara los primeros aٌos de su infancia rodeado de la pompa y la circunstancia de la corte imperial. Y all‫ي‬, ella le hab‫ي‬a criado como si fuera suyo; le hab‫ي‬a enseٌado la historia de la dinast‫ي‬a y, a través de ésta, todos los secretos no escritos del arte de gobernar. Conphas, incluso, sospechaba que ella hab‫ي‬a tenido algo que ver con las falsas acusaciones que hab‫ي‬an provocado la ejecuciَn de su padre, solamente para asegurarse de que el hombre no interferir‫ي‬a con la sucesiَn en caso de que su otro hijo, Ikurei Xerius III, muriera prematuramente. Pero por encima de todo, ella hab‫ي‬a garantizado, hasta hab‫ي‬a impuesto, la percepciَn de que él, y sَlo él, era el heredero predecible. Incluso cuando no era m‫ل‬s que un niٌo, ella le hab‫ي‬a convertido en un espect‫ل‬culo, como si hasta su respiraciَn fuera un triunfo del Imperio. Entonces, ni siquiera su t‫ي‬o osar‫ي‬a contravenir esa percepciَn; ni siquiera en caso de que lograra engendrar un hijo que no babeara ni necesitara paٌales de adulto. Istriya lo hab‫ي‬a hecho tan bien que él casi la amaba. Conphas escudriٌَ a su t‫ي‬o una vez m‫ل‬s. Para entonces, estaba m‫ل‬s cerca, tanto que Conphas pod‫ي‬a advertir los detalles de su vestido. El cuerno de fieltro blanco que se alzaba de la diadema sorprendiَ al

Exalto-General. Ningْn Emperador nansur hab‫ي‬a llevado la corona de Shigek desde la pérdida de la provincia en manos de los fanim tres siglos antes. ،Esa presunciَn era indignante! ‫؟‬Qué pod‫ي‬a haberle llevado a un exceso semejante? ‫؟‬Cre‫ي‬a que colm‫ل‬ndose de huecos ornamentos podr‫ي‬a salvaguardar su gloria? «Sabe... ،Sabe que le he superado!» Durante el regreso de la estepa de Jiunati, Conphas hab‫ي‬a pensado en su t‫ي‬o hasta la obsesiَn. Conphas comprend‫ي‬a que la pregunta real era si su t‫ي‬o decidir‫ي‬a convertirle en una herramienta con m‫ل‬s usos o se deshar‫ي‬a de él al verlo como una amenaza. El hecho de que Xerius le hubiera mandado a destruir a los scylvendios no disminu‫ي‬ a en absoluto la posibilidad de que se deshiciera de él. La iron‫ي‬a de asesinar a alguien por haber cumplido con éxito susَ rdenes no significar ‫ي‬a nada para Xerius. Tales «injusticias», como las llamaban los filَsofos, eran el pan y la sal de la pol‫ي‬tica imperial. No. De no mediar otros factores, hab‫ي‬a llegado a pensar Conphas, su t‫ي‬o intentar‫ي‬a matarle. Elْ nico problema era que él hab‫ي‬a derrotado a los scylvendios. Aunque, como Conphas se tem‫ي‬a, su triunfo no se tradujera en el poder de derrocar a su t‫ي‬o, Xerius, que cre‫ي‬a ver una conspiraciَn cada vez que dos de sus esclavos se tiraban un pedo, dar‫ي‬ a por hecho simplemente que s‫ ي‬pose‫ي‬a ese poder. De no mediar otros factores, Conphas deber‫ي‬a haber regresado a Momemn con ultim‫ل‬tum y torres de asedio. Pero otros factores estaban mediando. La batalla de Kiyuth no hab ‫ي‬a sido sino el primer paso del plan general de quitarle la Guerra Santa a Maithanet, y la Guerra Santa era la clave del sueٌo de su t‫ي‬o de tener un Imperio restaurado. Si Kian pod‫ي‬a ser derrotado, y si todas las viejas provincias pod‫ي‬an ser reconquistadas, entonces Ikurei Xerius III ser‫ي‬a recordado no como un guerrero-Emperador, como Xatantius o Triamus, sino como un gran estadista-Emperador, como Caphrianas el Joven. ‫ة‬ se era su sueٌo. Mientras Xerius se aferrara a su sueٌo, Conphas sab‫ي‬a que har‫ي‬a cuanto estuviera en su mano para acomodar a su endiosado sobrino. Al derrotar a los scylvendios, Conphas se hab‫ي‬a vuelto m‫ل‬sْ til que peligroso. Debido a la Guerra Santa. Todo era debido a la maldita Guerra Santa. A cada paso de Conphas, el foro abarcaba una porciَn mayor del cielo. Su t‫ي‬o, que parec‫ي‬a incluso m‫ل‬s rid‫ي‬culo entonces que Conphas ve‫ي‬a la ropa que llevaba, estaba cada vez m‫ل‬s cerca. Pese a que su cara pintada parec‫ي‬a impasible en la distancia, Conphas vio, o creyَ ver,

que sus manos se agarraban moment‫ل‬neamente a los costados de su t ْnica morada. ‫؟‬Un gesto de nerviosismo? El Exalto-General a punto estuvo de echarse a re‫ي‬r. Pocas cosas le parec‫ي‬an m‫ل‬s divertidas que la aflicciَn de su t‫ي‬o. Los gusanos deb‫ي‬an retorcerse. Siempre hab‫ي‬a odiado a su t‫ي‬o, ya de niٌo. Pero pese a todo el desprecio que sent‫ي‬a por él, hab‫ي‬a aprendido hac‫ي‬a mucho tiempo a no subestimarle. Su t‫ي‬o era como uno de esos infrecuentes borrachos a los que les costaba hablar y se tambaleaban un d‫ي‬a tras otro, pero se mostraban letalmente alerta cuando se enfrentaban al peligro. ‫؟‬Percib‫ي‬a el peligro en ese momento? De repente, Ikurei Xerius III parec‫ي‬a una gran adivinanza, inescrutable. «‫؟‬Qué est‫ل‬s pensando, t‫ي‬ o?» La pregunta le acuciaba tanto que se sintiَ obligado a buscar una respuesta. --Dime, Martemus --dijo en voz baja--, ‫؟‬qué crees que est‫ل‬ pensando mi t‫ي‬o? Martemus estaba tenso. Quiz‫ ل‬le parec‫ي‬a indecoroso conversar en ese momento. --Tْ le conoces mucho mejor que yo, Exalto-General. --Una respuesta muy pol‫ي‬tica. Conphas se callَ, estremecido por la premoniciَn de que la causa de la ansiedad de Martemus era mucho m‫ل‬s profunda que la simple perspectiva de reunirse con el Emperador por primera vez. ‫؟‬Cu‫ل‬ndo ese hombre hab‫ي‬a tenido miedo ante sus superiores? Nunca. --‫؟‬Debo tener miedo, Martemus? Los ojos del general permanecieron clavados en el distante Emperador. No parpadeaba. --Debes tener miedo, s‫ي‬. Sin importarle qué pudieran pensar los que le observaban, Conphas escudriٌَ el perfil del hombre, y una vez m‫ل‬s percibiَ el cl‫ل‬sico corte nansur de su mand‫ي‬bula y su nariz rota. --‫؟‬Y por qué es as‫?ي‬ Martemus siguiَ caminando en silencio durante lo que pareciَ un largu‫ي‬simo rato. Exasperado, Conphas sintiَ el impulso de pegarle. ‫؟‬Por qué pensar durante tanto tiempo una respuesta cuando la decisiَn siempre era la misma? Martemus sَlo dec‫ي‬a la verdad. --Sَlo sé --respondiَ finalmente el general-- que si yo fuera el Emperador y tْ mi Exalto-General, te tendr‫ي‬a miedo. Conphas resoplَ entre dientes.

--Y cuando el Emperador le tiene miedo a algo, lo mata. Veo que incluso los provincianos sois conscientes de su verdadero car‫ل‬cter. Pero mi t‫ي‬o me tiene miedo desde la primera tarde que le derroté al benjuka. Yo ten‫ي‬a ocho aٌos. Podr‫ي‬a haberme estrangulado y haberlo atribuido todo a una desafortunada uva de no haber sido por mi abuela. --No veo... --Mi t‫ي‬o le tiene miedo a todos y a todo, Martemus. Conoce demasiado bien la historia de nuestra dinast‫ي‬a como para no hacerlo. Debido a eso, sَlo los nuevos miedos le incitan a asesinar. A duras penas percibe viejos miedos como yo. El general se encogiَ de hombros imperceptiblemente. --Pero ‫؟‬acaso él no...? Se detuvo, como estremecido por su propio descaro. --‫؟‬Mandَ ejecutar a mi padre? Por supuesto que s‫ي‬. Pero al principio no tem‫ي‬a a mi padre. Sَlo después, después de que..., después de que la Casa Biaxi le envenenara el corazَn de rumores. Martemus le observَ con el rabillo del ojo. --Pero lo que tْ has logrado, Exalto-General... ،Piensa en ello! Con una sola orden tuya, todos los soldados que est‫ل‬n aqu‫ي‬, ،hasta elْ ltimo!, dar‫ي‬an su vida por ti. ،Sin duda el Emperador lo sabe! ،Sin duda, éste es un nuevo miedo! Conphas hab‫ي‬a pensado que Martemus era incapaz de sorprenderle, pero le impresionَ la trascendencia y la vehemencia de su respuesta. ‫؟‬Estaba sugiriendo una rebeliَn? ‫؟‬All‫ي? ؟‬En ese momento? De repente, se vio ascendiendo por la escalera hacia el foro, saludando a su t‫ي‬o, y después gir‫ل‬ndose hacia los miles de soldados reunidos a lo largo de todo el Campus Scuari para gritarles, implorando --no, ordenando-- que asaltaran el foro y las Cumbres Andiamine. Vio a su t‫ي‬o reducido a un guiٌapo sanguinolento. La escena le dejَ sin aliento. ‫؟‬Pod‫ي‬a ser una revelaciَn de alguna clase? ‫؟‬Una visiَn de su futuro? ‫؟‬Deb‫ي‬a...? ،Pero eso era una total locura! Martemus no alcanzaba a ver el plan en su totalidad. A pesar de ello, todo --los soldados arrodill‫ل‬ndose en un extremo de su campo visual, las espaldas aceitosas de los ujieres ante él, su t‫ي‬o esperando como al término de un viaje extremadamente enrevesado-se hab‫ي‬a convertido en una pesadilla. De repente, Martemus y sus temores infundados le molestaron. ،Se supon‫ي‬a que ten‫ي‬a que ser su gran momento! Su momento de éxtasis. --‫؟‬Y qué hay de la Guerra Santa? --le espetَ. Martemus frunciَ el entrecejo, pero siguiَ mirando hacia el inmenso

foro. --No lo entiendo. Invadido por un repentino destello de impaciencia, Conphas mirَ al hombre. ‫؟‬Por qué les resultaba tan dif‫ي‬cil verlo? ‫؟‬Era ésa la forma en que los Dioses se sent‫ي‬an cuando se hartaban de la incapacidad de los hombres para comprender el gran portento de sus designios? ‫؟‬ Esperaba demasiado de sus seguidores? Los Dioses, sin duda, lo hac‫ي‬ an. Pero quiz‫ ل‬ésa fuera la cuestiَn. ‫؟‬Qué mejor que hacer que se esforzaran? --‫؟‬Crees --prosiguiَ Martemus-- que el Emperador es m‫ل‬s avaricioso que temeroso? ‫؟‬Que su deseo de restaurar el Imperio eclipsa el miedo que siente por ti? Conphas sonriَ. El endiosamiento hab‫ي‬a sido apaciguado. --Eso creo. Me necesita, Martemus. --As‫ ي‬que te la juegas. Los ujieres hab‫ي‬an llegado a la monumental escalera que llevaba a la cima del foro, y entonces se alejaban por ambos lados, haciendo una reverencia. El Emperador estaba cerca, por encima de ellos. --‫؟‬Y por quién apostar‫ي‬as tْ, Martemus? Por primera vez, el general le mirَ directamente. Sus refulgentes ojos marrones estaban llenos de una inusitada adoraciَn. --Por ti, Exalto-General. Y por el Imperio. Se hab‫ي‬an detenido en la base de la monumental escalera. Después de mirar un instante a Martemus, Conphas hizo un gesto a sus guardaespaldas para que le siguieran con el prisionero; después, empezَ a subir la escalera. Su t‫ي‬o le esperaba en el rellano m‫ل‬s grande. Conphas advirtiَ que Skeaos estaba a su lado. Decenas de funcionarios de la corte se arremolinaban entre las columnas del foro. Todo el mundo observaba con el rostro solemne. Sin él quererlo, recordَ las palabras de Martemus: «Con una sola orden tuya, todos los soldados que est‫ل‬n aqu‫ ي‬dar‫ي‬an su vida por ti». Conphas era un soldado, y como tal cre‫ي‬a en la formaciَn, las previsiones, la planificaciَn; en la preparaciَn, en resumen. Pero también pose‫ي‬a, como deben hacer todos los grandes l‫ي‬deres, un buen ojo para la fruta que madura antes de tiempo. Conoc‫ي‬a perfectamente la importancia del tiempo. Si golpeaba entonces, ‫؟‬qué suceder‫ي‬a? ‫؟‬Qué har‫ي‬an --y ése era el problema-- todos los all‫ ي‬reunidos? ‫؟‬Cu‫ل‬ntos se unir‫ي‬an a él? «Por ti... Apostar‫ي‬a por ti.»

Pese a todas sus carencias, su t‫ي‬o era un astuto juez de caracteres. Era como si el muy idiota supiera instintivamente equilibrar el bastَn y la caricia, cu‫ل‬ndo golpear y cu‫ل‬ndo calmar. De repente, Conphas se dio cuenta de que no ten‫ي‬a ni idea de la manera en que esos hombres de tamaٌa importancia reaccionar‫ي‬an. Obviamente, Gaenkelti, el capit‫ل‬n de la Guardia Eَtica, permanecer‫ي‬a junto al Emperador; hasta la muerte, si era necesario. Pero ‫؟‬Cememketri? ‫؟‬ Preferir‫ي‬a el Saik Imperial un dirigente fuerte a uno débil? ‫؟‬Y qué hab‫ي‬a de Ngarau, que controlaba las todopoderosas arcas? ،Tantas incertidumbres! Una c‫ل‬lida r‫ل‬faga de viento mandَ revoloteando a sus pies unas cuantas hojas de alguna arboleda oculta. Se detuvo en el rellano inmediatamente por debajo de su t‫ي‬o y le saludَ. Ikurei Xerius III permaneciَ inmَvil como una estatua pintada. El arrugado Skeaos, sin embargo, le hizo un gesto para que se acercara. Con los o‫ي‬dos zumb‫ل‬ndole, Conphas ascendiَ losْ ltimos escalones. Im‫ل‬ genes de soldados causando disturbios se aparecieron en su imaginaci َn. Pensَ en su daga ceremonial; se preguntَ si su temple ser‫ي‬a suficiente para atravesar la seda, el damasco, la piel y el hueso. S‫ي‬. Se detuvo ante su t‫ي‬o. Su expresiَn y sus extremidades se tensaron en desaf‫ي‬o. A pesar de que Skeaos le miraba con una alarma desnuda, su t‫ي‬o simulَ no darse cuenta. --،Qué gran victoria, sobrino! --exclamَ abruptamente--. ،Has colmado de gloria a la Casa Ikurei como ningْn otro! --Tْ --dijo Conphas en un tono neutro-- eres demasiado generoso, t ‫ي‬o. Su t‫ي‬o frunciَ muy brevemente el entrecejo. Conphas no se hab‫ي‬a arrodillado para besarle la rodilla. Sus miradas se cruzaron, y por un instante Conphas se asustَ. Se hab‫ي‬a olvidado de lo mucho que Xerius se parec‫ي‬a a su padre. Mejor. Le coger‫ي‬a la nuca como si fuera a darle un beso ‫ي‬ntimo, y entonces le clavar‫ي‬a el cuchillo en el esternَn. Le dar‫ي‬a un tirَn a la hoja y le partir‫ي‬a el corazَn por la mitad. El asesinato ser‫ي‬a r‫ل‬pido y notablemente falto de crueldad. Entonces, él se dirigir‫ي‬a a los hombres que estaban a sus pies y les ordenar‫ي‬a que garantizaran la seguridad del recinto imperial. En menos de lo que un corazَn tarda en latir, el Imperio ser‫ي‬a suyo. Alzَ la mano para darle el beso, pero su t‫ي‬o se la apartَ y le hizo a un lado de un empujَn, cautivado por algo que estaba muchos escalones

por debajo. --‫؟‬Y qué es eso? --gritَ, obviamente refiriéndose al prisionero. Conphas resiguiَ con la mirada a los espectadores y vio a Gaenkelti y muchos otros escrut‫ل‬ndole con recelo. Con una sonrisa falsa, se girَ para unirse al Emperador. --،Ah, t‫ي‬o! ‫ة‬ste es elْ nico prisionero que podemos ofrecerte. Todo el mundo sabe que los scylvendios son unos pésimos esclavos. --‫؟‬Y quién es él? El hombre hab‫ي‬a sido empujado hasta quedar de rodillas, y entonces se inclinaba sobre su desnudez, con los brazos llenos de cicatrices encadenados a la espalda. Uno de los guardaespaldas tirَ de su melena negra y le levantَ la cara hacia el Emperador. Pese a que un rastro de desdén dominaba su expresiَn, sus ojos grises estaban ausentes, fijos en cosas que no eran de ese mundo. --Xunnurit --dijo Conphas--, su Rey-de-Tribus. --،Hab‫ي‬a o‫ي‬do que hab‫ي‬a sido capturado, pero no me atrev‫ي‬a a creer los rumores! ،Conphas! ،Conphas! ،El Rey-de-Tribus scylvendio capturado! ،Hoy has hecho inmortal esta Casa! Lo cegaré, lo castraré y lo ataré a la base de mi trono, como los antiguos Grandes Reyes de Kyraneas. --Una magn‫ي‬fica idea, t‫ي‬o. Conphas mirَ a su derecha y finalmente vio a su abuela. Llevaba una tْnica de seda verde cruzada por una banda azul en forma de abrazo. Como siempre, parec‫ي‬a una vieja zorra haciéndose la coqueta. Pero hab‫ي‬a algo en su expresiَn... Por alguna razَn, parec‫ي‬a distinta. --Conphas --dijo jadeando, con los ojos abiertos de embeleso--. ،Te marchaste como heredero del Imperio y has vuelto como un dios! Una inspiraciَn colectiva siguiَ a esas palabras. Traiciَn, o al menos algo que sin duda el Emperador interpretar‫ي‬a como una traiciَn. --Eres demasiado amable, abuela --dijo Conphas, r‫ل‬pidamente--. Vuelvo como un humilde esclavo que sَlo ha cumplido la orden de su amo. «،Pero tiene razَn! ‫؟‬No es as‫»?ي‬ Por alguna razَn, dejَ de acariciar la posibilidad de derrocar a su t‫ي‬o y tratَ de arreglar la metedura de pata de su abuela. Resoluciَn. ،Ten‫ي‬a que concentrarse! --Por supuesto, querido. Hablaba en un sentido figurado... --De un modo curiosamente obsceno para una mujer tan vieja, se dirigiَ pavone‫ل‬ ndose a su lado y entrelazَ el brazo en el que portaba el cuchillo con el de ella--. Deber‫ي‬a darte vergüenza, Conphas. Puedo entender que el

vulgo --mirَ con ira a los ministros de su hijo-- encuentre escandalosas mis palabras, pero ‫؟‬tْ? --‫؟‬Debes siempre mimarlo tanto, madre? --dijo Xerius. Hab‫ي‬a estado palpando su trofeo, como si tratara de poner a prueba su tono muscular. Por casualidad, Conphas interceptَ la mirada de Martemus, que estaba pacientemente arrodillado; hasta entonces hab‫ي‬a sido ignorado por completo. El general asintiَ peligrosamente. Una conocida serenidad se apoderَ entonces de Conphas, la que le permit‫ي‬a pensar y actuar con tranquilidad mientras los otros hombres daban tumbos. Mirَ las aparentemente interminables hileras de soldados de infanter‫ي‬a que hab‫ي‬a debajo de ellos. «Con una orden tuya, todos los soldados...» Se separَ de su abuela. --،Mira! --dijo--, hay cosas que debo saber. --‫؟‬O qué? --respondiَ su t‫ي‬o, que se hab‫ي‬a olvidado del Rey-de-Tribus, o quiz‫ ل‬su interés hab‫ي‬a sido una argucia. Sin intimidarse, Conphas mirَ con dureza los ojos pintados de su t‫ي‬ o y sonriَ ante la absurdidad de su corona Shigek. --O dentro de poco estaremos en guerra con los Hombres del Colmillo. ‫؟‬Sab‫ي‬as que han provocado un disturbio cuando he intentado entrar en Momemn? ‫؟‬Que han matado a veinte de mis Kidruhil? Conphas se dio cuenta de que su mirada se hab‫ي‬a desplazado hacia el cuello blando y maquillado de su t‫ي‬o. Quiz‫ ل‬ése ser‫ي‬a el mejor lugar en el que golpear. --،Oh, s‫ !ي‬--dijo Xerius con un gesto desdeٌoso--, un incidente lamentable. Calmemunis y Tharschilka han estado incitando a otros hombres aparte de los suyos. Pero te aseguro que es un asunto concluido. --‫؟‬Qué quieres decir con lo de concluido? --Por primera vez en su vida, a Conphas no le importaba en absoluto lo que su t‫ي‬o opinara de su tono. --Maٌana --declarَ Xerius con la voz de un decreto-- tْ y tu abuela me acompaٌaréis r‫ي‬o arriba para observar el transporte de miْ ltimo monumento. Sé, sobrino, que tienes una naturaleza inquieta, que eres partidario de la acciَn decisiva, pero debes ser paciente. Esto no es Kiyuth, y nosotros no somos scylvendios... Las cosas no son como parecen, Conphas. Conphas estaba estupefacto. «Esto no es Kiyuth y nosotros no somos scylvendios.» ‫؟‬Qué significaba eso?

Como si el asunto estuviera terminado, Xerius prosiguiَ. --‫؟‬Es éste el general del que tan bien me has hablado? Martemus, ‫؟‬verdad? Es un placer para m‫ ي‬que esté aqu‫ي‬. No he podido transportar a un nْmero suficiente de tus hombres para llenar el campus, as‫ ي‬que me he visto obligado a utilizar mi Guardia Eَtica y varios cientos de los guardias de la ciudad. Aunque estaba anonadado, Conphas respondiَ sin dudar. --‫؟‬Y los has vestido como mis... regulares del ejército? --Por supuesto. La ceremonia es tanto por ellos como por ti, ‫؟‬ verdad? Con el corazَn martille‫ل‬ndole, Conphas se arrodillَ y besَ la rodilla de su t‫ي‬o.

Armon‫ي‬a... Tan dulce. Eso era lo que Ikurei Xerius cre‫ي‬a que estaba buscando a tientas. Cememketri, el Gran Maestro del Saik Imperial, le hab‫ي‬a asegurado que el c‫ي‬rculo era la m‫ل‬s pura de las formas geométricas, la m‫ل‬s eficaz para apaciguar el esp‫ي‬ritu. Le hab‫ي‬a dicho que uno no deb‫ي‬ a vivir su propia vida en l‫ي‬neas. Hab‫ي‬a que hacer nudos con c‫ي‬rculos de cuerda, y hab‫ي‬a que tramar las intrigas con c‫ي‬rculos de sospecha. ،La propia forma de la armon‫ي‬a estaba maldita! --‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo debemos esperar, Xerius? --le preguntَ su madre desde detr‫ل‬s, cuya voz sonaba ronca por la edad y la irritaciَn. «El sol quema, ‫؟‬verdad, madre zorra?» --Pronto --le dijo al r‫ي‬o. Desde la proa de su galera, Xerius contemplaba las aguas marrones del r‫ي‬o Phayus. Tras él, estaba sentada su madre, la Emperatriz Istriya, y su sobrino, Conphas, exaltado por su impresionante destrucciَn de las tribus scylvendias en Kiyuth. En teor‫ي‬a, les hab‫ي‬a invitado a presenciar el transporte de suْ ltimo monumento desde las canteras de Osbesus, r‫ي‬o abajo, a Momemn. Pero como siempre, tras la reuniَn de la familia imperial se ocultaban m‫ل‬s motivos. Sab‫ي‬a que se burlar‫ي‬an del monumento --su madre abiertamente, su sobrino en silencio--, pero no despreciar‫ي‬an --no pod‫ي‬an-- el anuncio que en breve les iba a hacer. La mera menciَn de la Guerra Santa ser‫ي‬a suficiente para merecer su respeto. Durante un tiempo, por lo menos. Desde que hab‫ي‬an zarpado de los muelles de piedra de Momemn,

su madre hab‫ي‬a estado adulando a su nieto. --Quemé m‫ل‬s de doscientos votivos de oro por ti --estaba diciendo--, uno por cada d‫ي‬a que estuviste en el campo de batalla. Y ofrec‫ ي‬treinta y dos perros al sacerdocio de Gilgaَl para que los sacrificaran en tu... --Hasta les regalَ un leَn --gritَ Xerius por encima de su hombro--. El albino que Pisathulas comprَ a ese insoportable comerciante kutnami, ‫؟‬ no es as‫ي‬, madre? Aunque no pod‫ي‬a verla, percibiَ sus ojos clavados en su espalda. --Eso ten‫ي‬a que ser una sorpresa, Xerius --dijo con una ‫ل‬cida dulzura--. ‫؟‬Te hab‫ي‬as olvidado? --Lo siento, madre. Yo... --Ten‫ي‬a preparada su guarida --le dijo a Conphas, como si Xerius no hubiera hablado--. Un regalo lَgico para el Leَn de Kiyuth, ‫؟‬no? --Se ri َde su propio ingenio para la conspiraciَn. Xerius se agarrَ con fuerza al pasamanos de caoba. --،Un leَn! --exclamَ Conphas--. Y albino, ،nada menos! No es de extraٌar que los Dioses me favorecieran, abuela. --Un soborno --respondiَ ella, desdeٌosamente--. Estaba desesperada por que volvieras de una sola pieza; loca de desesperaciَn. Pero ahora que me has dicho que derrotaste a los brutos, me siento idiota. ،Tratar de sobornar a los Dioses para que cuidaran de uno de ellos! El Imperio nunca ha visto a hombres como tْ, querido Conphas. ،Nunca! --Todo lo que sé, abuela, te lo debo a ti. Istriya a punto estuvo de soltar una risa nerviosa. Las alabanzas, especialmente las procedentes de Conphas, siempre hab‫ي‬an sido su narcَtico preferido. --Fui una tutora bastante severa, ahora que lo mencionas. --La m‫ل‬s severa. --Pero es que tْ siempre llegabas tarde, Conphas. Esperar a alguien siempre saca lo peor que hay en m‫ي‬. Podr‫ي‬a arrancar ojos de un zarpazo. Xerius apretَ los dientes. «،Sabe que estoy escuchando! Me est‫ل‬ acosando.» Conphas se estaba riendo. --Me temo que descubr‫ ي‬los placeres de las mujeres a una edad terriblemente precoz, abuela. Ten‫ي‬a a otras tutoras a las que atender. Istriya estaba siendo maliciosa, hasta seductora. Vieja zorra. --Lecciones aprendidas de primera mano, supongo.

--Todo se reduce a follar, ‫؟‬no es as‫?ي‬ Sus risas taparon el zumbido de los remos de la galera. Xerius reprimiَ un grito. --،Y ahora la Guerra Santa, querido Conphas! ،Ser‫ل‬s m‫ل‬s, mucho m‫ل‬s, que el mejor Exalto-General de nuestra historia! «‫؟‬Qué est‫ ل‬tratando de hacer?» Istriya siempre le hab‫ي‬a acosado, pero nunca hab‫ي‬a llegado a llevar sus bromas tan cerca de la sediciَn. Sab‫ي‬a que gracias a su victoria sobre los scylvendios, Conphas hab‫ي‬a dejado de ser una herramienta para transformarse en una amenaza; especialmente, después de la farsa del foro el d‫ي‬a anterior. Xerius sَlo ten‫ي‬a que echarle un vistazo a la cara de su sobrino para saber que Skeaos hab‫ي‬a tenido razَn. En los ojos de Conphas estaba el asesinato. Si no hubiera sido por la Guerra Santa, Xerius habr‫ي‬a ordenado que acabaran con él all‫ ي‬mismo. Istriya hab‫ي‬a estado all‫ي‬. Sab‫ي‬a todo eso, y a pesar de ello presionaba cada vez m‫ل‬s. ‫؟‬Estaba ella...? ‫؟‬Estaba tratando de que mataran a Conphas? Conphas, obviamente, estaba desconcertado. --Mis hombres llamar‫ي‬an a eso contar los muertos antes de que se derrame la sangre, abuela. Pero ‫؟‬estaba realmente preocupado? ‫؟‬Pod‫ي‬a estar actuando? ‫؟‬ Algo tramado por los dos para despistarle? Observَ con los ojos entrecerrados el otro extremo de la galera en busca de Skeaos. Le vio con Arithmeas y le llamَ con una mirada de furia, pero después se maldijo. ‫؟‬Qué necesidad ten‫ي‬a de ese viejo idiota? Su madre estaba haciendo trampas. Ella siempre estaba haciendo trampas. «Ignَrales.» Skeaos se desliz َa su lado-- el hombre caminaba como un cangrejo--, pero Xerius no le hizo caso. Respirando lenta y profundamente, estudiَ el tr‫ل‬fico del r‫ي‬o. Con una lenta elegancia, los barcos se adelantaban unos a otros, y la mayor‫ي‬a transportaban pesadas mercanc‫ي‬as. Vio los cuerpos sin vida de cerdos y ganado, urnas de aceite y barriles de vino; vio trigo, ma‫ي‬z, roca de cantera, e incluso lo que le pareciَ que deb‫ي‬a de ser una compa‫ٌي‬a de danza, todo surcando el ancho r‫ي‬o de regreso a Momemn. Era bueno estar en el Phayus. Era la gran cuerda a partir de la que se extend‫ي‬an las inmensas redes del Nansurium. El comercio y la industria de los hombres, todo sancionado por su imagen. mi rostro«. «El oro que tienen en sus manos --pens --lleva َ Mirَ el cielo. Sus ojos se posaron sobre una gaviota

misteriosamente suspendida en el corazَn de una nube tormentosa. Por un momento, pensَ que pod‫ي‬a sentir la caricia de la armon‫ي‬a y olvidar el fastidio de su madre y su sobrino a sus espaldas. Entonces, la galera dio una sacudida y se detuvo de repente. Xerius se tambaleَ sobre la proa un momento, tratando de tenerse en pie. Se incorporَ y buscَ con la mirada llena de furia al capit‫ل‬n entre una pequeٌa horda de funcionarios que estaban en mitad del barco. Oyَ gritos amortiguados por la madera; después, el chasquido de los l‫ل‬tigos. Las im‫ل‬genes le vinieron a la cabeza espont‫ل‬neamente: espacios atestados y oscuros, dientes podridos apret‫ل‬ndose agَnicamente, sudor y un dolor insoportable. --‫؟‬Qué ha pasado? --oyَ Xerius que preguntaba su madre. --Un banco de arena, madre --dijo Conphas a modo de explicaciَn--. Otro retraso, al parecer. --Su tono estaba preٌado de impaciencia, una licencia a la que no se hubiera atrevido meses antes, pero todav‫ي‬a pequeٌa comparada con la afrenta del d‫ي‬a anterior. Los gritos resonaron en la cubierta embaldosada. Los remos bat‫ي‬ an las aguas circundantes, pero sin ningْn efecto. Con una expresiَn que ya imploraba piedad, el capit‫ل‬n se acercَ y reconociَ que hab‫ي‬an encallado. Xerius reprendiَ al idiota mientras percib‫ي‬a el escrutinio de su madre. Cuando la mirَ, vio un par de ojos demasiado sagaces para pertenecer a una madre que observaba a su hijo. A su lado, Conphas se recostَ en su div‫ل‬n, sonriendo como si estuviera contemplando una pelea de gallos amaٌada. Turbado por su escrutinio, Xerius hizo un gesto para interrumpir las quejumbrosas explicaciones del capit‫ل‬n. --‫؟‬Por qué deber‫ي‬an los remeros recoger lo que tْ has sembrado? --gritَ. Disgustado por el infantil lloriqueo de aquel hombre, le dio la espalda y ordenَ a sus guardaespaldas que se lo llevaran abajo. El aullido del capit‫ل‬n no hizo m‫ل‬s que espolear su ira. ‫؟‬Por qué hab‫ي‬a tan pocos hombres capaces de soportar las consecuencias de sus acciones? --Un juicio --dijo su madre, secamente-- digno del ‫ع‬ltimo Profeta. --Esperaremos aqu‫ ي‬--espetَ Xerius a nadie en concreto. Al cabo de un rato, los latigazos y los gritos amainaron. Los remos quedaron en silencio. Se produjo un infrecuente momento de tranquilidad en la cubierta. El aullido de un perro resonَ sobre las aguas. Los niٌos se persegu‫ي‬an a lo largo del embarcadero meridional esquivando pimenteros y chillando. Pero se oyَ otro sonido.

--‫؟‬Los o‫ي‬s? --preguntَ Conphas. --S‫ي‬, los oigo --respondiَ Istriya, girando el cuello para mirar r‫ي‬o arriba. Xerius también lo o‫ي‬a: un débil coro de gritos sobre las aguas. Entrecerrando los ojos, mir a َ lo lejos, donde el Phayus se doblaba y se plegaba entre oscuras laderas, buscando algْn signo visible de la barcaza que transportaba su nuevo monumento. No vio ninguno. --Quiz‫ ل‬--le susurrَ Skeaos al o‫ي‬do-- deber‫ي‬amos esperar tuْ ltimo triunfo en la popa de la galera, Dios-de-los-Hombres. Empezَ a reprender al Primer Consejero por interrumpirle con tonter ‫ي‬as, pero después dudَ. --Continْa --murmurَ, escudriٌando al anciano. El rostro de Skeaos le recordaba con frecuencia una manzana podrida con los dos agujeros de los ojos negros relucientes. Parec‫ي‬a un niٌo viejo. --Desde all‫ي‬, Dios-de-los-Hombres, tu divino monumento se revelar‫ ل‬mucho mejor, lo que permitir‫ ل‬a tu madre y tu sobrino... --Ten‫ي‬ a una expresiَn dolorida. Xerius hizo una mueca y mirَ con recelo a su madre. --Nadie osa burlarse del Emperador, Skeaos. --Por supuesto, Dios-de-los-Hombres; sin duda. Pero si esperamos en la popa, tu obelisco quedar‫ ل‬expuesto en un magn‫ي‬fico ‫ل‬ngulo mientras la barcaza nos adelanta. --Ya hab‫ي‬a pensado en eso... --Sin duda. Xerius se girَ hacia la Emperatriz y el Exalto-General. --Ven, madre --dijo--. Apartémonos del sol. Un poco de sombra te favorecer‫ل‬. Istriya frunciَ el entrecejo al o‫ي‬r el insulto, pero por otro lado, pareci َ visiblemente aliviada. El sol estaba en lo m‫ل‬s alto y calentaba mucho para esa época del aٌo. Se alzَ con una elegancia tensa y, a regaٌ adientes, cogiَ la mano que le ofrec‫ي‬a su hijo. Conphas se puso en pie tras ella y los siguiَ. Formaciones de esclavos perfumados y funcionarios se apartaron de su camino. Con Skeaos esperando a una distancia prudente, los tres se detuvieron en las mesas cubiertas de manjares. Xerius se animَ cuando su madre alabَ a los esclavos de la cocina. Halagar a sus sirvientes siempre hab‫ي‬a sido una manera de arrepentirse de anteriores indiscreciones, su forma de disculparse. Xerius pensَ que quiz‫ ل‬ser‫ي‬a indulgente con él ese d‫ي‬a. Finalmente, se instalaron bajo el dosel de la parte posterior de la

galera y se tendieron en sof‫ل‬s nilnameshi. Skeaos permaneciَ a la derecha de Xerius, su posiciَn habitual. El Emperador encontraba su presencia reconfortante: como un vino demasiado fuerte, su familia ten ‫ي‬a que rebajarse con agua. --‫؟‬Y cَmo est‫ ل‬mi media hermana? --le preguntَ Conphas. El jnan hab‫ي‬a empezado. --Una esposa satisfactoria. --Y a pesar de ello, suْ tero sigue cerrado --seٌalَ Istriya. --Ya tengo un heredero --respondiَ Xerius con indiferencia, sabedor de que la vieja bruja se alegraba de su impotencia. La semilla fuerte abr ‫ي‬a elْ tero. Le hab‫ي‬a llamado débil. Los ojos negros de Istriya refulgieron. --S‫ي‬... Un heredero sin herencia. ،Qué franqueza! Quiz‫ ل‬la edad hab‫ي‬a atrapado, por fin, a la inmortal Istriya. Quiz‫ ل‬el tiempo era elْ nico veneno del que no podr‫ي‬a escapar. --Ve con cuidado, madre. --Quiz‫ل‬, y esa idea llenَ a Xerius de un estridente jْbilo, muriera pronto. Maldita vieja zorra. Conphas intercediَ. --Creo que la abuela se refiere a los Hombres del Colmillo, divino t‫ي‬ o... Esta maٌana he sabido que acaban de provocar altercados y saquear Jarutha. Hemos soportado disturbios y exigencias del Shriah, t ‫ي‬o. Estamos al borde de una guerra abierta. Al corazَn del asunto directamente. No era elegante. Era burdo. --‫؟‬Qué tienes pensado hacer, Xerius? --preguntَ Istriya--. No es sَlo tu malhumorada y a veces poco educada madre quien se inquieta por estos portentosos acontecimientos. Hasta las Casas de la Congregaciَn m‫ل‬s dignas de confianza est‫ل‬n alarmadas. En un sentido u otro, debemos actuar. --Nunca he cre‫ي‬do que fueras poco educada, madre; sَlo lo pareces. --Respَndeme, Xerius: ‫؟‬qué tienes pensado hacer? Xerius suspirَ de manera audible. --Ya no es una cuestiَn de lo que piense que deba hacer. El hecho se ha consumado. Calmemunis ha enviado emisarios. Firmar‫ ل‬el Solemne Contrato maٌana por la tarde. Se compromete personalmente a que los altercados y los disturbios terminen hoy. --،Calmemunis! --siseَ su madre como si le sorprendiera. Con toda probabilidad, lo hab‫ي‬a sabido antes que el propio Xerius. Después de todos los aٌos que se hab‫ي‬a pasado tramando a favor y en contra de

maridos e hijos, su red de esp‫ي‬as se extend‫ي‬a hasta la misma médula del Nansurium--. ‫؟‬Qué hay de los otros Grandes Nombres? ‫؟‬Qué hay del ainonio? ‫؟‬Cَmo se llama? ‫؟‬Kumrezzer? --Sَlo sé que Calmemunis va a hablar con él, con Tharschilka y con algunos otros hoy. --También él firmar‫ ل‬--dijo Conphas con el aire de un or‫ل‬culo aburrido. --‫؟‬Qué te hace estar tan seguro de eso? --preguntَ Istriya. Conphas levantَ su cuenco, y uno de los ubicuos esclavos acudiَ corriendo para volver a llen‫ل‬rselo. --Todos los que llegaron pronto firmar‫ل‬n. Deber‫ي‬a haberme dado cuenta antes, pero ahora que lo pienso, me parece claro que esos idiotas temen la llegada de los dem‫ل‬s por encima de cualquier otra cosa. Creen que son invencibles. Diles que los fanim son tan terribles guerreros como los scylvendios y se reir‫ل‬n; te recordar‫ل‬n que el Dios en Persona cabalga a su lado. --‫؟‬Qué propones? --preguntَ Istriya. Sin pensar, Xerius se hab‫ي‬a incorporado en su sof‫ل‬. --S‫ي‬, sobrino, ‫؟‬qué propones? Conphas dio un sorbo a su cuenco y se encogiَ de hombros. --Creen que tienen la victoria asegurada, as‫ ي‬que ‫؟‬por qué compartirla? O incluso peor: ‫؟‬por qué d‫ل‬rsela a sus superiores, que no la merecen? Pensad. Cuando Nersei Proyas llegue, Calmemunis ser‫ل‬ poco m‫ل‬s que uno de sus tenientes. Lo mismo puede decirse de Tharschilka y Kumrezzer. Cuando los principales contingentes de Galeoth y el Alto Ainon lleguen, saben que van a perder sus posiciones preeminentes. Por ahora, la Guerra Santa es suya, y quieren blandir‫ي‬ a... --Entonces, debes retrasar la distribuciَn de provisiones, Xerius --le interrumpiَ Istriya--; evitar que marchen. --Quiz‫ ل‬podamos decirles --aٌadiَ Skeaos-- que hemos encontrado gorgojos en nuestros graneros. Xerius mirَ a su madre y su sobrino, tratando de matizar la expresiَn desdeٌosa de su rostro. All‫ ي‬era donde terminaban sus conocimientos y donde empezaba su propio genio. Ni siquiera Conphas, la astuta serpiente, pod‫ي‬a adelant‫ل‬rsele en aquello. --No --dijo--. Marchar‫ل‬n. Istriya le mirَ fijamente. Su rostro estaba todo lo estupefacto que su piel arrugada le permit‫ي‬a. --Quiz‫ ل‬--dijo Conphas-- deber‫ي‬amos ordenar a los esclavos que

se retiraran. Con una palmada, Xerius hizo que aquellos cuerpos perfumados salieran corriendo de la cubierta. --‫؟‬Qué significa esto, Xerius? --preguntَ Istriya, a quien le temblَ la voz, como si la sorpresa le hubiera cortado la respiraciَn. Conphas la escudriٌَ esbozando con los labios una afable sonrisa. --Creo que lo sé, abuela. ‫؟‬Podr‫ي‬a ser, t‫ي‬o, que el Padirajah haya pedido un... gesto? Enmudecido por la estupefacciَn, Xerius se quedَ mirando boquiabierto a su sobrino. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a saberlo? Demasiada perspicacia, y sin duda un exceso de relajaciَn en las costumbres. En cierto sentido, a Xerius siempre le hab‫ي‬a aterrorizado Conphas. Era m‫ل‬ s que el simple ingenio de aquel hombre. En el interior de su sobrino hab ‫ي‬a algo muerto. No, m‫ل‬s que muerto, algo fluido. Con los dem‫ل‬s, incluso con su madre --a pesar de que ella le parec‫ي‬a demasiado distanteْ ltimamente-- siempre hab‫ي‬a un intercambio de expectativas t‫ل‬ citas, de pequeٌas necesidades humanas que trababan y apuntalaban todas las conversaciones, incluso los silencios. Pero con Conphas hab‫ي‬ a sَlo meras superficies. Su sobrino nunca hab‫ي‬a sido conmovido por nadie. Conphas sَlo se sent‫ي‬a conmovido por Conphas, aunque en ocasiones simulara serlo por otros. Era un hombre para el que todo era un antojo. Un hombre perfecto. Pero ،dominar a un hombre as‫ !ي‬Y deb‫ي‬a dominarle. «Hal‫ل‬galo --le hab‫ي‬a dicho en una ocasiَn Skeaos a Xerius--. Y transfَrmate en una parte de la gloriosa historia que él considera su vida.» Pero no hab‫ي‬a sido capaz. Halagar a otro era humillarse a s‫ي‬ mismo. َ erius. El miedo aٌadi‫ ؟‬:--Es َ necesario --‫؟‬Cَmo lo sabes-- ?le espet X que te mande a Ziek para descubrirlo? La Torre de Ziek. ‫؟‬Quién en Nansur no se estremec‫ي‬a cuando la vislumbraba alz‫ل‬ndose sobre la congestiَn de Momemn? La mirada de su sobrino se endureciَ un instante. Le hab‫ي‬a conmovido, y ‫؟‬por qué no? Conphas se hab‫ي‬a sentido amenazado. Xerius se riَ. La aguda voz de Istriya interrumpiَ su regocijo. --‫؟‬Cَmo puedes bromear con una cosa as‫ي‬, Xerius? ‫؟‬Hab‫ي‬a bromeado? Quiz‫ ل‬s‫ي‬. --Discْlpame por mi tosco humor, madre, pero Conphas ha acertado, ha acertado un secreto tan mort‫ي‬fero que podr‫ي‬a destruirnos a todos, destruirnos a todos si... --Se detuvo y se girَ hacia Conphas--.

Por eso debo saber cَmo te has enterado. Conphas se mostrَ cauto. --Porque es lo que yo har‫ي‬a. Skauras..., no, Kian debe comprender que nosotros no somos unos fan‫ل‬ticos. «Skauras.» Skauras el halcَn, un nombre viejo. El taimado Sapatishah-Gobernador de Shigek kianene era el primer y correoso obst‫ل‬culo que deb‫ي‬a superar la Guerra Santa. ،Qué poco comprend‫ي‬an los Hombres del Colmillo la situaciَn real de las cosas entre los r‫ي‬os Phayus y Sempis! Nansur y Kian hab‫ي‬an mantenido una guerra intermitente durante siglos. Se conoc‫ي‬an ‫ي‬ntimamente y hab‫ي‬an sellado innumerables treguas con hijas de escasa val‫ي‬a. Cu‫ل‬ntos esp‫ي‬ as, rescates, incluso rehenes... Xerius insistiَ mientras escudriٌaba a su sobrino. En su imaginaciَn flotَ la imagen de la fantasmal cara de Skauras superpuesta a la del emisario cishaurim. --‫؟‬Quién te lo ha dicho? --le preguntَ con una abrupta intensidad. De joven, Conphas hab‫ي‬a sido durante cuatro aٌos rehén de los kianene. ،Nada m‫ل‬s y nada menos que en la corte de Skauras! Conphas mirَ los mosaicos con motivos florales que hab‫ي‬a entre sus sandalias. --El propio Skauras --dijo al fin, mirando directamente a Xerius. Su comportamiento ten‫ي‬a un elemento juguetَn, pero el de aquel que juega solo--. Nunca he interrumpido la comunicaciَn con su corte, pero estoy seguro de que tus esp‫ي‬as ya te lo han dicho. ،Y Xerius se hab‫ي‬a preocupado por los recursos de su madre! --Debes andarte con cuidado en cosas como ésas, Conphas --dijo Istriya, maternalmente--. Skauras es uno de los viejos kianene, un hombre del desierto, tan despiadado como listo. Te utilizar‫ي‬a para sembrar la disensiَn entre nosotros si pudiera. Recuerda siempre que lo importante es la dinast‫ي‬a, la Casa Ikurei. ،Esas palabras! A Xerius empezaron a temblarle las manos. Las juntَ. Tratَ de controlar sus pensamientos. Apartَ la mirada de sus rostros voraces. ،Hac‫ي‬a tantos aٌos! Jugueteando con una pequeٌa ampolla del tamaٌo del dedo de un niٌo, verti e َ l veneno en la oreja de su padre. ،Su padre! Y su madre..., no, la voz de Istriya retumbando en sus pensamientos: «،La dinast‫ي‬a, Xerius! ،La dinast‫ي‬a.«! Hab‫ي‬a decidido que su marido no ten‫ي‬a la garra y el colmillo necesarios para mantener a la dinast‫ي‬a con vida. ‫؟‬Qué estaba sucediendo all‫ي? ؟‬Qué estaban haciendo? ‫؟‬ Conspirar?

Contemplَ a la anciana y adulterada bruja. ،Ojal‫ ل‬hubiera deseado en algْn momento matarla! Pero por lo que pod‫ي‬a recordar, ella hab‫ي‬a sido el tَtem, el fetiche sagrado que sosten‫ي‬a la demente maquinaria del poder en ese lugar. Sَlo la vieja e insaciable Emperatriz era indispensable. En ocasiones, en su juventud, lo hab‫ي‬a despertado en mitad de la noche, atorment‫ل‬ndole de placer, agit‫ل‬ndole el pene, susurr ‫ل‬ndole en el o‫ي‬do hْmedo por su lengua: «Emperador Xerius... ‫؟‬Lo sientes, mi querido hijo divino?». Era tan hermosa entonces. Se hab‫ي‬a corrido por primera vez gracias a su mano, y ella hab‫ي‬a tomado su semen y se lo hab‫ي‬a dado a probar. «El futuro --le hab‫ي‬a dicho-- sabe a sal... Y hiere, Xerius, mi querido hijo. --Esa c‫ل‬lida risa que envolv‫ي‬a el fr‫ي‬o m‫ل‬rmol de comodidad--. Prueba cَmo hiere...» --‫؟‬Lo ves? --estaba diciendo Istriya--. ‫؟‬Ves cَmo le preocupa? Eso es lo que Skauras espera. Conphas hab‫ي‬a estado observ‫ل‬ndole detenidamente. --No soy idiota, abuela. Y ningْn infiel podr‫ي‬a tomarme por tal, especialmente Skauras. En cualquier caso, te pido disculpas, t‫ي‬o. Deber‫ي‬a habértelo dicho antes. Xerius los observَ a los dos con la mirada en blanco. Fuera, el sol era fiero y brillaba tanto que filtraba los motivos bordados en el toldo rojo al interior: animales entrelazados en c‫ي‬rculos alrededor del sello del Sol Negro de Nansur. En todas partes --en la sanguinolenta sombra del toldo, en los muebles, el suelo y las extremidades--, el Sol Negro del Imperio estaba rodeado de bestias incestuosas. «Mil soles --pensَ, sintiéndose en calma--. En todas las viejas provincias, ،mil soles! Nuestros antiguos bastiones ser‫ل‬n recuperados. ،El Imperio ser‫ ل‬restaurado!» --Serénate, hijo --estaba diciendo Istriya--. Sé que no eres tan idiota como para sugerir que Calmemunis y los otros marchen contra los kianene, o que sacrificar a todos los Hombres del Colmillo reunidos hasta ahora sea el «gesto» al que se refiere mi nieto. Eso ser‫ي‬a una locura, y el Emperador de Nansur no est‫ ل‬loco. ‫؟‬Verdad, Xerius? Durante ese rato, los gritos que hab‫ي‬an o‫ي‬do antes se hab‫ي‬an ido acercando. Xerius se puso en pie y se dirigiَ hacia el pasamanos de estribor. Apoy‫ل‬ndose, vio cَmo el primero de los remolcadores de las barcazas se deslizaba procedente de las distantes riberas. Mirَ de soslayo a los remeros, como la espina dorsal de un ciempiés. Sus espaldas refulg‫ي‬an bajo el sol. «Pronto...» Se girَ hacia su madre y su sobrino, y después mirَ de soslayo a

Skeaos, que permanec‫ي‬a inexpresivo, al modo de los intrusos accidentales. --El Imperio quiere lo que ha perdido --dijo Xerius--. Nada m‫ل‬s. Y sacrificar‫ ل‬cualquier cosa, hasta una Guerra Santa, para obtener lo que quiere. --،Era tan f‫ل‬cil decirlo! Esas palabras eran el mundo en pequeٌo. --،Est‫ل‬s loco! --gritَ Istriya--. ‫؟‬As‫ ي‬que mandar‫ل‬s a esos primeros extranjeros a la muerte y mermar‫ل‬s la Guerra Santa a la mitad simplemente para mostrar al tres veces maldito Skauras que no eres un lun‫ل‬tico religioso? Despilfarras tu fortuna, Xerius, y ،tientas la infinita ira de los Dioses! Su violencia le sorprendiَ. Pero poco importaba para sus planes lo que ella pensara. Era a Conphas a quien necesitaba... Xerius le observaba. Después de un momento de reconcentrada deliberaciَn, Conphas asintiَ lentamente. --Ya veo... --dijo. --‫؟‬Ves algْn sentido en esto? --siseَ Istriya. Conphas lanzَ a Xerius una mirada valorativa. --Piensa, abuela. Llegar‫ل‬n muchos m‫ل‬s hombres que los que se han reunido hasta ahora, verdaderos Grandes Nombres, como Saubon, Proyas, ،incluso Chepheramunni, Rey-Regente del Alto Ainon! Pero lo que es m‫ل‬s importante es que parece que las masas de plebeyos han sido las primeras en responder a la llamada de Maithanet, esos iletrados, movidos por el sentimiento m‫ل‬s que por el sobrio esp‫ي‬ritu de la guerra. Perder a esa chusma ser‫ي‬a una ventaja en innumerables sentidos: menos bocas que alimentar, un ejército m‫ل‬s cohesionado en el campo de batalla... --Se detuvo y mirَ a Xerius con lo que sَlo podr‫ي‬a describirse como asombro en los ojos, o algo parecido a eso--. Y eso enseٌar‫ي‬a al Shriah y a los que le siguen a temer a los fanim. Su dependencia de nosotros, de los que ya respetamos a los infieles, crecer‫ ل‬en la misma medida que su miedo. --،Es una locura! --espetَ Istriya, impertérrita ante la defecciَn de su nieto--. ‫؟‬Qué? Entonces, ‫؟‬guerreamos contra los kianene bajo las condiciones de un tratado secreto? ‫؟‬Por qué deber‫ي‬amos darles algo ahora, cuando nosotros estamos al fin en una posiciَn a la que aferramos? ،Romperle la espalda a un odiado enemigo! ‫؟‬Y vosotros parlamentar‫ي‬ais con ellos? ‫؟‬Dir‫ي‬ais: «Cortaré esta extremidad y aquella de all‫ي‬, pero no ésta»? ،Es una locura! --Pero ‫؟‬estamos nosotros en esa posiciَn, abuela? --replicَ Conphas; la deferencia filial estaba entonces ausente de su tono--.

،Piensa! ‫؟‬Quiénes somos nosotros? Ciertamente, no los Ikurei. Nosotros significa los Mil Templos. Maithanet es quien tiene cogido ese martillo, ‫؟‬o acaso lo has olvidado?, mientras que nosotros solamente tratamos de hacernos con los pedazos resultantes. ،Maithanet nos arruina, abuela! Hasta el momento ha hecho cuanto ha podido para castrarnos. Esa es la razَn por la que ha invitado a los Chapiteles Escarlatas, ‫؟‬no es as‫ ?ي‬Para evitar pagar el precio que nosotros exigimos por el Saik Imperial. --Ahَrrame tus explicaciones de cuento de hadas, Conphas. Todav‫ي‬ a no soy una vieja tan estْpida. --Se girَ hacia Xerius y le dedicَ una mirada feroz. Su diversiَn debiَ parecerle evidente--. As‫ ي‬que Calmemunis, Tharschilka e incontables miles de otros son destruidos. La horda ha sido sacrificada. Y entonces, ‫؟‬qué, Xerius? Xerius no pudo evitar sonre‫ي‬r. ،Qué plan! ،Hasta el gran Ikurei Conphas estaba sobrecogido! Y Maithanet... El pensamiento le dio ganas de ponerse a re‫ي‬r como un poseso. --Entonces, ‫؟‬qué? Nuestro Shriah aprende lo que es el miedo. El respeto. Todos sus aspavientos, todos sus sacrificios, himnos y adulaciones no habr‫ل‬n servido de nada. Como has dicho antes, madre, no se puede sobornar a los Dioses. --Pero a ti s‫ي‬. Xerius se riَ. --Por supuesto que a m‫ ي‬s‫ي‬. Si Maithanet ordena a los Grandes Nombres que firmen el Solemne Contrato, que prometan la devoluciَn de las viejas provincias al Imperio, entonces le daré --se girَ hacia su sobrino e inclinَ la cabeza-- el Leَn de Kiyuth. --،Espléndido! --gritَ Conphas--. ‫؟‬Cَmo no lo hab‫ي‬a visto antes? Azotarles con una mano para acariciarlos con la otra. ،Genial, t‫ي‬o! La Guerra Santa ser‫ ل‬nuestra. ،El Imperio ser‫ ل‬restaurado! Le Emperatriz mirَ a su progenie con recelo. --‫؟‬Qué dices, madre? Pero la mirada de Istriya se hab‫ي‬a posado en el Primer Consejero. --Te has mantenido en un absoluto silencio, Skeaos. --No es éste el lugar adecuado para que yo hable, Emperatriz. --‫؟‬No? Pero ‫؟‬este demente plan es tuyo, no es as‫?ي‬ --Es m‫ي‬o, madre --le espetَ Xerius, irritado por su suposiciَn--. El pobre lleva semanas tratando de sac‫ل‬rmelo de la cabeza. --Ya mientras dec‫ي‬a las palabras sab‫ي‬a que estaba cometiendo un error. --‫؟‬Es as‫ي? ؟‬Y por qué, Skeaos? Pese a lo mucho que te desprecio a ti y a la desorbitada influencia que ejerces sobre mi hijo, siempre me

ha parecido que tus ideas son sَlidas. ‫؟‬Qué opiniones puedes compartir con nosotros? Skeaos la mirَ con una expresiَn de impotencia y no dijo nada. --‫؟‬Temes por tu vida, Skeaos? --dijo Istriya, gentilmente--. Haces bien... La justicia de mi hijo es severa y carece totalmente de coherencia. Pero yo no tengo miedo, Skeaos. Las ancianas est‫ل‬n m‫ل‬s resignadas ante la muerte que los ancianos. Al traer la vida al mundo, acabamos viéndonos a nosotras mismas como deudoras. Lo que se da se quita --apuntَ, y se girَ hacia su hijo, con los labios fruncidos en una sonrisa depredadora--, lo cual me lleva a lo que quer‫ي‬a decir: a juzgar por lo que Conphas dice, Xerius, das poco o m‫ل‬s bien nada a los fanim entreg‫ل‬ndoles la primera mitad de la Guerra Santa. Xerius reprimiَ su furia. --No me cabe duda de que cientos de miles de vidas es m‫ل‬s que poco, madre --respondiَ. --،Ah!, pero yo hablo en términos pr‫ل‬cticos, Xerius. Conphas dice que esos hombres son escoria, m‫ل‬s un impedimento que una ventaja. Como Skauras también debe saberlo, te pregunto, mi querido hijo: ‫؟‬qué ha exigido a cambio? Ya sé qué recibes, as‫ ي‬que, dime, ‫؟‬qué has dado? Xerius la observَ, pensativo. Le vino a la memoria su encuentro con el cishaurim, Mallahet, y sus cr‫ي‬pticas negociaciones con Skauras. ،Qué fr‫ي‬a le parec‫ي‬a entonces aquella noche de verano! Fr‫ي‬a e infernal... «El Imperio ser‫ ل‬restaurado..., cueste lo que cueste.» --Perm‫ي‬teme --prosiguiَ Istriya-- que simplifique, ‫؟‬de acuerdo? Dime cu‫ل‬les son los riesgos. Dime dَnde la segunda mitad de la Guerra Santa, laْ til, necesariamente se tambalea. Xerius engarzَ su mirada con la de Conphas. Vio la odiada y consciente sonrisa que no estaba en su cara, pero encontrَ en ella un asentimiento, loْ nico que necesitaba. ‫؟‬Qué era Shimeh comparada con el Imperio? ‫؟‬Qué era la fe comparada con el poder imperial? Conphas se hab‫ي‬a puesto del lado del Imperio, de su lado. De repente, el aire le pareciَ cargado del almizcle de la humillaciَn de su madre. Se regocijَ en él. --Esto es la guerra, madre. Como en el juego de las fichas numeradas, ‫؟‬quién puede decir qué triunfos o cat‫ل‬strofes nos depara el futuro? La Emperatriz le observَ durante un largo rato con el rostro desconcertantemente imperturbable bajo su piel de cosméticos. --Shimeh --dijo finalmente con una voz mortecina--; la Guerra

Santa perecer‫ ل‬ante Shimeh. Xerius sonriَ; después, se encogiَ de hombros. Se girَ hacia el r‫ي‬o. En ese momento, los gritos de los remeros estriaban el cielo y la primera de las barcazas pasaba ante ellos. Arrastrando largas cuerdas de cٌ‫ل‬ amo, remolcaba una inmensa gabarra de madera, tan grande que parec ‫ي‬a doblar la reluciente espalda negra del r‫ي‬o. Vio el monumento negro sujetado con vigas, tan largo como altas eran las puertas de Momemn: un gran obelisco para el templo-complejo de Cmiral en Momemn. Mientras pasaba ante él, sintiَ la calidez erَtica del basalto bajo el sol, que irradiaba desde los grandes planos y el inmenso perfil de su cara, el temible semblante de Ikurei Xerius III, en el pin‫ل‬culo. Sintiَ que el corazَn se le desbordaba y l‫ل‬grimas imperiales le cayeron por las mejillas. Le pareciَ ver cَmo levantaban el monumento en el centro de Cmiral, entre miles de ojos maravillados; su rostro imperial mostrado para siempre al blanco sol. Un santuario. Sus pensamientos dieron un salto: «Seré inmortal...». Regresَ a su sof‫ ل‬y se recostَ para saborear deliberadamente las llamaradas de esperanza y orgullo. ،Oh, dulce, divina vanidad! --Como un inmenso sarcَfago --dijo su madre, siempre el ‫ل‬spid de la verdad.

____ 8 ____ Momemn «Los reyes nunca mienten. Exigen al mundo que esté equivocado.» Proverbio conriyano «Cuando realmente aprehendemos a los Dioses, dice el sabio Nilnameshi, los reconocemos no como dioses sino como ladrones. Esto es una de las blasfemias m‫ل‬s sensatas, puesto que siempre vemos al rey que nos engaٌa, pero nunca al ladrَn.» Olekaros, Confesiones

Otoٌo, aٌo del Colmillo 4110, norte de la estepa de Jiunati Yursalka, de los utemot, se despertَ dando un respingo. Un ruido de alguna clase...

El fuego estaba apagado. Todo era negrura. La lluvia repiqueteaba contra los muros invisibles de su yaksh. Una de sus esposas gimiَ y tirَ de las s‫ل‬banas. Entonces, lo volviَ a o‫ي‬r. Un golpecito contra la entrada oculta. --‫؟‬Ogatha? --susurrَ con voz ronca. Uno de sus hijos menores se hab‫ي‬a marchado con toda tranquilidad la tarde anterior, pero no hab‫ي‬a regresado. Hab‫ي‬an dado por hecho que el chico hab‫ي‬a sido sorprendido por la lluvia, que volver‫ي‬ a cuando cesara. Ogatha lo hab‫ي‬a hecho anteriormente. En cualquier caso, Yursalka estaba asustado. Siempre por ah‫ي‬, ese chico. --‫؟‬Oggie? Nada. Otro golpecito. M‫ل‬s curioso que alarmado, sacَ las piernas de debajo de las s‫ل‬ banas y se arrastrَ desnudo hasta su sable. Estaba seguro de que se trataba de Oggie jugando, pero eran tiempos dif‫ي‬ciles para los utemot. Uno nunca sab‫ي‬a. Vio el parpadeo de un rayo a través de una juntura del techo cَnico. Por un instante, el agua que goteaba le pareciَ azogue. El trueno subsiguiente le dejَ los o‫ي‬dos zumbando. Después otro golpecito. Se puso tenso. Con cuidado, avanz َentre sus esposas y sus hijos y se detuvo ante la entrada del yaksh. El niٌo era travieso, razَn por la cual Yursalka lo adoraba tanto, pero tirar piedras contra el yaksh de su padre en mitad de la noche‫ ؟‬...Era eso una travesura? ‫؟‬O malicia? Cerrَ la mano alrededor de la empuٌadura de la espada. Temblَ. Fuera, ca‫ي‬a una gélida lluvia otoٌal. M‫ل‬s rayos silenciosos, seguidos de truenos que martilleaban el aire. Desatَ la portezuela; después, lentamente, la apartَ a un lado con el sable. No ve‫ي‬a nada. El sonido pastoso de la lluvia en el fango y los charcos lo inundaba todo. El rugido le recordَ a Kiyuth. Se agachَ bajo la cortina de lluvia, apretando los dientes para que no le castaٌetearan. Los dedos de sus pies se cerraron sobre una de las piedras que hab‫ي‬a entre el fango. Se arrodillَ, la cogiَ, pero apenas ve‫ي‬a nada. Se dio cuenta de que no era una piedra, sino un trozo de cecina, quiz‫ ل‬incluso un pedazo de esp‫ل‬rrago silvestre. De nuevo, el parpadeo de un rayo. Por un instante, loْ nico que pudo hacer fue protegerse de la luz. Lo

comprendiَ con el temblor del trueno. Un trozo del dedo de un niٌo... Lo que ten‫ي‬a en la mano era el dedo de un niٌo. «‫؟‬Oggie?» Maldiciendo, tirَ el dedo y escudriٌَ frenéticamente la oscuridad que lo rodeaba. Ira, pena y terror fueron superados por la incredulidad. «Esto no est‫ ل‬sucediendo.» Una blancura incandescente partiَ el cielo, y por un instante, vio todo el mundo: el horizonte desolado, la extensiَn de los pastos distantes, los yaksh circundantes de sus parientes, y la larga figura detenida a no m‫ل‬s de diez metros de distancia, observando... --Asesino --dijo Yursalka como aturdido--. ،Asesino! Oyَ pasos chapoteando sobre el barro. --Encontré a tu hijo caminando por la estepa --dijo la odiada voz--, as‫ ي‬que te lo he tra‫ي‬do. Algo, una col, le impactَ en el pecho. Un miedo desacostumbrado se apoderَ de él. t-tan aliviado. ،Todos estamos --E-est‫ل‬s vivo --farfull .--Estoy َ m-muy aliviados! M‫ل‬s rayos, y Yursalka le vio, como un inmenso espectro, tan salvaje y elemental como el trueno y la lluvia. --Algunas cosas rotas --dijo la voz crispada desde la oscuridad-nunca pueden arreglarse. Yursalka aullَ y saliَ corriendo hacia adelante, a la vez que bland‫ي‬a el sable dibujando un gran arco. Pero unas extremidades de hierro le cogieron en la oscuridad. Algo explotَ en su cara. La espada se deslizَ de sus dedos insensibles. Una mano lo estrangulَ, y golpeَ un antebrazo hecho de piedra. Sintiَ que los dedos de sus pies hac‫ي‬an surcos en el barro. Tuvo arcadas. Notَ algo afilado formando un arco en su ingle. Sinti َ una corriente hْmeda en la entrepierna, la extraٌa sensaciَn de que le estaban vaciando. Resbalَ, se golpeَ contra el fango y se retorciَ sobre sus entraٌas. «Estoy muerto.» Un breve revoloteo de luz blanca, y Yursalka le vio acuclill‫ل‬ndose junto a él; vio unos ojos perturbados y una sonrisa famélica. Después, todo se tornَ negro. --‫؟‬Quién soy? --preguntَ la oscuridad. --Cna..., Cnaiur --dijo entre jadeos--. Hombre-asesino... El m-m‫ل‬s violento de los hombres... Recibiَ una bofetada con la mano abierta, como si fuera un esclavo.

--No. Soy tu final. Ante tus ojos, pasaré a tu descendencia por el cuchillo. Descuartizaré tu cad‫ل‬ver y se lo daré de comer a los perros. Tus huesos los reduciré a polvo y los lanzaré al viento. Liquidaré a los que digan tu nombre o el nombre de tus padres, hasta que Yursalka se convierta en una palabra tan carente de sentido como el balbuceo de un bebé. ،Te haré desaparecer, borraré todo rastro de ti! El camino de tu vida ha llegado hasta m‫ ي‬y no sigue m‫ل‬s adelante. ،Soy tu final, tu completa desapariciَn! Entonces, una luz de antorcha y una conmociَn inundaron la oscuridad. ،Hab‫ي‬an o‫ي‬do sus gritos! Vio pies descalzos y calzados pisar el barro, oyَ a hombres maldecir y gruٌir. Observَ cَmo su hermano menor daba vueltas con el pecho descubierto sobre el fango; vio a suْ ltimo primo vivo caer de rodillas, y después dar tumbos como un borracho en un charco. --،Soy tu caudillo! --bramَ Cnaiur--. ،Desaf‫ي‬ame o sé testigo de mi justicia! ،De todos modos, se har ‫ل‬justicia! Sorprendentemente insensible, Yursalka girَ la cabeza sobre el barro y vio a m‫ل‬s y m‫ل‬s utemot reuniéndose a su alrededor. Las antorchas chisporroteaban y siseaban bajo la lluvia, y su luz naranja se te‫ٌي‬a de blanco por las ocasionales r‫ل‬fagas de rayos. Vio a una de sus esposas, envuelta solamente por la piel de oso que su padre le hab‫ي‬a regalado, observando, horrorizada, el lugar en el que yac‫ي‬a. Caminَ dando tumbos hacia él, con el rostro ausente. Cnaiur la golpeَ con la fuerza con que se golpea a un hombre. Se le deslizَ la piel y cayَ inerte y desnuda a los pies de su caudillo. Parec‫ي‬a tan fr‫ي‬a. --،Este hombre --rugiَ Cnaiur-- ha traicionado a sus parientes en el campo de batalla! --،Para liberarnos! --consiguiَ gritar Yursalka--. ،Para liberar a los utemot de tu yugo, de tu depravaciَn! --،Habéis o‫ي‬do su confesiَn! ،Su vida y la vida de todas sus pertenencias quedan confiscadas! --No... --Yursalka tosiَ, pero la insensibilidad le estaba reclamando. ‫؟‬Qué hab‫ي‬a de justicia en eso? Hab‫ي‬a traicionado a su caudillo, s ,‫ي‬pero por honor. Cnaiur hab‫ي‬a traicionado a su caudillo, su padre, ،por el amor de otro hombre! ،Por un extranjero que pod‫ي‬a decir palabras mortales‫! ؟‬Dَnde estaba la justicia en eso? Cnaiur extendiَ los brazos como si fuera a forcejear con el cielo tormentoso. --Soy Cnaiur urs Skiotha, el-que-destroza-caballos-y-hombres, caudillo de los utemot, ،y he regresado de entre los muertos! ‫؟‬Quién osa

disputarme mi juicio? La lluvia siguiَ cayendo. Con la salvedad de algunas miradas de terror y sobrecogimiento, nadie osaba enfrentarse a aquel hombre loco. Entonces, una mujer, la mestiza norsirai que Cnaiur hab‫ي‬a tomado por esposa, irrumpiَ de entre el resto y se arrojَ a sus brazos, llorando descontroladamente. Le golpeَ con poca fuerza el pecho, gimiendo algo incomprensible. Por un momento, Cnaiur la abrazَ con fuerza, después la apartَ. --Soy yo, Anissi --dijo él con una ternura avergonzada--. Estoy entero. Entonces, se apartَ de ella para mirar a Yursalka, un demonio a la luz de las antorchas, una apariciَn iluminada por el rayo. Las esposas y los hijos de Yursalka se hab‫ي‬an reunido a su alrededor, llorando. Yursalka sintiَ blandos muslos bajo su cabeza y el revoloteo de c‫ل‬lidas manos sobre la cara y el pecho. Pero sَlo pod‫ي‬a mirar la figura voraz de su caudillo. Observَ cَmo cog‫ي‬a a su hija m‫ل‬s joven por el pelo y sofocaba su grito con el hierro afilado. Durante un espeluznante momento, se quedَ prendida en su hoja, y Cnaiur la agitَ como una muٌeca ensartada. Las esposas de Yursalka gritaban y se encog‫ي‬an de miedo. Alz‫ل‬ndose sobre ellas, el caudillo de los utemot agitَ su espada una y otra vez, hasta que todas dieron tumbos y se estremecieron en el barro. Sَlo quedaba Omiri, la hija coja de Xunnurit, con la que Yursalka se hab‫ي‬a casado la primavera anterior, que lloraba y se agarraba a su marido. Cnaiur la cogiَ con la mano que ten‫ي‬a libre y la levantَ por la nuca. Su boca se mov‫ي‬a como la de un pez para formar un grito silencioso. --‫؟‬Es éste el coٌo malnacido de Xunnurit? --gruٌَ. --S‫ ي‬--dijo Yursalka entre jadeos. Cnaiur la arrojَ como un trapo al fango. --Vive para ver nuestra diversiَn. Después, sufrir‫ ل‬los pecados de su padre. Rodeado de sus familiares muertos o moribundos, Yursalka observ َ cَmo Cnaiur se enrollaba sus intestinos, como si fueran una cuerda, alrededor del brazo cubierto de cicatrices. Vislumbrَ los ojos insensibles de los miembros de su tribu, sabedor de que no har‫ي‬an nada. No porque temieran a su demente caudillo, sino porque era como ten‫ي‬a que ser.

Finales de otoٌo, aٌo del Colmillo 4111, Momemn Desde la declaraciَn de la Guerra Santa un aٌo y medio antes, incalculables miles de hombres se hab‫ي‬an reunido alrededor de las murallas de Momemn. Entre los bien situados en el interior de los Mil Templos, hab‫ي‬a rumores de la consternaciَn del Shriah, que segْn se dec‫ي‬a, no hab‫ي‬a previsto una respuesta tan abrumadora a su llamamiento. En particular, no hab‫ي‬a pensado que tantos hombres y mujeres de las castas inferiores hicieran suya la causa del Colmillo. Eran habituales los rumores de hombres libres que vend‫ي‬an a sus mujeres como esclavas para comprar un pasaje a Momemn. Se comentaba que un cortador viudo de la ciudad de Meigeiri hab‫ي‬a llegado a ahogar a sus dos hijos para no venderlos a los traficantes de esclavos. Cuando lo arrastraron ante el magistrado eclesi‫ل‬stico local, supuestamente afirmَ que los hab‫ي‬a «mandado por adelantado» a Shimeh. Historias semejantes empaٌaban todos los informes enviados a Sumna, tanto que se convirtieron m‫ل‬s en un motivo de asco que de alarma en el aparato del Shriah. Lo que les inquietaba eran las anécdotas, infrecuentes al principio, de atrocidades cometidas por o contra los Hombres del Colmillo. Junto a la costa de Conriya, una peque ٌa borrasca hab‫ي‬a matado a m‫ل‬s de novecientos peregrinos de las castas inferiores, a los que se hab‫ي‬an prometido pasajes en barcos no aptos para la navegaciَn. Al norte, una cohorte de filibusteros galeoth que hac‫ي‬an ostentaciَn del Colmillo hab‫ي‬a destruido no menos de diecisiete aldeas a lo largo de su marcha hacia el sur. No dejaron ningْn testigo, y sَlo fueron descubiertos cuando trataron de vender los efectos personales de Arnyalsa, un afamado sacerdote misionero, en un mercado de Sumna. Siguiendoَ rdenes de Maithanet, un grupo de Caballeros Shriah hab‫ي‬a rodeado el campamento y los hab‫ي‬a matado a todos. También estaba la historia de Nrezza Basirullas, el Rey de Cironj y quiz‫ ل‬el hombre m‫ل‬s rico de los Tres Mares. Cuando varios miles de tydonnios que hab‫ي‬an contratado sus barcos no le pagaron lo acordado, los mandَ a la isla de Pharixas, un viejo bastiَn pirata del Rey Rauschang de Thunyerus, y les exigiَ que tomaran por asalto la isla a modo de pago. Y as‫ ي‬lo hicieron, y con desenfreno. Murieron miles de inocentes, inocentes inrithi. Se dec‫ي‬a que Maithanet hab‫ي‬a llorado al recibir esas noticias. Inmediatamente puso la Casa Nrezza bajo la censura Shriah, que

anulaba todas las obligaciones, comerciales y de otra naturaleza, con Barisullas, sus hijos y sus representantes. La censura fue r‫ل‬pidamente revocada, con todo, cuando quedَ claro que sin los barcos cironji la Guerra Santa tardar‫ي‬a muchos meses m‫ل‬s en organizarse. Antes de que se pusiera punto final al fiasco, Barisullas incluso obtuvo reparaciones en forma de concesiones comerciales Shriah por parte de los Mil Templos. Se rumoreaba que el Emperador de Nansur mandَ sus felicitaciones personales al astuto Rey cironji. Pero ninguno de esos incidentes ocasionَ nada parecido al revuelo provocado por la marcha de lo que acab َsiendo llamado la Guerra Santa Vulgar. Cuando la noticia de que los primeros Grandes Nombres en llegar hab‫ي‬an capitulado ante Ikurei Xerius III y hab‫ي‬an firmado el Solemne Contrato fue conocida en Sumna, se produjo una gran preocupaciَn por la posibilidad de que sucediera algo que hubiera que lamentar. Pero sin la ayuda de los hechiceros, las sْplicas de Maithanet --que ensalzaban las virtudes de la paciencia y alud‫ي‬an funestamente a las consecuencias de un desaf‫ي‬o-- no llegaron a Momemn hasta d‫ي‬as después de la partida de Calmemunis, Tharschilka, Kumrezzer y la inmensa multitud que los segu‫ي‬a. Maithanet estaba molesto. En los puertos de todos los Tres Mares, los grandes contingentes patrocinados por el Estado estaban finalmente prepar‫ل‬ndose para embarcar. Gothyelk, el Conde de Agansanor, ya hab ‫ي‬a zarpado con cientos de siervos tydonnios y sus cortes, m‫ل‬s de cincuenta mil hombres entrenados y disciplinados. La formaciَn de la Guerra Santa, segْn calculaban los consejeros del Shriah, estar‫ي‬a lista en el plazo de unos pocos meses. En total, los Hombres del Colmillo ten ‫ي‬an que ser m‫ل‬s de trescientos mil, suficientes para asegurarse la completa destrucciَn de los infieles. La prematura marcha de los que ya se hab‫ي‬an reunido all‫ ي‬supuso un desastre sin paliativos, aunque la mayor parte de ellos fueran chusma. Se despacharon mensajes frenéticamente, implorando a los seٌores que esperaran a los dem‫ل‬s, pero Calmemunis, en particular, era un hombre testarudo. Cuando Gotian, el Gran Maestro de los Caballeros Shriah, le interceptَ con el llamamiento de Maithanet, el Palatino de Kanampurea, al parecer, dijo: «Es muy triste ver que el propio Shriah duda». La confusiَn y la tragedia, en lugar de la fanfarria, hab‫ي‬an caracterizado la partida de la Guerra Santa Vulgar de Momemn. Como s َlo una minor‫ي‬a de los all‫ ي‬reunidos estaban relacionados con alguno de los Grandes Nombres, las huestes no ten‫ي‬an un l‫ي‬der claro; en

realidad, carec‫ي‬an de toda organizaciَn. En consecuencia, se produjeron varios disturbios cuando la soldadesca nansur empezَ a distribuir los suministros, y entre cuatrocientos y quinientos de los fieles fueron asesinados. Calmemunis, dicho sea en su honor, actuَ r‫ل‬pidamente, y con la ayuda de los galeoth de Tharschilka, sus conriyanos pudieron imponer orden a las masas. Las provisiones del Emperador fueron distribuidas con un m‫ي‬nimo de justicia. Las disputas que pervivieron se arreglaron mediante la espada, y la Guerra Santa Vulgar estuvo lista para marchar. Los ciudadanos de Momemn llenaron las murallas de la ciudad para ver la partida de los Hombres del Colmillo. Muchos abuchearon a los peregrinos, que hac‫ي‬a mucho tiempo que se hab‫ي‬an ganado el desprecio de sus anfitriones. La mayor‫ي‬a, sin embargo, permaneciَ en silencio, observando cَmo los infinitos campos de humanidad marchaban penosamente hacia el horizonte meridional. Vieron innumerables carros atestados con posesiones; las mujeres y los niٌos caminando con la mirada apagada a través del polvo; los perros haciendo cabriolas alrededor de innumerables pies, e infinitos miles de pobres hombres de las castas inferiores, con el rostro endurecido, pero llevando sَlo martillos, piquetas o azadas. El propio Emperador observَ el espect‫ل‬culo desde las cumbres lacadas de las puertas del flanco sur. Segْn se rumoreaba, se le oyَ decir que la visiَn de tantos ermitaٌos, pedigüeٌos y prostitutas le dio ganas de vomitar, pero que ya le hab‫ي‬a dado a la vulgar plebe su cena. A pesar de que las huestes no pod‫ي‬an recorrer m‫ل‬s de diez millas al d‫ي‬a, los Grandes Nombres estaban, por lo general, satisfechos de su avance. A juzgar por las cifras, la Guerra Santa Vulgar cre e َ l caos a lo largo de la costa. Esclavos rurales ve‫ي‬an a hombres extraٌos desfilando a través de los campos, un puٌado de hombres inofensivos que pronto ser‫ي‬an seguidos por miles. Cultivos enteros fueron pisoteados; huertos y arboledas arrasados. Pero con la comida del Emperador en el estَ mago, los Hombres del Colmillo fueron todo lo disciplinados que cab‫ي‬a esperar. Los incidentes de violaciones y robos fueron tan infrecuentes que los Grandes Nombres pudieron impartir justicia, y lo que es m‫ل‬s importante, pudieron seguir simulando que lideraban un ejército. Cuando cruzaron la frontera y se adentraron en la provincia de Anserca, sin embargo, los peregrinos se hab‫ي‬an convertido plenamente en bandidos. Compa‫ٌي‬as de fan‫ل‬ticos recorrieron el campo ansercano; en gran medida, limitaron sus estragos a las cosechas y el ganado, pero a veces recurrieron a los saqueos y las matanzas. La ciudad de

Nabathra, famosa por sus mercados de lana, fue saqueada. Cuando unidades nansur bajo el mando del general Martemus, que hab‫ي‬a recibido la orden de seguir de cerca a la Guerra Santa Vulgar, trataron de contener a los Hombres del Colmillo, estallaron muchos campos de batalla. Al principio pareciَ que el general, pese a que sَlo ten‫ي‬a dos columnas a su disposiciَn, podr‫ي‬a controlar la situaciَn. Pero el peso de las cifras y la ferocidad de los galeoth de Tharschilka le obligaron a retirarse al norte y, enْ ltima instancia, a guarecerse tras las murallas de Gielgath. Calmemunis hizo pْblica una declaraciَn en la que culpaba al Emperador; aseguraba que Xerius III hab‫ي‬a emitido un edicto mediante el que negaba provisiones a los Hombres del Colmillo, en directa contradicciَn con sus anteriores promesas. En realidad, sin embargo, los edictos hab‫ي‬an sido emitidos por Maithanet, que hab‫ي‬a esperado que su acciَn detuviera la marcha de las huestes hacia el sur y le diera el tiempo suficiente para convencerlas de que regresaran a Momemn. Con los Hombres del Colmillo ralentizados por la necesidad de forraje, Maithanet lanzَ m‫ل‬s edictos: uno rescind‫ي‬a la remisiَn Shriah anteriormente extendida a todos los que se hab‫ي‬an unido a la causa del Colmillo; otro, castigaba a Calmemunis, Tharschilka y Kumrezzer con la censura Shriah; y un tercero amenazaba a todos los que segu‫ي‬an a esos Grandes Nombres con lo mismo. Estas noticias, sumadas a la reacciَn contra el derramamiento de sangre de los d‫ي‬as anteriores, detuvieron la Guerra Santa Vulgar. Durante un tiempo, hasta Tharschilka flaqueَ en su intento, y pareci َ cierto que el grueso de la Guerra Santa Vulgar regresar‫ي‬a a Momemn. Pero entonces Calmemunis recibiَ la noticia de que un convoy de provisiones imperiales, al parecer con destino a la fortaleza fronteriza de Asgilioch, hab‫ي‬a ca‫ي‬do milagrosamente en manos de su pueblo. Convencido de que era una seٌal de Dios, reuniَ a los seٌores y a los l‫ي‬ deres espont‫ل‬neos de la Guerra Santa Vulgar y les dirigiَ palabras incendiarias. Les pidiَ que se detuvieran y que juzgaran por s‫ ي‬mismos la rectitud de su empeٌo. Les recordَ que el Shriah era un hombre, y que como todos los hombres comet‫ي‬a errores de juicio de vez en cuando. --El ardor ha desaparecido del corazَn de nuestro bendito Shriah --dijo--. Ha olvidado la sagrada gloria de lo que estamos haciendo. ،Pero tened en cuenta, hermanos, que cuando asaltemos las puertas de Shimeh, cuando entreguemos la cabeza del Padirajah en un saco, él se acordar‫ ل‬de ella! ،Nos halagar‫ ل‬por haber mantenido nuestra resoluciَn cuando su corazَn dudَ!

Pese a que varios miles desertaron y, enْ ltima instancia, regresaron a la capital imperial, la mayor parte de la Guerra Santa Vulgar siguiَ adelante, entonces del todo inmune a las exhortaciones del Shriah. Grupos de forajidos se dispersaron por la provincia, mientras que el cuerpo principal siguiَ hacia el sur, fragment‫ل‬ndose todav‫ي‬a m‫ل‬s. Las casas de campo de las castas nobles fueron saqueadas. Numerosas aldeas fueron pasadas a fuego; los hombres masacrados, las mujeres violadas. Las ciudades amuralladas que se negaban a abrir sus puertas fueron asaltadas. Finalmente, los Hombres del Colmillo se encontraron al pie de las montaٌas Uٌaras, que durante mucho tiempo hab‫ي‬an sido el baluarte de las ciudades de la llanura Kyranae. De algْn modo, lograron recuperarse y reorganizarse al pie de las murallas de Asgilioch, la antigua fortaleza kyraneana que los nansur llamaban Los Rompedores por haber detenido tres invasiones fanim anteriores. Durante dos d‫ي‬as, las puertas de la fortaleza permanecieron cerradas ante ellos. Entonces, Prophilas, el comandante de la guarniciَn imperial, cursَ una invitaciَn a cenar a los Grandes Nombres y otros nobles. Calmemunis exigiَ rehenes, y cuando los recibiَ, aceptَ la invitaciَ n. Con Tharschilka, Kumrezzer y varios miembros de la pequeٌa nobleza, entrَ a Asgilioch y fue hecho prisionero inmediatamente. Prophilas hizo pْblica una orden del Shriah y les informَ respetuosamente de que ser‫ي‬an retenidos de forma indefinida a menos que ordenaran a la Guerra Santa Vulgar que se disolviera y regresara a Momemn. Como se negaron, tratَ de razonar con ellos, y les asegurَ que no ten‫ي‬an ninguna esperanza de imponerse a los kianene, que eran tan astutos y despiadados como los scylvendios en el campo de batalla. --Aunque dirigierais un verdadero ejército --les dijo--, no apostar‫ي‬a por vosotros. Al parecer, lider‫ل‬is una migraciَn de mujeres, niٌos y esclavos. Os lo ruego, ،ceded! Calmemunis, sin embargo, respondiَ con carcajadas. Reconociَ que, mْsculo por mْsculo, arma por arma, no era probable que la Guerra Santa Vulgar pudiera enfrentarse en igualdad de condiciones con el ejército del Padirajah. Pero afirmَ que eso no ten‫ي‬a la menor importancia, porque el ‫ع‬ltimo Profeta hab‫ي‬a mostrado que la fragilidad, cuando estaba investida de razَn, era invencible. --Hemos dejado Sumna y el Shriah atr‫ل‬s --dijo--. A cada paso que damos estamos m‫ل‬s cerca de la sagrada Shimeh. ،A cada paso que damos estamos m‫ل‬s cerca del para‫ي‬so! Procede con cautela, Prophilas, pues Inri Sejenus dice: «،Desgracia para aquel que obstruya

el Camino!». Prophilas liberَ a Calmemunis y los dem‫ل‬s Grandes Nombres antes de la puesta de sol. Al d‫ي‬a siguiente, miles y miles de personas se congregaron en el valle que hab‫ي‬a al pie de las torres de Asgilioch. Una suave lluvia cayَ sobre ellos. Se encendieron cientos de hogueras para el sacrificio; los cad‫ل‬veres de las v‫ي‬ctimas fueron apilados en altos montones. Los acَ litos cubrieron con barro los cuerpos desnudos y aullaron sus incomprensibles c‫ل‬nticos. Las mujeres cantaron dulces himnos mientras sus maridos afilaban las armas --piquetas, guadaٌas, viejas espadas y mazos-- que hab‫ي‬an reunido. Los niٌos persegu‫ي‬an a los perros entre la muchedumbre. Muchos de los guerreros que hab‫ي‬a entre ellos --conriyanos, galeoth y aiononios que hab‫ي‬an marchado con los Grandes Nombres-- los miraban con consternaciَn, como a una banda de leprosos que escalaban los pases de montaٌa tratando de ser los primeros en poner los pies en tierra de infieles. Las montaٌas Uٌaras no eran imponentes; eran m‫ل‬s una mezcla de escarpaduras y llanuras de piedra desnuda que una verdadera cordillera. Pero tras ellas, los tambores llamaban a hombres oscuros con ojos de leopardo a rendir culto a Fane. Tras ellas, los inrithi eran destripados y colgados de los ‫ل‬ rboles. Para los creyentes, las Uٌaras eran el final de la tierra. Dejَ de llover. Rayos de luz solar atravesaron las nubes. Cantando himnos, con l‫ل‬grimas de alegr‫ي‬a en los ojos, los primeros Hombres del Colmillo empezaron a ascender por las montaٌas. La sagrada Shimeh, segْn cre‫ي‬an, deb‫ي‬a de estar al otro lado del horizonte. Siempre justo al otro lado. Cuando las noticias de que la Guerra Santa Vulgar se hab‫ي‬a adentrado en tierra de infieles llegaron a Sumna, Maithanet despidiَ a su corte y se retirَ a sus aposentos. Sus sirvientes impidieron el paso a todos los que quisieron acercarse a él y les informaron de que el santo Shriah estaba rezando y ayunando, y que as‫ ي‬lo har‫ي‬a hasta que conociera el destino de la primera y d‫ي‬scola mitad de la Guerra Santa.

Skeaos hizo la mayor reverencia que el jnan permit‫ي‬a. --El Emperador me ha pedido que te muestre el camino a la C‫ل‬ mara Privada, Exalto-General. El ainonio ha llegado --dijo. Conphas levantَ la mirada de su escritura y dejَ su pluma en el cuerno de tinta.

--‫؟‬Ya? Dijeron que ser‫ي‬a maٌana. --Un viejo truco, seٌor. Los Chapiteles Escarlatas también recurren a los viejos trucos. Los Chapiteles Escarlatas. Conphas a punto hab‫ي‬a estado de soltar un silbido al pensar en ello. La m‫ل‬s poderosa Escuela de los Tres Mares, que se dispon‫ي‬a a hacer suya la Guerra Santa... Conphas siempre hab‫ي‬a tenido el aprecio de un experto por las grandes incoherencias de la vida. Absurdidades como ésa eran un manjar para él. La maٌana anterior hab‫ي‬a anunciado la presencia de cientos de galeras y buques de guerra amarrados en la desembocadura del r‫ي‬o Phayus. Los Chapiteles Escarlatas, la corte del Rey-Regente y m‫ل‬s de una docena de Palatinos-Gobernadores, as‫ ي‬como legiones de soldados de infanter‫ي‬a de las castas inferiores, hab‫ي‬an estado desembarcando desde entonces. Al parecer, todo el Alto Ainon hab‫ي‬a acudido a unirse a la Guerra Santa. El Emperador estaba exultante. Desde la partida de la Guerra Santa Vulgar, hac‫ي‬a semanas, hab‫ي‬an llegado m‫ل‬s de diez mil soldados thunyerios, bajo el Pr‫ي‬ncipe Skaiyelt, el hijo del infame Rey Rauschang, y al menos cuatro veces esa cantidad de tydonnios bajo Gothyelk, el belicoso Conde de Agansanor. Por desgracia, ambos hombres se hab‫ي‬an mostrado inmunes a los encantos de su t‫ي‬o, violentamente inmunes. Cuando se le presentَ el Solemne Contrato, el Pr‫ي‬ncipe Skaiyelt escrutَ la corte imperial con sus desconcertantes ojos azules y, después, sin mediar palabra, se marchَ de palacio. El viejo Gothyelk le hab‫ي‬a dado una patada al atril y hab‫ي‬a llamado a su t‫ي‬o, o bien «infiel castrado», o bien «maricَn degenerado», dependiendo del traductor al que se le preguntara. La arrogancia de los b‫ل‬rbaros, especialmente de los b‫ل‬rbaros norsirai, era insondable. Pero su t‫ي‬o ten‫ي‬a m‫ل‬s esperanzas puestas en los ainonios. Eran ketyai, como los nansur, y como los nansur eran un pueblo antiguo y comercial. Los ainonios eran civilizados pese a su arcaica devociَn por las barbas. Conphas escudriٌَ a Skeaos. --‫؟‬Crees que lo han hecho a propَsito? ‫؟‬Para cogernos con el pie cambiado? Agitَ el pergamino al aire para que se secara y se lo dio para que fuera enviado. Eranَ rdenes a Martemus de que retomara las patrullas al sur de Momemn. --Es lo que yo har‫ي‬a --respondiَ con franqueza Skeaos--. Si uno va

acaparando pequeٌas ventajas... Conphas asintiَ. El Primer Consejero hab‫ي‬a parafraseado un famoso pasaje de El comercio de las almas, el cl‫ل‬sico tratado de filosof ‫ي‬a pol‫ي‬tica de Ajencis. Por un instante, a Conphas le pareciَ extraٌo que Skeaos y él tuvieran que despreciarse tanto. En ausencia de su t‫ي‬o, compart‫ي‬an una peculiar comprensiَn de las cosas, como si, al igual que los hijos competitivos de padres abusivos, pudieran de vez en cuando dejar de lado su rivalidad y reconocer su an‫ل‬loga suerte en una distendida charla. Se puso en pie y bajَ la mirada al arrugado anciano. --Tْ primero, viejo padre. Ignorando los buenos modales del prestigio burocr‫ل‬tico, Conphas se hab‫ي‬a instalado junto a su comandamiento en el piso inferior de las Cumbres Andiamine, que dominaba el foro y el Campus Scuari. La caminata hasta la C‫ل‬mara Privada, que estaba en la cima, era larga, y se preguntَ ociosamente si el viejo Primer Consejero estaba preparado para hacerla. A lo largo de los aٌos, m‫ل‬s de un miembro del Aparato Imperial hab‫ي‬a muerto del «apretَn», como lo llamaban los habitantes de palacio. Segْn su abuela, en el pasado hab‫ي‬an utilizado la ascensiَn para deshacerse de funcionarios viejos y bravucones, d‫ل‬ndoles mensajes supuestamente demasiado importantes para confi‫ل‬rselos a esclavos y orden‫ل‬ndoles después su inmediato regreso. Las Cumbres Andiamine no eran amigas de los corazones débiles, ni en el sentido literal ni en el figurado. Llevado m‫ل‬s por la curiosidad que la malicia, Conphas obligَ al anciano a seguir un paso ligero. Nunca hab‫ي‬a visto a nadie morir del apretَn. Sorprendentemente, Skeaos no se quejَ y, aparte de agitar los brazos como un viejo mono, no mostrَ ninguna seٌal de fatiga. Respirando sin dificultades, empezَ a informar a Conphas de los detalles del tratado establecido entre los Chapiteles Escarlatas y los Mil Templos, al menos de los que ellos conoc‫ي‬an. Cuando resultَ evidente que Skeaos no sَlo ten‫ي‬a la apariencia, sino también la resistencia de un viejo mono, Conphas se aburriَ. Después de ascender por diversas escaleras, pasaron por los Jardines Hapetine. Como siempre, Conphas mirَ de soslayo el lugar en el que Ikurei Anphairas, su tatarabuelo, hab‫ي‬a sido asesinado m‫ل‬s de cien aٌos antes. Las Cumbres Andiamine estaban llenas de cientos de grutas como aquélla, lugares en los que los potentados mucho tiempo atr‫ل‬s fallecidos hab‫ي‬an cometido o sufrido una u otra afrenta. Conphas sab‫ي‬a que su t‫ي‬o hac‫ي‬a lo posible por evitar esos lugares a menos que

estuviera muy borracho. Para Xerius, aquel sitio apestaba al recuerdo de los emperadores muertos. Pero para Conphas, las Cumbres Andiamine eran m‫ل‬s un escenario que un mausoleo. Incluso entonces, coros ocultos llenaban las galer‫ي‬as de himnos. En ocasiones, nubes de fragante incienso encapotaban los pasillos y rodeaban con un halo los faroles, de modo que parec‫ي‬a que uno no ascend‫ي‬a a la cima de una colina, sino a las verdaderas puertas del cielo. Conphas sab‫ي‬a que si hubiera sido un visitante y no un residente, esclavas con el pecho descubierto le habr‫ي‬ an servido embriagadores vinos con narcَticos nilnameshi, y eunucos de inmensas barrigas le habr‫ي‬an regalado aceites olorosos y armas ceremoniales. Todo habr‫ي‬a estado calculado para acaparar pequeٌas ventajas, como hab‫ي‬a dicho Skeaos; para distraer, agradar e intimidar. Todav‫ي‬a con aliento, Skeaos siguiَ repitiendo como un loro un infinito reguero, al parecer, de hechos y advertencias. Conphas le escuchaba con escaso interés, esperando que el viejo idiota le dijera algo que no supiera. Entonces, el Primer Consejero pasَ al tema de Eleazaras, el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. --Nuestros agentes en Carythusal dicen que su extraordinaria reputaciَn a duras penas le hace justicia. Era poco m‫ل‬s que un subdi‫ل‬ cono cuando su maestro, Sasheoka, muriَ por causas desconocidas hace unos diez aٌos. En sَlo dos, era el Gran Maestro de la mayor Escuela de los Tres Mares. Eso ilustra su intimidante inteligencia y habilidad. Debes... --Y ambiciَn --le interrumpiَ Conphas--. Ningْn hombre consigue tanto en tan poco tiempo sin ambiciَn. --Supon‫ي‬a que lo sabr‫ي‬as. Conphas soltَ una risotada. --،‫ة‬se es el Skeaos que conozco y quiero! Hosco. Henchido de un orgullo il‫ي‬cito. Me ten‫ي‬as preocupado, viejo. El Primer Consejero continuَ como si no hubiera dicho nada. --Debes tener una gran precauciَn cuando hables con él. En un principio, tu t‫ي‬o pensَ en excluirte de esta reuniَn, pero Eleazaras requiri َ personalmente tu presencia. --‫؟‬Mi t‫ي‬o qué? --Incluso cuando se aburr‫ي‬a, Conphas ten‫ي‬a buen o ‫ي‬do para los desaires. --Excluirte. Tem‫ي‬a que el Gran Maestro explotara tu inexperiencia en estos asuntos... --‫؟‬Excluirme? ‫؟‬A m‫ ?ي‬--Conphas mirَ con recelo al anciano, reacio por alguna razَn a creerle. ‫؟‬Estaba tramando algo? ‫؟‬Alentaba el fuego

del resentimiento? Quiz‫ ل‬se trataba de otra de las pruebas de su t‫ي‬o... --Pero como dec‫ي‬a --prosiguiَ Skeaos-- todo ha cambiado, y ésa es la razَn por la que te estoy explicando esto. --Ya veo --respondiَ Conphas, escéptico. ‫؟‬Qué pretend‫ي‬a aquel viejo idiota?--. Dime, Skeaos: ‫؟‬para qué se celebra esta reuniَn? --‫؟‬Para qué? Me temo que no te entiendo, Exalto-General. --Qué fin tiene. Qué objetivo. ‫؟‬Qué quiere lograr mi t‫ي‬o de Eleazaras y los ainonios? Skeaos frunciَ el entrecejo, como si la respuesta fuera tan obvia que la pregunta tuviera que ser necesariamente el preludio de una broma. --El objetivo es conseguir el apoyo ainonio al Solemne Contrato. --‫؟‬Y si Ele‫ل‬zaras se revela tan intratable como, pongamos, el Conde de Agansanor? Entonces, ‫؟‬qué? --Con el debido respeto, Exalto-General, dudo sinceramente... --Si es as‫ي‬, Skeaos, entonces, ‫؟‬qué? Conphas hab‫ي‬a sido oficial de campo desde los quince aٌos. Si se lo propon‫ي‬a, pod‫ي‬a hacer que los hombres dieran un respingo con sَlo cambiar al tono de su voz. El viejo Primer Consejero se aclarَ la garganta. Conphas sab‫ي‬a que Skeaos ten‫ي‬a un exceso de valent‫ي‬a administrativa, pero no ten‫ي‬a el menor coraje cuando se trataba de un enfrentamiento cara a cara. Eso explicaba por qué su t‫ي‬o le quer‫ي‬a tanto. --‫؟‬Si Ele‫ل‬zaras rechaza el Solemne Contrato? --repitiَ el anciano--. Entonces, el Emperador le denegar‫ ل‬las provisiones, como a los dem‫ل‬s. --‫؟‬Y si el Shriah le pide a mi t‫ي‬o que se las suministre? --Por ese entonces, la Guerra Santa Vulgar habr‫ ل‬sido destruida, o al menos eso... creemos. La preocupaciَn principal de Maithanet ser‫ ل‬el liderazgo; no, las provisiones. --‫؟‬Y quién ser‫ ل‬ese l‫ي‬der? Conphas escup‫ي‬a cada pregunta antes de que Skeaos acabara sus respuestas, como habr‫ي‬a hecho un interrogador. El viejo empezaba a parecer nervioso. --T-tْ. El L-leَn de Kiyuth. --‫؟‬Y cu‫ل‬l ser‫ ل‬mi precio? --E-el S-solemne Contrato, la p-promesa firmada de que todas las viejas provincias ser‫ل‬n retornadas. --As‫ ي‬que yo soy el eje de los planes de mi t‫ي‬o, ‫؟‬no es as‫?ي‬ --S-s‫ي‬, Exalto-General. --As‫ ي‬pues, dime, querido Skeaos, ‫؟‬por qué iba mi t‫ي‬o a pensar en

excluirme, ،a m‫!ي‬, de estas negociaciones con los Chapiteles Escarlatas? El paso del Primer Consejero se ralentizَ. Mirَ las recargadas volutas bordadas en las alfombras que estaban pisando. En lugar de hablar, se retorciَ las manos. Conphas sonriَ con voracidad. --Acabas de mentirme, ‫؟‬no es as‫ي‬, Skeaos? La cuestiَn de si yo deb ‫ي‬a asistir o no a esta reuniَn con Ele‫ل‬zaras nunca surgi‫ ؟‬,verdad? َ Como el hombre no respondiَ, Conphas le cogiَ por los hombros y le mirَ fijamente. --‫؟‬Es necesario que se lo pregunte a mi t‫ي‬o? Skeaos le mirَ a los ojos un instante y después bajَ la mirada. --No --dijo--, no es necesario. Conphas le soltَ. Con las palmas sudadas, alisَ la pechera arrugada de la tْnica de seda del anciano. --‫؟‬A qué est‫ل‬s jugando, Skeaos? ‫؟‬Cre‫ي‬as que hiriendo mi vanidad lograr‫ي‬as que actuara en contra de mi t‫ي‬o? ‫؟‬De mi Emperador? ‫؟‬Estas tratando de incitarme a la sediciَn? El hombre ten‫ي‬a una expresiَn de p‫ل‬nico en el rostro. --No. ،No! Soy un viejo idiota, lo sé, pero mis d‫ي‬as en esta tierra est ‫ل‬n contados. Celebro la vida que los Dioses me han dado. Celebro los dulces frutos que he comido, los grandes hombres que he conocido. Incluso, y sé que te parecer‫ ل‬dif‫ي‬cil de creer, ،estoy exultante por haber vivido lo suficiente para ver cَmo tْ lograbas la gloria! Pero este plan de tu t‫ي‬o, de llevar una Guerra Santa a la destrucciَn. ،Una Guerra Santa! Temo por mi alma, Ikurei Conphas. ،Mi alma! Conphas estaba estupefacto, tanto que se olvidَ completamente de su ira. Daba por hecho que las insinuaciones de Skeaos eran otra m‫ل‬s de las pruebas de su t‫ي‬o y respondiَ en consecuencia. La posibilidad de que aquel idiota actuara por su cuenta y riesgo nunca se le pasَ por la cabeza. Durante muchos aٌos Skeaos y su t‫ي‬o hab‫ي‬an sido distintas encarnaciones de una misma voluntad. --Por los Dioses, Skeaos... ‫؟‬También a ti te ha atrapado Maithanet? El Primer Consejero negَ con la cabeza. --No, no tengo el menor interés en Maithanet, ni en Shimeh, por otro lado... Eres joven; no comprender‫ي‬as mis motivos. Los jَvenes nunca pueden ver la vida tal como es: el filo de un cuchillo, tan delgada como los respiraciones por las que se mide. Lo que le da profundidad no es la memoria. Tengo recuerdos suficientes para diez hombres, y a pesar de ello mis d‫ي‬as son tan estrechos y sombr‫ي‬os como el lino

manchado de grasa que los pobres cuelgan de sus ventanas. No, lo que le da profundidad a la vida es el futuro. Sin un futuro, sin el horizonte de una promesa o una amenaza, nuestras vidas no tienen sentido. Sَlo el futuro es real, Conphas, y a menos que corrija algunas cosas ante los Dioses, no tengo ninguno. Conphas resoplَ. --Pero yo te entiendo perfectamente, Skeaos. Has hablado como un verdadero Ikurei. ‫؟‬Cَmo lo dice el poeta Girgalla? «Todo el amor empieza por la propia piel», o la propia alma, como en este caso. Pero siempre me ha parecido que ambas cosas son intercambiables. --‫؟‬Lo entiendes, pues? ‫؟‬Puedes comprenderlo? Lo entend‫ي‬a, y mejor de lo que Skeaos cre‫ي‬a. Su abuela. Skeaos conspiraba junto a su abuela. Hasta pod‫ي‬a o‫ي‬r su voz: «Debes acosarlos a los dos, Skeaos. Poner a uno contra el otro. La fascinaciَn de Conphas por la locura de mi hijo se desvanecer‫ ل‬pronto. Sَlo espera y ver‫ل‬s. Vendr‫ ل‬corriendo a nosotros, ،y juntos obligaremos a Xerius a abandonar su loco plan!». Se preguntَ si la vieja zorra hab‫ي‬a tenido a Skeaos como amante. «Probablemente», pensَ, e hizo una mueca de desagrado ante aquella imagen. «Como una pasa foll‫ل‬ndose a una rama.» --Tْ y mi abuela --dijo-- esper‫ل‬is salvar la Guerra Santa de mi t‫ي‬o. Una tarea encomiable, con la salvedad de que es rayana en la traiciَn. En el caso de mi abuela lo entiendo, porque lo tiene cautivado, pero ‫؟‬tْ, Skeaos? Sabes, como muy pocos, de lo que es capaz Ikurei Xerius III cuando sospecha. Ha sido un poco imprudente, ‫؟‬no crees?, tratar de enfrentarme con él de este modo. --،Pero él te escucha! Y lo que es m‫ل‬s importante, ،él te necesita! --Quiz‫ ل‬s‫ي‬... Pero, de todos modos, es irrelevante. A tu anciano est َmago puede parecerle que la comida est‫ ل‬cruda, pero mi t‫ي‬o ha preparado un fest‫ي‬n, Skeaos, y yo no tengo ninguna intenciَn de discut‫ي‬ rselo. Por mucho que despreciara a su t‫ي‬o, Conphas ten‫ي‬a que reconocer que aprovisionar a Calmemunis y la chusma que le segu‫ي‬a era un movimiento tan brillante como cualquiera de los que él hubiera hecho en el campo de batalla. La Guerra Santa Vulgar ser‫ي‬a aniquilada por los infieles, y con un solo golpe, el Imperio intimidar‫ي‬a al Shriah, quiz‫ ل‬le obligar‫ي‬a a exigir al resto de Hombres del Colmillo que firmaran el Solemne Contrato imperial y demostrar‫ي‬a a los fanim que la Casa Ikurei hab‫ي‬a negociado de buena fe. El contrato asegurar‫ي‬a la legalidad de cualquier acciَn militar que el Imperio ejerciera contra los Hombres

del Colmillo para recuperar las provincias perdidas, y el trato con los infieles asegurar‫ي‬a que dichas acciones militares encontrar‫ي‬an poca resistencia en su debido momento. ،Qué plan! Y no hab‫ي‬a sido trazado por Skeaos, sino por su t‫ي‬o. Si ese hecho irritaba a Conphas, m‫ل‬s deb‫ي‬a irritar al viejo Primer Consejero. --No es el fest‫ي‬n lo que disputamos --replicَ Skeaos--, ،es su precio! ،Estoy seguro de que te das cuenta de ello! Conphas escudriٌَ al Primer Consejero durante un largo rato. Hab‫ي‬a algo curiosamente patético en el modo como el hombre conspiraba junto a su abuela; como dos pedigüeٌos mirando desdeٌosamente a los que son demasiado pobres para darles m‫ل‬s que unas monedas. --‫؟‬El Imperio? ‫؟‬Restaurado? --dijo con frialdad--. Me da la impresiَn de que tu alma es una baratija, Skeaos. Skeaos abriَ su boca sin dientes para contestar, pero después la cerrَ.

La C‫ل‬mara Privada del Emperador era una habitaciَn austera, circular, rodeada de columnas de m‫ل‬rmol negro, con una galer‫ي‬a adyacente para esas raras ocasiones, casi siempre de car‫ل‬cter ritual, en que las Casas de la Congregaciَn eran invitadas a observar cَmo el Emperador convert‫ي‬a, con su firma, los edictos en ley. Un pequeٌo grupo de ministros y esclavos revoloteaba en el centro de la habitaciَn, apiٌados alrededor de la cabecera de una mesa de caoba. Conphas vislumbr e َ l reflejo de su t‫ي‬o flotando sobre la superficie bruٌida de la mesa, como un cad‫ل‬ver en unas aguas salobres. No hab‫ي‬a ni rastro de Maestros Escarlatas. El Exalto-General se entretuvo un rato cerca de la entrada, estudiando las placas de marfil fijadas en las paredes: representaciones de los grandes legisladores de la antigüedad y el Colmillo, desde el profeta Angeshrael hasta el filَsofo Poripharus. Se preguntَ absurdamente cu‫ل‬les de sus parientes muertos hab‫ي‬an utilizado el artesano para modelar sus caras. El sonido de la llamada de su t‫ي‬o le sobresaltَ. --Ven. Sَlo tenemos un momento, sobrino. Los dem‫ل‬s se hab‫ي‬an retirado, y sَlo Skeaos y Cememketri permanec‫ي‬an al lado de su t‫ي‬o. Conphas advirtiَ que las galer‫ي‬as circundantes estaban llenas de miembros de la Guardia Eَtica y el Saik

Imperial. Conphas se sentَ en el lugar que le indicَ su t‫ي‬o. --Tanto Skeaos como Cememketri est‫ل‬n de acuerdo --estaba diciendo Xerius-- en que Ele‫ل‬zaras es un hombre maliciosamente listo y peligroso. ‫؟‬Cَmo lo atrapar‫ي‬as, sobrino? Su t‫ي‬o estaba tratando de parecer jocoso, lo que significaba que ten‫ي‬a miedo, como quiz‫ ل‬también deber‫ي‬a tenerlo él: nadie sab‫ي‬a todav‫ي‬a por qué los Chapiteles Escarlatas se hab‫ي‬an dignado entrar en la Guerra Santa, y eso significaba que nadie conoc‫ي‬a las intenciones de la Escuela. Para hombres como Skaiyelt y Gothyelk, el objetivo estaba claro: redenciَn o conquista. Pero ‫؟‬para Ele‫ل‬zaras? ‫؟‬Quién pod‫ي‬a decir cu‫ل‬les eran los motivos de las Escuelas? Conphas se encogiَ de hombros. --Atraparlo es imposible. Para atrapar a un oponente se debe saber m‫ل‬s que él, y en este momento nosotros no sabemos nada. No sabemos nada de su trato con Maithanet. Ni siquiera sabemos por qué ha hecho tal trato. ،Y a asumir ese riesgo! Una Escuela uniéndose por propia voluntad a la Guerra Santa... ،La Guerra Santa! Honestamente, t ‫ي‬o, no estoy seguro de que conseguir su apoyo al Solemne Contrato deba ser una prioridad para nosotros en este instante. --‫؟‬Qué est‫ل‬s proponiendo? ‫؟‬Que deber‫ي‬amos simplemente tratar de arrancarle los detalles? Pago a mis esp‫ي‬as una buena suma de oro a cambio de esas nimiedades, sobrino. ‫؟‬Nimiedades? Conphas tratَ de mantener la compostura. A pesar de que el corazَn de su t‫ي‬o estaba demasiado prostituido como para albergar fe religiosa alguna, era tan celoso de su ignorancia como cualquier fan‫ل‬tico. Si los hechos contradec‫ي‬an sus aspiraciones, los hechos no exist‫ي‬an. --Una vez me preguntaste cَmo me impuse en Kiyuth, t‫ي‬o. ‫؟‬ Recuerdas lo que te dije? --‫؟‬Lo que me dijiste? --dijo el Emperador casi escupiendo--. Tْ siempre est‫ل‬s «diciéndome» cosas, Conphas. ‫؟‬Cَmo esperas que distinga una impertinencia de otra? ‫ة‬sa era quiz‫ ل‬el arma menos peligrosa y m‫ل‬s utilizada del arsenal de su t‫ي‬o: la amenaza de interpretar un consejo como una orden. La amenaza planeaba por encima de todas sus conversaciones: «‫؟‬ Presumir‫ي‬as de dictarleَ rdenes al Emperador?». Conphas siempre respond‫ي‬a a su t‫ي‬o con una sonrisa. --A juzgar por lo que dice Skeaos --dijo de forma gentil-- creo que simplemente deber‫ي‬amos negociar de buena fe; de toda la buena fe

que podamos, en cualquier caso. Sabemos demasiado poco para atraparle. Dar un paso hacia el precipicio y después un paso en direcciَn contraria, simulando que nunca se ha dado ese paso: ésa siempre hab‫ي‬ a sido la costumbre de su familia, al menos hasta lasْ ltimas bufonadas de su abuela. --Eso es exactamente lo que yo pensaba --dijo Xerius. Al menos todav‫ي‬a recordaba las reglas. Justo entonces, un chambel‫ل‬n anunciَ la inminente llegada de Ele‫ل‬ zaras y su comitiva. Xerius le pidi a َ Skeaos que mantuviera su Chorae cerca de la mano, cosa que el viejo Consejero hizo bajo la mirada de disgusto de Cememketri. Se trataba de una pequeٌa tradiciَn din‫ل‬stica, adoptada desde hac‫ي‬a m‫ل‬s de un siglo y observada siempre que los miembros de la familia imperial conferenciaban con hechiceros extranjeros. Chepheramunni, Rey-Regente y jefe titular del Alto Ainon, fue anunciado en primer lugar, pero cuando el pequeٌo séquito ainonio entrَ en la sala, iba siguiendo a Eleazaras como un perro. La entrada del Gran Maestro fue r‫ل‬pida y, segْn pensَ Conphas, anticlim‫ل‬tica. Sus maneras eran m‫ل‬s las de un banquero que las de un hechicero: impaciencia ante el espect‫ل‬culo, hambre por los libros de contabilidad. Le hizo una reverencia a Xerius, pero no mayor que la que le hubiera hecho el Shriah. Un esclavo echَ hacia atr‫ل‬s su silla y se sentَ sin dificultades a pesar de la cola morada de su tْnica. Con colorete en las mejillas y apestando a perfume, Chepheramunni se sentَ a su lado con una terrosa expresiَn de miedo y resentimiento en el rostro. Primero, se procediَ al obligatorio intercambio de honores, presentaciones y agasajos. Cuando Cememketri, homَlogo de Eleazaras en el Saik Imperial, fue presentado, el Gran Maestro sonriَ desdeٌosamente y se encogiَ de hombros como si dudara de la condiciَn del hombre. Los Maestros de las Escuelas, como le hab‫ي‬an dicho a Conphas, eran con frecuencia insoportablemente altaneros cuando se encontraban en compa‫ٌي‬a de otros Maestros. Cememketri se puso rojo de ira, pero tuvo el acierto de no pagarle con la misma moneda. Después de esos prolegَmenos jnanicos, el Gran Maestro se girَ hacia Conphas. --Al fin --dijo expres‫ل‬ndose en un correcto sheyico--, conozco al famoso Ikurei Conphas. Conphas abriَ la boca para responder, pero su t‫ي‬o hablَ antes. --Es un hombre extraordinario, ‫؟‬verdad? Pocos soberanos

disponen de instrumentos como él para ejecutar su voluntad... Pero sin lugar a dudas, no habr‫ل‬s venido hasta aqu‫ ي‬solamente para conocer a mi sobrino. Aunque Conphas no pod‫ي‬a estar seguro, Eleazaras pareciَ guiٌarle el ojo antes de girarse hacia su t‫ي‬o, como diciendo: «Debemos soportar a los idiotas como él con paciencia, ‫؟‬verdad?». --Por supuesto que no --respondiَ Eleazaras con una elocuente brevedad. Xerius parec‫ي‬a no entender. --Entonces, ‫؟‬puedo preguntarte por qué los Chapiteles Escarlatas se han unido a la Guerra Santa? Eleazaras se mirَ las uٌas sin pintar. --Es muy simple, en realidad. Nos han comprado. --‫؟‬Comprado? --Eso es. --،Una transacciَn extraordinaria‫! ؟‬Cu‫ل‬les son los detalles de vuestro acuerdo? El Gran Maestro sonriَ. --،Oh!, me temo que la confidencialidad forma parte del acuerdo. Desgraciadamente, no puedo divulgar ningْn detalle. Conphas pensَ que era una historia improbable. Ni siquiera los Mil Templos eran tan ricos como para «contratar» a los Chapiteles Escarlatas. Estaban all‫ ي‬por razones que trascend‫ي‬an el oro y las concesiones comerciales del Shriah, de eso estaba seguro. Cambiando de direcciَn con la misma fluidez que un tiburَn en el agua, el Gran Maestro prosiguiَ. --Te preocupa, por supuesto, que nuestros objetivos puedan influir en el Solemne Contrato. Se produjo una pausa incَmoda. --Por supuesto. --Que alguien se adelantara a sus pensamientos era la cosa que m‫ل‬s irritaba a su t‫ي‬o. --A los Chapiteles Escarlatas --dijo Ele‫ل‬zaras con recato-- no les importa quién posea las tierras conquistadas por la Guerra Santa. En consecuencia, Chepheramunni firmar‫ ل‬vuestro acuerdo con gusto. ‫؟‬No es as‫ ي‬Chepheramunni? El hombre maquillado asintiَ, pero no dijo nada. El perro estaba bien adiestrado. --Sin embargo --prosiguiَ Ele‫ل‬zaras--, hay ciertas condiciones que nos gustar‫ي‬a negociar antes. Conphas hab‫ي‬a previsto aquello. Los hombres civilizados

regateaban. Xerius protestَ. --‫؟‬Condiciones? Durante siglos las tierras desde aqu ‫ي‬hasta Nenciphon han sido... --He o‫ي‬do todos los argumentos --le interrumpiَ Ele‫ل‬zaras--. Basura, pura Basura. Ambos sabemos lo que est‫ ل‬en juego aqu‫ي‬, Emperador... ‫؟‬No es as‫?ي‬ Xerius se quedَ mir‫ل‬ndole con una muda estupefacciَn. No estaba acostumbrado a que le interrumpieran, pero, de hecho, tampoco estaba acostumbrado a hablar con hombres que eran m‫ل‬s que sus iguales. El Alto Ainon era una naciَn rica y densamente poblada. De los soberanos y déspotas de los Tres Mares, sَlo el Padirajah de Kian ten‫ي‬a m‫ل‬s poder comercial y militar que el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. --Si no es as‫ ي‬--prosiguiَ Ele‫ل‬zaras al ver que Xerius no lograba responderle--, entonces estoy seguro de que tu precoz sobrino s‫ ي‬lo sabe. Joven Conphas, ‫؟‬sabes lo que est‫ ل‬en juego aqu‫?ي‬ A Conphas le pareciَ obvio. --Poder --dijo, encogiéndose de hombros. A partir de ese momento, hubo una extraٌa camarader‫ي‬a, entre ese hechicero y Conphas, y éste pensَ que, desde el principio, el Gran Maestro hab‫ي‬a reconocido en él un intelecto an‫ل‬logo al suyo. «Hasta los extranjeros saben que eres un idiota, t‫ي‬o.» --Precisamente, Conphas. ،Precisamente! La historia es sَlo un pretexto para el poder, ‫؟‬no? Lo que importa... --El hechicero de pelo blanco esbozَ una pequeٌa sonrisa, como si hubiera dado con un argumento mejor con el que exponer su idea--. Dime --le preguntَ a Xerius--, ‫؟‬por qué has dado provisiones a Calmemunis, Kumrezzer y los dem‫ل‬s? ‫؟‬Por qué les has dado los medios que necesitaban para marchar? Su t‫ي‬o optَ por la respuesta ensayada. --Para acabar con sus estragos. ‫؟‬Por qué si no? --Improbable --espetَ Ele‫ل‬zaras--. Creo, m‫ل‬s bien, que has aprovisionado la Guerra Santa Vulgar para destruirla. Se produjo una pausa incَmoda. --Pero eso es una locura --respondiَ, al fin, Xerius--. Aparte de la condenaciَn, ‫؟‬qué habr‫ي‬amos ganado? --‫؟‬Ganado? --repitiَ Ele‫ل‬zaras con una sonrisa--. La Guerra Santa, por supuesto... Nuestro trato con Maithanet os dejَ sin la menor posibilidad de ejercer vuestra influencia por medio del Saik Imperial, as ‫ ي‬que necesitabas otra cosa con la que hacer trueques. Si la Guerra

Santa Vulgar es destruida, os resultar‫ ل‬m‫ل‬s f‫ل‬cil convencer a Maithanet de que la Guerra Santa os necesita, o mejor dicho, de que necesita la ahora legendaria sagacidad militar de tu sobrino. El Solemne Contrato ser‫ ل‬su precio, y el contrato, efectivamente, te cede todos los ingresos procedentes de la Guerra Santa... Debo reconocer que se trata de un magn‫ي‬fico plan. Ese pequeٌo halago fue la perdiciَn de Xerius. Por un breve instante, sus ojos refulgieron de un exultante engreimiento. Conphas hab‫ي‬a descubierto que los hombres estْpidos tend‫ي‬an a estar demasiado orgullosos de sus escasos momentos brillantes. Ele‫ل‬zaras sonriَ. «Est ‫ل‬jugando contigo, t‫ي‬o, y no eres capaz de verlo«. El Gran Maestro se inclinَ hacia adelante, como si fuera consciente del malestar generado por su proximidad. Conphas advirtiَ que Ele‫ل‬ zaras era un maestro en el ejercicio del jnan. --Por ahora --dijo fr‫ي‬amente--, no conocemos los detalles de tu estrategia, Emperador. Pero perm‫ي‬teme que te asegure una cosa: si implica traicionar la Guerra Santa, entonces implica traicionar a los Chapiteles Escarlatas. ‫؟‬Sabes lo que eso significa? ‫؟‬Lo que comporta? Si nos traicionas, Ikurei, entonces nadie --mirَ sombr‫ي‬amente a Cememketri--, ni siquiera el Saik Imperial, podr‫ ل‬escapar de nuestra ira. Somos los Chapiteles Escarlatas, Emperador... Piensa en eso. --‫؟‬Es eso una amenaza? --dijo, entre jadeos, Xerius. --Es una garant‫ي‬a, Emperador. Todos los acuerdos requieren garant‫ي‬as. Xerius apartَ la cara de repente para concentrarse en Skeaos, que le estaba susurrando al o‫ي‬do con vehemencia. Cememketri, sin embargo, no pudo seguir conteniéndose. --Te est‫ل‬s pasando, Eli. Actْas como si estuviéramos en Carythusal, pero est‫ل‬s sentado en Momemn. Entre este lugar y tu casa hay dos de los Tres Mares. ،Est‫ ل‬demasiado lejos para ir soltando amenazas! Ele‫ل‬zaras frunciَ el entrecejo, y luego soltَ una risotada. Se girَ hacia Conphas como si el Gran Maestro del Saik Imperial no existiera. --En Carythusal te llaman el Leَn de Kiyuth --dijo con toda tranquilidad. Sus ojos eran pequeٌos, oscuros y ‫ل‬giles. Le escudriٌaron desde debajo de unas pobladas cejas blancas. --‫؟‬De veras? --respondiَ Conphas, realmente sorprendido de que el mote de su abuela hubiera viajado con tanta rapidez a un lugar tan lejano; sorprendido y complacido, muy complacido. --Mis archiveros me han dicho que has sido el primero en derrotar a

los scylvendios en una batalla campal. Mis esp‫ي‬as, por otro lado, me han dicho que tus soldados te adoran como si fueras un dios. ‫؟‬Es cierto? Conphas sonriَ al decidir que el Gran Maestro le lamer‫ي‬a el culo y se lo dejar‫ي‬a tan limpio como el de un gato si llegaba el caso. Pese a su perspicacia, le hab‫ي‬a juzgado mal. Hab‫ي‬a llegado el momento de ponerlo en su lugar. --Lo que Cememketri acaba de decir es cierto y lo sabes. M‫ل‬s all‫ل‬ de lo que hayas pactado con Maithanet, has puesto a tu Escuela en la mayor situaciَn de peligro desde la Guerra Escol‫ل‬stica. Y no sَlo debido a los cishaurim. Ser‫ل‬s un pequeٌo enclave de blasfemia en el interior de una gran tribu de fan‫ل‬ticos. Necesitar‫ل‬s todos los amigos que puedas conseguir. Por primera vez algo semejante a la ira aflorَ en el rostro de Ele‫ل‬ zaras, como la visiَn del carbَn entre un fuego humeante. --Podemos hacer que el mundo arda con nuestra canciَn, joven Conphas. No necesitamos a nadie.

Pese a las meteduras de pata de su t‫ي‬o, Conphas abandonَ las negociaciones convencido de que la Casa Ikurei hab‫ي‬a conseguido m‫ل‬ s de lo que hab‫ي‬a cedido. Adem‫ل‬s, estaba casi seguro de saber por qué los Chapiteles Escarlatas hab‫ي‬an aceptado la oferta de Maithanet de unirse a la Guerra Santa. Pocas cosas revelan los objetivos de un competidor con mayor claridad que el proceso de negociaciَn de un acuerdo. En el transcurso de los trueques, quedَ claro que el centro de las preocupaciones de Ele‫ل‬ zaras ten‫ي‬a que ver con los cishaurim. A cambio de la firma del Solemne Contrato por parte de Chepheramunni, exig‫ي‬a que Cememketri y el Saik Imperial les cedieran toda la informaciَn que hab‫ي‬ an recopilado sobre los sacerdotes-hechiceros fanim a lo largo de siglos de guerra contra ellos. Obviamente, eso era de esperar: los Chapiteles Escarlatas hab‫ي‬an apostado su propia existencia por su capacidad de vencer a los cishaurim. Pero hab‫ي‬a una innegable intensidad en el modo como el Gran Maestro pronunciaba su nombre. Ele‫ل‬zaras dec‫ي‬a «cishaurim» de la misma forma que un nansur dir‫ي‬a «scylvendio», de la forma en que uno pronuncia el nombre de un viejo y odiado enemigo. Para Conphas, eso sَlo pod‫ي‬a significar una cosa: los Chapiteles Escarlatas estaban en guerra contra los cishaurim desde mucho antes

de que Maithanet declarara la Guerra Santa. Como la Casa Ikurei, los Chapiteles Escarlatas se hab‫ي‬an implicado en la Guerra Santa para valerse de ella. Para los Chapiteles Escarlatas, la Guerra Santa era un instrumento de venganza. Cuando Conphas mencionَ sus sospechas, su t‫ي‬o adoptَ un aire despectivo; al menos, al principio. Insistiَ en que Ele‫ل‬zaras era demasiado mercantilista como para arriesgarse por una tonter‫ي‬a como la venganza. Cuando Cememketri y Skeaos apoyaron esa teor‫ي‬a, sin embargo, el Emperador se dio cuenta de que hab‫ي‬a estado albergando las mismas sospechas desde el principio. Era oficial: los Chapiteles Escarlatas se hab‫ي‬an unido a la Guerra Santa para poner el punto final a una guerra preexistente con los cishaurim. En s‫ ي‬misma, la conjetura era reconfortante. Significaba que los objetivos de los Chapiteles Escarlatas no se cruzar‫ي‬an con los suyos hasta el final, cuando ya no importara. A Ele‫ل‬zaras le resultar‫ي‬a dif‫ي‬cil hacer efectiva su amenaza una vez él y su Escuela estuvieran muertos. Pero lo que inquietaba a Conphas era la pregunta de qué hab‫ي‬a llevado a Maithanet a invitar a los Chapiteles Escarlatas. Sin duda, de todas las Escuelas, era la m‫ل‬s capacitada para destruir a los cishaurim en un enfrentamiento abierto. Pero, aparentemente, Conphas no pod‫ي‬a pensar en una Escuela menos susceptible de unirse a una Guerra Santa. Y por lo que Conphas sab‫ي‬a, el Shriah no se hab‫ي‬a aproximado a ninguna otra Escuela, ni siquiera al Saik Imperial, que hab‫ي‬a sido el tradicional baluarte contra los cishaurim a lo largo de las Guerras Santas. Sَlo a los Chapiteles Escarlatas. ‫؟‬Por qué? A menos que Maithanet hubiera tenido noticia de su guerra. Pero esa respuesta era todav‫ي‬a m‫ل‬s inquietante que la pregunta. Con la muerte de casi todos los esp‫ي‬as imperiales en Sumna, ten‫ي‬an multitud de razones para recelar todav‫ي‬a m‫ل‬s de la astucia de Maithanet. ،Pero eso! ‫؟‬Un Shriah que se hab‫ي‬a infiltrado en las Escuelas? Y los Chapiteles Escarlatas, nada menos. No por primera vez, Conphas sospechَ que Maithanet, y no la Casa Ikurei, ocupaba el centro de la telaraٌa de la Guerra Santa. Pero no osَ compartir sus dudas con su t‫ي‬o, que tend‫ي‬a a ser todav‫ي‬a m‫ل‬s idiota cuando estaba asustado. En lugar de eso, explorَ ese miedo en s‫ي‬ mismo. Ya no se regodeaba con glorias futuras en las horas de oscuridad antes del sueٌo. En lugar de eso, se preocupaba por unas repercusiones que ni pod‫ي‬a tolerar ni verificar. Maithanet. ‫؟‬Qué juego se llevaba entre manos? Y, por cierto, ‫؟‬

quién era en realidad?

Las noticias llegaron unos cuantos d‫ي‬as después. La Guerra Santa Vulgar hab‫ي‬a sido aniquilada. Las informaciones eran vagas al principio. Mensajes urgentes desde Asgilioch relataban los terribles testimonios de una docena de galeoth que hab‫ي‬an logrado escapar a través del espolَn Uٌaras. La Guerra Santa Vulgar hab‫ي‬a sido totalmente derrotada en las llanuras de Mengedda. Poco después, llegaron dos mensajeros de Kian: uno llevaba las cabezas cortadas de Calmemunis, Tharschilka y un hombre que pod‫ي‬a ser Kumrezzer o no; el otro tra‫ي‬a un mensaje secreto del propio Skauras, que fue entregado, de acuerdo con las instrucciones del Sapatishah, a su antiguo rehén y pupilo. Dec‫ي‬a simplemente: «No podemos contar los cad‫ل‬veres de vuestros parientes idَlatras; tantos han sido derribados por la furia de nuestra justa mano. Sea alabado el Dios Solitario. Sabed que la Casa Ikurei ha sido escuchada». Después de despedir al mensajero, Conphas pasَ varias horas d‫ل‬ ndole vueltas al mensaje en sus aposentos. Una y otra vez, las palabras le sobreven‫ي‬an por voluntad propia: «... tantos han sido derribados...», «no podemos contar...». Aunque sَlo ten‫ي‬a veintisiete aٌos, Ikurei Conphas hab‫ي‬a sido testigo de las carnicer‫ي‬as cometidas en muchos campos de batalla, tantas que casi pod‫ي‬a ver las masas de inrithi desparramados y enmara ٌados por las llanuras de Mengedda, con sus ojos de pez muerto mirando la tierra o el cielo infinito. Pero no era la culpa lo que llevaba a su alma a cavilar --y quiz‫ل‬, en cierto sentido, incluso a lamentar--, sino la pura escala de su primer logro. Era como si hasta entonces las dimensiones del plan de su t‫ي‬o hubieran sido demasiado abstractas como para que las comprendiera verdaderamente. Ikurei Conphas estaba sobrecogido por lo que él y su t‫ي‬o hab‫ي‬an hecho. «La casa Ikurei ha sido escuchada.» El sacrificio de un ejército entero de hombres. Sَlo los Dioses osaban cometer actos como ése. «Hemos sido escuchados.» Conphas se dio cuenta de que muchos sospechar‫ي‬an que hab‫ي‬a sido la Casa Ikurei la que hab‫ي‬a hablado, pero nadie lo sabr‫ي‬a. Un extra ٌo orgullo se apoderَ de él, un orgullo secreto que nada ten‫ي‬a que ver

con la estima de otros hombres. En los anales de los grandes acontecimientos, habr‫ي‬a muchos relatos de ese primer acontecimiento tr‫ل‬gico de la Guerra Santa. La responsabilidad de esa cat‫ل‬strofe ser‫ي‬a atribuida a Calmemunis y los otros Grandes Nombres. En la lista de ancestros de sus descendientes, ser‫ي‬an nombres de vergüenza y desdén. No habr‫ي‬a ninguna menciَn a Ikurei Conphas. Por un instante, Conphas se sintiَ como un ladrَn: el responsable secreto de una gran pérdida. Y el entusiasmo que sent‫ي‬a ten‫ي‬a una intensidad pr‫ل‬cticamente sexual. Vio claramente por qué amaba esa especie de guerra. En el campo de batalla, todos sus actos estaban sujetos al escrutinio de los dem‫ل‬s. All‫ي‬, sin embargo, no estaba sujeto a ese escrutinio; promulgaba el destino desde un lugar que trascend‫ي‬a el juicio o la recriminaciَn. Estaba escondido en elْ tero de los acontecimientos. Como un Dios.

TERCERA PARTE: LA RAMERA

_____ 9 _____ Sumna «Y el rey nohombre gritَ palabras hirientes: "Ahora a m‫ ي‬debes confesar, por los muertos que por encima de ti rondan!". Y el Emisario respondiَ, siempre cauteloso: "Somos la raza de la carne, somos la raza de los amantes".» Balada de los inchoroi, antigua canciَn popular kuniْrica

Principios de invierno, aٌo del Colmillo 4110, Sumna --‫؟‬Volver‫ل‬s la semana que viene? --preguntَ Esmenet a Psammatus mientras observaba cَmo se pon‫ي‬a la tْnica blanca de seda por la cabeza y la hac‫ي‬a descender por su estَmago y sobre su todav‫ي‬a refulgente falo. Ella estaba sentada desnuda en la cama, con las s‫ل‬banas amontonadas sobre las rodillas. Psammatus se detuvo mientras se alisaba las arrugas con una expresiَn ausente. La mirَ con l‫ل‬stima. --Me temo que ésta va a ser miْ ltima visita, Esmi. Esmenet asintiَ. --Has encontrado a otra, a otra m‫ل‬s joven. --Lo siento, Esmi. --No, no lo sientas. Las putas no somos tan ingenuas como para llorar como las esposas. Psammatus sonriَ, pero no respondiَ. Esmenet observَ cَmo recog‫ي‬a su toga y sus vestiduras doradas y blancas. Hab‫ي‬a algo emocionante y reverente en su forma de vestir. Hasta se detuvo para besar los colmillos dorados que decoraban cada una de las anchas mangas. Echar‫ي‬a de menos a Psammatus, echar‫ي‬a de menos su esbelto cabello plateado y su rostro paternal. Quiz‫ ل‬incluso echara de menos el modo como la tomaba. «Me estoy convirtiendo en una vieja zorra --pens .--َ Una razَn m‫ل‬s para que Akka me abandone«. Inrau estaba muerto, y Achamian se hab‫ي‬a ido de Sumna convertido en un hombre roto. Después de todos esos d‫ي‬as, todav‫ي‬a conten‫ي‬a la respiraciَn al recordar su partida. Le hab‫ي‬a rogado que se la llevara con él. Al final, hasta hab‫ي‬a llorado y se hab‫ي‬a puesto de rodillas: --،Por favor, Akka! ،Te necesito! Pero ella sab‫ي‬a que era mentira, y el perplejo resentimiento de los ojos de Achamian significaba que él también. Ella era una prostituta y las prostitutas se insensibilizaban ante los hombres, ante todos los hombres, por pura necesidad. No. Por mucho que temiera perder a Achamian, lo que m‫ل‬s tem‫ي‬a era la perspectiva de volver a su vieja vida, a la incesante sucesiَn de miradas hambrientas y angustiadas, y semen derramado. ،Quer‫ي‬a las Escuelas! ،Las Grandes Facciones! Necesitaba a Achamian, s‫ي‬, pero deseaba todav‫ي‬a m‫ل‬s su vida. Y ésa era la iron‫ي‬a que la dejaba sin aliento: que mientras disfrutaba de esa nueva vida con Achamian, hab‫ي‬a sido incapaz de

renunciar a la antigua. --Dices que me quieres --le hab‫ي‬a gritado Achamian--, pero a pesar de eso aceptas clientes. ،Dime por qué, Esmi! ‫؟‬Por qué? «Porque sab‫ي‬a que me dejar‫ي‬as. Y todos me dej‫ل‬is... Todos los que quiero.» --Esmi --estaba diciendo Psammatus--. Esmi, por favor, no llores. Volveré la semana que viene. Te lo prometo. Ella negَ con la cabeza y se secَ las l‫ل‬grimas de los ojos. No dijo nada. «،Llorando por un hombre! ،Soy m‫ل‬s fuerte que esto!» Psammatus se sentَ junto a ella para atarse las sandalias. Parec‫ي‬a pensativo, hasta asustado. Esmenet sab‫ي‬a que los hombres como Psammatus acud‫ي‬an a las putas tanto para escapar de pasiones incَ modas como para saturarse de ellas. --‫؟‬Has o‫ي‬do hablar de un joven sacerdote llamado Inrau? --pregunt َ, esperando a la vez tranquilizarle y retener un patético pedazo de su vida con Achamian. --S‫ي‬, la verdad es que s‫ ي‬--respondiَ Psammatus, con el perfil sorprendido y aliviado--. Es el que dicen que se suicidَ. Lo mismo que dec‫ي‬an los otros. Las noticias de la muerte de Inrau hab‫ي‬an provocado un gran esc‫ل‬ndalo en la Hagerna. --Suicidio. ‫؟‬Est‫ل‬s seguro de eso? --«‫؟‬Y si es cierto? ‫؟‬Qué har‫ل‬s en ese caso, Akka?» --Estoy seguro de que es lo que dicen. Se girَ, le dedicَ una mirada sombr‫ي‬a y le pasَ un dedo por la mejilla. Después, se puso en pie y se abrochَ la tْnica azul, la que utilizaba para esconder sus vestiduras. --Deja la puerta abierta, por favor --dijo Esmenet. ‫ة‬l asintiَ. --Encantado, Esmi. --Encantada. Bajo las crecientes sombras del atardecer, Esmenet se tumbَ desnuda sobre las s‫ل‬banas y se adormeci َun rato pensando en un arrepentimiento tras otro. La muerte de Inrau. La huida de Achamian. Y como siempre, su hija... Cuando abri lَos ojos, una figura oscurec‫ي‬a la puerta. Alguien esperaba. --‫؟‬Quién eres? --le preguntَ ella cansinamente. Se aclarَ la garganta. Sin mediar palabra, el hombre se dirigiَ al lado de la cama. Era alto, casi escultural, y llevaba un abrigo negro como el carbَn sobre una pechera plateada y una tْnica negra de damasco

arrugado. «Un nuevo cliente --pensَ ella, mir‫ل‬ndole a la cara con la inocencia de los que se acaban de despertar--. Y guapo, adem‫ل‬s.» --Doce talentos --dijo ella, incorpor‫ل‬ndose entre las s‫ل‬banas--, o media moneda de plata si... Le dio una bofetada. Muy fuerte. La cabeza le saliَ rebotada hacia atr‫ل‬s y hacia un lado. Se cayَ de la cama de cara. El hombre soltَ una carcajada. --No eres una puta de doce talentos. Seguro que no. Con los o‫ي‬dos zumbando, Esmenet se puso en cuclillas y apoyَ la espalda contra la pared. El hombre se sentَ en el extremo de la tosca cama y empezَ a quitarse los guantes de cuero dedo por dedo. --Es una cuestiَn de etiqueta. Uno nunca deber‫ي‬a empezar una relaciَn con mentiras, puta. Se establece un desafortunado precedente. --‫؟‬Tenemos una relaciَn? --preguntَ ella sin aliento. Ten‫ي‬a insensible todo el lado izquierdo de la cara. --Por persona interpuesta, pero s‫ي‬. Los ojos del hombre se detuvieron en sus pechos antes de parpadear y dirigirse hacia sus muslos. Esmenet abriَ las rodillas un poco m‫ل‬s, como si fuera un accidente debido al cansancio. --‫؟‬Y de quién se trata? --preguntَ ella. El corazَn le martilleaba en el pecho. El hombre le mirَ debajo del ombligo con la desvergüenza de un propietario de esclavos. --Un Maestro del Mandato --elevَ la mirada como si saliera de una ensoٌaciَn-- llamado Drusas Achamian. «Akka. Sab‫ي‬as que esto suceder‫ي‬a.» --Le conozco --dijo con precauciَn, reprimiendo la necesidad de preguntarle una vez m‫ل‬s al hombre quién era. «No hagas preguntas. La ignorancia es la vida.» --‫؟‬Qué quieres saber? --dijo en su lugar. Separَ m‫ل‬s las rodillas y abriَ totalmente las piernas. «Sé la puta...» --Todo --respondiَ el hombre. Sus gruesos labios formaron una sonrisa--. Quiero saberlo todo y conocer a todas las personas que ha conocido. --Te costar‫ ل‬dinero --dijo ella, tratando de tranquilizar su voz--. Ambas cosas te costar‫ل‬n dinero. «Debes venderle.» --‫؟‬Por qué no me sorprende? ،Ah, negocios! Hace que todo sea tan

directo, ‫؟‬no te parece? --Murmurَ algo entre dientes mientras rebuscaba en su monedero--. Aqu‫ ي‬est‫ل‬n... Once talentos de cobre. Seis por traicionar tu cuerpo y cinco por traicionar al Maestro. --Una sonrisa salvaje--. Una justa tasaciَn del relativo valor de ambas cosas, ‫؟‬no crees? --Media moneda de plata, al menos --dijo ella--. Por cada cosa. «Haz negocio... Sé la puta.» --،Qué presunciَn! --respondiَ, hundiendo dos p‫ل‬lidos dedos en su monedero--. ‫؟‬Qué tal una de éstas? Mirَ el refulgente oro con una franca avidez. --Servir‫ ل‬--dijo, con la boca seca. El hombre sonriَ. --Ya me lo imaginaba. La moneda desapareciَ, y él empez َa desvestirse mientras observaba con una asilvestrada franqueza cَmo ella se apresuraba a encender unas velas contra la oscuridad del atardecer. Llegado el momento, su proximidad tuvo un elemento animal, un olor o una calidez que le hablaba directamente al cuerpo de ella. ‫ة‬l le acariciَ el pecho izquierdo con una mano fuerte y encallecida, y toda ilusi َn que Esmenet hubiera tenido de valerse de la lujuria de aquel hombre como arma se evaporَ. Su presencia era abrumadora. Cuando él la posَ en la cama, ella temiَ que fuera a derretirse. «Sé complaciente...» El hombre se arrodillَ ante ella y, sin ningْn esfuerzo, tirَ de sus caderas alzadas y sus piernas abiertas alrededor de sus muslos. Y ella se encontrَ deseando el momento que hab‫ي‬a temido. ‫ة‬l estaba dentro de ella. Ella grit‫ »؟‬.Qué َ me est‫ ل‬haciendo? ‫؟‬Qué est‫ ل‬haciendo?» Empezَ a moverse. El dominio que aquel hombre ten‫ي‬a sobre el cuerpo de ella era inhumano. En seguida, un jadeo se fundiَ con el siguiente. Cuando él la acariciaba, su piel era como agua, viva, con temblores que cruzaban su cuerpo de arriba abajo. Empezَ a retorcerse, a apretarse contra él desesperada, gimiendo entre los dientes apretados, ebria de un éxtasis de pesadilla. A través de sus ojos doloridos, el hombre parec‫ي‬a ser su centro ardiente; se fund‫ي‬a en su interior, la cubr‫ي‬a de un desgarramiento tras otro, un empujَn tras otro. Constantemente, él la llevaba al resonante l‫ي‬mite del cl‫ي‬max, pero entonces se deten‫ي‬a y le hac‫ي‬a preguntas, preguntas infinitas... --‫؟‬Y qué dijo exactamente Inrau acerca de Maithanet? --No pares..., por favor. --‫؟‬Qué dijo?

«Dile la verdad.» Ella recordaba haber tratado de acercar la cara de ese hombre a la suya, susurrando. --Bésame..., bésame. Recordaba su grueso pecho apretado contra sus senos, y haber temblado, haberse desmoronado debajo de él como si fuera de arena. Recordaba haberse quedado tendida con él, inmَvil y sudorosa, jadeando en busca de aire, sintiendo los fuertes latidos del corazَn del hombre en su miembro, su menor movimiento como un rayo entre sus muslos, una felicidad agَnica que la hizo sollozar y rugir con un salvaje abandono. Y recordaba haber respondido sus preguntas con la urgencia de unas caderas que se sacuden. «،Cualquier cosa! ،Te dar‫ي‬a cualquier cosa!» Cuando ella llegَ finalmente al cl‫ي‬max, se sintiَ como si la hubieran lanzado por un precipicio y oyَ sus propios gemidos roncos en la distancia, estridentes contra el retumbante rugido de dragَn del hombre. Entonces, él se apartَ, y ella se sintiَ saqueada; los miembros le temblaban, ten‫ي‬a la piel insensibilizada y cubierta de un sudor fr‫ي‬o. Dos de las velas se hab‫ي‬an consumido, pero una luz gris‫ل‬cea iluminaba la habitaciَn. «‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo?» ‫ة‬l estaba de pie, con su perfil divino refulgiendo bajo el resplandor de la vela que quedaba. --Se est‫ ل‬haciendo de d‫ي‬a --dijo él. La moneda de oro revoloteَ en su mano y cautivَ a Esmenet con su brillo. La sostuvo encima de ella y dejَ que se deslizara entre sus dedos. Cayَ en uno de los charcos pegajosos de su estَmago. Bajَ la mirada y reprimiَ un grito horrorizado. Su semen era negro. --C‫ل‬llate --dijo, recogiendo su ropa--. No le digas ni una palabra de esto a nadie. ‫؟‬Lo entiendes, zorra? --Lo entiendo --logrَ decir. Se le saltaban las l‫ل‬grimas. «‫؟‬Qué he hecho?» Se qued َmirando la moneda y el perfil del Emperador que hab‫ي‬a en ella, distante y dorado sobre su aterciopelado vello pْbico y la superficie de su piel desnuda, piel enhebrada y manchada con una brea brillante. La bilis le ascendi h َ asta el velo del paladar. La habitaciَn se llenَ de luz. «Est‫ ل‬abriendo las contraventanas.» Pero cuando levantَ la mirada, ya hab‫ي‬a desaparecido. Oyَ el ‫ل‬rido batir de alas desapareciendo en el amanecer.

Una bocanada de fr‫ي‬o aire matutino entrَ en la habitaciَn y disolviَ el olor de un celo inhumano. «Pero él ol‫ي‬a a mirra.» Esmenet se dio la vuelta en la cama y vomitَ en el suelo.

Pasَ un tiempo antes de que pudiera lavarse, vestirse y salir de la habitaciَn. Cuando llegَ tropezando a la calle, sab‫ي‬a que no podr‫ي‬a volver jam‫ل‬s. Soportَ el acre contacto de los dem‫ل‬s --el distrito de la clientela estaba junto al siempre atestado Mercado Ecosiumo-sintiéndose sorprendentemente viva bajo las miradas y los sonidos de su ciudad: herreros martilleando; el grito de un hombre tuerto proclamando el poder curativo de sus productos de azufre; otro hombre gritando los nombres de sus carnes; los discordantes gritos de los arrieros que azotaban a sus bestias hasta que éstas bramaban. Sonidos incesantes. Y un marem‫ل‬gnum de olores: piedra seca estival, incienso, el atractivo aroma de carne as‫ل‬ndose, heces y humo; olor de humo en todas partes. Un fresco vigor matinal animaba el mercado, y Esmenet pasَ entre la multitud como una sombra cansada. Le dol‫ي‬a todo el cuerpo, hasta la médula, y caminar le resultaba penoso. Cogiَ su moneda de oro con fuerza y se la cambiَ de vez en cuando de mano para secarse el sudor de las palmas. Observaba de un modo ausente las cosas y a la gente: una ‫ل‬nfora rota que derramaba aceite sobre la estera de un mercader; unas jَvenes esclavas galeoth negociando con la muchedumbre con la mirada gacha y cestos tejidos de grano sobre la cabeza; un perro ojeroso, alerta, observando entre un bosque de piernas abriéndose y cerr‫ل‬ndose; el borroso perfil de Junriuma alz‫ل‬ndose en la distancia. Observaba y pensaba: «Sumna». Amaba su ciudad, pero ten‫ي‬a que escapar. Achamian le hab‫ي‬a dicho que aquello pod‫ي‬a suceder; que si Inrau hab‫ي‬a sido en verdad asesinado, quiz‫ ل‬acudieran a ella hombres que lo buscaran a él. --Si eso sucede, Esmi, hagas lo que hagas, no preguntes. Es mejor que no sepas nada, ‫؟‬lo comprendes? La ignorancia es la vida... Sé complaciente. Sé una zorra de principio a fin. Negocia como negocian las zorras. Y por encima de todo, Esmi, debes venderme. Debes decirles todo lo que sabes. Y decirles la verdad, porque probablemente ya conozcan buena parte de ella. Haz esto y sobrevivir‫ل‬s. --Pero ‫؟‬por qué?

--Porque los esp‫ي‬as estiman por encima de todo una alma débil y negociadora, Esmi. Te dejar‫ل‬n en paz por si puedes resultarْ til. Oculta tu fuerza y sobrevivir‫ل‬s. --Pero ‫؟‬qué hay de ti, Akka? ‫؟‬Y si les digo algo que puedan utilizar para hacerte daٌo? --Soy un Maestro, Esmi --le hab‫ي‬a respondido--, un Maestro del Mandato. Finalmente, a través de una pantalla de transeْntes, vio a una niٌa pequeٌa detenida con los pies descalzos bajo la polvorienta luz del sol. Servir‫ي‬a. La niٌa observaba con sus grandes ojos marrones cَmo Esmenet se acercaba, demasiado cautelosa para devolverle la sonrisa. Se apretَ un palo contra el pecho de su ra‫ي‬do vestido. «Sobreviv‫ي‬, Akka. Y no sobreviv‫ي‬.» Esmenet se agachَ junto a la niٌa y la dejَ estupefacta con el talento de oro. --Toma --dijo, deposit‫ل‬ndolo sobre las pequeٌas palmas de sus manos. «Se parece tanto a mi hija.»

Solo a lomos de una mula, Achamian estaba descendiendo por el valle de Sudica. Hab‫ي‬a elegido ese itinerario entre Sumna y Momemn por casualidad, o al menos eso hab‫ي‬a cre‫ي‬do, con la sola esperanza de evitar las muy cultivadas tierras m‫ل‬s cercanas a la costa. Hac‫ي‬a mucho tiempo que Sudica estaba despoblada. En ella no hab‫ي‬a m‫ل‬s que pastores, sus rebaٌos de ovejas y ruinas. El d‫ي‬a era claro y sorprendentemente c‫ل‬lido. Nansur no era un pa‫ي‬ s seco, pero ten‫ي‬a tal car‫ل‬cter que a Achamian siempre le hac‫ي‬a pensar en un pa‫ي‬s seco. Sus habitantes se concentraban con gran densidad alrededor de los r‫ي‬os y las costas, y emigraban de las grandes extensiones de tierra que resultaban inhَspitas a causa de su vulnerabilidad ante los scylvendios. Sudica era un lugar as‫ي‬. Achamian hab‫ي‬a le‫ي‬do que, en los tiempos de Kyraneas, hab‫ي‬a sido una de las grandes provincias, cuna de dinast‫ي‬as de generales y dirigentes. Ahora no hab‫ي‬a m‫ل‬s que ovejas y piedras medio enterradas. Estuviera en el pa‫ي‬s en que estuviera, a Achamian siempre le parec‫ي‬a que tratar‫ي‬a de buscar lugares como aquéllos, lugares que dorm‫ي‬an, que soٌaban en tiempos antiguos. Era una costumbre que compart‫ي‬a con muchos de los integrantes del

Mandato, una profunda obsesiَn por los monumentos de palabras o piedras condenados; tan profunda que con frecuencia se encontraban caminando entre ruinas o recorriendo la biblioteca de un anfitriَn culto sin saber por qué. Eso les hab‫ي‬a convertido en los cronistas de los Tres Mares. Para ellos, pasear entre muros derruidos y columnas destruidas, o entre las palabras de un tratado antiguo, era en cierto sentido viajar en paz con sus recuerdos, ser un hombre en lugar de dos. Uno de los monumentos m‫ل‬s famosos de Sudica era la fortaleza-templo en ruinas de Batathent. Achamian tardَ un buen rato en ascender las colinas y cruzar las tierras cubiertas de matorrales antes de situarse bajo su sombra. Los inmensos muros derruidos se desmenuzaban y se convert‫ي‬an en grava. Obviamente, aquel lugar hab ‫ي‬a sido asaltado a lo largo de los aٌos por su gran‫ي‬tica y brillante piedra caliza. Loْ nico que quedaba del interior del templo eran las hileras de inmensas columnas, demasiado imponentes para ser derruidas y arrastradas a la costa. Batathent hab‫ي‬a sido uno de los pocos baluartes que hab‫ي‬an sobrevivido al colapso de Kyraneas durante el Primer Apocalipsis, un santuario para los que hu‫ي‬an de las partidas de scylvendios y sranc que los persegu‫ي‬an. Una mano protectora cerrada alrededor de la fr‫ل‬gil luz de la civilizaciَn. Achamian paseَ por el lugar, turbado por la conjunciَn de la piedra antigua y sus propios conocimientos. Regresَ a su mula sَlo cuando la creciente oscuridad le hizo temer que no encontrar‫ي‬a el camino de vuelta. Esa noche desplegَ su esterilla y durmiَ bajo las columnas. Encontrَ un triste consuelo en el modo como la luz del sol se demoraba en la piedra gélida. Soٌَ con ese d‫ي‬a en que todos los niٌos nacieron muertos, ese d‫ي‬a en que el Consulto, derrotado y devuelto a las negras murallas de Golgotterath por los nohombres y los antiguos norsirai, trajo el vac‫ي‬o, absoluto y terrible, al mundo: Mog-Pharau, el No Dios. En su sueٌo, Achamian vio cَmo un momento de gloria tras otro se apagaba en los ojos angustiados de Seswatha. Y se despertَ, como siempre se despertaba, siendo testigo del fin del mundo. Se lav َel pelo y la barba en un riachuelo cercano, se aderez cَ on aceites y después regres a َ su modesto campamento. No sَlo lloraba por Inrau, sino por la pérdida de su antigua confianza. Numerosas averiguaciones le hab‫ي‬an llevado a los laber‫ي‬nticos aposentos de los Mil Templos sin ningْn resultado. Sus conversaciones con distintos miembros del Aparato Shriah dominaban sus pensamientos, y en esos

recuerdos los sacerdotes parec‫ي‬an todav‫ي‬a m‫ل‬s altos y delgados, como el mimbre. Muchos de esos hombres hab‫ي‬an sido desconcertantemente cortantes y se aferraban con terquedad a la explicaciَn oficial de la muerte de Inrau: suicidio. Achamian sab‫ي‬a que hab‫ي‬a sido estْpido ofrecerles oro a cambio de la verdad. ‫؟‬En qué estaba pensando? Hab‫ي‬a m‫ل‬s oro en los cuencos en los que beb‫ي‬an anpoi del que él jam‫ل‬s ser‫ي‬a capaz de reunir. Era un pordiosero ante la riqueza de los Mil Templos, ante el poder de Maithanet. Desde que hab‫ي‬a sabido de la muerte de Inrau, Achamian se hab‫ي‬ a movido como si no comprendiera nada, pose‫ي‬do por el mismo encogimiento interior que hab‫ي‬a sentido de niٌo, cuando su padre le ped ‫ي‬a que le llevara la cuerda que utilizaba para sus azotainas. «Trae la cuerda», dec‫ي‬a aquella voz crispada, y empezaba la ceremonia: labios temblorosos, manos convulsas mientras se cerraban alrededor de aquel cٌ‫ل‬amo cruel... Si Inrau en verdad se hab‫ي‬a suicidado, entonces Achamian ser‫ي‬a su asesino. «Trae la cuerda, Akka. Tr‫ل‬ela ahora mismo.» Se hab‫ي‬a sentido aliviado cuando el Mandato le hab‫ي‬a ordenado que viajara a Momemn y se uniera a la Guerra Santa. Con la pérdida de Inrau, Nautzera y otros miembros del Quorum hab‫ي‬an abandonado sus oscuras esperanzas de infiltrarse en los Mil Templos. Entonces quer‫ي‬an que observara una vez m‫ل‬s a los Chapiteles Escarlatas. Por mucho que le irritara la iron‫ي‬a de la orden, no discutiَ. Hab‫ي‬a llegado el momento de dar un paso adelante. Sumna no hizo m‫ل‬s que confirmar una conclusiَn para la que no estaba preparado. Hasta Esmenet empezَ a ponerle nervioso. Miradas burlonas y cosméticos baratos. La espera infinita mientras ella complac‫ي‬a a otros hombres. Con la misma facilidad con que incitaba a su cuerpo, su lengua le enfriaba los pensamientos con una vacilante pulcritud. Pero a pesar de todo, le dol‫ي‬a pensar en ella, en el gusto de su piel, en su perfume amargo. Los hechiceros no estaban acostumbrados a las mujeres. Sus misterios eran de una clase inferior y deb‫ي‬an ser despreciados por los hombres instruidos. Pero el misterio de esa mujer, su ramera sumni, despertaba en su interior m‫ل‬s miedo que desdén. Miedo y deseo. Pero ‫؟‬por qué? Después de la muerte de Inrau, lo que m‫ل‬s necesitaba era una distracciَn, y ella se hab‫ي‬a negado una y otra vez a ser esa distracci َn. M‫ل‬s bien al contrario. Le preguntaba por los detalles del d‫ي‬a y discut ‫ي‬a --m‫ل‬s para sus adentros que con él-- el significado de cada hecho insignificante que le contaba. Sus conspiraciones eran tan

impertinentes como absurdas. Una noche él as‫ ي‬se lo dijo con la sola esperanza de que se callara un rato. Ella se detuvo, pero cuando hablَ, lo hizo con un hast‫ي‬o que sobrepasَ con mucho al suyo, con el tono de quien ha visto su honestidad herida por la mezquindad del otro. --Sَlo estoy jugando, Achamian... Pero en los juegos hay algo de verdad. Se hab‫ي‬a quedado tendido en la oscuridad, consumido por la agitaciَn, sintiendo que si pudiera desenmaraٌar sus heridas como ella, se desmoronar‫ي‬a convertido en polvo. «Esto no es un juego. Inrau est‫ل‬ muerto. ،Muerto!» ‫؟‬Por qué ella no se daba cuenta... de lo que él necesitaba que fuera? ‫؟‬Por qué no pod‫ي‬a dejar de acostarse con otros hombres? ‫؟‬No ten‫ي‬a él oro suficiente con el que mantenerla? --‫؟‬Tْ también, Drusas Achamian? --le hab‫ي‬a gritado una vez, cuando él le hab‫ي‬a ofrecido dinero--. ،No pienso ser tu puta! --Esas palabras le hab‫ي‬an provocado la euforia y la desolaciَn a la vez. En una ocasiَn, al regresar a la casa de vecinos y no encontrarla sentada en la ventana, se hab‫ي‬a atrevido a subir a la puerta movido por una ignominiosa curiosidad. «‫؟‬Cَmo es con los dem‫ل‬s? ‫؟‬Es con ellos igual que conmigo?» Hab‫ي‬a o‫ي‬do sus gemidos bajo un cuerpo jadeante; hab‫ي‬a o‫ي‬do cَmo su cama cruj‫ي‬a al ritmo de unos gruٌidos ensordecedores. Y le pareciَ que se le deten‫ي‬a el corazَn. Piel de gallina y los o‫ي‬dos zumbando. Hab‫ي‬a colocado las insensibilizadas puntas de sus dedos en la puerta. All‫ي‬, al otro lado... All‫ ي‬estaba ella, su Esmi, con las piernas envueltas alrededor de otro hombre, con los senos refulgiendo del sudor de otro. Recordَ que se hab‫ي‬a estremecido cuando ella hab‫ي‬a llegado al cl‫ي‬max, y que hab‫ي‬a pensado: «،Ese grito es m‫ي‬o! ،M‫ي‬o!». Pero él no la pose‫ي‬a. Quiz‫ ل‬por primera vez lo hab‫ي‬a comprendido. A pesar de ello, pensَ: «Inrau est‫ ل‬muerto, Esmi. Eres loْ nico que me queda». Recordaba haber o‫ي‬do que el hombre sal‫ي‬a del interior de ella. --،Hummm! --hab‫ي‬a gemido Esmi--. ،Ah, Callustras!, est‫ل‬s terriblemente bien dotado para ser un viejo soldado. ‫؟‬Qué har‫ي‬a yo sin esa gruesa polla que tienes, eh? --Estoy seguro de que encontrar‫ي‬as muchas para saciar tu coٌo, querida --hab‫ي‬a respondido el hombre. --Sَlo unas migajas. Tْ, en cambio, eres un banquete. --Dime, Esmi, ‫؟‬quién es ese hombre que estaba aqu‫ ي‬laْ ltima vez

que vine? ‫؟‬Otra migaja? Achamian hab‫ي‬a puesto la mejilla hْmeda contra la puerta. Fr‫ي‬o, una angustia sin aliento. Esmi se hab‫ي‬a re‫ي‬do. --‫؟‬Aqu‫ ?ي‬No me acuerdo. Achamian casi hab‫ي‬a o‫ي‬do al hombre sonriendo y negando con la cabeza. --Zorra tonta --hab‫ي‬a dicho--. Hablo en serio. El modo como me mir َ cuando crucé la puerta... Casi esperaba que me asaltara de camino a los barracones. --Hablaré con él. Se pone... celoso. --‫؟‬Celoso de una puta? --Callustras, ese monedero tuyo est‫ ل‬tan lleno... ‫؟‬Est‫ل‬s seguro de que no quieres gastar un poco m‫ل‬s? --Me temo que ya me lo he gastado todo... Pero quiz‫ ل‬si lo agitas un poco caiga algo. Un momento de silencio entrecortado. El débil sonido de un cachete. Esmi hab‫ي‬a susurrado algo a duras penas audible, pero Achamian estaba seguro de lo que hab‫ي‬a o‫ي‬do. --No te preocupes por tu monedero, Callustras. Pero hazme eso otra vez... Se hab‫ي‬a sentido contaminado, como si contemplar algo obsceno le convirtiera a él en un hombre obsceno. «Sَlo est‫ ل‬interpretando el papel de puta --hab‫ي‬a tratado de recordarse--, tal como yo interpreto el de esp‫ي‬a.» Laْ nica diferencia era que ella resultaba mucho mejor intérprete. Humor coqueto, honestidad venal, apetito desnudo, todas esas cosas que atenuaban la vergüenza de un hombre por derramar semen a cambio de dinero. Ten‫ي‬a talento. --Me uno a ellos en todos los sentidos --hab‫ي‬a admitido en una ocasiَn--. Me estoy haciendo vieja, Akka, y no hay nada m‫ل‬s patético que una puta vieja y muerta de hambre. --En su voz hab‫ي‬a un temor real. Achamian se hab‫ي‬a acostado con un sinf‫ي‬n de prostitutas en innumerables ciudades a lo largo de los aٌos, as‫ ي‬que ‫؟‬por qué era Esmenet tan distinta? Hab‫ي‬a acudido a ella, en primera instancia, por sus hermosos muslos de chico y su suave piel. Hab‫ي‬a vuelto porque era muy buena, porque bromeaba y deseaba del modo como lo hac‫ي‬a con Callustras, quienquiera que fuese. Pero en algْn momento hab‫ي‬a llegado a conocer a la mujer m‫ل‬s all ‫ل‬de sus piernas abiertas‫ ؟‬.Y qué

era lo que hab‫ي‬a descubierto‫? ؟‬De quién se hab‫ي‬a enamorado? Esmenet, la Zorra de Sumna. Con frecuencia, en su imaginaciَn, ella era inexplicablemente delgada y fiera, azotada por la lluvia y los vientos, oscurecida por el balanceo de las ramas del bosque; esa mujer que en una ocasiَn hab‫ي‬a levantado su mano hacia el sol, manteniéndola all‫ ي‬para que él viera cَ mo la luz se mec‫ي‬a en su palma, y le hab‫ي‬a dicho que la verdad era aire, era cielo y sَlo pod‫ي‬a ser anhelada, nunca tocada por los miembros y los dedos de un hombre. ‫ة‬l hab‫ي‬a sido incapaz de decirle la profundidad con que le afectaban sus cavilaciones, que se revolv‫ي‬an como cosas vivas en el pozo de su alma y reun‫ي‬an piedras a su alrededor. Una bandada de gorriones surgiَ de un viejo roble en un barranco cercano, y Achamian se sobresaltَ. «El arrepentimiento --pensَ, recordando un viejo proverbio shiradi--, hace del corazَn un leproso.» Con una palabra hechicera encendiَ una hoguera y se preparَ el agua para el té de la maٌana. Mientras esperaba a que el agua hirviera, estudiَ sus aledaٌos: los cercanos pilares de Bathanet alz‫ل‬ndose hacia el sol matinal; los solitarios ‫ل‬rboles, oscuros sobre la maleza y la hierba muerta, que se bat‫ي‬an al viento. Escuchَ los silbidos y los chisporroteos amortiguados de su pequeٌa hoguera. Cuando alargَ el brazo para coger el agua hirviendo, se dio cuenta de que las manos le temblaban como si fueran presa de la par‫ل‬lisis. ‫؟‬Era a causa del fr‫ي‬o? «‫؟‬Qué me est‫ ل‬pasando?» «Las circunstancias», se dijo. Se hab‫ي‬a visto superado por las circunstancias. Con una repentina resoluciَn, dejَ el agua a un lado y empezَ a hurgar en su escaso equipaje. Sacَ su tinta, su pluma y una sola hoja de pergamino. Sentado con las piernas cruzadas sobre su esterilla, humedeciَ la pluma. En el centro del margen izquierdo, escribiَ: MAITHANET Sin duda, el corazَn del misterio. El Shriah que pod‫ي‬a ver a los Escogidos. El asesino de Inrau, quiz‫ل‬. A la derecha, anotَ: GUERRA SANTA El martillo de Maithanet y el destino de Achamian. Debajo de eso,

cerca de la base de la hoja, escribiَ: SHIMEH El objetivo de la Guerra Santa de Maithanet. ‫؟‬Pod‫ي‬a ser tan sencillo? ‫؟‬Liberar la ciudad del Ultimo Profeta del yugo de los fanim? Los objetivos declarados por los hombres astutos raramente eran los verdaderos. Traz u َ na l‫ي‬nea a la derecha de Shimeh y apunt:َ LOS CISHAURIM ‫؟‬Desafortunadas v‫ي‬ctimas de la Guerra Santa de Maithanet o, de algْn modo, cَmplices? Trazَ otra l‫ي‬nea a partir de ah‫ ي‬hacia Guerra Santa, en el centro, y se detuvo para escribir: LOS CHAPITELES ESCARLATAS Al menos el motivo de las Escuelas estaba claro: la destrucciَn de los cishaurim. Pero como Esmenet hab‫ي‬a seٌalado, ‫؟‬cَmo sab‫ي‬a Maithanet de su guerra secreta contra los cishaurim? Contemplَ por un instante su escritura, observando cَmo la tinta se achataba al secarse. Por si acaso, escribiَ: EL EMPERADOR junto a Guerra Santa. En Sumna se rumoreaba con insistencia que el Emperador trataba de comprometer la Guerra Santa, de transformarla en un instrumento de reconquista imperial. Aunque a Achamian le importaba poco si la dinast‫ي‬a Ikurei lo lograba o no, sin duda ser‫ي‬a una importante variable en el ‫ل‬lgebra de esos acontecimientos. Y entonces, en el extremo superior derecho, escribiَ: EL CONSULTO Un nombre como una pizca de sal en el agua pura. Significaba tantas cosas: el Apocalipsis, la hilaridad y el desdén con el que las Grandes Facciones contemplaban el Mandato. ‫؟‬Dَnde estaban? ‫؟‬Ten‫ي‬ an siquiera un lugar en aquella p‫ل‬gina? Estudiَ el mapa un momento, probando el té entre el vapor

ascendente. Percibiَ el calor en el estَmago y le ayudَ a hacer frente al fr‫ي‬ o matinal. «Estoy olvidando algo», pensَ. Olvidando... La mano le temblَ al escribir: INRAU bajo Maithanet. «‫؟‬Te matَ él, querido muchacho, o lo hice yo?» Achamian se sacudiَ esos pensamientos. No le pagaba ningْn respeto a Inrau llor‫ل‬ndole, y mucho menos regode‫ل‬ndose en la autocompasiَn. No hab‫ي‬a nada que vengar. Si hab‫ي‬a que hacer alguna reparaciَn, estaba all ,‫ي‬en algْn lugar de esa p‫ل‬gina. «No soy su padre. Debo ser lo que soy: un esp‫ي‬a.» Achamian hac‫ي‬a esos mapas con frecuencia, no porque le preocupara la posibilidad de olvidar algo, sino porque le preocupaba que se le pudiera pasar algo por alto. Le parec‫ي‬a que visualizar las conexiones siempre permit‫ي‬a vislumbrar nuevas conexiones posibles. Adem‫ل‬s, ese simple ejercicio hab‫ي‬a demostrado ser, con frecuencia, una gu‫ي‬a valiosa para sus indagaciones en el pasado. La diferencia crucial en ese caso, sin embargo, era que en lugar de escribir el nombre de individuos y sus conexiones con algْn mezquino objetivo, en ese mapa aparec‫ي‬an las Grandes Facciones y sus conexiones con una Guerra Santa. La escala de ese misterio, lo que estaba en juego, exced‫ي‬a con mucho cualquier cosa a la que se hubiera enfrentado con anterioridad..., aparte de sus sueٌos. Aguantَ la respiraciَn. «‫؟‬Un preludio al Segundo Apocalipsis? ‫؟‬Era posible?» La mirada de Achamian regresَ a El Consulto, aislado en una esquina, y entonces se dio cuenta de que su mapa ya hab‫ي‬a arrojado su primer dividendo. Si el Consulto segu‫ي‬a todav‫ي‬a en los Tres Mares, ten‫ي‬a que tener alguna suerte de conexiَn. Era imposible que se mantuvieran al margen en unos tiempos tan épicos. ‫؟‬Dَnde, pues, se escond‫ي‬an? Inexorablemente, su mirada regresَ a: MAITHANET Achamian le dio otro sorbo a su té. «‫؟‬Quién eres, amigo? ‫؟‬Cَmo puedo descubrir quién eres?» Quiz‫ ل‬deber‫ي‬a regresar a Sumna. Quiz‫ ل‬podr‫ي‬a arreglar las cosas con Esmenet, ver si ella perdonaba a un idiota su fr‫ل‬gil orgullo. Al menos podr‫ي‬a asegurarse de que ella...

Achamian dejَ r‫ل‬pidamente su maltrecha taza, cogiَ su pluma y escribiَ: PROYAS entre Maithanet y Guerra Santa. ‫؟‬Por qué no hab‫ي‬a pensado en eso antes? Después de encontrar a Proyas en los escalones, debajo del Shriah, Achamian hab‫ي‬a sabido que el Pr‫ي‬ncipe Coronado se hab‫ي‬a convertido en uno de los pocos confidentes de Maithanet. Eso no le hab ‫ي‬a sorprendido. En los aٌos posteriores a la tutela de Achamian, Proyas se hab‫ي‬a obsesionado con la devociَn. A diferencia de Inrau, que se hab ‫ي‬a comprometido con los Mil Templos para servir del mejor modo posible, Proyas hab‫ي‬a abrazado el Colmillo y el ‫ع‬ltimo Profeta para juzgar del mejor modo posible, o al menos eso pensaba Achamian. El recuerdo de laْ ltima carta de Proyas, la que hab‫ي‬a puesto punto final a su ya lacَnica correspondencia, todav‫ي‬a le escoc‫ي‬a. »"‫؟‬Sabes qué me duele m‫ل‬s cuando pienso en ti, viejo profesor? No el hecho de que fueras un blasfemo, sino el pensamiento de que en el pasado amé a un blasfemo." ‫؟‬Cَmo se recuperaba uno de palabras tan severas? Pero ten‫ي‬a que hacerlo, sab‫ي‬a Achamian, y por razones que eran a la vez las mejores y las peores. Ten‫ي‬a que salvar el abismo entre ellos, no porque todav‫ي‬a quisiera a Proyas --los hombres extraordinarios con frecuencia impon‫ي‬ an ese amor--, sino porque necesitaba abrirse camino hacia Maithanet. Necesitaba respuestas, para tranquilizar su corazَn y, quiz‫ل‬, también para salvar el mundo. Cَmo se reir‫ي‬a Proyas si le dijera eso... ،Con razَn en los Tres Mares cre‫ي‬an que el Mandato estaba loco! Achamian se puso en pie y vertiَ el resto del té sobre el sibilante fuego. Mirَ en su mapa las conexiones una vez m‫ل‬s y cavilَ sobre los amplios espacios en blanco que quedaban en su papiro, y de un modo ocioso se preguntَ cَmo podr‫ي‬a llenarlos. Levantَ el campamento, cargَ la mula y reemprendiَ su solitario viaje. Sudica se extend‫ي‬a sin demarcaciones: m‫ل‬s colinas, m‫ل‬s tierra pedregosa.

Esmenet caminَ en la penumbra con los dem‫ل‬s; el corazَn le lat‫ي‬a

con fuerza. Sent‫ي‬a la tambaleante inmensidad de la Puerta de Pieles que se alzaba sobre ella, como si fuera un martillo que el destino hubiera estado sosteniendo durante mil aٌos a la espera de su huida. Vislumbr lَos rostros que le rodeaban, pero sَlo vio cansancio y aburrimiento. Para ellos, abandonar la ciudad carec‫ي‬a de novedad. Imagin q َ ue esa gente escapaba de Sumna cada d‫ي‬a. Por un absurdo instante, le tuvo miedo a su miedo. Si escapar de Sumna no significaba nada, ‫؟‬significaba eso que todo el mundo era una c‫ل‬rcel? De repente, tuvo que parpadear para contener las l‫ل‬grimas bajo la luz del sol. Se detuvo, mirando de reojo las descomunales torres marrones. Después, mirَ a su alrededor; respirando profundamente, ignorَ las maldiciones de los que estaban tras ella. Los soldados holgazaneaban a ambos lados de las fauces oscuras de la puerta, observando a los que entraban en la ciudad pero sin hacer preguntas. Gente a pie, en carros, a caballo, bull‫ي‬a a su alrededor. A ambos lados de la calle, una escasa colonia de comerciantes voceaba sus mercanc‫ي‬ as con la esperanza de obtener algْn beneficio de los hambrientos vagabundos. Entonces, vio lo que antes hab‫ي‬a sido solamente una borrosa banda en el horizonte, apareciendo aqu‫ ي‬y all‫ ل‬entre el atestado per‫ي‬ metro de las murallas de Sumna: el campo, con una palidez invernal y extendiéndose infinitamente en la distancia. Y vio el sol, el sol deْ ltima hora de la tarde, impregnando la tierra como si fuera agua. Un transportista restallَ su l‫ل‬tigo junto a su oreja, y ella se apartَ. Un carro, tirado por un endeble buey, crujiَ a su lado. El cochero le dedicَ una sonrisa sin dientes. Vislumbrَ el tatuaje verdoso que ten‫ي‬a en el dorso de su mano izquierda. La marca de su tribu. El Signo de Gierra, si bien ella no era sacerdotisa. El Aparato Shriah insist‫ي‬a en que todas las rameras se tatuaran parodias de los tatuajes sagrados que llevaban las prostitutas del templo. Nadie sab‫ي‬a por qué. «Para engaٌarse y creer que los Dioses son engaٌados», supuso Esmenet. All‫ ي‬le pareciَ algo distinto, sin muros, sin la amenaza de la Ley Shriah. Pensَ en la posibilidad de llamar al transportista, pero mientras el carro se alejaba su mirada se vio atra‫ي‬da por el camino, que trazaba una perfecta l‫ي‬nea a través del paisaje roto, como cemento entre ladrillos agrietados. «Dulce Gierra, ‫؟‬qué estoy haciendo?» Camino abierto. Achamian le hab‫ي‬a dicho en una ocasiَn que era

como una cuerda alrededor del cuello, que le asfixiaba a uno si no segu ‫ي‬a. A punto estuvo de desear sentirlo as‫ ي‬ella en ese momento. As‫ي‬ comprender‫ي‬a qué era ser arrastrado hacia alguna destinaciَn. Pero a ella le parec‫ي‬a como una larga ca‫ي‬da, perfectamente vertical, adem‫ل‬s. Con sَlo mirar hacia abajo, se mareَ. «،Idiota! ،Es sَlo un camino!» Hab‫ي‬a ensayado su plan mil veces. ‫؟‬Por qué tener miedo entonces? No era una esposa. Llevaba el monedero entre las piernas. De camino a Momemn, como dec‫ي‬an los soldados, vender‫ي‬a melocotones. Quiz‫ ل‬los hombres se interpusieran entre las mujeres y los Dioses, pero ten‫ي‬an hambre como las bestias. El camino ser‫ي‬a agradable. Enْ ltima instancia, encontrar‫ي‬a la Guerra Santa. Y en la Guerra Santa encontrar‫ي‬a a Achamian. Le coger ‫ي‬a por las mejillas y le besar‫ي‬a; finalmente se convertir‫ي‬a en una compaٌera de viaje. Entonces, le contar‫ي‬a lo que hab‫ي‬a sucedido, le hablar‫ي‬a del peligro. Respirَ hondamente. Percibiَ el polvo y el fr‫ي‬o. Empezَ a andar con las piernas tan ligeras que podr‫ي‬a haberse puesto a bailar. Pronto ser‫ي‬a oscuro.

____ 10 ____ Sumna «‫؟‬Cَmo podr‫ي‬a uno describir la terrible majestad de la Guerra Santa? Ya entonces, antes de los baٌos de sangre, contemplarla era a la vez temible y maravilloso; una gran bestia cuyas extremidades estaban compuestas de naciones enteras -Galeoth, Thunyerus, Ce Tydonn, Conriya, Alto Ainon y el Nansurium-, y los Chapiteles Escarlatas como las fauces del dragَn, nada menos. Desde los d‫ي‬as del Imperio Ceneiano o el Antiguo Norte, el mundo no hab‫ي‬a presenciado una reuniَn as‫ي‬. Pese a estar contaminada por la pol‫ي‬tica, era una cosa sobrecogedora.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Mediados de invierno, aٌo del Colmillo 4111, Sumna

Esmenet siguiَ caminando incluso después de que cayera la noche, ebria por la pura imposibilidad de hacerlo. En varias ocasiones, incluso se puso a correr por los campos oscuros; sus pies se agitaban sobre la hierba helada y extend‫ي‬a los brazos mientras giraba bajo el Clavo del Cielo. El fr‫ي‬o era implacable como el hierro; los espacios, infinitos. La oscuridad era gélida, como si hubiera sido rasgada de la vista y el olfato con la cuchilla del invierno. Era tan distinta de la hْmeda oscuridad de Sumna, donde las sensaciones cargadas de tinta lo manchaban todo. All‫ي‬, bajo el fr‫ي‬o y la oscuridad, el pergamino del mundo estaba en blanco. All‫ي‬, al parecer, era donde empezaba todo. Saboreَ ese pensamiento, pero también se estremeciَ. En una ocasi َn, Achamian le hab‫ي‬a dicho que el Consulto cre‫ي‬a lo mismo. Finalmente, a medida que la noche se aclaraba, recuperَ la sobriedad. Se recordَ a s‫ ي‬misma los arduos d‫ي‬as que ten‫ي‬a por delante, las temibles intenciones que la mov‫ي‬an. Achamian estaba siendo observado. No pod‫ي‬a pensar en eso sin acordarse de aquella noche con el desconocido. A veces se sent‫ي‬a asqueada y ve‫ي‬a la completa oscuridad de su semen cada vez que parpadeaba. Otras veces sent‫ي‬a mucho fr‫ي‬o, revisaba y evaluaba cada palabra dicha, cada punzante cl‫ي‬ max, con la falta de pasiَn de un recaudador de impuestos. Le resultaba dif‫ي‬cil creer que hubiese sido esa zorra, esa mujer traicionera, adulterada... Pero lo hab‫ي‬a sido. No era su traiciَn lo que le avergonzaba. Sab‫ي‬a que Achamian no se lo tendr‫ي‬a en cuenta. No; lo que le hac‫ي‬a sentir vergüenza era lo que hab‫ي‬a sentido, no lo que hab‫ي‬a hecho. Algunas prostitutas despreciaban tanto lo que hac‫ي‬an que buscaban el dolor y el castigo cada vez que se iban a la cama. Esmenet, sin embargo, era de las que pod‫ي‬an re‫ي‬rse, de vez en cuando, del hecho de que le pagaran para que les complaciera. El placer de ellos era también el suyo, independientemente de quién la acariciara. Pero no aquella noche. El placer hab‫ي‬a sido el m‫ل‬s intenso que hab‫ي‬a experimentado jam‫ل‬s. Lo hab‫ي‬a sentido. Lo hab‫ي‬a gritado. La hab‫ي‬a hecho vibrar. Pero no lo hab‫ي‬a pose‫ي‬do. Le hab‫ي‬a dejado una marca en su cuerpo. Y le avergonzaba hasta el punto de sentir ira. Con frecuencia se humedec‫ي‬a al pensar en el abdomen de aquel hombre contra su estَmago. A veces se sonrojaba y se tensaba al

pensar en sus orgasmos. Quienquiera que fuese, fuera lo que fuese, hab‫ي‬a hecho cautivo su cuerpo, se hab‫ي‬a apoderado de lo que era suyo y lo hab‫ي‬a rehecho no a su propia imagen, sino a la imagen de lo que él quer‫ي‬a que ella fuera. Infinitamente receptiva. Infinitamente dَcil. Infinitamente agradecida. Pero donde su cuerpo andaba a tientas, su intelecto comprend‫ي‬a. Se dio cuenta en seguida de que si el extraٌo la conoc‫ي‬a a ella, conoc‫ي‬a a Inrau. Y si conoc‫ي‬a a Inrau, era simplemente imposible que la causa de su muerte hubiera sido el suicidio. ‫ة‬sa era la razَn por la que deb‫ي‬a encontrar a Achamian. La posibilidad de que Inrau se hubiera suicidado le hab‫ي‬a destrozado. --‫؟‬Y si es verdad, Esmi? ‫؟‬Y si se suicidَ? --No lo hizo. Ya basta, Akka. Por favor. --،Se suicidَ! ،Oh, dulces Dioses! ،Lo percibo! Le obligué a ponerse en una situaciَn en la que loْ nico que pod‫ي‬a hacer era traicionar: o Maithanet, o yo. ‫؟‬No lo ves, Esmi? ،Le obligué a enfrentar a un amor con otro! --Est‫ل‬s borracho. Y siempre que lo est‫ل‬s tus miedos se apoderan de ti. --Dulces Dioses... Le he matado. Qué huecas hab‫ي‬an sido sus palabras tranquilizadoras: inexpresivas parrafadas nacidas de una paciencia que flaqueaba debido a la indemostrable sospecha de que se castigaba a s‫ ي‬mismo para conseguir que ella sintiera pena por él. ‫؟‬Por qué se hab‫ي‬a mostrado tan fr‫ي‬a, tan ego‫ي‬sta? En un momento dado, se hab‫ي‬a sorprendido a s‫ ي‬misma maldiciendo a Inrau, ech‫ل‬ndole la culpa de la partida de Achamian. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a haber pensado una cosa as‫?ي‬ Pero eso iba a cambiar. Muchas cosas iban a cambiar. De algْn modo, incre‫ي‬blemente, formaba parte de lo que quiera que estuviese sucediendo. Iba a ser su igual. «No lo mataste, mi amor. ،Lo sé!» Y también sab‫ي‬a quién le hab‫ي‬a matado. El desconocido pod‫ي‬a ser de cualquiera de las Escuelas, pero por alguna razَn sab‫ي‬a que no era as‫ي‬. Lo que ella hab‫ي‬a experimentado estaba m‫ل‬s all‫ ل‬de los Tres Mares. El Consulto. Hab‫ي‬an matado a Inrau y la hab‫ي‬an violado a ella. El Consulto. Pese a lo aterradora que era esa intuiciَn, resultaba también excitante. Nadie, ni siquiera Achamian, hab‫ي‬a visto al Consulto en siglos. Y sin embargo, ella... Pero no pensَ en eso demasiado, porque

cuando lo hac‫ي‬a, empezaba a sentirse... afortunada. Y no pod‫ي‬a soportarlo, as‫ ي‬que se dec‫ي‬a que viajaba por Achamian. Y en ciertos momentos de descuido, se ve‫ي‬a a s‫ ي‬misma como un personaje de Las Sagas, como Ginsil o Ysilka, una esposa mortalmente atrapada en las maquinaciones de su marido. Al parecer, el camino que ten‫ي‬a ante ella cantar‫ي‬a con un furtivo encanto, como si unos testigos ocultos de su hero‫ي‬smo observaran cada paso que daba. Se estremeciَ bajo su capa. Su aliento se acumulaba ante ella. Caminَ, cavilando sobre la gélida esperanza que acompaٌaba a tantas maٌanas invernales. La luz del amanecer tardaba en llegar.

A media maٌana, pasَ ante un hostal de carretera, donde descansَ un rato con la esperanza de unirse a un pequeٌo grupo de caminantes que se hab‫ي‬a reunido en sus patios. Dos ancianos, con las espaldas dobladas bajo inmensos fardos de frutos secos, esperaban con ella. A juzgar por su entrecejo fruncido, Esmenet pensَ que hab‫ي‬an visto su tatuaje en el dorso de su mano izquierda. Todo el mundo, al parecer, sab‫ي‬a que Sumna imprim‫ي‬a una marca a sus zorras. Cuando el grupo finalmente emprendiَ el camino, lo siguiَ tan discretamente como le fue posible. Un pequeٌo cuadro de sacerdotes de piel azul, devotos de Jukan, lideraban la partida; cantaban en voz baja himnos y hac‫ي‬an sonar los platillos que llevaban en los dedos. Algunos se unieron a su canto, pero la mayor‫ي‬a permanec‫ي‬a en silencio, caminando con dificultades, susurrando quedamente. Esmenet vio que uno de los ancianos hablaba con el conductor de un carro. El transportista se girَ y la mirَ con esa expresiَn vac‫ي‬a que hab‫ي‬a visto con frecuencia: la mirada de uno que anhela aquello a lo que debe resistirse. Apartَ la mirada cuando ella sonriَ. Sab‫ي‬a que tarde o temprano aquel hombre se inventar‫ي‬a el modo accidental de hablar con ella. Y en ese momento, ella tendr‫ي‬a que tomar una decisiَn. Pero entonces, una tira de su sandalia izquierda se rompiَ. Logrَ anudar los extremos para seguir utiliz‫ل‬ndola, pero le pinchaba y le rozaba la piel bajo sus calcetines de lana. Se le reventaron las ampollas y no tardَ en cojear. Maldijo al transportista por no darse prisa. Maldijo de todo corazَn la ley que imped‫ي‬a que las mujeres llevaran botas en el Nansurium. Poco después, el nudo cediَ, y aunque lo intentَ denodadamente, no consiguiَ repararlo. El grupo se alejaba por el camino y se iba haciendo cada vez m‫ل‬s

pequeٌo. Metiَ la sandalia en la bolsa y empezَ a caminar sin ella. Casi inmediatamente, dejَ de sentir el pie. Después de veinte pasos, se le hizo el primer agujero en el calcet‫ي‬n. Algo m‫ل‬s tarde, su calcet‫ي‬n era poco m‫ل‬s que una falda hecha jirones alrededor de su tobillo. Ya casi saltaba a la pata coja m‫ل‬s rato que andaba, y con frecuencia ten‫ي‬a que detenerse para frotarse la suela del pie para calent‫ل‬rsela. No ve‫ي‬a ni rastro de los dem‫ل‬s. Tras ella, vislumbrَ un distante grupo de hombres. Parec‫ي‬an llevar una manada de animales... o de caballos de guerra. Rogَ por que fuera lo primero. La ruta que ella segu‫ي‬a era el Camino Kariano, una reliquia del Imperio Ceneiano que, sin embargo, el Emperador manten‫ي‬a en buen estado. Atravesaba en l‫ي‬nea recta la provincia de Massentia, que en verano la gente llamaba La Dorada debido a sus inacabables campos de grano. El problema con el Camino Kariano era que se adentraba en lo m‫ل‬s profundo de las llanuras Kyranae en lugar de dirigirse directamente hacia Momemn. M‫ل‬s de mil aٌos antes, hab‫ي‬a unido Sumna con la antigua Cenei. Entonces era mantenido sَlo por el servicio que prestaba a Massentia, y a Esmenet le hab‫ي‬an dicho que se convert ‫ي‬a en una pradera después de cruzarse con el m‫ل‬s importante Camino Pon, que llevaba a Momemn. Pese a su rodeo por el interior, Esmenet hab‫ي‬a optado por el Camino Kariano después de pensarlo mucho. A pesar de que no pod‫ي‬a permitirse comprar mapas ni habr‫ي‬a sabido cَmo interpretarlos, y a pesar de que nunca antes hab‫ي‬a salido de Sumna, pose‫ي‬a un ‫ي‬ntimo conocimiento de ese y muchos otros caminos. Todas las prostitutas clasificaban a sus clientes en funciَn de sus gustos. A algunas les gustaban altos; a otras, bajos. Algunas ten‫ي‬an preferencia por los sacerdotes, con sus manos dubitativas y sin callos, mientras que otras ten‫ي‬an preferencia por los soldados y su burda confianza. Pero Esmenet siempre hab‫ي‬a preferido la experiencia. Los que hab‫ي‬an sufrido, hab‫ي‬an vencido, hab‫ي‬an visto cosas lejanas o asombrosas, ésos eran los hombres que ella prefer‫ي‬a. Cuando era m‫ل‬s joven, se hab‫ي‬a acostado con hombres como ésos y hab‫ي‬a pensado: «Ahora formo parte de todo lo que han visto. Ahora soy m‫ل‬s de lo que era». Cuando, después, los acribillaba a preguntas, lo hac‫ي‬a tanto para descubrir los detalles de su enriquecimiento como por pura curiosidad. Se marchaban con menos plata y menos semen, pero ella se hab‫ي‬a convencido a s‫ ي‬misma de que se llevaban una parte de ella consigo; que ella se expand‫ي‬a de alg

ْ modo; que ella, Esmenet, moraba en los ojos que observaban y n guerreaban con el mundo. Muchas personas le hab‫ي‬an quitado de la cabeza esa creencia. Estaba la vieja puta, Pirasha, que se habr‫ي‬a muerto de hambre de no haber sido por la generosidad de Esmenet. --No, querida --le hab‫ي‬a dicho en una ocasiَn--. Cuando las mujeres meten la mano en los bolsillos de los hombres, loْ nico que est‫ل‬n haciendo es recuperar lo que les ha sido robado. Después hab‫ي‬a sido el gallardo soldado de caballer‫ي‬a Kidruhil, al que Esmenet hab‫ي‬a cre‫ي‬do amar, que acudiَ a ella por segunda vez sin recordar la primera. --Debes estar equivocada --hab‫ي‬a exclamado--. ،Recordar‫ي‬a una belleza como la tuya! Luego hab‫ي‬a dado a luz a su hija. Recordaba haber pensado, no mucho después de que naciera su hija, que el parto hab‫ي‬a significado el fin de su vana ilusiَn. Entonces sab ‫ي‬a, sin embargo, que simplemente marcaba la transiciَn de una serie de autoengaٌos a otra. La muerte de una hija; eso marcaba el fin de las vanas ilusiones. Meter las pequeٌas prendas en un fardo, d‫ل‬rselo a la mujer embarazada del piso de abajo, decir palabras amables para aliviar su --،su!-- vergüenza... Muchas insensateces hab‫ي‬an muerto con su hija, y mucha amargura hab‫ي‬a nacido. Pero Esmenet no era, como algunos, proclive al rencor. Aunque sab‫ي‬a que la denigraba, segu‫ي‬a permitiéndose su ansia de historias del mundo, y segu‫ي‬a valorando por encima de todo a los mejores narradores. Los rodeaba con sus piernas alegremente. Simulaba excitarse por su ardor, y en ocasiones, dado el curioso modo como la simulaciَn se tornaba realidad, se excitaba. Después, a medida que sus intereses se retiraban al oscuro mundo del que proced‫ي‬an, se volv‫ي‬an impenetrables. Hasta los clientes m‫ل‬s amables parec‫ي‬an peligrosos. Hab‫ي‬a descubierto que muchos hombres albergaban un vac ‫ي‬o de alguna clase, un lugar del que sَlo pod‫ي‬an dar cuenta a otros hombres. Entonces, empezaba la seducciَn real. --Dime --susurraba ella en ocasiones--, ‫؟‬qué has visto que haga de ti m‫ل‬s..., m‫ل‬s que los otros hombres? A la mayor‫ي‬a, la pregunta les parec‫ي‬a divertida. Otros se quedaban perplejos, preocupados, indiferentes o incluso ofendidos. Unos pocos, Achamian entre ellos, la consideraban fascinante. Pero todos ellos respond‫ي‬an. Los hombres necesitaban ser m‫ل‬s. Esmenet

hab‫ي‬a decidido que ésa era la razَn por la que tantos de ellos apostaban: buscaban dinero, sin duda, pero también anhelaban una demostraciَn, un signo de que el mundo, los Dioses, el futuro --alguien-les diferenciaba por alguna razَn. As‫ ي‬que le contaban historias, miles con el transcurso de los aٌos. Se sonre‫ي‬an de sus narraciones, pensando que la emocionaban como suced‫ي‬a cuando ella era joven, con sَlo hacerle saber con quién acababa de acostarse. Y con una excepciَn, ninguno sospechaba que a ella no le importaba en absoluto lo que sus historias dijeran de ellos y s ‫ ي‬lo que sus historias dec‫ي‬an del mundo. Achamian lo hab‫ي‬a comprendido. --‫؟‬Haces esto con todos tus clientes? --le preguntَ en una ocasiَn sin previo aviso. A ella no le sorprendiَ. Otros le hab‫ي‬an preguntado lo mismo. --Me reconforta saber que mis hombres son algo m‫ل‬s que una polla. Una media verdad. Pero como era de esperar, Achamian se mostrَ escéptico y frunciَ el entrecejo. --Es una pena --dijo. Eso la hab‫ي‬a herido a pesar de que no ten‫ي‬a ni idea de lo que significaba. --‫؟‬Qué es una pena? --Que no seas un hombre --respondi .--Si َ fueras un hombre, no necesitar‫ي‬as convertir en maestros a todos los que te utilizan. Esmenet hab‫ي‬a llorado en sus brazos esa noche. Pero hab‫ي‬a proseguido con sus estudios y hab‫ي‬a llegado muy lejos a través de los ojos de otros. ‫ة‬sa era la razَn por la que sab‫ي‬a que Massentia era segura; que a pesar de su mayor longitud, los Caminos Kariano y Pon eran una ruta mucho m‫ل‬s segura para una mujer solitaria que uno de los caminos m‫ل‬ s directos que bordeaban la costa. Y ésa era también la razَn por la que sab‫ي‬a que era mejor caminar junto a otros viajeros para que los que se cruzaran con ella dieran por hecho que era una de ellos. Y ésa era la razَn por la que le asustaba tanto su sandalia rota. Antes, ebria de franqueza y pura osad‫ي‬a, se hab‫ي‬a sentido aliviada por su soledad. Pero entonces jugaba en contra de ella. Se sent‫ي‬a expuesta, como si tras las copas de los ‫ل‬rboles se ocultaran arqueros que esperaran vislumbrar su mano tatuada, o‫ي‬r una palabra susurrada o algْn otro motivo inevitable para intervenir. El camino descend‫ي‬a en pendiente, y Esmenet avanzَ cojeando

como pudo. Una creciente sensaciَn de desesperanza no hizo sino aumentar el dolor que sent‫ي‬a en el pie descalzo. ‫؟‬Cَmo iba a caminar hasta Momemn as‫ي? ؟‬Cu‫ل‬ntas veces le hab‫ي‬an dicho que viajar con seguridad era cuestiَn de preparaciَn? Cada doloroso paso parec‫ي‬a una reprimenda. El Camino Kariano descend‫ي‬a gradualmente ante ella entre marjales poco profundos y cruzaba después lo que parec‫ي‬a un riachuelo antes de adentrarse en las oscuras colinas que cercaban el horizonte. Sobresaliendo por entre grupos de ‫ل‬rboles sin hojas, un acueducto ceneiano en ruinas, a escasa distancia, se desmoronaba en pequeٌos campos llenos de escombros de los que los locales hab‫ي‬an saqueado las piedras. Caminillos de fango se ovillaban en las cumbres m‫ل‬s lejanas, bordeaban campos en barbecho y desaparec‫ي‬an en las extensiones en pendiente de bosque. Pero lo que despertaba la esperanza y la atenciَn de Esmenet eran los edificios rْsticos que se apiٌ aban junto al puente: una aldea de la que sal‫ي‬an unas delgadas l‫ي‬neas de humo hacia el cielo gris. Ten‫ي‬a un poco de dinero. De sobra para reparar su sandalia. Se reprendiَ por sus recelos a medida que se acercaba a la aldea. Hab‫ي‬a o‫ي‬do decir que una de las cosas que caracterizaban Massentia era el hecho de que pose‫ي‬a pocas de las grandes plantaciones que dominaban el Imperio. Massentia era una tierra de pequeٌos propietarios rurales y artesanos: francos, honestos, orgullosos, o al menos eso hab‫ي‬ a o‫ي‬do decir. Pero recordaba el modo como esos hombres frunc‫ي‬an el entrecejo cuando la ve‫ي‬an sentada en su ventana, en Sumna. --Los hombres que son dueٌos de su trabajo --le dijo en una ocasiَn la vieja Pirasha-- creen que también son dueٌos de la verdad. --Y la verdad no era amable con las putas. Esmenet se maldijo por preocuparse. Todo el mundo dec‫ي‬a que Massentia era segura. Se adentrَ renqueando en lo que le pareciَ un atestado y humilde mercado, y escudriٌَ las casuchas y fachadas circundantes en busca de un zapatero remendَn. Como no encontrَ ninguno, olisqueَ el aire en busca de alguna seٌal del aceite de pescado con que los curtidores empapaban sus pieles. Loْ nico que en realidad necesitaba era una tira de piel. Pasَ junto a montones de arcilla que se derret‫ي‬a; después cuatro cabaٌas de alfareros intercomunicadas. En una, un anciano trabajaba en su torno a pesar del fr‫ي‬o; modelaba las curvas de la arcilla con los pulgares. La boca de un horno resplandec‫ي‬a tras él. Su tos, que

sonَ como el borboteo del barro, la estremeciَ. Se preguntَ ociosamente si la aldea estaba apestada. Un grupo de cinco niٌos que holgazaneaban frente a la entrada de un establo la mirَ. El mayor, o al menos el m‫ل‬s alto, la observaba con una franca admiraciَn. Si hubiera tenido los ojos parejos habr‫ي‬a sido guapo. Recordaba a uno de sus clientes diciéndole que era dif‫ي‬cil encontrar niٌos guapos en aldeas como aquéllas, porque con frecuencia eran vendidos a viajeros ricos. Esmenet se preguntَ si jam‫ل‬s hab‫ي‬an hecho una oferta por ese chico. Sonriَ mientras él se dirig‫ي‬a hacia ella con paso decidido. «Quiz‫ل‬ él...» --‫؟‬Eres una puta? --le preguntَ sin rodeos. Esmenet sَlo se lo pudo quedar mirando con una mezcla de sorpresa eir.‫ل‬ --،Lo es! ،Lo es! --gritَ otro niٌo--. ،De Sumna! ،Por eso esconde la mano! Oyَ una serie de maldiciones propias de un soldado. --Anda y que te zurzan --le espetَ ella--, pequeٌo idiota. El niٌo sonriَ, y Esmenet se dio cuenta inmediatamente de que era uno de ellos: hombres que se cre‫ي‬an m‫ل‬s el ladrido de un perro que las palabras de una mujer. --Déjame ver tu mano. Algo en su voz la desconcertَ. --‫؟‬No tienes tenderetes que limpiar? --«Esclavo», transmitiَ burlonamente su tono. La despreocupada ferocidad de su mirada se endureciَ y se convirti َ en otra cosa. Cuando le cogiَ la mano, ella le dio una bofetada. El niٌo retrocediَ dando tumbos, sorprendido. Recuper‫ل‬ndose, se agachَ. --Es una puta --les dijo a sus compaٌeros en un tono socarrَn, como si las verdades desafortunadas comportaran desafortunadas consecuencias. Se puso en pie haciendo girar una sucia piedra entre los dedos--. Una puta adْltera. Pasَ un momento cargado de nerviosismo. Los cuatro vacilaron. Estaban en una especie de antesala, y lo sab‫ي‬an aunque no comprendieran su significado. En lugar de enardecerlos con palabras, el guapo le tirَ la piedra. Esmenet se agachَ y la esquivَ. Pero los dem‫ل‬s estaban poniéndose en cuclillas para recoger sus propios proyectiles. Empezaron a apedrearla. Ella les maldijo levantando los brazos. La

gruesa lana de su capa imped‫ي‬a que le hicieran daٌo de verdad. --،Cabrones! --gritَ. Se detuvieron, acobardados y divertidos al mismo tiempo por su ferocidad. Uno de los niٌos, el gordo, soltَ una risotada cuando ella se agachَ para hacerse con unas cuantas piedras. Le dio a él en primer lugar, justo encima de la ceja izquierda, y le abriَ las carnes. El niٌo cayَ de rodillas y se puso a llorar. Los otros se lo quedaron mirando, estupefactos. Se hab‫ي‬a derramado sangre. Alzَ otra piedra con la mano derecha con la esperanza de que se agacharan y se fueran corriendo. De niٌa, antes de que su cuerpo le despertara otras vocaciones, hab‫ي‬a trabajado en los muelles; se ganaba el pan o unas monedas de cobre tirando piedras a las gaviotas que hurgaban entre la mercanc‫ي‬a. Y era muy buena. Pero el alto golpeَ primero, lanz‫ل‬ndole un puٌado de barro a la cara. La mayor parte de él no la alcanzَ --el idiota lo hab‫ي‬a arrojado como si su brazo estuviera hecho de cuerda--, pero la arenilla la cegَ moment‫ل‬ neamente. Se frotَ los ojos que frenes‫ي‬. Después, una explosiَn en su o‫ي‬ do hizo que se tambaleara. Otra piedra le dio en los dedos... ‫؟‬Qué estaba pasando? --،Basta! ،Basta! --bramَ una voz ronca--. ‫؟‬Qué est‫ل‬is haciendo, niٌ os? El niٌo gordo todav‫ي‬a lloraba. Esmenet parpadeَ sintiendo un escozor en los ojos y vio a un anciano con vestiduras Shriah manchadas que alzَ un puٌo como el extremo de un fémur entre los niٌos. --،Apedre‫ل‬ndola! --gritَ el instigador casi guapo--. ،Es una puta! --Los otros le secundaron con entusiasmo. El viejo sacerdote los intimidَ un instante y después se girَ hacia ella. Entonces le ve‫ي‬a claramente: las manchas de la vejez, la ruin joroba de quien ha gritado ante innumerables rostros. Ten‫ي‬a los ojos morados de fr‫ي‬o. --‫؟‬Es eso cierto? Le agarrَ la mano con una fuerza terrible y escudriٌَ el tatuaje. La mir َ a la cara. sirviente de Gierra? --‫؟‬Eres una sacerdotisa? --ladr‫ ؟‬.--Una َ Esmenet era consciente de que ya conoc‫ي‬a la respuesta, que sَlo le hac‫ي‬a la pregunta por una perversa necesidad de humillar e instruir. Mir ‫ل‬ndole a sus empaٌados ojos, comprendiَ de repente el peligro. Dulce Sejenus... --S-s‫ ي‬--tartamudeَ. --،Mentirosa! Es la marca de una puta --grit ,retorciéndole َ la mano

ante su cara como si tratara de meterle comida en la boca--. ،La marca de una puta! --Ya no soy puta --protestَ. --،Mentirosa! ،Mentirosa! Un fr‫ي‬o repentino descendiَ sobre Esmenet. Le honrَ con una falsa sonrisa y después le disputَ la posesiَn de su mano. El viejo idiota farfullَ algo y retrocediَ dando tumbos. Vislumbrَ brevemente a la gente que se hab‫ي‬a reunido; mirَ de soslayo, c‫ل‬usticamente, a los niٌos, y después se girَ de nuevo hacia el camino. --،No te vayas! --aullَ el viejo sacerdote--. ،No te vayas! Ella siguiَ andando con toda la dignidad que pudo reunir. --No permit‫ل‬is que una puta viva --recitَ el viejo sacerdote-- porque ella ha hecho de suْ tero una fosa. Esmenet se detuvo. --No permit‫ل‬is que una puta respire --prosiguiَ el sacerdote en un tono entonces jubiloso-- porque se burla de la semilla de los justos. Apedreadla para que vuestra mano no se vea tentada... Esmenet se dio la vuelta. --،Basta! --explotَ. Silencio estupefacto. --،Estoy maldita! --grit‫ ؟‬.--No َ lo ves? ،Ya estoy muerta! ‫؟‬No es eso suficiente? Demasiados ojos la miraron. Se dio la vuelta y siguiَ renqueando hacia el Camino Kariano. --،Puta! --gritَ alguien. Algo se partiَ contra la base de su cr‫ل‬neo. Cayَ de rodillas. Otra piedra le magullَ el hombro. Se levantَ protegiéndose con las manos, tambale‫ل‬ndose, tratando de caminar r‫ل‬pidamente. Pero los niٌos estaban correteando a su alrededor y la bombardeaban con sus piedras pequeٌas y erosionadas por el r‫ي‬o. Entonces, vio al alto en un extremo de su campo visual; levantaba con esfuerzo algo del tamaٌo de su mano. Esmenet se encogiَ. El impacto le cerrَ la boca bruscamente; se tambale َ y perdiَ el equilibrio. Cayَ sobre el fr‫ي‬o barro, se puso de cuatro patas, levantَ una rodilla del suelo. Una pequeٌa piedra le impactَ en la mejilla y llenَ su ojo izquierdo de afiladas l‫ل‬grimas. Después se levantَ y anduvo tan bien como pudo. Durante ese tiempo, todo le hab‫ي‬a parecido aterradoramente posible. Necesitaba irse de all‫ ي‬cuanto antes. Las piedras no eran m‫ل‬s que r‫ل‬fagas de lluvia y viento, obst‫ل‬culos impersonales. Entonces estaba llorando incontrolablemente.

--،Basta! --gimi، .--َDejadme en paz! --،Puta! --bramَ el sacerdote. Una multitud mucho mayor se hab‫ي‬a reunido en torno a ella. Se burlaban de ella y se inclinaban sobre la grava llena de fango. Un golpe paralizante cerca de la columna vertebral. Los hombros sacudiéndose hacia atr‫ل‬s. Una mano involuntaria levant‫ل‬ndose. Una explosiَn en la sien. Después en el suelo de nuevo. Escupiendo arenilla. «،Basta! ،Por favor!» ‫؟‬Era ésa su voz? Pequeٌa, afilada, contra su frente. Brazos arriba. Encogiéndose como un perro. «Por favor. Alguien.» El sonido del trueno. Después, una gran sombra emborronando el cielo. Entre l‫ل‬grimas y dedos, alzَ la mirada y vio el venoso estَmago de un caballo y, m‫ل‬s arriba, un jinete mir‫ل‬ndola. Guapo, de labios gruesos. Grandes ojos marrones furiosos y preocupados a la vez. Un Caballero Shriah. Las piedras se hab‫ي‬an detenido. Esmenet lloriqueaba entre sus manos manchadas de barro. --‫؟‬Quién ha empezado todo esto? --restallَ una voz. --،Aqu‫ !ي‬--rugiَ el sacerdote--. Este asun... El Caballero Shriah se inclinَ hacia adelante y le golpeَ con un puٌo cubierto de malla. --،Ponedlo en pie! --ordenَ a los dem‫ل‬s-- Ahora. Tres hombres corrieron a ayudar al sacerdote a levantarse. De los labios temblorosos le sal‫ي‬a un hilillo de sangre y saliva. Se le escapَ un solo sollozo, como una tos, y mirَ a su alrededor con un aturdido terror. --،N-no tienes ninguna autoridad! --gritَ. --‫؟‬Autoridad? --dijo riéndose--. ‫؟‬Quieres que discutamos acerca de la autoridad? Mientras el Caballero Shriah acosaba al sacerdote, Esmenet se puso trabajosamente en pie. Se secَ la sangre y las l‫ل‬grimas de la cara y se frotَ las manchas de barro de su capa de lana. El corazَn le lat‫ي‬a en los o‫ي‬dos, y en dos ocasiones temiَ que iba a desvanecerse por falta de aire. Estuvo a punto de vencerla la necesidad de gritar, pero no de miedo o dolor, sino de incredulidad y pura indignaciَn. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a haber ocurrido? ‫؟‬Qué hab‫ي‬a sucedido? Vislumbrَ al Caballero Shriah pegando una vez m‫ل‬s al sacerdote, y se maldijo por estremecerse. ‫؟‬Por qué deb‫ي‬a compadecer a ese obsceno ingrato? Respirَ profundamente. Se secَ m‫ل‬s l‫ل‬grimas

ardientes. Se serenَ. Con las manos cerradas ante s‫ي‬, se girَ hacia el niٌo que hab‫ي‬a empezado aquello. Lo mirَ con todo el odio que fue capaz de reunir; después separَ su dedo meٌique de los dem‫ل‬s para que se moviera como un pequeٌo falo. Bajَ la mirada para asegurarse de que él se daba cuenta, y luego le sonriَ siniestramente. El niٌo empalideciَ. El niٌo mirَ al Caballero Shriah, asustado e inquieto; después a sus amigos, que también se hab‫ي‬an percatado del gesto burlَn de Esmenet. Dos de ellos sonrieron a su pesar, y uno, pose‫ي‬do por esa extraٌa e inquietante capacidad de los niٌos para conspirar con aquellos a los que acaban de atormentar, gritَ. --،Es verdad! --Venga --le dijo el Caballero Shriah a Esmenet, ofreciéndole una mano--. Ya he llenado mi cupo de idiotas provincianos. --‫؟‬Quién eres? --dijo ella entre jadeos, de nuevo abrumada por las l ‫ل‬grimas. --Curtias Sarcellus --dijo el hombre con calidez--, Primer Caballero-Comandante de los Caballeros Shriah. Ella levantَ el brazo, y él tomَ su mano tatuada.

Hombres del Colmillo se apresuraban por entre la oscuridad; figuras altas, la mayor‫ي‬a en sombras con la salvedad del raro brillo del hierro. Tirando de su mula, Achamian corriَ hacia ellos. Sus ojos brillantes sَlo mostraron por él un interés pasajero, y supuso que se hab ‫ي‬an acostumbrado a los extranjeros. El viaje preocupaba a Achamian. Nunca antes se hab‫ي‬a abierto paso por un campamento como aquél. Cada fogata que rodeaba le parec‫ي‬a un mundo lleno de su propia diversiَn o desesperaciَn. Oyَ fragmentos de conversaciَn transportados por el aire, vislumbrَ combativos rostros al otro lado del fuego. Caminaba entre esos grupos, parte de una sombr‫ي‬a procesiَn. En dos ocasiones, escalَ colinas que se alzaban a la altura necesaria para ver el r‫ي‬o Phayus y sus congestionadas llanuras aluviales. En ambas ocasiones se quedَ paralizado de miedo. Brillantes fuegos salpicaban la distancia: los m‫ل‬s cercanos, poblando la oscuridad con vislumbres de tela y hombres belicosos; los m‫ل‬s lejanos, formando constelaciones que refulg‫ي‬an por las laderas. Aٌos antes hab‫ي‬a presenciado una representaciَn ainonia en un anfiteatro cercano a Carythusal, y le hab‫ي‬a sorprendido el contraste

entre los oscuros espectadores y los iluminados actores en el escenario. All‫ي‬, al parecer, hab‫ي‬a mil representaciones como aquéllas. Tantos hombres, tan lejos de casa. All‫ ي‬podr‫ي‬a sondear la verdadera medida del poder de Maithanet. «،Qué multitud! ‫؟‬Cَmo podemos fracasar?» Pensَ en esa idea --«podemos»--, durante un rato. Al oeste, discerniَ el tortuoso trazado de las murallas de Momemn, sus gigantescas torres coronadas por el resplandor de las antorchas. Torciَ hacia ellas. El suelo cada vez estaba m‫ل‬s pelado y lleno de gente a medida que se acercaban. Desafiando la luz de unas cuantas hogueras conriyanas, preguntَ dَnde pod‫ي‬a encontrar el contingente de Attrempus. Cruzَ una pasarela que chirriaba por encima de las aguas estancadas de un canal. Finalmente, encontrَ el campamento de su viejo amigo Krijates Xinemus, el Mariscal de Attrempus. Aunque Achamian reconociَ inmediatamente a Xinemus, se detuvo en la oscuridad, fuera de la luz del fuego, para observarle. Proyas le hab ‫ي‬a dicho en una ocasiَn que él y Xinemus se parec‫ي‬an mucho, como, segْn dijo, «un hermano fuerte y otro débil». Obviamente, Proyas nunca hab‫ي‬a pensado que esa comparaciَn pudiera ofender a su viejo tutor. Como muchos hombres arrogantes, Proyas cre‫ي‬a que sus insultos eran una prolongaciَn de su honestidad. Sosteniendo un cuenco de vino, Xinemus estaba sentado ante una pequeٌa hoguera, hablando en voz baja con tres oficiales de alto rango. Bajo la rojiza luz del fuego, parec‫ي‬a cansado, como si hablara de algْn asunto cuya resoluciَn escapara de sus atribuciones. Se rascَ, ausente, la piel muerta que, como sab‫ي‬a Achamian, cubr‫ي‬a perpetuamente sus orejas; después, de forma inexplicable, se girَ y mirَ hacia la oscuridad, hacia Achamian. El Mariscal de Attrempus frunciَ el entrecejo. --Muéstrate, amigo --gritَ. Por alguna razَn, Achamian se quedَ sin palabras. En ese momento, los otros también le estaban mirando. Oyَ cَmo uno de ellos, Dinchases, murmuraba algo sobre los espectros. El hombre a su derecha, Zenkappa, hizo la seٌal del Colmillo. --Eso no es un espectro --dijo Xinemus poniéndose en pie. Agachَ la cabeza como si estuviera mirando a través de la niebla--. ‫؟‬Achamian? --Si no estuvieras aqu‫ ي‬--dijo el tercer oficial, Iryssas, a Xinemus--, habr‫ي‬a jurado que eras tْ... Mirando de soslayo a Iryssas, Xinemus, repentinamente, se echَ a correr hacia Achamian con una expresiَn de alegr‫ي‬a desconcertada.

--‫؟‬Drusas Achamian? ‫؟‬Akka? El aliento regresَ al fin a los labios de Achamian. --Hola, Zin. --،Akka! --gritَ el Mariscal, cogiéndole entre sus brazos como a un saco. --Mariscal. --Hueles como un culo, amigo --dijo Xinemus riéndose, y lo apartَ de él--. ،Apestas! --Han sido d‫ي‬as duros --dijo el hechicero. --No tengas miedo. Ser‫ل‬n todav‫ي‬a m‫ل‬s duros.

Tras asegurarle que hab‫ي‬a mandado a los esclavos a la cama, Ximenus le ayudَ con el equipaje, hizo que se encargaran de su mula y le ech َuna mano para montar su maltrecha tienda. Hab‫ي‬an pasado aٌos desde que Achamian hab‫ي‬a visto porْ ltima vez al Mariscal de Attrempus, y a pesar de que hab‫ي‬a cre‫ي‬do que su amistad ser‫ي‬a inmune al paso del tiempo, su conversaciَn fue torpe al principio. En general, hablaron de trivialidades: el tiempo, el temperamento de su mula. Cuando uno de los dos mencionaba algo m‫ل‬s importante, una inexplicable timidez obligaba al otro a darle una respuesta evasiva. --‫؟‬Cَmo est‫ل‬s? --le preguntَ finalmente Xinemus. --Tan bien como cabr‫ي‬a esperar. A Achamian, todo le parec‫ي‬a horriblemente irreal, tanto que casi hab‫ي‬a esperado que Xinemus le llamara Seswatha. Su amistad con Xinemus hab‫ي‬a nacido en la lejana corte conriyana. Reunirse con ese hombre all‫ي‬, estando en una misiَn, le avergonzaba como se avergüenza quien es sorprendido, si no mintiendo, s‫ ي‬en circunstancias que, con el tiempo, le acabar‫ل‬n convirtiendo en un mentiroso. Achamian se encontrَ atorment‫ل‬ndose, pregunt‫ل‬ndose qué le hab‫ي‬a contado a Xinemus de sus misiones anteriores. ‫؟‬Hab‫ي‬a sido sincero? ‫؟‬O hab‫ي‬a sucumbido a la necesidad juvenil de parecer m‫ل‬s de lo que era? ‫؟‬Le dije que era un idiota acabado? --،Ah, contigo, Akka!, uno nunca sabe qué puede esperarse. --‫؟‬As‫ ي‬que los otros est‫ل‬n contigo? --preguntَ, aunque conoc‫ي‬a la respuesta--. ‫؟‬Zenkappa? ‫؟‬Dinchases? Otro miedo le asaltَ. Xinemus era un hombre piadoso, uno de los m ‫ل‬s piadosos que Achamian hab‫ي‬a conocido jam‫ل‬s. En Conriya, Achamian hab‫ي‬a sido un tutor que adem‫ل‬s resultaba ser un Maestro.

Pero all‫ ي‬era, lisa y llanamente, un Maestro. All‫ي‬, en mitad de la Guerra Santa, ،nada menos!, no se pasar‫ي‬a por alto su sacrilegio. ‫؟‬Cu‫ل‬nto iba a tolerarle Xinemus? «Quiz‫ ل‬--pensَ Achamian--, esto sea un error.» Quiz‫ ل‬deber‫ي‬a haber acampado en otra parte, solo. --No por mucho tiempo --respondiَ Xinemus--. Les he despedido. --No es necesario... Xinemus alzَ un nudo bajo la débil luz del fuego. --‫؟‬Y los Sueٌos? --‫؟‬Qué pasa con ellos? --En una ocasiَn me dijiste que ten‫ي‬an muchos altibajos, que a veces algunos detalles cambiaban y que hab‫ي‬as decidido tomar nota de ellos con la esperanza de descifrarlos. El hecho de que Xinemus recordara eso le inquietَ. --Dime --dijo en un patoso intento de cambiar de tema--, ‫؟‬dَnde est‫ل‬ n los Chapiteles Escarlatas? Ximenus sonriَ. --Precisamente estaba pensando en cu‫ل‬ndo ibas a pregunt‫ل‬ rmelo... En algْn lugar al sur de aqu‫ي‬, en una de las casas de campo del Emperador, o al menos eso me han dicho. --Le dio un golpe a una estaca de madera y maldijo cuando se golpeَ el pulgar--. ‫؟‬Est‫ل‬s preocupado por ellos? --Ser‫ي‬a un estْpido si no lo estuviera. --‫؟‬Tanto codician vuestros conocimientos? --S‫ي‬. La Gnosis es hierro para su bronce..., aunque dudo que intenten algo en mitad de la Guerra Santa. Que una Escuela de blasfemos formara parte de la Guerra Santa ya resultaba incomprensible para los inrithi. Que pusieran de manifiesto su blasfemia por tal de conseguir sus propios y misteriosos objetivos hubiera resultado intolerable. --‫؟‬Es ésa la razَn por la que ellos... te han mandado aqu‫?ي‬ Xinemus raramente se refer‫ي‬a al Mandato por su nombre. Eran siempre «ellos». --‫؟‬Para vigilar a los Chapiteles Escarlatas? En parte, supongo. Pero por Supuesto --una imagen de Inrau cruzَ su mente-- hay otros motivos. Siempre hay otros motivos. «‫؟‬Quién te matَ?» Por alguna razَn, la mirada de Xinemus se hab‫ي‬a perdido en la oscuridad. --‫؟‬Qué pasa, Akka? ‫؟‬Qué ha sucedido? Achamian le mirَ las manos. Quer‫ي‬a decirle a Xinemus, quer‫ي‬a

explicarle sus absurdas sospechas sobre el Shriah, contarle las extraٌas circunstancias que hab‫ي‬an rodeado la muerte de Inrau. Sin duda, confiaba en ese hombre como en ningْn otro, miembro o no del Mandato. Pero la historia le parec‫ي‬a demasiado larga, demasiado tortuosa y demasiado contaminada por sus propios errores y debilidades para compartirla. A Esmenet pod‫ي‬a cont‫ل‬rsela, pero ella era una zorra. Desvergonzado. --Muy bien --dijo Achamian jovialmente, tirando de las cuerdas--. Al menos me proteger‫ ل‬de la lluvia. Xilmenus le escudriٌَ un instante sin mediar palabra. Por suerte, no insistiَ en el tema. Se unieron a los tres otros hombres que estaban alrededor del fuego de Xinemus. Dos eran capitanes de la guarniciَn de Attrempus, coet‫ل‬neos de su Mariscal con el rostro curtido. El oficial mayor, Dinchases --o Dench el Sangriento, como le llamaban-- hab‫ي‬a estado con Xinemus desde el momento en que Achamian hab‫ي‬a conocido al Mariscal. El menor, Zenkappa, era un esclavo nilnameshi que Xinemus hab‫ي‬a heredado de su padre y después hab‫ي‬a liberado por su valor en el campo de batalla. Ambos, por lo que Achamian sab‫ي‬a, eran buenos hombres. El tercero, Iryssas, era el hijo menor delْ nico t‫ي‬o vivo de Xinemus y, si Achamian no se confund‫ي‬a, mayordomo de la Casa Krijates. Pero ninguno de ellos saludَ su llegada. O bien estaban demasiado borrachos, o bien demasiado absortos en su conversaciَn. Dinchases, al parecer, estaba contando una historia. --... Entonces el grande, el thunyerio... --Malditos estْpidos, ‫؟‬os acord‫ل‬is de Achamian? --gritَ Xinemus--. ‫؟‬ Drusas Achamian? Sec‫ل‬ndose los ojos y conteniendo las risas, los tres hombres se giraron para mirarle. Zenkappa sonriَ y levantَ su cuenco. Dinchases, sin embargo, le mirَ exhaustivamente, e Iryssas lo hizo con abierta hostilidad. Dinchases vio el entrecejo fruncido de Xinemus y alzَ de mala gana su cuenco. Tanto él como Zenkappa inclinaron la cabeza y luego derramaron una libaciَn. --Bienvenido, Achamian --dijo Zenkappa con genuina calidez. Achamian imaginَ que, como liberto, quiz‫ ل‬ten‫ي‬a menos problemas con los parias. Dinchases e Iryssas, sin embargo, eran de casta noble; Iryssas de una de mucho rango. --Veo que has montado tu tienda --seٌalَ Iryssas con tono

despreocupado. Ten‫ي‬a el aspecto cauteloso y perspicaz de un borracho peligroso. Achamian no dijo nada. --As‫ ي‬que supongo que tendré que resignarme a tu presencia, ‫؟‬eh, Achamian? Achamian le mirَ directamente a los ojos y se maldijo a s‫ ي‬mismo por tragar saliva. --Supongo que s‫ي‬. Xinemus mirَ de soslayo a su joven primo. --Los Chapiteles Escarlatas forman parte de la Guerra Santa, Iryssas. Deber‫ي‬as darle la bienvenida a Achamian. Yo lo hago. Achamian hab‫ي‬a sido testimonio de innumerables conversaciones como aquélla. El fiel tratando de racionalizar su amistad con hechiceros. El racionamiento siempre era el mismo: «Sonْ tiles...». --Quiz‫ ل‬tengas razَn, primo. Enemigos de nuestros enemigos, ‫؟‬eh? Los conriyanos eran celosos de sus odios. Después de siglos de refriegas con el Alto Ainon y los Chapiteles Escarlatas, hab‫ي‬an acabado apreciando, aunque fuera a regaٌadientes, al Mandato. En demas‫ي‬a, dir ‫ي‬an los sacerdotes. Pero de todas las Escuelas, sَlo el Mandato, poseedora de la Gnosis del Antiguo Norte, estaba a la altura de los Chapiteles Escarlatas. Iryssas levantَ su vaso y lo vaciَ sobre el polvo, junto a sus pies. --Que los Dioses beban a placer, Drusas Achamian. Que celebren a uno que es maldito... Imprecando, Xinemus le dio una patada al fuego. Una nube de chispas y cenizas envolvieron a Iryssas. Cayَ de espaldas, gritando, golpe‫ل‬ndose instintivamente el pelo y la barba. Xinemus se deslizَ tras él. --‫؟‬Qué has dicho? ‫؟‬Qué has dicho? --rugiَ. Pese a ser de una constituciَn un poco m‫ل‬s delgada que Iryssas, Xinemus lo puso de rodillas como si fuera un niٌo, y le reprendiَ con maldiciones y bofetones con la palma de la mano. Dinchases dirigiَ una mirada de disculpa a Achamian. --No pensamos como él --dijo con picard‫ي‬a--. Estamos completamente borrachos. A Zenkappa aquello le pareciَ demasiado divertido como para permanecer sentado. Se girَ sobre el suelo y desapareciَ en las sombras tras su tronco, aullando una carcajada. Hasta Iryssas se riَ, aunque con el recato de una esposa dominada por su marido.

--،Basta! --le gritَ a Xinemus--. ،Me disculparé! ،Me disculparé! Sorprendido tanto por la insolencia de Iryssas como por la violencia de la respuesta de Xinemus, Achamian observaba, boquiabierto. Después se dio cuenta de que nunca antes hab‫ي‬a visto a Xinemus en compa‫ٌي‬a de sus soldados. Iryssas se arrastrَ de nuevo a su asiento, con la cabeza ladeada y la barba negra manchada de ceniza. Sonriendo y frunciendo el entrecejo a la vez, se inclinَ sobre su taburete de acampada hacia Achamian. Estaba haciéndole una reverencia, segْn advirtiَ Achamian, pero era demasiado perezoso para levantar el culo del asiento. --Lo siento --dijo, mirando a Achamian con una sinceridad desconcertada--. Y me gustas, Achamian, a pesar de ser --lanzَ una mirada esquiva a su seٌor y primo-- un maldito hechicero. Zenkappa empezَ a aullar de nuevo. A su pesar, Achamian sonriَ y le devolviَ la reverencia. Se dio cuenta de que Iryssas era uno de esos hombres cuyos odios eran demasiado antojadizos para adoptar la fijeza de una obsesiَn. Pod‫ي‬a despreciar y abrazar sucesivamente y sin malicia. Los hombres as‫ي‬, como hab‫ي‬a descubierto Achamian, eran el espejo de la integridad o la depravaciَn de sus seٌores. --،Maldito idiota! --gritَ Xinemus a Iryssas--. ،Mira tus ojos! M‫ل‬s bizcos que el culo de un mono. M‫ل‬s paroxismos de risa siguieron. Esa vez, a Achamian su hilaridad le resultَ irresistible. Pero se riَ mucho m‫ل‬s que los otros, llorando como si estuviera pose‫ي‬do por un demonio. L‫ل‬grimas de alivio cayeron por sus mejillas. ‫؟‬ Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a? Los otros se fueron silenciando y observaron cَmo él trataba de recobrar la compostura. --Hac‫ي‬a demasiado tiempo --logrَ decir al fin Achamian. La respiraci َn le temblَ al exhalar. Sus l‫ل‬grimas de repente le her‫ي‬an. --Hac‫ي‬a demasiado tiempo, Akka --dijo Xinemus, poniéndole una mano amistosa sobre el hombro--. Pero has vuelto y, por una noche, est ‫ل‬s libre de las artimaٌas de los hombres maquinadores. Puedes beber en paz.

Esa noche durmiَ irregularmente. Por alguna razَn, el exceso de alcohol intensificaba y a la vez amortiguaba los Sueٌos. El modo como se transformaban en el siguiente los hac‫ي‬a parecer menos inmediatos,

m‫ل‬s on‫ي‬ricos, pero las pasiones que los acompaٌaban... eran, en el mejor de los casos, insoportables. Con la bebida, se tornaban locos de sufrimiento. Ya estaba despierto cuando Paata, uno de los esclavos personales de Xinemus, llegَ con un bol de agua limpia. Mientras se lavaba, Xinemus metiَ su rostro sonriente por entre las portezuelas y le retَ a una partida de benjuka. Poco después, Achamian se encontrَ sentado con las piernas cruzadas sobre una esterilla de paja ante Xinemus, estudiando el tablero dorado de benjuka que hab‫ي‬a entre ellos. Un dosel combado les proteg‫ي‬a del sol, que refulg‫ي‬a con tanta intensidad que el campamento a su alrededor parec‫ي‬a, a pesar del fr‫ي‬o, un bazar en mitad del desierto. «Loْ nico que falta --pensَ Achamian-- son los camellos.» Si bien la mayor‫ي‬a de los que pasaban por all‫ ي‬eran conriyanos de la corte de Xinemus, vio toda clase de inrithi: galeoth desnudos de cintura para arriba y pintados para una especie de festival que, aparentemente, confund‫ي‬a el invierno con el verano; thunyerios portando la malla de hierro negro de la que nunca parec‫ي‬an desprenderse, e incluso un noble ainonio, cuyos elaborados ropajes parec‫ي‬an totalmente rid‫ي‬culos entre el marem‫ل‬gnum de telas manchadas de grasa, pedazos de madera y barracones irregulares. --Resulta dif‫ي‬cil de creer, ‫؟‬verdad? --dijo Xinemus, refiriéndose aparentemente al nْmero de los inrithi. Achamian se encogiَ de hombros. --S‫ ي‬y no... Yo estaba en la Hagerna cuando Maithanet declarَ la Guerra Santa. A veces me pregunto si Maithanet llamَ a los Tres Mares o los Tres Mares llamaron a Maithanet. --‫؟‬Estabas en la Hagerna? --le preguntَ Xinemus. Su expresiَn se hab‫ي‬a oscurecido. --S‫ي‬. --«Hasta conoc‫ ي‬a vuestro Shriah...» Xinemus soltَ una risotada con la mirada bravucona que utilizaba para expresar desaprobaciَn. --Tْ mueves, Akka. Achamian buscَ el rostro de Xinemus, pero el Mariscal parec‫ي‬a totalmente absorto en las geometr‫ي‬as de piezas y posibilidades que hab‫ي‬a sobre el tablero. Achamian hab‫ي‬a aceptado echar una partida sabiendo que eso alejar‫ي‬a a los dem‫ل‬s y, por tanto, le permitir‫ي‬a decirle a Xinemus lo que hab‫ي‬a sucedido en Sumna. Pero se hab‫ي‬a olvidado de que el benjuka sacaba en ambos lo peor que llevaban dentro. Cada vez que jugaban a benjuka, se peleaban como dos eunucos de harén.

El benjuka era una reliquia, un superviviente del fin del mundo. Hab ‫ي‬a sido jugado en las cortes de Tryse, Atrithau y Mehtsonc antes del Apocalipsis, y hab‫ي‬a sido estudiado en los jardines de Carythusal, Nenciphon y entonces Momemn. Pero lo que hac‫ي‬a especial al benjuka no era su edad. En términos generales, hab‫ي‬a una inquietante afinidad entre los juegos y la vida, y en ninguna parte esa afinidad era m‫ل‬s sorprendente, o m‫ل‬s perturbadora, que en el benjuka. Como la vida, los juegos estaban gobernados por las reglas. Pero a diferencia de la vida, los juegos se encontraban completamente definidos por esas reglas. Las reglas eran el juego, y si uno jugaba rigiéndose por reglas distintas, simplemente estaba jugando a otro juego. Como un marco fijo de reglas determinaba el significado de todos los movimientos en tanto que movimientos, los juegos pose‫ي‬an una claridad que hac‫ي‬a que la vida pareciera, por comparaciَn, una reyerta de borrachos. Las convenciones eran indudables; los cambios, seguros; sَlo el resultado era oculto. La astucia del benjuka consist‫ي‬a en la ausencia de un marco determinado. En lugar de aportar una base inmutable, las reglas del benjuka no eran sino otro movimiento dentro del juego, otra pieza m‫ل‬s que mover. Y eso hac‫ي‬a del benjuka la imagen misma de la vida, un juego de desconcertantes complejidades y sutilezas casi poéticas. Otros juegos pod‫ي‬an ser descritos como patrones cambiantes de piezas y resultados del lanzamiento de las fichas numeradas, pero el benjuka daba pie a historias, y todo cuanto poseyera historia pose‫ي‬a la estructura misma del mundo. Se dec‫ي‬a que algunos hab‫ي‬an hundido la cabeza en el tablero de benjuka y la hab‫ي‬an levantado convertidos en profetas. Achamian no estaba entre ellos. Estudiَ el tablero y se frotَ las manos para calent‫ل‬rselas. Xinemus le provocَ con una desagradable risotada. --Eres siempre tan adusto cuando juegas al benjuka. --Es un juego espantoso. --Sَlo dices eso porque te cuesta demasiado esfuerzo. --No. Lo digo porque pierdo. Pero Xinemus ten‫ي‬a razَn. El Abenjukala, el texto cl‫ل‬sico sobre el benjuka de los tiempos ceneianos, empezaba: «As‫ ي‬como los juegos miden los l‫ي‬mites del intelecto, el benjuka mide los l‫ي‬mites del alma». Las complejidades del benjuka eran tales que un jugador nunca pod‫ي‬a dominar intelectualmente el tablero y, por lo tanto, forzar a otro a ceder. El benjuka, como dec‫ي‬a el anَnimo autor, era como el amor. Uno nunca

pod‫ي‬a imponerle a otro el amor. Cuanto m‫ل‬s trataba uno de atraparlo, m ‫ل‬s escurridizo se volv‫ي‬a. El benjuka, asimismo, castigaba el corazَn codicioso. Si otros juegos exig‫ي‬an una laboriosa astucia, el benjuka exig‫ي‬a algo m‫ل‬s. Sabidur‫ي‬a, quiz‫ل‬. Con un aire de disgusto, Achamian moviَ laْ nica piedra que ten‫ي‬a entre sus piezas plateadas, el sustituto de una pieza robada, o al menos eso dec‫ي‬a Xinemus, por uno de sus esclavos. Otro agravio. Si bien las piezas no eran nada m‫ل‬s que la forma en que eran utilizadas, la piedra empobrec‫ي‬a su juego de alguna forma, romp‫ي‬a el ruin encanto de un juego de fichas completo. «‫؟‬Por qué me toca a m‫ ي‬la piedra?» --Si estuvieras borracho --dijo Ximenus, respondiendo a su movimiento con decisiَn--, entender‫ي‬a que hicieras eso. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a hacer bromas? Achamian se qued َmirando el dibujo del tablero y se dio cuenta de que las reglas hab‫ي‬an cambiado una vez m‫ل‬s, esa vez‫ ؟‬desastrosamente. Busc a َ lguna opciَn, pero no vio ninguna. Xinemus esbozَ una sonrisa vencedora y empezَ a cortarse las uٌas con un cuchillo. --Proyas se sentir‫ ل‬igual --dijo-- cuando finalmente llegue. --Algo en su tono hizo que Achamian levantara la mirada. --‫؟‬Por qué? --Has o‫ي‬do hablar del reciente desastre. --‫؟‬Qué desastre? --La Guerra Santa Vulgar ha sido destruida. --‫؟‬Qué? Achamian hab‫ي‬a o‫ي‬do rumores acerca de la Guerra Santa Vulgar antes de partir de Sumna. Semanas atr‫ل‬s, antes de la llegada del grueso de la Guerra Santa, un buen nْmero de seٌores de Galeoth, Conriya y el Alto Ainon hab‫ي‬an decidido marchar contra los infieles por s‫ ي‬mismos. El mote de vulgar se lo hab‫ي‬an impuesto debido a las huestes de parias sin seٌor que los siguieron. A Achamian nunca se le hab‫ي‬a ocurrido preguntar cَmo le iba. «Ha empezado. El derramamiento de sangre ha empezado.» --En las llanuras de Mengedda --prosiguiَ Xinemus--. El infiel Sapatishah, Skaurus, mandَ las cabezas embalsamadas de Tharschilka, Kumrezzer y Calmemunis al Emperador como aviso. --‫؟‬Calmemunis? ‫؟‬Te refieres al primo de Proyas? --،Un idiota arrogante y testarudo! Le rogué que no marchara, Akka. Razoné, grité, incluso me humillé, ،me rebajé como un estْpido!,

pero el perro no me escuchَ. Achamian hab‫ي‬a coincidido en una ocasiَn con Calmemunis en la corte del padre de Proyas. Un engreimiento escandaloso sumado a la estupidez, Suficiente para que Achamian hiciera un gesto de dolor. --Aparte de pensar que el Dios en Persona le hab‫ي‬a llamado, ‫؟‬por qué crees que se marchَ? --Porque sab‫ي‬a que una vez que llegara Proyas, él ser‫ي‬a poco m‫ل‬ s que un perrito faldero adulador. Nunca le ha perdonado a Proyas el incidente de Paremti. --‫؟‬La batalla de Paremti? ‫؟‬Qué sucediَ? --‫؟‬No lo sabes? Hab‫ي‬a olvidado el mucho tiempo que hac‫ي‬a, viejo amigo. Tengo muchos cotilleos que contarte. --M‫ل‬s tarde --dijo Achamian--. Dime qué pasَ en Paremti. --Proyas hizo que azotaran a Calmemunis. --‫؟‬Que le azotaran? --Eso preocupَ profundamente a Achamian. ‫؟‬ Tanto hab‫ي‬a cambiado su viejo estudiante?--. ‫؟‬Por cobard‫ي‬a? Como si compartiera la preocupaciَn de Achamian, el rostro de Xinemus se oscureciَ. --No. Por impiedad. --Est‫ل‬s bromeando. ‫؟‬Proyas hizo que un igual fuera azotado por impiedad‫? ؟‬Hasta dَnde ha llegado su fanatismo, Zip? --Demasiado lejos --dijo Xinemus r‫ل‬pidamente, como si estuviera avergonzado por su seٌor--. Pero sَlo por un instante. Me decepcionَ much‫ي‬simo, Akka. Me rompiَ el corazَn que el divino niٌo al que tْ y yo enseٌamos se hubiera convertido en un hombre de semejantes... extremos. Proyas hab‫ي‬a sido un niٌo divino. Durante los cuatro aٌos que hab‫ي‬a pasado como tutor de la corte en la capital conriyana de Aoknyssus, Achamian se hab‫ي‬a enamorado del niٌo, incluso m‫ل‬s que de su legendaria madre. Dulces recuerdos. Paseando a través de vest‫ي‬bulos iluminados por el sol y a lo largo de oscuros senderos del jard‫ي‬n, hab‫ي‬ an hablado de historia, lَgica y matem‫ل‬ticas, y él hab‫ي‬a respondido a una inacabable catarata de preguntas. --‫؟‬Maestro Achamian? ‫؟‬Adَnde han ido todos los dragones? --Los dragones est‫ل‬n en nuestro interior, joven Proyas. En tu interior. El entrecejo fruncido. Las manos apretadas de frustraciَn. Pero otra respuesta indirecta de su tutor. --‫؟‬As‫ ي‬que ya no hay m‫ل‬s dragones en el mundo, maestro Achamian?

--Tْ est‫ل‬s en el mundo, Proyas, ‫؟‬no es as‫?ي‬ Xinemus hab‫ي‬a sido maestro de esgrima de Proyas al mismo tiempo, y hab‫ي‬an llegado a respetarse gracias a sus periَdicas riٌas por el niٌo. Si Achamian amaba al Pr‫ي‬ncipe, Xinemus --que cultivaba la devoci َn que necesitar‫ي‬a para servir al niٌo como rey-- le amaba m‫ل‬s, tanto que cuando Xinemus vislumbrَ la influencia del tutor en el pupilo, invitَ a Achamian a su casa de campo en el mar Meneanor. --Has hecho sabio a un niٌo --le hab‫ي‬a dicho Xinemus, tratando de explicar su extraordinaria oferta. Raramente los miembros de las castas nobles ejerc‫ي‬an de anfitriones de hechiceros. --Tْ le has hecho peligroso --respondiَ Achamian. Hab‫ي‬an encontrado su amistad en algْn lugar de las risas que siguieron. --‫؟‬Fan‫ل‬tico por un tiempo? --preguntَ entonces Achamian--. ‫؟‬ Significa eso que recuperَ la compostura? Xinemus hizo una mueca, rasc‫ل‬ndose, ausente, el lado de la nariz. --M‫ل‬s o menos. La Guerra Santa y su relaciَn con Maithanet han reavivado su celo, pero ahora es m‫ل‬s sabio, m‫ل‬s paciente, m‫ل‬s tolerante con la debilidad. --Tus lecciones, imagino. ‫؟‬Qué le hiciste? --Le pegué hasta que sangrَ. Achamian se riَ. --Lo digo en serio. Después de Paremti me marché de la corte indignado. Pasé el invierno en Attrempus. Acudiَ a m‫ي‬, sَlo... --‫؟‬Para implorarte perdَn? Xinemus hizo una mueca. --Es lo que era de esperar, pero no. Viajَ hasta all‫ ي‬para reprenderme. El Mariscal neg َcon la cabeza y sonri .Achamian َ sab‫ي‬a por qué: ya de niٌo, Proyas hab‫ي‬a sido proclive a simp‫ل‬ticos excesos. Recorrer a solas doscientas millasْ nicamente para echar una bronca era algo que s َlo Proyas pod‫ي‬a hacer. --Me acusَ de abandonarle en un momento de necesidad. Calmemunis y su gente hab‫ي‬an presentado cargos contra él, tanto en los tribunales eclesi‫ل‬sticos como ante el Rey, y por un tiempo las cosas parecieron ir por mal camino, si bien nunca estuvo realmente en peligro. --Obviamente, sabes que sَlo estaba buscando tu aprobaciَn --dijo Achamian, suprimiendo una punzada de envidia--. Siempre te ha adorado, ya lo sabes, a su modo... ‫؟‬Tْ qué hiciste? --Escuché cَmo despotricaba con toda la paciencia que fui capaz de

reunir. Después le llevé al patio interior y le tiré una espada de entrenamiento. «‫؟‬Quieres castigarme?», le dije. «Cast‫ي‬game, pues.» --Xinemus sonriَ mientras Achamian se re‫ي‬a a carcajadas. --De niٌo era tenaz, Akka, pero ahora es totalmente implacable. Se negَ a ceder. Le podr‫ي‬a haber dejado inconsciente y él se hubiera vuelto a poner en pie, empapado de sangre y nieve. Cada vez le dec‫ي‬a: «Te he entrenado tan bien como he sabido, mi Pr‫ي‬ncipe, pero a pesar de todo sigues perdiendo». Entonces él se abalanzaba sobre m‫ي‬, gritando como un poseso. »A la maٌana siguiente no dijo nada y me evitَ como si tuviera la peste. Pero por la tarde me buscَ fuera, con el rostro magullado como el de una manzana. "Lo entiendo", dijo. Le pregunté: "‫؟‬Qué es lo que entiendes?". "Tu lecciَn", respondiَ. "Entiendo tu lecciَn." "‫؟‬Y de qué lecci َn se trata?", le dije. Y me respondiَ: "Que me he olvidado de aprender. Que la vida es la lecciَn de Dios, y que a pesar de que nos comprometamos a enseٌar a hombres imp‫ي‬os, debemos estar dispuestos a aprender de ellos también". Achamian mirَ a su amigo con un c‫ل‬ndido temor. --‫؟‬Era eso lo que pretend‫ي‬as enseٌarle? Xinemus frunciَ el entrecejo y negَ con la cabeza. --No. Sَlo quer‫ي‬a que se tragara su arrogancia. Pero me pareciَ bien, as‫ ي‬que solamente le dije: «Muy bien, mi Pr‫ي‬ncipe, muy bien». Y asent‫ ي‬sabiamente como se hace cuando est‫ل‬s de acuerdo con alguien a quien no consideras tan listo como tْ. Achamian sonriَ y asintiَ. Xinemus estallَ en carcajadas. --De todos modos, Proyas no ha repetido lo de Paremti desde entonces. Y cuando regresَ a Aoknyssus, se ofreciَ a compensar a Calmemunis recibiendo el mismo nْmero de latigazos en la corte de su padre. --‫؟‬Y Calmemunis aceptَ? Estoy seguro de que ese hombre no es tan estْpido. --،Oh!, el muy zoquete aceptَ y azotَ a Nersei Proyas ante los ojos del Rey y la corte. Y ésa es la razَn real por la que Calmemunis nunca perdonَ a Proyas. Acabَ a latigazos con losْ ltimos jirones de honor que le quedaban. Cuando se dio cuenta de ello, sostuvo que Proyas le hab‫ي‬a engaٌado. --As‫ ي‬que crees que ésa es la razَn por la que Calmemunis insistiَ en liderar la Guerra Santa Vulgar. Xinemus asintiَ con tristeza.

--‫ة‬sa es la razَn por la que él y otros cien mil est‫ل‬n muertos. Las grandes cat‫ل‬strofes eran con frecuencia provocadas por cosas pequeٌas como ésa. La intolerancia de un pr‫ي‬ncipe y la estupidez de un noble arrogante. Pero ‫؟‬dَnde estaban esos hechos? ‫؟‬Estaban en alguna parte de esos distantes campos de la muerte? «Cien mil muertos...» Achamian bajَ la mirada hacia el tablero de benjuka. Por algْn motivo, vio al instante el movimiento que deb‫ي‬a hacer. Como si le sorprendiera que Achamian quisiera seguir jugando, Xinemus observَ cَ mo recolocaba una pieza aparentemente irrelevante. «Cien mil muertos. ‫؟‬Es eso también un movimiento?» --Diablo astuto --siseَ Xinemus, estudiando el tablero. Al cabo de un instante de duda, hizo su movimiento de respuesta. Achamian se dio cuenta de que era un error. En un instante de irreflexiَn, Xinemus hab‫ي‬a acabado totalmente con la ventaja de que dispon‫ي‬a. «‫؟‬Por qué ahora lo veo tan claro?» Benjuka. Dos hombres. Dos objetivos distintos. Un resultado. ‫؟‬ Quién determinaba ese resultado? ‫؟‬El vencedor? Pero las verdaderas victorias eran tan infrecuentes..., tan infrecuentes en el tablero de benjuka como en la vida. Con mas frecuencia el resultado era un dif‫ي‬cil compromiso. Pero ‫؟‬un compromiso negociado por quién? ‫؟‬Por nadie? Achamian pensَ que pronto la verdadera Guerra Santa marchar‫ي‬a desde Momemn, cruzar‫ي‬a la fértil provincia de Anserca y después se adentrar‫ي‬a en tierras hostiles. Durante todo ese tiempo, la perspectiva de la campaٌa hab‫ي‬a parecido una abstracciَn, un simple movimiento que, sin embargo, todav‫ي‬a no pod‫ي‬a ser contrarrestado. «Pero esto no es un juego. La Guerra Santa marchar‫ ل‬y, de modo inevitable, morir‫ل‬n miles y miles de personas.» Tantos hombres. Tantos objetivos enfrentados. Y sَlo un resultado. ‫؟‬Cu‫ل‬l ser‫ي‬a el resultado? ‫؟‬Y quién lo negociar‫ي‬a? ‫؟‬Nadie? Esa idea aterrorizَ a Achamian. De repente, la Guerra Santa parec‫ي‬ a una apuesta loca, una tirada de dados contra un futuro totalmente negro. Las vidas de innumerables miles-- incluido Achamian-- por la distante Shimeh. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a cualquier recompensa compensar una apuesta como ésa? --Cien mil muertos --prosiguiَ Xinemus, aparentemente inconsciente de la gravedad de su posiciَn en el tablero--. Un puٌado de ellos, hombres que conozco. Y para empeorar las cosas, el Emperador ha explotado r‫ل‬pidamente nuestra consternaciَn. Nos ha pedido que

aprendamos del error de la Guerra Santa Vulgar. --‫؟‬Que consistiَ en...? --preguntَ Achamian, todav‫ي‬a distra‫ي‬do por el tablero. --La locura de marchar sin Ikurei Conphas. Achamian levantَ la mirada. --Pero cre‫ي‬a que el Emperador hab‫ي‬a dado provisiones a Calmemunis y los dem‫ل‬s, que les hab‫ي‬a posibilitado precisamente que marcharan. --As‫ ي‬es. Pero ha prometido dar provisiones a cualquiera que firme su maldito Solemne Contrato. --As‫ ي‬que Calmemunis y los dem‫ل‬s firmaron... --En Sumna hab‫ي‬a dudas al respecto. --‫؟‬Por qué no? Esos hombres no le dan la menor importancia a su palabra. ‫؟‬Por qué no prometer que devolver‫ي‬an todas las tierras conquistadas al Emperador si tu promesa no vale nada? --Pero sin duda --insistiَ Achamian-- Calmemunis y los dem‫ل‬s debieron detectar el plan del Emperador. Ikurei Xerius sabe perfectamente que los Grandes Nombres no le ceder‫ل‬n nada. El Solemne Contrato es solamente un pretexto, algo para evitar la Censura Shriah cuando él ordene a Conphas que vuelva a hacerse con las conquistas de la Guerra Santa. --S‫ي‬, pero te olvidas de la razَn por la que Calmemunis marchَ, Aldea. No marchَ por la Remisiَn Shriah o por la gloria del Ultimo Profeta, ni siquiera para forjarse un reino a su medida, por cierto. No. Calmemunis ten‫ي‬a el corazَn de un ladrَn. Marchَ para negarle a Proyas la posibilidad de alcanzar la gloria. Inmَvil por un repentino pensamiento, Achamian se detuvo para escudriٌar a su amigo. --Pero tْ..., tْ s‫ ي‬marchas por el ‫ع‬ltimo Profeta. ‫؟‬Cَmo te hacen sentir esas venganzas y esos objetivos materiales? Por un instante, Xinemus pareciَ desconcertado. --Por supuesto --dijo lentamente--. Deber‫ي‬a estar indignado. Pero supongo que esperaba que sucediera esto. Para serte franco, me preocupa m‫ل‬s lo que vaya a pensar Proyas. --‫؟‬Por qué? --Sin duda, las noticias del desastre le horrorizar‫ل‬n. Pero todos estos cَmputos y esta politiquer‫ي‬a... --Xinemus dudَ, como si estuviera ensayando en silencio algo que hab‫ي‬a pensado durante mucho tiempo, pero no hab‫ي‬a dicho nunca--. Yo estaba entre los primeros que llegaron aqu‫ي‬, Akka, mandado por Proyas para coordinar a todos los conriyanos

que vinieron después. He formado parte de la Guerra Santa desde que se levantَ el primero de los pabellones bajo las murallas de Momemn. Sé que la mayor‫ي‬a de los que andan por aqu‫ ي‬son hombres p‫ي‬os. Y todos ellos han o‫ي‬do hablar de Nersei Proyas y del respeto que Maithanet siente por él. Todos ellos, hasta los Grandes Nombres como Gothyelk o Saubon, est‫ل‬n preparados para seguirle. Buena parte de lo que suceda en este juego con el Emperador depender‫ ل‬de la respuesta de Proyas... --Y Proyas es con frecuencia poco pr‫ل‬ctico --concluyَ Achamian--. Temes que este juego con el Emperador despierte a Proyas el Juez en lugar de a Proyas el T‫ل‬ctico. --Exactamente. En estos momentos, la Guerra Santa es rehén del Emperador. Se niega a proveernos m‫ل‬s all‫ ل‬de nuestras necesidades diarias a menos que aceptemos la firma del contrato. Por supuesto, Maithanet puede exigirle que provea a la Guerra Santa bajo amenaza de la Censura Shriah, pero ahora parece que incluso él tiene dudas. La destrucciَn de la Guerra Santa Vulgar le ha convencido de que estamos condenados a menos que marchemos con Ikurei Conphas. Los kianene han enseٌado los dientes y parece que la fe a solas no ser‫ ل‬suficiente para derrotarlos. ‫؟‬Quién mejor para pilotarnos a través de esos bancos de arena que el gran Exalto-General que ha aplastado a los scylvendios? Pero ni siquiera un Shriah tan poderoso como Maithanet puede obligar a un Emperador a que mande a suْ nico heredero contra los infieles. Y, por supuesto, el Emperador no mandar‫ ل‬a Conphas a menos que los Grandes Nombres firmen el Solemne Contrato. --Recuérdame --dijo Achamian, irَnicamente-- que nunca me cruce en el camino del Emperador. --Es un man‫ي‬aco --espetَ Xinemus--, un man‫ي‬aco astuto. Y a menos que Proyas sea capaz de ser m‫ل‬s h‫ل‬bil que él, todos nosotros estaremos vertiendo sangre por Ikurei Xerius III y no por Inri Sejenus. Por alguna razَn, el nombre del ‫ع‬ltimo Profeta le recordَ a Achamian el fr‫ي‬o. Se quedَ mirando, absorto, las geometr‫ي‬as de plata yَ nice del tablero de benjuka. Se inclinَ hacia adelante, cogiَ la pequeٌa piedra erosionada por las aguas que hab‫ي‬a utilizado para sustituir una pieza que faltaba y la lanzَ hacia el deslumbrante polvo, m‫ل‬s all‫ ل‬de su toldo. De repente, el juego le pareciَ infantil. --‫؟‬De modo que te rindes? --le preguntَ Xinemus. Parec‫ي‬a decepcionado; todav‫ي‬a cre‫ي‬a que pod‫ي‬a ganar. --No tengo ninguna posibilidad --respondiَ Achamian, pensando en Proyas y no en el benjuka. El Pr‫ي‬ncipe llegar‫ي‬a convertido en un hombre sitiado, y Achamian

no quer‫ي‬a acosarlo todav‫ي‬a m‫ل‬s; no quer‫ي‬a decirle que su adorado Shriah ten‫ي‬a entre manos un aciago juego.

Pese a la penumbra invernal, el interior del pabellَn era c‫ل‬lido. Esmenet se incorporَ y se abrazَ las rodillas entre los brazos. ‫؟‬Quién pod ‫ي‬a pensar que cabalgar hac‫ي‬a que las piernas dolieran tanto? --Est‫ل‬s pensando en otra persona --dijo Sarcellus. «Su voz es tan distinta --pens .--َTan segura«. --S‫ ي‬--dijo. --El Maestro del Mandato, supongo. Sorpresa. Pero entonces recordَ haberle dicho... --‫؟‬Y qué? --le preguntَ ella. ‫ة‬l sonriَ, y como siempre ella se sintiَ a la vez contenta e inquieta. ‫؟‬ Ten‫ي‬a algo que ver con sus dientes, quiz‫ل? ؟‬O con sus labios? --Exactamente --dijo él--. Los Maestros del Mandato son idiotas. Todo el mundo en los Tres Mares lo sabe... ‫؟‬Sabes lo que los nilnameshi dicen de las mujeres que aman a idiotas? Esmenet se girَ y le mirَ con una expresiَn l‫ل‬nguida. --No. ‫؟‬Qué dicen los nilnameshi? --Que cuando duermen, no sueٌan. Sarcellus la apret َsuavemente contra su almohada.

_____ 11 _____ Momemn «La razَn, escribe Ajencis, es la capacidad de sobreponerse a obst‫ل‬ culos desconocidos para la satisfacciَn del deseo. Lo que distingue al hombre de las bestias es la capacidad del hombre para sobreponerse a los obst‫ل‬culos mediante la razَn. Pero Ajencis ha confundido lo accidental con lo esencial. Anterior a la capacidad de sobreponerse a infinitos obst‫ل‬culos es la capacidad de enfrentarse a ellos. Lo que define al hombre no es que razona, sino que reza.» Ekyannus I, Cuarenta y cuatro ep‫ي‬stolas

Finales de invierno, aٌo del Colmillo 4111, Momemn El Pr‫ي‬ncipe Nersei Proyas se tambaleَ y recobrَ el equilibrio mientras sus hombres remaban en el bote entre las graneles olas. Hab‫ي‬ a decidido llegar a las playas del Nansurium de pie, pero el Meneanor, que hab‫ي‬a decidido batir las costas hasta que todo el mundo fuera mar, se lo estaba poniendo dif‫ي‬cil. En dos ocasiones, unos inmensos muros de espuma hab‫ي‬an estado a punto de echarlo por la borda, y se hab‫ي‬a planteado si su decisiَn era la correcta. Escudriٌَ la costa arenosa, vio que en la playa sَlo estaba el estandarte de Attrempus y decidiَ que llegar seco y sentado era mucho mejor que medio ahogado. «،La Guerra Santa al fin!» Pero si bien esa idea le conmoviَ profundamente, lo hizo acompaٌ ada de una cierta aprensiَn. Hab‫ي‬a sido el primero en besar la rodilla de Maithanet en Sumna, y entonces estaba seguro de que ser‫ي‬a elْ ltimo de los Grandes Nombres en unirse a la Guerra Santa. «Pol‫ي‬tica», pensَ con acritud. No era, como hab‫ي‬a escrito el filَsofo Ajencis, la negociaciَn de ventajas en el seno de comunidades de hombres; era m‫ل‬s una absurda subasta que un ejercicio de oratoria. Uno trocaba principios y piedad para conseguir lo que los principios y la piedad exig‫ي‬an. Uno se mancillaba para limpiarse. Proyas hab‫ي‬a besado la rodilla de Maithanet, se hab‫ي‬a comprometido con el rumbo que esos principios y esa piedad le exig‫ي‬ an. ،Dios mismo hab‫ي‬a sancionado ese rumbo! Pero desde el principio se hab‫ي‬a visto envuelto en pol‫ي‬tica: las incesantes disputas con el Rey, su padre; los irritantes retrasos en la formaciَn de la flota; las innumerables concesiones, contratos, huelgas preventivas, huelgas de represalia, halagos y amenazas. Parec‫ي‬a una alma vendida para salvarse. «‫؟‬Ha sido ésta tu prueba? ‫؟‬Me has encontrado carencias?» Hasta el viaje por mar hab‫ي‬a sido una prueba. Siempre veleidoso, el Meneanor era especialmente tormentoso en invierno. Los hab‫ي‬a golpeado un temporal procedente de las costas de Cironj y hab‫ي‬an sido apartados de su rumbo por el Meneanor. Se hab‫ي‬an visto obligados por vientos desfavorables a navegar peligrosamente cerca de costas infieles. En un momento dado, hab‫ي‬an estado a una distancia de pocos d‫ي‬as de Shimeh, o al menos eso le hab‫ي‬a dicho el estْpido de su oficial de derrota, como si la iron‫ي‬a fuera a entusiasmarle en lugar de irritarle. Entonces, hab‫ي‬an soportado la segunda tormenta, cuando viraban trabajosamente hacia el norte, la que hab‫ي‬a dispersado la flota y hab‫ي‬a

segado la vida de m‫ل‬s de quinientos hombres. A cada momento, parec‫ي‬ a que algo conspirara contra él. Si no eran los hombres, eran los elementos, y si no los elementos, los hombres. Hasta los sueٌos le hab‫ي‬ an atormentado: que la Guerra Santa ya hab‫ي‬a partido; que él llegar‫ي‬a, compartir‫ي‬a un cuenco de vino con el Emperador y después le dir‫ي‬an que volviera a casa. Quiz‫ ل‬deber‫ي‬a haberse esperado algo as‫ي‬. Quiz‫ ل‬encontrarse con Achamian en Sumna --،mientras se arrodillaba ante Maithanet, nada menos!-- hab‫ي‬a sido algo m‫ل‬s que una indignante coincidencia. Quiz ‫ل‬ hab‫ي‬a sido un augurio, un recordatorio de que los Dioses con frecuencia se re‫ي‬an de las cosas que a los hombres les hac‫ي‬an rechinar los dientes. Justo, entonces, una inmensa ola empujَ el bote hacia adelante y empapَ a sus tripulantes con agua espumosa ribeteada por la luz del sol. Como una bellota sobre la seda, la quilla se deslizَ y quedَ en paralelo a la cresta de la ola. Muchos de los remeros gritaron. Por un instante, pareciَ inevitable que se hundieran. Perdieron a uno de los remeros. Entonces, el bote se encallَ con un banco de arena y se encontraron varados en mitad de numerosas charcas provocadas por la marea. Proyas se bajَ de un salto con sus hombres y, contra sus protestas, les ayudَ a arrastrar el bote hasta la playa de color hueso. Vislumbrَ su flota esparcida sobre el brillante mar. Parec‫ي‬a imposible. All‫ ي‬estaban. Hab‫ي‬ an llegado. Mientras los otros empezaban a descargar el equipaje, Proyas dio unos cuantos pasos sobre tierra firme y cayَ de rodillas. La arena le quemaba la piel. El viento le revolv‫ي‬a su corto pelo color azabache. El aire ol‫ي‬a a sal, pescado y piedra ardiente. No era muy distinto, del olor de la distante costa de Conriya. «Ha empezado, dulce Profeta... La Guerra Santa ha empezado. Perm‫ي‬teme ser la fuente de tu justa ira. Perm‫ي‬tele a mi mano ser la mano que limpia tu hogar de maldad. ،Perm‫ي‬teme ser tu martillo«! Protegido por el ruido de las estruendosas olas, parec‫ي‬a seguro llorar. Tuvo que parpadear para alejar las l‫ل‬grimas de sus ojos. En un extremo de su campo visual, vio cَmo los hombres que le hab ‫ي‬an esperado se acercaban por las blancas dunas. Se aclarَ la garganta, se puso en pie cuando estuvieron cerca y se sacudiَ con aire ausente la arena de la tْnica. Bajo el ondeante estandarte de Attrempus, se pusieron de rodillas y, con las palmas de las manos sobre los muslos, inclinaron la cabeza ante él. Una baja escarpadura los enmarcaba, y tras ésta una gran mancha gris en el cielo. «Momemn --supuso

Proyas--, y sus innumerables hogueras.» --Te he echado de menos Xinemus --dijo Proyas--. ‫؟‬Qué te parece? El hombre corpulento y de barba espesa que iba al frente se puso en pie. A Proyas le sorprendiَ, y no por primera vez, lo mucho que se parec‫ي‬a a Achamian. --Me temo, mi Pr‫ي‬ncipe --respondi َXinemus-- que tu considerado sentimiento no durar‫ ل‬mucho m‫ل‬s... --Dud .--Es َ decir, una vez que oigas las noticias que tengo para ti. «Ya empieza.» Meses atr‫ل‬s, antes de que regresara a Conriya para reclutar a su ejército, Maithanet le hab‫ي‬a advertido de que la Casa Ikurei probablemente pretendiera dar al traste con la Guerra Santa. Pero el porte de Xinemus le dijo que algo mucho m‫ل‬s dram‫ل‬tico que el mero politiqueo hab‫ي‬a aflorado durante su ausencia. --Nunca he sido de los que culpan al mensajero, Xinemus. Ya lo sabes. --Estudiَ moment‫ل‬neamente el rostro del séquito del Mariscal--. ‫؟‬ Dَnde est‫ ل‬ese inْtil de Calmemunis? Xinemus a duras penas pudo controlar el temor en sus ojos. --Muerto, mi Pr‫ي‬ncipe. --‫؟‬Muerto? --preguntَ secamente. «،Por favor, que no empiece as‫ي‬ !» Frunciَ los labios y preguntَ sin alterarse:-- ‫؟‬Qué ha sucedido? --Calmemunis marchَ... --‫؟‬Marchَ? Loْ ltimo que o‫ ي‬era que le faltaban provisiones. Le mandé una carta al Emperador en persona pidiéndole que le negara a Calmemunis todo lo que pudiera necesitar para marchar. «،Por favor, as‫ ي‬no!» --Cuando el Emperador le negَ las provisiones, Calmemunis y los dem‫ل‬s provocaron disturbios, hasta saquearon unas cuantas aldeas. Esperaban marchar contra los infieles solos para obtener toda la gloria. A punto estuve de llegar a las manos con el maldito... --‫؟‬Calmemunis marchَ? --Proyas estaba petrificado--. ‫؟‬El Emperador le dio provisiones? --Desde mi punto de vista, mi Pr‫ي‬ncipe, Calmemunis no le dio al Emperador otra opciَn. Siempre ha sabido cَmo incitar a sus hombres. O le daba provisiones y se deshac‫ي‬a de él, o se arriesgaba a una guerra abierta. --El Santo Shriah habr‫ي‬a intercedido antes de que eso sucediera --espetَ Proyas, reacio a absolver a nadie de ese crimen--. ‫؟‬Calmemunis marchَ y ahora est‫ ل‬muerto? Quieres decir que... --S‫ي‬, mi Pr‫ي‬ncipe --dijo Xinemus con solemnidad. Ya hab‫ي‬a

digerido esos hechos--. La primera batalla de la Guerra Santa ha terminado catastrَficamente. Todos est‫ل‬n muertos; Istratmenni, Gedapharus, todos los barones peregrinos de Kanampurea, junto a otros incontables miles, han sido destruidos por los fieles en un lugar llamado las llanuras de Mengedda. Por lo que yo sé, sَlo una treintena de galeoth del contingente de Tharschilka sobrevivieron. Pero ‫؟‬cَmo pod‫ي‬a ser? ‫؟‬La Guerra Santa derrotada en batalla? --‫؟‬Sَlo una treintena? ‫؟‬Cu‫ل‬ntos partieron? --M‫ل‬s de cien mil: los primeros galeoth en llegar y los primeros ainonios junto a las huestes de chusma que descendieron hasta Momemn poco después del llamamiento del Shriah. El estruendoso golpe y el silbido de la espuma llenaron el silencio. La Guerra Santa, o una fracciَn considerable de ella, hab‫ي‬a sido masacrada. «‫؟‬Estamos condenados? ‫؟‬Pueden los infieles ser tan fuertes?» --‫؟‬Qué dice el Shriah? --preguntَ con la esperanza de silenciar esas temibles premoniciones. --El Shriah se ha sumido en el silencio. Gotian dice que est‫ل‬ llorando por las almas ca‫ي‬das en Mengedda. Pero existe el rumor de que le da miedo que la Guerra Santa no pueda vencer a los infieles, que espera una seٌal de Dios, y la seٌal no llega. --‫؟‬Y el Emperador? ‫؟‬Qué dice él? --El Emperador ha venido afirmando en todo momento que los Hombres del Colmillo subestiman la ferocidad de los infieles. Y lamenta la pérdida de la Guerra Santa Vulgar. --‫؟‬De qué? --As ‫ي‬es como ha acabado llam‫ل‬ndose... Por la chusma. Un vergonzante alivio acompaٌَ su explicaciَn. Cuando se hizo evidente que esa escoria --ancianos, mujeres, incluso niٌos huérfanos-responder‫ي‬a a la llamada del Shriah, Proyas ya se hab‫ي‬a preocupado por la posibilidad de que la campaٌa fuera m‫ل‬s una migraciَn que un ejército. --El Emperador llora pْblicamente --continuَ Xinemus--, pero en privado insiste en que ninguna guerra contra los infieles, santa o de cualquier otra naturaleza, puede tener éxito sin el liderazgo de su sobrino, Conphas. Emperador o no, el hombre es un perro mercenario. Proyas asintiَ, comprendiendo al fin el perfil de los acontecimientos que ten‫ي‬a ante s‫ي‬. --Y supongo que el precio que exige por el gran Ikurei Conphas es nada m‫ل‬s y nada menos que el Solemne Contrato, ‫؟‬no es as‫ ?ي‬Ese

desgraciado de Calmemunis nos ha vendido. --Intenté, mi seٌor... Intenté retener al Palatino. ،Pero no ten‫ي‬a ni el rango ni la astucia necesaria para detenerle! --Ningْn hombre tiene la astucia necesaria para razonar con un idiota, Zin. Y lo del rango no es culpa tuya. Calmemunis era un hombre arrogante e impetuoso. En ausencia de sus superiores, sin duda, se embriagaba de presunciَn. Se condenَ a s‫ ي‬mismo, Zin. Es tan simple como eso. Pero Proyas sab‫ي‬a que no era tan simple como eso. El Emperador hab‫ي‬a tenido su participaciَn en aquello; de eso, estaba seguro. --Pero a pesar de todo --dijo Xinemus-- no puedo evitar la sensaciَn de que podr‫ي‬a haber hecho m‫ل‬s. Proyas se encogiَ de hombros. --Decir «podr‫ي‬a haber hecho m‫ل‬s», Zin, es lo que hace de un َ na risotada con tristeza--. En hombre un hombre y no un Dios-- .Solt u realidad, fue Achamian quien me dijo eso. Xinemus sonriَ l‫ل‬nguidamente. --También a m‫ ي‬me lo dijo... Un idiota muy sensato, ese Achamian. «Y perverso..., un blasfemo. Cَmo me gustar‫ي‬a que recordaras eso, Zin.» --Un idiota sensato, s‫ي‬. Al ver que el Pr‫ي‬ncipe hab‫ي‬a llegado sano y salvo, el resto de las huestes conriyanas hab‫ي‬an empezado a desembarcar de las naves. Mirando hacia el Meneanor, Proyas vio que m‫ل‬s botes se dirig‫ي‬an hacia la orilla por entre el fuerte oleaje. Pronto esas playas estar‫ي‬an atestadas de hombres, sus hombres, y bien pod‫ي‬a ser que todos ellos estuvieran condenados. «‫؟‬Por qué, Dios? ‫؟‬Por qué nos atribulas si es tu Voluntad la que queremos cumplir?» Pasَ un buen rato interrogando a Xinemus acerca de los detalles de la derrota de Calmemunis. S‫ي‬, Calmemunis estaba muerto con toda certeza: los fanim hab‫ي‬an mandado su cabeza cortada a modo de mensaje. No, nadie sab‫ي‬a a ciencia cierta cَmo los infieles les hab‫ي‬an destruido. Los supervivientes hab‫ي‬an comunicado que ellos eran superiores en nْmero, que pose‫ي‬an al menos dos hombres por cada inrithi. Pero Proyas sab‫ي‬a que los supervivientes de una gran batalla eran propensos a decir esas cosas. Proyas ten‫ي‬a innumerables interrogantes, todos ellos tan desesperados por ser formulados que con frecuencia interrump‫ي‬a a Xinemus a media respuesta. Y ten‫ي‬a, adem‫ل‬ s, la curiosa sensaciَn de haber sido decepcionado, como si su tiempo en Conriya y en el mar hubiera sido resultado de las maquinaciones de

otro. No fue consciente del acercamiento de la comitiva imperial hasta que estuvo casi junto a él. --Conphas en persona --dijo Xinemus con gravedad, seٌalando al otro lado de la playa-- ha venido a agasajarte, mi Pr‫ي‬ncipe. Aunque no se conoc‫ي‬an, Proyas reconociَ a Ikurei Conphas de inmediato. Su porte transmit‫ي‬a visiblemente la tradiciَn imperial nansur: la divina ecuanimidad de su expresiَn, la familiaridad marcial del modo como sosten‫ي‬a su casco de plata bajo el brazo derecho. El hombre era capaz incluso de caminar sobre la arena con una elegancia felina. Conphas sonriَ cuando sus miradas se encontraron: la sonrisa de dos héroes que hasta entonces sَlo hab‫ي‬an estado juntos en rumores y reputaciَn. Y entonces, se detuvo ante él, el hombre casi m‫ي‬tico que hab ‫ي‬a doblegado a los scylvendios. A Proyas le resultَ dif‫ي‬cil no sentirse impresionado, hasta levemente atemorizado, por su presencia. Conphas se inclinَ levemente por la cintura y alargَ la mano para encajarla como un soldado. --En el nombre de Ikurei Xerius III, el Emperador de Nansur --dijo--, te doy la bienvenida, Pr‫ي‬ncipe Nersei Proyas, a nuestras costas, y a la Guerra Santa. «Vuestras costas..., como si la Guerra Santa también fuera vuestra.» Proyas no se inclinَ ni encajَ la mano que le ofrec‫ي‬an. M‫ل‬s que mostrar sorpresa o insulto, la mirada de Conphas se tornَ ir َnica y evaluadora. --Me temo --prosiguiَ cَmodamente-- que acontecimientos recientes dificultan la existencia de confianza entre nosotros. --‫؟‬Dَnde est‫ ل‬Gotian? --preguntَ Proyas. --El Gran Maestro de los Caballeros Shriah te espera en la escarpadura. No le gusta que le entre arena en las botas. --‫؟‬A ti s‫?ي‬ --Yo he tenido la prevenciَn de ponerme sandalias. Se oyeron risas tras la respuesta, las suficientes para que a Proyas le rechinaran los dientes. Como Proyas no dijo nada, Conphas prosiguiَ. --Entiendo que Calmemunis era uno de tus hombres. No me sorprende que trates de culpar a otro en lugar de a uno de los tuyos. Pero te aseguro que el Palatino de Kanampurea muriَ a causa de su propia estupidez. --De eso, Exalto-General, no tengo la menor duda.

--Entonces, ‫؟‬aceptar‫ل‬s la invitaciَn del Emperador a reunirte con él en las Cumbres Andiamine? --Para hablar del Solemne Contrato, sin duda. --Entre otras cuestiones. --Quisiera hablar antes con Gotian. --As‫ ي‬ser‫ل‬, mi Pr‫ي‬ncipe. Pero quiz‫ ل‬deba ahorrarte el tr‫ل‬mite y decirte lo que el Gran Maestro te dir‫ل‬. Gotian te contar‫ ل‬que el Santo Shriah considera a tu hombre, Calmemunis, elْ nico responsable del desastre de las llanuras de Mengedda. Y te contar‫ ل‬que el Shriah se ha sentido muy turbado por ese desastre, y que ahora pondera laْ nica y eminentemente justificada exigencia del Emperador. Y es, te lo aseguro, justificada. En los ‫ل‬rboles genealَgicos de todas las familias prominentes del Imperio encontrar‫ل‬s los nombres de docenas de hombres que han muerto guerreando por las tierras que la Guerra Santa recuperar‫ي‬a. --Puede ser que as‫ ي‬sea, Ikurei, pero somos nosotros quienes ponemos las vidas esta vez. --El Emperador lo comprende y lo aprecia, y ésa es la razَn por la que se ha ofrecido a otorgar la titularidad de las provincias perdidas. Bajo los auspicios del Imperio, por supuesto. --No es suficiente. --No, supongo que nunca nada es suficiente, ‫؟‬no? Lo reconozco, mi Pr‫ي‬ncipe, nos encontramos en un apuro muy curioso. A diferencia de vosotros, la Casa Ikurei no es conocida por su piedad, y ahora que al fin nos encontramos defendiendo la misma causa, estamos siendo impugnados por nuestros hechos del pasado. Pero la indignaciَn del que discute nada tiene que ver con la verdad o falsedad de sus argumentos. ‫؟‬No es acaso lo que nos dice Ajencis? Te ruego, Pr‫ي‬ncipe, que no prestes atenciَn a nuestros defectos y estudies nuestra demanda a la dulce luz de la razَn. --‫؟‬Y si la razَn me dice lo contrario? --Entonces, debes tomar nota del ejemplo de Calmemunis, ‫؟‬no crees? Por mucho que te duela reconocerlo, la Guerra Santa nos necesita. Una vez m‫ل‬s, Proyas no respondiَ. Conphas prosiguiَ con una sonrisa, batiendo sus pestaٌas. --As‫ ي‬que ya ves, Nersei Proyas, tanto la razَn como las circunstancias est‫ل‬n de nuestro lado. Como Proyas siguiَ neg‫ل‬ndose a contestar, el Exalto-General hizo una reverencia y se girَ con un desdén despreocupado. Seguido por su

reluciente séquito, se alejَ por la playa. Las olas restallaron con una renovada furia, y el viento levantَ un ligero roc‫ي‬o sobre Proyas y sus hombres. Era gélido. Proyas hizo cuanto pudo para ocultar sus manos temblorosas. En la batalla por la Guerra Santa se acababa de librar una escaramuza, e Ikurei Conphas le hab‫ي‬a vencido ante los suyos. ،Y con facilidad! Todos los problemas que hab‫ي‬a tenido hasta el momento ser‫ي‬an mosquitos comparados con el Exalto-General y su tres veces maldito t‫ي‬o. --Venga, Xinemus --dijo, ausente--, debemos asegurarnos de que la flota desembarca de forma ordenada. --Hay una cosa, mi Pr‫ي‬ncipe..., algo que me olvidé de mencionar. Proyas suspirَ y le preocupَ el audible temblor que lo acompaٌَ. --‫؟‬De qué se trata, Zin? --Drusas Achamian est‫ ل‬aqu‫ي‬.

Achamian estaba sentado a solas junto al fuego, esperando el regreso de Xinemus. Con la excepciَn de un puٌado de esclavos y Hombres del Colmillo, la parte del campamento en la que se encontraba estaba abandonada. Los hombres del Mariscal estaban todav‫ي‬a en las playas, ayudando a su Pr‫ي‬ncipe y sus parientes a desembarcar. La sensaciَn de que le rodeaban telas llenas de agujeros le inquietَ. Tiendas oscuras y vac‫ي‬as. Rescoldos fr‫ي‬os. Se dio cuenta de que era como si el Mariscal y sus hombres hubieran sido aniquilados en el campo de batalla. Bienes abandonados. Lugares en los que las palabras y las miradas hab‫ي‬an calentado el aire en el pasado. Ausencia. Achamian se estremeciَ. Durante los primeros d‫ي‬as posteriores a su reuniَn con Xinemus y su incorporaciَn a la Guerra Santa, Achamian se hab‫ي‬a ocupado de asuntos relativos a los Chapiteles Escarlatas. Hab‫ي‬a colocado una serie de Guardas cerca de su tienda, discretamente, para no ofender la sensibilidad de los inrithi. Encontrَ a un hombre del lugar que le mostrَ el camino a la casa de campo en la que estaban retirados los Maestros Escarlatas. Hizo mapas, listas de nombres, incluso contratَ a tres hermanos adolescentes, hijos de un esclavo shigekio no hereditario, propiedad de un vasallo tydonnio, para que vigilaran el camino que llevaba a la villa y le informaran de las idas y venidas significativas. No pudo hacer mucho m‫ل‬s. Suْ nico intento de hacer buenas migas con el

magnate local que los Chapiteles hab‫ي‬an contratado para que les proveyera hab‫ي‬a sido un desastre. Cuando Achamian persistiَ, el hombre intentَ literalmente clavarle una cuchara; no por lealtad a los Chapiteles, sin embargo, sino movido por el miedo. Parec‫ي‬a que los nansur estaban aprendiendo de prisa: para los Chapiteles Escarlatas, cualquier motivo de sospecha, fuera una gota de sudor o la familiaridad con un extranjero, era sinَnimo de traiciَn. Y nadie traicionaba a los Chapiteles Escarlatas. Pero todas esas tareas eran poco m‫ل‬s que rutina. Durante todo el d ‫ي‬a, Achamian pensaba: «Después de esto, Inrau, me ocuparé de ti después de esto...». M‫ل‬s tarde, llegَ el «después». No hab‫ي‬a nadie a quien preguntar. Nadie a quien vigilar. Nadie, con la excepciَn de Maithanet, de quien sospechar. No hab‫ي‬a nada que hacer, excepto esperar. Por supuesto, segْn los informes que mandaba a sus supervisores del Mandato en Atyersus, estaba persiguiendo agresivamente toda indirecta e insinuaciَn. Pero eso era simplemente una parte de la pantomima en la que todos participaban, incluidos los fan‫ل‬ticos como Nautzera. Eran como hombres muertos de hambre cenando hierba. Cuando uno se mor‫ي‬a de hambre, ‫؟‬por qué no cultivar la ilusiَn de la digestiَn? Pero esa vez la ilusiَn asqueaba en lugar de tranquilizar. Y la razَn era obvia: Inrau. Al caer en el agujero que era el Consulto, Inrau hab‫ي‬a llegado demasiado lejos como para disimularlo. As‫ ي‬que Achamian empezَ a buscar formas de amortiguar su coraz َn, o al menos de acabar con algunas de las recriminaciones de sus pensamientos. «Cuando Proyas venga --le dec‫ي‬a a su alumno muerto--. Me ocuparé de ti cuando Proyas venga.» Se dedicَ a beber en exceso: vino sin aguar, sobre todo; algْn anpoi cuando Xinemus estaba de especial buen humor, y yursa, un terrible licor que los galeoth hac‫ي‬an con patatas podridas. Fumaba aceite de adormidera y hach‫ي‬s, pero abandonَ el primero después de que la l‫ي‬nea entre los trances y los Sueٌos desapareciera. Empezَ a releer los pocos cl‫ل‬sicos que Xinemus llevaba consigo. Se riَ con la tercera y cuarta Anal‫ي‬ticas de Ajencis, d‫ل‬ndose cuenta por primera vez de la sutileza del humor del filَsofo. Frunciَ el entrecejo ante la l‫ي‬rica de Protathis, que le pareciَ farragosa a pesar de que veinte aٌos antes le hab‫ي‬a parecido que hablaba el mismo idioma que su alma. Y empezَ, como hab‫ي‬a hecho muchas veces, Las Sagas, sَlo para dejarlas

de lado unas pocas horas m‫ل‬s tarde. O bien sus floridas imprecisiones le pon‫ي‬an furioso hasta el punto de enfadarse y sentir que le temblaban las manos, o bien sus verdades le hac‫ي‬an llorar. Era una lecciَn, al parecer, que aprend‫ي‬a de nuevo cada cierto nْmero de aٌos: ver el Apocalipsis hac‫ي‬a imposible leer relatos sobre él. Algunos d‫ي‬as, cuando estaba demasiado inquieto para leer, paseaba por el campamento, por yermos y caminos tan lejanos del centro de la Guerra Santa que los norsirai le llamaban abiertamente «jefe» por el color de su piel. En una ocasiَn, cinco tydonnios le persiguieron desde su pequeٌo feudo con cuchillos, berreando insultos y acusaciones. Otros d‫ي‬as paseaba por los caٌones de adobe de Momemn hacia distintas ‫ل‬goras, hacia el antiguo templo-complejo de Cmiral y, en una ocasiَn, hacia las puertas del recinto imperial. Inevitablemente, se ve‫ي‬a rodeado de prostitutas, pero nunca se acordaba de concertar una cita para encontrarlas. Se olvidaba de las caras, ignoraba los nombres. Se deleitaba con los empujones de cuerpos que resoplaban, con la suciedad de la piel frot‫ل‬ndose contra otra piel sin lavar. Después, regresaba a casa, vac‫ي‬o de todo excepto de su semen. Intentar‫ي‬a con toda la intensidad que pudiera no pensar en Esmi. Normalmente, Xinemus regresaba al anochecer y se reservaban un rato para hacer unos cuantos movimientos en la partida de benjuka que tuvieran en marcha. Luego, se sentaban junto al fuego del Mariscal y se pasaban un ‫ل‬cido cuenco de una bebida que los conriyanos llamaban perrapta, de la que afirmaban que limpiaba el paladar para la cena; pero a Achamian le parec‫ي‬a que hac‫ي‬a que todo tuviera gusto de pescado. Después, cenaban lo que los esclavos de Xinemus pudieran conseguir. Algunas noches se les un‫ي‬an oficiales del Mariscal, normalmente Dinchases, Zenkappa e Iryssas, y mataban el tiempo con chistes procaces y cotilleos irreverentes. Otras noches, las pasaban ellos dos solos, y hablaban de cosas m‫ل‬s profundas y dolorosas. En ocasiones, como esa noche, Achamian se quedaba solo. Hab‫ي‬an llegado noticias de la flota conriyana antes del amanecer. Xinemus hab‫ي‬a partido poco después para preparar la llegada del Pr‫ي‬ ncipe Coronado. Estaba de mal humor porque le daba miedo, y Achamian no ten‫ي‬a ninguna duda al respecto, informar a Proyas de Calmemunis y la Guerra Santa Vulgar. Cuando Achamian le sugiriَ la posibilidad de acompaٌarle a su encuentro con Proyas, Xinemus se limit َ a mirarle con incredulidad. --،Si te llevo conmigo me cuelga! --ladrَ.

Antes de partir, sin embargo, cabalgَ hasta el fuego matutino y le prometiَ a Achamian que le comunicar‫ي‬a a Proyas su presencia all‫ ي‬y sus necesidades. El d‫ي‬a hab‫ي‬a sido muy largo y hab‫ي‬a estado cargado de esperanza y temor. Proyas era el amigo y confidente de Maithanet. Si alguien pod‫ي‬a sonsacarle informaciَn al Santo Shriah, ése era él. ‫؟‬Y por qué no? Buena parte de lo que era, de lo que hac‫ي‬a que los otros se refirieran a él como Pr‫ي‬ncipe Sol, era debido a su viejo tutor, a Drusas Achamian. «No te preocupes, Inrau... Me lo debe.» Entonces, el sol se puso sin noticias de Xinemus. La duda se apoderَ de él como la bebida. El miedo ahuecَ sus palabras no dichas, as ‫ ي‬que las llenَ de ira y rencor. «،Yo le hice! ،Yo le convert‫ ي‬en lo que es! ،No se atrever‫»!ل‬ Se arrepintiَ de esos severos pensamientos y empezَ a rememorar. Recordَ a Proyas de niٌo, llorando, meciendo su brazo, corriendo en la penumbra del bosque de nogales, entre lanzas de luz solar. --،Escala libros, tonto! --hab‫ي‬a gritado--. Sus ramas nunca se rompen. Recordَ haberse acercado a Inrau en el scriptorium sin que éste se diera cuenta para observar cَmo dibujaba, con el aire aburrido de los niٌ os, una hilera de falos a lo largo de la p‫ل‬gina inmaculada. --Practicando tu caligraf‫ي‬a, ‫؟‬eh? --Mis hijos --le murmurَ al fuego--. Mis preciosos hijos. Finalmente, oyَ cَmo unos jinetes descend‫ي‬an por los oscuros senderos. Vio a Xinemus liderando una pequeٌa partida de caballeros conriyanos. El Mariscal desmont e َ n la penumbra y se dirigi h َ acia la hoguera frot‫ل‬ndose la nuca. Ten‫ي‬a la mirada cansada de un hombre con unaْ ltima y dif‫ي‬cil tarea. --No te recibir‫ل‬. --Debe de estar terriblemente ocupado --espetَ Achamian--. ،Y cansado! Qué estْpido he sido. Quiz‫ ل‬maٌana... Xinemus suspirَ audiblemente. --No, Akka. No te recibir‫ل‬.

Cerca del corazَn de la famosa Agora Kamposea de Momemn, Achamian se detuvo en un tenderete de objetos de bronce. Ignorando el ceٌo fruncido del propietario, cogiَ una gran bandeja pulida y simulَ

buscar imperfecciones. La girَ de lado a lado, contemplando el reflejo manchado de la muchedumbre que pasaba a su espalda. Después vio de nuevo al hombre, que aparentemente le regateaba al vendedor de salchichas. Bien afeitado. Pelo negro cortado a la manera irregular de los esclavos. Vistiendo una tْnica de lino azul bajo una capa de rayas a la moda nilnameshi. Achamian vislumbrَ un intercambio de monedas bajo la sombra del puesto. El reflejo del hombre saliَ a la luz del sol sosteniendo una salchicha metida entre pan. Sus ojos aburridos estudiaron detenidamente el atestado mercado, y se posaron sobre esto o aquello. Le dio un pequeٌo bocado y después se quedَ mirando la espalda de Achamian. «‫؟‬Quién eres?» --‫؟‬Qué es esto? --gritَ el vendedor de los objetos de bronce--. ‫؟‬Te est‫ل‬s mirando los dientes por si te ha quedado algo entre ellos? --Por si tengo s‫ي‬filis --dijo Achamian, sombr‫ي‬amente--. Me temo que quiz‫ ل‬tenga s‫ي‬filis. No necesitَ mirar al hombre para saber el horror que esas palabras provocaban. Una mujer que estaba echando un vistazo a los cuencos de vino se escabullَ r‫ل‬pidamente entre la multitud. Achamian vio cَmo la figura reflejada se alejaba del puesto. Aunque dudaba de que estuviera en un peligro inmediato, ser seguido no era algo que debiera ignorarse. Lo m‫ل‬s probable era que ese hombre perteneciera a los Chapiteles Escarlatas, que deb‫ي‬an estar interesados en él por razones evidentes, o quiz‫ ل‬incluso fuera un hombre del Emperador, que espiaba a todo el mundo por el mero hecho de espiar a todo el mundo. Pero siempre cab ‫ي‬a la posibilidad de que el hombre perteneciera al Colegio de Luthymae. Si los Mil Templos hab‫ي‬an matado a Inrau, entonces, probablemente, sab‫ي‬an que él estaba all‫ي‬. Y si ése era el caso, Achamian necesitaba saber qué sab‫ي‬a ese hombre. Sonriendo, Achamian le ofreciَ la bandeja al vendedor, que dio un respingo como si fuera un carbَn ardiendo. Achamian la dejَ entre el montَn de relucientes objetos y echَ miradas de soslayo aprovech‫ل‬ndose del barullo. «Que crea que estoy discutiendo.» Pero si ten‫ي‬a intenciَn de enfrentarse al hombre, lo importante era m‫ل‬s el dَnde que el cَmo. Kamposea no era, sin lugar a dudas, el lugar adecuado. «Algْn callejَn, quiz‫ل‬.» M‫ل‬s all‫ ل‬del agora, Achamian vio un grupo de p‫ل‬jaros revoloteando sobre las grandes cْpulas del templo Xothei, cuya silueta se alzaba entre las casas de vecinos que cercaban el lado norte del mercado. Al este

del templo hab‫ي‬a un inmenso andamio cubierto de una telaraٌa de cuerdas junto a un obelisco inclinado, elْ ltimo regalo del Emperador al templo-complejo de Cmiral. Era un tanto m‫ل‬s pequeٌo, segْn advirtiَ Achamian, que los obeliscos que se alzaban m‫ل‬s all‫ل‬, entre el humo. Se abriَ camino hacia el norte a empujones, entre una multitud ruidosa y los gritos de los vendedores, buscando huecos entre los edificios que pudieran ser salidas raramente utilizadas del mercado. Confiaba en que el hombre todav‫ي‬a le siguiera. Casi se dio de bruces con un pavo real que ten‫ي‬a desplegado su inmenso abanico de airados ojos rojos. Los nansur consideraban sagrada a esa ave y le permit‫ي‬an corretear libremente por sus ciudades. Después, vislumbrَ a una mujer sentada en la ventana de una de las casas de vecinos cercanas que le recordَ moment‫ل‬neamente a Esmenet. «Si saben de m‫ي‬, entonces saben de ella...» M‫ل‬s razَn todav‫ي‬a para atrapar al idiota que le segu‫ي‬a. En el extremo septentrional del mercado, pasَ entre cercados llenos de cabras y cerdos; hasta vio un inmenso toro resoplando. «V‫ي‬ctimas para sacrificios que se venden a los sacerdotes cْlticos de Cmiral», supuso Achamian. Entonces, encontrَ su callejَn, una estrecha ranura entre dos muros de adobe. Pasَ ante un hombre ciego sentado tras una esterilla llena de baratijas y se adentrَ apresuradamente en la hْmeda oscuridad. El silbido de las moscas llenaba sus o‫ي‬dos. Vio montones de ceniza y grasientas entraٌas entre huesos secos y peces muertos. El hedor a podrido era repugnante, pero se escondiَ en un lugar en el que estaba seguro de que el hombre no le ver‫ي‬a inmediatamente. Y esperَ. El olor le obligَ a toser. Tratَ de concentrarse, ensayando las tortuosas Palabras que utilizar‫ي‬a para atrapar a su seguidor. La dificultad de los pensamientos que hab‫ي‬a tras ellas le irritَ, como le suced‫ي‬a con frecuencia. Siempre se mostraba ligeramente incrédulo con respecto a su habilidad para poner en pr‫ل‬ctica hechizos, y m‫ل‬s todav‫ي‬a cuando pasaba d‫ي‬as sin proferir una sola Palabra significativa, como era el caso. Pero en sus treinta y nueve aٌos con el Mandato, su habilidad --al menos en ese aspecto-- nunca le hab‫ي‬a fallado. «Soy un Maestro.» Observَ las figuras iluminadas por el sol que pasaban revoloteando de un lado al otro de la ranura. Pero ni rastro del hombre. La porquer‫ي‬a hab‫ي‬a ascendido por encima de la suela de sus

sandalias y se le hab‫ي‬a deslizado entre los dedos. Advirtiَ que el pez que hab‫ي‬a entre sus pies temblaba. Vio a un gusano saliendo por la cuenca vac‫ي‬a de un ojo. «،Esto es una locura! Ningْn idiota lo es tanto como para seguir a alguien hasta aqu‫ي‬.» Saliَ corriendo del callejَn y sostuvo la mano contra el nublado sol para escudriٌar la esquina del mercado. No ve‫ي‬a al hombre por ningْn lado. «El idiota soy yo... ‫؟‬Seguro que me estaba siguiendo?» Echando chispas, Achamian abandonَ su bْsqueda y se apresurَ a comprar las cosas por las que hab‫ي‬a ido a Momemn. No hab‫ي‬a descubierto nada de los Chapiteles Escarlatas, menos incluso de Maithanet y los Mil Templos, y Proyas todav‫ي‬a se negaba a verse con él. Como no hab‫ي‬a encontrado nuevos libros para leer y Xinemus acostumbraba a reprenderle por su ebriedad, Achamian hab‫ي‬ a decidido recuperar una de sus viejas pasiones: cocinar‫ي‬a. Todos los hechiceros hab‫ي‬an estudiado alquimia con mayor o menor profundidad, y todos los alquimistas, al menos los que eran dignos de llamarse as‫ي‬, eran buenos cocineros. Xinemus pensَ que se degradaba a s‫ ي‬mismo, que cocinar era cosa de mujeres y esclavos, pero Achamian sab‫ي‬a que no era as‫ي‬. Xinemus y sus oficiales se burlar‫ي‬an de él hasta que probaran su comida, y entonces le conceder‫ي‬an un cierto honor, el mismo que le conceder‫ي‬an a cualquier otro habilidoso practicante de un arte antiguo. Finalmente, Achamian ser‫ي‬a algo m‫ل‬s que un pedigüeٌo blasfemo en su mesa. Sus almas estar‫ي‬an en peligro, pero al menos sus apetitos se ver‫ي‬an saciados. Pero se olvidَ del pato, los puerros, el curry y las cebolletas en cuanto volviَ a ver al hombre, esa vez bajo las murallas de la Puerta Gilgallic, entre la aglomeraciَn que abandonaba la ciudad. Sَlo vislumbrَ un instante su perfil, pero era el mismo hombre; el mismo peinado irregular, la misma capa ra‫ي‬da. Sin pensarlo, Achamian soltَ sus compras. «Ahora soy yo quien va a seguir.» Pensَ en Esmi, ‫؟‬Sab‫ي‬an que viv‫ي‬a con ella cuando estaba en Sumna? «No puedo arriesgarme a perderle, con testigos o sin ellos.» ‫ة‬sa era la clase de acciَn precipitada que Achamian sol‫ي‬a despreciar. Pero a lo largo de los aٌos hab‫ي‬a descubierto que las circunstancias eran crueles con los planes elaborados, y que de todos

modos casi todo acababa convirtiéndose en una de esas acciones impetuosas. --،Tْ! --gritَ por encima del fragor, y una vez m‫ل‬s se maldijo por su estupidez. ‫؟‬Y si se pon‫ي‬a a correr? Obviamente, sab‫ي‬a que Achamian le hab‫ي‬a visto. De otro modo, ‫؟‬por qué no lo habr‫ي‬a seguido hasta el callejَn? Pero por suerte, el hombre no le hab‫ي‬a o‫ي‬do. Achamian se abriَ camino trabajosamente hacia él, mirando sin cesar su nuca. Fue maldecido, recibiَ incluso algْn que otro codazo, mientras persegu‫ي‬a al hombre. Su nuca estaba m‫ل‬s cerca. --،Dulce Sejenus, hombre! --gritَ un perfumado ainonio no muy lejos de Achamian--. ،Haz eso otra vez y te acuchillo! M‫ل‬s cerca. Las Palabras de Coacciَn bull‫ي‬an entre sus pensamientos. Los otros las oir‫ي‬an, lo sab‫ي‬a. Lo sabr‫ي‬an. Blasfemia. «Lo que sucede, sucede. ،Tengo que detener a ese hombre!» M‫ل‬s cerca. Tan cerca... Alargَ el brazo, le cogiَ por el hombro y tirَ de él para darle la vuelta. Por un instante, sَlo pudo mirarle sin mediar palabra. El desconocido frunciَ el entrecejo y apartَ la mano de Achamian moviendo el hombro. --‫؟‬Qué significa esto? --le espetَ. --L-lo siento --dijo Achamian apresuradamente, incapaz de apartar la mirada de su rostro--. Cre‫ي‬a que eras otra persona. --«Pero era él, ‫؟‬ no?» Si hubiera visto la marca de hechicer‫ي‬a, habr‫ي‬a pensado que se trataba de una trampa, pero no era nada, sَlo una cara de pendenciero. Hab‫ي‬a cometido un simple error. Pero ‫؟‬cَmo? El hombre le observَ desdeٌosamente un instante y neg َcon la cabeza. --Borracho idiota. Durante un momento de pesadilla, Achamian sَlo pudo tambalearse con la corriente de la muchedumbre. Se maldijo por haber tirado su comida. No importaba. De todos modos, cocinar era cosa de esclavos.

Esmenet estaba sentada a solas junto al fuego de Sarcellus, temblando. Una vez m‫ل‬s, se sent‫ي‬a como si hubiera sido arrojada m‫ل‬s all‫ ل‬del

circuito de lo posible. Hab‫ي‬a viajado para encontrar a un hechicero, pero hab‫ي‬a sido rescatada por un caballero. Y entonces estaba mirando las innumerables hogueras de una Guerra Santa. Cuando entrecerraba los ojos para mirar hacia Momemn, ve‫ي‬a incluso el palacio del Emperador, las Cumbres Andiamine, que se erig‫ي‬an contra el turbio mar. La visiَn la hizo llorar; no solamente porque al fin era testigo del mundo que hab‫ي‬a deseado ver durante tanto tiempo, sino también porque le recordَ los cuentos que ella acostumbraba a contarle a su hija, los que Esmenet segu‫ي‬a contando mucho tiempo después de que ella se durmiera. Siempre hab‫ي‬a sido mala para eso. Hacer regalos ego‫ي‬stas. El campamento de los Caballeros Shriah ocupaba las cumbres del norte de Momemn, por encima de la Guerra Santa, a lo largo de laderas con terrazas que en el pasado hab‫ي‬an sido cultivadas. Como Sarcellus era Primer Caballero-Comandante, solamente por detr‫ل‬s de Incheiri Gotian, su pabellَn hac‫ي‬a que los de sus hombres parecieran enanos. Hab‫ي‬a sido levantado, a orden suya, en el extremo de la terraza, para que Esmenet pudiera maravillarse con las vistas que él le hab‫ي‬a dado. Dos esclavas rubias estaban sentadas en una estera de junco cerca, comiendo arroz en silencio y murmurando en su lengua materna. Esmenet ya las hab‫ي‬a sorprendido mirando nerviosamente en su direcciَn, como si tuvieran miedo de que escondiera algْn deseo que ellas no hubieran satisfecho. La hab‫ي‬an baٌado, le hab‫ي‬an frotado la piel con agradables aceites y la hab‫ي‬an ataviado con vestidos de muselina azul y seda. Se sorprendiَ de odiarlas por tenerle miedo, y sin embargo, las amaba. Todav‫ي‬a pod‫ي‬a saborear el fais‫ل‬n a la pimienta que le hab‫ي‬an preparado para cenar. «‫؟‬Estoy soٌando?» Se sent‫ي‬a un fraude, una puta que también era actriz, y por lo tanto dos veces maldita, dos veces degradada, pero sent‫ي‬a también un orgullo desmesurado, aterrador debido a su desquiciada presunciَn. «،‫ة‬ sta soy yo! --gritaba algo en su interior--. ،Yo tal como soy en realidad!» Sarcellus le hab‫ي‬a dicho que ser‫ي‬a as‫ ؟‬.‫ي‬Cu‫ل‬ntas veces se hab‫ي‬a disculpado por las incomodidades del camino? El viajaba frugalmente; llevaba una correspondencia crucial para Incheiri Gotian, el Gran Maestro de los Caballeros Shriah. Pero insistiَ en que eso cambiar‫ي‬a cuando llegaran a la Guerra Santa, donde le promet‫ي‬a que la acomodar ‫ي‬a de un modo acorde con su belleza y su inteligencia.

--Ser‫ ل‬como la luz posterior a una larga oscuridad --le hab‫ي‬a dicho--. Ser‫ ل‬iluminadora; ser‫ ل‬cegadora. Pasَ una palma temblorosa por la seda bordada que se desbordaba por encima de su regazo. A la luz del fuego, no pod‫ي‬a verse el tatuaje en el dorso de la mano izquierda. «Me gusta este sueٌo.» Sin aliento, se llevَ la muٌeca a los labios y probَ la amargura del aceite perfumado. «،Zorra veleidosa! ،Recuerda por qué est‫ل‬s aqu‫»!ي‬ Girَ la mano izquierda hacia el fuego lentamente, como si quisiera secarse el sudor o el roc‫ي‬o, y observَ cَmo el tatuaje revest‫ي‬a la sombra que hab‫ي‬a bajo sus tendones. «Esto... esto es lo que yo soy. Una zorra que envejece.» Y todo el mundo sab‫ي‬a lo que les suced‫ي‬a a las zorras viejas. Sin aviso previo, Sarcellus emergiَ de la oscuridad. Ten‫ي‬a, segْn hab‫ي‬a decidido Esmenet, una inquietante afinidad con la noche; como si caminara con ella y no a través de ella. Y eso a pesar de sus blancas vestiduras Shriah. Se detuvo y se quedَ mirando sin mediar palabra. --No te quiere, ya lo sabes. En realidad, no. Ella le mirَ a los ojos a través de la luz del fuego. --‫؟‬Le has encontrado? --S‫ي‬. Est‫ ل‬acampado con los conriyanos..., tal como dijiste. En parte, su renuencia le pareciَ atractiva. --Pero ‫؟‬dَnde, Sarcellus? --Cerca de la Puerta Anciline. Ella asintiَ y apartَ la mirada nerviosamente. --‫؟‬Te has preguntado por qué, Esmi? Si me debes algo, es esta pregunta... «‫؟‬Por qué él? ‫؟‬Por qué Achamian?» Se dio cuenta de que le hab‫ي‬a hablado mucho de Akka. Demasiado. Ningْn hombre de los que hab‫ي‬a conocido era tan inquisitivo como Curtias Sarcellus, ni siquiera Achamian. Su interés en ella era voraz, como si su vida de oropel le pareciera tan exَtica como la suya. ‫؟‬Y por qué no? La Casa Curtias era una de las mayores Casas de la Congregaciَn. Para alguien como Sarcellus, amamantado con carne y miel, mimado por esclavos, experiencias como las de Esmenet eran tan distantes como la lejana Zeum. --Desde que tengo memoria --le hab‫ي‬a confesado Sarcellus-- me

he sentido atra‫ي‬do por los vulgares, los pobres, los que ponen el esfuerzo gracias al que viven los de mi clase-- .Se ri e َ ntre dientes--. Mi padre me azotaba por jugar a las fichas numeradas con los esclavos de campo o por esconderme en la despensa para mirar por debajo de las faldas... Ella le dio un golpe juguetَn. --Los hombres son perros. Laْ nica diferencia es que olfatean los culos con los ojos. ‫ة‬l se hab‫ي‬a re‫ي‬do. --،Eso es! ،Eso es por lo que disfruto tanto con tu compa‫ٌي‬a! Vivir una vida como la tuya es una cosa, pero ser capaz de hablar de ella es otra totalmente distinta. Esta es la razَn por la que soy devoto tuyo, Esmi. Tu pupilo. ‫؟‬Cَmo no se podr‫ي‬a haber visto arrastrada? Cuando Esmenet miraba sus atractivos ojos, con iris marrones como la tierra fértil y blancos como las perlas hْmedas, se ve‫ي‬a a s‫ ي‬misma reflejada de un modo que ella nunca se hab‫ي‬a atrevido a imaginar. Ve‫ي‬a a alguien extraordinario, alguien elevado y no degradado por su sufrimiento. Pero entonces, viendo cَmo cerraba los puٌos a la luz de la hoguera, se ve‫ي‬a a s‫ ي‬misma cruel. --Ya te lo he dicho --dijo con cuidado--. Le quiero. «A él. No a ti.» Esmenet no pod‫ي‬a pensar en dos hombres m‫ل‬s diferentes que Achamian y Sarcellus. En ciertos aspectos, las diferencias eran evidentes. El Caballero-Comandante era implacable, impaciente, intolerante. Sus opiniones eran instant‫ل‬neas e irrevocables, como si hiciera las cosas bien afirmando simplemente que estaban bien. Sus arrepentimientos eran pocos, y nunca catastrَficos. En otros aspectos, sin embargo, sus diferencias eran m‫ل‬s sutiles. Y m‫ل‬s reveladoras. Esos primeros d‫ي‬as posteriores a su rescate, Sarcellus le hab‫ي‬a parecido totalmente incomprensible. Pese a que su ira era violenta, se expresaba con el ardor del berrinche de un niٌo y la convicciَn de la condena de un profeta; nunca montaba en cَlera con los que le irritaban. Pese a que consideraba todo obst‫ل‬culo algo que merec‫ي‬a ser aplastado, hasta los problemillas intrascendentes que menudeaban su vida administrativa cotidiana, era elegante y no cruel en sus métodos. Pese a que su arrogancia era irresponsable, nunca se sent‫ي‬a amenazado por las cr‫ي‬ticas y era m‫ل‬s capaz de re‫ي‬rse de sus propias estupideces que la mayor‫ي‬a.

El hombre le hab‫ي‬a parecido una paradoja, censurable y cautivadora a la vez. Pero después Esmenet se hab‫ي‬a dado cuenta: era un kjineta, un miembro de las castas nobles. Mientras que los suthenti, gente de castas de baja categor‫ي‬a como ella o Achamian, tem‫ي‬an a los dem‫ل‬s, a s‫ ي‬mismos, las estaciones, las hambrunas, etcétera, Sarcellus sَlo tem‫ي‬a cosas particulares: que tal pudiera decir tal cosa, que la lluvia pudiera posponer la cacer‫ي‬a. Y eso, como comprend‫ي‬a ella, lo cambiaba todo. Achamian era quiz‫ ل‬tan temperamental como Sarcellus, pero el miedo hac‫ي‬a que su ira fuera m‫ل‬s amarga, propensa al desdén y el resentimiento. También pod‫ي‬a ser arrogante, pero debido al miedo parec‫ي‬a m‫ل‬s estridente que tranquilizador, y sin lugar a dudas, no toleraba ninguna contradicciَn. Protegido por su casta, Sarcellus no hab‫ي‬a hecho del miedo, como se ve‫ي‬an obligados a hacer los pobres, el centro de sus pasiones. En consecuencia, ten‫ي‬a una confianza en s‫ ي‬mismo inamovible. Sent‫ي‬a. Actuaba. Juzgaba. El miedo a estar equivocado que caracterizaba a Achamian simplemente no exist‫ي‬a para Curtias Sarcellus. Si Achamian ignoraba las respuestas, Sarcellus ignoraba las preguntas. Ninguna certidumbre pod‫ي‬a ser mayor. Pero Esmenet no hab‫ي‬a calculado las consecuencias de su escrutinio. Una perturbadora sensaciَn de intimidad se posَ sobre su entendimiento. Cuando las preguntas de Sarcellus, sus bromas, hasta su modo de hacer el amor indicaban que quer‫ي‬a algo m‫ل‬s que melocotones para endulzarle el camino hacia Momemn, ella le observaba en secreto con sus hombres, ensoٌada, pregunt‫ل‬ndose... Obviamente, descubriَ en él algunas cosas que le parecieron intolerables. Su desdén. Su capacidad de ser cruel. Pese a su galanter‫ي‬ a, con frecuencia se dirig‫ي‬a a ella del mismo modo como un pastor trataba a su cayado, y la correg‫ي‬a continuamente cuando sus pensamientos se apartaban del buen camino. Pero una vez que ella comprendiَ el origen de esas tendencias, empezَ a verlas m‫ل‬s como rasgos propios de su casta que como defectos. «Los leones matan --hab‫ي‬a pensado--, no asesinan. Los nobles toman, no roban.» Se descubriَ sintiendo algo que no sab‫ي‬a describir, al menos al principio; algo que no hab‫ي‬a sentido antes. Y lo sent‫ي‬a m‫ل‬s en sus brazos que en cualquier otra parte. Pasaron d‫ي‬as antes de que lo entendiera. Se sent‫ي‬a segura. No hab‫ي‬a sido una revelaciَn menor. Antes de darse cuenta, hab‫ي‬a tenido miedo de enamorarse de Sarcellus. Y durante un breve per‫ي‬odo

de tiempo, el amor que sent‫ي‬a por Achamian hab‫ي‬a parecido una mentira, el capricho de una chica enclaustrada por un hombre de mundo. Aunque se maravillaba ante la comodidad que sent‫ي‬a cuando Sarcellus la abrazaba, no pod‫ي‬a dejar de pensar en la desesperaciَn de sus sentimientos hacia Achamian. Una cosa le parec‫ي‬a bien y la otra mal. ‫؟‬Acaso el amor no hac‫ي‬a que te sintieras bien? «No», se dio cuenta. Los Dioses castigaban amores como aquéllos con horrores. Con hijas muertas. Pero no pod‫ي‬a decirle eso a Sarcellus. Nunca lo entender‫ي‬a, a diferencia de Achamian. --Le quieres --repitiَ sin ‫ل‬nimo el Caballero-Comandante--. Eso me lo creo, Esmi. Lo acepto... Pero ‫؟‬te quiere él a ti? ‫؟‬Puede quererte? Ella frunciَ el entrecejo. --‫؟‬Por qué no iba a poder? --Porque es un hechicero. Un Maestro, ،por el amor de Sejenus! --‫؟‬Crees que me importa que esté maldito? --No, por supuesto que no --respondi َsuavemente, como si tratara de ser amable con duras verdades--. Lo digo, Esmi, porque los Maestros no pueden amar. Y los Maestros del Mandato los que menos. --Es suficiente, Sarcellus. No sabes de lo que est‫ل‬s hablando. --‫؟‬De verdad? --dijo con un tono dolido en la voz--. Dime, ‫؟‬qué parte juegas tْ en sus falsas ilusiones? --‫؟‬Qué quieres decir? --Eres su cadena, Esmi. Se ha atado a ti porque tْ le mantienes unido a lo que es real. Pero si tْ acudes a él, si naufragas en tu vida y acudes a él, ser‫ل‬s solamente uno de dos barcos en el mar. Pronto, muy pronto, perder‫ل‬s de vista la costa. Su locura te engullir‫ل‬. Te despertar‫ل‬s con sus dedos alrededor de tu cuello, el nombre de algْn hombre muerto hace muchos aٌos zumbando en tus... --،He dicho que es suficiente, Sarcellus! La mirَ fijamente. --Le crees, ‫؟‬verdad? --‫؟‬Creo qué? --Toda esa locura de la que parlotea. El Consulto. El Segundo Apocalipsis. Esmenet frunciَ los labios. No dijo nada. ‫؟‬De dَnde proven‫ي‬a esa vergüenza? Sarcellus asintiَ lentamente. --Ya veo... No importa. No te culparé por ello. Has pasado mucho

tiempo con él. Pero hay unaْ ltima cosa que tienes que tener en cuenta. Sus ojos ard‫ي‬an cuando parpadeَ. --‫؟‬Qué? --Sabes que las esposas, incluso las amantes, est‫ل‬n prohibidas entre los Maestros del Mandato. Se sintiَ con fr‫ي‬o, dolorida, como si alguien le hubiera apretado el corazَn con un hierro helado. Se aclarَ la garganta. --S‫ي‬. --As‫ ي‬que sabes --se lamiَ los labios--, sabes lo m‫ل‬ximo a lo que puedes aspirar... Ella le mirَ con odio. --‫؟‬A ser su puta, Sarcellus? «‫؟‬Y qué soy yo para ti?» Sarcellus se arrodillَ ante ella y le cogiَ las manos entre las suyas. Tirَ de ellas suavemente. --Tarde o temprano, le llamar‫ل‬n de vuelta, Esmi. Se ver‫ ل‬obligado a dejarte. Esmenet mirَ el fuego. Las l‫ل‬grimas dibujaban l‫ي‬neas ardientes en sus mejillas. --Lo sé.

De rodillas, el Caballero-Comandante vio una l‫ل‬grima detenida en el labio superior de Esmenet. Una réplica en miniatura del fuego resplandec‫ي‬a en tila. Parpadeَ y se vio a s‫ ي‬mismo foll‫ل‬ndose la boca de su cabeza cortada. La cosa llamada Sarcellus sonriَ. --Pero te estoy presionando --dijo--. Te pido disculpas, Esmi. Sَlo quiero que tْ... te des cuenta, que no sufras. --No importa --dijo ella suavemente, evitando su mirada, pero sus manos apretaron las de él. ‫ة‬l liberَ sus dedos y le cogiَ lentamente las rodillas. Pensَ en su cono, tenso y graso entre sus piernas, y se estremeciَ de deseo. ،Solamente estar donde hab‫ي‬a estado el Arquitecto! Empujar all‫ ي‬donde él hab‫ي‬a empujado. Era humillante y a la vez provocador. ،Entrar en un horno alimentado por el Viejo Padre! Se puso en pie. --Ven --le dijo, gir‫ل‬ndose hacia el pabellَn.

Vio sangre y un éxtasis que hac‫ي‬a gemir. --No, Sarcellus --dijo Esmenet--. Tengo que pensar. ‫ة‬l se encogiَ de hombros y sonriَ l‫ل‬nguidamente. --Entonces, cuando puedas. Mirَ a Eritga y Hansa, sus dos jَvenes esclavas, y con un gesto les ordenَ que se quedaran observando. Después dejَ a Esmenet y entrَ por las portezuelas del pabellَn del Caballero-Comandante. Se riَ entre dientes, pensando en las cosas que le har‫ي‬a. Tuvo una erecciَn bajo sus pantalones; los rasgos de su cara se estremecieron de deleite. ،Tanta poes‫ي‬a grabar‫ي‬a en ella! Los faroles daban poca luz y proyectaban un resplandor naranja sobre el estudio del pabellَn. Se inclinَ sobre las almohadas dispuestas ante una mesa baja cubierta de rollos de papiro. Se pasَ la muٌeca por su liso estَmago y se agarrَ la dolorosa longitud de su miembro... Pronto. Pronto. --،Oh, s‫ !ي‬--dijo una vocecita--. La promesa de la liberaciَn. --Un aliento como salido de un junco--. Estoy entre tus hacedores, pero el genio de tu creaciَn todav‫ي‬a me mueve a la incredulidad. --‫؟‬Arquitecto? --jadeَ la cosa llamada Sarcellus--. Padre, cَmo te arriesgas as‫ي? ؟‬Y si alguien ve tu marca? --Una marca no se ve entre muchas. --Hubo un revoloteo de alas y un golpecito seco cuando un cuervo se posَ sobre la mesa. Una cabeza humana calva girَ sobre su cuello, como si probara sus mْsculos entumecidos--. Cualquiera que me vea --explicَ la cara de un palmo-ignorar‫ ل‬mi marca. Los Maestros Escarlatas est‫ل‬n por todas partes. --‫؟‬Ha llegado la hora? --preguntَ la cosa llamada Sarcellus--. ‫؟‬Es ya el momento? Esbozَ una sonrisa no mayor que la curva de la uٌa de un dedo del pie. --Pronto, Maengi. Pronto. Una ala desplegada y extendida trazَ una l‫ي‬nea a través del pecho de Sarcellus. ‫ة‬ste doblَ la cabeza hacia un lado, con las extremidades r‫ي‬ gidas, y el éxtasis galopَ por su piel. Un éxtasis abrasador. --‫؟‬As‫ ي‬que se queda? --preguntَ la S‫ي‬ntesis--. ‫؟‬No corre a él? La punta del ala siguiَ con sus perezosas caricias. La cosa llamada Sarcellus jadeَ. --Por ahora... --‫؟‬Ha mencionado su noche conmigo? ‫؟‬Te ha dicho algo? --No. Nada. --‫؟‬Pese a todo ella se muestra... abierta, como si lo compartiera

todo? --Ssss‫ي‬, Viejo Padre. --Como sospechaba. --Un pequeٌo entrecejo fruncido--. Es mucho m‫ل‬s que la simple zorra por la que la tomé, Maengi. Es una estudiosa del juego. --El entrecejo fruncido se convirtiَ en una sonrisa--. Una puta de doce talentos a fin de cuentas... --Debo... --Maengi sintiَ un profundo latido entre el recto y la ra‫ي‬z de su falo. Tan cerca--. ‫؟‬D-debo matarla? --Se arqueَ sobre la agonizante punta del ala. «،Por favor! ،Padre, por favor!» --No, no corre hacia Drusas Achamian, cosa que significa algo... Su vida ha sido demasiado dura como para no contraponer la lealtad a las ventajas. Pero todav‫ي‬a puede resultarْ til. La punta del ala se retirَ y se plegَ en un lustroso negro. Pequeٌos p‫ل‬ rpados se cerraron y se abrieron sobre unos ojos que parec‫ي‬an cuentas de cristal. Maengi soltَ el aire, estremecido. Sin pensarlo, cogiَ su falo con la mano derecha y empezَ a acariciar la cabeza con el pulgar. --‫؟‬Qué hay de Atyersus? --preguntَ sin resuello--. ‫؟‬Sospecha algo? --El Mandato no sabe nada. Solamente han mandado a un idiota con un encargo idiota. Relajَ su mano, tragَ saliva. --Ya no estoy tan seguro de que Drusas Achamian sea un idiota, Viejo Padre. --‫؟‬Por qué? --Después de entregarle el mensaje del Shriah a Gotian, me reun‫ي‬ con Gaortha... La pequeٌa cara hizo una mueca. --‫؟‬Te reuniste con él? ‫؟‬Acaso yo te di permiso para que lo hicieras? --N-no. Pero la puta me pidiَ que encontrara a Achamian, y sab‫ي‬a que se le hab‫ي‬a ordenado a Gaortha que le siguiera. La pequeٌa cabeza se gir َhacia un lado y luego hacia el otro. --Me temo que se me est‫ ل‬acabando la paciencia, Maengi. La cosa llamada Sarcellus se apretَ las palmas sudorosas en sus vestiduras. --Drusas Achamian descubriَ que Gaortha lo segu‫ي‬a. --‫؟‬Qué? --En el mercado de Kamposea... ،Pero el idiota no sabe nada, Viejo Padre! Nada. Gaortha tuvo tiempo de mudar de piel. La S‫ي‬ntesis dio un saltito hasta el borde de la mesa de caoba. Aunque parec‫ي‬a tan ligero como los huesos ahuecados y el papiro, era

como si llevara consigo el presentimiento de algo inmenso, como si una ballena avanzara sobre las aguas en todas las direcciones simult‫ل‬ neamente. La luz se derramaba de sus ojos. C‫س‬MO Rugiَ a través de lo que pasaba por ser el alma de Maengi. ODIO Haciendo estallar cualquier pensamiento, cualquier pasiَn que pudiera considerar suyos. ESTE MUNDO. Aplastando incluso el deseo insaciable, el dolor que todo lo abarca... Ojos como Clavos del Cielo gemelos. Risas, salvajes, con mil aٌos de locura. MU‫ة‬STRAME, MAENGI..., Las alas se abrieron ante él, ocultando los faroles, dejando solamente una pequeٌa cara blanca contra el negro, una fr‫ل‬gil boquilla para algo terrible, descomunal. MU‫ة‬STRAME TU VERDADERO ROSTRO. La cosa llamada Sarcellus sintiَ el puٌo de su expresiَn afloj‫ل‬ndose un poco... Como las piernas de Esmenet.

Era primavera, y una vez m‫ل‬s los campos y arboledas que rodeaban Momemn estaban atestados de inrithi, mucho mejor armados y mucho m‫ل‬s peligrosos que aquellos que hab‫ي‬an perecido en Gedea. Las noticias de la matanza de las llanuras de Mengedda hab‫ي‬an empaٌ ado durante muchos d‫ي‬as la Guerra Santa. «‫؟‬Cَmo ha podido ser?», preguntaban. Pero la preocupaciَn pronto fue contenida por los rumores de la arrogancia de Calmemunis, por informaciones de su rechazo a obedecer lasَ rdenes de Maithanet. ،Desafiar a Maithanet! Se preguntaban por esa locura, y los sacerdotes les recordaban la dificultad del camino, los padecimientos que sufrir‫ي‬an si se apartaban de la buena senda. También se hablaba mucho de la imp‫ي‬a contienda del Emperador con los Grandes Nombres. Con la excepciَn de los ainonios, todos los Grandes Nombres se hab‫ي‬an negado a firmar el Solemne Contrato, y alrededor de las hogueras, al anochecer, se produc‫ي‬an muchas discusiones ebrias acerca de lo que sus l‫ي‬deres deber‫ي‬an hacer. La mayor‫ي‬a, con diferencia, maldec‫ي‬a al Emperador, y unos pocos incluso

suger‫ي‬an que la Guerra Santa deber‫ي‬a asaltar Momemn y hacerse con las provisiones que fueran necesarias para marchar. Pero otros se pon‫ي‬ an de lado del Emperador‫ »؟‬.Qué es el Solemne Contrato-preguntaban-- sino un simple pedazo de papel? Y mirad --dec‫ي‬an-- los beneficios que reporta firmarlo.» No sَlo los Hombres del Colmillo ser‫ي‬ an cَmodamente provistos de lo necesario, sino que se asegurar‫ي‬an la gu‫ي‬a de Ikurei Conphas, la mayor inteligencia militar en generaciones. Y por si la destrucciَn de la Guerra Santa Vulgar no era prueba suficiente, ‫؟‬qué hab‫ي‬a del Shriah, que no hab‫ي‬a forzado al Emperador a aprovisionar la Guerra Santa ni hab‫ي‬a impuesto a los Grandes Nombres que firmaran el contrato? ‫؟‬Por qué iba Maithanet a dudar as‫ي‬ si tampoco él ten‫ي‬a miedo de los infieles? Pero ‫؟‬cَmo pod‫ي‬a uno preocuparse cuando los mism‫ي‬simos infieles se estremec‫ي‬an ante su poder? ،Menuda congregaciَn! ‫؟‬Quién pod‫ي‬a imaginar que tantos potentados asumieran la causa del Colmillo? Y, por otro lado, todav‫ي‬a m‫ل‬s. Sacerdotes, no sَlo de los Mil Templos sino de todos los Cultos, representando todos los Aspectos de Dios, hab‫ي‬an ascendido por las playas o hab‫ي‬an descendido por las colinas para ocupar su lugar en la Guerra Santa, cantando himnos, haciendo restallar los platillos, impregnando el aire del aroma amargo del incienso y del fragor de la adulaciَn. Los ‫ي‬dolos eran ungidos con aceites y fragancia de rosa, y las sacerdotisas de Gierra hac‫ي‬an el amor con los encallecidos guerreros. Los narcَticos circulaban y eran tomados reverentemente, y los Acَlitos gritaron en éxtasis desde el polvo. Los demonios fueron expulsados. Empezَ la purificaciَn de la Guerra Santa. Los Hombres del Colmillo se reun‫ي‬an después de las ceremonias, intercambiaban feroces rumores o especulaban sobre la degeneraciَn de los infieles. Contaban, bromeando, que la esposa de Skaiyelt ten‫ي‬a que ser m‫ل‬s hombruna que Chepheramunni, o que los nansur eran proclives a encularse entre s‫ي‬, razَn por la cual marchaban siempre en formaciones tan apretadas. Insultaban a los esclavos que se fing‫ي‬an enfermos o gritaban a las mujeres que portaban cestas de ropa procedentes del r‫ي‬o Phayus. Y, en contra de su costumbre, frunc‫ي‬an el entrecejo ante los extraٌos grupos de extranjeros que merodeaban incesantemente por el campamento. Tantos..., tanta gloria.

CUARTA PARTE: EL GUERRERO

_____ 12 _____ La estepa de Jiunati «He explicado cَmo Maithanet consigui َlos numerosos recursos de los Mil Templos para asegurarse la viabilidad de la Guerra Santa. He descrito, a grandes rasgos, los primeros pasos tomados por el Emperador para unir la Guerra Santa a sus ambiciones imperiales. He tratado de reconstruir la reacciَn inicial de los cishaurim de Shimeh a partir de su correspondencia con el Padirajah de Nenciphon. Incluso he mencionado al odiado Consulto, del que finalmente puedo hablar sin miedo al rid‫ي‬culo. He hablado, en otras palabras, casi exclusivamente de poderosas facciones y sus impersonales objetivos. ‫؟‬Qué hay de la venganza? ‫؟‬Y de la esperanza? Con el trasfondo de naciones competidoras y fes en guerra, ‫؟‬cَmo llegaron estas pequeٌas pasiones a controlar la Guerra Santa?» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa «...pese a que confraterniza con el hombre, la mujer y los niٌos, pese a que yace con bestias y se burla de su semilla, nunca ser‫ ل‬tan licencioso como el filَsofo, que yace con todas las cosas inimaginables.» Inri Sejenus, Maestros, 36, 21, El tratado

Principios de primavera, aٌo del Colmillo 4111, norte de la estepa de Jiunati Dejando atr‫ل‬s el campamento de los utemot, Cnaiur cabalgَ hacia el norte por ‫ل‬ridas praderas. Pasَ ante rebaٌos de ganado, saludando a regaٌadientes a los distantes jinetes-- poco m‫ل‬s que niٌos armados-- que cuidaban de ellos. Los utemot se hab‫ي‬an convertido en un pueblo poco numeroso, no muy distinto de las tribus nَmadas del nordeste que ellos expulsaban de vez en cuando. Hab‫ي‬an pagado por el desastre de Kiyuth un precio mucho m‫ل‬s alto que el resto de las tribus, y entonces

sus primos del sur, los kuoti y los ennutil, allanaban sus pastos a voluntad. A pesar de que Cnaiur hab‫ي‬a logrado mucho con los pocos medios propios de las pequeٌas guerras tribales, sab‫ي‬a que los utemot estaban cerca de la extinciَn. Algo tan simple como otra sequ‫ي‬a veraniega los condenar‫ي‬a a muerte. Coronَ cimas peladas, espoleَ su caballo a través de la maleza y caudalosos riachuelos primaverales. El sol era blanco y distante, y parec‫ي‬a no arrojar sombras. El aire ol‫ي‬a a la retirada del invierno, a tierra hْmeda bajo hierba pajiza. La estepa se extend‫ي‬a ante él barrida por las argénteas olas del viento. No muy lejos del horizonte, los tْmulos de sus ancestros se alzaban sobre el césped. El padre de Cnaiur estaba enterrado all‫ي‬, as‫ ي‬como todos los padres de su linaje, hasta el principio. ‫؟‬Por qué hab‫ي‬a ido all‫ي? ؟‬Qué razَn pod‫ي‬a motivar ese peregrinaje solitario? Era normal que los de su tribu lo tomaran por loco. Era un hombre que se dejaba aconsejar por los muertos antes que por los sabios. La silueta irregular de un buitre surgiَ de uno de los tْmulos funerarios, flotَ como una cometa y después volviَ a descender y a desaparecer de su vista. Pasَ un buen rato antes de que la peculiaridad de aquello estremeciera a Cnaiur. Algo hab‫ي‬a muerto all‫ ي‬hac‫ي‬a poco, algo que no hab‫ي‬a sido enterrado o incinerado. Espoleَ su montura hasta un trote cauto, mirando entre los tْmulos. El viento le insensibilizaba el rostro y le revolv‫ي‬a el cabello. Encontrَ al primer hombre a escasa distancia de la tumba m‫ل‬s cercana. Dos flechas negras hab‫ي‬an sido lanzadas desde tan cerca que hab‫ي‬an perforado las placas del hilo met‫ل‬lico de su pechera y hab‫ي‬an cruzado la espalda. Cnaiur desmontَ y escudri ٌla َ hierba circundante, separando las hojas con la palma y los dedos. Encontr h َ uellas. Sranc. Los sranc hab‫ي‬an matado a ese hombre. Escrutَ los tْmulos una vez m‫ل‬s, inspeccionando la hierba. Escuchَ. Sَlo pod‫ي‬a o‫ي‬r el viento y, de vez en cuando, los gritos de lejanos buitres pele‫ل‬ndose. El cad‫ل‬ver no hab‫ي‬a sido mutilado. Los sranc no hab‫ي‬an terminado su trabajo. Hizo rodar el cuerpo con la bota; las flechas se partieron con dos ruidos secos. La boca gris‫ل‬cea se abriَ bajo el cielo, la espalda se arque َ a causa del rigor mortis, pero los ojos azules no se hundieron. El hombre era un norsirai, as‫ ي‬lo indicaba su cabello rubio. Pero ‫؟‬quién era? ‫؟‬Parte de una banda de saqueadores que se hab‫ي‬a topado con un grupo m‫ل‬s numeroso de sranc que les hab‫ي‬a perseguido hacia el sur?

Hab‫ي‬a sucedido antes. Cnaiur cogiَ la brida de su caballo y tirَ de ella hacia la hierba. Se sacَ la espada y después, agachado, corriَ por la pradera. Un poco m‫ل‬s tarde, se encontrَ entre los tْmulos... All‫ ي‬hallَ el segundo cad‫ل‬ver. ‫ة‬ste hab‫ي‬a muerto enfrent‫ل‬ndose a su enemigo. Una flecha rota sobresal‫ي‬a del dorso de su muslo izquierdo. Herido, se hab‫ي‬a visto obligado a detener su huida, y después hab‫ي‬a sido asesinado de una manera habitual entre los sranc: destripado y estrangulado con su propio intestino. Pero aparte de su vientre abierto, Cnaiur no vio otras heridas. Se arrodillَ y cogiَ una de las gélidas manos del cad‫ل‬ver. Apretَ las callosidades. Demasiado blandas. No eran saqueadores. Al menos no ése. ‫؟‬Quiénes eran esos hombres? ‫؟‬Qué idiotas extranjeros --de alguna ciudad, sin duda-- se arriesgar‫ي‬an a encontrarse con los sranc de camino a tierras scylvendias? Una r‫ل‬faga de viento le revelَ lo mucho que se hab‫ي‬a acercado a los buitres. Corriَ r‫ل‬pidamente a la izquierda para aproximarse a lo que deb‫ي‬a ser la mayor concentraciَn de cad‫ل‬veres, tras uno de los tْmulos m‫ل‬s grandes. De camino a la cima, se encontrَ con el primero de los sranc muertos, con el cuello parcialmente cortado. Como todos los cad‫ل‬ veres sranc, estaba duro como una piedra, con la piel agrietada y de color morado oscuro. Estaba acurrucado como un perro, todav‫ي‬a cogido a su arco de hueso. A juzgar por la postura y la hierba arrancada, Cnaiur supo que hab‫ي‬a sido alcanzado en la cima del tْmulo con la fuerza necesaria para hacerle caer hasta casi la base. Encontrَ el arma que le hab‫ي‬a matado a poca distancia, m‫ل‬s arriba. Una flecha de metal, negra, con un anillo de dientes humanos fijados alrededor de un mango hecho de piel humana. Un sranc muerto por una arma sranc... ‫؟‬Qué hab‫ي‬a sucedido all?‫ي‬ Cnaiur se dio cuenta repentinamente de que estaba en cuclillas al lado de un tْmulo, en mitad de sus antepasados muertos. En parte, le indignَ el sacrilegio, pero se sent‫ي‬a mucho m‫ل‬s asustado que indignado. ‫؟‬Qué pod‫ي‬a significar aquello? Con la respiraciَn agitada, trepَ hasta la cima. Los buitres se hab‫ي‬an congregado alrededor de la base del tْmulo adyacente, encorvados sobre su bot‫ي‬n con la espalda estriada por el viento. Un puٌado de grajillas re‫ٌي‬an entre ellas, saltando de una cara a otra. La carroٌa cubr‫ي‬a el suelo: los cad‫ل‬veres de los sranc tumbados o acurrucados los unos contra los otros, siguiendo la circunferencia del tْ mulo, apilados, con las cabezas colgando de cuellos rotos y las caras

entre piernas y brazos inertes. ،Tantos! Sَlo la cima del tumulto estaba desnuda. Laْ ltima postura de un solo hombre. Una postura imposible. El superviviente estaba sentado con las piernas cruzadas en la cima del tْmulo, con los antebrazos apoyados en las rodillas y la cabeza inclinada bajo el disco brillante del sol. Las p‫ل‬lidas l‫ي‬neas de la estepa le enmarcaban. Ningْn animal posee sentidos tan afilados como los buitres; al cabo de un momento, empezaron a dar graznidos de alarma, golpeando el aire con sus inmensas y desgreٌadas alas. El superviviente levantَ la cabeza, observando cَmo alzaban el vuelo. Entonces, como si sus sentidos fueran tan afilados como los de los buitres, se girَ hacia Cnaiur. Cnaiur pudo discernir muy poco de su cara. Larga, de rasgos marcados, pero aguileٌa. Ojos azules, quiz‫ ;ل‬pero eso sَlo se deduc‫ي‬a por su pelo rubio. Y sin embargo, Cnaiur pensَ: «Conozco a ese hombre...». Se puso en pie y caminَ hacia la carnicer‫ي‬a con las piernas agarrotadas de incredulidad. La figura le mirَ impertérrita. «،Conozco a ese hombre!» Se dirigiَ hacia él entre los sranc muertos y advirtiَ, estupefacto, que todos ellos hab‫ي‬an perecido a resultas de un solo e infalible golpe. «No..., no puede ser. No puede ser.» La inclinaciَn del suelo parec‫ي‬a mayor de lo que era. Era como si los sranc, a sus pies, aullaran en silencio, como si le advirtieran, como si le rogaran, como si el horror del hombre en la cima fuera suficiente para trascender el abismo que hab‫ي‬a entre sus razas. Se detuvo unos cuantos pasos por debajo del extranjero. Con aire cansino, levantَ la espada de su padre ante él estirando los brazos cubiertos de cicatrices. Finalmente, se atreviَ a mirar a los ojos al hombre sentado. El corazَn le lat‫ي‬a con una fuerza propia de algo que estaba m‫ل‬s all‫ ل‬del miedo o la ira... Era él. Ensangrentado, p‫ل‬lido, pero era él. Una pesadilla en carne y hueso. --Tْ... --susurrَ Cnaiur. El hombre no se moviَ, pero le escrutَ desapasionadamente. Cnaiur vio la sangre que manaba como brea de una herida oculta y manchaba de negro su tْnica. Con la trastornada certidumbre de quien ha soٌado un momento mil veces, Cnaiur subiَ cinco escalones m‫ل‬s y después puso la punta bruٌida

de su espada bajo la barbilla del hombre. Con ella, alzَ aquel rostro impasible hacia el sol. Los labios... «،No era él! Casi él...» --Eres dunyaino --dijo, con la voz profunda y fr‫ي‬a. Los ojos brillantes le contemplaron, pero no hab‫ي‬a absolutamente nada en su expresiَn: ni miedo, ni alivio, ni reconocimiento, ni falta de todo eso. Entonces, como una flor hundiéndose sobre un tallo endeble, el hombre se desplomَ de espaldas sobre la hierba. A Cnaiur le martilleaba la cabeza. «‫؟‬Qué significaba eso?» Atَnico, el caudillo de los utemot mirَ m‫ل‬s all‫ ل‬de los inertes cuerpos de los sranc, hacia los tْmulos funerarios de sus ancestros, el antiguo y terreno historial de su sangre. Después, devolviendo la mirada hacia la figura inconsciente que ten‫ي‬a delante percibiَ de repente los huesos del tْmulo que hab‫ي‬a bajo sus pies, acurrucados en posiciَn fetal, enterrados a mucha profundidad. Y de pronto se dio cuenta... Se dio cuenta de que estaba en la cima del tْmulo de su padre.

Anissi. La primera esposa de su corazَn. En la oscuridad, era una sombra, esbelta y serena contra su cuerpo quemado por el sol. Ten‫ي‬a el pelo rizado sobre el pecho de él, en mechones que recordaban las extraٌas escrituras que él hab‫ي‬a visto tantas veces en Nansur. A través del cuero del yaksh, la lluvia nocturna sonaba como una respiraciَn eterna. Se girَ. Apartَ su cara del hombro y la puso sobre el brazo. ‫ة‬l estaba sorprendido. Hab‫ي‬a cre‫ي‬do que estar‫ي‬a dormida. «Anissi..., cَmo amo esta paz que hay ente nosotros.» Su voz era adormilada y joven. --Le pregunté... «Le pregunté.» A Cnaiur le preocupaba o‫ي‬r que sus esposas se refer‫ي‬an al extranjero de ese modo --el modo de él--, como si hubieran penetrado de alguna manera en su cr‫ل‬neo y practicado un robo. ‫ة‬l. El hijo de Moenghus. El dunyaino. A través de la lluvia y las paredes de cuero, Cnaiur pod‫ي‬a sentir el ansia que le provocaba la presencia del hombre al otro lado del oscuro campamento, un terror que ven‫ي‬a de m‫ل‬ s all‫ ل‬del horizonte. --‫؟‬Y qué dijo? --Dijo que los hombres muertos que encontraste eran de Atrithau.

Cnaiur ya hab‫ي‬a llegado a esa conclusiَn. Adem‫ل‬s de Sakarpus, Atrithau era laْ nica ciudad al norte de la estepa; laْ nica ciudad de hombres, en cualquier caso. --S‫ي‬, pero ‫؟‬quiénes eran? --Los llamَ sus seguidores. Un pinchazo de aprensiَn en el corazَn. Seguidores. «‫ة‬l es igual... Posee los hombres del mismo modo que su padre hab‫ي‬a pose‫ي‬do...» --‫؟‬Qué importa --preguntَ Anissi-- la identidad de unos cuantos hombres muertos? --Importa. --Todo importaba cuando se trataba de los dْnyainos. Desde su descubrimiento de Anasurimbor Kellhus, un pensamiento hab‫ي‬a tiranizado los movimientos del alma de Cnaiur: «Utiliza al hijo para encontrar al padre». Si ese hombre segu‫ي‬a a Moenghus, entonces sab‫ي‬a dَnde encontrarle. Incluso en ese momento, Cnaiur pod‫ي‬a ver a su propio padre, Skiotha, revolviéndose y pateando en el hielo fangoso a los pies de Moenghus, con la garganta aplastada. Un caudillo asesinado por un esclavo desarmado. Los aٌos hab‫ي‬an convertido esa imagen en un narc َtico, en algo que Cnaiur rememoraba obsesivamente. Los detalles cambiaban. A veces, en lugar de escupir en la cara ennegrecida de su padre, Cnaiur la sosten‫ي‬a contra el pecho. A veces, en lugar de morir Skiotha en el suelo, a los pies de Moenghus, Moenghus mor‫ي‬a a los pies de Cnaiur, hijo de Skiotha. Una vida por una vida. Un padre por un padre. Venganza. ‫؟‬Acaso no remediar‫ي‬a esto el desequilibrio que le hab‫ي‬a trastornado el corazَn? «Utiliza al hijo para encontrar al padre.» Pero ‫؟‬pod‫ي‬a arriesgarse a hacer una cosa as‫ي? ؟‬Y si suced‫ي‬a de nuevo? Sَlo ten‫ي‬a dieciséis veranos el aٌo en que su primo Okyati se encontr َcon Anasurimbor Moenghus en el campo. Okyati y su destacamento hab‫ي‬an rescatado al hombre de un grupo de sranc que cruzaban Suskara. Eso por s ‫ي‬solo era suficiente para hacer del extranjero un objeto digno de interés: pocos hombres sobreviv‫ي‬an a tal cautiverio. Okyati atَ al hombre al yaksh de Skiotha. --Ha ca‫ي‬do en manos m‫ل‬s amables --dijo riéndose a mand‫ي‬bula batiente. Skiotha reclamَ a Moenghus como tributo y se lo regalَ a su primera esposa, la madre natural de Cnaiur. --Por los hijos que me has dado --dijo Skiotha. Y Cnaiur pensَ: «Por m‫»ي‬. A lo largo de la transacciَn, Moenghus se hab‫ي‬a limitado a observar

con los ojos azules refulgiendo en su rostro ajado. Cuando su mirada se posَ por un momento en el hijo de Skiotha, Cnaiur se burlَ de él con un desdén adolescente. El hombre era poco m‫ل‬s que un fardo de trapos, piel p‫ل‬lida, barro y sangre reseca: otro extranjero destrozado, menos que un animal. Pero eso, como sab‫ي‬a entonces Cnaiur, era precisamente lo que ese hombre quer‫ي‬a que pensaran sus captores. Para un dunyaino, hasta la degradaciَn era una potente arma. Quiz‫ ل‬la m‫ل‬s potente. M‫ل‬s tarde, Cnaiur ver‫ي‬a al esclavo de vez en cuando, mientras convert‫ي‬a un tendَn en una cuerda, curaba pieles, acarreaba sacos de bosta para sus fuegos y cosas por el estilo. El hombre correteaba como los dem‫ل‬s, se mov‫ي‬a con el mismo apuro sobre sus huecas extremidades. Si Cnaiur percib‫ي‬a su existencia era debido a su lugar de origen. «‫ة‬se..., ése es el que sobreviviَ a los sranc.» Cnaiur le miraba un breve instante y después segu‫ي‬a con su camino. Pero ‫؟‬durante cu‫ل‬nto tiempo le estudiar‫ي‬an esos ojos oscuros después? Pasaron varias semanas antes de que Moenghus hablara con él. El hombre escogiَ bien el momento: la noche del regreso de Cnaiur del Rito-de-los-Lobos-de-Primavera. Tambale‫ل‬ndose por la pérdida de sangre, Cnaiur hab‫ي‬a vuelto a casa a oscuras, con la cabeza del lobo atada a su cinturَn. Se derrumbَ frente a la entrada del yaksh de su madre, tosiendo esputo sobre la tierra desnuda. Moenghus fue el primero en encontrarle, el primero en curar sus palpitantes heridas. --Has matado al lobo --le dijo el esclavo, levant‫ل‬ndole del polvo. El umbr‫ي‬o campamento nadَ por el rostro de Moenghus, y sin embargo, sus ojos le parecieron tan fijos e inamovibles como el Clavo del Cielo. En su angustia, Cnaiur encontrَ un vergonzoso indulto en esos ojos extranjeros, un santuario. Apartَ las manos del hombre. --Pero no ha sido como ten‫ي‬a que ser --gruٌَ. Moenghus asintiَ. --Has matado al lobo. «Has matado al lobo.» Esas palabras. ،Esas palabras cautivadoras! Moenghus hab‫ي‬a visto su preocupaciَn y hab‫ي‬a dichoْ nica y exclusivamente las palabras que pod‫ي‬an apaciguar su corazَn. Nada hab‫ي‬a sucedido como deber‫ي‬a haber sucedido, pero el resultado final era el adecuado. ‫ة‬l hab‫ي‬a matado al lobo. Al d‫ي‬a siguiente, mientras Cnaiur se recuperaba en la ‫ل‬spera penumbra del yaksh de su madre, Moenghus le llevَ un estofado de

cebollas silvestres y conejo. Una vez que el cuenco humeante hubo cambiado de manos, el hombre destrozado levantَ la mirada y elevَ la cara de sus hombros hundidos. Todas las seٌales de su esclavitud --la t‫ي‬ mida joroba, el aliento entrecortado, los ojos raudos de miedo-desaparecieron. La transformaciَn fue tan repentina, tan completa, que durante un buen rato Cnaiur no pudo m‫ل‬s que quedarse mir‫ل‬ndolo con un temeroso asombro. Pero que un esclavo mirara a los ojos a un guerrero era una afrenta, de modo que Cnaiur cogiَ el palo de los esclavos y le apaleَ. Los ojos azules mostraron poca sorpresa y permanecieron fijos en él durante todo el rato, tirando de los suyos con una tranquilidad inquietante, como si le perdonara su... ignorancia. Cnaiur distَ con mucho de castigarle verdaderamente, del mismo modo que la indignaci َn que deb‫ي‬a haber sentido distَ mucho de animar su palo. La segunda vez que Moenghus se atreviَ a mirarle, Cnaiur le pegَ brutalmente, tan brutalmente que su madre le castigَ después, acus‫ل‬ ndolo de daٌar deliberadamente sus bienes. «El hombre es insolente --le dijo Cnaiur--, pero su corazَn est‫ ل‬colmado de vergüenza.» Hasta él sab ‫ي‬a que era la desesperaciَn y no una p‫ي‬a furia lo que hab‫ي‬a activado su brazo. Hasta él sab‫ي‬a que Moenghus le hab‫ي‬a robado el corazَn. Sَlo aٌos después comprender‫ي‬a por qué esos azotes le hab‫ي‬an unido al extranjero. La violencia entre hombres fomentaba una intimidad inexplicable. Y Cnaiur hab‫ي‬a sobrevivido a suficientes campos de batalla para comprenderlo. Al castigar a Moenghus por desesperaciَn, Cnaiur hab‫ي‬a demostrado necesidad. «Debes ser mi esclavo. ،Debes pertenecerme!» Y al demostrar necesidad, abriَ su corazَn, permitiَ que la serpiente entrara. La tercera vez que Moenghus le mirَ a los ojos, Cnaiur no cogiَ su palo, sino que le preguntَ: --‫؟‬Por qué? ‫؟‬Por qué me provocas? --Porque tْ, Cnaiur urs Skiotha, eres m‫ل‬s que tus parientes. Porque sَlo tْ puedes comprender lo que tengo que decir. «Sَlo tْ.» ،Qué palabras tan cautivadoras! ‫؟‬Qué hombre joven no se irrita a la sombra de sus mayores? ‫؟‬Qué hombre joven no alberga resentimientos secretos, pomposas esperanzas? --Habla. Moenghus habl َde muchas cosas a lo largo de los meses siguientes, de cَmo los hombres soٌaban, de cَmo el Logos, el camino del intelecto, era laْ nica cosa que los despertar‫ي‬a. Pero entonces todo era

un tanto borroso para Cnaiur. De todas las conversaciones secretas, sَlo recordaba con claridad la primera. Lo cierto era que los pecados de iniciaciَn siempre brillaban m‫ل‬s que los dem‫ل‬s, como los faros. --Cuando los guerreros hacen incursiones en el Imperio a través de las montaٌas --dijo Moenghus--, siempre utilizan los mismos senderos, ‫؟‬ no? --S‫ي‬, claro. --‫؟‬Por qué? Cnaiur se encogiَ de hombros. --Porque los senderos son los pasos de montaٌa. No hay otro modo de cruzarlas para llegar al Imperio. --Y cuando los guerreros se reْnen para hacer incursiones en los pastos de sus vecinos siempre utilizan los mismos caminos, ‫؟‬no? --No. --‫؟‬Por qué no? --Porque cabalgan por campo abierto. Los caminos por los que cruzar la estepa son innumerables. --،Exactamente! --exclamَ Moenghus--. ‫؟‬Y no son ambas cosas como viajes? ‫؟‬Cada logro una destinaciَn? ‫؟‬Cada ansia un punto de partida? --Supongo... Eso es lo que dicen los memorialistas. --Entonces, los memorialistas son sabios. --Dime qué quieres decir, esclavo. Risas, perfectas en las burdas cadencias del scylvendio; las risas de un gran guerrero. Hasta Moenghus sab‫ي‬a qué gestos hacer. --‫؟‬Lo ves? Te pones impaciente porque crees que el camino que tomo es intrincado. ،Hasta las palabras son como viajes! --‫؟‬Y? --Y si todo lo que los hombres hacen son viajes, te pregunto: ‫؟‬por qué son los métodos de los scylvendios, las costumbres que dictan lo que los hombres hacen, como pasos de montaٌa? ‫؟‬Por qué cabalgan por los mismos caminos una y otra vez cuando los caminos a su destino son innumerables? Por alguna razَn, la pregunta estremeciَ a Cnaiur. Las palabras eran tan audaces que se sintiَ osado con sَlo o‫ي‬rlas, y tan convincentes que se sintiَ entusiasmado y aterrorizado a la vez, como si hubieran tocado un lugar que dol‫ي‬a al tacto especialmente porque era prohibido. Los caminos del Pueblo de la Guerra, segْn le hab‫ي‬an dicho, eran tan inmutables y sagrados como volubles y degenerados los de los extranjeros. Pero ‫؟‬por qué? ‫؟‬No eran esos caminos simplemente

distintos senderos utilizados para llegar a destinaciones similares? ‫؟‬ Qué hac‫ي‬a de los caminos scylvendios losْ nicos caminos, losْ nicos senderos que un hombre recto deb‫ي‬a transitar? ‫؟‬Y cَmo pod‫ي‬a eso ser cuando la estepa sin caminos moraba, como dec‫ي‬an los memorialistas, en todas las cosas scylvendias? Por primera vez, Cnaiur vio a su gente a través de los ojos de un for ‫ل‬neo. ،Qué extraٌo parec‫ي‬a todo! La hilaridad de los tintes de la piel hechos con sangre menstrual. La inutilidad de prohibir acostarse con v‫ي‬ rgenes sin testigos, matar al ganado con la mano derecha, defecar en presencia de caballos. Hasta las cicatrices rituales, sus swazond, parec ‫ي‬an intrascendentes y extraٌas, m‫ل‬s una loca vanidad que un s‫ي‬mbolo sagrado. Por primera vez se hab‫ي‬a preguntado realmente por qué. De niٌo, hab‫ي‬a sido propenso a hacer preguntas, tanto que cada vez que hac‫ي‬a una, por muy sensata que fuera, su madre se quejaba y le hac‫ي‬a reproches; expresiones, sab‫ي‬a él, de un viejo rencor maternal contra un niٌo insoportablemente precoz. Pero las preguntas del niٌo eran profundas sin él proponérselo. Los chicos preguntaban tanto para ser rechazados como para ser contestados, para descubrir qué preguntas eran permisibles y cu‫ل‬les no. Preguntar realmente por qué, sin embargo, era ir mucho m‫ل‬s all‫ ل‬de lo permitido. Cuestionarlo todo. Cabalgar por la estepa sin caminos. --All ‫ي‬donde no hay senderos-- hab‫ي‬a continuado Moenghus-- los hombres sَlo se extrav‫ي‬an si no llegan a su destino. No hay cr‫ي‬menes, no hay transgresiones; ningْn pecado, excepto la estupidez o la incompetencia, y ninguna obscenidad, salvo la tiran‫ي‬a de las costumbres. Pero t yْ a sabes todo esto... T e ْ res distinto del resto de la tribu. Moenghus hab‫ي‬a ido deslizando la mano y entonces le ten‫ي‬a cogida la suya. En su tono hab‫ي‬a algo let‫ل‬rgico, denso e hinchado. Ten ‫ي‬a una mirada amable, lastimera, hْmeda como los labios. --‫؟‬Es un pecado para m‫ ي‬tocarte de este modo? ‫؟‬Por qué? ‫؟‬De qué paso de montaٌa nos hemos desviado? --De ninguno... --Sin aliento. --‫؟‬Por qué? --Porque cabalgamos por la estepa. --«Y no hay nada m‫ل‬s sagrado.» Una sonrisa, como un padre o un amante sorprendido repentinamente por la violencia de su adoraciَn. --Nosotros los dunyainos, Cnaiur, somos gu‫ي‬as y rastreadores,

estudiosos del Logos, el Camino M‫ل‬s Corto. De todo el mundo, sَlo nosotros hemos adquirido conciencia de la terrible pocilga de las costumbres. Sَlo nosotros. Se llevَ la joven mano de Cnaiur a su regazo. Palpَ con los pulgares los espacios entre sus duricias. ‫؟‬Pod‫ي‬a también calmar el dolor? --Dime, hijo del caudillo, ‫؟‬qué deseas m‫ل‬s que nada? ‫؟‬Qué circunstancia? D‫ي‬melo a m‫ي‬, que estoy despierto, y te mostraré el rastro que debes seguir. Cnaiur se humedeciَ los labios. --Convertirme en el gran caudillo del Pueblo de la Guerra --mintiَ. ،Esas palabras! ،Esas palabras que romp‫ي‬an el corazَn! Moenghus hab‫ي‬a asentido con la seriedad propia de un memorialista satisfecho con los poderosos augurios. --Bien. Cabalgaremos juntos, tْ y yo, por la abierta estepa. Te mostraré un camino como ningْn otro. Meses después, Skiotha estaba muerto, y Cnaiur se hab‫ي‬a convertido en caudillo de los utemot. Hab‫ي‬a alcanzado lo que hab‫ي‬a simulado desear, el Yaksh Blanco, su destino. Aunque los otros miembros de su tribu envidiaban el camino por el que hab‫ي‬a transitado, las costumbres los manten‫ي‬an unidos a él. Hab‫ي‬ a recorrido senderos prohibidos, y sus parientes, constreٌidos por las profundas sendas de la estupidez y la ciega costumbre, sَlo pod‫ي‬an fruncir el entrecejo y murmurar a sus espaldas. ،Qué orgullo hab‫ي‬a sentido! Pero era un orgullo extraٌo, tenue, como la solitaria sensaciَn de privilegio e impunidad que hab‫ي‬a sentido de niٌo al mirar a sus hermanos y hermanas mientras dorm‫ي‬an a la luz del fuego. Hab‫ي‬a pensado: «Podr‫ي‬a hacer cualquier cosa». Cualquier cosa. Y no lo sabr‫ي‬an. Después, dos estaciones m‫ل‬s tarde, las otras mujeres estrangularon a su madre por dar a luz a una niٌa rubia. Mientras alzaban su cad‫ل‬ver a los postes de los buitres, él empezَ a comprender qué hab ‫ي‬a sucedido en realidad. Supo que la muerte de su madre era un destino, el resultado de un viaje. Y Moenghus era el viajero. Al principio, se sintiَ desconcertado. El dunyaino hab‫ي‬a seducido y hab‫ي‬a dejado embarazada a su madre; eso estaba claro. Pero ‫؟‬para qué? ‫؟‬Cu‫ل‬l era el prَximo destino? Y entonces, lo comprendiَ: para asegurarse de tener acceso al hijo de ella, Cnaiur urs Skiotha. As‫ ي‬empezَ su obsesiva rememoraciَn de los acontecimientos que

le hab‫ي‬an llevado al Yaksh Blanco. Paso a paso, fue evocando el modo como las pequeٌas traiciones juveniles hab‫ي‬an acabado en parricidio. Pronto, la débil sensaciَn de gratitud por haberse burlado de sus superiores se evaporَ. Pronto, el hermético jْbilo de haber destruido a alguien desventurado se tornَ en una incredulidad atَnita, en una incredulidad desolada. Le hab‫ي‬a enorgullecido superar a sus parientes, ser m‫ل‬s, y esa demostraciَn de superioridad le hab‫ي‬a entusiasmado. Hab‫ي‬a encontrado el camino m‫ل‬s corto. Se hab‫ي‬a hecho con el Yaksh Blanco. ‫؟‬No era eso prueba de su supremac‫ي‬a? Eso le hab‫ي‬a dicho Moenghus antes de abandonar a los utemot. Eso hab‫ي‬a pensado él. Entonces lo comprend‫ي‬a: no hab‫ي‬a hecho m‫ل‬s que traicionar a su padre. Como su madre, hab‫ي‬a sido seducido. «Mi padre est‫ ل‬muerto. Yo fui el cuchillo.» Y Anasurimbor Moenghus lo hab‫ي‬a empuٌado. La revelaciَn fue tan incre‫ي‬ble como desgarradora. Una vez, cuando Cnaiur era un niٌo, se hab‫ي‬a formado, cerca del campamento utemot, un torbellino cuya espalda se erig‫ي‬a contra las nubes. Los yaksh, el ganado y las vidas giraban como faldas a sus pies. Hab‫ي‬a estado observando desde la distancia, llorando, cogiéndose a la r‫ي‬gida cintura de su padre. Un momento después, se desvaneciَ como arena cayendo sobre el agua. Recordaba a su padre corriendo bajo el pedrisco para ayudar a sus parientes. Recordaba haber empezado a seguirle, después haber dado traspiés hasta detenerse, paralizado por la visiَn que ten‫ي‬a ante él, como si la escala de la transformaciَn hubiera empequeٌecido la capacidad de creer de los ojos. La intrincada telaraٌa de caminos, corrales y yaksh hab‫ي‬a sido totalmente rediseٌada, como si un niٌo alto como una montaٌa hubiera dibujado c‫ي‬rculos concéntricos con un palo. El horror hab‫ي‬a sustituido a la familiaridad, pero el orden hab‫ي‬a sustituido al orden. Como el torbellino, su revelaciَn acerca de Moenghus hab‫ي‬a establecido de un plumazo un orden distinto, y mucho m‫ل‬s horrendo que el que hab‫ي‬a conocido hasta entonces. El triunfo se convirtiَ en una degradaciَn. El orgullo se transformَ en remordimiento. Moenghus dejَ de ser el magn‫ي‬fico padre de su corazَn. Llegَ a ser el tirano imposible, un esclavista disfrazado de esclavo. Las palabras que le hab‫ي‬an elevado, que le hab‫ي‬an revelado la verdad y el éxtasis, se convirtieron en palabras que lo humillaban, que le otorgaban ventajas obscenas. Las expresiones que le hab‫ي‬an confortado se transmutaron en recordatorios de un juego enloquecido. Todo --la mirada, el tacto, los atractivos gestos-- hab‫ي‬a sido arrasado por el torbellino y violentamente

rediseٌado. Durante un tiempo, hab‫ي‬a cre‫ي‬do realmente que estaba despierto, que era elْ nico que no daba traspiés y andaba a tientas por los sueٌos impuestos a los scylvendios por las costumbres de sus antepasados. Segْn ellos, la estepa no era solamente un pedazo de suelo para sus pies y sus estَmagos, sino también para sus almas. Pero él, Cnaiur urs Skiotha, sab‫ي‬a y viv‫ي‬a la verdad de la estepa. Sَlo él estaba despierto. Si los otros desfilaban por caٌones ilusorios, su alma recorr‫ي‬a las llanuras sin caminos. Sَlo él era verdaderamente de la tierra. Sَlo él. ‫؟‬Por qué no estar aparte de la tribu sino ante ella confer‫ي‬a ese terrible poder? Pero el torbellino también se hab‫ي‬a llevado eso. Recordaba a su madre llorando después de la muerte de su padre, pero ‫؟‬lloraba ella por Skiotha o, como Cnaiur, por Moenghus, a quien hab‫ي‬a perdido para siempre? Para Moenghus, como sab‫ي‬a Cnaiur, la seducciَn de la primera esposa de Skiotha no era sino una estaciَn, un punto de partida para la seducciَn del hijo primogénito de Skiotha‫ ؟‬.Qué mentiras le habr‫ي‬ a susurrado mientras la penetraba en la oscuridad? Cnaiur estaba seguro de que hab‫ي‬a mentido, puesto que él ni hablaba ni amaba por ella. Y si le ment‫ي‬a a ella, entonces... Todo lo que suced‫ي‬a era una bْsqueda, como hab‫ي‬a dicho Moenghus. Hasta los movimientos del alma --pensamiento, deseo, amor-- eran viajes a través de un lugar sin caminos. Cnaiur hab‫ي‬a visto en s‫ ي‬mismo un punto de partida, el origen de sus pensamientos, que tan lejos viajaban. Pero no era nada m‫ل‬s que un camino embarrado, un sendero utilizado por otro para llegar a su destino. Los pensamientos que él hab‫ي‬a considerado propios hab‫ي‬an pertenecido siempre a otro. Su estado de vigilia no era m‫ل‬s que el sueٌo de un sueٌo m‫ل‬s profundo. Por medio de una astucia sobrenatural, hab‫ي‬a sido engaٌado para que cometiera una obscenidad tras otra, se degradara una y otra vez, y él hab‫ي‬a llorado de gratitud. Y se dio cuenta de que los otros miembros de la tribu lo sab‫ي‬an, aunque sَlo fuera del tenue modo en que los lobos ol‫ي‬an la fragilidad. Las burlas y las risas de los idiotas no significaban nada cuando uno ten ‫ي‬a la verdad. Pero cuando uno era engaٌado... «Llorica.» ،Qué tormento! Durante treinta aٌos, Cnaiur hab‫ي‬a vivido con ese torbellino y hab‫ي‬a intensificado su estruendo, a medida que lo conoc‫ي‬a mejor, con incesantes recriminaciones. Estaciones de angustia se apilaban sobre

él. Despierto, le recorr‫ي‬a sin aliento, con la curiosa monoton‫ي‬a de las profundidades de un charco, p‫ل‬lido a través del tinte verdoso del agua. A lo largo de la oscuridad circundante, se entrelazaban las cavernas como los estrechos tْneles que se encuentran bajo las grandes piedras arrancadas de la hierba. Justo debajo de la superficie, el p‫ل‬lido dunyaino se detiene como si tirara de él alguna atadura, sonriendo, y levanta la boca. Con horror, Cnaiur observa cَmo un gusano sale por entre los labios sonrientes y atraviesa el agua. Se asoma al aire como un dedo ciego. Acuoso y obsceno, el ins‫ي‬pido color rosa de los lugares ocultos. Y en todas las ocasiones, su torpe mano se abre sobre el charco y, en un silencioso momento de locura, lo toca. Pero entonces Cnaiur estaba despierto, y el rostro hab‫ي‬a regresado. Lo hab‫ي‬a encontrado en su peregrinaciَn a los tْmulos funerarios de sus ancestros. Proced‫ي‬a de las inmensidades del norte y estaba atormentado por el fr‫ي‬o, destrozado por las heridas de los sranc. Anasurimbor Kellhus, hijo de Anasurimbor Moenghus. Pero ‫؟‬qué significaba ese segundo advenimiento? ‫؟‬Dar‫ي‬a una respuesta al torbellino, o simplemente doblar‫ي‬a su furia? ‫؟‬Se atrever‫ي‬a a utilizar al hijo para encontrar al padre? ‫؟‬Se atrever ‫ي‬a a cruzar la estepa sin caminos? Anissi levantَ la cabeza de su tَrax y le escrutَ la cara. Sus pechos rozaban la superficie hueca de su estَmago. Sus ojos brillaban en la oscuridad. «Era --pensَ Cnaiur-- demasiado bella para pertenecerme.» --Todav‫ي‬a no has hablado con él --dijo ella, hundiendo la cabeza bajo la catarata de su pelo y bajando los labios para besarle el brazo--. ‫؟‬Por qué? --Te lo he dicho... Tiene un gran poder. Percibiَ que ella estaba pensando. Quiz‫ ل‬era la cercan‫ي‬a de sus labios a su piel. --Comparto tus... recelos --dijo--. Pero a veces no sé quién me da m ‫ل‬s miedo, s‫ ي‬tْ o él. La ira se removiَ en su interior, la lenta y peligrosa ira de alguien cuya autoridad es incuestionable y absoluta. --‫؟‬Tienes miedo de m‫ي? ؟‬Por qué? --Le tengo miedo a él porque ya habla nuestro idioma tan bien como cualquier esclavo al cabo de diez aٌos. Le tengo miedo porque sus ojos... no parecen parpadear. Ya me ha hecho re‫ي‬r y llorar. Silencio. Las escenas oscilaron en sus pensamientos, una serie de im‫ل‬genes rotas y rompedoras. Se agarrotَ sobre la estera, con los

miembros tensos contra la blandura de ella. --A ti te tengo miedo --prosigui --َporque me hab‫ي‬as dicho que esto suceder‫ي‬a. Sab‫ي‬as que ocurrir‫ي‬an todas estas cosas. Conoces a ese hombre, aunque nunca has hablado con él. Le dol‫ي‬a la garganta. «Solamente has llorado cuando te he pegado.» Le besَ el brazo y le tocَ los labios con un dedo. --Ayer, me dijo: «‫؟‬Por qué espera?». Desde que hab‫ي‬a encontrado al hombre, los acontecimientos hab‫ي‬ an sucedido con tanta certidumbre como si el menor suceso estuviera empapado de las aguas del destino y el presagio. No pod‫ي‬a haber m‫ل‬s intimidad entre él y ese hombre. Con sus manos desnudas le hab‫ي‬a estrangulado hasta la muerte en un sueٌo tras otro. --‫؟‬Nunca le has hablado de m‫ ?ي‬--preguntَ. Y ordenَ. --No, no lo he hecho. Pero es que tْ le conoces. Y él te conoce a ti. --A través de ti. Me ve a través de ti. Por un instante se preguntَ qué era lo que el extranjero ve‫ي‬a, qué imagen de él se transmit‫ي‬a a través de las hermosas expresiones de Anissi. «Buena parte de la verdad», decidiَ. De todas sus esposas, sَlo Anissi ten‫ي‬a el coraje de decirle cu‫ل‬ndo gritaba en sueٌos. Sَlo ella le susurraba cuando él se despertaba llorando. Las otras se quedaban inmَviles, muertas, simulando el sueٌo, lo cual era bueno. A las otras las habr‫ي‬a pegado por osar ser testimonios de esa debilidad. En la penumbra, Anissi le cogiَ el hombro y tirَ de él como si quisiera apartarle de algْn gran peligro. --Seٌor, esto es sacrilegio. Es un brujo. Un hechicero. --No. Es menos que eso. Y m‫ل‬s. --‫؟‬Cَmo? ‫؟‬Cَmo lo sabes? --La precauciَn hab‫ي‬a desaparecido de su voz. Entonces era insistente. Cerrَ los ojos. El rostro lloriqueante de Bannut se le apareciَ en mitad de la oscuridad, rodeado del furor de Kiyuth. «Maricَn llorica...» --Duerme, Anissi. ‫؟‬Se atrever‫ي‬a a utilizar al hijo para encontrar al padre?

El d‫ي‬a era soleado, y la calidez hablaba de la inevitabilidad del verano. Cnaiur se detuvo ante el ancho cono del yaksh, siguiendo los

patrones del bordado a lo largo de sus caras escondidas. Era uno de esos d‫ي‬as en los que los restos del invierno desaparec‫ي‬an de las pieles y las grietas de la madera del yaksh, cuando el olor a podrido era sustituido por el olor a polvo. Se agachَ frente a la portezuela del yaksh y puso dos dedos en el suelo; después, se los llevَ a los labios como era costumbre. Ese acto le reconfortaba, aunque ya hac‫ي‬a mucho tiempo que las razones de que as‫ ي‬fuera hab‫ي‬an muerto. Apartَ la portezuela y se deslizَ en el interior, donde se sentَ con las piernas cruzadas de espaldas a la entrada. Tratَ de ubicar la figura encadenada en la oscuridad. El corazَn le martilleaba el pecho. --Mis esposas me han dicho que has aprendido nuestro idioma con una rapidez... incre‫ي‬ble. Una luz p‫ل‬lida se filtrَ detr‫ل‬s de él. Vio los miembros desnudos, grises como las ramas muertas. El olor a orina y excrementos saturaba el aire. El hombre ten‫ي‬a el aspecto y el olor de la fragilidad y la enfermedad. Eso, como sab‫ي‬a Cnaiur, no era ninguna casualidad. --Aprendo de prisa, s‫ي‬. --La cabeza en sombras descendiَ, como hundiéndose en... Cnaiur reprimiَ un estremecimiento. Se parec‫ي‬an tanto. --Mis esposas me dicen que eres un brujo. --No lo soy. --Respiraciَn prolongada--. Pero tْ ya lo sabes. --Creo que lo sé. --Sacَ su Chorae de una bolsa fijada a su cinturَn y lo tirَ formando un pequeٌo arco. Los grilletes repiquetearon. El extranjero cogiَ la esfera en el aire como si fuera una mosca. No sucediَ nada. --‫؟‬Qué es esto? --Un don concedido a mi pueblo en tiempos muy antiguos, un don de nuestro Dios. Mata a los brujos. --‫؟‬Y las runas que hay en él? --No significan nada, al menos ahora. --No conf‫ي‬as en m‫ي‬. Me tienes miedo. --No le tengo miedo a nada. Ninguna respuesta. Una pausa para reconsiderar unas palabras mal escogidas. --No --dijo el dunyaino, finalmente--. Le tienes miedo a muchas cosas. Cnaiur apretَ los dientes. Otra vez. ،Le estaba sucediendo otra vez! Palabras como palancas empuj‫ل‬ndole hacia atr‫ل‬s por una sucesiَn de precipicios. La ira le recorri cَ omo el fuego a través de un pasillo de

rabia. Un azote. --Tْ --dijo crispado-- sabes que soy distinto de los dem‫ل‬s. Tْ percibes mi presencia a través de mis esposas gracias a mi conocimiento. Sabes que haré lo contrario de muchas de las cosas que tْ digas por el simple hecho de que tْ lo digas. Sabes que cada noche utilizaré las entraٌas de una liebre para decidir si debo dejarte vivir. »Sé quién eres, Anasurimbor. Sé que eres dunyaino. Si el hombre estaba sorprendido, no lo demostrَ. --Responderé tus preguntas --dijo solamente. --Me contar‫ل‬s todo lo que te ha llevado a tu situaciَn actual. Me explicar‫ل‬s por qué motivo has venido aqu‫ي‬. Si no lo haces a mi plena satisfacciَn, te mataré inmediatamente. La amenaza era poderosa; las palabras estaban cargadas de certeza. Otros hombres se habr‫ي‬an inquietado ante ellas, las habr‫ي‬an sopesado en silencio para calcular una respuesta. Pero el dunyaino no lo hizo. Respondiَ inmediatamente, como si no le sorprendiera nada de lo que Cnaiur pudiera decir o hacer. --Todav‫ي‬a estoy vivo porque mi padre pasَ por tus tierras cuando tْ eras joven y cometiَ un crimen que tْ tratas de reparar. No creo que sea posible que me mates, aunque eso es lo que deseas. Eres demasiado inteligente para encontrar satisfacciَn con un sustituto. Comprendes el poder que yo represento, y sin embargo, todav‫ي‬a tienes la esperanza de utilizarme como el instrumento de tu mayor deseo. Mis circunstancias, as‫ ي‬pues, est‫ل‬n cortadas por el mismo patrَn que tu objetivo. Silencio moment‫ل‬neo. Los pensamientos de Cnaiur daban tumbos por la impresiَn y la confirmaciَn. Después, retrocediَ con una repentina sospecha. «Este hombre es un intelecto... Guerra.» --Est‫ل‬s preocupado --dijo la voz--. Te esperabas este punto de vista, pero no esperabas que lo dijera en voz alta, y como lo he dicho en voz alta, temes que pueda limitarme a satisfacer tus expectativas para engaٌarte en un sentido m‫ل‬s profundo. --Una pausa--. Como mi padre, Moenghus. Cnaiur escupiَ. --،Las palabras son para ti cuchillos! Pero no siempre cortan, ‫؟‬ verdad? Has estado a punto de morir mientras cruzabas Suskara. Quiz‫ل‬ yo deba pensar como un sranc. El extranjero empezَ a responder, pero Cnaiur ya se hab‫ي‬a puesto de pie y se inclinaba para salir al aire puro de la estepa, gritando en busca de ayuda. Observَ, imp‫ل‬vido, cَmo los suyos sacaban al norsirai

del yaksh y lo ataban, desnudo, a un poste cercano al centro del campamento. Durante horas, el hombre sollozَ y aullَ, rogَ piedad a gritos como se la rogaban a él en los viejos tiempos. Sus intestinos se vaciaron; tanta era la agon‫ي‬a. Cnaiur pegَ a Anissi cuando ella empezَ a llorar. No se cre‫ي‬a nada de eso.

Esa noche, Cnaiur regresَ, sabiendo, o mejor esperando, que la oscuridad le proteger‫ي‬a. El aire todav‫ي‬a apestaba bajo las pieles. El extranjero estaba tan silencioso como la luz de la luna. --Ahora --dijo Cnaiur--, tu objetivo... Y no creas que me he hecho ilusiones de haberte doblegado. Los de tu especie nunca sois doblegados. Se oyَ un susurro en la oscuridad. --Tienes razَn. --La voz era c‫ل‬lida en la penumbra--. Para los de mi especie sَlo hay misiones. He venido a por mi padre, Anasurimbor Moenghus. He venido a matarlo. Silencio, con la salvedad de una leve brisa procedente del sur. El extranjero continuَ. --Ahora el dilema es solamente tuyo, scylvendio. Nuestras misiones parecen ser la misma. Sé dَnde y, lo que es m‫ل‬s importante, c َmo encontrar a Anasurimbor Moenghus. Te ofrezco la copa que tْ deseas. ‫؟‬Es veneno o no? ‫؟‬Se atrever‫ي‬a a utilizar al hijo? --Es siempre veneno --susurrَ Cnaiur-- cuando tienes sed.

Las esposas del caudillo atend‫ي‬an a Kellhus, lavaban su piel quebrada con ungüentos hechos por las ancianas de la tribu. A veces, les dec‫ي‬a algo mientras lo hac‫ي‬an, calmaban sus atemorizados ojos con palabras tiernas, las hac‫ي‬a sonre‫ي‬r. Cuando llegَ el momento de que su esposo y el norsirai partieran, se reunieron en el gélido espacio de tierra que hab‫ي‬a delante del Yaksh Blanco y observaron solemnemente cَmo los hombres preparaban sus caballos. Percib‫ي‬an el monol‫ي‬tico odio de uno y la divina indiferencia del otro. Y cuando las dos figuras estuvieron circundadas por lejanos

pastos, no supieron por quién lloraban, si por el hombre que las hab‫ي‬a dominado o por el hombre que las hab‫ي‬a conocido. Sَlo Anissi era consciente del motivo de sus l‫ل‬grimas.

Cnaiur y Kellhus cabalgaron hacia el sureste, cruzando tierras utemot y adentr‫ل‬ndose en las de los kuoti. Cerca del l‫ي‬mite meridional de los pastos kuoti, fueron abordados por unos cuantos jinetes. Las empuٌaduras de sus espadas eran cabezas de lobo pulidas, y llevaban sillas de montar con penachos. Cnaiur hablَ con ellos levemente, les recordَ los Caminos y ellos se alejaron cabalgando, ansiosos, segْn imaginَ, por contarles a sus caudillos que al fin los utemot no contaban con Cnaiur urs Skiotha, el-que-destrozacaballos, el m‫ل‬s violento de los hombres. Una vez estuvieron a solas, el dunyaino tratَ de nuevo de entablar conversaciَn con él. --No podr‫ل‬s mantener ese silencio para siempre --dijo. Cnaiur escrutَ al hombre. Su cara, cubierta de una barba rubia, era gris contra las superficies nubladas. Llevaba un arnés sin mangas, com ْn entre los scylvendios, y sus p‫ل‬lidos antebrazos sobresal‫ي‬an de la capa de cuero que le ca‫ي‬a de los hombros. Las colas de marmota que adornaban la capa se balanceaban al paso de su caballo. Podr‫ي‬a haber sido scylvendio si no hubiera sido por su pelo claro y sus brazos sin cicatrices. Ambas cosas le hac‫ي‬an parecer una mujer. --‫؟‬Qué quieres saber? --le preguntَ Cnaiur, sospechando, a regaٌ adientes. Pensَ que era una buena cosa que le perturbara su impecable scylvendio del norte. Era un recordatorio. En cuanto el norteٌo no le perturbara, sab‫ي‬a que estar‫ي‬a perdido. ‫ة‬sa era la razَn por la que con frecuencia no quer‫ي‬a hablarle a la abominaciَn, la razَn por la que se hab ‫ي‬an pasado losْ ltimos d‫ي‬as cabalgando en silencio. La costumbre era tan peligrosa all‫ ي‬como la astucia de ese hombre. En cuanto la presencia del hombre dejara de irritarle, en cuanto se sintiera en consonancia con sus circunstancias, le anteceder‫ي‬a en el transcurso de los acontecimientos, le dirigir‫ي‬a de un modo que no se podr‫ي‬a ver. En el campamento, Cnaiur hab‫ي‬a utilizado a sus esposas como intermediarias para aislarse a s‫ ي‬mismo de Kellhus. Esa hab‫ي‬a sido una de las muchas precauciones que hab‫ي‬a tomado; hasta hab‫ي‬a dormido con un cuchillo en la mano, sabedor de que el hombre no tendr

‫ي‬a necesidad de romper sus cadenas para visitarle. Pod‫ي‬a presentarse como otro --hasta como Anissi--, tal como Moenghus se hab‫ي‬a presentado ante el padre de Cnaiur tantos aٌos atr‫ل‬s, con el rostro de su hijo mayor. Pero entonces Cnaiur no ten‫ي‬a ningْn intermediario para protegerse. No pod‫ي‬a contar con el silencio, como hab‫ي‬a esperado inicialmente. A medida que se acercaran al Nansurium, se ver‫ي‬an obligados a hacer planes. Hasta los lobos necesitaban planes para sobrevivir en tierra de perros. Ahora estaba solo con un dunyaino, y no pod‫ي‬a imaginar un peligro mayor. --Esos hombres --dijo Kellhus--, ‫؟‬por qué te han dejado pasar? Cnaiur le mirَ con cautela. «Empieza con pequeٌas cosas para introducirse en mi corazَn sin que yo me dé cuenta.» --Es nuestra costumbre. Todas las tribus asaltan de vez en cuando el Imperio. --‫؟‬Por qué? --Por muchas razones: para capturar esclavos, para saquear, pero sobre todo para rendir culto. --‫؟‬Para rendir culto? --Somos el Pueblo de la Guerra. Nuestro Dios est‫ ل‬muerto; fue asesinado por los pueblos de los Tres Mares. Nuestra obligaciَn es vengarle. Cnaiur lamentَ su respuesta. Aparentemente, parec‫ي‬a inocua, pero por primera vez se dio cuenta de lo mucho que ese hecho dec‫ي‬a del Pueblo de la Guerra y, por extensiَn, de s‫ ي‬mismo. «Para este hombre no hay cosas pequeٌas.» Todos los detalles, todas las palabras, eran un cuchillo en las manos de ese extranjero. --Pero ‫؟‬cَmo --insistiَ el dunyaino-- se le puede rendir culto a lo que est‫ ل‬muerto? «No digas nada», pensَ, pero ya estaba hablando. --La muerte es m‫ل‬s grande que cualquier hombre. Se le debe rendir culto. --Pero la muerte es... --Yo haré las preguntas --le espetَ Cnaiur--. ‫؟‬Por qué te han mandado a matar a tu padre? --Esto --dijo Kellhus, irَnicamente-- es algo que deber‫ي‬as haberme preguntado antes de aceptar mi trato. Cnaiur reprimiَ el impulso de sonre‫ي‬r, sabedor de que ésa era la reacciَn que el dunyaino buscaba.

--‫؟‬Por qué? --contraatac .--َSin m ,‫ي‬te ser‫ي‬a imposible cruzar la estepa con vida. Hasta las montaٌas Hethanta, eres m‫ي‬o. Tengo hasta entonces para hacerme una idea. --Pero si a los extranjeros les es imposible cruzar la estepa, ‫؟‬cَmo logrَ mi padre escapar? A Cnaiur se le puso la piel de gallina, pero pensَ: «Buena pregunta. Me recuerda la traiciَn de los tuyos». --Moenghus era astuto. En secreto, se hab‫ي‬a cubierto los brazos de cicatrices y se los hab‫ي‬a ocultado. Después de matar a mi padre y de que los utemot se vieran obligados por su honor a no importunarle, se afeitَ la cara y se tiٌَ el pelo de negro. Como pod‫ي‬a hablar como si fuera uno del Pueblo de la Guerra, cruzَ esta tierra como nosotros hacemos, como un utemot cabalgando para rendir culto. Sus ojos eran casi tan p‫ل‬ qué crees que te prohib ‫ي‬que te lidos... --Entonces, Cnaiur aٌadi‫ ؟‬:--Por َ vistieras durante tu cautiverio? --‫؟‬Quién le dio el tinte? El corazَn de Cnaiur a punto estuvo de detenerse. --Yo. El dunyaino se limitَ a asentir y apartَ la mirada del monَtono horizonte. Cnaiur se sorprendiَ siguiendo su mirada. --،Estaba pose‫ي‬do! --le espet، .--َPose‫ي‬do por un demonio! --Cierto --respondiَ Kellhus, gir‫ل‬ndose hacia él, pero su voz era severa, ©orno la de un scylvendio--. Mi padre te habitaba. Y Cnaiur se encontrَ deseando o‫ي‬r lo que el hombre iba a decir. «T ْ puedes ayudarme. Tْ eres sabio.» ،Otra vez! ،El brujo estaba haciéndolo otra vez! Estaba desviando su discurso, conquistando los movimientos de su alma. Era como una serpiente tanteando una salida tras otra. --‫؟‬Por qué te han mandado a matar a tu padre? --le exigiَ Cnaiur, aprovech‫ل‬ndose de su pregunta no respondida como prueba de la profundidad inhumana de esa contienda. «Y es una contienda», advirtiَ Cnaiur. No hablaba con ese hombre; guerreaba contra él. «Intercambiaré cuchillos.» El dunyaino le mirَ con curiosidad, como si estuviera preocupado por su sospecha inconsciente. Otra estratagema. --Porque mi padre me ha llamado --respondiَ cr‫ي‬pticamente. --‫؟‬Y eso es razَn suficiente para matarle? --Los dunyainos han estado escondidos durante dos milenios y seguir‫ي‬an escondidos, si pudieran, por toda la eternidad. Pero hace treinta y un aٌos, cuando yo era todav‫ي‬a un niٌo, fuimos descubiertos por

un grupo de sranc. Los sranc fueron f‫ل‬cilmente destruidos, pero por si acaso, mi padre fue mandado a los bosques para que determinara hasta qué punto éramos vulnerables. Cuando regresَ unos cuantos meses m‫ل‬s tarde, se decidiَ que deb‫ي‬a exiliarse. Mi padre hab‫ي‬a sido contaminado, se hab‫ي‬a convertido en una amenaza para nuestra misiَn. Pasaron tres décadas, y se daba por hecho que estaba muerto. --El dunyaino frunciَ el entrecejo--. Pero entonces regresَ, regresَ de un modo sin precedentes. Nos mandَ sueٌos. --Hechicer‫ي‬a --dijo Cnaiur. El dunyaino asintiَ. --S‫ي‬, aunque en ese momento nosotros no lo sab‫ي‬amos. Sab‫ي‬ amos solamente que la pureza de nuestro aislamiento hab‫ي‬a sido contaminada, y que la fuente de esa contaminaciَn deb‫ي‬a ser encontrada y eliminada. Cnaiur examinَ el perfil del hombre, que se mec‫ي‬a suavemente al ritmo del medio galope de su caballo. --As‫ ي‬que eres un asesino. --S‫ي‬. Como Cnaiur permaneciَ en silencio, Kellhus prosiguiَ. --No me crees. ‫؟‬Cَmo iba a creerle? ‫؟‬Cَmo iba a creer a un hombre que nunca hablaba, que siempre tramaba y maniobraba, tramaba y maniobraba, incesantemente? --No te creo. Kellhus se girَ hacia la circundante llanura de color verde gris‫ل‬ceo. Hab‫ي‬an dejado atr‫ل‬s los ondulados pastos de Kuoti y entonces cruzaban la inmensa meseta del interior de Jiunati. Al otro lado de un pequeٌo riachuelo y del delgado empalizado de arbustos y ‫ل‬lamos que resegu‫ي‬a sus hundidas riberas, las distancias eran tan anodinas como un océano. Sَlo el cielo, lleno de nubes que parec‫ي‬an montaٌas navegando, pose‫ي‬a profundidad. --Los dunyainos --dijo Kellhus, al cabo de un rato-- se han entregado al Logos, a lo que tْ llamas razَn e intelecto. Buscamos la conciencia absoluta, el pensamiento que se mueve a s‫ ي‬mismo. Los pensamientos de todos los hombres surgen de la oscuridad. Si eres el movimiento de tu alma, y la causa de ese movimiento te procede, entonces, ‫؟‬cَmo podr‫ي‬as llamar tuyos a tus pensamientos? ‫؟‬Cَmo podr‫ي‬ as ser otra cosa que un esclavo de la oscuridad que antecede a todo? S َlo el Logos permite mitigar esa esclavitud. Sَlo conocer las fuentes del pensamiento y la acciَn nos permite usar nuestros pensamientos y

nuestras acciones para librarnos del yugo de las circunstancias. Y sَlo los dunyainos poseen este conocimiento, llanero. El mundo sueٌa, esclavizado por su ignorancia. Sَlo los dunyainos est‫ل‬n despiertos. Moenghus, mi padre, amenaza esto. ‫؟‬Pensamientos que surg‫ي‬an de la oscuridad? Quiz‫ ل‬mejor que la mayor‫ي‬a; Cnaiur sab‫ي‬a que eso era cierto. Estaba acosado por pensamientos que no pod‫ي‬an ser los suyos. Cu‫ل‬ntas veces, después de pegar a una de sus mujeres, hab‫ي‬a mirado su enrojecida palma y pensado: «‫؟‬Quién me ha movido a hacer esto? ‫؟‬Quién?». Pero eso era irrelevante. --‫ة‬sa no es la razَn por la que no te creo --dijo Cnaiur, pensando: «Ya lo sabe». El dunyaino pod‫ي‬a leerle con la misma facilidad con que un miembro de su tribu pod‫ي‬a leer el humor de su rebaٌo. Como si pudiera ver ese pensamiento, Kellhus dijo: --No crees que un hijo pueda ser el asesino de su padre. --S‫ي‬. El hombre asintiَ. --Los sentimientos, como el amor de un hijo por su padre, no hacen m‫ل‬s que devolvernos a la oscuridad; nos hacen esclavos de la costumbre y el apetito. --Los refulgentes ojos brillantes manten‫ي‬an a los de Cnaiur en una calma imposible--. Yo no quiero a mi padre, llanero. Yo no le quiero. Si su asesinato permite a mis hermanos lograr su misiَn, entonces le mataré. Cnaiur observَ al hombre; la cabeza le zumbaba de cansancio. ‫؟‬ Pod‫ي‬a creer eso? Lo que ese hombre dec‫ي‬a parec‫ي‬a perfectamente lَ gico, pero Cnaiur sospechaba que pod‫ي‬a hacer que cualquier cosa sonara cre‫ي‬ble. --Adem‫ل‬s --prosiguiَ Anasurimbor Kellhus--, tْ sabes algo de este asunto. --‫؟‬De qué asunto? --De hijos que matan a sus padres.

En lugar de responder, el scylvendio le dedicَ una mirada fugaz, herida, y después escupiَ. Manteniendo una expresiَn expectante, Kellhus lo rodeَ con la palma de sus sentidos. La estepa, el riachuelo cada vez m‫ل‬s cercano, todo en su campo visual retrocediَ. Cnaiur urs Skiotha se convirtiَ en el todo. El r‫ل‬pido ritmo de su respiraciَn. La postura de los mْsculos

alrededor de sus ojos. Su pulso, como un gusano moviendo los tendones del cuello. Se convirtiَ en un coro de signos, un texto vivo, y Kellhus pudo leerlo. Si esas circunstancias deb‫ي‬an ser pose‫ي‬das, entonces todo deb‫ي‬a ser tenido en cuenta. Desde que hab‫ي‬a abandonado al cazador y hab‫ي‬a huido al sur a través de las tierras bald‫ي‬as del norte, Kellhus se hab‫ي‬a encontrado con muchos hombres, especialmente en la ciudad de Atrithau. All‫ي‬ descubriَ que Leweth, el cazador que le hab‫ي‬a salvado, no era una excepciَn. Los hombres nacidos en el mundo eran tan cortos de luces e ilusos como el cazador. Kellhus sَlo necesitaba pronunciar unas cuantas verdades rudimentarias, y se quedaban asombrados. Sَlo ten‫ي‬a que hilvanar esas verdades en un tosco sermَn y renunciaban a sus posesiones, amantes, incluso hijos. Cuarenta y siete hombres le hab‫ي‬ an acompaٌado desde que hab‫ي‬a partido a caballo de las puertas meridionales de Atrithau, hombres que se hac‫ي‬an llamar adunyanios, «pequeٌos dunyainos». Ninguno hab‫ي‬a sobrevivido a la caminata a través de Suskara. Lo hab‫ي‬an sacrificado todo por amor y sَlo hab‫ي‬an pedido palabras a cambio, sَlo la apariencia del significado. Pero ese scylvendio era distinto. Kellhus se hab‫ي‬a enfrentado a la sospecha y la desconfianza con anterioridad, y hab‫ي‬a descubierto que pod‫ي‬a volver ambas cosas en su favor. Hab‫ي‬a descubierto que los hombres que sospechaban se entregaban m‫ل‬s que la mayor‫ي‬a cuando finalmente confiaban en uno. Al no creer en nada al principio, de repente lo cre‫ي‬an todo, fuera para hacer penitencia por sus recelos iniciales, o simplemente para evitar cometer el mismo «error» de nuevo. Muchos de sus m‫ل‬s fan‫ل‬ticos seguidores hab‫ي‬an sido escépticos al principio. Pero la desconfianza que albergaba Cnaiur urs Skiotha era distinta de todas las que hab‫ي‬a encontrado hasta entonces, tanto en su proporciَn como en su forma. A diferencia de los dem‫ل‬s, ese hombre le conoc‫ي‬a. Cuando el scylvendio, con la expresiَn fl‫ل‬ccida de asombro y tensa de odio al mismo tiempo, le hab‫ي‬a encontrado encima del tْmulo, Kellhus hab‫ي‬a pensado: «Padre..., al fin te he encontrado...». Ambos hab‫ي‬an sido Anasurimbor Moenghus en el rostro del otro. Nunca se hab ‫ي‬an visto, pero se conoc‫ي‬an mutuamente con intimidad. Al principio, su v‫ي‬nculo se hab‫ي‬a revelado ventajoso para la misiَn de Kellhus. Le hab‫ي‬a permitido seguir con vida y le garantizaba que podr‫ي‬a cruzar la estepa en condiciones seguras. Pero también hab‫ي‬a significado que sus circunstancias fueran incalculables.

El scylvendio siguiَ rechazando todos sus intentos de poseerle. No ten‫ي‬a miedo de la perspicacia que Kellhus mostraba. No se hab‫ي‬a tranquilizado por sus racionalizaciones ni se sent‫ي‬a halagado por sus oblicuas alabanzas. Y cuando sus pensamientos se aceleraban por el interés que hab‫ي‬a despertado en él lo que Kellhus hab‫ي‬a dicho, r‫ل‬ pidamente se retractaba, recordando acontecimientos transcurridos hac ‫ي‬a décadas. Hasta el momento, el hombre sَlo hab‫ي‬a cedido palabras rencorosas y escupitajos. De algْn modo, tras treinta aٌos de obsesiَn por Moenghus, el hombre hab‫ي‬a dado con un puٌado de verdades referentes a los dunyainos. Conoc‫ي‬a $u capacidad de leer los pensamientos a través de los rostros. Sab‫ي‬a de su intelecto. Conoc‫ي‬a su total compromiso para con su misiَn. Y sab‫ي‬a que no hablaban para compartir puntos de vista, o para comunicar verdades, sino para adelantarse, para dominar almas y circunstancias. Sab‫ي‬a demasiado. Kellhus le estudiَ con el rabillo del ojo; observَ cَmo se inclinaba hacia atr‫ل‬s cuando el suelo se hund‫ي‬a hacia el riachuelo, con los hombros llenos de cicatrices inmَviles, las caderas meciéndose al paso del caballo. «‫؟‬Era esto lo que te propon‫ي‬as, Padre? ‫؟‬Es él un obst‫ل‬culo que has puesto en mi camino? ‫؟‬O es un accidente?» Kellhus decidiَ que probablemente lo segundo. Pese a las burdas tradiciones de su pueblo, el hombre era extraordinariamente inteligente. Los pensamientos de los hombres en verdad inteligentes casi nunca segu‫ي‬an los mismos caminos. Se bifurcaban, y los pensamientos de Cnaiur urs Skiotha se hab‫ي‬an ramificado hasta muy lejos, siguiendo a Moenghus hasta lugares en los que ningْn hombre nacido en el mundo hab‫ي‬a osado penetrar. «De alguna manera, vio a través de ti, Padre, y ahora ve a través de m‫ ؟‬.‫ي‬Cu‫ل‬l fue tu error? ‫؟‬Puede enmendarse?» Kellhus parpadeَ y, en ese instante, se abstrajo de las laderas, el cielo y el viento, y soٌَ cien sueٌos paralelos de acto y consecuencia, siguiendo los hilos de la probabilidad. Y entonces lo vio. Hasta ese momento hab‫ي‬a intentado sortear las sospechas del scylvendio, cuando lo que necesitaba era hacer que tales sospechas funcionaran para él. Mirَ una vez m‫ل‬s al llanero e inmediatamente vio la pena y la furia alimentando su incesante desconfianza; después captَ las palabras, tonos y expresiones que empujar‫ي‬an al hombre a un lugar del que no podr‫ي‬a escapar, donde sus sospechas le obligar‫ي‬an a

confiar en él. Kellhus vio el Camino M‫ل‬s Corto. El Logos. --Lo siento --dijo, dudando--. Lo que he dicho era inapropiado. El scylvendio soltَ una risotada. «Sabe que he mentido... Dios.» Cnaiur le mirَ directamente a la cara, con una encendida expresiَn de desaf‫ي‬o. --Dime, dunyaino, ‫؟‬cَmo se hace para gobernar los pensamientos del mismo modo que los dem‫ل‬s gobiernan un caballo? --‫؟‬Qué quieres decir? --respondiَ Kellhus secamente, como si estuviera decidiendo si ofenderse. Los cambios de tono del idioma scylvendio eran muchos, muy sutiles, y difer‫ي‬an en el caso de los hombres y las mujeres. Aunque el llanero no era consciente, le hab‫ي‬a denegado el acceso a importantes herramientas al restringirle el trato a sus esposas. --،Incluso ahora --ladrَ Cnaiur-- est‫ل‬s tratando de gobernar los movimientos de mi alma! El débil repiqueteo del corazَn. La densidad de la sangre en su piel curtida. «Todav‫ي‬a no est‫ ل‬seguro.» --Crees que eso es lo que te hizo mi padre. --Eso es lo que tu padre... --Cnaiur se detuvo, con los ojos dilatados de alarma--. ،Pero me dices eso para desviarme! ،Para evitar mi pregunta! Hasta entonces, Kellhus hab‫ي‬a previsto con éxito todas las bifurcaciones del pensamiento del scylvendio. Las respuestas de Cnaiur segu‫ي‬an un claro patrَn: se lanzaba por los caminos que Kellhus abr‫ي‬a para él y después retroced‫ي‬a. Kellhus sab‫ي‬a que mientras su conversaciَn siguiera aproximadamente ese patrَn, el scylvendio creer‫ي‬a que estaba seguro. Pero ‫؟‬cَmo hacerlo? Nada engaٌaba tan bien como la verdad. --No he conocido a ningْn hombre --dijo, al fin-- que se comprendiera a s‫ ي‬mismo mejor de lo que le he comprendido yo. La mirada estremecida de miedo se lo confirmَ. --‫؟‬Cَmo es eso posible? --Porque yo he sido educado. Porque he sido formado. Porque soy uno de los Aptos. Porque soy dunyaino. Sus caballos se dedicaron a retozar paralela y perpendicularmente al riachuelo. Cnaiur se inclinَ hacia un lado y escupiَ en el agua. --Otra respuesta que no es una respuesta --espetَ.

‫؟‬Pod‫ي‬a decirle la verdad? No, obviamente no. Kellhus empezَ con un semblante de duda. --Todos vosotros, tanto tus parientes como tus esposas, tus hijos e incluso tus enemigos al otro lado de las montaٌas, no podéis ver las verdaderas fuentes de vuestros pensamientos y actos. O bien asum‫ي‬s que no son el origen, o bien pens‫ل‬is que est‫ ل‬en algْn lugar m‫ل‬s all‫ ل‬del mundo, en el Exterior, como he o‫ي‬do que lo llamaban. Lo que te precede, lo que realmente determina tus pensamientos y actos, o bien es pasado por alto, o atribuido a demonios y dioses. Los ojos estrechos y los dientes apretados de los recuerdos no deseados. «Mi padre ya le ha contado esto...» --Lo que viene antes determina lo que viene después --prosiguiَ Kellhus--. Para los dunyainos no hay un principio m‫ل‬s importante. --‫؟‬Y qué viene antes? --preguntَ Cnaiur, tratando de forzar una risotada. --‫؟‬Para los hombres? Historia, idioma, pasiَn, costumbre. Todas esas cosas determinan lo que los hombres dicen, piensan y hacen‫ ة‬. stas son las ocultas cuerdas de marionetas de las que penden todos los hombres. Respiraciَn entrecortada. Un rostro cargado de pensamientos indeseados. --Y cuando las cuerdas se ven... --Pueden cogerse. Aisladamente, ese reconocimiento era inofensivo: en ciertos aspectos, todos los hombres deseaban dominar a sus semejantes. Sَlo cuando se sumaba a eso el conocimiento de sus habilidades pod‫ي‬a resultar amenazador. «Si supiera lo hondo que veo...» Cَmo les aterrorizar‫ي‬a, a los hombres nacidos en el mundo, verse con los ojos de un dunyaino; ver las vanas ilusiones y las estupideces, las deformidades. Kellhus no ve‫ي‬a caras; ve‫ي‬a cuarenta y cuatro mْsculos sobre el hueso y los miles de combinaciones expresivas que pod‫ي‬an realizar: una segunda boca tan estentَrea como la primera, y mucho m‫ل‬s veraz. No o‫ي‬a a los hombres hablar, o‫ي‬a el aullido del animal que llevaban dentro, el gimoteo del niٌo azotado, el coro de generaciones precedentes. No ve‫ي‬a hombres, ve‫ي‬a ejemplos y efectos, la ilusa descendencia de padres, tribus y civilizaciones. No ve‫ي‬a lo que ven‫ي‬a después. Ve‫ي‬a lo que ven‫ي‬a antes. Cabalgaron entre los ‫ل‬rboles que hab‫ي‬a en la otra orilla del

riachuelo, esquivando ramas cargadas del verdor del inicio de la primavera. --Locuras --dijo Cnaiur--. No te creo... Kellhus no dijo nada y dirigiَ su caballo por entre ‫ل‬rboles y ramas que les golpeaban. Conoc‫ي‬a los caminos de los pensamientos del scylvendio, las deducciones que sacar‫ي‬a... Si pudiera olvidar su furia. --Si todos los hombres ignoran los or‫ي‬genes de sus pensamientos... --dijo Cnaiur. Ansiosos por dejar atr‫ل‬s la maleza, los caballos galoparon losْ ltimos metros hacia el campo abierto e infinito. --Todos los hombres viven engaٌados. Kellhus le mirَ fijamente durante un instante crucial. --Actْan por razones que no son suyas. «‫؟‬Lo ver‫»?ل‬ --Como esclavos --empezَ Cnaiur, frunciendo el ceٌo de asombro. Entonces, recordَ a quién estaba mirando--. ،Pero dices eso solamente para exonerarte! ‫؟‬Qué importancia tiene esclavizar a esclavos, eh, dunyaino? --Mientras que lo que viene antes permanezca oculto, mientras que los hombres estén engaٌados, ‫؟‬qué m‫ل‬s da? --Porque es un engaٌo. Un engaٌo afeminado. ،Una afrenta contra el honor! --‫؟‬Nunca has engaٌado a tus enemigos en el campo de batalla‫? ؟‬ Nunca has esclavizado a otro? Cnaiur escupiَ. --Mis enemigos, mis rivales, esos que me har‫ي‬an lo mismo a m‫ ي‬si pudieran. Ese es el trato respetado por todos los guerreros, y es un trato honorable. Pero lo que tْ haces, dunyaino, convierte a todos los hombres en tus enemigos. ،Qué penetraciَn! --‫؟‬As‫ ي‬lo crees? ‫؟‬O hace de ellos mis hijos? ‫؟‬Qué padre no debe gobernar su yaksh? Al principio, Kellhus temiَ haber sido demasiado oblicuo. --‫؟‬De modo que eso es lo que somos para ti‫? ؟‬Niٌos-- ?dijo Cnaiur, después. --‫؟‬Acaso mi padre no te utilizَ como su instrumento? --،Responde mi pregunta! --‫؟‬Niٌos para nosotros? Por supuesto que lo sois. ‫؟‬De qué otra cosa podr‫ي‬a haberse aprovechado mi padre con tan poco esfuerzo? --،Mentira! ،Mentira!

--Entonces, ‫؟‬por qué me tienes miedo, scylvendio? --،Ya basta! --Eres débil, ‫؟‬verdad? Lloras f‫ل‬cilmente. Te estremec‫ي‬as cada vez que tu padre levantaba la mano... Dime, scylvendio, ‫؟‬cَmo crees que lo sé? --،Porque eso es propio de todos los niٌos! --Estimas a Anissi por encima de tus otras esposas no por su mayor belleza, sino porque sَlo ella es capaz de sobrellevar tu tormento y, a pesar de ello, seguir queriéndote. Porque sَlo ella... --،Te lo contَ ella! ،La muy zorra te lo contَ! --Tu ansia por la cَpula il‫ي‬cita, por... --،He dicho que ya basta! Durante miles de aٌos, los dunyainos hab‫ي‬an sido criados al l‫ي‬mite de sus sentidos, educados para presentar al desnudo lo que preced‫ي‬a. No hab‫ي‬a secretos en su presencia. Ni mentiras. ‫؟‬Cu‫ل‬ntas fragilidades espirituales ten‫ي‬a el scylvendio? ‫؟‬Cu‫ل‬ntos pecados de carne y corazَn hab‫ي‬a cometido? Todo indecible; todo amordazado por la furia y una incesante recriminaciَn, oculto incluso para s‫ ي‬mismo. Si Cnaiur urs Skiotha sospechaba de Kellhus, entonces Kellhus obrar‫ي‬a en consecuencia. Verdad. Verdad indecible. O bien el scylvendio preservaba su autoengaٌo abandonando sus sospechas, pensando que Kellhus era un simple charlat‫ل‬n al que era mejor no temer, o bien abrazaba la verdad y compart‫ي‬a lo indecible con el hijo de Moenghus. De ambos modos, la misiَn de Kellhus se ver‫ي‬a beneficiada. De ambos modos, la confianza de Cnaiur ser‫ي‬a, enْ ltima instancia, indudable, fuera la confianza propia del desdén o la confianza propia del amor. El scylvendio a punto estuvo de quedarse boquiabierto, con los ojos como platos a causa de un horror estupefacto. Kellhus leyَ su expresiَn; vio las inflexiones del rostro, el timbre y las palabras que le calmar‫ي‬an y le devolver‫ي‬an su adem‫ل‬n inescrutable, o bien acabar‫ي‬an con cualquier serenidad que le quedara. --‫؟‬Es as‫ ي‬con todos los guerreros de sangre caliente? ‫؟‬Todos ellos se estremecen ante la verdad? Pero algo se torciَ. Por alguna razَn, la palabra verdad no alcanzَ a golpear la violencia de la pasiَn de Cnaiur y se desvaneciَ en una calma adormilada, como un potrillo que se desangrara. --‫؟‬La verdad? Tْ sَlo necesitas hablar para convertirla en una mentira, dْnyaino. No hablas como los dem‫ل‬s hombres.

«Una vez m‫ل‬s sus conocimientos...» Pero no era demasiado tarde. --‫؟‬Y cَmo hablan los dem‫ل‬s hombres? --Las palabras que los hombres pronuncian no les pertenecen a ellos. No siguen el rastro de su nacimiento. «Muéstrale la locura. La ver‫ل‬.» --El suelo sobre el que los hombres hablan no tiene caminos, scylvendio..., como la estepa. Kellhus reconociَ su error al instante. La ira refulgiَ en los ojos del hombre, y no pod‫ي‬a haber ninguna duda de su causa. --،‫؟‬La estepa no tiene rastros, dunyaino?! --le gritَ. «‫؟‬Es el camino que tْ tomaste, padre?» No pod‫ي‬a haber ninguna duda. Moenghus hab‫ي‬a utilizado la estepa, la figura central de las creencias scylvendias, como su veh‫ي‬culo principal. Explotando la inconsistencia metafَrica entre la estepa sin caminos y los profundos caminos de las costumbres de los scylvendios, hab‫ي‬a logrado que Cnaiur cometiera determinados actos que de otro modo le hubieran resultado inimaginables. Para serle fiel a la estepa, se deb‫ي‬an repudiar las costumbres. Y en ausencia de prohibiciones consuetudinarias, cualquier acto, hasta el asesinato del propio padre, se volv‫ي‬a concebible. Una estratagema sencilla y eficaz. Pero al final, hab‫ي‬a resultado descifrada con una excesiva facilidad. Le hab‫ي‬a dado a Cnaiur una comprensiَn mucho mayor de los dunyainos. --،Otra vez el torbellino! --gritَ el hombre, inexplicablemente. «Est‫ ل‬loco.» --،Todo esto! --dijo despotricando--. ،Cada palabra es un azote! Kellhus sَlo vio en su cara asesinatos y tumultos. Una brillante venganza en sus ojos. «Al final de la estepa. Le necesito para cruzar las tierras scylvendias. Si no ha sucumbido cuando lleguemos a las montaٌas, le mataré.»

Esa noche recogieron hierba muerta y la trenzaron formando gruesos fajos. Después de hacer un pequeٌo montَn, Cnaiur les prendiَ fuego. Se sentaron cerca de la hoguera mientras ro‫ي‬an sus provisiones en silencio. --‫؟‬Por qué crees que Moenghus te llamَ? --le preguntَ Cnaiur, sorprendido por la extraٌeza de pronunciar ese nombre. «Moenghus...»

El dunyaino siguiَ masticando con la mirada perdida en los pliegues dorados del fuego. --No lo sé. --Debes saber algo. Te mandَ sueٌos. Refulgiendo a la luz del fuego, los implacables ojos azules buscaron los suyos. «Empieza el escrutinio», pensَ Cnaiur, pero entonces se dio cuenta de que el escrutinio hab‫ي‬a empezado mucho antes, con sus esposas en el yaksh, y que no hab‫ي‬a terminado. «El juicio es incesante.» --Los sueٌos no eran m‫ل‬s que im‫ل‬genes --dijo Kellhus--, im‫ل‬genes de Shimeh, y de un violento enfrentamiento entre pueblos. Sueٌos de historia..., exactamente los sueٌos que son un anatema para los dunyainos. «Este hombre hace eso constantemente», pensَ Cnaiur; constantemente poblaba sus respuestas con comentarios que exig‫ي‬an por s‫ ي‬mismos una réplica o una pregunta. ‫؟‬La historia es un anatema para los dunyainos? Pero ése era el objetivo del hombre: desviar el alma de Cnaiur de cuestiones mucho m‫ل‬s importantes. ،Qué enloquecedora sutileza! --Pero te llamَ --insistiَ Cnaiur--. ‫؟‬Y quién llama a otro sin dar razones? --«A menos que el llamado se sienta obligado a acudir.» --Mi padre me necesita. Eso es todo lo que sé. --‫؟‬Te necesita? ‫؟‬Para qué? --«‫ة‬sta. ‫ة‬sta es la pregunta.» --Mi padre est‫ ل‬en guerra, llanero. ‫؟‬Qué padre no llama a su hijo en tiempos de guerra? --Uno que cuente a su hijo entre sus enemigos. --«Aqu‫ ي‬hay algo m ‫ل‬s..., algo que estoy pasando por alto.» Mirَ al norsirai a través del fuego y supo, de alguna manera, que el hombre hab‫ي‬a visto esa revelaciَn en su interior. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a imponerse en una guerra como ésa? ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a vencer a alguien que pod‫ي‬a oler sus pensamientos por medio de las sutilezas de su expresiَ n? «Mi cara..., tengo que esconder mi cara«. --‫؟‬En guerra contra quién? --preguntَ Cnaiur. --No lo sé --respondiَ Kellhus, y casi pareciَ desesperado, como un hombre que lo ha apostado todo a la sombra de un desastre. «‫؟‬L‫ل‬stima? ‫؟‬Trata de ganarse la l‫ل‬stima de un scylvendio?» Por un instante, Cnaiur estuvo a punto de sonre‫ي‬r. «Quiz‫ ل‬lo he sobrevalorado...» Pero una vez m‫ل‬s, sus instintos le salvaron. Con su brillante cuchillo, Cnaiur cortَ otro pedazo de amicut, la barra de carne de buey seca, hierbas silvestres y bayas en que consist‫ي‬

a la mayor parte de sus provisiones. Se quedَ mirando imp‫ل‬vidamente al dunyaino mientras masticaba. «Quiere que crea que es débil.»

_____ 13 _____ Las montaٌas Hethanta «Hasta los duros de corazَn evitan el calor de los hombres desesperados, porque las hogueras de los débiles pueden partir la mayor parte de las piedras.» Proverbio conriyano «‫؟‬As‫ ي‬que quiénes fueron los héroes y los cobardes de la Guerra Santa? Hay suficientes c‫ل‬nticos que responden esa pregunta. No es necesario decir que la Guerra Santa aportَ m‫ل‬s pruebas violentas del viejo proverbio de Ajencis: "Pese a que los hombres son todos igualmente fr‫ل‬ giles ante el mundo, las diferencias entre ellos son terribles"». Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Primavera, aٌo del Colmillo 4111, estepa central de Jiunati Nunca antes hab‫ي‬a Cnaiur superado una prueba semejante. Viajaron hacia el sudeste, pasando casi siempre inadvertidos y sin sobresaltos. Antes de la cat‫ل‬strofe de Kiyuth, Cnaiur y sus parientes no hab‫ي‬an logrado viajar m‫ل‬s de un d‫ي‬a sin encontrarse con partidas de munuati, akkunihor u otras tribus scylvendias. Entonces, por lo general, pasaban tres o cuatro d‫ي‬as antes de que Kellhus y él fueran interceptados. Cruzaron diversas tierras tribales sin ningْn tipo de problema. Al principio, Cnaiur hab‫ي‬a temido la visiَn de jinetes galopando. Las costumbres proteg‫ي‬an a todo guerrero scylvendio en peregrinaje hacia el Imperio, y en los buenos tiempos, esos encuentros eran ocasiones perfectas para chismorrear, intercambiar informaciَn o saludos familiares, un buen momento para dejar el cuchillo de lado. Pero era infrecuente que un guerrero scylvendio fuera acompaٌado por un esclavo, y aquéllos no eran buenos tiempos. Cnaiur sab‫ي‬a que en una época desesperada los hombres nada racionaban tanto como la

tolerancia. Eran m‫ل‬s estrictos en su interpretaciَn de la costumbre y menos condescendientes con las cosas infrecuentes. Pero la mayor‫ي‬a de las bandas que encontraron consist‫ي‬an en niٌ os con cara de niٌa y brazos débiles. Si la visiَn de los brazos cubiertos de cicatrices de Cnaiur no les atemorizaba y mostraban una balbuciente deferencia, adoptaban posturas similares a las de los jَvenes: se enorgullec‫ي‬an al remedar las palabras y las maneras de sus padres, ya muertos. Asent‫ي‬an fingiendo sabidur‫ي‬a al o‫ي‬r las explicaciones de Cnaiur y miraban mal a los que hac‫ي‬an preguntas infantiles. Pocos hab ‫ي‬an visto el Imperio, de modo que para ellos segu‫ي‬a siendo un lugar m ‫ل‬gico. Todos, en algْn momento, le pidieron que vengara las muertes de sus parientes. Cnaiur no tardَ en desear esos encuentros. Eran una oportunidad de evadirse. La estepa se expand‫ي‬a ante Cnaiur y Kellhus sin apenas nada a lo que prestar atenciَn. Indiferentes a su propia desolaciَn, los prados se tornaron m‫ل‬s densos y verdes. Flores moradas no mayores que una uٌa de Cnaiur se inclinaban al viento, que peinaba la hierba y trazaba ondulaciones en la distancia. Con su odio convertido en aburrimiento, Cnaiur observaba cَmo las sombras de las nubes navegaban pesadamente hacia el horizonte. Y a pesar de que sab‫ي‬a que cabalgaban a través del corazَn de la estepa de Jiunati, le parec‫ي‬a estar haciéndolo por una tierra extraٌa. El noveno d‫ي‬a de su viaje, se despertaron y hallaron los cielos preٌ ados. Empezَ a llover. En la estepa, la lluvia parec‫ي‬a infinita. El gris impregnaba las distancias, hasta tal punto que les parec‫ي‬a que viajaban a través del vac‫ي‬o. El norteٌo se girَ hacia él con la mirada perdida en las cuencas bajo las cejas. Mechones de pelo negro se rizaban en su barba y encuadraban su estrecha cara. --H‫ل‬blame --dijo Kellhus-- de Shimeh. Insistiendo, siempre insistiendo. «Shimeh... ‫؟‬Moraba realmente all‫ ي‬Moenghus?» --Es sagrada para los inrithi --respondiَ Cnaiur, manteniendo la cabeza inclinada bajo la lluvia--, pero est‫ ل‬en manos de los fanim. --No se molestَ en alzar la voz por encima del terrible rugido: sab‫ي‬a que el hombre le oir‫ي‬a. --‫؟‬Cَmo sucediَ? Cnaiur sopesَ esas palabras con cuidado, como si las probara para comprobar que no estaban envenenadas. Hab‫ي‬a decidido racionar lo

que le dir‫ي‬a y no le dir‫ي‬a al dunyaino acerca de los Tres Mares. ‫؟‬Quién sab‫ي‬a qué armas pod‫ي‬a el hombre blandir gracias a eso? --Los fanim --respondiَ cautelosamente-- se han impuesto la misiَn de destruir el Colmillo en Sumna. Han guerreado durante muchos aٌos contra el Imperio. Shimeh no es sino una de entre muchas recompensas. --‫؟‬Conoces bien a los fanim? --Bastante bien. Hace ocho aٌos, lideré a los utemot contra ellos en Zirkirta, muy lejos al sur de aqu‫ي‬. El dunyaino asintiَ. --Tus esposas me dijeron que no fuisteis derrotados en el campo de batalla. «‫؟‬Anissi? ‫؟‬Le dijiste eso?» Pod‫ي‬a verla traicion‫ل‬ndole de muchas maneras, aun creyendo que estaba benefici‫ل‬ndole. Cnaiur apartَ su cara y observَ cَmo la hierba se cubr‫ي‬a de gris. ‫ة‬l sab‫ي‬a que esos comentarios eran solamente un intento de jugar con su vanidad. Ya no respond‫ي‬a a nada remotamente ‫ي‬ntimo. Kellhus regresَ a su sendero anterior. --Dec‫ي‬as que los fanim tratan de destruir el Colmillo. ‫؟‬Qué es el Colmillo? La pregunta sorprendiَ a Cnaiur. Hasta el m‫ل‬s ignorante de sus primos sab‫ي‬a qué era el Colmillo. Quiz‫ ل‬solamente trataba de comparar sus respuestas con las de otros. --La primera escritura de los hombres --le dijo a la lluvia--. Hubo una época, antes del nacimiento de Lokung, en la que hasta el Pueblo de la Guerra estaba unido al Colmillo. --‫؟‬Vuestro Dios naciَ? --S‫ ;ي‬hace mucho tiempo. Fue nuestro Dios quien sembrَ la devastaciَn en las tierras del norte y se las dio a los sranc. --Inclinَ la cabeza hacia atr‫ل‬s y hacia adelante, y por un instante, saboreَ el impacto del agua fr‫ي‬a en la frente y la cara. Sab‫ي‬a dulce en sus labios. Sent‫ي‬a cَmo el dunyaino le observaba, cَmo estudiaba su perfil. «‫؟‬Qué ves?» --‫؟‬Qué hay de los fanim? --preguntَ Kellhus. --‫؟‬Qué pasa con ellos? --‫؟‬Dificultar‫ل‬n nuestro paso por sus tierras? Cnaiur reprimiَ la necesidad de mirar al hombre. A propَsito o no, Kellhus hab‫ي‬a sacado a colaciَn una cuestiَn que le hab‫ي‬a tenido preocupado desde que hab‫ي‬a decidido emprender esa bْsqueda. Ese d ‫ي‬a-- parec‫ي‬a ya tan lejano--, escondiéndose entre los muertos en

Kiyuth, Cnaiur hab‫ي‬a o‫ي‬do a Ikurei Conphas hablar de una Guerra Santa inrithi. Pero ‫؟‬una Guerra Santa contra quién?: ‫؟‬contra las Escuelas o contra los fanim? Cnaiur hab‫ي‬a elegido su ruta con cuidado. Hab‫ي‬a decidido que cruzar‫ي‬an las montaٌas Hethanta en direcciَn al Imperio, a pesar de que un scylvendio solitario no pod‫ي‬a esperar vivir mucho entre los nansur. Habr‫ي‬a sido mejor evitar completamente el Imperio, viajar hacia el sur, en direcciَn al nacimiento del r‫ي‬o Sempis, que podr‫ي‬an haber seguido después directamente hacia Shigek. Se rumoreaba que los fanim eran sorprendentemente tolerantes con los peregrinos. Pero si los inrithi estaban en verdad preparando una Guerra Santa contra Kian, esa ruta habr‫ي‬a sido desastrosa, especialmente para Kellhus, con su cabello rubio y su piel p‫ل‬lida... No. Necesitaba, por alguna razَn, descubrir algo m‫ل‬s de esa Guerra Santa antes de penetrar en el sur profundo, y cuanto m‫ل‬s se acercaran al Imperio, mayores probabilidades tendr‫ي‬a de dar con ese conocimiento. Si los inrithi no hab‫ي‬an declarado una Guerra Santa contra los fanim, podr‫ي‬an bordear las fronteras del Imperio y llegar a tierras fanim indemnes. Si hab‫ي‬an emprendido la Guerra Santa, en todo caso, probablemente se ver‫ي‬an obligados a cruzar el Nansurium, una perspectiva que ten‫ي‬a a Cnaiur atemorizado. --Los fanim son un pueblo belicoso --respondiَ finalmente Cnaiur, que utilizaba la lluvia como débil excusa para no mirar al hombre--. Pero me han dicho que son tolerantes con los peregrinos. No se molestَ en mirar o hablar a Kellhus durante un rato, aunque algo en su interior se mantuvo encogido durante todo ese tiempo. Cuanto m‫ل‬s evitaba mirar a ese hombre, m‫ل‬s temible le parec‫ي‬a volverse. Le resultaba m‫ل‬s divino. «‫؟‬Qué ves?» Cnaiur se apretَ los ojos con los dedos para hacer que desaparecieran las im‫ل‬genes de Bannut. La lluvia durَ un d‫ي‬a m‫ل‬s antes de convertirse en una llovizna que velaba las lejanas laderas con capas de niebla. Otro d‫ي‬a pasَ antes de que se secara su lana y su cuero. No mucho después, Cnaiur se obsesionَ con la idea de matar al dunyaino mientras durmiera. Hab‫ي‬an estado hablando de hechicer‫ي‬a, con mucho el tema m‫ل‬s frecuente de sus escasas conversaciones. El dunyaino se refer‫ي‬a a ella constantemente, incluso le hablaba a Cnaiur de una derrota que hab‫ي‬a sufrido a manos de un guerrero-mago nohombre en el lejano norte. Al principio Cnaiur hab‫ي‬a dado por hecho

que esa preocupaciَn era debida a algْn miedo del dunyaino, como si la hechicer‫ي‬a fuera laْ nica cosa que su dogma no era capaz de digerir. Pero entonces se le ocurriَ que Kellhus sab‫ي‬a que él consideraba inofensivo hablar de hechicer‫ي‬a y que por eso la utilizaba, para romper el silencio con la esperanza de conducirle hacia temas m‫ل‬sْ tiles. Hasta la historia del nohombre, advirtiَ Cnaiur, era probablemente otra mentira, una falsa confesiَn pronunciada con el objetivo de implicarle en un intercambio de confesiones. Después de descubrir esteْ ltimo ardid, pensَ incomprensiblemente: «Cuando se duerma... Esta noche le mataré cuando se duerma». Y siguiَ pensando eso a pesar de que sab‫ي‬a que no pod‫ي‬a matarle. Sَlo sab‫ي‬a que Moenghus hab‫ي‬a llamado a Kellhus a Shimeh. Era improbable que le encontrara jam‫ل‬s sin Kellhus. Sin embargo, la noche siguiente se deslizَ de sus mantas y se arrastrَ sobre los fr‫ي‬os pastos con su sable. Se detuvo junto a las ascuas del fuego mirando las formas inertes del hombre. Respiraciَn regular. El rostro resultaba tan tranquilo de noche como imp‫ل‬vido de d‫ي‬ a. ‫؟‬Estaba despierto? «‫؟‬Qué clase de hombre eres tْ?» Como un niٌo aburrido, Cnaiur peinَ las puntas de las hojas de hierba circundantes con el filo de la espada, observando cَmo se doblaban y después cَmo se enderezaban bajo la luz de la luna. En la mente se le aparecieron distintas posibilidades: su golpe detenido por las palmas desnudas de Kellhus; su golpe detenido por la traiciَn de su propia mano; los ojos de Kellhus abriéndose y una voz procedente de ninguna parte diciendo: «Te conozco, scylvendio..., m‫ل‬s que cualquier amante, cualquier Dios». Se puso de cuclillas y se colocَ sobre el hombre durante lo que pareciَ un largo rato. Después, presa de un ataque de duda y furia, regresَ arrastr‫ل‬ndose a sus mantas. Temblَ durante un buen rato, como si fuera de fr‫ي‬o. Durante las dos semanas siguientes, las grandes mesetas del interior de Jiunati se fueron transformando gradualmente en una sucesi َn de abruptas pendientes. El suelo se tornَ arcilloso, y la hierba creciَ hasta rozar los flancos de los caballos. Las abejas hac‫ي‬an garabatos a poca distancia, y grandes nubes de mosquitos les asaltaban cuando cruzaban las aguas estancadas. Cada d‫ي‬a, sin embargo, la estaciَn parec‫ي‬a batirse en retirada. El suelo se volviَ m‫ل‬s pedregoso, la hierba m‫ل‬s baja y p‫ل‬lida, y los insectos m‫ل‬s let‫ل‬rgicos. --Estamos ascendiendo --seٌalَ Kellhus.

Pese a que el terreno hab‫ي‬a alertado a Cnaiur de su acercamiento, Kellhus fue el primero en advertir las montaٌas Hethanta en el horizonte. Como siempre le suced‫ي‬a al contemplar las montaٌas, Cnaiur percibi e َl Imperio al otro lado, un laberinto de lujosos jardines, vastos campos y ciudades antiguas, vetustas. En el pasado, el Nansurium hab‫ي‬a sido el destino de los peregrinajes estacionales de su tribu, un lugar de hombres que gritaban, casas de campo en llamas y mujeres temblorosas; un lugar de castigo y culto. Pero Cnaiur pensَ que en esa ocasiَn el Imperio ser‫ي‬a un obst‫ل‬culo, quiz‫ ل‬un obst‫ل‬culo insalvable. No se hab‫ي‬an encontrado con nadie que supiera de la Guerra Santa, y parec‫ي‬a que iban a estar obligados a cruzar las Hethanta y entrar en el Imperio. Cuando vislumbrَ el primer yaksh en la distancia, se sintiَ mucho m‫ل‬ s alentado de lo que un hombre deb‫ي‬a sentirse. Por lo que él sab‫ي‬a, cabalgaban por tierras de Akkunihor. Si alguien sab‫ي‬a si el Imperio estaba librando una Guerra Santa contra Kian, ser‫ي‬an los akkunihor, que eran el tamiz por el que pasaban muchos peregrinajes. Sin mediar palabra, tirَ de su caballo hacia el campamento. Kellhus fue el primero en ver que algo suced‫ي‬a. --Este campamento --dijo en tono apagado-- est‫ ل‬muerto. «El dunyaino tiene razَn», pensَ Cnaiur. Vio varias docenas de yaksh, pero a ningْn hombre ni ninguna cabeza de ganado, lo que era m ‫ل‬s revelador. Los pastos por los que cabalgaban no hab‫ي‬an sido pacidos. Y el campamento ten‫ي‬a el aspecto vac‫ي‬o y seco de las cosas abandonadas. Su euforia se tornَ en disgusto. Ningْn hombre normal. Ninguna charla normal. Ninguna escapatoria. --‫؟‬Qué ha pasado? --preguntَ Kellhus. Cnaiur escupiَ sobre la hierba. Sab‫ي‬a lo que hab‫ي‬a sucedido. Después del desastre de Kiyuth, los nansur hab‫ي‬an asaltado esas tierras. Algْn destacamento hab‫ي‬a topado con ese campamento y hab‫ي‬ a asesinado o esclavizado a todo el mundo. Akkunihor. Xunnurit era akkunihor. Quiz ‫ل‬toda su tribu hab‫ي‬a sido eliminada. --Ikurei Conphas --dijo Cnaiur, levemente impresionado por lo poco importante que ese nombre hab‫ي‬a llegado a ser para él--. Esto lo ha hecho el sobrino del Emperador. --‫؟‬Cَmo lo sabes? --preguntَ Kellhus--. Quiz‫ ل‬los habitantes ya no necesitaban este lugar. Cnaiur se encogiَ de hombros, sabedor de que no era as‫ي‬. Aunque algunos lugares de la estepa pod‫ي‬an ser abandonados, las cosas no

pod‫ي‬an serlo, al menos no por parte del Pueblo de la Guerra. Todo era necesario. Entonces, con una certeza imposible, se dio cuenta de que Kellhus le matar‫ي‬a. Las montaٌas estaban a escasa distancia y la estepa se extend‫ي‬a tras ellos. Tras ellos. El hijo de Moenghus ya no le necesitaba. «Me matar‫ ل‬mientras duerma.» No, tal cosa era imposible. No, después de viajar durante tanto tiempo, ،de superar tantas cosas! Deber‫ي‬a utilizar al hijo para encontrar al padre. ،Era laْ nica forma! --Debemos cruzar las Hethanta --declarَ, simulando inspeccionar el yaksh desolado. --Tienen un aspecto imponente --respondiَ Kellhus. --S‫ي‬..., pero yo conozco el camino m‫ل‬s corto.

Esa noche acamparon entre los yaksh abandonados. Cnaiur rechazَ todo intento de Kellhus de entablar conversaciَn y se limitَ a escuchar el aullido de los lobos de las montaٌas y a sacudir la cabeza cada vez que se o‫ي‬a un crujido procedente de los yaksh que les rodeaban. Hab‫ي‬a llegado a un trato con el dunyaino: libertad y pasaje seguro a través de la estepa a cambio de la vida de su padre. Entonces, con la estepa ya casi a su espalda, parec‫ي‬a haber sabido siempre que el trato era una farsa. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a no haberse dado cuenta? ‫؟‬No era Kellhus el hijo de Moenghus? ‫؟‬Y por qué hab‫ي‬a decidido cruzar las montaٌas? ‫؟‬Era realmente para descubrir si el Imperio se hab‫ي‬a embarcado en una Guerra Santa, o para prolongar la mentira que hab‫ي‬a estado persiguiendo? Utiliza al hijo. Utiliza al dunyaino... ،Qué idiota! Aquella noche no durmiَ. Tampoco lo hicieron los lobos. Antes del amanecer, se deslizَ de la total oscuridad del yaksh y se acurrucَ entre semillas. Encontrَ el cr‫ل‬neo de un niٌo y llorَ; gritَ a los ribetes, a la madera, a las superficies ocultas; dio puٌetazos a la traicionera tierra que ten‫ي‬a bajo los pies. Los lobos se rieron y aullaron nombres despreciables, nombres odiosos. Después, llevَ sus labios al suelo y respirَ. Le percibiَ escuchando en

alguna parte, all‫ ي‬fuera. Le percibiَ sabiendo. ‫؟‬Qué ve‫ي‬a? No importaba. El fuego ard‫ي‬a. Y ten‫ي‬a que ser alimentado. Uno miente si resulta necesario. Para que el fuego ardiera con la verdad. Sَlo el fuego. Tan fr‫ي‬o contra los ojos hinchados. La estepa. La estepa sin caminos.

Partieron del campamento desierto al amanecer. Sus caballos trotaron a través de los pastos, pespunteados aqu‫ ي‬y all‫ ل‬por trozos de piel y huesos podridos. Ninguno de los dos hablَ. Las Hethanta se alzaban hacia el cielo de levante. Las laderas se volv‫ي‬an m‫ل‬s empinadas y siguieron las tortuosas l‫ي‬neas del risco para conservar sus caballos. A mediod‫ي‬a, ya se hab‫ي‬an adentrado en las estribaciones. Como siempre, Cnaiur encontrَ el cambio de terreno inquietante, como si los aٌos hubieran tatuado los horizontes lineales y los grandes cielos abovedados en su corazَn. En las colinas, se pod‫ي‬a esconder cualquier cosa o cualquier hombre; en las colinas, uno ten‫ي‬a que encontrar cimas para ver. «Territorio dunyaino», pensَ. Como si trataran de confirmar esos pensamientos, las cumbres de la siguiente cresta revelaron alrededor de una veintena de jinetes en la distancia; descend‫ي‬an por el mismo sendero que ellos recorr‫ي‬an de camino a las alturas. --M‫ل‬s scylvendios --seٌalَ Kellhus. --S‫ي‬. Regresan de una peregrinaciَn. --‫؟‬Sabr‫ي‬an algo de la Guerra Santa? --‫؟‬Qué tribu? --preguntَ Kellhus. La cuestiَn despertَ las sospechas de Cnaiur. Era demasiado... scylvendia para un extranjero. --Ya veremos. Quienquiera que fueran los jinetes, estaban tan preocupados como él por la repentina apariciَn de extraٌos. Unos cuantos se pusieron a galopar hacia ellos, mientras el resto descabalgaba lo que parec‫ي‬a ser un grupo de cautivos. Los estudiَ mientras se aproximaban en busca de las reveladoras seٌales que identificaran su tribu. Se dio cuenta en seguida de que eran hombres y no niٌos, pero ninguno de ellos llevaba casco de guerra kianene, lo cual significaba que eran demasiado jَvenes

para haber combatido contra los fanim en Zirkirta. Entonces, vio la pintura blanca veteando su cabello. Eran munuati. Im‫ل‬genes de Kiyuth le asaltaron: miles de munuati corriendo a través de llanuras humeantes entre los fuegos hechiceros del Saik Imperial. Aquellos hombres hab‫ي‬an logrado sobrevivir de algْn modo. Cnaiur sَlo tuvo que vislumbrar a su l‫ي‬der para saber que no le iba a gustar. Incluso a distancia, proyectaba una impaciente arrogancia. Obviamente, el dunyaino vio eso mismo y m‫ل‬s. --El que va delante --dijo-- ve una oportunidad para probarse a s‫ي‬ mismo. --Lo sé. No digas nada. Los desconocidos tiraron de sus riendas y se detuvieron armando un gran esc‫ل‬ndalo ante ellos. Cnaiur advirtiَ las swazond recién hechas en sus brazos. --Soy Panteruth urs Mutkius, de los munuati --declarَ el l‫ي‬der--. ‫؟‬ Quiénes sois vosotros? --Sus seis parientes se apelotonaron tras él, observando con un aire de poco disimulado bandidaje. --Cnaiur urs Skiotha... --‫؟‬De los utemot? --Panteruth los escudriٌَ, mirando con recelo los swazond que cubr‫ي‬an los brazos de Cnaiur; luego, observَ a Kellhus. Escupiَ a la manera scylvendia--. ‫؟‬Quién es éste? ‫؟‬Tu esclavo? --Es mi esclavo, s‫ي‬. --‫؟‬Le permites llevar armas? --Naciَ en mi tribu. Me pareciَ prudente. La estepa se ha convertido en un lugar desesperado. --Ciertamente --espetَ Panteruth--. ‫؟‬Qué dices, esclavo? ‫؟‬Naciste entre los utemot? Esa presunciَn sorprendiَ a Cnaiur. --‫؟‬Dudas de mi palabra? --La estepa se ha convertido en un lugar desesperado, como dec‫ي‬ as, utemot. Yْ ltimamente se ha hablado de esp‫ي‬as... Cnaiur soltَ una risotada. --‫؟‬Esp‫ي‬as? --‫؟‬Cَmo si no podr‫ي‬an habernos vencido los nansur? --Gracias a su ingenio. Por la fuerza de sus armas. Mediante la astucia. Yo estaba en Kiyuth, mocoso. Lo que sucediَ no tuvo nada que ver con... --،También yo estuve en Kiyuth! ،Lo que yo vi sَlo puede explicarse por la traiciَn! Su tono no dejaba lugar a dudas: la ofensa deliberada de quien

desea verter sangre. Cnaiur empezَ a sentir un cosquilleo en las extremidades. Mirَ a Kellhus, sabedor de que el dunyaino ver‫ي‬a en su expresiَn todo lo que necesitaba saber. Después, se volviَ hacia los munuati. --‫؟‬Sabéis quién soy? --dijo, no sَlo a Panteruth sino también a sus hombres. Eso pareciَ desconcertar al joven guerrero. Pero se recuperَ r‫ل‬ pidamente. --Hemos o‫ي‬do las historias. No hay un solo hombre en la estepa que no se haya re‫ي‬do del nombre de Cnaiur urs Skiotha. Cnaiur le dio un fuerte puٌetazo en el lado de la cabeza. Un instante de locura; después, una violencia caَtica. Cnaiur espoleَ hacia Panteruth, le golpeَ por segunda vez con el puٌ o y lo derribَ de su montura. Entonces, tirَ del caballo hacia la derecha y alel‫ل‬ndose de los desconcertados compatriotas del hombre, desenvainَ el sable. Cuando los dem‫ل‬s espolearon hacia él, se lanzَ hacia ellos y acabَ con dos antes de que hubieran desenvainado las espadas. Se agachَ para esquivar el barrido del tercero, y luego dio una estocada, le clavَ la espada en el esternَn y le partiَ en dos el corazَn. Se dio la vuelta en busca del dunyaino. Kellhus estaba a escasa distancia de él. Un caballo piafaba con tres cuerpos inertes a sus pies. Por un instante, se miraron a los ojos. --Vienen los dem‫ل‬s --dijo Kellhus. Cnaiur se girَ. Vio cَmo el resto de la banda de Panteruth se abr‫ي‬a en abanico ladera abajo, cabalgando r‫ل‬pidamente hacia ellos. Gritos munuati cruzaban el aire. Cnaiur envain َla espada y cogi e َ l arco; después, desmont .َ Resguard‫ل‬ndose tras la mole de su caballo, se hizo con una de sus flechas, tir d َ e la cuerda de tripa y derrib a َ uno de los jinetes con una flecha en el ojo. Con otra flecha, un segundo jinete se dobl sَ obre su montura, agarr‫ل‬ndose un brazo ensangrentado. Flechas que sonaban como cuchillos cortando lino sisearon a su alrededor. De repente, su caballo grit ,se َ ech a َ cabalgar y pate ;Cnaiur َ cay h َ acia atr‫ل‬s y tropez َ con los ca‫ي‬dos. Después, entre las piernas de su caballo remolَn, vislumbrَ al dunyaino. M‫ل‬s all‫ ل‬de Kellhus, los jinetes que se aproximaban se hab‫ي‬an abierto como una mano: ocho de ellos, a modo de palma, trataban de derribar desde muy cerca al dunyaino, mientras que los otros cinco, que hac‫ي‬an de dedos, galopaban alrededor de su flanco y disparaban flechas a poca distancia. Las saetas titilaban sobre la hierba. Las que

erraban el blanco ca‫ي‬an pesadamente sobre el suelo; las otras, simplemente, eran desviadas de su trayectoria... por el dunyaino. Kellhus se puso en cuclillas, cogiَ una pequeٌa hacha de la silla de un caballo muerto y la lanzَ trazando un ‫ل‬ngulo perfecto sobre la pendiente. Como si estuviera dirigida por una cuerda, se clavَ en la cara del jinete m‫ل‬s cercano. Su cad‫ل‬ver cayَ rodando como un pesado fardo de cuerda entre las patas del caballo del siguiente arquero. El caballo de éste se tropezَ, pateَ el suelo y cayَ agit‫ل‬ndose. Hab‫ي‬an cortado los dedos, pero la palma segu‫ي‬a descendiendo con gran estruendo por la ladera. Por un instante, el dunyaino permaneciَ inmَvil, con la espada curva hacia adelante, mientras los caballos, acerc‫ل‬ndose, aporreaban el suelo con sus cascos... «Est‫ ل‬muerto», pensَ Cnaiur, que se puso en pie. Los caballeros estaban pr‫ل‬cticamente sobre él. El dunyaino desapareciَ, tragado por los huecos sombr‫ي‬os que hab ‫ي‬a entre los jinetes. Cnaiur vislumbrَ destellos de metal. Los tres caballos que galopaban justo enfrente de Cnaiur tropezaron, patearon al aire y cayeron al suelo. Cnaiur se deslizَ; vislumbrَ torsos estallando y hombres aplastados. Un casco que se agitaba le golpeَ el muslo y cayَ de cabeza contra el suelo. Hizo una mueca y se cogiَ la pierna herida mientras trataba de ponerse en pie con la otra. Un golpe. Una flecha se clavَ en el suelo junto a él. Otro zumbido. Otra. Los otros jinetes munuati pasaron junto a él a toda velocidad, virando para esquivar a sus parientes ca‫ي‬dos. Se estaban preparando en el otro lado de la ladera para un nuevo asalto. Maldiciendo, Cnaiur se puso en pie trabajosamente --otra flecha--, cogiَ un escudo redondo del suelo y se echَ a correr hacia el arquero munuati. Mientras corr‫ي‬a, desenvainَ el sable. Un golpe brusco. La punta met‫ل‬lica de una flecha se clavَ en el cuero laminado del escudo. Una segunda le alcanzَ en la cadera y rebotَ en los discos de hierro de su faja. Cnaiur se lanzَ hacia la derecha y se valiَ del primer arquero para cubrirse del segundo. ‫؟‬Dَnde estaba el tercero? Oyَ los feroces gritos de los jinetes munuati a su espalda. Ten‫ي‬a saliva densa y amarga en la boca. Las piernas le lat‫ي‬an. El arquero se acercaba mientras hac‫ي‬a girar el caballo para atacarle de frente. Colocَ otra flecha en el arco, pero se dio cuenta de la inutilidad, y estirَ frenéticamente el brazo por encima de su hombro para coger el sable... Cnaiur se arrastrَ, gritando como un salvaje, y clavَ la espada en la mancha peluda de la axila del hombre. Cogiéndolo por el pelo enmara

ٌ do, Cnaiur le hizo caer de la silla. El otro arquero montado corriَ hacia él a con la espada envainada. Cnaiur meti َun pie en el estribo, se impuls yَ salt sَ obre la silla. Cogi a َ l vuelo al estupefacto jinete y se lo llev a َ l suelo con él. Pese a estar sin aliento, el hombre forceje yَ trat d َ e coger el cuchillo. Cnaiur le dio un cabezazo y sinti cَ َmo el cuero cabelludo se abr‫ي‬a a la altura del borde del casco del hombre. Hab‫ي‬a perdido el suyo. Le dio otro cabezazo y percibiَ cَmo la nariz se romp‫ي‬a bajo su frente. El munuati consiguiَ sacar el cuchillo, y Cnaiur lo cogiَ por la muٌeca. Respiraba trabajosamente, con la mirada imperturbable y los dientes apretados. Chirrido de pieles y armaduras. --Yo soy mas fuerte --gritَ Cnaiur, d‫ل‬ndole un nuevo cabezazo. El hombre no ten‫ي‬a miedo en los ojos; sَlo un odio terco. --،M‫ل‬s fuerte! Apret َel tembloroso brazo contra el suelo y retorci lَa muٌeca, hasta que el cuchillo se desliz e َ ntre sus dedos entumecidos. Le dio un nuevo cabezazo. Levant u َ na pierna. Un golpe seco. El tercer arquero. El muniati que hab‫ي‬a tras él gorjeَ y soltَ todas sus fuerzas. Una flecha lo hab‫ي‬a clavado al suelo por la garganta. Cnaiur oyَ unos cascos al galope y vislumbrَ una sombra inmensa. Se encogiَ y le llegَ el sonido del barrido de un sable. Se acurrucَ. Vio que el munuati se deten‫ي‬a y que, al hacerlo, arrancaba grandes pedazos de suelo; después, espoleَ para volver hacia donde él estaba. Con la sangre ceg‫ل‬ndole los ojos, Cnaiur buscَ en el suelo. ‫؟‬Dَnde estaba su espada? Sin pensar, Cnaiur agarrَ las riendas. Con todas sus fuerzas, tirَ de ellas para desequilibrar al caballo, que cayَ berreando al suelo. El estupefacto munu‫ل‬ti se alejَ rodando. Cnaiur golpeَ la hierba metَ dicamente y, al final, encontrَ la espada en un matojo. La cogiَ y detuvo el primer golpe del munuati con un resonante taٌido. La espada del hombre trazَ arcos brillantes en el cielo. El ataque era furioso, pero al cabo de un instante, Cnaiur le devolviَ el golpe y le hizo perder el equilibrio con una ferocidad extrema. El hombre trastabill َ. Y ése fue el fin. El munuati mirَ a Cnaiur con una expresiَn estْpida y se inclinَ para recoger su arma. Y también perdiَ la cabeza. «Soy m‫ل‬s fuerte.» Con el pecho palpitante, Cnaiur escrutَ el pequeٌo campo de batalla,

afligido por el temor de que Kellhus estuviera muerto. Pero encontrَ al dunyaino en seguida: estaba solo entre un puٌado de muertos, con la espada en la misma posiciَn, esperando la embestida de un solitario lancero munuati. Inclin‫ل‬ndose hacia adelante con su lanza, el jinete aullَ, dando voz a la furia de la estepa a través del golpeteo de los cascos de su caballo. «Lo sabe --pensَ Cnaiur--. Sabe que va a morir.» Bajo su mirada, el dunyaino cogiَ la punta de hierro de la lanza del hombre con su espada y la empujَ hacia el suelo. La lanza se clavَ, y el hombre fue arrojado hacia atr‫ل‬s en mitad de su canto. El dunyaino saltَ, levantَ el pie enfundado en una sandalia por encima de la cabeza del caballo y le pegَ una patada al jinete en plena cara. El hombre cayَ y se tambaleَ sobre la hierba, donde la espada del dunyaino puso fin a sus espasmos. «‫؟‬Qué clase de hombre...?» Anasurimbor Kellhus se detuvo sobre el cad‫ل‬ver, como si estuviera memoriz‫ل‬ndolo. Después, se girَ hacia Cnaiur. Bajo su pelo agitado por el viento, vetas de sangre le recorr‫ي‬an la cara, de tal modo que por un momento pareciَ tener algo semejante a una expresiَn. Tras él, las negras escarpaduras de las Hethanta se ergu‫ي‬an hacia el cielo.

Dando zancadas por entre los ca‫ي‬dos, Cnaiur fue silenciando a los heridos. Finalmente, llegَ a Panteruth, que se arrastraba hacia la cresta. Mand َla desesperada espada del hombre silbando sobre la hierba y después clav lَa suya en el suelo. Lo pate sَ alvajemente, y luego tir d َ e él para ponerlo a sus pies como si fuera un muٌeco. Le escupi e َ n la cara partida y le mir a َ los ojos empaٌados y ensangrentados. lo f‫ل‬cilmente que el Pueblo de la --‫؟‬Lo ves, munuati? --grit‫ ؟‬.--Ves َ Guerra es destrozado? ،Esp‫ي‬as-- !Escupi، .--Una َ excusa de mujer! Con la mano abierta, le dio una bofetada que lo mandَ al suelo. Le volviَ a dar una patada movido por la oscura furia que ensordec‫ي‬a su corazَn. Le golpeَ hasta que el hombre gritَ y lloriqueَ. --‫؟‬Qué? ‫؟‬Lloras? --gritَ Cnaiur--. ،Tْ, que me llamaste traidor a mi tierra! --Lanzَ con fuerza su mano contra la garganta del hombre--. ،Ahَ gate! --grit، .--َAhَgate! El hombre gorjeَ y soltَ susْ ltimas fuerzas. El suelo retumbَ con la furia de Cnaiur. El cielo parpadeَ.

Lanzَ al hombre quebrado al suelo. Una muerte vergonzosa. Una muerte adecuada. Panteruth urs Mutkius no volver‫ي‬a a la tierra.

Desde la distancia, Kellhus observَ cَmo Cnaiur envainaba la espada. El llanero se dirigiَ hacia él, caminando con un extraٌo cuidado entre los cad‫ل‬veres. Ten‫ي‬a los ojos salvajes, brillantes bajo un cielo nublado. «Est‫ ل‬loco.» --Hay m‫ل‬s --dijo Kellhus--. Encadenados en el camino, m‫ل‬s abajo. Mujeres. --Nuestra recompensa --dijo Cnaiur, evitando el escrutinio del monje. Pasَ junto a Kellhus de camino a los llantos. De pie, con las muٌecas encadenadas, Serwe gritaba mientras la figura se le acercaba. --،Por favoor! Las otras chillaron cuando se dieron cuenta de que era un scylvendio el que caminaba hacia ellos, un scylvendio distinto: m‫ل‬s brutal, incluso oscuro visto a través de sus ojos llenos de l‫ل‬grimas. Se apiٌaron tras Serwe a tanta distancia como las cadenas les permitieron. --،Por favoor! --gritَ Serwe de nuevo mientras la inmensa figura se acercaba, empapada en la sangre de sus parientes--. ،Tienes que salvarnos! Pero entonces vislumbrَ los ojos sin piedad del hombre. El scylvendio le dio una bofetada que la mandَ al suelo.

--‫؟‬Qué har‫ل‬s con ella? --le preguntَ Kellhus, mirando a la mujer acurrucada desde el otro lado del fuego. --Me la quedaré --dijo Cnaiur, arrancando otro bocado de carne de caballo de la costilla que ten‫ي‬a en las manos--. Hemos hecho un trabajo muy sangriento --prosiguiَ, masticando--. Ahora ella es mi recompensa. De repente, el llanero se puso en pie y lanzَ la reluciente costilla al fuego; después, se arrodillَ junto a la mujer. --Es tan bonita --dijo casi distra‫ي‬damente. La mujer se estremeciَ al tacto de la mano tendida. Sus cadenas repiquetearon. ‫ة‬l la cogiَ y, al hacerlo, le manchَ de grasa la mejilla.

«Le recuerda a alguien. A una de sus esposas... Anissi, laْ nica a la que se atreve a amar.» Kellhus observَ cَmo el scylvendio la tomaba de nuevo. Con el llanto de ella, con sus gritos, parec‫ي‬a que la tierra estuviera girando lentamente, como si las estrellas hubieran detenido su ciclo y fuera la tierra la que hubiera empezado a girar. Hab‫ي‬a algo all‫ي‬..., algo; pod‫ي‬a percibirlo. Hab‫ي‬a algo ultrajado. ‫؟‬De qué oscuridad proced‫ي‬a aquello? «Algo me est‫ ل‬pasando, Padre.» Después, el scylvendio la puso de rodillas ante él. Rodeَ su hermoso rostro con la palma de la mano y lo volviَ hacia el fuego. Pas َ sus gruesos dedos por el cabello dorado. Le murmur a َ lgo en un idioma incomprensible. Kellhus observ cَ َmo los ojos hinchados se alzaban hacia el scylvendio, aterrorizados por haber comprendido‫ ة‬.l grit a َ lgo m‫ل‬ s, y ella hizo un gesto de dolor bajo la mano que la sosten‫ي‬a. --Kufa... Kufa... --dijo ella entre jadeos. Y se puso a llorar de nuevo. M‫ل‬s preguntas severas, a las que ella respondiَ con la timidez de los apaleados; levantَ la mirada un instante hacia aquella cruel cara y la bajَ en seguida. Kellhus mirَ su alma a través de su expresiَn. «Ha sufrido mucho», pensَ, tanto que hac‫ي‬a tiempo que hab‫ي‬a aprendido a ocultar el odio y la resoluciَn bajo la m‫ل‬scara de un abyecto temor. Su mirada se encontrَ un instante con la de él, y después la retirَ hacia la oscuridad que la rodeaba. «Quiere estar segura de que sَlo somos dos.» El scylvendio le sujetَ la cabeza con las dos manos cubiertas de cicatrices. M‫ل‬s palabras incomprensibles en una voz gutural preٌada de amenazas. La soltَ, y ella asintiَ. Sus ojos azules brillaron en el refulgente fuego. El scylvendio sacَ un pequeٌo puٌal de su polaina y empezَ a forcejear con el blando hierro de las esposas. Al cabo de un rato, las cadenas cayeron repiqueteando al suelo. Ella se frotَ las muٌecas magulladas y volviَ a mirar a Kellhus. «‫؟‬Tiene la valent‫ي‬a?» El scylvendio la dejَ y regresَ a su lugar ante el fuego, junto a Kellhus. Hac‫ي‬a algْn tiempo que hab‫ي‬a dejado de sentarse frente a él; Kellhus sab‫ي‬a que era para impedirle que le leyera el rostro. --‫؟‬As‫ ي‬que la has liberado? --preguntَ Kellhus, sabiendo que no era as‫ي‬. --No. Ahora lleva unas cadenas distintas. --Al cabo de un momento, aٌadiَ:-- Las mujeres son f‫ل‬ciles de doblegar. «No se lo cree.»

--‫؟‬En qué idioma hablabais? --Una pregunta verdadera. --Sheyico. El idioma del Imperio. Ella era una concubina nansur, hasta que los munuati la cogieron. --‫؟‬Qué le has preguntado? El scylvendio le mirَ con severidad. Kellhus observَ el pequeٌo drama que hab‫ي‬a en su expresiَn: una borrasca de significados. Recordaba al odio, pero también a una previa resoluciَn. Cnaiur hab‫ي‬a decidido de antemano cَmo manejar ese momento. --Le he preguntado por el Nansurium --dijo finalmente--. Hay un gran movimiento en el Imperio, en todos los Tres Mares. Un nuevo Shriah gobierna los Mil Templos. Va a haber una Guerra Santa. «No le ha dicho esto; sَlo se lo ha confirmado. ‫ة‬l lo sab‫ي‬a antes.» --Una Guerra Santa... ‫؟‬Contra quién? El scylvendio tratَ de juzgarlo, de sondear la m‫ل‬scara burlona que llevaba por cara. Kellhus se hab‫ي‬a ido preocupando cada vez m‫ل‬s por la sagacidad de las intuiciones no dichas del scylvendio. El hombre sab ‫ي‬a incluso que ten‫ي‬a planeado matarle... Entonces, algo extraٌo cruzَ la expresiَn de Cnaiur. La comprensiَn de alguna cosa, seguida de un temor sobrenatural cuyos motivos escapaban a Kellhus. --Los inrithi se est‫ل‬n reuniendo para castigar a los fanim --dijo Cnaiur--, para retomar sus perdidas tierras santas. --Un ligero asco coloreَ su tono. Como si un lugar pudiera ser sagrado--. Para reconquistar Shimeh. «Shimeh... El hogar de mi padre.» Otra muesca. Otra correspondencia de causa. Las implicaciones de su misiَn florecieron en su intelecto. «‫؟‬Es ésta la razَn por la que me has llamado, Padre? ‫؟‬Por la Guerra Santa?» El scylvendio se hab‫ي‬a girado para ver a la mujer a través del fuego. --‫؟‬Cَmo se llama? --preguntَ Kellhus. --No se lo he preguntado --respondiَ Cnaiur mientras cog‫ي‬a otro pedazo de carne de caballo.

Con las extremidades perfiladas por un refulgente lecho de carbones, Serwe cogi َel cuchillo que el hombre hab‫ي‬a utilizado para desollar el caballo. En silencio, se puso en pie sobre la forma durmiente del scylvendio. El hombre dorm‫ي‬a profundamente y su respiraciَn era

regular. Alz e َ l cuchillo a la luna con las manos temblorosas. Dudَ... recordando el momento en que la hab‫ي‬a cogido, su mirada. Esos desquiciados ojos hab‫ي‬an mirado a través de ella como si fuera cristal, transparente a su deseo. ،Y su voz! Hab‫ي‬a gritado palabras elementales: --Si te vas, te daré caza, muchacha. Puedes estar tan segura de eso como de la muerte. Te encontraré... Te haré m‫ل‬s daٌo del que jam‫ل‬s te han hecho. Serwe cerrَ los ojos con fuerza. «،Clava-clava-clava-clava!» El metal se hundiَ... Fue detenida por una mano llena de duricias. Una segunda mano le tap َla boca y reprimi u َ n grito. A través de las l‫ل‬grimas, vio la silueta del segundo hombre barbado. El norsirai. Negَ con la cabeza lentamente. Sintiَ un pellizco y el cuchillo se deslizَ entre sus dedos entumecidos; el hombre lo cogiَ antes de que cayera sobre el scylvendio. Sintiَ que la levantaban y que la volv‫ي‬an a dejar al otro lado de la hoguera encendida. A la luz, consiguiَ discernir los rasgos del hombre. Triste, tierno incluso. Negَ con la cabeza una vez m‫ل‬s, como los ojos oscuros desbordantes de preocupaciَn..., de vulnerabilidad incluso. Le quitَ la mano de los labios lentamente; después, se la llevَ al pecho. --Kellhus --susurrَ, y luego asintiَ. Ella se cogiَ las manos y se le quedَ mirando sin mediar palabra. --Serwe --respondiَ finalmente, en un tono tan apagado como el de él. Las ardientes l‫ل‬grimas le ca‫ي‬an por las mejillas. --Serwe --repitiَ Kellhus suavemente. Levantَ la mano para tocarla, pero dudَ y se la llevَ al regazo. Por un instante, rebuscَ algo en la oscuridad que quedaba detr‫ل‬s de él y, finalmente, sacَ una manta de lana todav‫ي‬a caliente gracias al fuego. Estupefacta, se la cogiَ bajo el débil refulgir de la luna en sus ojos. ‫ة‬ l se dio la vuelta y se tumbَ de nuevo sobre la esterilla. En mitad de silenciosos y angustiados sollozos, se durmiَ.

Temor. Tiranizaba sus d‫ي‬as. Acosaba sus sueٌos. El temor hac‫ي‬a que sus pensamientos corretearan, revolotearan de un miedo al siguiente; que sus intestinos temblaran, sus manos se agitaran perpetuamente, con la

cara siempre fl‫ل‬ccida por miedo a que un mْsculo tenso pudiera provocar el derrumbamiento definitivo. Primero con los munuati, y entonces con ese scylvendio mucho m‫ل‬ s oscuro, mucho m‫ل‬s amenazador, cuyas piernas sobresal‫ي‬an como ra ‫ي‬ces por entre las rocas, cuyas palabras eran como truenos, cuyos ojos eran los de un asesino glacial. La obediencia instant‫ل‬nea, incluso ante aquellos deseos que él no verbalizaba. Un punzante castigo, hasta para aquellas cosas que ella no hac‫ي‬a. Golpes por su respiraciَn, por su sangre, por su belleza, por nada. Golpes por golpes. Estaba indefensa. Completamente sola. Hasta los Dioses la hab‫ي‬ an abandonado. Temor. Serwe se puso en pie bajo el fr‫ي‬o de la maٌana, entumecida, exhausta de un modo que nunca comprender‫ي‬a. El scylvendio y su extraٌo norsirai hab‫ي‬an cargado losْ ltimos de sus v‫ي‬veres robados en los caballos supervivientes de los munuati. Observَ cَmo el scylvendio se dirig‫ي‬a a grandes zancadas hacia el lugar en el que hab‫ي‬a atado a las otras doce prisioneras de la corte Gaunum. Ellas cogieron sus cadenas en busca de un poco de comodidad y se encogieron de abyecto miedo. Ella las vio, las conoc‫ي‬a, pero le parecieron irreconocibles. All‫ي‬, la esposa de Barastas, que la odiaba casi tanto como la esposa de Peristus. Y m‫ل‬s all‫ل‬, Ysanna, que la hab‫ي‬a ayudado en los jardines hasta que el Patridomos la hab‫ي‬a juzgado demasiado hermosa. Serwe las conoc‫ي‬a a todas. Pero ‫؟‬quiénes eran? Las o‫ي‬a llorar. No imploraban piedad --hab‫ي‬an cruzado las montaٌ as y ya sab‫ي‬an hasta qué punto hab‫ي‬an dejado atr‫ل‬s toda piedad--, sino cordura. ‫؟‬Qué hombre en su sano juicio destruye herramientasْ tiles? Esta pod‫ي‬a cocinar, con la otra pod‫ي‬a fornicar, y aquélla servir‫ي‬a para ir a por mil esclavos escogidos al azar, sَlo si él la dejaba vivir... La joven Ysanna, con el ojo izquierdo cerrado a causa de la hinchazَn que le hab‫ي‬a provocado un puٌetazo de Cnaiur, estaba grit‫ل‬ ndole. --،Serwe, Serwe! ،Dile que normalmente no tengo este aspecto! ،Dile que soy guapa! ،Serwe, por favoor! Serwe apart َla mirada y simul n َ o o‫ي‬r. Demasiado temor. No pod‫ي‬a recordar cu‫ل‬ndo hab‫ي‬a dejado de sentir las l‫ل‬grimas. Entonces, por alguna razَn, ten‫ي‬a que probarlas antes de darse cuenta de que estaba llorando.

Sordo a sus gritos, el scylvendio se colocَ pisando fuerte entre ellas, golpeَ a las que le cog‫ي‬an y soltَ las dos puntas de la ingeniosa estaca que los scylvendios utilizaban para atar a sus prisioneros al suelo. Levantَ primero una estaca del suelo, después la otra, y las soltَ con un gran estruendo. Las mujeres gem‫ي‬an y se arrastraban a su alrededor. Cuando sacَ el cuchillo, algunas empezaron a gritar. Cogiَ la cadena de una de las que gritaban, Orra, una rechoncha esclava de la cocina. Los gritos se interrumpieron. Pero entonces, en lugar de matarla, empez َa rascar el débil hierro de las esposas como hab‫ي‬a hecho con Serwe la noche anterior. Estupefacta, Serwe mirَ al norsirai; ‫؟‬cَmo se llamaba?, ‫؟‬Kellhus? ‫ة‬l la mirَ durante un grave pero alentador instante, y después apartَ la mirada. Orra estaba libre; sentada, se frotaba las muٌecas, atَnita. El scylvendio hab‫ي‬a empezado a liberar a otra. De repente, Orra se puso a correr ladera arriba; resultaba una figura absurda por su volumen y su desesperaciَn. Como nadie la siguiَ, se detuvo con el rostro angustiado. Se puso en cuclillas, mirando salvajemente a su alrededor, y a Serwe le recordَ el gato del Patridomos, que siempre ten‫ي‬a demasiado miedo como para alejarse en exceso de su cuenco de comida por mucho que los niٌos lo atormentaran. Otras siete se unieron a Orra en su cautelosa vigilia, incluida Ysanna y la esposa de Barastas. Sَlo cuatro siguieron corriendo. Algo relacionado con eso dificultaba la respiraciَn. El scylvendio dejَ las cadenas y las estacas all‫ ي‬mismo, y regresَ donde estaban Serwe y Kellhus. El norsirai le preguntَ algo ininteligible. El scylvendio se encogiَ de hombros y mirَ a Serwe. --Los que las encuentren, que las utilicen --dijo, indiferente. Se lo hab‫ي‬a dicho a ella, y Serwe lo sab‫ي‬a, porque el llamado Kellhus no hablaba sheyico. Se subiَ al caballo y estudiَ a las ocho mujeres restantes. --Seguidme --les gritَ con total naturalidad-- y os vaciaré los ojos con flechas. Entonces, como locas, las mujeres empezaron a llorar de nuevo, rog‫ل‬ndole que no las dejara. La esposa de Barastas incluso implorَ de nuevo las cadenas. Pero el scylvendio pareciَ no o‫ي‬rlas. Le pidiَ a Serwe que montara en su caballo. Y ella se alegrَ. ،Se alegrَ de corazَn! Y las otras sintieron envidia. --،Aqu‫ ي‬Serwe! --oyَ que chillaba la esposa de Barastas--. ،Vuelve

aqu‫ي‬, puerca en celo! ،Eres m‫ي‬a! ،M‫ي‬a! ،Maldita seas! ،Vuelve aqu‫!ي‬ Cada una de las palabras golpeَ a Serwe como si fuera un puٌetazo y pasَ a través de su cuerpo para dejarla indemne. Vio que la esposa de Barastas caminaba hacia la caravana de caballos, moviendo las manos de un modo desquiciado. El scylvendio se girَ sobre su montura y sacَ el arco de la funda. Tensَ la cuerda y disparَ una flecha con un movimiento sin esfuerzo. La flecha alcanzَ a la mujer noble en la boca, le partiَ los dientes y se clavَ en las huecas humedades de la garganta. Cayَ hacia adelante como una muٌeca, agit‫ل‬ndose entre hierbajos y varas de oro. El scylvendio soltَ un gruٌido de aprobaciَn y siguiَ adentr‫ل‬ndose en las montaٌas. Serwe probَ las l‫ل‬grimas. «Nada de esto est‫ ل‬sucediendo», pensَ. Nadie sufr‫ي‬a as‫ي‬. No. Se tem‫ي‬a que pudiera ponerse a vomitar de miedo.

Las Hethanta se erig‫ي‬an sobre ellos. Ascendieron con dificultad abruptas laderas de granito, se abrieron paso entre estrechos barrancos, bajo acantilados de rocas sedimentarias repletos de extraٌos fَsiles. Durante la mayor parte del tiempo, el camino segu‫ي‬a un delgado riachuelo bordeado de p‫ي‬ceas y raqu‫ي‬ticos pinos. Se encaramaron siempre m‫ل‬s hacia arriba, rodeados de un aire cada vez m‫ل‬s fr‫ي‬o, hasta que dejaron atr‫ل‬s el musgo. El combustible de sus hogueras fue siendo cada vez m‫ل‬s escaso. Las noches se volvieron terriblemente fr‫ي‬as. Se despertaron cubiertos de nieve en dos ocasiones. Durante el d‫ي‬a, el scylvendio se adelantaba con su caballo, solo, y rara vez hablaba. Kellhus segu‫ي‬a a Serwe. Ella se descubriَ hablando con él, movida por algo que hab‫ي‬a en su porte. Era como si la mera presencia del hombre fuera un indicio de intimidad, de confianza. Sus ojos la abrazaban, como si su mirada reparara de alguna forma el suelo hendido bajo sus pies. Ella le hablَ de su vida como concubina en Nansur, de su padre, un nymbricanio que la hab‫ي‬a vendido a la Casa Gaunum cuando hab‫ي‬a cumplido los catorce aٌos. Le describiَ los celos de las esposas de Gaunum, cَmo le hab‫ي‬an mentido acerca de su primer hijo diciéndole que hab‫ي‬a nacido muerto cuando Griasa, una vieja esclava shigekia, hab‫ي‬a visto cَmo lo estrangulaban en las cocinas. «Niٌos azules --le hab‫ي‬a susurrado la anciana al o‫ي‬do, con la voz quebrada por una ofensa casi demasiado tediosa para ser

mencionada--. Eso es todo lo que llevar‫ل‬s, niٌa.» Eso, le explicَ Serwe a Kellhus, se convirtiَ en una morbosa broma compartida por todos los miembros del servicio doméstico, especialmente por las concubinas o esclavas con la fortuna de ser visitadas por sus amos. «Llevamos sus ni ٌos azules..., azules como los sacerdotes de Jukan.» Al principio, ella le hablaba del modo como de niٌa les hablaba a los caballos de su padre; el parloteo irreflexivo de alguien que era o‫ي‬do, pero no comprendido. Pronto, sin embargo, descubriَ que él s‫ي‬ comprend‫ي‬a. Al cabo de tres d‫ي‬as, empezَ a hacerle preguntas en sheyico, una lengua dif‫ي‬cil que ella sَlo hab‫ي‬a llegado a dominar después de aٌos de cautiverio en Nansur. Las preguntas la estremec‫ي‬ an, la llenaban de un deseo de responderlas apropiadamente. ،Y su voz! Era profunda, oscura y vinosa como el mar. Y cَmo pronunciaba su nombre, como si estuviera celoso de su sonido. Serwe; parec‫ي‬a un ensalmo. En cuestiَn de unos pocos d‫ي‬as, su cauteloso afecto se convirtiَ en sobrecogimiento. Por la noche, en cambio, pertenec‫ي‬a al scylvendio. No pod‫ي‬a comprender la relaciَn existente entre esos dos hombres, a pesar de que pensaba en ello con frecuencia. Entend‫ي‬a que su destino depend‫ي‬a, de algْn modo, de ellos. Al principio, hab‫ي‬a dado por sentado que Kellhus era el esclavo del scylvendio, pero no era as‫ي‬. El scylvendio, como advirtiَ finalmente, odiaba al norsirai, hasta le ten‫ي‬a miedo. Actuaba como alguien que intenta preservarse de una contaminaciَn ritual. Al principio, esa idea la hab‫ي‬a entusiasmado. «،Tienes miedo! --aullaba en silencio a espaldas del scylvendio--. ،No eres distinto de m ‫ !ي‬،No eres m‫ل‬s que yo!» Pero entonces aquello empezَ a preocuparle mucho. ‫؟‬Temido por un scylvendio? ‫؟‬Qué clase de hombre es temido por un scylvendio? Se atreviَ a pregunt‫ل‬rselo al hombre en persona. --Porque he venido --hab‫ي‬a respondido Kellhus-- a hacer un trabajo terrible. Ella le crey‫ ؟‬.Cَ َ mo no iba a creer a un hombre como aquél? Pero hab‫ي‬a otras preguntas m‫ل‬s dolorosas, preguntas que no se atrev‫ي‬a a formular, a pesar de que se las hac‫ي‬a cada noche con los ojos. «‫؟‬Por qué no me tomas? ‫؟‬Por qué no me conviertes en tu recompensa? ،Te tiene miedo!» Pero ella conoc‫ي‬a la respuesta. Ella era Serwe. No era nada. Le hab‫ي‬a costado comprender que, efectivamente, no era nada. Su infancia hab‫ي‬a sido feliz, tan feliz que entonces lloraba siempre que

pensaba en ella: recogiendo flores silvestres en las praderas de Cepalot, salpicando como una nutria en el r‫ي‬o junto a sus hermanos, retozando alrededor de fuegos a medianoche. Su padre hab‫ي‬a sido indulgente, amable. Su madre la hab‫ي‬a cubierto de adoraciَn. --Serchaa, dulce Serchaa --le dec‫ي‬a--, eres mi preciosa bendiciَn, el baluarte que impide que se me rompa el corazَn. Serwe hab‫ي‬a cre‫ي‬do ser algo entonces. Amada. Preferida por encima de sus hermanos. Feliz a la manera inconmensurable de los niٌ os que no tienen ningْn sufrimiento que poner en el otro platillo de la balanza. Hab‫ي‬a o‫ي‬do muchas historias de sufrimiento, sin duda, pero las penalidades que all‫ ي‬aparec‫ي‬an eran siempre ennoblecedoras, estaban revestidas de moralejas y conten‫ي‬an lecciones que ella ya hab ‫ي‬a aprendido. Adem‫ل‬s, aunque el destino la traicionara, y ella estaba segura de que no lo har‫ي‬a, permanecer‫ي‬a inquebrantable y heroica, un faro de fortaleza para las almas que desfallecieran a su alrededor. Entonces, su padre la vendiَ al Patridomos de la Casa Gaunum. En su primera noche en el hogar Gaunum, hab‫ي‬a sido despojada de todas esas majader‫ي‬as. Comprendiَ r‫ل‬pidamente que all ‫ي‬no hab‫ي‬a nada-- ningْn vicio, ninguna depravaciَn-- que ella no estuviera dispuesta a cometer para aplacar a los hombres y sus fuertes manos. Como concubina Gaunum, viv‫ي‬a en un estado de perpetua ansiedad, atrapada entre el odio de las esposas Gaunum y los caprichosos apetitos de los hombres Gaunum. «No es nada --le dec‫ي‬an--. Nada. Sَlo otra hermosa chica norsirai sin ningْn valor.» A punto estuvo de creerles. Pronto empezَ a rezar por que ese o aquel hijo del Patridomos fuera a visitarla, hasta los que eran m‫ل‬s crueles. Flirteaba con ellos. Los seduc‫ي‬a. Era la delicia de sus invitados. Aparte del orgullo de su ardor, del placer de su gratificaciَn, ‫؟‬qué m‫ل‬s ten‫ي‬a? En la gran quinta de la Casa Gaunum hab‫ي‬a un santuario repleto de pequeٌos ‫ي‬dolos en honor de los antepasados. Ella se hab‫ي‬a arrodillado y hab‫ي‬a rezado en aquel santuario m‫ل‬s veces de las que pod‫ي‬a contar, y cada vez hab‫ي‬a implorado piedad. Percib‫ي‬a a los muertos Gaunum en todos los rincones de aquel lugar; susurraba cosas odiosas, la emocionaba con temibles premoniciones. Y ella imploraba e imploraba piedad. Entonces, como si fuera una respuesta a sus plegarias, el Patridomos en persona, que siempre le hab‫ي‬a parecido un dios distante y de pelo entrecano, se le acercَ en los jardines y le cogiَ la barbilla. digna del mism‫ي‬simo --،Por los Dioses! --exclam .--Eres َ

Emperador, chica... Esta noche. Espérame esta noche. ،Cَmo hab‫ي‬a bailado su alma ese d‫ي‬a! ،Digna del Emperador! Con qué cuidado se hab‫ي‬a aseado y hab‫ي‬a mezclado los mejores perfumes a la espera de su visita. ،Digna del Emperador! Cَmo hab‫ي‬a llorado cuando él no se presentَ. --No llores, Serchaa --le hab‫ي‬an dicho las otras chicas--. Prefiere a los niٌos pequeٌos. Durante algunos d‫ي‬as, después de aquel incidente, hab‫ي‬a despreciado a los niٌos pequeٌos. Y siguiَ rezando a los ‫ي‬dolos, a pesar de que entonces sus caritas cuadradas parec‫ي‬an re‫ي‬rse de ella. Ella, Serwe, deb‫ي‬a tener algْn sentido, ‫؟‬no? Loْ nico que quer‫ي‬a era una seٌal, algo, cualquier cosa... Se postrَ ante ellos. Entonces, uno de los hijos del Patridomos se la llevَ a la cama junto a su esposa. Al principio, Serwe hab‫ي‬a sentido l‫ل‬stima por la mujer, una chica con el rostro de un hombre que hab‫ي‬a sido entregada a Gaunum Peristus para sellar una alianza entre casas. Pero mientras Peristus la utilizaba para generar la semilla que plantar‫ي‬a en elْ tero de su esposa, Serwe percibiَ el odio de la mujer, como si compartiera la cama con un pequeٌo incendio. Sَlo para irritar a esa mojigata, hab‫ي‬a gritado, hab‫ي‬a espoleado la lujuria de Peristus con palabras y trucos de zorra, y le hab ‫ي‬a robado la semilla. La horrible mujercita hab‫ي‬a llorado, hab‫ي‬a despotricado como una histérica, y por mucho que Peristus le pegara, no paraba. Aunque preocupada por el regocijo que esto le ocasionَ, Serwe hab‫ي‬a corrido al santuario a dar las gracias a los ancestros Gaunum. Y poco después, cuando se dio cuenta de que llevaba en su seno al hijo de Peristus, rob َ una de las palomas de los palafreneros y la sacrificَ en su honor. Durante el sexto mes de embarazo, la esposa de Peristus le susurr َ: --Tres meses para el funeral, ،humm!, Serchaa. Aterrorizada, Serwe hab‫ي‬a acudido a Peristus, pero éste le hab‫ي‬a dado una bofetada y le hab‫ي‬a ordenado que se marchara. Ella no significaba nada para él, as ‫ي‬que volvi a َ los‫ ي‬dolos Gaunum. Les ofreci cَ ualquier cosa, todo. Pero su hijo naci d َ e color azul, segْn dijeron; azul como los sacerdotes de Jukan. A pesar de ellos, Serwe siguiَ rezando, esa vez por que se le concediera la venganza. Rez َa los Gaunum por la destrucciَn de Gaunum. Un aٌo m‫ل‬s tarde, el Patridomos partiَ a caballo de la casa de campo

con todos sus hombres. El agrupamiento de la Guerra Santa se hab‫ي‬a vuelto dif‫ي‬cil de controlar y el Emperador hab‫ي‬a necesitado a sus generales. Entonces, llegaron los scylvendios: Panteruth y sus munuati. Los b‫ل‬rbaros la encontraron en el santuario; gritaba, mientras romp ‫ي‬a los ‫ي‬dolos de piedra contra el suelo. La casa de campo ardiَ y casi todas las horribles esposas Gaunum y sus horribles hijos Gaunum fueron pasados por la espada. La esposa de Barastas, las concubinas m‫ل‬s jَvenes y las esclavas m‫ل‬s hermosas fueron sacadas por las puertas. Serwe gritَ como las dem‫ل‬s, llorَ por su casa incendiada. La casa que hab‫ي‬a odiado. Un sufrimiento propio de una pesadilla. Brutalidad. Distinta de cualquier cosa que hubiera sufrido hasta entonces. Cada una de ellas iba atada a la silla de uno de los guerreros munuati, que las hicieron correr durante todo el camino hasta las Hethanta. Por la noche, cuando los munuati iban a por ellas con los falos untados de grasa animal, se acurrucaban, lloraban y gritaban. Y Serwe pensaba en una palabra, una palabra sheyica que no exist‫ي‬a en su nymbricanio nativo..., una palabra de afrenta. «Justicia.» A pesar de todas sus vanidades y todos sus desagradables pecados, ten‫ي‬a algْn sentido. Era algo. Era Serwe, hija de Ingaera, y se merec‫ي‬a mucho m‫ل‬s de lo que le hab‫ي‬an dado. Tendr‫ي‬a dignidad, o morir‫ي‬a odiando. Pero su valent‫ي‬a pasaba por un momento terrible. Hab‫ي‬a intentado no llorar. Hab‫ي‬a intentado ser fuerte. Hasta hab‫ي‬a escupido en la cara de Panteruth, el scylvendio que la hab‫ي‬a reclamado como su recompensa. Pero los scylvendios no eran del todo humanos. ‫ة‬l bajَ la mirada hacia las extranjeras, como si estuviera en la cima de alguna montaٌa imp‫ي‬a, m‫ل‬s distante que el m‫ل‬s brutal de los hijos del Patrodomos. Ellos eran scylvendios, los que destrozaban-caballos-y-hombres, y ella era Serwe. Pero se hab‫ي‬a aferrado a la palabra. Y observando cَmo los munuati mor‫ي‬an a manos de esos hombres, hab‫ي‬a osado regocijarse, hab‫ي‬a cre‫ي‬do incluso que ser‫ي‬a liberada. Al fin, ،justicia! «Sin ningْn valor», le hab‫ي‬a dicho la Gaunum. Sَlo era otra hermosa chica norsirai sin ningْn valor. La hab‫ي‬a cre‫ي‬do, pero hab‫ي‬a seguido rogando. Rezando. «،Mostradles! ،Por favor! ،Mostradles que tengo alg ْn sentido...!» Y all‫ي‬, hab‫ي‬a implorado piedad a un scylvendio enloquecido. Hab‫ي‬ a exigido justicia.

،Loca despreciable! Lo comprendiَ desde el momento en que Cnaiur empujَ su cuerpo manchado de sangre contra el de ella. Era sَlo un capricho. Era sَlo sumisiَn. Era sَlo dolor, muerte y temor. La justicia no era sino uno m‫ل‬s de los traicioneros ‫ي‬dolos Gaunum. Su padre, arranc‫ل‬ndola medio desnuda de sus mantas y arroj‫ل‬ ndola a las manos encallecidas de un extranjero. --Ahora perteneces a esos hombres, Serwe. ،Que los Dioses cuiden de ti! Peristus, levantando la mirada de sus papiros, frunciendo el entrecejo con divertida incredulidad. --Quiz‫ل‬, Serwe, has olvidado lo que eres. Dame la mano, niٌa. Los ‫ي‬dolos Gaunum, mir‫ل‬ndola lascivamente con sus rostros de piedra. Un silencio burlَn. Panteruth, limpi‫ل‬ndose su escupitajo de la cara, sacando su cuchillo. --El sendero que sigues es estrecho, zorra, y sabes que no... Te lo mostraré. Cnaiur, apretando sus muٌecas con m‫ل‬s fuerza que cualesquiera esposas. --Pliégate a mi voluntad, chica. Completamente. No toleraré ningْn recuerdo del pasado. Acabaré con cualquier cosa que no se rinda. ‫؟‬Por qué eran tan crueles con ella? ‫؟‬Por qué todo el mundo la odiaba? ‫؟‬La castigaba? ‫؟‬La her‫ي‬a? ‫؟‬Por qué? Porque era Serwe, y no era nada. Nunca ser‫ي‬a nada. ‫ة‬sa era la razَn por la que Kellhus la abandonaba todas las noches. En un momento dado, cruzaron la espina dorsal de las Hethanta y el camino empezَ a descender. El scylvendio les prohibiَ que hicieran hogueras, pero las noches empezaron a ser m‫ل‬s templadas. Ante ellos se extend‫ي‬a la llanura Kyranae, oscura en la amarillenta distancia como la piel de una ciruela demasiado madura.

Kellhus se detuvo en el extremo del promontorio y mir َlos erosionados barrancos y los viejos bosques. Supuso que Kuniuri deb‫ي‬a de tener un aspecto muy semejante desde el tejado de la Demua; pero mientras Kuniuri estaba muerta, esa tierra estaba viva. Los Tres Mares. Laْ ltima gran civilizaciَn de hombres. Finalmente, hab‫ي‬a llegado. «Me acerco, Padre.» --No podemos seguir as‫ ي‬--gritَ el scylvendio a sus espaldas.

«Ha decidido que debe ser ahora.» Kellhus hab‫ي‬a estado esperando ese momento desde que hab‫ي‬an salido a campo abierto hac ‫ي‬a unas horas. --‫؟‬Qué quieres decir, scylvendio? --Es imposible que dos hombres como nosotros puedan cruzar las tierras de los fanim durante una Guerra Santa. Ser‫ي‬amos destripados por esp‫ي‬as mucho antes de llegar a Shimeh. --Pero para eso hemos cruzado las montaٌas, ‫؟‬no? Para viajar a través del Imperio... --No --dijo el scylvendio, hoscamente--. No podemos viajar a través del Imperio... Te he tra‫ي‬do aqu‫ ي‬para matarte. --O para que yo te mate --respondiَ Kellhus, habl‫ل‬ndole todav‫ي‬a al paisaje que ten‫ي‬a delante. Kellhus le dio la espalda al Imperio y se girَ hacia Cnaiur. Superficies de roca, baٌadas por el sol, imponentes, enmarcaban al hombre. Serwe estaba cerca. Advirtiَ que ten‫ي‬a sangre en las uٌas. --Eso es lo que has estado pensando, ‫؟‬eh? El scylvendio se humedeci َlos dedos. --Tْ ver‫ل‬s. Kellhus encerrَ al b‫ل‬rbaro en su escrutinio del mismo modo que un niٌo aprisionar‫ي‬a un p‫ل‬jaro entre sus manos cosquillosas: atento a cualquier temblor, al pulso de un corazَn del tamaٌo de un guisante, al pequeٌo calor de una respiraciَn presa del p‫ل‬nico. ‫؟‬Deb‫ي‬a darle alguna pista al hombre? ‫؟‬Deb‫ي‬a mostrarle lo transparente que era? Hac‫ي‬a unos d‫ي‬as, desde que Cnaiur supo la verdad de la Guerra Santa gracias a Serwe, se hab‫ي‬a negado a comentar nada al respecto o acerca de sus planes. Pero sus intenciones hab‫ي‬an sido claras: les hab‫ي‬a hecho cruzar las Hethanta para ganar tiempo, del mismo modo que otros, segْn hab‫ي‬a visto Kellhus, lo hac‫ي‬an cuando eran demasiado débiles para rendirse a sus obsesiones. Cnaiur necesitaba seguir dando caza a Moenghus, aunque supiera que la caza fuera una farsa. Pero entonces iban a entrar en el Imperio, la tierra en la que los scylvendios eran desollados vivos. Antes, a medida que se acercaban a las Hethanta, Cnaiur simplemente hab‫ي‬a tenido miedo de que Kellhus lo matara. En ese momento, convencido de que su mera presencia se convertir‫ي‬a en una amenaza mortal, no ten‫ي‬a ninguna duda. Kellhus hab‫ي‬a visto la resoluciَn en el transcurso de la maٌana, en las palabras del hombre y sus recelosas miradas. Si no pod‫ي‬a utilizar al hijo para matar al padre, Cnaiur urs Skiotha matar‫ي‬a al hijo.

Aunque sab‫ي‬a que eso era imposible. «Tantos tormentos.» Odio, grande como una ola por su alcance y su fuerza, suficiente para matar a infinitos miles, suficiente para matar al yo o incluso a la verdad. La herramienta m‫ل‬s potente. --‫؟‬Qué quieres que diga? --preguntَ Kellhus--. ‫؟‬Que ahora que ya hemos llegado al Imperio ya no te necesito? ‫؟‬Que como ya no te necesito he decidido matarte? A fin de cuentas, uno no cruza el Imperio en compa‫ٌي‬a de un scylvendio. --Tْ mismo lo dijiste, dunyaino, cuando estabas encadenado en mi yaksh. Para los de tu especie sَlo hay una misiَn. Tanta penetraciَn. Odio, pero veteado por una astucia casi sobrenatural. Cnaiur urs Skiotha era peligroso... ‫؟‬Por qué ten‫ي‬a que soportar su compa‫ٌي‬a? Porque Cnaiur todav‫ي‬a conoc‫ي‬a ese mundo mejor que él. Y lo que era m‫ل‬s importante, conoc‫ي‬a la guerra. Hab‫ي‬a sido criado en ella. «Todav‫ي‬a puede sermeْ til.» Si las rutas de peregrinaciَn a Shimeh estaban cerradas, Kellhus no ten‫ي‬a otra alternativa que sumarse a la cada vez m‫ل‬s populosa Guerra Santa. Sin embargo, la perspectiva de la guerra presentaba un dilema casi insuperable. Se hab‫ي‬a pasado horas en el trance de las probabilidades, tratando de esbozar modelos de guerra, pero no dispon ‫ي‬a de los principios que necesitaba. Las variables eran demasiadas y muy inconstantes. La guerra... ‫؟‬Pod‫ي‬a una circunstancia ser m‫ل‬s caprichosa? ‫؟‬M‫ل‬s peligrosa? «‫؟‬Es éste el camino que has elegido para m‫ي‬, Padre? ‫؟‬Es ésta tu prueba?» --‫؟‬Y cu‫ل‬l es mi misiَn, scylvendio? --El asesinato. El parricidio. --Y tras treinta aٌos entre hombres nacidos en el mundo, ‫؟‬qué clase de poder crees que mi padre, un dunyaino que posee todos los dones que yo poseo, detenta? El scylvendio se quedَ perplejo. --No hab‫ي‬a pensado... --Yo s‫ ؟‬.‫ي‬Crees que ya no te necesito? ‫؟‬Que no necesito a Cnaiur urs Skiotha, el muy sanguinario?, el-que-destroza-caballos-y-hombres, un hombre que puede derribar tres hombres en el espacio de otros tantos latidos de su corazَn, un hombre que es inmune a mis métodos y, por lo tanto, también a los de mi padre? Quienquiera que sea mi padre, scylvendio, ser‫ ل‬muy poderoso; demasiado poderoso para que un

hombre lo mate solo. Kellhus oyَ cَmo el corazَn de Cnaiur lat‫ي‬a bajo su pecho, vio cَmo sus pensamientos se crispaban a través de sus ojos y ol‫ي‬a el entumecimiento que se expand‫ي‬a por sus extremidades. Extraٌamente, el hombre mirَ durante un suplicante momento a Serwe, que hab‫ي‬a empezado a temblar de miedo. --Dices esto para engaٌarme --murmurَ Cnaiur--, para calmarme. Una vez m‫ل‬s el muro de desconfianza, franco y tenaz. «Debo mostrarle.» Kellhus desenvainَ la espada y embistiَ. El scylvendio reaccionَ al instante, pero con la misma rigidez que los reflejos arrullados por la incredulidad. Esquivَ el primer golpe f‫ل‬ cilmente, pero cayَ de espaldas ante la rotunda combinaciَn que le siguiَ. Con cada impacto, Kellhus percib‫ي‬a cَmo refulg‫ي‬a su ira, sent‫ي‬a cَmo se despertaba y se hac‫ي‬a con el control de sus extremidades. Pronto, el scylvendio empezَ a responder con una rapidez cegadora y una fuerza que hac‫ي‬a chirriar los huesos. Sَlo en una ocasiَn hab‫ي‬a visto Kellhus a niٌos scylvendios practicando la bagaratta, el «barrido» de la esgrima scylvendia. En ese momento, le hab‫ي‬a parecido excesivamente ornamental, lastrado por demasiadas fiorituras discutibles. Pero no era as‫ ي‬cuando se combinaba con la fuerza. En dos ocasiones, los grandes barridos de Cnaiur a punto hab‫ي‬an estado de alcanzarle los talones. Kellhus los hab‫ي‬a esquivado y simulando fatiga, hab‫ي‬a emitido el falso olor a un asesinato inminente. Pod‫ي‬a o‫ي‬r cَmo gritaba Serwe. --،M‫ل‬tale, Kellhus! ،M‫ل‬tale! Resoplando, el b‫ل‬rbaro redoblَ su furia. Kellhus detuvo una martilleante lluvia de golpes fingiendo desesperaciَn. Alargَ el brazo, cogi َ a Cnaiur por la muٌeca derecha y tirَ de él hacia adelante. De algْn modo, incre‫ي‬blemente, Cnaiur logrَ levantar la mano que ten‫ي‬a libre y deslizar ‫ي‬a junto al brazo con el que Kellhus sosten‫ي‬a la espada. Descargَ la palma contra el rostro de Kellhus. Kellhus cayَ de espaldas y le dio dos patadas en las costillas a Cnaiur. Rodَ hacia atr‫ل‬s hasta quedarse haciendo la vertical y después, sin esfuerzo, volviَ a ponerse en posiciَn. Probَ su propia sangre. «‫؟‬Cَmo?» El scylvendio trastabillَ y se cogiَ el costado. Kellhus pensَ que hab‫ي‬a subestimado los reflejos del hombre tanto como muchas otras cosas. Dejَ la espada a un lado y embistiَ al hombre. Cnaiur aullَ, arremetiَ,

golpeَ. Kellhus observَ el arco de la punta de la espada bajo la refulgente luz del sol, a través de escarpaduras colgantes y lentas nubes. La cogiَ con las palmas, como uno har‫ي‬a con la cara de un amante o una mosca. Doblَ la hoja y arrancَ la empuٌadura de la mano de Cnaiur. Dio un paso para tenerlo dentro de su radio de acciَn y le dio un golpe en la cara. Mientras el hombre daba tumbos de espaldas, se agachَ y le barriَ las piernas. En lugar de arrastrarse fuera de su alcance, Cnaiur se puso de pie y saltَ sobre él. Kellhus se inclinَ hacia atr‫ل‬s, cogiَ al scylvendio por la parte trasera de la faja y por el cuello, y lo lanzَ en la misma direcciَn en la que ven‫ي‬a, m‫ل‬s cerca del saliente. Cuando Cnaiur tratَ de ponerse en pie, Kellhus le golpeَ y lo mandَ todav‫ي‬a m‫ل‬s lejos. M‫ل‬s golpes, hasta que el scylvendio era m‫ل‬s una bestia virulenta que un hombre; sorb‫ي‬a el aire, se estremec‫ي‬a, agitaba los brazos, que eran golpeados sin miramientos. Kellhus le pegَ con fuerza, y él se sintiَ fl‫ل‬ccido cuando su cr‫ل‬neo impactَ contra el borde del promontorio. Kellhus levantَ al b‫ل‬rbaro, lo llevَ al precipicio y, con una mano, lo sostuvo colgando por encima del distante Imperio. El viento procedente del abismo bat‫ي‬a su pelo azabache. --،Hazlo! --jadeَ Cnaiur entre mocos y baba. Sus pies se balanceaban sobre la nada. «Tanto odio.» --Pero lo digo en serio, Cnaiur. Te necesito. Los ojos del scylvendio se abrieron como platos, horrorizados. «Suéltame --dec‫ي‬a su expresiَn--. Por este camino se encuentra la paz.» Y Kellhus se dio cuenta de que se hab‫ي‬a equivocado una vez m‫ل‬s con el scylvendio. Le hab‫ي‬a cre‫ي‬do inmune al trauma f‫ي‬sico de la violencia, pero no lo era. Kellhus le hab‫ي‬a pegado del mismo modo que un marido pega a su esposa o un padre a su hijo. Ese momento vivir‫ي‬a en su interior para siempre, en forma de recuerdos y una vergüenza involuntaria. M‫ل‬s degradaciَn que Cnaiur deb‫ي‬a echar al fuego. Kellhus lo levantَ hacia tierra firme y lo soltَ. Otro pecado. Serwe se acuclillَ bajo su caballo, llorando, pero no porque hubiera salvado al scylvendio, sino porque no le hab‫ي‬a matado. -- ،Iglitha sun tamatha! --llor َen su lengua materna--. ،Iglitha sun tamatha! «Si me quisieras.» --‫؟‬Me crees? --le exigiَ al scylvendio. El scylvendio se le quedَ mirando con un sordo estremecimiento,

como si estuviera estupefacto por la ausencia de cَlera. Se puso en pie trastabillando. --C‫ل‬llate --le dijo a Serwe, a pesar de que no pod‫ي‬a apartar la mirada de Kellhus. Serwe siguiَ gimiendo, gritando a Kellhus. Los ojos de Cnaiur se desplazaron de Kellhus a su recompensa. Caminَ hacia ella con la palma de la mano abierta. --،Te he dicho que te calles! --‫؟‬Me crees? --preguntَ una vez m‫ل‬s Kellhus. Serwe lloriqueَ y tratَ de tragarse sus sollozos. «Tanta pena.» --Te creo --dijo Cnaiur, incapaz moment‫ل‬neamente de mirarle a los ojos. Estaba observando fijamente a Serwe. Kellhus ya sab‫ي‬a que ésa ser‫ي‬a su respuesta, pero hab‫ي‬a una gran diferencia entre conocer un reconocimiento y obtenerlo. Pero cuando finalmente el scylvendio le mirَ, la vieja ira animaba sus ojos y ard‫ي‬a con una intensidad pr‫ل‬cticamente carnal. Si Kellhus ya lo hab‫ي‬a dado por sentado antes, entonces pod‫ي‬a estar completamente seguro: el scylvendio estaba loco. --Opino que tْ crees que me necesitas, dunyaino. Por ahora. --‫؟‬Qué quieres decir? --preguntَ Kellhus, genuinamente perplejo. «Est‫ ل‬empezando a ser m‫ل‬s err‫ل‬tico.» --Tienes planeado unirte a esa Guerra Santa, o utilizarla para viajar a Shimeh. --No veo otro modo de llegar all‫ي‬. --Pero pese a toda ese parloteo de que me necesitas, te olvidas de que yo soy un infiel para los inrithi --dijo Cnaiur--, no muy distinto de los fanim a los que esperan masacrar. --Entonces, ya no eres un infiel. --‫؟‬Un converso? --le espetَ con incredulidad. --No. Eres un hombre que se ha despertado de su estado salvaje, un superviviente de Kiyuth que ha perdido la fe en las costumbres de sus parientes. Recuerda, como todos los pueblos, los inrithi creen que ellos son los escogidos, la cْspide de lo que significa ser un hombre de bien. Las mentiras que halagan casi siempre son cre‫ي‬das. Kellhus advirtiَ que la profundidad de sus conocimientos alarmَ al scylvendio. El hombre hab‫ي‬a tratado de hacer fuerte su posiciَn manteniéndole en la ignorancia con respecto a los Tres Mares. Kellhus rastreَ las deducciones que le hab‫ي‬an llevado a fruncir el entrecejo, observَ cَmo contemplaba a Serwe... Pero hab‫ي‬a asuntos m‫ل‬s

acuciantes. --Los nansur no prestar‫ل‬n atenciَn a esas historias --dijo Cnaiur--. S َlo ver‫ل‬n las cicatrices en mis brazos. A Kellhus se le escapَ el origen de su resistencia. ‫؟‬Acaso el hombre no quer‫ي‬a encontrar a Moenghus? «‫؟‬Cَmo puede ser todav‫ي‬a un misterio para m‫»?ي‬ Kellhus asintiَ, pero encogiéndose de hombros, de tal modo que a la vez rechazaba y comprend‫ي‬a sus objeciones. --Serwe dice que los pueblos de todos los Tres Mares se reْnen en el Imperio. Nos uniremos a ellos y evitaremos a los nansur. --Quiz‫ل‬... --dijo Cnaiur, lentamente--, si podemos llegar a Momemn sin ningْn sobresalto. --Pero entonces negَ con la cabeza--. No. Los scylvendios no deambulan por esos lugares. La visiَn de un scylvendio despertar‫ ل‬demasiadas preguntas, demasiada indignaciَn. No tienes la menor idea de hasta qué punto nos desprecian, dunyaino. Ah‫ ي‬estaba, sin lugar a dudas, la desesperaciَn. Kellhus comprendi َ que, en parte, aquel hombre hab‫ي‬a abandonado la esperanza de encontrar a Moenghus. ‫؟‬Cَmo se le pod‫ي‬a haber pasado eso por alto? Pero la pregunta m‫ل‬s importante era si el scylvendio hablaba sinceramente. ‫؟‬Ser‫ي‬a imposible cruzar el Imperio con Cnaiur? Si era as ‫ي‬, tendr‫ي‬a que... No. Todo depend‫ي‬a del dominio de la circunstancia. No se unir‫ي‬a a la Guerra Santa; se aprovechar‫ي‬a de ella, se valdr‫ي‬a de ella como su instrumento. Pero como en el caso de cualquier arma nueva, necesitaba instrucciَn, entrenamiento, y la posibilidad de encontrar a otro con tanta experiencia y conocimientos como Cnaiur urs Skiotha era muy remota. «Dicen de él que es el m‫ل‬s violento de los hombres.» Si el hombre sab‫ي‬a demasiado, Kellhus no sab‫ي‬a lo suficiente, al menos no todav‫ي‬a. Cualesquiera que fueran los peligros de cruzar el Imperio, val‫ي‬a la pena intentarlo. Si las dificultades resultaban ser insuperables, entonces volver‫ي‬a a evaluar la situaciَn. --Cuando pregunten --respondiَ Kellhus--, el desastre de Kiyuth ser ‫ ل‬tu explicaciَn. Los pocos utemot que sobrevivieron a Ikurei Conphas han sido reducidos por sus vecinos. Ser‫ل‬s elْ ltimo de tu tribu: un hombre despose‫ي‬do, expulsado de su pa‫ي‬s por la congoja y la mala fortuna. --‫؟‬Y quién ser‫ل‬s tْ, dunyaino? Kellhus se hab‫ي‬a pasado muchas horas pele‫ل‬ndose con esa pregunta. --Yo seré la razَn que tْ tienes para unirte a la Guerra Santa. Yo seré un pr‫ي‬ncipe con el que te encontraste al viajar hacia el sur por tus tierras

perdidas, un pr‫ي‬ncipe que ha soٌado con Shimeh desde el otro extremo del mundo. Los hombres de los Tres Mares saben poco de Atrithau, sَlo que sobreviviَ a su m‫ي‬tico Apocalipsis. Debemos llegar a ellos como surgidos de las sombras, scylvendio. Seremos quienesquiera que digamos que somos. --Un pr‫ي‬ncipe... --repitiَ Cnaiur con recelo--. ‫؟‬De dَnde? --Un pr‫ي‬ncipe de Atrithau al que encontraste viajando por las tierras bald‫ي‬as del norte. Aunque Cnaiur entonces comprend‫ي‬a, e incluso apreciaba, el camino tendido ante él, Kellhus sab‫ي‬a que en su interior todav‫ي‬a se estaba debatiendo. ‫؟‬Cu‫ل‬nto ser‫ي‬a capaz de soportar ese hombre para ver vengada la muerte de su padre? El caudillo utemot se pasَ el antebrazo desnudo por la boca y la nariz. Escupiَ sangre. --Un pr‫ي‬ncipe de nada --dijo.

A la luz matutina, Kellhus observَ cَmo el scylvendio cabalgaba hacia el poste. En la parte superior hab‫ي‬an colocado un cr‫ل‬neo; todav‫ي‬ a ten‫ي‬a piel adherida y se ve‫ي‬a enmarcado por un matojo de pelo oscuro y lanoso. Pelo scylvendio. A ambos lados, a cierta distancia, hab ‫ي‬a m‫ل‬s postes: m‫ل‬s cabezas scylvendias plantadas a la distancia prescrita por los matem‫ل‬ticos de Conphas. Cada tantas millas, tantas cabezas scylvendias. Kellhus se girَ en su montura hacia Serwe, que le observaba inquisitivamente. --Si nos descubren, le matar‫ل‬n --dijo--. ‫؟‬No lo sabe? --Su tono dec‫ي‬ a: «No le necesitamos, mi amor. Puedes matarle». Kellhus ve‫ي‬a las distintas posibilidades rebosando en sus ojos. El lloriqueo estridente que ella hab‫ي‬a preparado a lo largo de los d‫ي‬as, listo para su primer encuentro con los postes nansur. --No debes traicionarnos, Serwe --respondiَ severamente Kellhus como un padre nymbricanio a su hija. La hermosa cara se aflojَ, sorprendida. saber... --Nunca te traicionar‫ي‬a, Kellhus --le espet .--Debes َ --Sé que te preguntas qué es lo que me mantiene unido a ese scylvendio, pero tْ no lo entender‫ي‬as. Debes saber sَlo que si nos traicionas, me traicionas a m.‫ي‬ --Kellhus, yo... --La sorpresa se hab‫ي‬a convertido en dolor, en l‫ل‬

grimas. --Debes soportarle, Serwe. Se apartَ de esos terribles ojos y empezَ a gimotear. --‫؟‬Por ti? --le escupiَ amargamente. --Yo sَlo soy la promesa. --‫؟‬La promesa? --grit‫ ؟‬.--َLa promesa de quién? Pero Cnaiur hab‫ي‬a regresado y estaba cabalgando a su alrededor en direcciَn a la pequeٌa caravana de caballos. Sonriَ irَnicamente al percatarse del llanto de Serwe. --Cuidado con este momento, mujer --dijo en sheyico--. Ser‫ ل‬tuْ nica oportunidad para hacerte una idea de quién es este hombre. --Su carcajada fue violenta. Se inclinَ sobre el caballo y empezَ a rebuscar en una de las alforjas. Sacَ una camisa de lana manchada y se desnudَ de cintura para arriba. La camisa no logrَ esconder su brutal herencia, pero al menos ocultَ las cicatrices. Los nansur no contemplar‫ي‬an de buena gana esas marcas. El llanero hizo un gesto hacia la delgada hilera de postes. Segu‫ي‬an el contorno de la tierra: algunos estaban inclinados; otros, rectos, se hund‫ي‬an en el horizonte y seٌalaban el camino que se alejaba de las Hethanta. Sus lْgubres cargas les daban la espalda y miraban hacia el mar distante. El infinito escrutinio de los muertos. --‫ة‬ste es el camino hacia Momemn --dijo, y escupiَ sobre la hierba pisoteada.

_____ 14 _____ La llanura Kyranae «Algunos dicen que los hombres guerrean constantemente contra las circunstancias, pero yo digo que huyen. ‫؟‬Qué son las obras de los hombres sino un respiro, un escondite que pronto ser‫ ل‬descubierto por la cat‫ل‬ strofe? La vida es una incesante fuga ante el cazador que llamamos mundo.» Ekyannus VIII, Ciento once aforismos

Primavera, aٌo del Colmillo 4111, Imperio de Nansur

El gorjeo de una alondra solitaria, como una aria contra la corriente de aire que se filtra a través de las ramas del bosque. «Tarde --pensَ ella--. Los p‫ل‬jaros siempre cantan por la tarde.» Serwe abriَ los ojos y, por primera vez en mucho tiempo, se sintiَ en paz. Bajo su mejilla, el pecho de Kellhus sub‫ي‬a y bajaba al ritmo de su sueٌo. Ella hab‫ي‬a intentado reunirse con él en su esterilla antes, pero él siempre se hab‫ي‬a resistido; «para apaciguar al scylvendio», hab‫ي‬a pensado ella. Pero esa maٌana, después de una oscura noche de viaje, él hab‫ي‬a cedido. Y entonces ella saboreaba la presiَn de su fuerte cuerpo, la adormilada sensaciَn de refugio que le proporcionaba su brazo protector. «Kellhus, ‫؟‬sabes cu‫ل‬nto te amo?» Nunca hab‫ي‬a conocido a un hombre como él; un hombre que sab‫ي‬ a quién era y que, sin embargo, la amaba. En un momento de distracciَn, sus ojos siguieron el follaje del inmenso sauce bajo el que dorm‫ي‬an. Las ramas se doblaban contra las profundidades de otras ramas, abriéndose como las piernas de una mujer, y bifurc‫ل‬ndose una vez m‫ل‬s, serpenteaban entre las grandes faldas de hojas que se mec‫ي‬an y ca‫ي‬an bajo el viento iluminado por el sol. Percibiَ el alma de aquel gran ‫ل‬rbol, que rumiaba, apenado e infinitamente sabio, el testimonio enraizado de innumerables soles. Serwe oyَ unas salpicaduras. Con el pecho descubierto, el scylvendio estaba en cuclillas junto al r‫ي‬o; recog‫ي‬a agua con la mano izquierda y se enjuagaba cuidadosamente la herida de la frente. Le observَ a través del borrَn de sus pestaٌas, simulando que dorm‫ي‬a. Las cicatrices le cubr‫ي‬an y arrugaban su ancha espalda, un segundo historial a la altura de las cicatrices que veteaban sus brazos. Como si fuera consciente de su escrutinio, el bosque se sumiَ en el silencio, un silencio coloreado por la imp‫ل‬vida grandeza de los ‫ل‬rboles. Hasta el solitario p‫ل‬jaro se acallَ, y cediَ al chapoteo y al goteo del baٌo de Cnaiur. Quiz‫ ل‬por primera vez no le tuvo miedo al scylvendio. «Parece solo --pensَ ella--, hasta amable.» Bajَ la cabeza hasta el agua y empezَ a lavarse su largo pelo negro. La vaporosa superficie del r‫ي‬o transcurr‫ي‬a lentamente ante él, arrastrando ramitas y pelusas. Cerca de la orilla m‫ل‬ s lejana, vio las ondulaciones de un mosquito de agua que pasaba rozando la espejeante espalda del r‫ي‬o. Entonces, vio a un niٌo al otro lado.

Al principio, vislumbrَ sَlo su cara, medio escondida en el cepo cubierto de musgo de una trampa. Después vio unos miembros delgados como las ramas que le ocultaban. «‫؟‬Tienes madre?», pens َella, pero cuando se dio cuenta de que estaba mirando al scylvendio, le sobrevino un repentino terror. «،Corre! ،Huye!» --Llanero --llamَ Kellhus suavemente. Sorprendido, el scylvendio se girَ hacia él--. Tus'afaro togringmut t'yagga --dijo, y Serwe supo que asent‫ي‬a por el roce que sintiَ en la parte superior de la cabeza. El scylvendio siguiَ su mirada y se quedَ observando entre los sombr‫ي‬os huecos de la otra orilla. Por un ansioso instante, el niٌo le devolviَ la mirada al llanero. --Ven aqu‫ ي‬--dijo Cnaiur sobre las silenciosas aguas--. Quiero mostrarte algo. El niٌo dudَ, receloso y curioso a la vez. «،No! Tienes que correr... ،Corre!» --Ven --dijo Cnaiur, levantando la mano y haciéndole una seٌal con los dedos--. No voy a hacerte nada. El niٌo se puso en pie tras el escudo de ramas ca‫ي‬das, tenso, indeciso... --،Corre! --gritَ Serwe. El niٌo parpadeَ entre los ‫ل‬rboles, brillando entre el sol blanco y la profunda sombra verde. --،Maldita muchacha! --berreَ Cnaiur. Saliَ corriendo de las aguas con el cuchillo en la mano. En ese mismo instante, también Kellhus desapareciَ; se hab‫ي‬a puesto en pie y segu‫ي‬a la estela del scylvendio. --،Kellhus! --gritَ ella, observando cَmo corr‫ي‬a bajo el lejano dosel de hojas--. ،No dejes que le mate! Pero un repentino horror la dejَ sin respiraciَn; tuvo la certeza inexplicable de que Kellhus también quer‫ي‬a hacerle daٌo al niٌo. «Debes soportarle, Serwe.» Con el cuerpo todav‫ي‬a entumecido, se puso en pie y se dirigiَ hacia las oscuras aguas. Sus pies descalzos patinaron sobre las resbaladizas piedras, pero logrَ impulsarse hacia adelante y cayَ junto a la otra orilla. Entonces, se levantَ, empapada de fr‫ي‬o, corriَ sobre la grava y se agach َ entre los arbustos en la penumbra moteada de luz. Corriَ como algo salvaje, saltando entre la maraٌa de hojas, sorteando heléchos y ramas ca‫ي‬das, siguiendo sus sombras a la carrera, adentr‫ل‬ndose cada vez m‫ل‬s en la pantalla de ‫ل‬rboles oscuros.

Sintiَ sus pies ingr‫ل‬vidos, sus pulmones infinitos. Era respiraciَn y velocidad, nada m‫ل‬s. -- ،Bas'tushri! --repitiَ el eco por entre los huecos del bosque--. ، Bas'tushri! --El scylvendio llamaba a Kellhus. Pero ‫؟‬desde dَnde? Se agarrَ al tronco de un joven fresno. Mirَ a su alrededor, oyَ los chasquidos de alguien que corr‫ي‬a por entre la maleza, pero no vio nada. Por primera vez en semanas, estaba sola. Ella sab‫ي‬a que matar‫ي‬an al niٌo si lo atrapaban, para evitar que contara lo que hab‫ي‬a visto. Viajaban a través del Imperio en secreto, convertidos en fugitivos por las cicatrices que cubr‫ي‬an los brazos del scylvendio. «Pero yo no soy una fugitiva», pensَ. El Imperio era su tierra, o al menos la tierra a la que su padre la hab‫ي‬a vendido. «Estoy en casa. No tengo ninguna necesidad de soportarle.» Se separَ del ‫ل‬rbol y, con los ojos en blanco y el corazَn en un puٌo, empez a َ caminar en‫ ل‬ngulo recto a su trayectoria anterior. Camin u َn rato, oyendo de vez en cuando mortecinos gritos a través del roce de hojas al viento. «Estoy en casa», pensaba. Pero entonces la asaltaban pensamientos de Kellhus, curiosamente manchados por la brutalidad del scylvendio. Los ojos de Kellhus cuando ella hablaba, transidos por la preocupaciَn o una sonrisa reprimida. La emociَn de su mano al coger la de ella, como si su modesta intimidad acarreara una promesa imposible. Y las cosas que dec‫ي‬a, palabras que le hab‫ي‬an resonado en la médula y hab‫ي‬an hecho de su penosa vida un retrato de una belleza que romp‫ي‬ a el corazَn. «Kellhus me quiere. Es el primero que me quiere.» Entonces, con una mano temblorosa, se tocَ el estَmago bajo su vestido empapado. Empezَ a temblar. Imaginَ que las otras --las mujeres que hab‫ي‬an sido apresadas junto a ella por los munuati-- estaban muertas. Y no lo lamentaba. Una pequeٌa, desagradable parte de Serwe hasta celebraba la muerte de las esposas Gaunum, las que hab‫ي‬an estrangulado a su bebé, a su bebé azul. Pero a dondequiera que fuese del Imperio, sab‫ي‬a que habr‫ي‬a otras esposas Gaunum. Serwe siempre hab‫ي‬a sido perfectamente consciente de su belleza, y durante una parte del tiempo que pasَ entre sus parientes nymbricanios, hab‫ي‬a pensado que era un gran regalo de los Dioses, la seguridad de que su futuro marido ser‫ي‬a propietario de mucho ganado. Pero all‫ي‬, en el Imperio, sَlo le aseguraba que ser‫ي‬a una concubina mimada, despreciada por la esposa de algْn Patridomos y condenada a dar a luz a bebés azules.

Ten‫ي‬a el estَmago liso, pero lo percib‫ي‬a; percib‫ي‬a al bebé. Im‫ل‬genes de la urgente furia del scylvendio le asaltaron, pero pens :َ «El hijo de Kellhus. Nuestro hijo». Se girَ y empezَ a desandar lo andado.

Al cabo de un rato, Serwe se dio cuenta de que estaba perdida y se sintiَ una vez m‫ل‬s aterida. Mirَ el blanco resplandor del sol a través de la mortaja de ramas abovedadas y hojas distantes, tratando de encontrar el norte. Pero no lograba recordar en qué direcciَn hab‫ي‬a avanzado inicialmente. «‫؟‬Dَnde est‫ل‬s?», pensَ, demasiado asustada para gritar. «Kellhus... Encuéntrame, por favor.» Un repentino aullido resonَ por entre el dosel de hojas. ‫؟‬El niٌo? ‫؟‬ Hab‫ي‬an encontrado al niٌo? Pero se dio cuenta de que no pod‫ي‬a ser: el grito proced‫ي‬a de un hombre. «‫؟‬Qué est‫ ل‬pasando?» El ruido sordo de cascos procedente de una pequeٌa cuesta que quedaba a su derecha la alentَ. «،Aqu‫ ي‬est‫ !ل‬Cuando se ha dado cuenta de que me he perdido, ha cogido el caballo para mejor...» Pero cuando los dos jinetes alcanzaron la cima, se le puso la piel de gallina de miedo. Descendieron galopando la poco acusada ladera, levantando hojas y humus, y después, estupefactos por su apariciَn, tiraron de las riendas de las monturas para detenerlas inmediatamente. Ella los reconociَ al instante por su armadura e insignias: oficiales de poca graduaciَn del Kidruhil, la caballer‫ي‬a de élite del Ejército Imperial. Dos de los hijos Gaunum hab‫ي‬an pertenecido a ese cuerpo. El m‫ل‬s joven y atractivo parec‫ي‬a casi tan asustado como ella; dibuj َ un conjuro de vieja bruja sobre la crin de su caballo. Pero el mayor sonri َ como un borracho malicioso. Una cicatriz en forma de guadaٌa le cruzaba la frente, rodeaba una de sus profundas cuencas y le part‫ي‬a la mejilla izquierda. «‫؟‬El Kidruhil aqu‫ي? ؟‬Significa eso que est‫ل‬n muertos?» Vio en su imaginaciَn el niٌo pequeٌo, mirando desde detr‫ل‬s de las ramas negras. « ‫؟‬Est‫ ل‬vivo? ‫؟‬Avis‫? ؟‬...Es َ culpa m‫ي‬a?» Ese pensamiento, m‫ل‬s que el miedo a los hombres, la paralizَ. Sise َ aterrorizada; su barbilla se levantَ por propia voluntad, como si estuviera mostr‫ل‬ndole el cuello a las armas envainadas. Las l‫ل‬grimas le

corr‫ي‬an por las mejillas. «،Corre!», pensَ frenéticamente, pero no logrَ moverse. --Est‫ ل‬con ellos --dijo el hombre de la cicatriz, todav‫ي‬a luchando con su sudoroso caballo. --‫؟‬Quién sabe? --respondiَ el otro, nerviosamente. --Est‫ ل‬con ellos. Las mujeres tan guapas como ella no merodean por los bosques solas. No es de los nuestros, y no me cabe ninguna duda de que no es la hija de un cabrero. ،M‫ي‬rala! Pero el otro hab‫ي‬a estado mir‫ل‬ndola boquiabierto desde el principio. Sus piernas desnudas, la curva de sus pechos bajo el vestido suelto, pero especialmente su cara, como si le diera miedo de que desapareciera si apartaba la mirada. --Pero no tenemos tiempo --dijo con poco convencimiento. --A la mierda --espetَ el otro--. Siempre tenemos tiempo para tirarnos una cosa as‫ي‬. Desmontَ con una extraٌa elegancia, mirando a su compaٌero como si lo desafiara a hacer una maliciosa broma. «S‫ي‬gueme --dec‫ي‬an sus ojos--, y ver‫ل‬s.» Intimidado por algo incomprensible, el m‫ل‬s joven siguiَ a su burdo compaٌero. Continuaba mirando a Serwe, con los ojos t‫ي‬midos y viciosos a la vez. Ambos caminaban con torpeza a causa de las faldas de hierro y cuero. El de la cicatriz se acercَ a ella, y el joven se quedَ atr‫ل‬s, sosteniendo las bridas de los caballos. Ya estaba mene‫ل‬ndose desesperadamente su fl‫ل‬ccido miembro. --Quiz‫ ل‬--dijo con una voz curiosa-- me limitaré a mirar... «Est‫ل‬n muertos --pensَ ella--. Yo los maté.» --Mirar‫ل‬s dَnde te suenas los mocos --dijo el otro, riendo, con los ojos hambrientos y severos a la vez. «Te mereces esto.» Con una despiadada econom‫ي‬a, el hombre mayor desenvainَ la daga, le cogiَ su vestido de lana y se lo abriَ desde el cuello hasta el estَ mago. Evitando su mirada, utilizَ la punta para apartarle la ropa y dejar a la vista el seno derecho. --،Cielos! --dijo, exhalando con fuerza. Apestaba a cebollas, dientes podridos y vino amargo. Finalmente, la mirَ a los ojos. Levantَ una mano y se la puso en la mejilla. La uٌa de su pulgar era morada a causa de una magulladura. --Déjame en paz --susurrَ con la voz transida por los ojos ardiendo y los labios temblorosos. La demanda impotente de un niٌo atormentado

por otro niٌo. --،Chsss! --dijo él, suavemente. La obligَ a ponerse de rodillas con lentitud. --No seas cruel conmigo --murmurَ ella entre l‫ل‬grimas. --Eso nunca --dijo, con la voz tomada por algo parecido a la reverencia. Con un crujido de cuero, se arrodillَ y clavَ la daga en el suelo del bosque. Respiraba pesadamente. --Dulce Sejenus --siseَ. Parec‫ي‬a aterrorizado. Ella se estremeciَ cuando deslizَ una mano temblorosa sobre su seno. Los primeros gemidos la convulsionaron. «Porfavor-porfavor-porfavor-porfavor...» Uno de los caballos se asustَ. Se oyَ un sonido, como una hacha golpeando unas ramas secas empapadas. Vislumbrَ al jinete m‫ل‬s joven; vio que su cabeza colgaba de una parte del cuello y la sangre se le derramaba por el torso ca‫ي‬do. Después vio al scylvendio con el pecho alterado y las extremidades cubiertas de sudor. El hombre de la cicatriz gritَ, se puso en pie dando tumbos y desenvainَ la espada. Pero el scylvendio no parec‫ي‬a prestarle atenciَn. Su mirada asesina la buscaba a ella. --‫؟‬Te ha hecho daٌo este perro? --ladrَ m‫ل‬s que preguntar. Serwe negَ con la cabeza, recomponiendo petrificada sus ropas. Atisbo el mango del cuchillo envuelto en un montَn de hojas. --Escْchame, b‫ل‬rbaro --le dijo el Kidruhil apresuradamente. Los temblores recorrieron su espada--. No ten‫ي‬a ni idea de que fuera tuya... Ni idea. Cnaiur le mirَ fijamente con ojos glaciales y un extraٌo gesto en su gruesa mand‫ي‬bula. Le escupiَ al cad‫ل‬ver de su compaٌero y sonri َcomo un lobo. El oficial se apartَ de Serwe como si quisiera demostrarse ajeno a su crimen. --V-venga, amigo, ‫؟‬eh? C-coge los caballos. P-para ti... A Serwe le pareciَ que se pon‫ي‬a en pie flotando, que se hab‫ي‬a deslizado hasta el hombre de la cicatriz y que el cuchillo simplemente hab‫ي‬a aparecido en un lado de su cuello. Sَlo su desesperado bofetَn la devolviَ al suelo. Ella observَ cَmo ca‫ي‬a de rodillas, toquete‫ل‬ndose el cuello con las manos estupefactas. Echَ un brazo hacia atr‫ل‬s, como si quisiera equilibrar su ca‫ي‬da, pero trastabillَ y levantَ la espalda y las caderas del suelo, pateando hojas con un pie. Se girَ hac‫ي‬a ella, vomitando su

propia sangre, con los ojos redondos y refulgentes. Implor‫ل‬ndole. --Ggg..., g-gg... El scylvendio se arrodillَ sobre él y le arrancَ el puٌal del cuello con indiferencia. Después, se puso en pie, aparentemente ajeno a la sangre que sal‫ي‬a a borbotones --«Como lasْ ltimas gotas de la orina de un niٌo pequeٌo», pensَ ella estْpidamente--: primero de su estَmago y su cintura; después de sus bronceadas rodillas y espinillas. Entre las piernas del scylvendio, el hombre moribundo segu‫ي‬a mir‫ل‬ndola, con los ojos cada vez m‫ل‬s cristalinos a causa de un p‫ل‬nico let‫ل‬rgico. Cnaiur se acercَ a ella. Hombros anchos y caderas delgadas. Largos brazos cincelados cubiertos de cicatrices y venas. Piel de lobo colgando entre sus sudorosos muslos. Por un momento, el terror y el odio la abandonaron. La hab‫ي‬a salvado de la humillaciَn, quiz‫ ل‬incluso de la muerte. Pero no pudo silenciar el recuerdo de sus brutalidades. El asilvestrado esplendor de su cuerpo se convirtiَ en algo famélico, sobrenatural, perturbado. Y él no le permitir‫ي‬a que lo olvidara. Cogiéndole la garganta con la mano izquierda, tirَ de ella hasta ponerla en pie, lo que le provocَ arcadas, y la lanzَ contra un ‫ل‬rbol. Con la mano derecha blandiَ el cuchillo y lo alzَ amenazadoramente ante su rostro; lo sostuvo el tiempo suficiente para que ella vislumbrara su propio reflejo distorsionado en la hoja manchada de sangre. Después, él le apretَ la punta contra la sien. Ella hizo una mueca de dolor al notar el pinchazo y sintiَ que la sangre le entraba en la oreja. ‫ة‬l la mirَ con una intensidad que la hizo sollozar. ،Sus ojos! Blanquiazules sobre el blanco, gélidos por la total ausencia de piedad, brillantes por los antiguos odios de su raza. --P-por favor... ،No me mates, por favor! --Ese niٌo al que has avisado ha estado a punto de costamos la vida, muchacha --le espet .--Si َ vuelves a hacer algo as ,‫ي‬te mataré. Si intentas huir de nuevo, ،te prometo que mataré a todo el mundo para encontrarte! «،Nunca m‫ل‬s! Nunca... Lo prometo. ،Te soportaré! ،S‫»!ي‬ ‫ة‬l le soltَ el cuello y le agarrَ el brazo derecho, y por un instante, ella se encogiَ mientras lloraba, esperando un puٌetazo. Como nunca llegَ, siguiَ llorando a voz en grito, ahog‫ل‬ndose en su propia respiraciَn estremecida. El mismo bosque, las lanzas de luz solar a través de las ramas que se bifurcaban, los ‫ل‬rboles como pilares de un templo, retumbaban con su ira. «Lo prometo.»

El scylvendio se girَ hacia el hombre de la cicatriz, que todav‫ي‬a se retorc‫ي‬a lentamente contra el suelo. --Le has matado --dijo con un marcado acento--. ‫؟‬Lo sabes? --S-s‫ ي‬--dijo ella petrificada, tratando de recuperar la compostura. «Dios, ‫؟‬y ahora qué?» Con el cuchillo, trazَ una l‫ي‬nea lateral en su antebrazo. El dolor fue agudo y r‫ل‬pido, pero ella se mordiَ el labio en lugar de gritar. --Swazond --dijo en los toscos tonos del scylvendio--. El hombre al que has matado se ha ido de este mundo, Serwe. Sَlo existe aqu‫ي‬, en una cicatriz que tienes en el brazo. Es la marca de su ausencia, de todas las formas en que su alma no se mover‫ل‬, de todos los actos que no cometer‫ل‬. --Frotَ la herida con la palma de la mano y después cerrَ el puٌo. --No lo entiendo --dijo Serwe gimoteando, tan perpleja como aterida. ‫؟‬Por qué hab‫ي‬a hecho eso? ‫؟‬Hab‫ي‬a sido un castigo? ‫؟‬Por qué la hab‫ي‬a llamado por su nombre? «Debes soportarle...» --Tْ eres mi recompensa, Serwe. Mi tribu. Cuando encontraron a Kellhus en el campamento, Serwe descendi َ del caballo del hombre de la cicatriz, que se hab‫ي‬a asustado al cruzar el r‫ي‬o, y corriَ entre las aguas hacia él. Y al instante, estaba entre sus brazos, abraz‫ل‬ndolo con fiereza. Unos fuertes dedos pasaron por entre su pelo. El martilleo de su corazَn murmuraba a sus o‫ي‬dos. Ol‫ي‬a a hojas secas por el calor del sol y a tierra sَlida. Entre sus l‫ل‬grimas, oyَ: --،Chsss, niٌa! Ya est‫ل‬s a salvo. Conmigo est‫ل‬s a salvo. --،Se parec ‫ي‬a tanto a la voz de su padre! El scylvendio cabalgَ a través del r‫ي‬o guiando a su caballo. Soltَ una sonora risotada al acercarse a ellos. Serwe no dijo nada, pero lo observَ con una mirada funesta. Kellhus estaba all‫ي‬. Volv‫ي‬a a ser seguro odiarle. --Breng'ato gingis, kutmulta tos phuira --dijo Kellhus. Aunque ella no sab‫ي‬a nada de scylvendio, estuvo segura de que le hab‫ي‬a dicho: «Ya no es tuya, as‫ ي‬que déjala en paz». Cnaiur se limitَ a carcajearse. --No tengo tiempo para esto --respondiَ en sheyico--. Las patrullas Kidruhil suelen ser de m‫ل‬s de cincuenta y sَlo hemos matado a una docena.

Kellhus apartَ a Serwe y la cogiَ firmemente por los hombros. Por primera vez, ella se dio cuenta de los arcos de sangre que moteaban su tْnica y su barba. --Tiene razَn, Serwe. Estamos en peligro. Ahora nos perseguir‫ل‬n. Serwe asintiَ con los ojos nuevamente anegados en l‫ل‬grimas. --Todo ha sido culpa m‫ي‬a, Kellhus --sise .--َLo siento... Pero era sَlo un niٌo. ،No pod‫ي‬a dejarle morir! Cnaiur volviَ a soltar una risotada. --El mocoso no avisَ a nadie, muchacha. ‫؟‬Qué niٌo puede escapar de un dْnyaino? Le sobrevino una oleada de terror. --‫؟‬Qué quiere decir? --le preguntَ a Kellhus, pero entonces sus propios ojos estaban llenos de l‫ل‬grimas. «،No!» Vio en su imaginaciَn al niٌo, con sus pequeٌas extremidades retorcidas en algْn lugar del bosque, con sus ojos sin vista buscando el cielo. «He hecho esto...» Otra ausencia en el lugar en que una alma deb‫ي‬a moverse. ‫؟‬Qué clase de actos hubiera llevado a cabo ese niٌo sin nombre? ‫؟‬Qué clase de héroe podr‫ي‬a haber sido? Kellhus se apartَ de ella, transido por la pena. Como si hallara solaz en el inmediato movimiento, empezَ a enrollar la esterilla bajo el gran sauce. Se detuvo sin mirarla. --Debes olvidarte de esto, Serwe. No tenemos tiempo --dijo con la voz dolorida. Vergüenza, como si sus tripas se hubieran convertido en agua fr‫ي‬a. «Yo le impuse este crimen», pensَ, mirando cَmo Kellhus ataba su equipaje a la silla de montar. Una vez m‫ل‬s su mano hab‫ي‬a encontrado su barriga. «Mi primer pecado contra tu padre.» --Los caballos de los Kidruhil --dijo el scylvendio--. Primero cabalgaremos con ellos hasta que se mueran.

Durante los dos primeros d‫ي‬as, eludieron a sus perseguidores con una relativa facilidad, confiando en los bosques primigenios que alfombraban la cabecera del r‫ي‬o Phayus y en la perspicacia marcial del scylvendio para protegerse. D‫ي‬a y noche a caballo, avanzando trabajosamente por abruptos barrancos, galopando a través de rocosas laderas y aventur‫ل‬ndose en los innumerables afluentes del Phayus era casi m‫ل‬s de lo que pod‫ي‬a soportar. La primera noche, se balanceaba sobre la grupa del caballo, batallando con sus adormiladas piernas y

sus ojos, que se negaban a seguir abiertos, mientras Cnaiur y Kellhus lideraban el convoy a pie. Parec‫ي‬an invencibles, y le dio rabia ser tan débil. Al final del segundo d‫ي‬a, Cnaiur les permitiَ acampar y les dio a entender que ya se hab‫ي‬an deshecho de todos los perseguidores que pudieran haber tenido. Dos cosas, segْn dijo, jugaban a su favor: el hecho de que viajaran hacia el este, cuando cualquier partida de asaltantes scylvendios se hubiera retirado, sin duda, a las Hethanta después de toparse con los Kidruhil, y el hecho de que él y Kellhus hab ‫ي‬an matado a tantos después de la inmensa mala suerte de encontrarse con ellos mientras persegu‫ي‬an al niٌo. Serwe estaba demasiado cansada para mencionar al que ella hab‫ي‬a matado, as‫ ي‬que se frotَ la sangre coagulada de su antebrazo sorprendida por la sensaciَn de orgullo que la recorriَ. --Los Kidruhil son idiotas arrogantes --prosiguiَ Cnaiur--. Once muertos les convencer‫ل‬n de que la partida de asaltantes es numerosa. Eso significa que ser‫ل‬n precavidos en su persecuciَn e ir‫ل‬n en busca de refuerzos. También significa que si encuentran nuestro rastro en direcci َn este, pensar‫ل‬n que es una artimaٌa y seguir‫ل‬n hacia el oeste, en direcciَn a las montaٌas, con la esperanza de encontrar el rastro de la partida principal. Aquella noche comieron pescado crudo que hab‫ي‬an arponeado en un riachuelo cercano, y pese a su odio, Serwe se sorprendiَ admirando la afinidad que hab‫ي‬a entre ese hombre y la naturaleza. Para él, era un lugar con innumerables pistas y pequeٌas tareas. Pod‫ي‬a intuir cَmo ser‫ي‬ a el terreno al que se acercaban mediante la visiَn y el canto de determinados p‫ل‬jaros, y pod‫ي‬a aliviar la tensiَn de los caballos d‫ل‬ndoles pasteles de hongos arrancados del humus. Se dio cuenta de que en él hab‫ي‬a algo m‫ل‬s que abusos y asesinatos. Mientras Serwe se maravillaba por su capacidad para saborear comida que en su vida anterior le habr‫ي‬a hecho vomitar, Cnaiur les cont َ episodios de sus muchas incursiones en el Imperio. Dijo que las provincias occidentales del Imperio eran suْ nica esperanza para despistar a sus perseguidores: hac‫ي‬a mucho tiempo que hab‫ي‬an sido abandonadas a causa de las depredaciones de sus parientes. Su peligro ser‫ي‬a mucho mayor una vez que se adentraran en las grandes extensiones de tierras cultivadas a lo largo del curso inferior del Phayus. Y no por primera vez, Serwe se preguntَ por qué esos hombres se arriesgaban a hacer un viaje como aquél. Retomaron su andadura a la luz del d‫ي‬a con la intenciَn de seguir el

viaje hasta la noche siguiente. A primera hora de la maٌana, Cnaiur derribَ a un joven gamo, lo cual Serwe tomَ como un buen augurio a pesar de que la perspectiva de comer carne de venado cruda no le entusiasmaba. Estaba constantemente hambrienta, pero hab‫ي‬a dejado de hablar de ello debido al entrecejo fruncido de Cnaiur. A mediod‫ي‬a, sin embargo, Kellhus espoleَ la montura hasta la de ella. --Vuelves a tener hambre, ‫؟‬verdad, Serwe? --le dijo. --‫؟‬Cَmo lo sabes? --le preguntَ. Nunca dejaba de emocionarse cada vez que Kellhus adivinaba sus pensamientos, y la parte de ella que sent‫ي‬a por él un miedo reverente no hac‫ي‬a sino encontrar un nuevo motivo para confirmarse. --‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hace, Serwe? --‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hace que qué? --respondiَ ella, temerosa de repente. --Que est‫ل‬s embarazada. «،Pero es tu hijo, Kellhus! ،Tuyo!» --Pero si no nos hemos acostado todav‫ي‬a --dijo él gentilmente. De repente, Serwe se sintiَ desconcertada. No estaba segura de qué quer‫ي‬a decir exactamente, y mucho menos de si hab‫ي‬a hablado en voz alta. Pero por supuesto que se hab‫ي‬an acostado. Ella estaba embarazada, ‫؟‬no? ‫؟‬Quién m‫ل‬s pod‫ي‬a ser su padre? Los ojos se le llenaron de l‫ل‬grimas. «Kellhus, ‫؟‬est‫ل‬s tratando de hacerme daٌo?» --No, no --respondiَ él--. Lo siento, querida Serwe. Pararemos para comer en seguida. Ella se quedَ mirando su ancha espalda mientras él se adelantaba cabalgando para unirse a Cnaiur. Serwe estaba acostumbrada a contemplar sus breves conversaciones y obten‫ي‬a una nimia satisfacciَn en los momentos de duda, hasta de angustia, que descompon‫ي‬an la curtida expresiَn de Cnaiur. Pero en ese instante se sintiَ obligada a contemplar a Kellhus, a percibir el modo como el sol refulg‫ي‬a en su cabello rubio, a escrutar la suntuosa l‫ي‬nea de sus labios y el brillo de sus ojos, que todo lo sab‫ي‬an. Y le pareciَ casi dolorosamente hermoso, como algo demasiado brillante para los fr‫ي‬os r‫ي‬os, la piedra desnuda y los nudosos ‫ل‬rboles. Parec‫ي‬a... Serwe contuvo el aliento. Temiَ por un momento qué fuera a desvanecerse. «No he hablado y sin embargo lo sabe.» «Yo soy la promesa», hab‫ي‬a dicho Kellhus sobre el largo camino de cr‫ل‬neos scylvendios.

«Nuestra promesa --le susurrَ ella al niٌo que llevaba en su interior--. Nuestro Dios.» Pero ‫؟‬acaso era posible? Serwe hab‫ي‬a o‫ي‬do innumerables historias de Dioses que confraternizaban con hombres como hombres, hac‫ي‬a mucho tiempo, en los d‫ي‬as del Colmillo. Eso dec‫ي‬a la escritura. ،Era cierto! Lo que era imposible era que un Dios pudiera caminar entonces, que un Dios pudiera enamorarse de ella, de Serwe, la hija vendida a la Casa Gaunum. Pero quiz‫ ل‬ése era el significado de su belleza, la razَn por la que hab‫ي‬a sufrido la codicia venal de un hombre tras otro. Era también demasiado hermosa para el mundo; deb‫ي‬a estar esperando la llegada de su prometido. Anasurimbor Kellhus. Sonriَ con l‫ل‬grimas de un jْbilo extasiado. Pod‫ي‬a verle tal como él era realmente, irradiando una luz que proced‫ي‬a de otro mundo, halos como discos dorados refulgiendo alrededor de sus manos. ،Entonces le ve‫ي‬a! M‫ل‬s tarde, mientras mascaban un pedazo de carne de venado cruda junto a un grupo de ‫ل‬lamos, bajo la brisa, él se girَ hacia ella. --Lo entiendes --le dijo en su lengua nativa de Nymbricani. Ella sonriَ, pero no le sorprendiَ que él conociera la lengua de su padre. Le hab‫ي‬a pedido que la hablara muchas veces; no para aprenderla, como sab‫ي‬a ella en ese momento, sino para escuchar su voz secreta, la que estaba resguardada de la furia del scylvendio. --S‫ي‬..., lo entiendo. Voy a ser tu esposa. --Parpadeَ para reprimir las l‫ل‬grimas. ‫ة‬l sonriَ con una compasiَn divina y le acariciَ dulcemente la mejilla. --Pronto, Serwe. Muy pronto. Esa tarde cruzaron un amplio valle, y mientras alcanzaban la cima de las lejanas laderas, vieron por primera vez a sus perseguidores. Serwe no pudo verlos al principio; sَlo atisbaba la falda exterior de los ‫ل‬ rboles iluminados por el sol a lo largo de un pedroso desfiladero. Después vislumbrَ las sombras de los caballos detr‫ل‬s, con sus delgadas patas cruz‫ل‬ndose en la oscuridad y los jinetes encogidos para evitar las ramas invisibles. De repente, uno apareciَ en el extremo; el sol impregnَ su casco y su armadura de un blanco radiante. Serwe se contrajo en las sombras. --Parecen confundidos --dijo. --Han perdido nuestro rastro en el suelo pedregoso --dijo Cnaiur con gravedad--. Est‫ل‬n buscando la ruta que tomamos para descender. Después, Cnaiur les pidiَ que aceleraran el paso. Con su convoy de

caballos, bramaron a través del bosque. El scylvendio les guiَ por las descendentes laderas, hasta que llegaron a un riachuelo poco profundo con el lecho de grava. All‫ ي‬cambiaron de direcciَn; cabalgaron r‫ي‬o abajo junto a las fangosas orillas, y a veces se adentraron en la corriente, hasta que ésta desembocَ en un r‫ي‬o mucho m‫ل‬s caudaloso. El aire estaba empezando a enfriarse, y las sombras grises del atardecer se hab‫ي‬an tragado los espacios abiertos. En muchas ocasiones, Serwe hab‫ي‬a cre‫ي‬do o‫ي‬r a los Kidruhil a través de los bosques que ten‫ي‬an a su espalda, pero el omnipresente ruido de la corriente de agua le imped‫ي‬a estar segura. Sin embargo, curiosamente, no ten‫ي‬a miedo. Si bien la euforia que hab‫ي‬a sentido durante la mayor parte del d‫ي‬a se hab‫ي‬a desvanecido, la sensaciَn de inevitabilidad no lo hab‫ي‬a hecho. Kellhus cabalgaba a su lado, y su mirada tranquilizadora siempre estaba all‫ ي‬en el momento en que su corazَn se debilitaba. «No tienes nada que temer --pensaba ella--. Tu padre cabalga contigo.» --Estos bosques --dijo el scylvendio, alzando la voz para que la oyeran al otro lado del r‫ي‬o-- continْan un poco m‫ل‬s antes de convertirse en pastos. Cabalgaremos tanto como podamos a oscuras, sin arriesgar nuestros caballos ni nuestros pellejos. Los hombres que nos siguen no son como los dem‫ل‬s. Tienen resoluciَn. Viven para cazar y para combatir a mi pueblo en estos bosques. No se detendr‫ل‬n hasta que acaben con nosotros. Pero una vez que dejemos atr‫ل‬s el bosque, tendremos la ventaja de que contamos con caballos de m‫ل‬s. Los haremos correr hasta que se mueran. Nuestraْ nica esperanza es cabalgar junto al Phayus, dejar atr‫ل‬s todos los rumores de nuestra presencia aqu‫ ي‬y alcanzar la Guerra Santa. Siguiendo su gu‫ي‬a, cabalgaron junto al r‫ي‬o, hasta que la luz de la luna se convirtiَ en una franja de mercurio tras la piedra azulina y la vecina oscuridad del bosque. Al cabo de un rato, la luna descendiَ y los caballos empezaron a tropezar y a asustarse. Con una maldiciَn, el scylvendio les ordenَ que se detuvieran. Sin mediar palabra, empezَ a descargar el equipaje de las monturas y a lanzarlo al r‫ي‬o. Demasiado cansada para hablar, Serwe desmontَ, se estirَ bajo el fr ‫ي‬o nocturno y se quedَ mirando por un momento el Clavo del Cielo, que brillaba entre nubes de estrellas m‫ل‬s p‫ل‬lidas. Girَ la mirada hacia el camino que hab‫ي‬an recorrido y se quedَ petrificada por un brillo distinto: una acuosa hilera de luces se deslizaba junto al r‫ي‬o. --‫؟‬Kellhus? --dijo ella, con la voz quebrada después de tanto tiempo

sin utilizarla. --Ya los he visto --respondiَ Cnaiur, arrojando una alforja al agua--. La ventaja del perseguidor: antorchas durante la noche. --En su tono hab‫ي‬a algo distinto, percibiَ Serwe, una tranquilidad que ella no hab‫ي‬a o ‫ي‬do nunca. La tranquilidad de un trabajador en su elemento. --Nos han estado ganando terreno --seٌalَ Kellhus--; se mueven demasiado de prisa para estar tratando de seguir nuestro rastro. --No tienes experiencia en estos asuntos, dunyaino. --Deber‫ي‬as escucharle --dijo Serwe con m‫ل‬s vehemencia de la que pretend‫ي‬a. Cnaiur se girَ hacia ella, y a pesar de que su expresiَn estaba sumida en la oscuridad, ella percibiَ su indignaciَn. Los scylvendios no toleraban a las mujeres de mal genio. --Elْ nico modo en que podr‫ي‬amos utilizar esto en nuestro provecho --respondiَ él, con su furia a duras penas contenida-- ser‫ي‬a intern‫ل‬ ndonos en el bosque. Ellos seguir‫ي‬an adelante, quiz‫ ل‬perder‫ي‬an nuestro rastro totalmente, pero al amanecer se dar‫ي‬an cuenta de su error. Entonces, se ver‫ي‬an obligados a deshacer sus pasos; pero no todos ellos lo har‫ي‬an. Saben que estamos empeٌados en viajar hacia el este, y sabr‫ي‬an que nos han adelantado. Avisar‫ي‬an a los m‫ل‬s aventajados de nuestra llegada y estar‫ي‬amos condenados. Nuestraْ nica esperanza es dejarlos atr‫ل‬s, ‫؟‬lo entiendes? --Lo entiende, llanero --respondiَ Kellhus. Siguieron caminando, tirando de sus caballos. Entonces era Kellhus quien los guiaba, aprovech‫ل‬ndose infaliblemente de toda extensiَn de terreno abierto, de modo que en ocasiones Serwe ten‫ي‬a que correr. Se ca‫ي‬a muchas veces porque tropezaba con cosas que no ve‫ي‬a, pero siempre lograba recuperarse antes de que el scylvendio pudiera reprenderla. Se encontraba siempre sin resuello, con los pulmones ardiendo; sent‫ي‬a de vez en cuando un calambre en el costado. Estaba amoratada, rasguٌada y tan cansada que las piernas se le doblaban cada vez que se quedaba quieta. Pero detenerse estaba fuera de toda cuestiَn, al menos mientras la hilera de antorchas desfilara en la distancia. Finalmente, el r‫ي‬o se doblَ y cayَ en forma de cascada sobre una serie de bancos de piedras. A la luz de las estrellas, Serwe vislumbrَ ante s‫ ي‬una gran extensiَn de agua. --El r‫ي‬o Phayus --dijo Cnaiur--. Muy pronto cabalgaremos, Serwe. En lugar de seguir el afluente del Phayus, giraron a la derecha y se adentraron en la negrura del interior del bosque.

Al principio, Serwe no pod‫ي‬a ver pr‫ل‬cticamente nada, y se sintiَ como si siguiera una caravana de sonidos a través de un tْnel de pesadilla en el que la negrura se apretujara con la negrura. Ramitas que se part‫ي‬an. Caballos que resoplaban. El regular impacto de los cascos. Pero poco a poco, un p‫ل‬lido crepْsculo empezَ a resaltar los detalles de la oscuridad: delgados troncos, cepos, el mosaico de hojas sobre el suelo. El scylvendio hab‫ي‬a dicho la verdad. El bosque se estaba tornando menos espeso. Cuando el amanecer empezَ a asomar por el horizonte de levante, Cnaiur les ordenَ que se detuvieran. Sostenido entre las ra‫ي‬ces de un ‫ل‬ rbol ca‫ي‬do, un gran disco de tierra se levantaba tras él. --Ahora cabalgaremos --dijo--. Cabalgaremos de prisa. Finalmente, pudo descansar los pies, pero su alivio fue breve. Con Cnaiur delante y Kellhus en la parte trasera, avanzaron a toda prisa por entre la maleza. A medida que el bosque se hac‫ي‬a menos espeso, la confusiَn del enrejado del dosel de hojas descendiَ hasta que pareciَ que corr‫ي‬an a través de él, azotados por innumerables ramas. A través del sonido de los cascos, oyَ la oleada de cantos matinales de los p‫ل‬jaros. Dejaron atr‫ل‬s la opresiva maleza y salieron a los prados galopando. Serwe gritَ y se riَ a voces, entusiasmada por la repentina velocidad del campo abierto. El aire fr‫ي‬o le insensibilizَ el rostro ardiente y le batiَ el pelo en colas ondeantes. Ante ellos, la esfera roja del sol encumbraba el horizonte, bruٌendo la morada distancia de naranja y magenta. Los pastos fueron dando pie, gradualmente, a tierras cultivadas, hasta que las distancias estuvieron cubiertas de campos de trigo joven, cebada y mijo. Bordearon pequeٌas aldeas rurales y las vastas plantaciones que pertenec‫ي‬an a las Casas de la Congregaciَn. Como concubina de la Casa Gaunum, Serwe hab‫ي‬a sido recluida en fincas similares, y mientras miraba los laber‫ي‬nticos complejos, los tejados con tejas de arcilla roja y las hileras de enebros como lanzas, le inquietَ que algo tan familiar en el pasado pudiera volverse tan amenazador y extraٌ o. Los esclavos levantaban las cabezas de los campos y les observaban mientras galopaban a lo largo de polvorientos caminos. Los transportistas les maldec‫ي‬an cuando les adelantaban a toda velocidad. Las mujeres soltaban sus fardos y apartaban de un tirَn a los asombrados niٌos de su camino. «‫؟‬Qué cree esa gente? --se preguntaba Serwe con los pensamientos ebrios de fatiga--. ‫؟‬Qué ven?» «Osados fugitivos», decidiَ. Un hombre cuya tosca cara les recordaba el terror scylvendio. Otro hombre, cuyos ojos azules les

sondeaban con la prisa de una sola mirada. Y una hermosa mujer, con el largo cabello rubio al viento, la recompensa que esos hombres les negar‫ي‬an a sus invisibles perseguidores. Aْ ltima hora de la tarde, espolearon a sus sudorosos caballos hacia la cima de una pedregosa colina, donde el scylvendio, al fin, les permitiَ un momento de respiro. Serwe a punto estuvo de caer de la silla. Se desplomَ y se estirَ entre las hierbas; los o‫ي‬dos le zumbaban, el suelo giraba lentamente bajo su cuerpo. Por un instante, loْ nico que pudo hacer fue respirar. Después oyَ la maldiciَn del scylvendio. que lidere a esos --،Cabrones tenaces! --espet .--Quienquiera َ hombres es tan astuto como terco. --‫؟‬Qué hacemos? --preguntَ Kellhus, y la pregunta, por alguna razَn, decepcionَ a Serwe. «Tْ sabes. Tْ siempre sabes. ‫؟‬Por qué te pones en sus manos?» Se puso en pie trabajosamente, asombrada porque sus piernas se hubieran agarrotado tan r‫ل‬pidamente, y siguiَ sus miradas hacia el horizonte. Bajo el sol, vislumbrَ un pequeٌo velo de polvo encamin‫ل‬ndose hacia el r‫ي‬o, pero poco m‫ل‬s. --‫؟‬Cu‫ل‬ntos? --le preguntَ Cnaiur a Kellhus. --Los mismos que antes..., sesenta y ocho. Aunque ahora cabalgan en caballos distintos. --Caballos distintos --repitiَ Cnaiur secamente, como si le molestara tanto lo que eso significaba como la capacidad de Kellhus de llegar a esas conclusiones--. Deben de haberse hecho con ellos en algْn lugar del camino. --‫؟‬Y no has sabido anticipar eso? --Sesenta y ocho --dijo Cnaiur, ignorando la pregunta--. ‫؟‬ Demasiados? --preguntَ, mirando con severidad a Kellhus. --Demasiados. --‫؟‬Aunque ataquemos de noche? Kellhus asintiَ, con la mirada extraٌamente perdida. --Quiz‫ ل‬--repitiَ al fin--, pero sَlo si hemos agotado todas las alternativas. --‫؟‬Qué alternativas? --preguntَ Cnaiur--. ‫؟‬Qué... hacemos? Serwe vislumbrَ una curiosa angustia en su expresiَn. «‫؟‬Por qué le preocupa tanto? ‫؟‬No ve que vamos a seguir?» --Les hemos ganado terreno --dijo Kellhus con firmeza--. Seguiremos cabalgando. Con Kellhus al frente, se adentraron en la sombra de la colina y fueron ganando velocidad lentamente. Dispersaron un pequeٌo rebaٌo de

ovejas y espolearon a sus ya exhaustos caballos con m‫ل‬s fuerza que antes. Precipit‫ل‬ndose por la pradera, Serwe sintiَ que el dolor se filtraba desde sus doloridas piernas. Dejaron atr‫ل‬s la sombra de la colina, y el sol del atardecer cayَ con calidez a su espalda. Espoleَ el caballo para que corriera m‫ل‬s, se puso a la altura de Kellhus y le dedicَ una fiera sonrisa. ‫ة‬l la hizo re‫ي‬r con una mueca divertida: ojos asombrados por su audacia, cejas hundidas de indignaciَn. Con el scylvendio a su espalda, galoparon de lado, riéndose de sus desventurados perseguidores, hasta que el atardecer se convirtiَ en crepْsculo y los distantes campos se enjuagaron de todos los colores salvo el gris. «Le hemos ganado al mism‫ي‬simo sol.» terreno --pens --hasta َ Abruptamente, su caballo --su recompensa por haber matado al hombre de la cicatriz-- titubeَ en pleno galope y agitَ la cabeza con un fuerte resoplido. Ella casi sintiَ que la cabeza del animal explotaba... Después, una explosiَn de tierra, hierba y mugre entre sus dientes y un silencio vibrante. El ruido de los cascos se aproximaba. --،Déjala! --oyَ que ladraba el scylvendio--. Nos quieren a nosotros, no a ella. Ella es una propiedad que les ha sido robada, una simple chucher‫ي‬a. --No. --Esto es impropio de ti, dunyaino... Muy impropio de ti. --Tal vez --oyَ que dec‫ي‬a Kellhus, con la voz entonces muy cercana y amable. Le cogiَ las mejillas con las manos. «Kellhus... Nada de niٌos azules.» «Nada de niٌos azules, Serwe. Nuestro niٌo ser‫ ل‬rosado y vivir‫ل‬.» --Pero ella estar‫ ل‬m‫ل‬s segura... Oscuridad y sueٌos de una gran sombr‫ي‬a carrera a través de tierras infieles.

Flotando. «‫؟‬Dَnde est‫ ل‬el cuchillo?» Serwe se despertَ jadeando en busca de aire. Todo el mundo daba vueltas y se sacud‫ي‬a debajo de su cuerpo. El pelo le bat‫ي‬a y, revolote‫ل‬ ndole en la cara, le aguijoneaba los ojos. Oli a َ vَmito. --،Por aqu‫ !ي‬--oyَ que gritaba el scylvendio por encima de los martilleantes cascos, con la voz impaciente, incluso urgente--. ،A la cima de esa colina!

La espalda y los hombros robustos de un hombre estaban aplastados contra sus pechos y su mejilla. Ten‫ي‬a los brazos asidos con una fuerza impresionante alrededor del torso del hombre, y las manos... ،No se sent‫ي‬a las manos! Pero notaba la cuerda roz‫ل‬ndole las muٌecas. ،Estaba atada! Amarrada a la espalda de un hombre. A Kellhus. ‫؟‬Qué estaba sucediendo? Levantَ la cabeza, sintiَ que unos cuchillos le toqueteaban la parte posterior de los ojos. Pasaron junto a unos pilares descabezados y al lado de la danzarina l‫ي‬nea de un muro derruido. Ruinas de alguna clase, y al otro lado, las oscuras avenidas de un olivar. ‫؟‬Un olivar? ‫؟‬Tan lejos hab‫ي‬an llegado? Mirَ hacia atr‫ل‬s y le sorprendiَ la ausencia de sus caballos sin jinetes. Entonces, a través de delgadas nubes de polvo, vio una inmensa cohorte de jinetes oscureciendo la distancia inmediata. Los Kidruhil: rostros duros concentrados en la persecuciَn, espadas agit‫ل‬ ndose y refulgiendo bajo el sol. Giraron y penetraron en el templo en ruinas. Tuvo la mareante sensaciَn de ser ingr‫ل‬vida; después se golpeَ contra la espalda de Kellhus. El caballo empezَ a dar patadas mientras ascend‫ي‬a por una acusada pendiente. Vislumbrَ los terrosos restos de un muro a su espalda. --،Mierda! --oyَ que rug‫ي‬a el scylvendio. Después:-- ،Kellhus! ‫؟‬Los ves? Kellhus no dijo nada, pero arqueَ la espalda y dio una sacudida con el brazo derecho para tirar del caballo en otra direcciَn. Serwe vislumbrَ su barbado perfil cuando girَ la cabeza a la izquierda. --‫؟‬Quiénes son? --gritَ. Y Serwe vio otra ola de jinetes, m‫ل‬s distantes pero acerc‫ل‬ndose a ellos, galopando por la misma ladera. El caballo de Kellhus dio un tirَn y, trazando una tangente pendiente arriba, levantaron grava y polvo. Mirَ hacia atr‫ل‬s, hacia los Kidruhil que ten‫ي‬an debajo, y observَ cَmo saltaban los muros ruinosos en filas imp‫ل‬vidas. Después vio cَmo otro grupo, tres jinetes, sal‫ي‬a desde detr‫ل‬s de una arboleda y giraba para interceptar su ascensiَn por la colina. --،Kellhuuuus! --gritَ ella, forcejeando con las cuerdas para llamarle la atenciَn. --،Quieta, Serwe! ،Est‫ل‬te quieta! Un Kidruhil cayَ fulminado de su montura mientras se agarraba a una flecha clavada en el pecho. «El scylvendio», advirtiَ Serwe al recordar al gamo que hab‫ي‬a matado. Sin detenerse, sin embargo, los

otros dos galoparon junto a su compaٌero ca‫ي‬do. El primero tirَ de sus riendas, se colocَ en paralelo a ellos y alzَ una jabalina. La ladera se tornَ llana, y los caballos ganaron velocidad. El Kidruhil lanzَ su lanza por encima del borrَn moteado del suelo y la hierba. Serwe se estremeciَ. Pero de alguna manera, Kellhus levantَ el brazo y la cogiَ en el aire, como si fuera una ciruela cayendo de un ‫ل‬rbol. Con un solo movimiento, girَ la jabalina y volviَ a lanzarla. La jabalina se clav َen la estupefacta cara del hombre. Durante un momento espeluznante, Serwe observ cَ َ mo el hombre se tambaleaba sobre la silla y después se desplomaba sobre el acelerado suelo. El otro se limitَ a ocupar su lugar y tirَ de las riendas para acercarse, como si quisiera chocar contra ellos, con la espada alzada para golpear. Por un instante, Serwe le mirَ a los ojos, brillantes en una cara cubierta de polvo, locos de determinaciَn asesina. Mostrando los dientes apretados, golpeَ... El golpe de Kellhus impactَ en su cuerpo como la cuerda de una gran catapulta de asedio. Su espada revoloteَ en el espacio que quedaba entre ellos. Soltando su arma, el Kidruhil bajَ la mirada. El intestino y los excrementos ensangrentados ca‫ي‬an a borbotones sobre la empuٌadura y los muslos. Su caballo dio un respingo y redujo la velocidad hasta detenerse. Inmediatamente después, estaban descendiendo al galope por la ladera del otro lado de la cumbre, y el suelo desaparec‫ي‬a. Su caballo resoplَ y dio tumbos hasta detenerse sobre la grava, tras la montura de Cnaiur. Antes ellos bostezaba una abrupta ca‫ي‬da, de casi tres veces la altura de los ‫ل‬rboles que poblaban la base. No a pico, pero demasiado abrupta para los caballos. Un tejido de oscuras arboledas y campos se extend‫ي‬a en la borrosa distancia, m‫ل‬s abajo. --Por la cresta --espetَ el scylvendio, tirando de su caballo. Pero se detuvo cuando la montura de Kellhus volviَ a gritar. Antes de que Serwe supiera qué estaba pasando, sus brazos hab‫ي‬an sido liberados, y Kellhus hab‫ي‬a saltado al suelo. La levant d َ e la silla y trat d َ e equilibrarla mientras ella se buscaba las piernas. --Vamos a deslizamos hasta abajo. ‫؟‬Puedes hacerlo, Serwe? Ella pensَ que iba a vomitar. --Pero si no puedo sentirme las man... Justo entonces, el primero de los Kidruhil llegَ a la cima. --،Venga! --gritَ Kellhus, casi empuj‫ل‬ndola por encima del extremo

redondeado. La tierra polvorienta se abriَ bajo sus pies y empezَ a descender a trompicones. Un caballo tropezَ y cayَ en una avalancha de polvo a su espalda. Agarr‫ل‬ndose, rasguٌando con los dedos que a duras penas pod ‫ي‬a sentir, logrَ detenerse. El caballo siguiَ cayendo. --،Corre, muchacha, corre! --gritَ el scylvendio desde arriba. Ella observَ cَmo medio caminaba, medio se ca‫ي‬a junto a ella, dejando una estela de polvo en el mareante vac‫ي‬o que ten‫ي‬a debajo. Se arriesgَ a dar un paso tentativo, y volviَ a caer. Se revolviَ, tratando de apuntalar sus pies en la ladera, pero golpeَ algo duro y saliَ rebotada hacia arriba en una explosiَn de arena, agit‫ل‬ndose en el aire. Aterrizَ con las manos y las rodillas, y por un instante le pareciَ que podr‫ي‬a detener su ca‫ي‬da, pero otra roca le golpeَ el pie izquierdo, tirَ de su rodilla hacia su pecho y ella cayَ, se golpeَ y se rasgَ, rodando de cabeza a través de una nube. Se detuvo entre el caos de piedras ca‫ي‬das. El scylvendio estaba meciéndole la cabeza. La preocupaciَn de su mirada la dejَ asombrada. --‫؟‬Puedes ponerte en pie? --preguntَ. --No lo sé --dijo ella entre jadeos. «‫؟‬Dَnde est‫ ل‬Kellhus?» ‫ة‬l la ayudَ a sentarse, pero su preocupaciَn ya estaba en otra parte. --Quédate aqu‫ ي‬--le dijo bruscamente--. No te muevas. --Estaba desenvainando su espada mientras se pon‫ي‬a en pie. Ella levantَ la mirada hacia la ladera y se mareَ en seguida. Vio una nube de polvo cayendo y se dio cuenta de que era Kellhus, que aceleraba su descenso dando un salto tras otro. Entonces, la estremeci َ el dolor en su costado, algo afilado que martirizaba cada una de sus respiraciones. --‫؟‬Cu‫ل‬ntos? --le preguntَ Cnaiur a Kellhus cuando éste derrapَ para detenerse. --Suficientes --dijo, impertérrito--. No nos seguir‫ل‬n por aqu‫ي‬. Dar‫ل‬n la vuelta. --Como los otros. --‫؟‬Qué otros? --Los perros que nos han sorprendido cuando hemos alcanzado la cima. Deben de haber empezado a descender en el momento en que hemos girado para alejarnos de ellos, porque he vislumbrado sَlo a los rezagados; por all‫ي‬, a la derecha... Mientras Cnaiur dec‫ي‬a eso, Serwe oyَ el estruendo de cascos a través de la pantalla de madera noble.

«،Pero no tenemos caballos! ،No tenemos cَmo huir!» --‫؟‬Qué significa eso? --gritَ ella, jadeando por la llamarada de dolor que la atormentaba. Kellhus se arrodillَ a su lado; su cara celestial hac‫ي‬a olvidar el sol. Una vez m‫ل‬s, ella vio su halo, el resplandeciente oro que le hac‫ي‬a distinto del resto de hombres. «،Nos salvar‫ !ل‬،No te preocupes, querido, sé que lo har‫»!ل‬ --Serwe, cuando vengan, quiero que cierres los ojos --le dijo. --Pero eres la promesa --dijo, sollozando. Kellhus le rozَ la mejilla; después, sin mediar palabra, se apartَ para ocupar su lugar junto al scylvendio. Ella vislumbrَ r‫ل‬fagas de movimiento detr‫ل‬s, y oyَ los relinchos y los bufidos de los caballos de guerra. Después, los primeros sementales, cubiertos de faldones de malla, franquearon las sombras y salieron a la luz del sol, montados por jinetes con sobretodos blancos y azules, y pesadas armaduras. A medida que los jinetes se acercaban en un semic‫ي‬rculo irregular, Serwe se dio cuenta de que ten‫ي‬an caras de plata, tan desapasionadas como las de los Dioses. Y supo que hab‫ي‬an sido enviados. ،Enviados para protegerle! Para proteger la promesa. Uno se acercَ m‫ل‬s que los otros y se quitَ el yelmo tirando de una descarga de grueso pelo negro. Estirَ de dos correas, y después se apartَ la m‫ل‬scara de plata de su robusta cara. Era sorprendentemente joven y llevaba una barba recortada en ‫ل‬ngulos rectos habitual entre los hombres de los Tres Mares orientales. Ainonio, quiz‫ل‬, o conriyano. --Soy Krijates Iryssas --dijo el joven en un sheyico con marcado acento--. Estos p‫ي‬os pero adustos seٌores son Caballeros de Attrempus y Hombres del Colmillo... ‫؟‬Habéis visto a unos criminales fugitivos por aqu‫?ي‬ Un silencio atَnito. --‫؟‬Por qué lo preguntas? --dijo Cnaiur, finalmente. El hombre mirَ con recelo a sus compaٌeros y después se inclinَ hacia adelante en su montura. Sus ojos titilaron. --Porque me estoy muriendo por falta de una conversaciَn sincera. El scylvendio sonriَ.

QUINTA PARTE: LA GUERRA SANTA

_____ 15 _____ Momemn «Muchos han condenado a aquellos que se unieron a la guerra con motivaciones mercenarias y, sin duda, si esta humilde historia llega finalmente a sus improbables bibliotecas, también arremeter‫ل‬n contra m .‫ي‬Debo admitir que mis motivos para unirme a la Guerra Santa eran mercenarios, si por tal entendemos que me un ‫ي‬a ella con objetivos que nada ten‫ي‬an que ver con la destrucciَn de los infieles y la reconquista de Shimeh. Pero hubo muchos m‫ل‬s mercenarios que, al igual que yo, fomentaron sin pretenderlo la Guerra Santa matando a un buen nْmero de infieles. El fracaso de la Guerra Santa no tuvo nada que ver con nosotros. ‫؟‬Dije fracaso? Quiz‫ ل‬transformaciَn ser‫ي‬a una palabra m‫ل‬s adecuada.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa «La fe es la verdad de la pasiَn. Puesto que ninguna pasiَn es m‫ل‬s verdadera que otra, la fe es la verdad de nada.» Ajencis, La cuarta anal‫ي‬tica del hombre

Primavera, aٌo del Colmillo 4111, Momemn --Recuerda lo que te dije --susurrَ Xinemus a Achamian mientras un viejo esclavo les preced‫ي‬a por el inmenso pabellَn de Proyas--. Sé formal. Sé cauto... Sَlo te va a recibir para que yo me calle; nada m‫ل‬s. Achamian frunciَ el entrecejo. --‫؟‬Cَmo han cambiado los tiempos, eh, Zin? --Ten‫ي‬as demasiada influencia sobre él cuando era niٌo, Akka; dejaste una fuerte impronta en su persona. Los hombres celosos con frecuencia confunden la pureza con la intolerancia, especialmente cuando son jَvenes.

A pesar de que Achamian sospechaba que las cosas eran mucho m‫ل‬s complicadas, sَlo dijo: --‫؟‬Has estado leyendo otra vez, verdad? Siguieron al esclavo a través de una sucesiَn de portezuelas bordadas; giraron a la izquierda, después a la derecha, luego a la izquierda una vez m‫ل‬s. Aunque hac‫ي‬a semanas que Proyas hab‫ي‬a llegado, las salas de administraciَn por las que pasaban parec‫ي‬an haber sido dispuestas sin orden ni concierto, y en algunos casos, sَlo se hab‫ي‬ an desempaquetado la mitad de los enseres. A Achamian le pareci َ inquietante. Normalmente, Proyas era meticuloso hasta extremos incre ‫ي‬bles. --Caos y crisis --dijo Xinemus a modo de explicaciَn--. Desde su llegada..., tiene a m‫ل‬s de la mitad de su personal en el campo, contando pollos. Achamian recordَ que contar pollos era una frase hecha conriyana que significaba «hacer esfuerzos inْtiles». --‫؟‬Tan mal van las cosas? --Peor. Est‫ ل‬perdiendo el juego que el Emperador le ha planteado, Akka. Recuerda también esto. --Quiz‫ ل‬deber‫ي‬a esperar, esperar hasta que... --Achamian empezَ a decirlo, pero ya era demasiado tarde. El viejo esclavo se hab‫ي‬a detenido ante la entrada de un recinto mucho m‫ل‬s grande y agitَ la mano con una fioritura que revelَ una axila oscura. «Entrad por vuestra cuenta y riesgo», dec‫ي‬a su expresiَn. La sala era m‫ل‬s fr‫ي‬a, menos luminosa. Los incensarios llenaban el interior de brumas y de la esencia de maderas arom‫ل‬ticas. Las alfombras estaban esparcidas alrededor de un fuego central, y en ellas hab‫ي‬a un curiosa profusiَn de pictogramas ainonios y estilizadas escenas sacadas de las leyendas conriyanas. Reclinado entre almohadones, el Pr‫ي‬ncipe observَ desde el otro extremo de la refulgente chimenea. Achamian se puso de rodillas inmediatamente e hizo una reverencia. Vislumbrَ un hilo de humo que ascend‫ي‬a en espiral procedente de un pequeٌo pedazo de carbَn del fuego. --Lev‫ل‬ntate, Maestro --dijo Proyas--. Siéntate en un coj‫ي‬n junto a mi chimenea. No te pediré que me beses la rodilla. El Pr‫ي‬ncipe Coronado de Conriya solamente llevaba una falda de lino bordada con la insignia de su dinast‫ي‬a y su naciَn. La barba muy recortada, entonces de moda entre los jَvenes nobles de Conriya, perfilaba su rostro. Su expresiَn era neutra, como si tratara de suspender el juicio. Sus grandes ojos eran hostiles, pero no odiosos.

«No te pediré que me beses la rodilla...» Un principio no muy prometedor. Achamian respirَ hondo. --Me honras en exceso, mi Pr‫ي‬ncipe, concediéndome esta audiencia. --Quiz‫ ل‬m‫ل‬s de lo que te imaginas, Achamian. Nunca en mi vida tantos hombres hab‫ي‬an reclamado tanto mi atenciَn. --‫؟‬Acerca de la Guerra Santa? --‫؟‬Qué si no? Achamian hizo una mueca de dolor para sus adentros. Por un instante, se encontrَ sin palabras. --‫؟‬Es cierto que est‫ل‬s asolando el valle? --Y m‫ل‬s all‫ل‬... Si tienes pensado reconvenirme por mis t‫ل‬cticas, Achamian, piénsatelo mejor. --‫؟‬Qué saben los hechiceros de t‫ل‬cticas, mi Pr‫ي‬ncipe? --Demasiado, ya que me lo preguntas. Peroْ ltimamente, todo el mundo se cree una autoridad en cuestiones de t‫ل‬ctica, ‫؟‬verdad, Mariscal? Xinemus mirَ a Achamian con una expresiَn de disculpa. --Tus t‫ل‬cticas son impecables, Proyas. Lo que me preocupa son las formas. --‫؟‬Y qué comer‫ي‬amos si no? ‫؟‬Nuestras alfombrillas de rezo? --El Emperador cerrَ sus graneros solamente cuando t ْy los otros Grandes Nombres empezasteis a hacer saqueos. --،Pero lo que nos daba era una miseria, Zin! Lo justo para evitar los disturbios. ،Lo justo para controlarnos! Ni un grano m‫ل‬s. --Sin embargo, saquear a inrithi... Proyas frunciَ el entrecejo y sacudiَ las manos. --،Es suficiente! Una y otra vez, dices una cosa sَlo porque yo digo la contraria. Sin que sirva de precedente, ،casi preferir‫ي‬a o‫ي‬r hablar a Achamian! ‫؟‬Has o‫ي‬do eso, Zin? Me irritas tanto... A juzgar por la sombr‫ي‬a mirada de Xinemus, Achamian se dio cuenta de que Proyas no bromeaba. «Ha cambiado tanto... ‫؟‬Qué le ha pasado?» Pero ya mientras se preguntaba eso, Achamian conoc‫ي‬a la respuesta. Proyas sufr‫ي‬a, como deb‫ي‬an de sufrir todos los hombres de gran ambiciَn, por el incesante intercambio de principios por ventajas. Ningْn triunfo sin arrepentimiento. Ningْn alivio sin asedio. Un ansioso compromiso tras otro, hasta que la vida entera parec‫ي‬a una derrota. Era una enfermedad que los Maestros del Mandato conoc‫ي‬an bien.

--Achamian... --dijo Proyas cuando vio que éste no hablaba--, tengo a una naciَn de emigrantes que alimentar, un ejército de bandidos al que contener, y un Emperador al que burlar, as‫ ي‬que ahorrémonos las sutilezas del jnan. Dime qué quieres. El rostro de Proyas era un campo de batalla de expectaciَn e impaciencia. Aunque quer‫ي‬a ver a su viejo maestro, segْn intu‫ي‬a Achamian, no quer‫ي‬a querer verlo. «Esto es un error.» Una inspiraciَn involuntaria. --Me pregunto si mi Pr‫ي‬ncipe todav‫ي‬a recuerda lo que le enseٌé hace un montَn de aٌos. --Esos recuerdos, me temo, son laْ nica razَn por la que est‫ل‬s aqu‫ي‬ . Achamian asintiَ. --‫؟‬Y recuerda lo que significaba pensar en términos de posibilidades? La impaciencia recuperَ las cumbres de la expresiَn de Proyas. --‫؟‬Te refieres a pensar «como si»? --S‫ي‬, mi Pr‫ي‬ncipe. --De niٌo tus juegos me cansaban, Achamian. De adulto, simplemente no tengo tiempo para ellos. --Esto no es un juego. --‫؟‬No? ،Entonces, ‫؟‬por qué est‫ل‬s precisamente aqu‫ي‬, Achamian?! ‫؟‬Qué intereses puede tener el Mandato en la Guerra Santa? ‫ة‬sa era la pregunta. Cuando uno guerreaba contra algo intangible, las dificultades eran sin duda frecuentes. Toda misiَn que careciera de un objetivo, o que tuviera un objetivo que se hab‫ي‬a evaporado en abstracciones, inevitablemente confund‫ي‬a los medios con los fines, tomaba sus esfuerzos por la cosa por la que se esforzaba. El Mandato estaba all‫ي‬, segْn hab‫ي‬a advertido Achamian, para determinar si deb‫ي‬a estar all‫ي‬. Y eso era tan significativo como pudiera serlo cualquier otra misiَn del Mandato, porque en eso consist‫ي‬an todas las misiones del Mandato. Pero no pod‫ي‬a dec‫ي‬rselo a Proyas. No, ten‫ي‬a que hacer lo que hac‫ي‬an todos los agentes del Mandato: poblar lo desconocido con antiguas amenazas y sembrar el futuro de cat‫ل‬strofes del pasado. En un mundo que ya era aterrador, el Mandato se hab‫ي‬a convertido en una Escuela dedicada a infundir temor. --‫؟‬Nuestros intereses? Descubrir la verdad. --As‫ ي‬que vas a soltarme un sermَn sobre la verdad y no sobre las posibilidades... Me temo que esos d‫ي‬as ya han terminado, Drusas Achamian.

«Me llamabas Akka, antes.» --No, mis d‫ي‬as de sermones han terminado. Lo m‫ل‬ximo que ahora puedo hacer, al parecer, es recordarle a la gente lo que sab‫ي‬a en el pasado. --Hay muchas cosas que antes cre‫ي‬a saber que ya no me importan. Debes ser m‫ل‬s espec‫ي‬fico. --Sَlo quer‫ي‬a recordarte, mi Pr‫ي‬ncipe, que cuando estamos m‫ل‬s seguros, m‫ل‬s seguros podemos estar de que nos engaٌamos. Proyas sonriَ amenazadoramente. --،Ah! Est‫ل‬s poniendo en entredicho mi fe. --No la pongo en entredicho. Sَlo la atenْo. --La atenْas, pues. Har‫ل‬s que me haga nuevas preguntas, que considere inquietantes «posibilidades». ‫؟‬Y cu‫ل‬les, te ruego, son esas inquietantes posibilidades? --El sarcasmo era abierto y escoc‫ي‬a--. Dime, Achamian, ‫؟‬en qué clase de idiota me he convertido? En ese instante, Achamian comprendiَ hasta qué punto el Mandato hab‫ي‬a sido menoscabado. No sَlo se hab‫ي‬an vuelto rid‫ي‬culos, sino que se hab‫ي‬an vuelto trasnochados, una cosa del pasado. ‫؟‬Cَmo se pod‫ي‬a recuperar la credibilidad desde un abismo como aquél? --La Guerra Santa --dijo Achamian-- podr‫ي‬a no ser lo que parece. --‫؟‬Podr‫ي‬a no ser lo que parece? --gritَ Proyas con una burlona estupefacciَn; un reproche a un profesor que hab‫ي‬a dado un traspié fatal--. Para el Emperador, la Guerra Santa es un libidinoso medio para restaurar su Imperio. Para muchos de mis iguales, es simplemente un instrumento venal para la conquista y la gloria. Para Ele‫ل‬zaras y para los Chapiteles Escarlatas, es un veh‫ي‬culo para vete a saber qué antigualla. Y para muchos otros, es simplemente una forma barata de redimir una vida desaprovechada. ‫؟‬La Guerra Santa no es lo que parece? ،No ha habido una sola noche, Achamian, en que no haya rezado por que tengas razَn! El Pr‫ي‬ncipe Coronado se inclinَ hacia adelante y se sirviَ un cuenco de vino. No le ofreciَ uno a Achamian ni a Xinemus. --Pero los rezos --prosiguiَ Proyas-- no son suficientes, ‫؟‬verdad? Algo suceder‫ل‬, alguna traiciَn o pequeٌa atrocidad, y mi corazَn gritar‫ل‬: «،Qué vergüenza! ،Sean todos malditos!». ‫؟‬Y sabes una cosa, Achamian? Es una posibilidad que me salva, que me hace continuar. ‫؟‬Y si esta Guerra Santa es en realidad divina, un bien en s‫ ي‬misma y por s ‫ ي‬misma?, me pregunto. Su aliento se quedَ suspendido durante esasْ ltimas palabras, como si ningْn aliento pudiera seguirlas.

«Y si...» --‫؟‬Es tan dif‫ي‬cil de creer? ‫؟‬Es tan imposible que a pesar de los hombres y sus libidinosas ambiciones, esta cosa, la Guerra Santa, sea buena por s‫ ي‬misma? Si es imposible, Achamian, entonces mi vida tiene tan poco sentido como la tuya... --No --dijo Achamian, incapaz de amordazar su ira--, no es imposible. La quejumbrosa furia de los ojos de Proyas se apaciguَ y se tornَ cérea de arrepentimiento. --Te pido disculpas, antiguo maestro. No quer‫ي‬a... --Se interrumpiَ con otro trago de vino--. Quiz ‫ل‬no sea muy buen momento para ir haciendo propaganda de tus hipَtesis, Achamian. Me temo que Dios me est ‫ل‬poniendo a prueba. --‫؟‬Por qué? ‫؟‬Qué ha sucedido? Proyas lanzَ una mirada a Xinemus, una mirada de preocupaciَn. --Se ha producido una matanza de inocentes --dijo--. Tropas galeoth bajo mando de Coithus Saubon acabaron con los habitantes de una aldea entera cerca de Pasna. Achamian recordَ que Pasna era un ciudad a unas cuarenta millas r ‫ي‬o Phayus arriba, famosa por sus olivares. --‫؟‬Lo sabe Maithanet? Proyas hizo una mueca. --Lo sabr‫ل‬. De repente, Achamian comprendiَ. --Le desaf‫ي‬as --dijo--. ،Maithanet ha prohibido esos disturbios! --Achamian a duras penas era capaz de ocultar su jْbilo. Si Proyas desafiaba a su Shriah... --No me gustan tus modales --le espetَ Proyas--. ،Qué te importa...! --Se detuvo, como sorprendido por algo que, entonces él, acababa de comprender--. ‫؟‬Es ésta la posibilidad que quieres que considere? --preguntَ, con asombro y furia en su tono--. Ese Maithanet... --Un repentino humor negro--. ‫؟‬Ese Maithanet conspira con el Consulto? --Como dec‫ي‬a --respondiَ Achamian al fin-- es una posibilidad. --Achamian, no te insultaré. Conozco la misiَn del Mandato. Conozco el horror solitario de tus noches. Tْ y los tuyos viv‫ي‬s los mitos que nosotros dejamos atr‫ل‬s con la infancia. ‫؟‬Cَmo puede uno no respetar eso? Pero no confundas cualquier desacuerdo que yo pueda tener con Maithanet con la reverencia y la devociَn que tengo por el Santo Shriah. Lo que tْ est‫ل‬s diciendo, la «posibilidad» que me est‫ل‬s pidiendo que tenga en cuenta, es una blasfemia. ‫؟‬Lo entiendes?

--S‫ي‬, perfectamente. --‫؟‬Tienes algo m‫ل‬s? ‫؟‬Algo m‫ل‬s que tus pesadillas? Achamian ten‫ي‬a m‫ل‬s porque entonces ten‫ي‬a muchas cosas menos. Ten‫ي‬a a Inrau. Se humedeciَ los labios. --En Sumna, un agente nuestro --tragَ saliva--, un agente m‫ي‬o, ha sido asesinado. --Un agente destinado, sin lugar a dudas, a espiar a Maithanet... --Proyas suspirَ; después, negَ con la cabeza con tristeza, como si se resignara a o‫ي‬r palabras categَricas y quiz‫ ل‬dolorosas--. Dime, Achamian, ‫؟‬cu‫ل‬l es el castigo por espiar a los Mil Templos? El hechicero parpadeَ. --La muerte. --‫؟‬Esto? --explotَ Proyas--. ‫؟‬Esto es lo que me traes? ‫؟‬Uno de tus esp‫ي‬as es ejecutado ،por espiar!, y tْ sospechas que Maithanet, ،el mayor Shriah en generaciones!, conspira con el Consulto? ‫؟‬Son éstas tus pruebas? Conf‫ي‬a en m‫ي‬, Maestro, cuando un agente del Mandato tiene mala suerte, no es necesario... --،Hay m‫ل‬s! --protestَ Achamian. --،Oh, esto tenemos que o‫ي‬rlo! ‫؟‬Qué? ‫؟‬Acaso algْn borracho te susurrَ una historia escabrosa? --Ese d‫ي‬a en Sumna, cuando te vi besar la rodilla de Maithanet... --،Oh, s‫!ي‬, por descontado, ،hablemos de eso! Te das cuenta de la afrenta... --،Me vio, Proyas! ،Supo que yo era un hechicero! Eso le obligَ a hacer una pausa, pero poco m‫ل‬s. --‫؟‬Y crees que yo no sé eso? ،Yo estaba all‫ي‬, Akka! As‫ ي‬que él, como otros grandes Shriah antes que él, tiene el don de ver a los Escogidos. ‫؟‬Y? Achamian estaba estupefacto. --‫؟‬Y? --repitiَ Proyas--. ‫؟‬Qué significa eso aparte de que él, a diferencia de ti, escogiَ el camino de la rectitud? --Pero... --Pero ‫؟‬qué? --Los sueٌos... Han sido tan contundentesْ ltimamente. --،Ah, otra vez con las pesadillas! --Algo est‫ ل‬sucediendo, Proyas. Lo sé. ،Lo siento! Proyas resoplَ. --Y ah‫ ي‬es donde est‫ ل‬el problema, ‫؟‬verdad, Achamian? Achamian sَlo pudo quedarse mir‫ل‬ndole, atَnito. Hab‫ي‬a algo m‫ل‬s, algo que estaba olvidando... ‫؟‬Cu‫ل‬ndo se hab‫ي‬a convertido en ese viejo

idiota? --‫؟‬Problema? --logrَ preguntar--. ‫؟‬Qué problema? --La diferencia entre saber y sentir. Entre el conocimiento y la fe. --Proyas cogiَ su cuenco y se lo bebiَ entero, como si pretendiera castigar al vino--. Recuerdo que te pregunté sobre Dios en una ocasiَn, hace muchos aٌos. ‫؟‬Recuerdas lo que me dijiste? Achamian negَ con la cabeza. --«He o‫ي‬do rumores --dijiste--, pero nunca he conocido a ese hombre.» ‫؟‬Te acuerdas? ‫؟‬Te acuerdas de cَmo yo me puse a saltar y a re‫ي‬r? Achamian asintiَ y sonriَ l‫ل‬nguidamente. --Lo repetiste sin parar durante semanas. Tu madre estaba furiosa. Me habr‫ي‬an despedido si Zin no hubiera... --Siempre ha sido un maldito valedor tuyo, ese Xinemus --dijo Proyas, sonriéndole al Mariscal--. ‫؟‬Sabes que no tendr‫ي‬as amigos si no fuera por él? Una repentina punzada en la garganta le imposibilitَ responder. Parpadeَ; ten‫ي‬a los ojos ardiendo. «No... Por favor, aqu‫ ي‬no.» El Mariscal y el Pr‫ي‬ncipe se le quedaron mirando, ambos con una expresiَn avergonzada y a la vez preocupada. --De todos modos --prosiguiَ Proyas, dubitativo--, lo que quiero decir es lo siguiente: lo que tْ dijiste de mi Dios, debes decirlo también del Consulto. Loْ nico que tienes son rumores, Achamian. Fe. No tienes ni idea de lo que est‫ل‬s hablando. --‫؟‬Qué est‫ل‬s diciendo? Su voz se endureciَ. --La fe es la verdad de la pasiَn, Achamian, y ninguna pasiَn es m‫ل‬s verdadera que otra. Y eso significa que no hay ninguna posibilidad de que lo que me dices que debo considerar, cualquier miedo que puedas infundirme, sea m‫ل‬s verdadero que mi adoraciَn. No puede haber ninguna conversaciَn entre nosotros. --Entonces, te pido disculpas... ،No hablaremos m‫ل‬s de esto! No pretend‫ي‬a ofenderte... --Sab‫ي‬a que esto te har‫ي‬a daٌo --le interrumpiَ Proyas--, pero deb‫ي‬a dec‫ي‬rtelo. Eres un blasfemo, Achamian. Impuro. Tu misma presencia es una afrenta contra ‫ة‬l. Un ultraje. Y as‫ ي‬como un d‫ي‬a te amé a ti, ahora amo m‫ل‬s a mi Dios, mucho m‫ل‬s. Xinemus no pudo soportar m‫ل‬s. --Pero sin duda...

Proyas silenciَ al Mariscal alzando la mano. Sus ojos reflejaban fervor y fuego. --El alma de Zin es suya. Puede hacer con ella lo que le parezca. Pero, Achamian, debes respetarme en esto: no quiero verte de nuevo. Nunca m‫ل‬s. ‫؟‬Lo entiendes? «No.» Achamian mirَ primero a Xinemus; después de nuevo a Nersei Proyas. «No tiene por qué ser as‫ي‬...» --As‫ ي‬ser‫ ل‬--dijo... Se puso en pie abruptamente, tratando de ocultar el dolor de su rostro. Los pliegues de su ropa calentados por el fuego quemaban al rozar su piel. --Sَlo te pido una cosa --dijo bruscamente--. Conoces a Maithanet. Quiz‫ ل‬sَlo conf‫ي‬e en ti. ‫ع‬nicamente pregْntale por vuestro joven sacerdote, Paro Inrau, que muriَ a causa de una ca‫ي‬da en la Hagerna hace algunas semanas. Pregْntale si le matَ su gente. Pregْntale si sab‫ي‬ a que el muchacho era un esp‫ي‬a. Proyas le mirَ con la ausencia de un hombre que se dispone a odiar. --‫؟‬Por qué se supone que iba a hacer tal cosa, Achamian? --Porque en el pasado me amaste. Sin decir nada m‫ل‬s, Drusas Achamian se girَ y dejَ a los dos nobles inrithi sentados en silencio junto al fuego. Fuera, el aire de la noche estaba cargado del olor de miles de hombres sin lavar. La Guerra Santa. «Muertos --pensَ Achamian--. Todos mis disc‫ي‬pulos est‫ل‬n muertos.» --‫؟‬Qué desapruebas esta vez? --le dijo Proyas al Mariscal--. ‫؟‬Las t‫ل‬ cticas o las formas? --Ambas cosas --respondiَ Xinemus con frialdad. --Ya veo. --Pregْntate a ti mismo, Proyas; deja por una vez a un lado la escritura, y pregْntate de verdad si el sentimiento que tienes en tu pecho, ahora, en este mismo momento, es perverso o recto. Una pausa llena de seriedad. --No siento nada.

Esa noche, Achamian soٌَ con Esmenet, ‫ل‬gil y salvaje encima de él,

y después con Inrau, que gritaba desde el Gran Negro: «،Est‫ل‬n aqu‫ي‬, viejo profesor! ،En formas que tْ no puedes ver!». Pero inevitablemente, los otros sueٌos vinieron después, la antigua pesadilla que siempre se alzaba en su temible marco y ahuyentaba los deseos menores y m‫ل‬s recientes. Y entonces, Achamian se encontrَ en los Campos de Eleneot, arrastrando el cuerpo destrozado de un Gran Rey fuera del clamor de la guerra. Los ojos azules de Celmomas le imploraron. --Déjame --dijo entre jadeos el Rey de barba entrecana. --No... Si mueres, Celmomas, todo estar‫ ل‬perdido. Pero el Gran Rey sonriَ con sus labios destrozados. --‫؟‬Ves el sol? ‫؟‬Ves su destello, Seswatha? --El sol se pone --respondiَ Achamian, entonces con l‫ل‬grimas cayéndole por las mejillas. --،S‫ !ي‬S‫ي‬... La oscuridad del No Dios no lo abarca todo. Los Dioses todav‫ي‬a nos ven, querido amigo. Est‫ل‬n lejos, pero los oigo galopar a través de los cielos. Oigo cَmo me llaman. --،No puedes morir, Celmomas! ،No debes morir! El Gran Rey negَ con la cabeza; las l‫ل‬grimas le manaban de unos ojos paradَjicamente tiernos. --Me est‫ل‬n llamando. Dicen que mi fin no es el fin del mundo. Esa carga, dicen, es tuya... Tuya, Seswatha. --No --susurrَ Achamian. --،El sol! ‫؟‬No ves el sol? ‫؟‬No puedes sentirlo en tus mejillas? Tales revelaciones se ocultan en cosas simples como ésa. ،Lo veo! Veo claramente que he sido un idiota terco e implacable... Y contigo, contigo m‫ل‬s que nadie, he sido injusto. ‫؟‬Puedes perdonar a un anciano? ‫؟‬ Puedes perdonar a un estْpido anciano? --No hay nada que perdonar, Celmomas. Has perdido mucho; has sufrido mucho. --Mi hijo... ‫؟‬Crees que estar‫ ل‬all‫ي‬, Seswatha? ‫؟‬Crees que me dar ‫ل‬ la bienvenida como su padre? --S‫ي‬. Como su padre y su rey. --‫؟‬Te he contado alguna vez --dijo Celmomas, con la voz rota de un orgullo desconsolado-- que mi hijo se introdujo en una ocasiَn en los pozos m‫ل‬s profundos de Golgotterath? --S‫ي‬. --Achamian sonriَ entre sus l‫ل‬grimas--. Muchas veces, viejo amigo. --،Cَmo le echo de menos, Seswatha! ،Cَmo anhelo volver a estar a su lado una vez m‫ل‬s!

El viejo Rey llorَ un rato m‫ل‬s, después abriَ los ojos como platos. --Lo veo tan claramente. Ha tomado el sol como corcel y cabalga por encima de nosotros. ،Lo veo! Galopa a través de los corazones de mi gente, ،despertando en ellos el asombro y la furia! --،Chsss! Conserva tus fuerzas, mi Rey. Los médicos est‫ل‬n de camino. --Dice..., dice cosas dulces para reconfortarme... Dice que uno de mis descendientes regresar‫ل‬, Seswatha. Un Anasurimbor regresar‫ل‬... --El Gran Rey hizo una mueca de dolor y se encogiَ de hombros. Un poco de baba le cayَ entre sus dientes apretados--. En el fin del mundo. Después, los refulgentes ojos de Anasurimbor Celmomas II, Seٌor Blanco de Tryse, Gran Rey de Kuniuri, quedaron débiles e inmَviles. El sol del atardecer brillَ y luego se apagَ, y el reluciente bronce de las huestes norsirai empalideciَ bajo el crepْsculo del No Dios. --،Nuestro Rey! --gritَ Achamian a los sombr‫ي‬os caballeros que le rodeaban--. ،Nuestro Rey ha muerto!

Se preguntَ si esos juegos eran habituales en el Agora Kamposea. Estaba de espaldas a él, pero Esmenet percibiَ su mirada evaluadora. Basَ los dedos por un haz de orégano colgado, como si quisiera comprobar si estaba bien seco. Se inclinَ hacia adelante, sabedora de que su vestido de lino blanco, un hasas tradicional, se doblar‫ي‬a sobre sus nalgas y se abrir‫ي‬a por el costado, lo que otorgar‫ي‬a al desconocido la posibilidad de ver su cadera desnuda y su seno derecho. Un hasas era poco m‫ل‬s que un largo rollo de lino decorado con un intrincado cuello bordado y sujeto a la cintura por medio de un cintur َn de piel. Aunque era la vestimenta habitual de las esposas libres en los d‫ي‬as calurosos, también era popular entre las prostitutas por obvias razones. Pero ella ya no era una prostituta. Ella era... Ya no sab‫ي‬a lo que era. Las esclavas de Sarcellus Cepaloran, Eritga y Hansa, también hab ‫ي‬an visto al hombre. Soltaron una risita por encima de la canela, simulando estar discutiendo acerca de la longitud de las ramas. No por primera vez ese d‫ي‬a, Esmenet sintiَ desprecio por ellas, del mismo modo como con frecuencia hab‫ي‬a sentido desprecio por la competencia de sus vecinas en Sumna, especialmente las m‫ل‬s jَvenes. «،Me est‫ ل‬mirando! ،A m‫»!ي‬

Era un hombre extraordinariamente atractivo: rubio pero bien afeitado, de pecho cuadrado. Llevaba solamente una falda de lino azul con borlas doradas que se le pegaban a los sudorosos muslos. La telara ٌa de tatuajes azules que luc‫ي‬a sobre el brazo indicaba que era un oficial de la Guardia Eَtica del Emperador. Aparte de eso, Esmenet no lo conoc ‫ي‬a de nada. Se hab‫ي‬an encontrado hac‫ي‬a poco; ella con Eritga y Hansa; él, con tres de sus compaٌeros. La aglomeraciَn la hab‫ي‬a empujado hacia él. Ol ‫ي‬a a c‫ل‬scaras de naranja y piel salada. Era alto: los ojos de Esmenet a duras penas llegaban a la altura de su clav‫ي‬cula. Algo en él le hizo pensar en la buena salud. Levantَ la mirada sin saber por qué y le sonriَ de esa manera t‫ي‬mida y a la vez consciente que desprend‫ي‬a modestia y promet‫ي‬a abandono al mismo tiempo. Después, nerviosa, excitada y consternada, hab‫ي‬a tirado de Eritga y Hansa hacia un tranquilo callejَn repleto de curiosos que paseaban y se alineaban junto a los puestos de especias con sus cestos planos apilados y sus cortinas de hierbas sec‫ل‬ndose. Comparadas con la apestosa muchedumbre, aquellas fragancias deber‫ي‬an haber sido un alivio para Esmenet, pero ésta no hac‫ي‬a sino aٌorar el olor de aquel desconocido. Entonces, en misteriosa ausencia de sus amigos, vagaba al sol a escasa distancia de ellas, observ‫ل‬ndolas con un inquietante candor. «Ignَrale», pensَ ella, incapaz de sacudirse la imagen de su fuerte estَmago apret‫ل‬ndose contra ella. َ las dos chicas. --‫؟‬Qué est‫ل‬is haciendo-- ?espet a --Nada --dijo con petulancia Eritga en un sheyico con fuerte acento. El sonido de un palo golpeando un caballete las hizo saltar a las tres. El viejo vendedor de especias, cuya piel parec‫ي‬a manchada del color de sus productos, se quedَ mirando a Eritga con los ojos airados. Blandiَ su palo y lo alzَ hacia el toldo de lino. --،Es tu dueٌa! --gritَ él. La bronceada muchacha se encogiَ. El vendedor de especias se girَ hacia Esmenet, se llevَ la palma de la mano al cuello y bajَ la mejilla derecha, un gesto de deferencia de la casta de los mercaderes. Le sonriَ con aprobaciَn. Nunca en su vida hab‫ي‬a estado tan limpia, tan bien alimentada o tan bien vestida. Aparte de sus ojos y sus manos, Esmenet sab‫ي‬a que parec‫ي‬a la esposa de algْn modesto perteneciente a la casta noble. Sarcellus le hab‫ي‬a hecho innumerables regalos: ropa, ungüentos, perfumes, pero no joyas.

Evitando su mirada, Eritga le dio una patada al toldo, lo que confirm َ lo que Esmenet hab‫ي‬a sabido desde el principio: que la chica no se consideraba a s‫ ي‬misma una sirviente de Esmenet. Tampoco lo hac‫ي‬a Hansa. Al principio, Esmenet hab‫ي‬a pensado que se trataba de simples celos: las chicas quer‫ي‬an a Sarcellus, y soٌaban, como hac‫ي‬an las esclavas jَvenes, en ser algo m‫ل‬s que las compaٌeras de cama de su due ٌo. Pero Esmenet hab‫ي‬a empezado a sospechar que el propio Sarcellus ten‫ي‬a algo que ver con esa actitud. Todas las dudas que hab‫ي‬a albergado hab‫ي‬an desaparecido esa maٌana, cuando las dos chicas se negaron a permitirle abandonar el campamento a solas. --،Eritga! --gritَ Esmenet--. ،Eritga! La muchacha la mirَ con un odio franco. Su pelo era tan claro que parec‫ي‬a no tener frente bajo la luz del sol. --،Vete a casa! --le ordenَ Esmenet--. ،Las dos! La chica soltَ una risotada y escupiَ sobre el polvo de la calle. Esmenet dio un amenazador paso adelante. --Pon tu pecoso culo en casa, esclava, antes de que... Otro golpe del palo en el caballete. El vendedor de especias saliَ de su puesto y golpeَ a Eritga en la cara. La chica cayَ, chillando, mientras el vendedor le pegaba una y otra vez, y gritaba maldiciones en una lengua desconocida. Hansa apartَ a Eritga arrastr‫ل‬ndola y después, en tanto el vendedor segu‫ي‬a gritando y blandiendo el palo, salieron corriendo del callejَn. --Ya van para casa --le dijo el hombre a Esmenet, radiante de orgullo y apretando una lengua rosa por entre los huecos de sus dientes--. ،Malditos esclavos! --aٌadiَ, escupiendo por encima de su hombro izquierdo. Pero Esmenet sَlo pod‫ي‬a pensar: «Estoy sola». Parpadeَ para reprimir las l‫ل‬grimas que amenazaban sus ojos. --Gracias --le dijo al anciano. El retorcido rostro se suavizَ. --‫؟‬Qué deseas? --preguntَ amablemente--. ‫؟‬Pimienta? ‫؟‬Ajo? Tengo un ajo muy bueno. Lo seco durante el invierno de una manera especial. ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a que no estaba sola? «Desde esa aldea; hace meses», pensَ. Sarcellus la hab‫ي‬a rescatado all‫ ي‬de la lapidaciَn. Se estremeciَ sintiéndose, de repente, horriblemente sola. Ocultَ el tatuaje en la palma de su mano derecha. No hab‫ي‬a estado sola desde el d‫ي‬a en que Sarcellus la hab‫ي‬a salvado. Desde que hab‫ي‬a llegado a la Guerra Santa, Eritga y Hansa hab‫ي‬an estado siempre con ella. Y el propio Sarcellus hab‫ي‬a logrado de

algْn modo pasar mucho tiempo con ella. En realidad, hab‫ي‬a sido muy atento, dado el ego‫ي‬smo que parec‫ي‬a caracterizar su vida en otros aspectos. La hab‫ي‬a consentido, en muchas ocasiones, llev‫ل‬ndola all‫ي‬, al Agora Kamposea, acompa‫ٌل‬ndola a rezar a Cmiral, pasando una tarde entera con ella en el templo de Xothei, donde se hab‫ي‬a re‫ي‬do mientras ella se maravillaba por su gran cْpula y escuchaba cَmo le explicaba el modo en que los ceneianos la hab‫ي‬an construido en la baja antigüedad. Incluso hab‫ي‬an recorrido juntos el recinto imperial. Sarcellus se hab‫ي‬a burlado de ella por haberse quedado boquiabierta al entrar en la fr‫ي‬a sombra de las Cumbres Andiamine. Pero nunca la hab‫ي‬a dejado sola. ‫؟‬Por qué? ‫؟‬Ten‫ي‬a miedo de que fuera en busca de Achamian? Le pareciَ un miedo tonto. Sintiَ fr‫ي‬o. Estaban vigilando a Akka. ،Ellos! ،Ten‫ي‬a que dec‫ي‬rselo! Pero ‫؟‬por qué se escond‫ي‬a de él? ‫؟‬Por qué tem‫ي‬a la idea de tropezar con él cada vez que sal‫ي‬a del campamento? Siempre que ve‫ي‬ a a alguien que se le parec‫ي‬a, inmediatamente apartaba la mirada, temerosa de que si no lo hac‫ي‬a, quiz‫ ل‬convirtiera a quienquiera que fuese en Achamian. Y si él la ve‫ي‬a y la castigaba con un ceٌo fruncido e interrogante. Y si deten‫ي‬a su corazَn con una mirada angustiada... --‫؟‬Qué deseas? --estaba repitiendo el vendedor de especias, entonces con el rostro preocupado. Ella le mirَ sin comprender, pensando: «No tengo dinero». Pero si as‫ ي‬era, ‫؟‬por qué hab‫ي‬a ido al agora? Entonces, recordَ al hombre, el Guardia Eَtico que la observaba. Recorriَ el callejَn con la mirada y le vio esperando, mir‫ل‬ndola con vivacidad. «Tan atractivo...» Se quedَ sin aliento. Sintiَ el calor que rodeaba sus muslos. Esa vez no apartَ la mirada. «‫؟‬Qué quieres?» ‫ة‬l la mirَ intensamente y mantuvo su mirada fija en ella ese instante de m‫ل‬s que sellaba todas las citas sobrentendidas. Inclinَ ligeramente la cabeza y mirَ el extremo m‫ل‬s lejano del mercado; después, de nuevo, a ella. Apartَ la mirada, nerviosa, con un revoloteo en el pecho. --Gracias --dijo entre dientes al vendedor de especias. El hombre sacudiَ las manos de indignaciَn cuando ella se dio la vuelta. Entumecida, empezَ a caminar en la direcciَn que el desconocido

hab‫ي‬a indicado. Le vio con el rabillo del ojo, siguiéndola a través de una sombr‫ي‬a pantalla de gente. Manten‫ي‬a la distancia, pero parec‫ي‬a que ya presionaba su sudoroso pecho contra la espalda de ella, sus estrechas caderas contra las nalgas de ella, moviéndose, susurr‫ل‬ndole al o‫ي‬do. Ella tratَ de recuperar el aliento, caminَ m‫ل‬s de prisa, como si la persiguieran. «،Quiero esto!» Se encontraron en unos cercados vac‫ي‬os, rodeados del olor del ganado para los sacrificios. Los recintos exteriores del templo-complejo se alzaban sobre ellos. De algْn modo, sin mediar palabra, se abrazaron en la oscuridad de un callejَn adyacente. Esa vez, él oliَ a piel quemada. Su beso fue apabullante, hasta vicioso. Ella sollozَ, apretَ la lengua en el interior de la boca de él y sintiَ el filo de cuchillo de sus dientes. --،Oh, s‫ !ي‬--casi gritَ él--. ،Tan dulce! --Le cogiَ el seno izquierdo. Con la otra mano, jugueteَ con su vestido y acariciَ la parte interior de sus muslos. --،No! --exclamَ ella, apart‫ل‬ndole de un empujَn. --‫؟‬Qué? --El hombre se inclinَ sobre los codos de ella, buscando su boca. Ella apartَ la cara. --Dinero --musitَ. Una falsa risa--. Nadie come gratis. --،Ah, Sejenus! ‫؟‬Cu‫ل‬nto? --Doce talentos --dijo ella entre jadeos--, talentos de plata. --Una puta --siseَ él--. ،Eres una puta! --Soy doce talentos de plata... El hombre dudَ. --Est‫ ل‬bien. Empezَ a buscar en su monedero y la mirَ de soslayo cuando ella se ajust َnerviosamente el vestido. --‫؟‬Qué es esto? --preguntَ él bruscamente. Ella siguiَ su mirada al dorso de su mano izquierda. --Nada. --‫؟‬De verdad? Pues me temo que he visto esa «nada» antes. Es un tatuaje que se burla del que llevan las sacerdotisas de Gierra, ‫؟‬no? Lo que utilizan en Sumna para identificar a las putas. --S‫ ؟‬.‫ي‬Y? El hombre sonriَ. --Te daré tus doce talentos. De cobre.

--De plata --dijo ella. Su voz sonَ insegura. --Una manzana podrida es una manzana podrida; no importa cَmo la vistas. --S‫ ي‬--susurrَ ella, sintiendo que se le saltaban las l‫ل‬grimas. --‫؟‬Qué ha sido eso? --،S‫ !ي‬،Date prisa! ‫ة‬l rebuscَ en su monedero. Esmenet vislumbrَ que media moneda de plata se deslizaba entre sus dedos. Agarrَ las sudadas monedas de cobre. Se levantَ la parte delantera de su hasas y él la penetrَ. Ella llegَ al cl‫ي‬max casi inmediatamente, soltando el aire a través de sus dientes apretados. Le golpeَ débilmente los hombros con los puٌos cerrados alrededor del dinero. ‫ة‬l siguiَ d‫ل‬ndole sacudidas, lentamente pero con fuerza. De vez en cuando, emit‫ي‬a un gruٌido m‫ل‬s fuerte que el anterior. --،Dulce Sejenus! --siseَ él, con el aliento c‫ل‬lido en el o‫ي‬do de ella. Ella volviَ a alcanzar el cl‫ي‬max, esa vez a voz en grito. Sintiَ que él se estremec‫ي‬a; notَ las reveladoras sacudidas, profundas, como si estuviera buscando su centro. --Por Dios --dijo él entre jadeos. Se echَ hacia atr‫ل‬s y le apartَ los brazos. Parec‫ي‬a mirar a través de ella--. Por Dios... --repitiَ, esa vez de un modo distinto--. ‫؟‬Qué he hecho? Resollando, ella levantَ la mano y se la puso en la mejilla, pero él dio un paso atr‫ل‬s, tratando de alisar su falda. Esmenet vislumbrَ un rastro de manchas hْmedas, la sombra de su falo cada vez m‫ل‬s fl‫ل‬ccido. ‫ة‬l no pod‫ي‬a mirarla, as‫ ي‬que girَ la vista hacia la brillante entrada del callejَn. Empezَ a caminar hacia ella, como si estuviera aturdido. Apoy‫ل‬ndose contra la pared, Esmenet vio cَmo recuperaba la compostura, o al menos una versiَn con el rostro p‫ل‬lido de la compostura, bajo la luz del sol. Desapareciَ, y ella recostَ la cabeza, respirَ profundamente y alisَ su hasas con manos patosas. Tragَ saliva. Lo sent‫ي‬a descender por el interior de su muslo, primero caliente, después fr‫ي‬o, como una l‫ل‬grima que se desliza hasta la barbilla. Por primera vez, le pareciَ, pudo oler la peste del callejَn. Vio el brillo de su media moneda de plata entre peces podridos y sin ojos. Deslizَ los hombros sobre los ladrillos de adobe y mirَ la resplandeciente agora. Soltَ las monedas de cobre. Cerrَ los ojos con fuerza y vio su estَmago manchado de semen negro. Después huyَ, verdaderamente sola.

Esmenet advirtiَ que Hansa hab‫ي‬a estado llorando. Ten‫ي‬a el ojo izquierdo como si en cualquier momento pudiera cerrarse a causa de la hinchazَn. Eritga levant َla mirada del fuego que estaba preparando. Un verdugَn rojo estropeaba su cara-- a causa del golpe del vendedor de especias, imagin E َ smenet-- pero, por lo dem‫ل‬s, parec‫ي‬a normal. Sonriَ como un chacal pecoso, alzando sus invisibles cejas y mirando hacia el pabellَn. Sarcellus la estaba esperando en el interior, sentado en la penumbra. --Te he echado de menos --dijo Sarcellus. Pese a su extraٌo tono, Esmenet sonriَ. --Y yo a ti. --‫؟‬Dَnde has estado? --Caminando. --Caminando... --Soltَ el aire a través de sus fosas nasales--. ‫؟‬ Caminando por dَnde? --Por la ciudad. Por los mercados. ‫؟‬Qué m‫ل‬s te da? ‫ة‬l la mirَ con curiosidad. Parec‫ي‬a estar... oliéndola. Dio un salto, la cogiَ por la muٌeca y tirَ de ella para acercarla, tan r‫ل‬ pidamente que Esmenet soltَ un gemido. Mir‫ل‬ndola, bajَ el brazo, cogiَ el dobladillo de su vestido y empezَ a sub‫ي‬rselo. Se detuvo justo encima de sus rodillas. --‫؟‬Qué est‫ل‬s haciendo, Sarcellus? --Te he echado de menos. Ya te lo he dicho. --No, ahora no. Tengo la peste de... --S‫ ي‬--dijo él, apartando las manos de ella--. Ahora. Levantَ los pliegues de lino e hizo una especie de toldo. Se puso en cuclillas con las rodillas abiertas como un simio. Un estremecimiento recorriَ su cuerpo, pero Esmenet no supo si era de terror o de furia. ‫ة‬l baj َsu hasas. Se puso en pie. Se la qued m َ irando sin ninguna expresiَn. Después sonri.َ Algo en él le recordَ a una guadaٌa, como si su sonrisa pudiera segar trigo. --‫؟‬Quién? --preguntَ él. --‫؟‬Quién qué? Le dio un bofetَn. No muy fuerte, pero pareciَ escocer m‫ل‬s a causa de ello. --‫؟‬Quién? Ella no dijo nada y se girَ hacia el dormitorio.

‫ة‬l la cogiَ del brazo, le dio la vuelta violentamente y alzَ la mano para darle otro golpe... Dudَ. --‫؟‬Ha sido Achamian? --preguntَ. A Esmenet le pareciَ que nunca hab‫ي‬a odiado mas una cara. Sinti cَ َmo el escupitajo se formaba entre sus labios y sus dientes. --،S‫ !ي‬--siseَ. Sarcellus bajَ la mano y la soltَ. Por un momento, pareciَ desolado. --Perdَname, Esmi --dijo con voz sorda. «‫؟‬Que te perdone qué, Sarcellus? ‫؟‬Qué?» ‫ة‬l la abrazَ desesperadamente. Al principio, ella permaneciَ r‫ي‬gida, pero cuando él empezَ a lloriquear, algo en su interior se rompiَ. Cediَ, se relajَ bajo la presiَn de sus brazos, oliَ con fuerza su aroma: mirra, sudor y cuero. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a ese hombre tan duro, m‫ل‬s seguro de s‫ ي‬mismo que ningْn otro hombre que ella hubiera conocido, llorar por haber pegado a una mujer como ella, traicionera, vil? ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a él...? --Sé que le quieres --oyَ que susurraba--. Sé que... Pero Esmenet no estaba tan segura.

El hechicero se reuniَ con Proyas a la hora acordada en un mont‫ي‬ culo que dominaba la vasta y escu‫ل‬lida extensiَn de la Guerra Santa. Al este, rodeado por las lejanas murallas y las torretas de Momemn, el sol, alz‫ل‬ndose, ard‫ي‬a como un gran pedazo de carbَn. Proyas cerrَ los ojos y saboreَ el débil calor del sol matinal. «Este d‫ي‬ a --pensَ y rezَ al mismo tiempo--, todo cambia.» Si las informaciones eran verdaderas, entonces al fin el interminable debate de perros y cuervos llegar‫ي‬a a su fin. ‫ة‬l tendr‫ي‬a a su leَn. Se girَ hacia Achamian. --No est‫ ل‬mal, ‫؟‬eh? --‫؟‬El qué? ‫؟‬La Guerra Santa o esta cita? Proyas se sintiَ castigado por su tono y molesto por su falta de deferencia. Hab‫ي‬a comprendido que necesitaba a Achamian mientras daba vueltas en su camastro, hac‫ي‬a unas horas. Al principio, su orgullo se hab‫ي‬a mostrado contrario: sus palabras de la semana anterior hab‫ي‬ an sido tan tajantes como pod‫ي‬an serlo las palabras: «No quiero verte de nuevo. Nunca m‫ل‬s». Arrepentirse de ellas justamente cuando necesitaba al hombre le pareciَ abyecto, mercenario. Pero ‫؟‬deb‫ي‬a arrepentirse de sus palabras para contravenirlas?

--La Guerra Santa, por supuesto --respondiَ con indiferencia--. Mis escribas me dicen que m‫ل‬s de... --Tengo un ejército de rumores que perseguir, Proyas --dijo el Maestro--, as‫ ي‬que, por favor, dispénsame de las galanter‫ي‬as del jnan y dime lo que tienes que decirme. Achamian era habitualmente cortante por las maٌanas. Probablemente se trataba de una consecuencia de los Sueٌos, como hab‫ي‬a supuesto siempre Proyas. Pero hab‫ي‬a algo m‫ل‬s en su tono, algo cercano al odio. --El resentimiento puedo entenderlo, Akka, pero debes respetar mi cargo. Un acuerdo vincula a la Escuela del Mandato con la Casa Nersei, y si es necesario, lo invocaré. Achamian le mirَ inquisitivamente. --‫؟‬Por qué, Prosha? --preguntَ, utilizando el diminutivo de su nombre como hac‫ي‬a cuando era su tutor--. ‫؟‬Por qué est‫ل‬s haciendo esto? ‫؟‬Qué pod‫ي‬a él decirle que no supiera ya o que estuviera dispuesto a o‫ي‬r? --No est‫ل‬s en situaciَn de hacerme preguntas, Maestro. --Todos los hombres, hasta los pr‫ي‬ncipes, deben responder a la raz َn. Una noche vetas mi presencia ante ti para siempre y después, apenas una semana m‫ل‬s tarde, me llamas, ‫؟‬y no te puedo hacer una pregunta? --،No te he llamado a ti! --grit َProyas--. He llamado al Maestro del Mandato bajo los auspicios del tratado que mi padre firmَ con tus superiores. O bien lo acatas, o bien lo infringes. La elecciَn es tuya, Drusas Achamian. No ese d‫ي‬a. ،Ese d‫ي‬a no iba a dejarse arrastrar a ese laberinto! No cuando todo iba a cambiar... Quiz‫ل‬. Pero obviamente Achamian ten‫ي‬a sus propios intereses. --Sabes --dijo--, he pensado en lo que dijiste esa noche. En realidad, no he hecho otra cosa. --‫؟‬En qué? «،Por favor, viejo tutor, deja eso para otro d‫ي‬a!» --Hay una fe que se reconoce a s‫ ي‬misma como fe, Proyas, y hay una fe que se toma a s‫ ي‬misma por conocimiento. La primera abraza la incertidumbre y reconoce el car‫ل‬cter misterioso de Dios. Engendra la compasiَn y la tolerancia. ‫؟‬Quién puede condenar totalmente cuando no est‫ ل‬seguro de si tiene la razَn? Pero la segunda, Proyas, la segunda abraza la certidumbre y sَlo insinceramente rinde culto al misterio de

Dios. Engendra intolerancia, odio, violencia... Proyas frunciَ el entrecejo. ‫؟‬Por qué no ced‫ي‬a? --Y engendra, imagino, alumnos que repudian a sus viejos profesores, ‫؟‬eh, Achamian? El hechicero asintiَ. --Y Guerras Santas... Algo en su respuesta intranquilizَ a Proyas, le amenazَ con fomentar miedos ya acuciantes. Sَlo sus aٌos de estudio le hab‫ي‬an salvado de la mudez. --Mora en m‫ ي‬--cit --yَ encontrar‫ل‬s refugio ante la incertidumbre-- . Mir a َ Achamian con una expresiَn de burla--. R‫ي‬ndete, como un niٌo se rinde a su padre, y todas las dudas ser‫ل‬n conquistadas. El Maestro le devolviَ la mirada durante un incَmodo instante. Después, asinti cَ on el irَnico disgusto de un hombre que hab‫ي‬a sido consciente desde el principio de la apariencia sensiblera de su perdiciَn. Hasta Proyas pod‫ي‬a percibirlo: la sensaciَn de que citando la escritura, recorr‫ي‬a a poco m‫ل‬s que un truco mezquino. Pero‫ ؟‬por qué‫? ؟‬Cَmo pod ‫ي‬a la voz del‫ ع‬ltimo Profeta, la Primera y‫ ع‬ltima Palabra, sonar tan..., tan ?... La pena que vio en los ojos de su viejo profesor le resultَ insoportable. --No te atrevas a juzgarme --le espetَ Proyas. --‫؟‬Por qué me has llamado, Proyas? --preguntَ Achamian, cansinamente--. ‫؟‬Qué quieres? El Pr‫ي‬ncipe conriyano puso en orden sus pensamientos respirando profundamente. Pese a sus esfuerzos por impedirlo, hab‫ي‬a permitido que Achamian le distrajera con el peso de cuestiones menores. Era suficiente. Ese d‫ي‬a ser‫ي‬a el d‫ي‬a. Ten‫ي‬a que serlo. --Anoche recib‫ ي‬noticias de un sobrino de Zin, Iryssas. Ha encontrado a una persona interesante. --‫؟‬Quién? --Un scylvendio. Esa palabra ro‫ي‬a el corazَn de los niٌos. Achamian le mirَ fijamente, pero no pareciَ muy impresionado. --Iryssas partiَ hace poco m‫ل‬s de una semana. ‫؟‬Cَmo ha podido encontrar a un scylvendio tan cerca de Momemn? --Parece que el scylvendio estaba de camino para unirse a la Guerra Santa. Achamian parec‫ي‬a perplejo. Proyas recordَ la primera vez que vio

esa expresiَn: de joven, jugando al benjuka con él bajo los olmos del templo del jard‫ي‬n de su padre. Cَmo se hab‫ي‬a entusiasmado. Esa vez la expresiَn fue huidiza. --‫؟‬Es una broma? --preguntَ Achamian. --No sé qué pensar, viejo tutor; por eso te he llamado. --Debe de ser mentira --afirmَ Achamian--. Los scylvendios no se unen a las Guerras Santas de los inrithi. Somos poco m‫ل‬s que... --Se por qué me has citado aqu-- ?‫ي‬pregunt ,como َ si interrumpi .--Pero‫؟‬ َ estuviera pensando en voz alta--. A menos... Proyas sonriَ. --Espero la llegada de Iryssas en breve. Su mensajero cre‫ي‬a que podr‫ي‬a estar sَlo unas horas por delante del grupo del mayordomo. Mandé a Xinemus para que lo trajera aqu‫ي‬. El Maestro mirَ de soslayo el amanecer, una esclerَtica morada alrededor de un iris dorado. --‫؟‬Viaja de noche? --Cuando encontraron al hombre y sus acompaٌantes, estaban siendo perseguidos por los Kidruhil del Emperador. Al parecer, Iryssas pens َque era prudente regresar con la mayor presteza posible. Parece que el scylvendio ha hecho algunas afirmaciones bastante provocativas . Achamian levantَ la mano, como si quisiera impedir un exceso de detalles. --‫؟‬Acompaٌantes? --Un hombre y una mujer. No sé nada m‫ل‬s, salvo que ninguno de los dos es scylvendio y que el hombre dice que es un pr‫ي‬ncipe. --‫؟‬Y cu‫ل‬les son las afirmaciones que ese scylvendio ha hecho? Proyas se detuvo para ahuyentar los temblores que amenazaban su voz. --Afirma que conoce el arte de la guerra de los fanim. Afirma que los ha derrotado en el campo de batalla. Y le ofrece sus conocimientos a la Guerra Santa. Finalmente, Achamian comprendiَ. La agitaciَn. La impaciencia por sus propias preocupaciones. Proyas hab‫ي‬a visto lo que los jugadores de benjuka llamaban el kut'ma o «movimiento oculto». Esperaba usar a ese scylvendio, quienquiera que fuese, tanto para irritar como para derrotar al Emperador. Achamian sonriَ a su pesar. Incluso después de tantas palabras duras, inevitablemente compartiَ una parte de la excitaci َn de su viejo estudiante. --As‫ ي‬que afirma ser tu kut'ma --dijo.

--‫؟‬Es posible lo que dice, Akka? ‫؟‬Los scylvendios han hecho la guerra contra los fanim? --Las tribus del sur asaltan con frecuencia Gedea y Shigek. Cuando yo estaba destinado en Shimeh, hubo... --‫؟‬Tْ has estado en Shimeh? --le espetَ Proyas. Achamian frunciَ el entrecejo. Como la mayor‫ي‬a de los profesores, no soportaba las interrupciones. --He estado en muchos sitios, Proyas. Por culpa del Consulto. Cuando uno no sab‫ي‬a dَnde mirar, ten‫ي‬a que mirar en todas partes. --Lo siento, Akka. Es sَlo que... --Proyas se fue acallando, desconcertado. Achamian sab‫ي‬a que el Pr‫ي‬ncipe hab‫ي‬a transformado Shimeh en la cima de una montaٌa sagrada, un destino que exig‫ي‬a guerrear contra miles de hombres antes de obtenerlo. La idea de que un blasfemo pudiera llegar all‫ ي‬simplemente en barca... --En ese momento --prosiguiَ Achamian--, hubo un gran tumulto contra los scylvendios. Los cishaurim hab‫ي‬an mandado a veinte de los suyos a Shigek para unirse a una expediciَn de castigo que el Padirajah estaba planeando mandar a la estepa. Nunca volviَ a saberse del ejército del Padirajah ni de los cishaurim. --Los scylvendios los masacraron. Achamian asintiَ. --S‫ي‬, es muy probable que tu scylvendio haya combatido y haya derrotado a los fanim. Es posible incluso que tenga conocimientos que compartir. Pero ‫؟‬por qué iba a compartirlos con nosotros? ‫؟‬Con inrithi? ‫ة‬ sa es la cuestiَn. --‫؟‬El odio que sienten por nosotros es tan profundo? Achamian vislumbr َuna ensordecedora carga de lanceros scylvendios galopando hacia el fuego, y el trueno de la voz de Seswatha. Una imagen de los Sueٌos. Parpadeَ. --‫؟‬Odia un sacerdote Momic al toro cuyo cuello corta? No. Para los scylvendios, recuerda, todo el mundo es un altar de sacrificios, y nosotros somos simplemente las v‫ي‬ctimas del ritual. Ni siquiera merecemos su desdén, razَn por la cual esto es tan extraordinario. ‫؟‬Un scylvendio uniéndose a la Guerra Santa? Es como..., como... --Como entrar en las jaulas en las que se guardan las v‫ي‬ctimas de los sacrificios --terminَ Proyas en un tono consternado-- y ponerse a hacer negocios con las bestias.

--Exactamente. El Pr‫ي‬ncipe Coronado frunciَ los labios y recorriَ con la mirada todo el campamento; Achamian supuso que buscaba una seٌal de sus malditas esperanzas. Nunca antes hab‫ي‬a visto a Proyas as‫ي‬, ni siquiera de niٌo. Parec‫ي‬a tan... fr‫ل‬gil. «‫؟‬Tan desesperada es la situaciَn? ‫؟‬Qué temes perder?» --Pero, por supuesto --aٌadiَ Achamian en un tono conciliador--, después de la victoria de Conphas en Kiyuth, las cosas pueden haber cambiado en la estepa. Dr‫ل‬sticamente, quiz‫ل‬. --‫؟‬Por qué siempre ten‫ي‬a que satisfacerle as‫?ي‬ Proyas le mirَ de lado, y en sus labios se formَ una sonrisa sardَnica. Volviَ a observar la confusa extensiَn de tiendas, pabellones y callejones que ten‫ي‬an enfrente. --Todav‫ي‬a no estoy tan acabado, viejo... --dijo, y se detuvo, entrecerrando los ojos--. ،All‫ !ي‬--exclamَ, seٌalando algo que Achamian no pudo ver--. Viene Zin. En seguida veremos si ese scylvendio es mi kut'ma o no. De la desesperaciَn a la impaciencia en un abrir y cerrar de ojos. «Ser‫ ل‬un rey peligroso», pensَ Achamian involuntariamente. Es decir, si sobreviv‫ي‬a a la Guerra Santa. Achamian tragَ saliva y percibiَ el polvo en los dientes. La costumbre, especialmente cuando iba acompaٌada de miedo, permit‫ي‬a ignorar el futuro. Pero eso era algo que él no pod‫ي‬a hacer. Con tantos hombres belicosos reunidos en un solo lugar, ten‫ي‬a que suceder algo catastrَfico. ‫ة‬sa era una ley tan inexorable como cualquiera de la lَgica de Ajencis. Cuanto m‫ل‬s lo recordara, m‫ل‬s preparado estar‫ي‬a cuando llegara el momento. «En algْn lugar, algْn d‫ي‬a, millares de los miles que me rodean yacer ‫ل‬n muertos.» La pregunta odiosa, la pregunta que a él le parec‫ي‬a morbosa hasta el punto de provocarle arcadas, pero que a pesar de todo se sent‫ي‬a obligado a hacerse, era: «‫؟‬Quién morir‫»?ل‬. Alguien iba a hacerlo. «‫؟‬Yo?» Finalmente, sus ojos distinguieron a Xinemus y su partida montada entre la confusiَn del campamento. El hombre ten‫ي‬a un aspecto demacrado, tal como era de esperar, puesto que el Pr‫ي‬ncipe le hab‫ي‬a mandado partir en mitad de la noche. Ten‫ي‬a la cara cuadrada y barbada vuelta hacia ellos. Achamian estaba seguro de que le miraba a él y no a Proyas. «‫؟‬Morir‫ل‬s tْ, viejo amigo?»

--‫؟‬Le ves? --preguntَ Proyas. Al principio, Achamian creyَ que se refer‫ي‬a a Xinemus, pero entonces vio al scylvendio, también a caballo, hablando con Iryssas, que llevaba el cabello completamente revuelto. La visiَn los dejَ helados. Proyas hab‫ي‬a estado observ‫ل‬ndolo, como si le entusiasmara evaluar su reacciَn. --‫؟‬Qué pasa? --preguntَ. --Hac‫ي‬a tanto... --Achamian contuvo la respiraciَn. --‫؟‬Tanto qué? «Tanto...» Dos mil aٌos, para ser exactos, desde que hab‫ي‬a visto un scylvendio porْ ltima vez. --Durante el Apocalipsis... --empezَ, pero se fue apagando, dubitativo. ‫؟‬Por qué se volv‫ي‬a tan t‫ي‬mido cuando hablaba de esas cosas, esas cosas reales?--. Durante el Apocalipsis, los scylvendios se unieron al No Dios. Acabaron con Kyraneas, saquearon Mehtsonc y sitiaron Sumna poco después de que Seswatha huyera all‫ي‬... --Quieres decir «aqu‫ »ي‬--dijo Proyas. Achamian mirَ al hombre burlonamente. --Después de que Seswatha huyera aqu‫ ي‬--explicَ Proyas--, donde en el pasado estuvo la antigua Kyraneas. --S-s‫ي‬... Aqu‫ي‬. Se encontraba en antiguo suelo kyraneano. All‫ي‬, sَlo que enterrado bajo muchas capas. Seswatha incluso hab‫ي‬a pasado por Momemn en una ocasiَn, aunque entonces se llamaba Monemora y era poco m‫ل‬s que un pueblo. Achamian advirtiَ que ésa era la fuente de su inquietud. Normalmente, no ten‫ي‬a demasiados problemas en mantener las dos eras, la presente y la apocal‫ي‬ptica, separadas. Pero ese scylvendio... Era como si portara en la frente antiguas calamidades. Achamian escrutَ la figura que se aproximaba: los gruesos brazos cubiertos de cicatrices, el rostro brutal con ojos que sَlo ve‫ي‬an enemigos muertos. Otro hombre, tan mugriento y agotado por el viaje como el scylvendio, pero con el pelo rubio y la barba de un norsirai, cabalgaba a muy poca distancia por detr‫ل‬s de él. Hablaba con una mujer, también de pelo claro, que se balanceaba precariamente en su silla. Achamian pensَ en ellos un instante --la mujer parec‫ي‬a herida--, pero su atenciَn pronto se desviَ de nuevo hacia el scylvendio. Un scylvendio. Parec‫ي‬a demasiado estrafalario para creerlo. ‫؟‬Ten‫ي‬ a aquello un significado m‫ل‬s grande? Hab‫ي‬a sufrido tantos sueٌos de Anasurimbor Celmomasْ ltimamente, y entonces eso, una visiَn incipiente del fin del mundo antiguo. ،Un scylvendio!

--No conf‫ي‬es en él, Proyas. Son crueles, carecen por completo de piedad. Son tan salvajes como los sranc, y mucho m‫ل‬s astutos. Proyas se riَ. --‫؟‬Sabes que los nansur empiezan todos los brindis y todas las oraciones con una maldiciَn contra los scylvendios? --Eso he o‫ي‬do. --Bueno, donde tْ ves un espectro de tus pesadillas, Maestro, yo veo al enemigo de mi enemigo. Achamian percibiَ que la visiَn del b‫ل‬rbaro hab‫ي‬a reactivado las esperanzas de Proyas. --No. Ves un enemigo, lisa y llanamente. Es un infiel, Proyas. Anatema. El Pr‫ي‬ncipe Coronado le mirَ implacablemente. --Como tْ. ،Qué error! ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a hacérselo entender? --Proyas debes... --،No, Achamian! --gritَ el Pr‫ي‬ncipe--. No «debo» nada. ،Sَlo por esta vez, ahَrrame tus oscuras premoniciones! ،Por favor! --Me llamaste para que te aconsejara --le espetَ. Proyas se dio la vuelta. --La petulancia, viejo tutor, no es propia de ti. ‫؟‬Qué te ha pasado? Te llamé para que me aconsejaras, s‫ي‬, pero en lugar de eso no paras de cotorrear. Un consejero, como pareces haber olvidado, ofrece al Pr‫ي‬ ncipe los datos necesarios para que éste haga un an‫ل‬lisis sensato. No hace sus propios an‫ل‬lisis y después regaٌa al Pr‫ي‬ncipe por no compartirlos-- .Le dio la espalda con una risotada--. Ahora sé por qué el Mariscal se preocupa tanto por ti. Las palabras le hirieron. Achamian pod‫ي‬a ver en su expresiَn que Proyas hab‫ي‬a tenido la intenciَn de hacerle daٌo, hab‫ي‬a querido infligirle lo m‫ل‬s parecido posible a una herida mortal. Nersei Proyas era un comandante, un comandante que se enfrentaba a un Emperador por el alma de una Guerra Santa. Necesitaba resoluciَn, la apariencia de unanimidad y, por encima de todo, obediencia. El scylvendio ya casi hab ‫ي‬a llegado hasta ellos. Achamian lo sab‫ي‬a, y sin embargo, las palabras le hirieron. «‫؟‬Qué me ha pasado?» Xinemus hab‫ي‬a detenido su caballo negro en la base del mont‫ي‬ culo. Les saludَ mientras desmontaba. Achamian no tuvo aliento para responderle. «‫؟‬Qué dices de m‫ي‬, Zin? ‫؟‬Qué ves?» Siguiendo el ejemplo de Xinemus, el grupo revoloteَ alrededor de

sus caballos un instante. Achamian oyَ a Iryssas regaٌando al norsirai por su aspecto, como si fuera un hermano muy unido, y no un extranjero que iba a conocer a su Pr‫ي‬ncipe. Con murmullos y pasos cansados, empezaron a subir por la ladera. Ya en el suelo, el scylvendio era m‫ل‬s alto que Xinemus, m‫ل‬s alto que todos los dem‫ل‬s, en realidad, con la excepciَn del norsirai. Ten‫ي‬a la cadera enjuta, y sus amplios hombros estaban liger‫ي‬simamente encorvados. Parec‫ي‬a hambriento, pero no a la manera de los pedigüeٌos, sino de los lobos. Proyas le dedicَ unaْ ltima mirada a Achamian antes de saludar a sus huéspedes. «Sé lo que necesito que sea», le advirtieron sus ojos. --Qué infrecuente es que el aspecto de un hombre se corresponda a los rumores --dijo el Pr‫ي‬ncipe en sheyico. Sus ojos se detuvieron en los brazos repletos de tendones del b‫ل‬rbaro--. Pero tu aspecto es tan fiero como la reputaciَn de tu pueblo, scylvendio. A Achamian le molestَ el tono amistoso de Proyas. Su capacidad para convertir sin el menor esfuerzo una discrepancia en una bienvenida, para ser rencoroso un instante y afable el siguiente, siempre hab‫ي‬a inquietado a Achamian. Sin lugar a dudas, él no la ten‫ي‬ a. Siempre hab‫ي‬a pensado que una pasiَn tan mَvil denotaba una preocupante capacidad de engaٌar. El scylvendio fulmin َcon la mirada a Proyas, pero no dijo nada. Achamian sinti u َ n escozor en la piel. El hombre, segْn advirti ,llevaba َ un Chorae metido en el interior del cinturَn. Pod‫ي‬a o‫ي‬r su abismal susurro. Proyas frunciَ el entrecejo. --Sé que hablas sheyico, amigo. --Si no recuerdo mal --dijo Achamian en conriyano--, los scylvendios tienen poca paciencia con los cumplidos irَnicos, mi Pr‫ي‬ ncipe. Les parecen poco varoniles. Los gélidos ojos azules refulgieron en su direcciَn. Algo en el interior de Achamian, algo que sab‫ي‬a cَmo valorar las amenazas f‫ي‬sicas, tembl َ. --‫؟‬Quién es éste? --preguntَ el hombre con un fuerte acento. --Drusas Achamian --dijo Proyas, en un tono mucho m‫ل‬s duro entonces--, un hechicero. El scylvendio escupiَ, y Achamian no supo si lo hizo por desprecio o si era un gesto popular contra la hechicer‫ي‬a. --Pero no te corresponde a ti hacer las preguntas --prosiguiَ Proyas--. Mis hombres te salvaron a ti y a tus acompaٌantes de los nansur, y puedo ordenarles con la misma facilidad que os entreguen a ellos. ‫؟‬Lo entiendes?

El b‫ل‬rbaro se encogiَ de hombros. --Pregunta lo que quieras. --‫؟‬Quién eres? --Soy Cnaiur urs Skiotha, caudillo de los utemot. Pese a sus escasos conocimientos acerca de los scylvendios, Achamian hab‫ي‬a o‫ي‬do hablar de los utemot, al igual que todos los Maestros del Mandato. Segْn los Sueٌos, Sathgai, el Rey-de-Tribus que hab‫ي‬a liderado a los scylvendios al lado del No Dios, era utemot‫ ؟‬.Pod‫ي‬ a ser eso otra coincidencia? --Los utemot, mi Pr‫ي‬ncipe --le murmur َAchamian a Proyas-- son una tribu del extremo septentrional de la estepa. Una vez m‫ل‬s, el b‫ل‬rbaro le fulminَ con una gélida mirada. Proyas asintiَ. --As‫ ي‬pues, dime, Cnaiur urs Skiotha, ‫؟‬por qué un lobo scylvendio viajar‫ي‬a tan lejos para hablar con los perros inrithi? El scylvendio se mostraba tan despectivo como sonriente. Mostraba, segْn percibiَ Achamian, la caracter‫ي‬stica arrogancia de los b ‫ل‬rbaros, la irreflexiva certidumbre de que los duros modales de su tierra hac‫ي‬an de él un hombre mucho m‫ل‬s duro que los dem‫ل‬s, aunque fueran m‫ل‬s civilizados. «Para él --pensَ Achamian--, somos mujeres tontas.» --He venido --dijo el hombre sin rodeos-- para vender mi sabidur‫ي‬a y mi espada. --‫؟‬Cَmo mercenario? --preguntَ Proyas--. Creo que no, amigo m‫ي‬o. Achamian me ha dicho que no existen scylvendios mercenarios. Achamian tratَ de mirar a los ojos a Cnaiur. No pudo. --Las cosas le fueron mal a mi tribu en Kiyuth --explicَ el b‫ل‬rbaro--. Y fue peor todav‫ي‬a cuando regresamos a nuestros pastos. Los pocos de mis parientes que sobrevivieron a los nansur fueron destruidos por nuestros vecinos del sur. Nuestros rebaٌos fueron robados. Nuestras esposas e hijos fueron hechos prisioneros. Los utemot ya no existen. --‫؟‬Y? --espetَ Proyas--. ‫؟‬Esperas hacer de los inrithi tu tribu? ‫؟‬ Esperas que me crea eso? Silencio. Un momento duro entre dos hombres indَmitos. --Mi tierra me ha repudiado. Me ha despojado de mi corazَn y mis pertenencias, as‫ ي‬que, a cambio, yo he renunciado a mi tierra. ‫؟‬Tan dif‫ي‬ cil de creer es? --Pero entonces por qué... --empezَ Achamian en conriyano. Fue interrumpido por la mano de Proyas. El Pr‫ي‬ncipe escrutَ al b‫ل‬ rbaro en silencio, evalu‫ل‬ndole de esa forma desconcertante en que

Achamian le hab‫ي‬a visto evaluar a otros antes: como si él fuera el centro absoluto de todo juicio. Si Cnaiur urs Skiotha estaba desconcertado, sin embargo, no lo demostraba. Proyas exhalَ con fuerza, como si hubiera llegado a una conclusiَn arriesgada y, por lo tanto, trascendental. --Dime, scylvendio, ‫؟‬qué sabes de Kian? Achamian abri َla boca para protestar, pero dud cَ uando observ e َl ceٌo fruncido de Xinemus. «،No olvides cu‫ل‬l es tu lugar!», gritaba la expresiَn del Mariscal. --Mucho y poco --respondiَ Cnaiur. Achamian sab‫ي‬a que ésa era la clase de respuesta que Proyas despreciaba, pero el scylvendio estaba jugando a lo mismo que el Pr‫ي‬ ncipe. Proyas quer‫ي‬a saber lo que el scylvendio sab‫ي‬a de los fanim antes de revelar cu‫ل‬nto necesitaba saber. De otro modo, el hombre podr ‫ي‬a simplemente decirle lo que quer‫ي‬a o‫ي‬r. La respuesta evasiva, sin embargo, significaba que el scylvendio se hab‫ي‬a percatado de ello, y por tanto, que era extraordinariamente sagaz. Achamian recorriَ con la mirada la superficie cicatrizada de los brazos del b‫ل‬rbaro, tratando de contar sus swazond con un solo vistazo. No pudo. «Muchos --pens --le َ han subestimado«. --‫؟‬Qué hay de la guerra? --preguntَ Proyas--. ‫؟‬Qué sabes del arte de la guerra kianene? --Mucho. --‫؟‬Cَmo es eso? --Hace ocho aٌos, los kianene invadieron la estepa, como los nansur, con la esperanza de acabar con nuestras incursiones en Gedea. Nos enfrentamos a ellos en un lugar llamado Zirkirta. Los aplastamos. Estas de aqu‫ ي‬--se pasَ un grueso dedo por varias cicatrices que ten‫ي‬a en la base de la muٌeca derecha-- son de aquella batalla. ‫ة‬sta es su general, Hasjinnet, hijo de Skauras, el Sapatishah de Shigek. No hab‫ي‬a orgullo en su voz. Para él, la guerra era simplemente un hecho que deb‫ي‬a ser descrito; no muy distinto, como imaginَ Achamian, de la descripciَn del nacimiento de un potrillo en sus pastos. --‫؟‬Mataste al hijo del Sapatishah? --Finalmente, s‫ ي‬--dijo el scylvendio--. Antes le hice cantar. Muchos de los conriyanos que observaban se rieron a carcajadas, y aunque Proyas sَlo le concediَ una sonrisa suficiente, Achamian se dio cuenta de que estaba entusiasmado. Pese a sus toscas maneras, el scylvendio estaba diciendo exactamente lo que Proyas esperaba o‫ي‬r.

Pero Achamian siguiَ sin estar convencido. ‫؟‬Cَmo sab‫ي‬an que los utemot hab‫ي‬an sido aniquilados? Y lo que era m‫ل‬s importante: ‫؟‬qué ten ‫ي‬a eso que ver con arriesgar la vida, las piernas y la piel cruzando el Nansurium para unirse a la Guerra Santa? Achamian mirَ por encima del hombro izquierdo del scylvendio al hombre norsirai que le acompaٌaba. Por un instante, sus miradas se engarzaron, y a Achamian le sorprendiَ la mezcla de sabidur‫ي‬a y pesar. Incomprensiblemente, pens‫ »ة‬:l... َ ‫ة‬l tiene la respuesta». Pero ‫؟‬se dar‫ي‬a cuenta Proyas de eso antes de acogerlos bajo su protecciَn? Los conriyanos se tomaban las normas de la hospitalidad con una seriedad absurda. --‫؟‬As‫ ي‬que conoces las t‫ل‬cticas kianene? --estaba preguntando Proyas. --S‫ي‬. Ya entonces hac‫ي‬a aٌos que era caudillo. Era consejero del Rey-de-Tribus. --‫؟‬Podr‫ي‬as describ‫ي‬rmelas? --Podr‫ي‬a... El Pr‫ي‬ncipe Coronado sonriَ, como si finalmente hubiera reconocido en el scylvendio una chispa similar a la suya. Achamian sَlo pod‫ي‬a mirar con una entumecida preocupaciَn. Sab‫ي‬a que cualquier interrupciَn ser‫ي‬ a rechazada de plano. --Eres cauto --dijo Proyas--, lo cual es bueno. Un infiel en una Guerra Santa debe ser cauto. Pero no tienes ninguna necesidad de recelar de m‫ي‬, amigo. El scylvendio resoplَ. --‫؟‬Por qué? Proyas abriَ los brazos, seٌalando la gran dispersiَn de tiendas que pespunteaban las distancias. --‫؟‬Has presenciado alguna vez una reuniَn as‫ ?ي‬La gloria de los inrithi se ha reunido en estos campos, scylvendio. Los Tres Mares nunca hab‫ي‬an sido tan pac‫ي‬ficos. Toda su violencia se ha reunido aqu‫ي‬ . Y cuando marche contra los fanim, te aseguro que tu batalla en Kiyuth, en comparaciَn, parecer‫ ل‬una mera escaramuza. --‫؟‬Y cu‫ل‬ndo marchar‫?ل‬ Proyas hizo una pausa. --Eso podr‫ي‬a depender de ti. El b‫ل‬rbaro se lo quedَ mirando, estupefacto. --La Guerra Santa est‫ ل‬paralizada. Una hueste, especialmente una hueste tan grande como ésta, marcha sobre su estَmago. Pero Ikurei Xerius III, a pesar de los acuerdos forjados hace m‫ل‬s de un aٌo, nos

niega las provisiones que necesitamos. Segْn la ley eclesi‫ل‬stica, el Shriah puede exigir que el Emperador nos aprovisione, pero no puede exigir que los nansur marchen con nosotros. --Pues marchad sin ellos. --Eso es lo que har‫ي‬amos, pero el Shriah duda. Hace meses, algunos Hombres del Colmillo consiguieron las provisiones que necesitaban tras someterse a las exigencias del Emperador... --Que son... --Firmar el Solemne Contrato, un acuerdo mediante el que se ceden al Imperio todas las tierras conquistadas. --Inaceptable. --No para los Grandes Nombres de los que te hablaba. Pensaron que eran invencibles, que esperar a que se les sumaran los dem‫ل‬s sَlo servir‫ي‬a para que les robaran su gloria. ‫؟‬Qué es una firma en un papiro a cambio de la gloria? As‫ ي‬que marcharon, se adentraron en tierras fanim y fueron completamente destruidos. Mientras reflexionaba, el scylvendio se hab‫ي‬a llevado una mano a la barbilla. «Un gesto extraٌamente encantador --pensَ Achamian-- en un hombre como ése.» --Ikurei Conphas --dijo con decisiَn. Proyas alzَ las cejas con aprobaciَn. Hasta Achamian se sintiَ muy impresionado. --Sigue --dijo el Pr‫ي‬ncipe. --Sin Conphas, tu Shriah teme que la Guerra Santa sea totalmente destruida. Se niega a exigirle al Emperador que os aprovisione porque teme una repeticiَn de lo sucedido. Proyas sonriَ amargamente. --Eso es. Y el Emperador, naturalmente, ha puesto el precio de Conphas en el contrato. Elْ nico modo de que Maithanet empuٌe su herramienta es, al parecer, vendiéndola. --Y vendiéndoos a vosotros. Proyas exhalَ un largo suspiro. --No te equivoques, scylvendio; soy un hombre devoto. No dudo de mi Shriah, sَlo de su an‫ل‬lisis de estos acontecimientos recientes. Estoy convencido de que el Emperador est‫ ل‬mostrando un farol, de que aunque marchemos sin firmar su maldito contrato, mandar‫ ل‬a Conphas y sus columnas a hacerse con cualquier prerrogativa que puedan obtener de la Guerra Santa... Por primera vez, Achamian se dio cuenta de que Proyas tem‫ي‬a que Maithanet pudiera capitular. ‫؟‬Y por qué no? Si el Santo Shriah pod‫ي‬a

tolerar a los Chapiteles Escarlatas, ‫؟‬por qué no iba a soportar también el Solemne Contrato del Emperador? --Mi esperanza --prosiguiَ Proyas--, y es sَlo una esperanza, es que Maithanet te acepte a ti como sustituto de Conphas. Contigo como consejero nuestro, el Emperador no podr‫ ل‬seguir manteniendo que nuestra ignorancia nos condenar‫ل‬. --‫؟‬El sustituto del Exalto-General? --repitiَ el caudillo scylvendio, que se estremeciَ con una carcajada, como advirtiَ Achamian un instante después. --‫؟‬Te parece divertido, scylvendio? --preguntَ Proyas con una expresiَn de desconcierto. Achamian aprovechَ la oportunidad. --Es por Kiyuth --le susurrَ r‫ل‬pidamente en conriyano--. Piensa en el odio que debe de sentir por Conphas después de Kiyuth. --‫؟‬Venganza? --le espetَ Proyas a modo de respuesta, también en conriyano--. ‫؟‬Crees que ésa es su verdadera razَn para viajar hasta aqu ‫ي? ؟‬Para descargar su venganza sobre Ikurei Conphas? --،Pregْntaselo! ‫؟‬Por qué ha venido hasta aqu‫ ي‬y quiénes son los otros? Proyas mirَ a Achamian. La desilusiَn de sus ojos se hab‫ي‬a visto desplazada por la aceptaciَn. Su ardor hab‫ي‬a estado muy cerca de enga ٌarle, y lo sab‫ي‬a. Hab‫ي‬a estado a punto de acoger al scylvendio en su hogar --،a un scylvendio!-- sin apenas unas cuantas preguntas comprometidas. --No conoces a los nansur --estaba diciendo el b‫ل‬rbaro--. ‫؟‬El gran Ikurei Conphas sustituido por un scylvendio? Habr‫ ل‬algo m‫ل‬s que lamentos y rechinar de dientes. Proyas ignorَ el comentario. --Una cosa que sigue preocup‫ل‬ndome, scylvendio... Comprendo que tu tribu haya sido destruida, que tu tierra se haya vuelto contra ti, pero ‫؟‬por qué has venido aqu‫ي? ؟‬Por qué iba un scylvendio a cruzar el Imperio, precisamente? ‫؟‬Por qué iba un infiel a unirse a una Guerra Santa? Las palabras borraron de un plumazo el humor del rostro de Cnaiur urs Skiotha y dejaron solamente cautela. Achamian observَ cَmo se tensaba. Parec‫ي‬a la puerta a algo temible que hab‫ي‬a sido desatado. --Yo soy la razَn por la que Cnaiur ha viajado hasta aqu‫ ي‬--declarَ una voz resonante desde detr‫ل‬s del b‫ل‬rbaro. Todos los ojos se giraron hacia el anَnimo norsirai. El porte del hombre era imperioso, pese a los trapos que le cubr‫ي‬an; ten‫ي‬a el

semblante de un hombre acostumbrado a una vida de absoluta autoridad. Pero esa expresiَn estaba de alguna forma matizada, como si hubiera estado acompaٌada por la pena y el sufrimiento. La mujer que estaba agarrada a su cintura miraba una cara tras otra, escandalizada y desconcertada a la vez. «‫؟‬Cَmo --gritaban sus ojos-- podéis no daros cuenta?» --Y, por cierto, ‫؟‬quién eres tْ? --le preguntَ Proyas. Los ojos azul claro parpadearon. El rostro sereno se inclinَ lo justo para saludar a un igual. --Soy Anasurimbor Kellhus, hijo de Moenghus --dijo el hombre en sheyico con un fuerte acento--. Un Pr‫ي‬ncipe del norte, de Atrithau. Achamian jadeَ sin comprender. Entonces, el nombre, Anasurimbor, le golpeَ como un repentino puٌetazo en el estَmago. Le dej َ sin resuello. Se sorprendiَ alzando las manos y cogiendo a Proyas del brazo. «No puede ser.» Proyas le mirَ con acritud, advirtiéndole que cerrara la boca. «Tendr ‫ل‬s mucho tiempo para entrometerte m‫ل‬s tarde, Maestro.» Volviَ a mirar al extranjero. --Un nombre poderoso. --No puedo hablar por mi sangre --respondiَ el norsirai. «Uno de mis descendientes regresar‫ل‬, Seswatha...» --No tienes el aspecto de un Pr‫ي‬ncipe. ‫؟‬Debo considerarte mi igual? --Tampoco puedo hablar por lo que tْ hagas o creas. Por lo que respecta a mi aspecto, loْ nico que puedo decir es que mi peregrinaje ha sido duro. «Un Anasurimbor regresar‫ل‬...» --‫؟‬Peregrinaje? --S‫ي‬. A Shimeh... Hemos venido a morir por el Colmillo. «... en el fin del mundo.» --Pero Atrithau est‫ ل‬muy lejos del influjo de los Tres Mares. ‫؟‬Cَmo puedes haber tenido noticia de la Guerra Santa? Vacilَ, como si tuviera miedo y no estuviera convencido de lo que iba a decir. --Sueٌos. Alguien me mandَ sueٌos. «،No puede ser!» --‫؟‬Alguien? ‫؟‬Quién? El hombre no pudo responder.

_____ 16 _____ Momemn «Aquellos de nosotros que sobrevivimos siempre nos sentiremos apabullados al recordar su llegada. Y no sَlo porque entonces era muy distinto. En cierto y extraٌo modo, nunca cambiَ. Cambiamos nosotros. Si él nos parece ahora tan distinto es porque era una figura que transformَ la situaciَn.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Finales de primavera, aٌo del Colmillo 4111, Momemn El sol acababa de ponerse. El hombre que dec‫ي‬a llamarse Anasurimbor Kellhus estaba sentado con las piernas cruzadas a la luz del fuego, junto a un pabellَn en cuyos laterales de tela hab‫ي‬an cosido‫ل‬ guilas bordadas; «un regalo de Proyas», supuso Achamian. Al principio, no hab‫ي‬a nada inmediatamente impresionante en el hombre, salvo, quiz‫ل‬, su largo cabello de color pajizo, que era tan fino como el armiٌo y parec‫ي‬a extraٌamente fuera de lugar a la luz del fuego. «Cabello hecho para el sol», pensَ Achamian. La joven mujer herida que se agarraba fieramente a su costado el d‫ي‬a anterior estaba sentada junto a él, con un vestido sencillo pero elegante. Ambos se hab‫ي‬an baٌado y hab‫ي‬an cambiado sus trapos por ropas salidas del guardarropa del Pr‫ي‬ncipe. Al acercarse, a Achamian le sorprendiَ la belleza de la mujer. Antes le hab‫ي‬a parecido poco m‫ل‬s que una niٌa apaleada. Ambos observaron cَmo se acercaba, con los rostros vividos bajo la luz del fuego. --Debes de ser Drusas Achamian --dijo el Pr‫ي‬ncipe de Atrithau. --Veo que Proyas te ha advertido acerca de m‫ي‬. El hombre sonriَ con complicidad; en realidad, era mucho m‫ل‬s que complicidad. Se trataba de una sonrisa distinta de cualquier otra que Achamian hubiera visto jam‫ل‬s. Parec‫ي‬a comprenderle mucho m‫ل‬s de lo que él quer‫ي‬a ser comprendido. Entonces, se dio cuenta. «Conozco a este hombre.»

Pero ‫؟‬cَmo se reconoce a un hombre al que nunca se ha visto antes? A menos que sea a través de un hijo o un pariente... Im‫ل‬genes de su sueٌo reciente, en las que sosten‫ي‬a el rostro muerto de Anasurimbor Celmomas en su regazo, destellaron en su memoria. El parecido era inconfundible: el surco entre las cejas, el largo hoyuelo de las mejillas, los ojos profundos. «،Es un Anasurimbor! Pero es imposible...» Y sin embargo, en aquellos tiempos, las cosas imposibles parec‫ي‬ an innumerables. Reunida alrededor de las adustas murallas de Momemn, la Guerra Santa era una visiَn tan asombrosa como cualquiera de las pesadillas de las Viejas Guerras de Achamian, con la posible salvedad de las desgarradoras batallas de Agongorea y el desesperado cerco de Golgotterath. La llegada del scylvendio y del Pr‫ي‬ncipe de Atrithau no hab‫ي‬an hecho sino confirmar la absurda magnitud de la Guerra Santa, como si las historias antiguas hubieran acudido en personas para ungirla. «Uno de mis descendientes regresar‫ل‬, Seswatha, un Anasurimbor volver‫ل‬...» Pese a lo extraordinario de la llegada del scylvendio, no era m‫ل‬s que una casualidad. Pero el Pr‫ي‬ncipe Anasurimbur Kellhus de Atrithau era una cuestiَn totalmente diferente. ،Anasurimbor! Eso era todo un nombre. La dinast‫ي‬a Anasurimbor hab‫ي‬a sido la tercera y m‫ل‬s esplendorosa dinast‫ي‬a que hab‫ي‬a regido Kuniuri, una estirpe que el Mandato hab‫ي‬a cre‫ي‬do desaparecida desde hac‫ي‬a miles de aٌos, si no con la muerte de Celmomas II en los campos de Eleneot, entonces sin duda con el saqueo de Tryse poco después. Pero no. La sangre del primer gran rival del No Dios hab‫ي‬a sido de algْn modo preservada. Imposible. «... en el fin del mundo.» --Proyas me ha advertido --dijo Kellhus--. Me ha dicho que los tuyos sufr‫ي‬s pesadillas de mis ancestros. Achamian sintiَ un pinchazo de traiciَn. Casi pod‫ي‬a o‫ي‬r al Pr‫ي‬ncipe: «Sospechar‫ ل‬que eres un agente del Consulto... Y de no ser as‫ي‬, tendr ‫ ل‬la esperanza de que Atrithau siga en guerra contra el Consulto, y de que tْ tengas noticias de su escurridizo enemigo. S‫ي‬guele la corriente, si quieres. Pero no trates de convencerle de que el Consulto no existe. No te escuchar‫»ل‬. --Pero yo siempre he cre‫ي‬do --prosiguiَ Kellhus-- que uno debe cabalgar durante un d‫ي‬a el caballo de otro hombre antes de criticarle.

--‫؟‬Para comprenderle mejor? --No --respondiَ el hombre, encogiéndose de hombros con un destello en la mirada--, porque entonces est‫ل‬s a un d‫ي‬a de distancia y tienes su caballo... Achamian negَ con la cabeza con tristeza y sonriَ, y después de un momento, los tres estallaron en carcajadas. «Me gusta este hombre. ‫؟‬Y si es quien afirma ser?» Mientras sus risas se iban apagando, Kellhus le presentَ a la mujer, Serwe, y le dio la bienvenida. Achamian se sentَ con las piernas cruzadas al otro lado del fuego. Achamian casi nunca se enfrentaba a situaciones como aquélla con un plan definido. Normalmente, se presentaba con un puٌado de curiosidades y poco m‫ل‬s. Mientras iba poniendo sobre la mesa esas curiosidades, hac‫ي‬a preguntas, y en las respuestas que recib‫ي‬a buscaba determinadas claves, signos reveladores y transparentes en las palabras y las expresiones. Nunca sab‫ي‬a exactamente qué estaba buscando; sَlo que estaba buscando. Confiaba en que cuando encontrara algo sabr‫ي‬a reconocerlo. Un buen esp‫ي‬a siempre sab‫ي‬a reconocerlo. La deficiencia de su método, sin embargo, se hizo evidente desde el principio. Nunca antes hab‫ي‬a conocido a un hombre como Anasurimbor Kellhus. Estaba su voz, que siempre parec‫ي‬a afinada con el timbre de una promesa. En ocasiones, Achamian se sorprend‫ي‬a aguzando el o‫ي‬do para o‫ي‬rle, no porque hablara en voz baja o porque su acento fuera incomprensible --hablaba con una extraordinaria fluidez, pese a lo reciente de su llegada--, sino porque su voz ten‫ي‬a profundidad. Parec‫ي‬ a susurrar: «Hay m‫ل‬s de lo que te estoy contando... Sَlo escucha y ver‫ل‬ s». Y estaba también su cara, el sincero drama de su expresiَn. Hab‫ي‬a en ella cierta inocencia, una concisa forma de mostrarse propia sَlo de los jَvenes, aunque a Achamian de ningْn modo le pareciَ ingenuo. El hombre se mostraba prudente, divertido y triste sucesivamente, sin malicia, como si experimentara sus pasiones y las pasiones de los dem ‫ل‬s con una asombrosa inmediatez. Y finalmente, estaban sus ojos, que brillaban suavemente a la luz del fuego. Eran azules como el agua que despierta la sed. Eran ojos que segu‫ي‬an cada palabra de Achamian, como si ni el mayor grado de atenciَn hiciera justicia a lo que dec‫ي‬a. Y sin embargo, al mismo tiempo, les rondaba un aire de extraٌa reserva. Pero no la reserva de los

hombres que llegan a conclusiones que lio se atreven a decir en voz alta, como Proyas, sino la reserva de un hombre que tiene la certidumbre de que a él no le corresponde sacar conclusiones. M‫ل‬s que nada, sin embargo, era lo que el hombre dec‫ي‬a lo que hab ‫ي‬a sobrecogido a Achamian. --‫؟‬Y por qué te has unido a la Guerra Santa? --le preguntَ Achamian, tratando de convencerse de que todav‫ي‬a cre‫ي‬a que la respuesta que le hab‫ي‬a dado a Proyas no era la verdadera. --Te refieres a los sueٌos --respondiَ Kellhus. --Supongo que s‫ي‬. Por un breve instante, el Pr‫ي‬ncipe de Atrithau le contemplَ con paternalismo, casi con pena, como si Achamian todav‫ي‬a no comprendiera las reglas de esa reuniَn. --Hasta la llegada de esos sueٌos, la vida hab‫ي‬a sido para m‫ ي‬como una ensoٌaciَn --explic .--َUn sueٌo en s ‫ي‬misma, quiz ...‫ل‬El sueٌo por el que me preguntas, el sueٌo de la Guerra Santa, fue un sueٌo de los que despierta, un sueٌo que hace que la vida anterior se convierta en sueٌo‫ ؟‬. Qué hace uno cuando tiene sueٌos semejantes? --pregunt‫ ؟‬.--َVolverse a dormir? Achamian compartiَ su sonrisa. --‫؟‬Pudiste? --‫؟‬Volverme a dormir? No, nunca. Ni aunque quisiera. Dormir es algo que no se consigue mediante el deseo. No puede ser cogido como una manzana, para saciar el apetito. El sueٌo es como la ignorancia o el olvido... Cuanto m‫ل‬s se esfuerza uno para lograr tales cosas, m‫ل‬s se alejan del alcance de la mano. --Como el amor --aٌadiَ Achamian. --S‫ي‬, como el amor --dijo Kellhus suavemente, mirando a Serwe por un breve instante--. ‫؟‬Y por qué tْ, un hechicero, te has unido a la Guerra Santa? Esa pregunta cogiَ a Achamian con la guardia baja. Se sorprendiَ respondiendo con m‫ل‬s franqueza de la que pretend‫ي‬a. --No sé por qué... Porque me ha sido ordenado por mi Escuela, supongo. Kellhus sonriَ amablemente, como si reconociera un dolor compartido. --Pero ‫؟‬cu‫ل‬l es tu misiَn aqu‫?ي‬ Achamian se mordiَ el labio, pero no pudo resistirse a decir una verdad, por otro lado, humillante. --Buscamos un mal antiguo e implacable --dijo lentamente, con el

resentimiento de los hombres que son ridiculizados con frecuencia--. Un mal que no hemos sido capaces de encontrar en m‫ل‬s de trescientos aٌ os. Y sin embargo, una noche tras otra, nos acongojan sueٌos con los horrores que ese mal provocَ en una ocasiَn. Kellhus asintiَ, como si incluso ese loco reconocimiento tuviera algْn precedente en su propia vida. --‫؟‬Acaso no es dif‫ي‬cil buscar lo que no podemos ver? Esas palabras llenaron a Achamian de un pesar inenarrable. --S‫ي‬... Muy dif‫ي‬cil. --Quiz‫ل‬, Achamian, tْ y yo no seamos tan diferentes. --‫؟‬A qué te refieres? Pero Kellhus no respondiَ. No le resultَ necesario. Achamian advirtiَ que el hombre hab‫ي‬a percibido su anterior incredulidad, y hab‫ي‬a respondido mostr‫ل‬ndole lo irَnico que era que un hombre angustiado por sus sueٌos le negara a otro hombre la posibilidad de que los suyos le extasiaran. De repente, Achamian creyَ la historia de Kellhus. ‫؟‬Cَmo podr‫ي‬a creer en s‫ ي‬mismo si no? Pese a esos momentos de sutil enseٌanza, Achamian se hab‫ي‬a dado cuenta de que el discurso y los modales del hombre no ten‫ي‬an nada que ver con una orden. Su conversaciَn carec‫ي‬a de las intangibles rivalidades que acompaٌaban como un olor, en ocasiones dulce pero casi siempre agrio, las charlas de otros hombres. Debido a ello, su conversaciَn ten‫ي‬a un car‫ل‬cter de viaje. A veces re‫ي‬an, y en otras ocasiones se quedaban callados, inmovilizados por la gravedad de los temas de los que hablaban. Y esos momentos eran como estaciones, como pequeٌos santuarios a partir de los cuales orientar un peregrinaje mayor. Achamian se dio cuenta de que ese hombre no estaba interesado en convencerle de nada. Sin duda, hab‫ي‬a cosas que deseaba mostrarle, cosas que esperaba que compartiera, pero cada una de ellas era ofrecida en el marco de una comprensiَn comْn: «Que a ambos nos muevan las cosas en s‫ ي‬mismas. Descubr‫ل‬monos mutuamente». Antes de acercarse al fuego, Achamian se hab‫ي‬a preparado para ser muy suspicaz, incluso tremendamente cr‫ي‬tico, con cualquier cosa que el hombre pudiera decir. El Antiguo Norte era entonces hogar de innumerables tribus de sranc, y sus grandes ciudades --Tryse, Sauglish, Myclai, Kelmeol y las otras-- estaban completamente en ruinas y llevaban dos mil aٌos muertas. Y all‫ ي‬donde hab‫ي‬a sranc no pod‫ي‬a entrar ningْn hombre. El Antiguo Norte era oscuro para el Mandato. Inescrutable. Y Atrithau era el bastiَn solitario en la oscuridad, fr‫ل‬gil ante

la larga y vetusta sombra de Golgotterath. Una sola luz prendida contra el corazَn negro del Consulto. Hac‫ي‬a siglos, cuando el Consulto todav‫ي‬a ten‫ي‬a refriegas abiertamente con el Mandato, Atyersus hab‫ي‬a mantenido una misiَn en Atrithau. Pero la misiَn hab‫ي‬a quedado sumida en el silencio siglos atr‫ل‬ s, poco después de que el Consulto se retirara a la oscuridad. De vez en cuando, mandaban al norte expediciones para que investigaran, pero fracasaban invariablemente. O bien eran rechazadas por los galeoth --que se mostraban extremadamente celosos con su ruta de caravanas meridional--, o bien desaparec‫ي‬an en las vastas llanuras Istyuli para no volver a ser vistas jam‫ل‬s. En consecuencia, el Mandato sab‫ي‬a muy poco de Atrithau, sَlo lo que se pod‫ي‬a deducir de los comerciantes que lograban sobrevivir al largo itinerario entre Atrithau y Galeoth. Y por lo tanto, Achamian comprend‫ي‬a que ser‫ي‬a totalmente prisionero de los hechos que Kellhus le contara. No tendr‫ي‬a ningْn modo de saber si dec‫ي‬a la verdad, de saber si era el Pr‫ي‬ncipe de Atrithau o no. Y sin embargo, Anasurimbor Kellhus era un hombre que mov‫ي‬a las almas de los que le rodeaban. Hablando con él, Achamian llegَ a comprender ciertas cosas que dif‫ي‬cilmente hubiera comprendido de otro modo. Encontrَ respuestas a curiosidades que nunca antes se hab‫ي‬ a atrevido a reconocer, como si su alma hubiera sido estimulada y abierta al mismo tiempo. Segْn los comentarios, el filَsofo Ajencis hab‫ي‬a sido un hombre as‫ ؟‬.‫ي‬Y pod‫ي‬a un hombre como Ajencis mentir? Era como si Kellhus fuera una revelaciَn viviente, un ejemplar de la Verdad. Achamian acabَ confiando en él; confiando pese a mil aٌos de sospecha. La noche se cerrَ, y el fuego decreciَ peligrosamente. Serwe, que hab‫ي‬a hablado muy poco, yac‫ي‬a dormida con la cabeza sobre el regazo de Kellhus. Su rostro dormido revolviَ una tenue sensaciَn de soledad en el interior de Achamian. --‫؟‬La quieres? --le preguntَ Achamian. Kellhus sonriَ con tristeza. --S‫ي‬... La necesito. --Te adora, ya lo sabes. Se ve en el modo como te mira. Eso pareciَ entristecer todav‫ي‬a m‫ل‬s a Kellhus. Su rostro se oscureci َ. --Ya lo sé --dijo finalmente--. Por alguna razَn me hace m‫ل‬s de lo que soy... También otros hacen eso. --Quiz‫ ل‬--dijo Achamian con una sonrisa que le pareciَ

curiosamente falsa-- saben algo que tْ ignoras. Kellhus se encogiَ de hombros. --Quiz‫ل‬. --Mirَ a Achamian con franqueza. Después, con la voz dolorida, aٌadiَ:-- Es paradَjico, ‫؟‬verdad? --‫؟‬El qué? --Tْ tienes un conocimiento privilegiado y sin embargo nadie te cree; en cambio yo no tengo nada y todo el mundo insiste en que tengo un conocimiento privilegiado. Y Achamian sَlo pod‫ي‬a pensar: «Pero ‫؟‬me crees?». --‫؟‬A qué te refieres? --preguntَ. Kellhus le mirَ pensativamente. --Esta tarde un hombre ha ca‫ي‬do de rodillas ante m‫ ي‬y me ha besado el dobladillo de la toga. --Se riَ, como si todav‫ي‬a estuviera asombrado por la triste absurdidad de ese acto. --Tu sueٌo --dijo Achamian con naturalidad--. Creyَ que los Dioses te mueven. --Te aseguro que no me han movido en absoluto. Achamian dudَ de eso y por un momento se asust‫ »؟‬.Quién َ es este hombre?» Permanecieron sentados en silencio un rato. Les llegaron distantes gritos de algْn lugar en el campamento circundante. Borrachos. --،Perro! --bramَ uno--. ،Perro! --Te creo, ya lo sabes --dijo finalmente Kellhus. El corazَn de Achamian revoloteَ, pero no dijo nada. --Creo en la misiَn de tu Escuela. Fue el turno de Achamian para encogerse de hombros. --Entonces, ya sois dos. Kellhus se riَ. --‫؟‬Puedo preguntarte quién es mi crédulo colega? --Una mujer. Esmenet. Una prostituta a la que visitaba de vez en cuando. --Achamian no pudo evitar mirar a Serwe al decirlo. «No tan hermosa como esta mujer, pero hermosa en cualquier caso.» Kellhus le hab‫ي‬a estado observando con atenciَn. --Es una mujer hermosa, imagino. --Es una prostituta --repitiَ Achamian, de nuevo turbado por la capacidad de verbalizar sus pensamientos. Achamian se culpَ del silencio que siguiَ a esas ‫ل‬cidas palabras. Se arrepintiَ, pero no pudo hacer como si no las hubiera dicho. Mirَ a Kellhus con una disculpa en los ojos. Pero el asunto ya hab‫ي‬a sido perdonado y olvidado. Los silencios

entre tos hombres estaban repletos de incَmodos significados --acusaciones, dudas, juicios de quién es débil y quién es fuerte--, pero los silencios de ese hombre enmendaban en lugar de sellar esas cosas. El silencio de Anasurimbor Kellhus dec‫ي‬a: «Sigamos adelante, tْ y yo, y recordemos estas cosas en un mejor momento». --Hay algo --dijo al fin Kellhus-- que me gustar‫ي‬a preguntarte, Achamian, pero temo que nuestra relaciَn todav‫ي‬a sea demasiado reciente. «Qué honestidad. Ojal‫ ل‬pudiera seguirte.» --Loْ nico que uno puede hacer, Kellhus, es preguntar. El hombre sonriَ y asintiَ. --Eres un profesor y yo soy un extranjero ignorante en una tierra desconcertante... ‫؟‬Acceder‫ي‬as a enseٌarme? Con esas palabras, un centenar de preguntas asaltaron a Achamian. --Me considerar‫ي‬a afortunado, Kellhus, de contar con un Anasurimbor entre mis estudiantes --se sorprendiَ diciendo. Kellhus sonriَ. --Est‫ ل‬acordado, pues. Te tengo, Drusas Achamian, por mi primer amigo entre este prodigio. Esas palabras despertaron una extraٌa timidez en Achamian, y se sintiَ aliviado cuando Kellhus despertَ a Serwe y le dijo que iban a retirarse. Después, avanzando trabajosamente por entre los oscuros callejones de tela de camino a su tienda, Achamian experimentَ una extraٌa euforia. Aunque la alegr‫ي‬a que provocaban cosas como aquélla no ten‫ي‬a medida, se sintiَ sutilmente transformado por su encuentro con Kellhus, como si le hubieran mostrado un ejemplo muy necesario de algo profundamente humano. Un ejemplo de la actitud adecuada ante la vida. Tendido en su humilde tienda, temiَ dormirse. La perspectiva de sufrir las pesadillas de nuevo le parec‫ي‬a insoportable. El trauma tanto pod‫ي‬a disminuir como intensificar la perspicacia. Cuando finalmente el sueٌo le sobrevino, soٌَ una vez m‫ل‬s con el desastre de los Campos de Eleneot, con la muerte de Anasurimbor Celmomas III bajo los martillos sranc. Y cuando se despertَ jadeando en busca de aire puro, la voz del Alto Rey moribundo --،tan similar a la de Kellhus!-- resonَ en su alma y abrumَ el ritmo de su corazَn con sus cadencias proféticas: «Uno de mis descendientes regresar‫ل‬, Seswatha, un Anasurimbor regresar‫ل‬... en el fin del mundo».

Pero ‫؟‬qué significaba eso? ‫؟‬Era Anasurimbor Kellhus realmente una seٌal, como Proyas esperaba? ‫؟‬Una seٌal no de la sanciَn de Dios a la Guerra Santa, como Proyas daba por hecho, sino del inminente regreso del No Dios? «... en el fin del mundo.» Achamian empezَ a temblar, a agitarse con un horror que nunca hab‫ي‬a experimentado estando despierto. «‫؟‬El regreso del No Dios? Por favor, dulce Sejenus, perm‫ي‬teme morir antes«... ،Era impensable! Se abrazَ los hombros y se meciَ en la oscuridad de su tienda, susurrando «،no!» una y otra vez. «،No!» «Por favor... Esto no puede estar sucediendo, ،no a m‫ !ي‬Soy demasiado débil. Soy sَlo un idiota.» Al otro lado de la tela de su tienda, todo permanec‫ي‬a en etéreo silencio. Innumerables hombres dorm‫ي‬an, soٌaban con el terror y la gloria contra los infieles, y no sab‫ي‬an nada de lo que Achamian tem‫ي‬a. Eran inocentes, como Proyas; estaban movidos por el irresponsable ‫ي‬ mpetu de su fe, pensando que un lugar, una ciudad llamada Shimeh, era el clavo alrededor del cual girar‫ي‬a el destino del mundo. Pero el clavo, como sab‫ي‬a Achamian, deb‫ي‬a encontrarse en un lugar m‫ل‬s oscuro, un lugar mucho m‫ل‬s al norte, donde la tierra lloraba brea. Un lugar llamado Golgotterath. Por primera vez en muchos, muchos aٌos, Achamian rezَ. M‫ل‬s tarde volviَ en razَn, y se sintiَ un poco estْpido. Por muy extraordinario que fuera Kellhus, no ten‫ي‬a nada m‫ل‬s que los sueٌos de Celmomas y la coincidencia de un nombre para justificar una conclusiَn tan aterradora. Achamian era escéptico, y estaba orgulloso de serlo. Era un estudiante de los antiguos, de Ajencis, un profesional de la lَgica. El Segundo Apocalipsis no era sino la m‫ل‬s dram‫ل‬tica de un centenar de conclusiones banales. Y si algo defin‫ي‬a su vida de vigilia, era la banalidad. En cualquier caso, encendiَ su vela con una palabra hechicera y hurgَ en la bolsa. Sacَ el mapa que hab‫ي‬a hecho poco antes de unirse a la Guerra Santa. Echَ un vistazo a los nombres esparcidos en el papiro y se detuvo en: MAITHANET Mientras la vieja enemistad entre Proyas y él persistiera, tendr‫ي‬a pocas esperanzas de saber m‫ل‬s cosas de Maithanet o de adelantar sus

investigaciones sobre la muerte de Inrau. «Lo siento, Inrau», pensَ, y obligَ a sus ojos a apartarse de su querido disc‫ي‬pulo. Después escrutَ: EL CONSULTO escrito --mucho m‫ل‬s apresuradamente, le pareci --a َ solas, en la esquina superior derecha, y todav‫ي‬a aislado de la delgada red de conexiones que un‫ي‬an los Otros nombres. A la luz de la vela, parec‫ي‬a temblar contra la hoja p‫ل‬lida y veteada, como si fuera algo demasiado desquiciado para ser capturado en tinta. Mojَ su pluma en el cuerno y escribiَ con mucho cuidado: ANASURIMBOR KELLHUS bajo el odiado nombre.

Cnaiur cruzaba el campamento con el paso reacio de un hombre que no est‫ ل‬seguro del lugar al que se dirige. El camino que segu‫ي‬a se extend‫ي‬a entre un caos de campos dormidos. Aqu‫ ي‬y all‫ل‬, el fuego segu ‫ي‬a ardiendo, atendido por hombres que susurraban, la mayor‫ي‬a borrachos. Los olores le asaltaron al llevar la brusquedad del hedor en el aire fr‫ي‬o y seco: ganado, carne rancia y humo de aceite; algْn idiota estaba quemando madera hْmeda. Los recuerdos de su reciente encuentro con Proyas dominaban sus pensamientos. Para fortalecer el plan que deb‫ي‬a permitirle burlar al Emperador, el Pr‫ي‬ncipe Coronado hab‫ي‬a buscado consejo en cinco Palatinos conriyanos que hab‫ي‬an adoptado la causa del Colmillo. Eran hombres orgullosos con lenguas orgullosas. Hasta los Palatinos m‫ل‬s belicosos, como Gaidekki o Ingiaban, hablaban m‫ل‬s de cara a la galer‫ي‬ a que para solucionar el problema. Observ‫ل‬ndolos, Cnaiur se hab‫ي‬a dado cuenta de que todos jugaban una versiَn infantil del juego del dunyaino. Las palabras, segْn le hab‫ي‬an enseٌado Moenghus y Kellhus, pod‫ي‬an ser utilizadas con la mano abierta o con el puٌo cerrado, como forma de abrazar o como forma de esclavizar. Por alguna razَn, aquellos inrithi, que no ten‫ي‬an nada tangible que ganar o perder con respecto a los dem‫ل‬s, hablaban con los puٌos cerrados: afirmaciones fatuas,

concesiones falsas, agasajos burlones, insultos halagadores y una inacabable sucesiَn de insinuaciones sarc‫ل‬sticas. Jnan, lo llamaban. Era una seٌal de casta y cultura. Cnaiur hab‫ي‬a soportado la farsa tan bien como hab‫ي‬a podido, pero inevitablemente, segْn le parec‫ي‬a entonces, pronto hab‫ي‬an lanzado también las redes sobre él. --Dime, scylvendio --dijo Gaidekki, colorado por el alcohol y la osad ‫ي‬a--, esas cicatrices tuyas, ‫؟‬reflejan al hombre o la medida del hombre? --‫؟‬Qué quieres decir? El Palatino de Anplei sonriَ. --Bueno, dir‫ي‬a que si, por ejemplo, matas a Ganyama, él merecer‫ي‬ a dos cicatrices como mucho. Pero ‫؟‬y si me mataras a m‫ ?ي‬--Mirَ a los dem‫ل‬s, con las cejas alzadas y los labios fruncidos, como si hablara en deferencia a sus formadas opiniones--. ‫؟‬Qué? ‫؟‬Veinte cicatrices? ‫؟‬ Treinta? --Sospecho --dijo Proyas-- que las espadas scylvendias tienen muy buen ojo. Imrotha se riَ de eso con demasiado entusiasmo. --Las swazond --dijo Cnaiur a Gaidekki-- contabilizan enemigos, no idiotas. --Se quedَ mirando imp‫ل‬vido al asustado Palatino, y después, escupiَ al fuego. Pero Gaidekki no se dejَ intimidar tan f‫ل‬cilmente. --‫؟‬Y yo qué soy? --preguntَ peligrosamente--. ‫؟‬Idiota o enemigo? En ese momento, Cnaiur comprendiَ otra de las penalidades que iba a tener que sufrir durante los prَximos meses. Los peligros y las privaciones de la guerra no eran nada; los hab‫ي‬a sobrellevado durante toda su vida. La deshonra de tener tratos con Kellhus era un problema de una naturaleza diferente, pero algo que pod‫ي‬a soportar en nombre del odio. Pero la degradaciَn de participar un d‫ي‬a tras otro en las desagradables y afeminadas costumbres de los inrithi era algo que no hab‫ي‬a tenido en consideraciَn. ‫؟‬Cu‫ل‬nto deber‫ي‬a sufrir para ver la venganza satisfecha? Por suerte, Proyas se adelantَ con habilidad a su respuesta a Gaidekki y puso punto final al consejo. Demasiado disgustado para soportar sus evasivas de despedida, Cnaiur se hab‫ي‬a limitado a abandonar el pabellَn y adentrarse en la noche. Dejَ que su mirada vagara mientras él caminaba. La luna era llena y brillaba, manchando de color plateado la espalda de las nubes, cada vez m‫ل‬s cargadas. Movido por una peculiar melancol‫ي‬a, mirَ a las estrellas. A los niٌos scylvendios les contaban que el cielo era un yaksh

incre‫ي‬blemente grande y lleno de innumerables agujeros. Recordaba a su padre seٌalando hacia el cielo en una ocasiَn. --‫؟‬Lo ves, Nayu? --le hab‫ي‬a dicho--. ‫؟‬Ves las mil luces mirando a través del cuero de la noche? As‫ ي‬es como sabemos que un gran sol brilla m‫ل‬s all‫ ل‬de este mundo. As‫ ي‬es como sabemos que cuando es de noche, en realidad es de d‫ي‬a, y que cuando es de d‫ي‬a, en realidad es de noche. As‫ ي‬es como sabemos, Nayu, que el mundo es una mentira. Para los scylvendios, las estrellas eran un recordatorio: sَlo el Pueblo de la Guerra era verdadero. Cnaiur se detuvo. El polvo bajo sus sandalias todav‫ي‬a desprend‫ي‬a el calor del sol. A lo largo de la oscuridad inmediata, el silencio parec‫ي‬a sisear. ‫؟‬Qué estaba haciendo all‫ ?ي‬Entre perros inrithi. Entre hombres que rasgaban su aliento en el pergamino y su sustento en la tierra. Entre hombres que vend‫ي‬an sus almas a la esclavitud. Entre ganado. ‫؟‬Qué estaba haciendo? Se llevَ las manos a las cejas y se pasَ los pulgares por los ojos. Se estremeciَ. Entonces, oyَ la voz del dunyaino desplaz‫ل‬ndose en la oscuridad. Con los ojos cerrados con fuerza, se sintiَ joven una vez m‫ل‬s, detenido en el centro del campamento utemot, oyendo cَmo Moenghus hablaba con su madre. Vio la cara ensangrentada de Bannut, sonriendo en lugar de desencajarse mientras él le estrangulaba. «Llorica.» Pas‫ل‬ndose las uٌas por el cuero cabelludo, siguiَ andando. A través de una pantalla de campos oscuros, vislumbrَ la luz de la hoguera del dunyaino. Vio al Maestro barbado, Drusas Achamian, sentado, inclin‫ل‬ ndose hacia adelante como si se estuviera esforzando por escuchar. Después vio a Kellhus y a Serwe, con la brillantez del fuego contra la penumbra circundante. Serwe dorm‫ي‬a con la cabeza sobre el regazo del dunyaino. Encontrَ un lugar junto a un carro desde el que pod‫ي‬a observar. Se agachَ. Cnaiur ten‫ي‬a la intenciَn de analizar detenidamente lo que el dunyaino dijera, con la esperanza de confirmar alguna de sus innumerables sospechas. Pero r‫ل‬pidamente se dio cuenta de que Kellhus estaba jugando con ese hechicero del mismo modo que jugaba con todos los dem‫ل‬s; aporre‫ل‬ndole con los puٌos cerrados, le obligaba a

que su alma recorriera caminos por él inventados. Obviamente, no lo parec‫ي‬a. Comparado con las bromas de Proyas y sus Palatinos, lo que Kellhus le dec‫ي‬a al Maestro ten‫ي‬a una gravedad sobrecogedora. Pero todo era un juego, un juego cuyas verdades se hab‫ي‬an convertido en meros mensajes, en los que cada mano abierta escond‫ي‬a un puٌo. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a uno determinar las verdaderas intenciones de un hombre como él? Esa idea le hizo pensar que los monjes dunyainos pod‫ي‬an ser incluso m‫ل‬s inhumanos de lo que hab‫ي‬a cre‫ي‬do. ‫؟‬Y si cosas como la verdad y el significado no ten‫ي‬an ningْn sentido para ellos? ‫؟‬Y si loْ nico que hac‫ي‬an era moverse y moverse, como un reptil, desliz‫ل‬ndose a través de una circunferencia tras otra, consumiendo una alma tras otra en aras de la pura consumaciَn? El pensamiento le puso la carne de gallina. Se llamaban a s‫ ي‬mismos estudiantes del Logos, el Camino M‫ل‬s Corto. Pero ‫؟‬el camino m‫ل‬s corto hacia dَnde? A Cnaiur, el Maestro le tra‫ي‬a sin cuidado, pero la visiَn de Serwe dormida con la cabeza sobre los muslos de Kellhus le llenَ de un miedo impropio de él, como si ella yaciera rodeada por una serpiente enroscada. Se le pasaron todo tipo de posibilidades por la cabeza: escabullirse en mitad de la noche; llev‫ل‬rsela y mirarla tan fijamente a los ojos que su centro se sintiera tocado, para después explicarle la verdad de Kellhus... Pero esas visiones dieron pie a la furia. ‫؟‬Qué clase de pensamientos acobardados eran ésos? Siempre alej ‫ل‬ndose, siempre vagando por lo inexplorado y lo débil. ،Siempre traicionando! Serwe frunciَ el entrecejo y se revolviَ como si estuviera siendo importunada por un sueٌo. Kellhus le acariciَ distra‫ي‬damente la mejilla. Incapaz de apartar la mirada, Cnaiur le dio puٌetazos al polvo. «Ella no es nada.» El Maestro se marchَ un rato después. Cnaiur observَ cَmo Kellhus guiaba a Serwe a su pabellَn. Ella se parec‫ي‬a tanto a una niٌa pequeٌa cuando se despertaba: el cuerpo balance‫ل‬ndose, la cabeza agachada, observando sus pies mientras hac‫ي‬a pucheros y pestaٌeaba. Tan inocente. «Y embarazada», sospechaba entonces Cnaiur. Pas َun largo rato antes de que el dunyaino reapareciera. Se encamin h َ acia el fuego y empez a َ sofocarlo golpeando las brasas con un palo. Lasْ ltimas llamaradas se apagaron, y Kellhus se convirti e َ n una

fantasmagَrica apariciَn grabada por los carbones naranja que ten‫ي‬a a sus pies. Sin mediar aviso, levantَ la mirada. --‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo ten‫ي‬as pensado esperar? --le preguntَ en scylvendio. Cnaiur se pudo en pie y se sacudiَ el polvo de las nalgas. --Hasta que se marchara el hechicero. Kellhus asintiَ. --S‫ي‬. El Pueblo de la Guerra desprecia a los brujos. Pese a la proximidad del dunyaino, Cnaiur se plantَ tan cerca de los carbones que percibiَ su ‫ل‬rido calor. Desde que Kellhus lo hab‫ي‬a sostenido sobre el precipicio aquel d‫ي‬a en las montaٌas, cada vez que se acercaba a él ten‫ي‬a que combatir una extraٌa timidez f‫ي‬sica. «Ningْn hombre me intimida.» --‫؟‬Qué quieres de ese hombre? --preguntَ, escupiendo a los carbones. --Ya lo has o‫ي‬do. Instrucciَn. --Lo he o‫ي‬do. ‫؟‬Qué quieres de él? Kellhus se encogiَ de hombros. --‫؟‬Te has preguntado siquiera por qué mi padre me ha llamado a Shimeh? --Dijiste que no lo sab‫ي‬as. --«Eso es lo que dijiste.» --Pero a Shimeh... --Kellhus le mirَ repentinamente--. ‫؟‬Por qué Shimeh? --Porque es donde él vive. El dunyaino asintiَ. --As‫ ي‬es. Cnaiur sَlo pudo quedarse mir‫ل‬ndole. Hab‫ي‬a algo que Proyas le hab‫ي‬a dicho antes, aquella misma noche... Le hab‫ي‬a preguntado al hombre por los Chapiteles Escarlatas, por las razones que ten‫ي‬a la Escuela para unirse a la Guerra Santa, y Proyas hab‫ي‬a contestado como si le sorprendiera su ignorancia. Shimeh, le hab‫ي‬a dicho, era el hogar de los cishaurim. Las palabras eran pastosas en su boca. --‫؟‬Crees que Moenghus es un cishaurim? --Me llamَ a través de los sueٌos... Por supuesto. Moenghus le hab‫ي‬a llamado valiéndose de la hechicer‫ي‬a. ،Hechicer‫ي‬a! ‫ة‬l hab‫ي‬a dicho lo mismo cuando Kellhus mencionَ por primera vez los sueٌos. Pero ‫؟‬por qué esa conexiَn se le hab‫ي‬a escapado? Sَlo los cishaurim practicaban la hechicer‫ي‬a entre los fanim.

Moenghus simplemente ten‫ي‬a que ser cishaurim. Lo sab‫ي‬a, pero... Cnaiur frunciَ el entrecejo. --،No me dijiste nada! ‫؟‬Por qué? --No quer‫ي‬a que lo supieras. ‫؟‬Qué significaba eso? ‫؟‬Acaso él le hab‫ي‬a ocultado ese conocimiento? Todo ese tiempo Moenghus hab‫ي‬a sido poco m‫ل‬s que un sombr‫ي‬o destino, escurridizo e imperioso a la vez, como el objeto de alguna necesidad carnal obscena. Y sin embargo, él nunca le hab‫ي‬a preguntado verdaderamente nada a Kellhus acerca de él‫ ؟‬.Por qué? «Sَlo necesito saber el lugar.» Pero tales pensamientos eran una estupidez, resultaban juveniles. El hambre voraz no cede festines. Eso era lo que los memorialistas advert‫ي‬an a los empecinados jَvenes scylvendios. As‫ ي‬se lo hab‫ي‬a advertido Cnaiur a Xunnurit y a los otros caudillos antes de Kiyuth. Y sin embargo all‫ي‬, en el m‫ل‬s temible peregrinaje de su vida... El dunyaino lo observَ con la expresiَn expectante, incluso apesadumbrada. Pero Cnaiur ya estaba advertido, y sab‫ي‬a que algo no del todo humano le escrutaba desde detr‫ل‬s de ese rostro perfectamente humano. El escrutinio, tan completo, tan exacto, era palpable. «Puedes verme, ‫؟‬verdad? Verme mir‫ل‬ndote...» Entonces, lo comprendiَ: no le hab‫ي‬a preguntado a Kellhus acerca de Moenghus porque preguntar era un indicio de ignorancia y necesidad. Mostrar carencias como ésa ante el dunyaino era tanto como mostrarle su garganta desnuda a un lobo. No le hab‫ي‬a preguntado por Moenghus, porque Moenghus estaba all‫ي‬, en su hijo. Pero, por supuesto, no pod‫ي‬a decir eso. Cnaiur escupiَ. --Sé poco de las Escuelas --dijo--, pero sé una cosa: los Maestros del Mandato no revelan los secretos de su pr‫ل‬ctica a nadie. Si quieres aprender hechicer‫ي‬a, est‫ل‬s perdiendo el tiempo con ese hechicero. Hab‫ي‬a hablado como si no hubieran mencionado a Moenghus. El dunyaino, sin embargo, no se molestَ en simular desconcierto. Advirtiَ que ambos estaban en la misma zona oscura, en la misma nada tenebrosa m‫ل‬s all‫ ل‬del tablero de benjuka. --Lo sé --respondiَ Kellhus--. Me ha hablado de la Gnosis. Cnaiur le dio una patada al polvo, que cayَ encima de los carbones, y estudiَ la dispersiَn de negro sobre el resplandor cavado en el suelo. Se encaminَ hacia el pabellَn. --Treinta aٌos --gritَ Kellhus a su espalda--. Moenghus ha vivido

entre esos hombres durante treinta aٌos. Tendr‫ ل‬un gran poder, m‫ل‬s del que ninguno de los dos podemos derrotar. Necesito m‫ل‬s que la hechicer ‫ي‬a, Cnaiur. Necesito una naciَn. Una naciَn. Cnaiur se detuvo y mirَ hacia el cielo una vez m‫ل‬s. --De modo que en eso consistir‫ ل‬la Guerra Santa, ‫؟‬eh? --Con tu ayuda, scylvendio. Con tu ayuda. D‫ي‬a por noche. Noche por d‫ي‬a. Mentiras. Todo mentiras. Cnaiur continuَ caminando, sorteando apenas visibles cuerdas tensoras hacia las portezuelas de tela. Hacia Serwe.

Durante un rato, el Emperador se quedَ mirando a su viejo Primer Consejero en un silencio estupefacto. Pese a la hora tan tard‫ي‬a, el hombre todav‫ي‬a llevaba las vestiduras de seda de su cargo. Hab‫ي‬a entrado sin resuello en los aposentos privados hac‫ي‬a sَlo un momento, mientras sus esclavos le preparaban para acostarse. --‫؟‬Ser‫ي‬as tan amable de repetir lo que acabas de decir, querido Skeaos? Me temo que no te he o‫ي‬do bien. --Al parecer, Proyas ha encontrado a un scylvendio que ya ha hecho la guerra contra los infieles anteriormente, que les infligiَ una derrota aplastante, en realidad, y le ha transmitido a Maithanet que él ser‫ي‬a un sustituto apropiado para Conphas --dijo el anciano mirando al suelo. --،Afrenta! ،Perro conriyano impertinente y soberbio! Xerius agitَ las palmas de las manos a través de una confusa muchedumbre de esclavos adolescentes. Un niٌo se resbalَ, cayَ al suelo de m‫ل‬rmol y se echَ a llorar ocult‫ل‬ndose el rostro. Se oyَ el estallido de la ca‫ي‬da de decantadores. Xerius dio un paso al frente y mirَ cara a cara al viejo Skeaos. --،Proyas! ‫؟‬Ha habido un hombre m‫ل‬s codicioso en la tierra? ،Sinvergüenza, ladrَn de corazَn negro! --Nunca, Dios-de-los-Hombres --respondiَ Skeaos r‫ل‬pidamente, tartamudeando--. P-pero es improbable que esto interfiera en nuestro divino propَsito. El viejo Primer Consejero tuvo el cuidado de mantener la mirada fija en el suelo. Nadie pod‫ي‬a mirar al Emperador a los ojos. «‫ة‬sta --pensaba Xerius-- es la razَn por la que realmente esos idiotas me consideraban un Dios.» ‫؟‬Qué era Dios sino una sombra tir‫ل‬nica sَlo entrevista, la voz

que nunca estaba dentro del campo visual, la voz de ninguna parte? --‫؟‬Nuestro propَsito, Skeaos? Un temible silencio, roto sَlo por el gimoteo del niٌo. --S-s‫ي‬, Dios-de-los-Hombres. El hombre es un scylvendio... ‫؟‬Un scylvendio liderando la Guerra Santa? No me cabe duda de que esto es poco m‫ل‬s que una broma. Xerius respirَ hondo. El hombre ten‫ي‬a razَn, ‫؟‬no era as‫ ?ي‬Era poco m‫ل‬s que una argucia del Pr‫ي‬ncipe conriyano para irritarle, como los disturbios del r‫ي‬o Phayus. Y sin embargo, estaba profundamente preocupado... Hab‫ي‬a algo raro en el proceder de su Primer Consejero. Xerius valoraba a Skeaos muy por encima del resto de sus acicalados consejeros, poco m‫ل‬s que perritos falderos. En Skeaos encontraba la mezcla perfecta de ciega sumisiَn e intelecto, de deferencia y perspicacia. Peroْ ltimamente hab‫ي‬a percibido un orgullo, una il‫ي‬cita identificaciَn entre consejo y orden. Escudriٌando su fr‫ل‬gil perfil, Xerius se sintiَ m‫ل‬s en calma, la calma de la sospecha. --‫؟‬Has o‫ي‬do el dicho, Skeaos? «Los gatos miran a los hombres desde arriba, y los perros desde abajo; sَlo los cerdos se atreven a mirar a los hombres a los ojos.» --S-s‫ي‬, Dios-de-los-Hombres. --Simula ser un cerdo, Skeaos. ‫؟‬Qué habr‫ي‬a en el rostro de un hombre cuando mirara el semblante de Dios? ‫؟‬Desaf‫ي‬o? ‫؟‬Terror? ‫؟‬Qué deb‫ي‬a haber en el rostro de un hombre? El rostro anciano, bien afeitado, se girَ, se alzَ lentamente y mir َ al Emperador a los ojos antes de volver a fijarlos en el suelo. --Tiemblas, Skeaos --murmurَ Xerius--. Eso es bueno.

Achamian estaba pacientemente sentado ante el pequeٌo fuego del desayuno, sorbiendo lasْ ltimas gotas de su té. Escuchaba distra‫ي‬ damente cَmo Xinemus informaba a Iryssas y Dinchases de las actividades de la maٌana. Las palabras significaban poco para él. Desde que hab‫ي‬a conocido a Anasurimbor Kellhus, Achamian no hab‫ي‬a dejado de rumiar obsesivamente. Por mucho que lo intentara, no era capaz de hacer encajar al Pr‫ي‬ncipe de Atrithau en ningْn lugar con sentido. Nada menos que siete veces hab‫ي‬a preparado las Palabras de Llamada para informar a Atyersus de su «descubrimiento». Nada menos que siete veces hab‫ي‬a titubeado en mitad de un verso y se hab‫ي‬

a ido acallando. Obviamente, el Mandato deb‫ي‬a ser informado. Las noticias de la llegada de un Anasurimbor har‫ي‬an montar en cَlera a Nautzera, Simas y los dem‫ل‬s. Nautzera, en particular, se convencer‫ي‬a de que Kellhus seٌ alaba el cumplimiento de la Profec‫ي‬a Celmomiana: que el Segundo Apocalipsis iba a empezar. A pesar de que todo hombre ocupaba el centro del lugar en el que se encontrara, hombres como Nautzera cre‫ي‬ an que ocupaban también el centro de su tiempo. «Vivo ahora --pensar ‫ي‬a sin pensar--, en consecuencia algo trascendental debe suceder.» Pero Achamian no era un hombre as‫ي‬. Era racional, y como tal, tend‫ي‬a a ser escéptico. Las bibliotecas de Atyersus estaban repletas de proclamaciones de una inminente condena; cada generaciَn estaba tan convencida como la anterior de que el fin ser‫ي‬a inmediato. Achamian no pod‫ي‬a pensar en una falsa ilusiَn m‫ل‬s perseguida y en pocas preocupaciones m‫ل‬s merecedoras de burla. La llegada de Anasurimbor Kellhus ten‫ي‬a que ser una simple coincidencia. En ausencia de pruebas concluyentes, la razَn le obligaba a llegar a esa conclusiَn. El pulgar que faltaba en el asunto, como dec‫ي‬an los ainonios, era que no pod‫ي‬a confiar en que el Mandato retuviera esa informaciَn. Después de siglos hambrientos por migajas, Achamian sab‫ي‬a que se pondr‫ي‬an histéricos con un bocado como ése. As‫ ي‬que las preguntas recorr‫ي‬an su alma c‫ي‬clicamente y, cada vez m‫ل‬s, empezaba a temer las respuestas. ‫؟‬Cَmo iban Nautzera y los dem‫ل‬s a interpretar sus nuevas noticias? ‫؟‬Qué har‫ي‬an? ‫؟‬Hasta qué punto ser‫ي‬an implacables en la persecuciَn de sus miedos? «Les di a Inrau... ‫؟‬Debo darles a Kellhus también?» No. Les hab‫ي‬a dicho lo que le suceder‫ي‬a a Inrau. Se lo hab‫ي‬a dicho, y ellos se hab‫ي‬an negado a escuchar. Hasta su viejo profesor, Simas, lo hab‫ي‬a traicionado. Achamian era un Maestro del Mandato como ellos. Ten‫ي‬a los Sueٌos de Seswatha como ellos. Pero a diferencia de Nautzera y Simas, a él no le hab‫ي‬an despojado de la compasiَn. Entonces ya sab‫ي‬a lo que ten‫ي‬a que hacer. Y lo que era m‫ل‬s importante: conoc‫ي‬a a Anasurimbor Kellhus. O al menos una parte de él. Lo suficiente, quiz‫ل‬. Achamian dejَ a un lado su cuenco de té y se inclinَ hacia adelante con los codos sobre las rodillas. --‫؟‬Qué te parece el recién llegado, Zin? --‫؟‬El scylvendio? De r‫ل‬pido ingenio. Sediento de sangre. Y catastrَ ficamente grosero. No deja pasar ningْn desaire sin su castigo, aunque s

lَo sea porque se enfada por todo-- ...Inclin lَa cabeza y aٌadi :--No َ le digas que he dicho esto. Achamian riَ. --Me refiero al otro, al Pr‫ي‬ncipe de Atrithau. El Mariscal se puso inusitadamente solemne. --‫؟‬De verdad? --preguntَ después de un momento de duda. Achamian frunciَ el entrecejo. --Por supuesto. --Creo que --se encogiَ de hombros-- tiene algo. --‫؟‬Qué quieres decir? --Bueno, est‫ ل‬el nombre, que me hizo sospechar al principio. En realidad, quer‫ي‬a preguntarte... Achamian levantَ una mano. --Después. Xinemus respirَ hondo y negَ con la cabeza. Algo en su actitud le puso la piel de gallina a Achamian. --No sé qué pensar --dijo finalmente. --O eso, o tienes miedo de decir lo que piensas. Xinemus le mirَ con hostilidad. --Te has pasado la noche entera con él. D‫ي‬melo t‫ ؟‬:hab‫ي‬as ْ conocido alguna vez a un hombre como él? --No --reconociَ Achamian. --‫؟‬Qué es lo que le hace distinto? --Es... mejor, mejor que la mayor‫ي‬a de los hombres. --‫؟‬La mayor‫ي‬a de los hombres? ‫؟‬O quieres decir todos los hombres? Achamian observَ atentamente a Xinemus. --Te da miedo. --Claro. Y también el scylvendio, por cierto. --Pero de una forma diferente... Dime, Zin, ‫؟‬qué crees que es Anasurimbor Kellhus? «‫؟‬Profeta o profec‫ي‬a?» --M‫ل‬s --dijo Xinemus con decisiَn--. M‫ل‬s que un hombre. Siguiَ un largo silencio, poblado sَlo por los gritos de algْn alboroto lejano. --El hecho es --aventurَ finalmente Achamian-- que ninguno de los dos sabe nada... --‫؟‬Qué es eso? --exclamَ Xinemus, mirando por encima del hombro de Achamian. El Maestro girَ el cuello.

--‫؟‬Qué es el qué? A primera vista, parec‫ي‬a que una muchedumbre se acercaba. El gent‫ي‬o se empujaba por el estrecho camino mientras grupos de hombres se sumaban a él a través de los campos circundantes. Caminaban con dificultades por entre los restos de las hogueras, derribaban las cuerdas con ropa tendida y apartaban a golpes sillas y barbacoas. Achamian incluso vio cَmo un pabellَn a punto estaba de venirse abajo cuando los hombres que pasaban junto a él tropezaron con las cuerdas tensoras. Pero entonces vislumbrَ una disciplinada formaciَn de soldados con ropajes morados desfilando a través del centro de la multitud y, en el centro de la formaciَn, un rect‫ل‬ngulo de esclavos desnudos de cintura para arriba que transportaban un palanqu‫ي‬n de caoba. --Una procesiَn de alguna clase --dijo Xinemus--. Pero quién... Su voz se quebrَ. Ambos lo hab‫ي‬an visto al mismo tiempo: un largo estandarte morado, coronado por el pictograma ainonio de la Verdad y una serpiente de tres cabezas enroscada. El s‫ي‬mbolo de los Chapiteles Escarlatas. El bordado dorado relumbraba bajo el sol. --‫؟‬Por qué exhiben su estandarte as‫ ?ي‬--preguntَ Xinemus. Buena pregunta. Para muchos Hombres del Colmillo, loْ nico que distingu‫ي‬a a los hechiceros de los infieles era que los hechiceros ard‫ي‬ an todav‫ي‬a mejor. Mostrar de ese modo su marca en el corazَn del campamento era poco menos que una imprudencia. Amenos... --‫؟‬Tienes el Chorae? --preguntَ Achamian. --Ya sabes que no lo llevo cuando... --‫؟‬Lo tienes? --Con mis cosas. --Ve a por él... ،De prisa! Achamian advirtiَ que exhib‫ي‬an su estandarte por su bien. Ten‫ي‬an que elegir: o bien se arriesgaban a incitar a la muchedumbre, o se arriesgaban a asustar a un Maestro del Mandato. El hecho de que pensaran que la segunda posibilidad era mucho m‫ل‬s amenazadora era una clara seٌal de las pésimas relaciones existentes entre las dos Escuelas. Obviamente, los Chapiteles Escarlatas quer‫ي‬an conocerle. Pero ‫؟‬ por qué? Pronto, la descontrolada multitud se acercَ a medida que la procesi َn avanzaba tercamente. Achamian vio terrones explotando en polvo al

impactar en el palanqu‫ي‬n. Gritos de «،Gurwikka!» --una palabra norsirai peyorativa, muy comْn para referirse a los hechiceros-- pronto cruzaron el aire. Xinemus saliَ corriendo de su pabellَn, vociferandoَ rdenes a sus esclavos. La pechera se le agitaba sobre los hombros, desabrochada, y sujetaba la vaina de su espada con la mano izquierda. Muchos de sus hombres estaban ya reuniéndose a su alrededor. Achamian vio docenas de otros que se levantaban en todos los rincones, pero parec‫ي‬ an muy pocos ante aquellos centenares, quiz‫ ل‬miles, de hombres, que provocaban altercados a medida que se acercaban. Con su caracter‫ي‬stica brusquedad, Xinemus se abriَ camino entre sus hombres hasta llegar al lado de Achamian. --‫؟‬Est‫ل‬s seguro de que vienen a por ti? --gritَ por encima del creciente rugido. --‫؟‬Por qué si no iban a traer su Marca? Al hacer esto en pْblico, se garantizan la presencia de testigos. Por raro que pueda parecer, creo que hacen esto para tranquilizarme. Xinemus asintiَ, pensativo. --Olvidan lo muy odiados que son. --‫؟‬Y quién no? El Mariscal le observَ con extraٌeza; después, dirigiَ la mirada a la multitud que se acercaba, mes‫ل‬ndose la barba. --Voy a crear un per‫ي‬metro de contenciَn, o a intentarlo, al menos. Quédate aqu‫ي‬. Permanece visible. Cuando quienquiera que sea ese idiota se encuentre contigo, dile que baje su Marca y escَndete inmediatamente. De inmediato, ‫؟‬lo entiendes? Las palabras le escocieron. En todos los aٌos que hac‫ي‬a que Achamian conoc‫ي‬a a Krijates Xinemus, el hombre nunca le hab‫ي‬a berreadoَ rdenes. El siempre amigable Xinemus se hab‫ي‬a convertido, de repente, en el Mariscal de Attrempus, un hombre con una tarea que realizar y numerosos hombres a su disposiciَn. Pero Achamian comprendiَ que no era eso lo que le her‫ي‬a. La situaciَn, a fin de cuentas, exig‫ي‬a capacidad de decisiَn. Lo que le escoc‫ي‬a era el tono oculto de ira, la sensaciَn de que su amigo, por alguna razَn, le culpaba a él. Achamian observَ cَmo Xinemus ordenaba a sus hombres que formaran una l‫ي‬nea; después, con la ayuda de Dinchases, los posicionَ en un delgado semic‫ي‬rculo alrededor de los campamentos adyacentes valiéndose del canal de agua estancada que corr‫ي‬a por detr‫ل‬s de ellos para proteger sus flancos. Se produjo un instante de ajetreo cuando los esclavos corrieron a apagar el fuego que acababan de encender

momentos antes. Otros se internaron en la muchedumbre, por entre las tiendas, para extinguir cualquier llama que encontraran. La muchedumbre y los Chapiteles Escarlatas casi hab‫ي‬an llegado a ellos. Los soldados de Xinemus entrelazaron sus brazos y los primeros alborotadores se empezaron a acumular ante ellos, con el rostro enrojecido y poco dispuestos a ser reprimidos. Al principio, simplemente revolotearon confusos, gritando insultos en toda variedad de lenguas. Pero a medida que la procesiَn se acercaba, fueron creciendo en nْmero. Se volvieron m‫ل‬s atrevidos. Achamian vio a un thunyerio lanzando puٌ etazos, aunque fue frenado por sus propios compaٌeros. Otros grupos bland‫ي‬an armas e intentaban abrirse paso a través de la l‫ي‬nea. Xinemus lanzَ a los pocos hombres libres que ten‫ي‬a a esas refriegas y, al menos por el momento, consiguiَ impedir cualquier estallido. El estandarte de los Chapiteles Escarlatas se acercَ pesadamente; se deten‫ي‬a, después avanzaba, luego se deten‫ي‬a otra vez. Por encima de las cabezas, Achamian vislumbrَ una serie de bastones negros pulidos alz‫ل‬ndose y cayendo como si le hubieran dado la vuelta a un gran ciempiés. Después vio los Javreh, los esclavos-soldado de los Chapiteles Escarlatas, que se abr‫ي‬an paso con una macabra determinaciَn. El enigm‫ل‬tico palanqu‫ي‬n avanzaba con ellos. ‫؟‬Quién pod‫ي‬a ser? ‫؟‬Quién pod‫ي‬a ser tan idiota como para...? De repente, un grupo de Javreh se destacَ y se enfrentَ cara a cara con los hombres de Xinemus. Se produjo un instante de confusiَn. Xinemus acudiَ r‫ل‬pidamente a poner orden y se acercَ a pocos metros de ellos. M‫ل‬s all‫ل‬, el palanqu‫ي‬n se balanceَ cuando los que lo portaban toparon con los empujones de los cuerpos apelotonados. La Serpiente de Tres Cabezas se tambaleَ bajo la brisa, pero se mantuvo en pie. Los exhaustos Javreh estaban desbordando la l‫ي‬nea, magullados, ensangrentados. Algunos ten‫ي‬an que ser cargados. El palanqu‫ي‬n sigui َ adelante, como un barco cabeceando contra un dique roto. Xinemus lo observaba todo con una expresiَn estupefacta. Después les lloviَ de todo: platos saqueados, cuencos de vino, huesos de pollo, piedras y hasta el cad‫ل‬ver de un gato, que obligَ a Achamian a encogerse. Aparentemente inmunes, los esclavos bajaron con lentitud la carga, arrodill‫ل‬ndose hasta que sus frentes tocaron el suelo. El palanqu ‫ي‬n quedَ sobre sus espaldas bronceadas. El aguacero cesَ, y los gritos se volvieron cada vez m‫ل‬s espor‫ل‬ dicos. Achamian contuvo la respiraciَn. Un capit‫ل‬n de Javreh apartَ una

pantalla de mimbre e inmediatamente se puso de rodillas. Apareciَ un pie enfundado en una zapatilla morada, seguido por los pliegues bordados de una magn‫ي‬fica tْnica. Se produjo un instante de completo silencio. Era Ele‫ل‬zaras en persona, el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas y el gobernador de facto del Alto Ainon. Achamian se quedَ atَnito de incredulidad. ‫؟‬El Gran Maestro? ‫؟‬All‫?ي‬ Algunos hombres entre la muchedumbre, al parecer, conoc‫ي‬an su aspecto. Un gran murmullo pasَ entre ellos; creciَ durante un buen rato, y después se desvaneciَ a medida que cobraban conciencia de la trascendencia de lo que estaban presenciando. Estaban en presencia de uno de los hombres m‫ل‬s poderosos de los Tres Mares. Sَlo el Shriah y el Padirajah pod‫ي‬an afirmar que ten‫ي‬an m‫ل‬s poder que el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. Blasfemo o no, un hombre de tanto poder impon‫ي‬a respeto, y el respeto impon‫ي‬a silencio. Ele‫ل‬zaras recorriَ la concurrencia con una mirada divertida y después se girَ hacia Achamian. Era alto, escultural como lo son los hombres delgados y gr‫ل‬ciles. Caminaba como si lo hiciera por encima de una cuerda floja, con un pie delante del otro. Mantuvo las manos ocultas entre las mangas, como era costumbre formal entre los magos orientales. Deteniéndose a la distancia prescrita por el jnan, saludَ a Achamian con una ligera reverencia. Achamian vislumbrَ el cuero cabelludo bronceado bajo el cabello ralo gris, que llevaba recogido en un elaborado moٌo en la parte posterior de la cabeza. --Debes disculpar la compa‫ٌي‬a que parezco traer conmigo --dijo, agitando desdeٌosamente su mano de largos dedos hacia la muchedumbre embobada--. El espect‫ل‬culo es siempre un narcَtico, me temo. --Al igual que las contradicciones --respondiَ Achamian con neutralidad. Por muy estupefacta que pudiera estar su improvisada audiencia, los Chapiteles Escarlatas no eran amigos de los Maestros del Mandato. No ve‫ي‬a ninguna razَn por la que debiera simular lo contrario. --Cierto. Me dijeron que eras un estudiante de la lَgica de Ajencis. Tus comentarios son irresistibles, Maestro del Mandato, ‫؟‬lo sab‫ي‬as? «Ainonio», pensَ amargamente Achamian. --Siempre estamos combatiendo a los carroٌeros, si a eso te refieres. Ele‫ل‬zaras negَ con la cabeza. --No te halagues a ti mismo. La presunciَn no casa bien con el

martirio. Nunca lo ha hecho. Nunca lo har‫ل‬. --Siempre he pensado lo mismo. --La muchedumbre que les rodeaba se hab‫ي‬a vuelto m‫ل‬s indisciplinada y le hab‫ي‬a obligado a alzar la voz. Los labios del Gran Maestro se tensaron en una avinagrada l‫ي‬nea. --Hombre inteligente. Hombrecillo inteligente. Dime, Drusas Achamian, ‫؟‬cَmo es que después de todos estos aٌos todav‫ي‬a sigues haciendo trabajos de campo? ‫؟‬Ofendiste a alguien? ‫؟‬A Nautzera, quiz ‫ل? ؟‬O sodomizaste a Proyas cuando era niٌo? ‫؟‬Es ésa la razَn por la que la Casa Nersei te mandَ hacer las maletas hace tantos aٌos? Achamian se hab‫ي‬a quedado sin habla. Le hab‫ي‬an investigado, se hab‫ي‬an armado con todos los hechos dolorosos y las indirectas que hab ‫ي‬an sido capaces de recopilar. ،Y él que cre‫ي‬a que les hab‫ي‬a estado espiando! --،Ah! --dijo Ele‫ل‬zaras--. No te esperabas que fuera tan poco diplom ‫ل‬tico, ‫؟‬verdad? El cuchillo romo, te aseguro, tiene sus... --،Desgraciados impuros! --aullَ alguien con una alarmante ferocidad. Siguieron m‫ل‬s gritos. Achamian mirَ a su alrededor y vio que los hombres de Xinemus estaban otra vez tratando de mantener la posiciَn. Muchos inrithi se inclinaban hacia adelante sobre los brazos entrelazados, gritando obscenidades. --Quiz‫ ل‬deber‫ي‬amos retirarnos al pabellَn del Mariscal --dijo Ele‫ل‬ zaras. Achamian mirَ de soslayo el furioso rostro de Xinemus tras el Gran Maestro. --Eso no va a ser posible. --Ya veo. --‫؟‬Qué quieres, Ele‫ل‬zaras? Xinemus le hab‫ي‬a pedido a Achamian que terminara ese encuentro antes de que empezara, pero no pod‫ي‬a hacer eso. No sَlo hablaba con Ele‫ل‬zaras, el m‫ل‬s poderoso Hechicero Anagَgico de los Tres Mares, sino también hablaba con el hombre que hab‫ي‬a negociado el tratado de su Escuela con Maithanet. Quiz‫ ل‬Ele‫ل‬zaras sab‫ي‬a cَmo hab‫ي‬a descubierto Maithanet su guerra con los cishaurim. Quiz‫ ل‬intercambiara ese conocimiento por lo que fuera que pretendiera. --‫؟‬Querer? --dijo el Gran Maestro--. Bueno, solamente conocerte. Los Escogidos, si no te has dado cuenta hasta ahora, est‫ل‬n un tanto --lanzَ una mirada a la ruidosa muchedumbre de inrithi y volviَ a él-- fuera de lugar aqu‫ي‬... El jnan nos exige que nos relacionemos.

--Tanto, al parecer, como que nos demos explicaciones poco claras. El Gran Maestro sonriَ. --Pero no burlas. Nunca burlas. Eso es un error que sَlo los mojigatos medio cultos cometen. El verdadero usuario del jnan nunca se r‫ي‬e de otro m‫ل‬s de lo que se r‫ي‬e de s‫ ي‬mismo. «Maldito ainonio.» --‫؟‬Qué quieres, Ele‫ل‬zaras? --Conocerte, como dec‫ي‬a. Ten‫ي‬a que conocer al hombre que ha trastornado radicalmente mi idea del Mandato... ،Y pensar que en el pasado cre‫ ي‬que la tuya era la m‫ل‬s gentil de las Escuelas! Entonces Achamian estaba genuinamente perplejo. --‫؟‬De qué est‫ل‬s hablando? --Me dijeron que hace no mucho residiste en Carythusal. Geshrunni. Hab‫ي‬an descubierto a Geshrunni. «‫؟‬Te maté a ti también?» Achamian se encogiَ de hombros. --De modo que vuestro secreto ha sido desvelado. Est‫ل‬is en guerra contra los cishaurim. --‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a molestarles eso cuando hab‫ي‬an dejado claramente de manifiesto ante todo el mundo que se iban a unir a la Guerra Santa? Ten‫ي‬a que haber algo m‫ل‬s. ‫؟‬La Gnosis? ‫؟‬Acaso Ele‫ل‬zaras estaba sَlo distrayéndole mientras otros investigaban sus Guardas? ‫؟‬Era eso un audaz preludio a su abducciَn? Hab‫ي‬a sucedido antes. --Nuestro secreto ha sido desvelado --dijo Ele‫ل‬zaras--, pero también el tuyo. Achamian le observَ con una mirada socarrona. El hombre hablaba como si le estuviera acosando con el conocimiento de algْn obsceno secreto, un secreto tan vergonzoso que cualquier alusiَn a él, por muy indirecta que fuera, no pod‫ي‬a no ser entendida. Y sin embargo, él no ten ‫ي‬a la menor idea de lo que estaba diciendo. --Fue una pura coincidencia --prosiguiَ Ele‫ل‬zaras-- que encontr‫ل‬ ramos su cad‫ل‬ver. Nos lo trajo un pescador que faena en la desembocadura del r‫ي‬o Sayut. Pero lo que m‫ل‬s nos preocupَ no fue que lo mataras. Después de todo, en la gran partida de benjuka, uno con frecuencia gana piezas al sacrificarlas. No, lo que nos preocupَ fue el modo. --‫؟‬Yo? --Se riَ, incrédulo--. ‫؟‬Crees que yo maté a Geshrunni? La sorpresa hab‫ي‬a sido tan absoluta que simplemente espetَ esas palabras. Entonces era Ele‫ل‬zaras el que estaba asustado.

--Tienes talento para mentir --dijo el Gran Maestro después de un momento. --،Y tْ para equivocarte! Geshrunni era el informante mejor colocado que el Mandato ha tenido en una generaciَn. ‫؟‬Por qué ‫ي‬bamos a matarle? El clamor hab‫ي‬a crecido. Figuras descontroladas se empujaban en la periferia del campo visual de Achamian; bland‫ي‬an los puٌos, gritaban insultos y acusaciones. Pero parec‫ي‬an curiosamente triviales, como si se fundieran en humo ante la absurdidad de aquello, su primer encuentro con el Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. Ele‫ل‬zaras le escudriٌَ pensativamente durante un instante; después negَ con la cabeza, compungido, como si le entristeciera la persistencia de los mentirosos compulsivos. --‫؟‬Por qué es un informante asesinado, eh? En muchos sentidos, muchos hombres son m‫ل‬sْ tiles muertos. Pero como te dec‫ي‬a, fue el modo lo que despertَ mi morbosa curiosidad, lo reconozco. Frunciendo el entrecejo, Achamian hundiَ sus hombros de incredulidad. --Alguien te est‫ ل‬tomando el pelo, Gran Maestro. «Alguien nos lo est‫ ل‬tomando a los dos... Pero ‫؟‬quién?» Ele‫ل‬zaras le mirَ con resentimiento y frunciَ los labios como si sostuviera un amargo pedazo de lima entre los dientes. --Mi Maestro de Esp‫ي‬as me advirtiَ de esto --dijo tensamente--. Daba por hecho que ten‫ي‬as alguna razَn oscura para hacer lo que hiciste, algo relacionado con tu maldita Gnosis. Pero insistiَ en que estabas simplemente loco. Y me dijo que lo sabr‫ي‬a por el modo como mientes. «Sَlo los locos y los historiadores --dijo-- creen en sus mentiras.» --‫؟‬Primero soy un asesino y ahora un loco? --S‫ ي‬--espetَ Ele‫ل‬zaras en un tono de condena y desagrado--. ‫؟‬ Quién m‫ل‬s colecciona rostros humanos? Reprimiendo el impulso de retorcer las manos, Ele‫ل‬zaras parpadeَ para alejar las im‫ل‬genes de su casi desastroso encuentro con el Maestro del Mandato el d‫ي‬a anterior. El rostro de un hombre anَnimo le rondaba especialmente: un robusto mestizo tydonnio, con el ojo izquierdo blanco como la nieve en el extremo de una vieja cicatriz. Algunos rostros eran m‫ل‬s adecuados para las expresiones de malicia que otros, sin duda. Pero ese hombre... En ese momento le hab‫ي‬a

parecido la mism‫ي‬sima encarnaciَn del odio, una deidad infernal disfrazada de carne encallecida y sangre enfebrecida. «Nos desprecian tanto. Y hacen bien.» En lugar de soportar la indignidad de acampar junto a las murallas de Momemn, los Chapiteles Escarlatas hab‫ي‬an contratado, a un precio exorbitante, una casa de campo cercana a una de las Casas nansur. Segْn las costumbres ainonias, era bastante austera, m‫ل‬s una fortaleza que una casa de campo, pero Ele‫ل‬zaras supon‫ي‬a que los ainonios nunca hab‫ي‬an tenido que construir sus casas pensando en los scylvendios. Y al menos le permit‫ي‬a vivir rodeado, en cierta medida, de un lujo tranquilo. El campamento de la Guerra Santa se hab‫ي‬a convertido en un tugurio intolerable, tal como su reciente expediciَn para conocer al tres veces maldito Maestro del Mandato le hab‫ي‬a recordado. Ele‫ل‬zaras hab‫ي‬a despedido a sus esclavos y entonces estaba sentado a solas en el sombreado porche que dominaba elْ nico patio de la casa de campo. Escudriٌَ a Iyokus, su Maestro de Esp‫ي‬as y m‫ل‬s cercano consejero, mientras su palidez se abr‫ي‬a paso a través de los jardines baٌados por el sol. El hombre se apresuraba, como si le persiguiera la brillantez que le rodeaba. Observarle mientras se mov‫ي‬a del sol a la sombra era como ver el polvo convirtiéndose en piedra. Iyokus asintiَ en tanto se acercaba a su silla. Su misma presencia proyectaba en Ele‫ل‬zaras, muchas veces, una sensaciَn de amenaza, algo as ‫ي‬como vislumbrar en el rostro de un hombre la primera oleada de peste. El olor de sus perfumes pasados de moda, sin embargo, transportaba una extraٌa sensaciَn de comodidad. --Tengo noticias de Sumna --dijo Iyokus, sirviéndose vino en un cuenco de plata que hab‫ي‬a sobre la mesa--, sobre Kutigha. Hasta hac‫ي‬a poco, Kutigha hab‫ي‬a sido suْ ltimo esp‫ي‬a superviviente en los Mil Templos. Todos los dem‫ل‬s hab‫ي‬an sido ejecutados. El agente a su cargo no hab‫ي‬a sabido nada de él en semanas. --‫؟‬As‫ ي‬que crees que est‫ ل‬muero? --preguntَ Ele‫ل‬zaras, amargamente. --S‫ ي‬--respondiَ Iyokus. Después de todos esos aٌos, Ele‫ل‬zaras se hab‫ي‬a acostumbrado a Iyokus, pero en algْn lugar de su propio cuerpo merodeaba un pequeٌo recuerdo de su repulsiَn inicial. Iyokus era adicto a la chanv, la droga que le permit‫ي‬a tener a buena parte de las castas gobernantes ainonias en la palma de la mano, con la excepciَn, y ese pensamiento con frecuencia sorprend‫ي‬a a Ele‫ل‬zaras, de Chepheramunni, elْ ltimo t‫ي‬tere que hab‫ي‬an

instalado en el trono ainonio. A los que pod‫ي‬an permitirse su dulce sabor, la chanv les agudizaba la mente y les alargaba la vida much‫ي‬ simo m‫ل‬s all‫ ل‬de los cien aٌos, pero también succionaba el pigmento del cuerpo y, segْn dec‫ي‬an algunos, la voluntad del alma. Iyokus ten‫ي‬a el mismo aspecto entonces que el d‫ي‬a en que Ele‫ل‬zaras se hab‫ي‬a unido a la Escuela de niٌo, hac‫ي‬a muchos, muchos aٌos. A diferencia de otros adictos, Iyokus se negaba a utilizar cosméticos para compensar los déficit de su piel, que era m‫ل‬s traslْcida que el lino manchado de grasa que los pobres colgaban en sus ventanas. Como gusanos oscuros y artr ‫ي‬ticos, las venas se bifurcaban a través de sus rasgos. Hasta pod‫ي‬a verse la oscuridad en el centro de sus ojos rojos cuando cerraba los p‫ل‬ rpados. Sus uٌas eran de un color negro ceroso a causa de los moratones. Mientras Iyokus arrastraba su silla junto a la mesa, un ligero sudor cubriَ a Ele‫ل‬zaras, y éste se encontrَ mirando la longitud de sus propios bracos bronceados. Pese a ser delgados, pose‫ي‬an una fortaleza nervuda, vitalidad. A pesar del inquietante aspecto provocado por la adicciَn, Ele‫ل‬zaras podr‫ي‬a haber sucumbido al seٌuelo de la droga, especialmente por el modo como se dec‫ي‬a que agudizaba la mente. Quiz‫ ل‬elْ nico aspecto de la chanv que le preven‫ي‬a de deslizarse por esa p‫ل‬lida y extraٌamente narcisista relaciَn amorosa --era raro que los adictos se casaran o engendraran niٌos que vivieran-- era el perturbador hecho de que nadie conoc‫ي‬a su fuente. Para Ele‫ل‬zaras, eso resultaba intolerable. A lo largo de la despiadada y angosta ascensiَn hacia la cima a la que entonces hab‫ي‬a llegado, siempre se hab‫ي‬a negado a actuar ignorando hechos cruciales. Hasta ese d‫ي‬a. --‫؟‬De modo que ya no tenemos m‫ل‬s fuentes en los Mil Templos? --preguntَ Ele‫ل‬zaras a pesar de que ya conoc‫ي‬a la respuesta. --Ninguna a la que valga la pena escuchar... Un sudario ha ca‫ي‬do sobre Sumna. Eleazaras contemplَ los brillantes terrenos: caminos adoquinados bordeados por enebros como lanzas, un sauce gigante junto a un estanque de un verde espejeante, guardias con cara de halcَn. --‫؟‬Qué significa eso, Iyokus? --pregunt .--He َ puesto a la mayor Escuela de los Tres Mares en un gran peligro. --Significa que debemos tener fe --dijo Iyokus con un aire de fatalismo, encogiéndose de hombros--. Fe en ese Maithanet. --‫؟‬Fe? ‫؟‬En alguien a quien no conocemos? --Por eso se trata de fe.

La decisiَn de unirse a la Guerra Santa hab‫ي‬a sido la m‫ل‬s dif‫ي‬cil de la vida de Ele‫ل‬zaras. Al principio, tras recibir la invitaciَn de Maithanet, hab‫ي‬a tenido ganas de echarse a re‫ي‬r. ‫؟‬Los Chapiteles Escarlatas uniéndose a una Guerra Santa? Esa posibilidad era demasiado absurda como para merecer siquiera un momento de consideraciَn. Quiz‫ ل‬ésa era la razَn por la que Maithanet hab‫ي‬a acompaٌado su invitaciَn con seis Baratijas. Las Baratijas eran laْ nica cosa de la que un hechicero no pod ‫ي‬a re‫ي‬rse. Esa oferta merec‫ي‬a ser considerada seriamente. Entonces, Ele‫ل‬zaras se dio cuenta de lo que Maithanet les estaba ofreciendo en realidad: Venganza. --As‫ ي‬pues, debemos doblar nuestros gastos en Sumna, Iyokus. Esto es intolerable. --Estoy de acuerdo. La fe es intolerable. Una imagen de hac‫ي‬a diez aٌos asaltَ a Ele‫ل‬zaras y le mandَ débiles temblores a través de las puntas de sus dedos: Iyokus cayendo sobre él tras el asesinato, con la piel llena de ampollas, veteada de sangre, la boca graznando las mismas palabras que hab‫ي‬an restallado en el interior del alma de Ele‫ل‬zaras desde entonces: «‫؟‬Cَmo pueden hacer esto?». Era asombroso el modo como determinados d‫ي‬as desafiaban el paso de los aٌos, se tornaban violentos y plagaban el presente de un ayer inmortal. Incluso all‫ي‬, lejos de los Chapiteles Escarlatas y diez aٌos después, Ele‫ل‬zaras todav‫ي‬a pod‫ي‬a oler la dulce carne quemada, tan semejante a la de cerdo cuando se dejaba demasiado tiempo sobre el asador. ‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hab‫ي‬a transcurrido desde laْ ltima vez en que hab‫ي‬a sido capaz de comer cerdo? ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces hab‫ي‬a soٌado con ese d‫ي‬a? Sasheoka era el Gran Maestro entonces. Se hab‫ي‬an estado reuniendo en los aposentos del consejo, en lo m‫ل‬s profundo de las galer ‫ي‬as, bajo los Chapiteles Escarlatas, comentando la posible defecciَn de uno de sus nْmeros a la Escuela Mysunsai. Los m‫ل‬s sacrosantos aposentos de los Chapiteles Escarlatas estaban envueltos por Guardas. Uno no pod‫ي‬a dar un paso o apoyarse sobre la piedra desnuda sin sentir la marca de la inscripciَn o el aura de los ensalmos. Y sin embargo, los asesinos simplemente hab‫ي‬an titilado y cobrado existencia. Un ruido extraٌo, como el revoloteo de los p‫ل‬jaros en sus nidos, y una luz, como si una puerta hubiera sido abierta de repente en la superficie del sol, enmarcando tres figuras. Tres siluetas infernales. El asombro hab‫ي‬a helado los huesos y hab‫ي‬a paralizado los

pensamientos, y después los muebles y los cuerpos fueron arrojados contra los muros. Cegadoras bandas del m‫ل‬s puro blanco restallaron por todos los rincones de la habitaciَn. Gritos. Terror ara‫ٌل‬ndoles los intestinos. Protegido por un hueco entre el muro y una mesa que no fue derribada, Eleazaras se hab‫ي‬a arrastrado sobre su propia sangre para morir, o al menos eso hab‫ي‬a pensado. Algunos de sus pares segu‫ي‬an vivos. Vislumbrَ el instante en el que Sasheoka, su predecesor y profesor, se arrugَ al tacto cegador de sus asesinos. Iyokus, de rodillas, con su p‫ل‬lida cabeza ennegrecida por la sangre, se balanceaba bajo el brillo de sus Guardas, tratando de reforzarlas. Cataratas de luz le oscurecieron, y Eleazaras, sin que lo advirtieran los intrusos, sintiَ que las palabras le afloraban a los labios. Pudo verlos, tres hombres con togas color azafr‫ل‬n, dos agachados, el otro en pie, baٌados en la incandescencia de sus propios esfuerzos. Vio rostros serenos con las profundas cuencas de los ojos de los ciegos, y energ‫ي‬as rodando alrededor de sus frentes como si lo hicieran alrededor de una ventana al Exterior. Un fantasma blanco, surgido de las manos extendidas de Eleazaras, el cuello escamado, una poderosa cresta, las fauces abriéndose como unas tijeras. Con la deliberada gracia de una reina, la cabeza del dragَn bajَ en picado y arrojَ su fuego contra los cishaurim. Eleazaras hab‫ي‬a llorado de ira. Sus Guardas se vinieron abajo. La piedra se resquebrajَ. La carne se cayَ de sus huesos. Su agon‫ي‬a fue demasiado breve. Después, silencio. Cuerpos esparcidos, y Sasheoka, una ruina crepitante. Iyokus jadeaba en el suelo. Nada. No percib‫ي‬an nada. El onta sَlo hab‫ي‬a sido herido por sus propias hechicer‫ي‬as. Era como si los cishaurim nunca hubieran existido. Iyokus tambale‫ل‬ndose hacia él... «‫؟‬ Cَmo han podido hacer eso?» Los cishaurim hab‫ي‬an empezado su larga y secreta guerra. Eleazaras la terminar‫ي‬a. Venganza. ‫ة‬se era el regalo que el Shriah de los Mil Templos le hab ‫ي‬a ofrecido, el regalo de su antiguo enemigo: una Guerra Santa. Un regalo peligroso. A Ele‫ل‬zaras se le hab‫ي‬a ocurrido que lo que las seis Baratijas representaban simbَlicamente era, en realidad, la Guerra Santa. Dar Chorae a un hechicero era dar algo que no pod‫ي‬a ser aceptado; no se pod‫ي‬a hacer de su muerte e impotencia un regalo. Al abrazar la venganza ofrecida por Maithanet, Ele‫ل‬zaras y los Chapiteles Escarlatas se hab‫ي‬an entregado a la Guerra Santa. Al aceptarla, Ele‫ل‬zaras sab‫ي‬a que se hab‫ي‬a rendido. Y entonces, los

Chapiteles Escarlatas, por primera vez en su gloriosa historia, depend‫ي‬ an de los antojos de otros hombres. --‫؟‬Y qué hay de tus esp‫ي‬as en el recinto imperial? --preguntَ Ele‫ل‬ zaras. Detestaba el miedo, as‫ ي‬que evitar‫ي‬a hablar de Maithanet si le era posible--. ‫؟‬Han descubierto algo m‫ل‬s del plan del Emperador? --Nada... hasta ahora --respondiَ Iyokus, secamente--. Corre el rumor, sin embargo, de que Ikurei Conphas recibiَ un mensaje de los fanim poco después de la destrucciَn de la Guerra Santa Vulgar. --‫؟‬Un mensaje? ‫؟‬Acerca de qué? --De la Guerra Santa Vulgar, presumiblemente. --Pero ‫؟‬cu‫ل‬l era su contenido? ‫؟‬Era una amonestaciَn, una advertencia contra cualquier otra acciَn de la Guerra Santa o una primera tentativa de paz? ‫؟‬Qué era? --Cualquiera de esas cosas --respondiَ Iyokus--, o quiz‫ ل‬ninguna de ellas. No tenemos forma de saberlo. --‫؟‬Por qué se lo mandaron a Ikurei Conphas? --Por un buen nْmero de razones... Recuerda que él fue rehén del Sapatishah durante un tiempo. --Ese chico, Conphas, de él es de quien tenemos que preocuparnos. Ikurei Conphas era inteligente, excesivamente inteligente, lo cual significaba sin duda que también carec‫ي‬a de escrْpulos. Otro pensamiento aterrador: «‫ة‬l ser‫ ل‬nuestro general». Sosteniendo el cuenco de plata con sus alargados dedos, Iyokus parec‫ي‬a estar mirando la pequeٌa moneda de vino que quedaba en el fondo. --‫؟‬Puedo hablarte con franqueza, Gran Maestro? --preguntَ finalmente. --Por supuesto. La emociَn se concentrَ en el rostro de Iokus con la misma facilidad que el agua en la arpillera, pero su aprensiَn era entonces franca. --Los Chapiteles Escarlatas est‫ل‬n siendo degradados por todo esto... --empezَ con incomodidad--. Nos hemos convertido en subordinados cuando nuestro destino es gobernar. Abandona esta Guerra Santa, Eli. Hay demasiada incertidumbre. Demasiadas cosas desconocidas. Estamos jugando a las fichas numeradas con nuestras propias vidas. «‫؟‬Tْ también, Iyokus?» Ele‫ل‬zaras sintiَ volutas de ira alrededor de su corazَn. Los cishaurim hab‫ي‬an plantado una serpiente en su interior diez aٌos atr‫ل‬s, y ésta hab‫ي‬

a engordado de miedo. La sent‫ي‬a contorsion‫ل‬ndose en su interior, animando sus manos con el deseo afeminado de arrancarle a Iyokus sus desconcertantes ojos. --Paciencia, Iyokus --dijo sَlo--. Saber es siempre una cuestiَn de paciencia. --Ayer, Gran Maestro, estuviste a punto de morir a manos de los hombres con los que vamos a marchar... Si eso no demuestra la absurdidad de nuestra posiciَn, entonces nada lo hace. Se refer‫ي‬a a los disturbios. ،Qué estْpido hab‫ي‬a sido al acorralar a Drusas Achamian en ese lugar! Todo podr‫ي‬a haber terminado all‫ي‬: cientos de peregrinos muertos a manos del Gran Maestro, los Chapiteles Escarlatas en guerra abierta con los Hombres del Colmillo. De no haber sido por la sensatez del Maestro del Mandato... --،No lo hagas, Ele‫ل‬zaras! --hab‫ي‬a gritado cuando las masas se lanzaron contra ellos--. ،Piensa en tu guerra contra los cishaurim! Pero también hab‫ي‬a habido una amenaza en la voz de ese hombre desaliٌado: «No te permitiré hacerlo. Te detendré, y sabes que puedo...». ،Qué perversa iron‫ي‬a! Porque la amenaza --no la razَn-- hab‫ي‬a estado en su mano. ،La amenaza de la Gnosis! Sus designios hab‫ي‬an sido salvados por la falta de lo que su Escuela hab‫ي‬a codiciado durante generaciones. ،Cَmo despreciaba al Mandato! Todas las Escuelas, incluso el Saik Imperial, reconoc‫ي‬an la ascendencia de los Chapiteles Escarlatas, con la salvedad del Mandato. ‫؟‬Y por qué deb‫ي‬an hacerlo cuando un simple esp‫ي‬a pod‫ي‬a amedrentar a su Gran Maestro? --El incidente --respondiَ Ele‫ل‬zaras-- sَlo demuestra algo que siempre hemos sabido, Iyokus: que nuestra posiciَn en la Guerra Santa es precaria, cierto. Pero todos los grandes designios requieren grandes sacrificios. Cuando todo esto llegue a buen término, cuando Shimeh sea una ruina humeante y los cishaurim hayan sido extinguidos, el Mandato ser‫ ل‬laْ nica Escuela que todav‫ي‬a podr‫ ل‬humillarnos. --Un imperio arcano, ésa ser‫ي‬a la recompensa de su desesperada labor. --Lo cual me recuerda --dijo Iyokus-- que recib‫ ي‬una misiva del Ministro de Documentos en Carythusal. Estuvo repasando todos los registros de muertos, como tْ le pediste. Hubo otro, hace aٌos. Otro cad‫ل‬ver sin cara. --Medio podrido. Lo encontraron en el delta. El hombre era desconocido. Como han pasado cinco aٌos, tenemos pocas esperanzas de determinar su identidad. El Mandato. ‫؟‬Quién hubiera dicho que se dedicaban a juegos tan

oscuros? Pero ‫؟‬ése? Sَlo era otro desconocido. --Quiz‫ ل‬--prosiguiَ Iyokus-- el Mandato, finalmente, ha dejado de lado toda esa chorrada del Consulto y el No Dios. Ele‫ل‬zaras asintiَ. --Estoy de acuerdo. El Mandato ahora juega a lo mismo que nosotros, Iyokus. Ese hombre, Drusas Achamian, deja pocas dudas al respecto... --،Qué gran mentiroso! Ele‫ل‬zaras casi hab‫ي‬a cre‫ي‬do que no sab‫ي‬a nada de la muerte de Geshrunni. --Si el Mandato es parte del juego --prosiguiَ Iyokus-- todo cambia. ‫؟‬Te das cuenta de eso? No podemos seguir consider‫ل‬ndonos la primera Escuela de los Tres Mares. --Primero aplastaremos a los cishaurim, Iyokus. Mientras tanto, asegْrate de que Drusas Achamian es vigilado.

_____ 17 _____ Las Cumbres Andiamine «El acontecimiento en s‫ ي‬mismo no ten‫ي‬a precedentes: desde la ca‫ي‬ da de Cenei ante las huestes scylvendias, nunca se hab‫ي‬an reunido tantos potentados en un mismo lugar. Pero pocos sab‫ي‬an que la humanidad en s ‫ ي‬misma estaba en juego. ‫؟‬Y quién pod‫ي‬a pensar que un breve intercambio de miradas, no el edicto del Shriah, desequilibrar‫ي‬a ese juego? Pero ‫؟‬no es éste el verdadero enigma de la historia? Cuando uno mira con la profundidad suficiente, siempre encuentra que la cat‫ل‬strofe y el triunfo, los verdaderos objetos del escrutinio del historiador, inevitablemente se deben a lo pequeٌo, trivial y delirantemente accidental. Cuando reflexiono en demas‫ي‬a sobre este hecho, no temo que estemos «borrachos en la danza sagrada», como escribe Protathis, sino que no haya danza en absoluto.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Finales de primavera, aٌo del Colmillo 4111, Momemn Con Cnaiur, Xinemus y los cinco Palatinos conriyanos que hab‫ي‬an hecho suya la causa del Colmillo, Kellhus siguiَ a Nersei Proyas a través de las galer‫ي‬as de las Cumbres Andiamine. Les guiaba uno de los

eunucos del Emperador, que desprend‫ي‬a un aceitoso olor a musgo y b‫ل‬ lsamo. Gir‫ل‬ndose tras conversar con Xinemus, Proyas llamَ a Cnaiur a su lado. Kellhus hab‫ي‬a observado de cerca los caprichosos cambios de humor de Proyas a lo largo de su viaje al recinto imperial. El hombre hab ‫ي‬a estado entusiasmado y ansioso de forma alternativa. Entonces, estaba claramente eufَrico. El pensamiento casi se le‫ي‬a en el perfil del hombre: «،Esto funcionar‫»!ل‬. --Aunque esto irrite a los dem‫ل‬s --dijo Proyas, tratando de parecer brusco--, los nansur son, en muchos sentidos, el pueblo m‫ل‬s antiguo de los Tres Mares, descendientes de los ceneianos de la baja antigüedad y de los kyraneanos de la alta. Viven a la sombra de obras monumentales y, en consecuencia, se sienten movidos a construir monumentos. --Abri َ las manos hacia las inmensas bَvedas de m‫ل‬rmol--. Como éste. «Est‫ ل‬dando una explicaciَn convincente de la fortaleza de la casa de su enemigo --percibiَ Kellhus--. Teme que este lugar pueda intimidar al scylvendio.» Cnaiur hizo una mueca y escupiَ sobre las lْgubres escenas pastorales que ten‫ي‬a bajo los pies. Por encima de un grueso hombro, el eunuco le mirَ y acelerَ nerviosamente el paso. Proyas se quedَ mirando al scylvendio; sus ojos desaprobadores esbozaron una sonrisita. --En circunstancias normales, Cnaiur, no tratar‫ي‬a de corregir tus modales, pero quiz‫ ل‬las cosas nos vayan mejor si procuras no escupir. En ese momento, uno de los m‫ل‬s malhumorados Palatinos, Ingiaban, soltَ una carcajada. El scylvendio tensَ la mand‫ي‬bula, pero no dijo nada. Hab‫ي‬a transcurrido una semana desde que se hab‫ي‬an unido a la Guerra Santa y hab‫ي‬an sido agasajados por la hospitalidad de Nersei Proyas. En ese tiempo, Kellhus hab‫ي‬a pasado muchas horas en el trance de la probabilidad, evaluando, extrapolando y volviendo a evaluar ese extraordinario giro de las circunstancias. Pero la Guerra Santa hab‫ي‬a demostrado ser de un valor incalculable. Nada de lo que hab‫ي‬a conocido hasta entonces se pod‫ي‬a comparar con el inmenso nْ mero de variables que presentaba. Obviamente, los miles de hombres anَnimos que constitu‫ي‬an su grueso eran en buena medida irrelevantes, significativos sَlo en su totalidad, pero el puٌado de hombres que eran relevantes, que enْ ltima instancia determinar‫ي‬an el destino de la Guerra Santa, segu‫ي‬an siendo inaccesibles para él. Eso cambiar‫ي‬a en cuestiَn de minutos.

El gran enfrentamiento entre el Emperador y los Grandes Nombres de la Guerra Santa hab‫ي‬a llegado a un momento cr‫ي‬tico. Ofreciendo a Cnaiur como sustituto de Ikurei Conphas, Proyas le hab‫ي‬a implorado a Maithanet que solventara la disputa del Solemne Contrato del Emperador, e Ikurei Xerius III hab‫ي‬a aceptado invitar a todos los Grandes Nombres para que expusieran sus opiniones y oyeran los juicios del Shriah. Iban a reunirse en el jard‫ي‬n privado, oculto en algْn lugar de los dorados complejos de las Cumbres Andiamine. De un modo u otro, la Guerra Santa iba a marchar hacia la lejana Shimeh. Que el Shriah se pusiera del lado de los Grandes Nombres y ordenara al Emperador que proveyera a la Guerra Santa, o del lado de la dinast‫ي‬a Ikurei y ordenara a los Grandes Nombres que firmaran el Solemne Contrato era algo que poco importaba a Kellhus. De ambos modos, parec‫ي‬a que los l‫ي‬deres de la Guerra Santa tendr‫ي‬an un consejero competente. La brillantez de Ikurei Conphas, el Exalto-General de Nansur, era reconocida a regaٌadientes hasta por Proyas. Y la inteligencia de Cnaiur, como sab‫ي‬a Kellhus de primera mano, estaba m‫ل‬s all‫ ل‬de toda discusiَn. Lo que importaba era que la Guerra Santa se impusiera enْ ltima instancia a los fanim y le llevara hasta Shimeh. Hasta su padre. Su misiَn. «‫؟‬Era esto lo que quer‫ي‬as, Padre? ‫؟‬Debe esta guerra ser mi lecciَn «? --Me pregunto --dijo Xinemus, irَnicamente-- qué opinar‫ ل‬el Emperador de tener a un scylvendio bebiéndose su vino y pellizcando el culo a sus sirvientas. El Pr‫ي‬ncipe y el resto de potentados estallaron en carcajadas. --Estar‫ ل‬demasiado ocupado apretando los dientes de ira --respondiَ Proyas. --Tengo poca paciencia para estos juegos --dijo Cnaiur, y a pesar de que los otros interpretaron esto como un reconocimiento, Kellhus supo que era una advertencia. «‫ة‬ste ser‫ ل‬su juicio, y yo seré enjuiciado a través de él.» --Los juegos --respondiَ otro Palatino, Gaidekki-- van a terminarse, mi salvaje amigo. Como siempre, Cnaiur se enfureciَ por su tono paternalista. Hasta se le hincharon las fosas nasales. «‫؟‬Cu‫ل‬nta degradaciَn soportar‫ ل‬con tal de ver a mi padre muerto?» --El juego nunca termina --afirmَ Proyas--. El juego no tiene

principio ni fin. «Ni principio ni fin...»

Kellhus era un niٌo de once aٌos cuando oyَ por primera vez esta frase. Hab‫ي‬a sido convocado para su formaciَn en un pequeٌo santuario de la primera terraza, donde ten‫ي‬a que encontrarse con Keeriga Jeukal. A pesar de que Kellhus ya llevaba aٌos minimizando sus pasiones, la perspectiva de encontrarse con Jeukal le atemorizaba: era uno de los Pragma, los m‫ل‬s viejos hermanos dunyainos, y los encuentros entre tales hombres y los niٌos pequeٌos sol‫ي‬an acabar angustiosamente para los segundos. La angustia del juicio y la revelaciَn. La luz del sol, que ca‫ي‬a en haces entre los pilares del santuario, calentaba agradablemente la piedra bajo sus pequeٌos pies. Fuera, bajo las murallas de la primera terraza, los ‫ل‬lamos eran peinados por el viento de la montaٌa. Kellhus se demorَ bajo la luz, sintiendo la sencilla calidez del sol empapando su tْnica y su cabeza desnuda. --‫؟‬Has bebido hasta saciarte como te ordenaron? --preguntَ el Pragma. Era un anciano, y su cara carec‫ي‬a de expresiَn en el mismo grado en que la arquitectura del santuario carec‫ي‬a de adornos. Uno podr‫ي‬a haber pensado que estaba mirando a las piedras en lugar de a un niٌo; tan neutro era su rostro. --S‫ي‬, Pragma. --El Logos no tiene principio ni fin, joven Kellhus. ‫؟‬Lo entiendes? La instrucciَn hab‫ي‬a empezado. --No, Pragma --respondiَ Kellhus. Pese a que todav‫ي‬a ten‫ي‬a miedo y esperanza, hac‫ي‬a mucho tiempo que hab‫ي‬a derrotado su necesidad de tergiversar la amplitud de sus conocimientos. Un niٌo ten‫ي‬a pocas opciones cuando sus profesores pod‫ي‬an leer las caras. --Hace mil aٌos, cuando los dunyainos fundaron... --‫؟‬Después de las antiguas guerras? --le interrumpiَ, con impaciencia, Kellhus--. ‫؟‬Cuando nosotros éramos todav‫ي‬a refugiados? El Pragma le golpeَ con la fuerza necesaria para hacerle caer sobre la dura piedra. Kellhus se puso en pie y se secَ la sangre de la nariz. Pero sintiَ poco miedo y, mucho menos, arrepentimiento. El golpe era una lecciَn, nada m‫ل‬s. Entre los dunyainos, todo era una lecciَn. El Pragma le mirَ sin el menor atisbo de pasiَn.

--La interrupciَn es debilidad, joven Kellhus. Surge de las pasiones y no del intelecto; de la oscuridad que precede a todo. --Lo entiendo, Pragma. Los fr‫ي‬os ojos le escrutaron y vieron que era verdad. --Cuando los dْnyainos fundaron Ishual en estas montaٌas, sَlo conoc‫ي‬an un principio del Logos. ‫؟‬Cu‫ل‬l era ese principio, joven Kellhus? --Que lo que viene antes determina lo que viene después. El Pragma asintiَ. --Han pasado dos mil aٌos, joven Kellhus, y sin embargo, todav‫ي‬a consideramos cierto ese precepto. ‫؟‬Significa eso que el principio del antes y el después, de la causa y el efecto, ha envejecido? --No, Pragma. --‫؟‬Y a qué se debe? ‫؟‬Acaso los hombres no envejecen y mueren? ‫؟‬ Acaso tampoco las montaٌas envejecen y se desmoronan? --S‫ي‬, Pragma. --Entonces ‫؟‬cَmo puede ser que este principio no haya envejecido? --Porque --respondi َKellhus, tratando de sofocar un atisbo de orgullo-- el principio del antes y el después no est‫ ل‬en el circuito del antes y el después. Es la base de lo que es «joven» y lo que es «viejo», y por lo tanto no puede ser joven ni viejo. --S‫ي‬. El Logos es sin principio ni fin. Y sin embargo, el hombre, joven Kellhus, s‫ ي‬posee un principio y un fin, como todas las bestias. ‫؟‬ Por qué es el hombre distinto de las otras bestias? --Porque como las bestias, est‫ ل‬en el circuito del antes y el después, y sin embargo aprehende el Logos. Posee intelecto. --As‫ ي‬es. ‫؟‬Y por qué, joven Kellhus, los dunyainos alientan el intelecto? ‫؟‬Por qué con tanta frecuencia formamos a niٌos pequeٌos como tْ en los caminos del pensamiento, las extremidades y el rostro? --Debido al Dilema del Hombre. --‫؟‬Y qué es el Dilema del Hombre? Una abeja hab‫ي‬a entrado zumbando en el santuario, y entonces dibujaba, adormilada, trazos azarosos bajo las bَvedas. --Que el hombre es una bestia, que sus apetitos proceden de la oscuridad de su alma, que el mundo le asalta con circunstancias arbitrarias y que a pesar de ello aprehende el Logos. --Precisamente. ‫؟‬Y cu‫ل‬l es la soluciَn al Dilema del Hombre? --Carecer por completo de apetitos bestiales; dominar por completo el desarrollo de las circunstancias; ser el perfecto instrumento del Logos y, por lo tanto, alcanzar el Absoluto. --S‫ي‬, joven Kellhus. ‫؟‬Y eres tْ un perfecto instrumento del Logos?

--No, Pragma. --‫؟‬Y eso por qué? --Porque estoy aquejado de pasiones. Yo soy mis pensamientos, pero las fuentes de mis pensamientos me exceden. No soy amo de m‫ي‬ mismo porque la oscuridad me precede. --As‫ ي‬es, niٌo. ‫؟‬Cu‫ل‬l es el nombre que damos a las oscuras fuentes del pensamiento? --Legiَn. Las llamamos «la legiَn». El Pragma alzَ una mano paralizada, como si fuera a marcar una estaciَn crucial de su peregrinaje. --S‫ي‬. Vas a embarcarte, joven Kellhus, en la m‫ل‬s dif‫ي‬cil etapa de tu Acondicionamiento: el dominio de la legiَn interior. Sَlo haciéndolo ser‫ل‬s capaz de sobrevivir al Laberinto. --‫؟‬Eso responder ‫ل‬la pregunta de los Mil Veces Mil Pasillos? --No. Pero te permitir‫ ل‬hacer la pregunta adecuada.

En algْn lugar cerca de la cima de las Cumbres Andiamine, pasaron por un pasillo con paneles de marfil y desembocaron parpadeando en el jard‫ي‬n privado del Emperador. Entre los senderos empedrados, la hierba era blanda e inmaculada, oscura bajo la sombra de distintos ‫ل‬rboles que formaban rayos en un estanque circular situado en el corazَn del jard‫ي‬n, como una versiَn en agua del Sol Imperial. Hibiscos, lotos erguidos y arbustos arom‫ل‬ticos poblaban los macizos junto a los senderos. Kellhus vislumbr َ unos colibr‫ي‬es saltando de flor en flor bajo la luz del sol. Si las ‫ل‬reas pْblicas del recinto imperial hab‫ي‬an sido construidas para intimidar a los invitados con las dimensiones y la ostentaciَn, Kellhus comprendiَ que el jard‫ي‬n privado hab‫ي‬a sido diseٌado para transmitir la sensaciَn de intimidad, para dar a los dignatarios visitantes el regalo de la confianza del Emperador. ‫ة‬se era un lugar simple y elegante, el modesto corazَn del Emperador hecho de tierra y piedra. Reunidos bajo los cipreses y los tamarindos, los seٌores inrithi --galeoth, tydonnios, ainonios, thunyerios e incluso algْn nansur-permanec‫ي‬an en grupos alrededor de lo que deb‫ي‬a de ser el trono del Emperador. Aunque iban ataviados con sus mejores galas y no llevaban armas, parec‫ي‬an m‫ل‬s soldados que cortesanos. Esclavas adolescentes revoloteaban entre ellos, con sus hinchados pechos desnudos y sus piernas juveniles brillando con aceites; llevaban sobre las caderas

bandejas de vino y diversos manjares. Los cuencos se derramaban en los brindis, y dedos manchados de grasa eran limpiados con elegantes muselinas y sedas. Los Seٌores de la Guerra Santa, todos reunidos en un lugar. «El estudio se profundiza, Padre.» Las caras se giraron y las voces se acallaron cuando se acercaron. Muchos saludaron a Proyas, pero la mayor‫ي‬a se quedaron mirando a Cnaiur, envalentonados por el abierto escrutinio de los nْmeros. Kellhus sab‫ي‬a que Proyas hab‫ي‬a impedido a propَsito que ninguno de los Grandes Nombres conociera a Cnaiur para controlar mejor ese momento. Sus expresiones daban fe de lo acertado de esa decisiَn. Pese a ir vestido como un inrithi-- tْnica de lino blanco bajo una capa de seda gris a la altura de la rodilla--, Cnaiur irradiaba una fortaleza salvaje: su rostro curtido en batallas; su poderoso cuerpo, sus extremidades de hierro y sus manos capaces de romper cuellos; sus swazond; sus ojos como fr‫ي‬os topacios. Todo en él hablaba de hechos violentos o suger‫ي‬a intenciones violentas. La mayor‫ي‬a de los inrithi se quedaron impresionados. Kellhus vio p ‫ل‬nico, envidia, incluso deseo. All‫ ي‬estaba finalmente un scylvendio, y el aspecto del hombre, al parecer, superaba con creces los rumores que hab‫ي‬an o‫ي‬do. Cnaiur soportَ su escrutinio con desdén, mirando a un hombre tras otro como si estuviera evaluando ganado. Proyas le susurrَ algunas palabras a Xinemus, y después se adelantَ para llevarse a Cnaiur y a Kellhus aparte. De repente, los seٌores prorrumpieron en requerimientos. Xinemus les acallَ. --Pronto oiréis lo que el hombre tiene que decir --gritَ. Proyas hizo una mueca. --La cosa ha ido tan bien como cab‫ي‬a esperar, creo --susurrَ. Kellhus hab‫ي‬a descubierto que el Pr‫ي‬ncipe conriyano era un hombre piadoso, pero apasionado. Pose‫ي‬a una fortaleza, una certidumbre moral, que de algْn modo obligaba a los dem‫ل‬s a tratar de obtener su aprobaciَn. Pero era también proclive a desenterrar impiedades, a dudar de todos los hombres que acud‫ي‬an a él por su certidumbre. Al principio, esa combinaciَn de duda y certeza hab‫ي‬a dejado a Kellhus perplejo. Pero después de su noche con Drusas Achamian, se hab‫ي‬a dado cuenta de que el Pr‫ي‬ncipe Coronado hab‫ي‬a sido entrenado para ser suspicaz. Proyas era cauteloso hasta lo indecible. Como con el

scylvendio, Kellhus se hab‫ي‬a visto obligado a avanzar tangencialmente al tratar con él. Incluso después de d‫ي‬as de conversaciones y sondeos en forma de preguntas, el hombre todav‫ي‬a albergaba sus reservas. --Parecen ansiosos --dijo Kellhus. --‫؟‬Y por qué no? --respondiَ Proyas--. Les he tra‫ي‬do a un Pr‫ي‬ncipe que afirma soٌar con Shimeh y a un infiel scylvendio que podr‫ي‬a ser su general. --Mirَ pensativamente a los dem‫ل‬s Hombres del Colmillo--. Estos hombres ser‫ل‬n tus iguales --dijo--. Préstales atenciَn. Aprende de ellos. Todos ellos son extremadamente orgullosos, y los hombres orgullosos, como he ido sabiendo, no son proclives a tomar sabias decisiones... Las implicaciones eran claras: pronto sus vidas depender‫ي‬an de las sabias decisiones de esos hombres. El Pr‫ي‬ncipe hizo un gesto a un alto galeoth que estaba entre las flores rosadas y verdes de un tamarisco. --Ese es el Pr‫ي‬ncipe Coithus Saubon, séptimo hijo del Rey Eryeat y l‫ي‬der del contingente galeoth. El hombre con el que discute es su sobrino Athjeari, Conde de Gaenri. Coithus Saubon tiene mucha reputaciَn por aqu‫ي‬: comandَ el ejército de su padre contra el Nansurium hace muchos aٌos. Logrَ varios éxitos, o eso me han dicho, pero fue humillado por Conphas cuando el Emperador le nombrَ Exalto-General. Quiz ‫ل‬ningْn hombre vivo odie tanto a los Ikurei como él. Pero no le importa nada el Colmillo o el Ultimo Profeta. Una vez m‫ل‬s, Proyas no mencionَ las implicaciones que aquello ten ‫ي‬a. El Pr‫ي‬ncipe galeoth era un mercenario que les apoyar‫ي‬a sَlo si sus objetivos coincid‫ي‬an con los suyos. Kellhus evaluَ el rostro del hombre, que era de mand‫ي‬bula fuerte y atractiva bajo una descarga de cabello rubio rojizo. Sus miradas se encontraron. Saubon asintiَ con una comedida cortes‫ي‬a. Una apenas percibida aceleraciَn de su corazَn. Un débil sonroj e َn las mejillas. Los ojos entrecerr‫ل‬ndose muy ligeramente, como si se esforzara por mirar un golpe no visto. «Nada teme m‫ل‬s que la opiniَn de los otros hombres.» Kellhus asintiَ en respuesta, con la expresiَn franca, c‫ل‬ndida. Advirti َ que Saubon hab‫ي‬a sido educado bajo la severa mirada de otro; un padre cruel, quiz‫ل‬, o una madre. «Har‫ي‬a de su vida una demostraciَn, maldecir‫ي‬a los ojos que juzgan.» --Nada empobrece --le dijo Kellhus a Proyas-- m‫ل‬s que la ambiciَn. --As‫ ي‬es --respondiَ Proyas con aprobaciَn, también asintiendo en

direcciَn al Pr‫ي‬ncipe galeoth. --Ese hombre de all‫ ي‬--prosiguiَ el Pr‫ي‬ncipe Coronado, seٌalando a un tydonnio de amplia cintura m‫ل‬s all‫ ل‬del galeoth-- es Hoga Gothyelk, Conde de Agansanor y l‫ي‬der electo del contingente de Ce Tydonn. Antes de que yo naciera mi padre fue vencido por él en la batalla de Maan. Llama a su cojera el «regalo de Gothyelk». --Proyas sonriَ; era un hijo devoto que se tomaba muy en serio el humor de su padre--. Segْn dicen los rumores, Hoga Gothyelk es tan p‫ي‬o en el templo como indomable en el campo. De nuevo las implicaciones: «Es uno de los nuestros». A diferencia de Saubon, el Conde de Agansanor no era consciente de su moment‫ل‬neo escrutinio: estaba ocupado reprendiendo a tres hombres m‫ل‬s jَvenes en lo que deb‫ي‬a de ser su lengua nativa. Su barba, un largo pellejo gris met‫ل‬lico, se balanceaba y temblaba mientras él chillaba. Su ancha nariz se hinchَ. --‫؟‬Quiénes son esos hombres a los que reprende? --preguntَ Kellhus. --Sus hijos. Tres de ellos. En Conriya les llamamos la Prole Hoga. Les est‫ ل‬abroncando por beber demasiado. El Emperador, segْn dice, quiere que estén borrachos. Pero Kellhus sab‫ي‬a que era otra cosa y no la bebida lo que hab‫ي‬a despertado la furia del Conde de Agansanor. Algo cansado rondaba su expresiَn, algo cuyo impulso hab‫ي‬a titubeado en el transcurso de una larga y turbulenta vida. Hoga Gothyelk ya no sent‫ي‬a m‫ل‬s ira, no de verdad; sَlo variaciones de la pena. Pero ‫؟‬por qué razَn? «Ha hecho algo... Cree que est‫ ل‬maldito.» S‫ي‬, all‫ ي‬estaba: la resoluciَn oculta, como débiles hilos en las tensas arrugas de su cara, alrededor de los ojos. Hab‫ي‬a venido a morir, a morir limpio. --Y ese hombre --prosiguiَ Proyas, atreviéndose a seٌalar--, en el centro de ese grupo que lleva m‫ل‬scaras... ‫؟‬Le ves? Proyas hab‫ي‬a seٌalado hacia su izquierda, donde se hab‫ي‬a reunido el grupo m‫ل‬s grande con diferencia: los Palatinos-Gobernadores del Alto Ainon. Todos sin excepciَn vest‫ي‬an togas espectaculares. Bajo sus pelucas trenzadas llevaban m‫ل‬scaras de porcelana blanca que les cubr ‫ي‬an los ojos y las mejillas. Parec‫ي‬an estatuas con barba. --‫؟‬El que lleva el pelo sujeto como un abanico detr‫ل‬s de la cabeza? --preguntَ Kellhus. Proyas le dedicَ una amarga sonrisa. --Efectivamente. Se trata, ni m‫ل‬s ni menos, que de Chepheramunni

en persona, el Rey-Regente del Alto Ainon y perrito faldero de los Chapiteles Escarlatas... ‫؟‬Ves cَmo rechaza todas las ofertas de comida y bebida? Teme que el Emperador trate de drogarle. --‫؟‬Por qué llevan m‫ل‬scaras? --Los ainonios son un pueblo pervertido --respondiَ Proyas, lanzando una mirada de precauciَn a su alrededor--. Una raza de actores de mimo. Est‫ل‬n extremadamente preocupados por las sutilezas de las relaciones entre humanos. Consideran que un rostro escondido es una arma potencial en todos los aspectos relacionados con el jnan. --El jnan --murmurَ Cnaiur-- es una enfermedad que todos tenéis. Proyas sonriَ, divertido por el implacable desprecio del llanero. --Sin duda, pero los ainonios est‫ل‬n mortalmente enfermos. --Disculpadme --dijo Kellhus--. Pero ‫؟‬qué es el jnan? Proyas le dedicَ una mirada, atَnito. segْn --Nunca hab‫ي‬a pensado en ello antes --reconoci .--Byantas, َ recuerdo, lo define como «la guerra de palabras y sentimientos». Pero es mucho m‫ل‬s .Las sutilezas que gu‫ي‬an la conducta entre hombres, podr‫ي‬a decirse. Es-- se encogi d َ e hombros-- solamente algo que hacemos. Kellhus asintiَ. «Saben tan poco de s‫ ي‬mismos, Padre.» Preocupado por la precariedad de su respuesta, Proyas dedicَ su atenciَn al pequeٌo grupo de hombres que estaban junto al estanque del jard‫ي‬n; todos llevaban las mismas vestiduras, con emblemas del Colmillo sobre sus tْnicas. --All‫ي‬. El del pelo plateado. Es Incheiri Gotian, Gran Maestro de los Caballeros Shriah. Es un buen hombre, el enviado del Shriah. Maithanet le ha pedido que juzgue nuestra demanda contra el Emperador. Gotian esperaba al Emperador en silencio con un pequeٌo bote de marfil en las manos. «Una misiva --pensَ Kellhus--, de Maithanet en persona.» Aunque Gotian era la imagen misma de la seguridad, Kellhus vio al instante que estaba nervioso: el r‫ل‬pido pulso de su aorta bajo la carne oscura de su cuello, los tendones flexion‫ل‬ndose a lo largo del dorso de la mano, la tensa compostura de la musculatura alrededor de los labios... «No se siente a la altura de su carga.» Pero algo m‫ل‬s que ansiedad herv‫ي‬a a fuego lento en su expresiَn: sus ojos también delataban una curiosa espera, una que Kellhus hab‫ي‬a presenciado en muchas ocasiones en muchas caras. «Anhela que le muevan..., que le mueva alguien m‫ل‬s santo que él.» --Un buen hombre --repitiَ Kellhus. «Sَlo tengo que convencerle de

que soy m‫ل‬s santo.» --Y ese de all‫ ي‬--dijo Proyas, seٌalando con la cabeza a su derecha-- es el Pr‫ي‬ncipe Skaiyelt de Thunyerus, a la sombra de un gigante, al que llaman Yalgrota. Fuera deliberadamente o no, el pequeٌo contingente thunyerio ocup َ la periferia del grupo de seٌores inrithi. De toda la nobleza reunida en el jard‫ي‬n, sَlo ellos iban ataviados para la batalla; llevaban pecheras de malla negra bajo sobretodos con mangas bordadas con estilizados animales. Todos llevaban barbas hirsutas y el cabello largo y sedoso. Skaiyelt ten‫ي‬a el rostro uniformemente picado, como por la viruela, y murmuraba con gravedad a Yalgrota, que ten‫ي‬a la mirada dura y se erig ‫ي‬a por encima de él, mirando con fiereza a Cnaiur por encima de numerosas cabezas. --‫؟‬Has visto alguna vez a un hombre como él? --siseَ Proyas, mirando al gigante con una sincera admiraciَn--. Recemos porque su interés en ti sea académico, scylvendio. Cnaiur engarzَ su mirada con la de Yalgrota sin parpadear. --S‫ ي‬--dijo sin alterarse--, por su bien. Un hombre se mide por algo m‫ل‬s que su cuerpo. Proyas arqueَ las cejas y sonriَ de soslayo a Kellhus. --‫؟‬Crees --le preguntَ Kellhus al scylvendio-- que no es tan largo como alto? Proyas soltَ una carcajada, pero los feroces ojos de Cnaiur se posaron en Kellhus. «Juega con estos idiotas si debes, dunyaino, ،pero no juegues conmigo!» --Est‫ل‬s empezando --dijo Proyas-- a recordarme a Xinemus, mi Pr‫ي‬ ncipe. «Al hombre que estima por encima de todos los dem‫ل‬s.» Un grito de enojo surgiَ del bullicio de voces de fondo: -- ،Gi'irga fi hierst! ، Gi'irga fi hierstas da moia! --Gothyelk, una vez m‫ل‬s, regaٌando a uno de sus hijos, esa vez desde el otro extremo del jard‫ي‬n. --‫؟‬Qué son esos colgantes que los thunyerios llevan entre los muslos? --preguntَ Kellhus a Proyas--. Parecen manzanas marchitas. --Son cabezas reducidas de sranc... Hacen fetiches de sus enemigos, y podemos contar --su desagrado se convirtiَ en una mueca-con que pronto, una vez la Guerra Santa inicie su marcha, llevar‫ل‬n cabezas humanas. Como iba a decir, los thunyerios son un pueblo joven en los Tres Mares. Se unieron a la causa de los Mil Templos y el ‫ع‬ltimo Profeta sَlo en época de mi abuelo, as‫ ي‬que son celosos del modo en

que lo son los pueblos conversos. Pero una interminable guerra con los sranc los ha vuelto morbosos, melancَlicos..., perturbados, incluso. Skaiyelt no es una excepciَn en este sentido, al menos por lo que sé; el hombre no sabe una palabra de sheyico. Tendr‫ ل‬que ser... controlado, supongo, pero no hay que tom‫ل‬rselo muy en cuenta. «Aqu‫ ي‬hay un gran juego --pensَ Kellhus--, y no hay lugar para los que no conocen las reglas.» --‫؟‬Por qué? --preguntَ. --Porque es zafio. Es un b‫ل‬rbaro analfabeto. Le respuesta que esperaba: una respuesta que, sin duda, ofender‫ي‬ a al scylvendio. Como si le hubieran dado pie, Cnaiur bufَ. --‫؟‬Y qué crees --preguntَ con mordacidad-- que dicen los otros de m ‫?ي‬ El Pr‫ي‬ncipe se encogiَ de hombros. --M‫ل‬s o menos lo mismo, imagino. Pero eso cambiar ‫ل‬r‫ل‬pidamente, scylvendio. He... Proyas se detuvo a media respuesta. Toda su atenciَn fue requerida por el repentino silencio que se hab‫ي‬a hecho entre los nobles inrithi. Se acercaron tres figuras a través de la sombra de la columnata circundante. Dos hombres, Guardias Eَticos a juzgar por el aspecto de la armadura y la insignia, tiraban de un tercero entre los dos. El hombre iba desnudo, estaba escu‫ل‬lido y llevaba pesados grilletes en el cuello, las muٌecas y los tobillos. A juzgar por las cicatrices que cubr‫ي‬an sus brazos, era obviamente un scylvendio. --Demonios astutos --murmurَ entre dientes Proyas. Los Guardias Eَticos lanzaron al hombre a la luz. El hombre se tambaleَ como un borracho, ignorando que llevaba el falo a la vista. Alzَ el rostro lastimero hacia el cielo. Le hab‫ي‬an arrancado los ojos. --‫؟‬Quién es él? --preguntَ Kellhus. Cnaiur escupiَ y observَ cَmo los Guardias Eَticos encadenaban al hombre a la base del trono del Emperador. --Xunnurit --dijo después de un momento--. Nuestro Rey-de-Tribus en la batalla de Kiyuth. --Una prueba de la debilidad de los scylvendios, sin duda --dijo Proyas con inquietud--. Una prueba de la debilidad de Cnaiur urs Skiotha... Una prueba en lo que ser‫ ل‬nuestro juicio.

--Te sentar‫ل‬s aqu‫ ي‬en posiciَn --dijo el Pragma, ni tenso ni amable--. Y repetir‫ل‬s la frase «El Logos no tiene principio ni fin». La repetir‫ل‬s sin cesar hasta que te ordene lo contrario. ‫؟‬Lo entiendes? --S‫ي‬, Pragma --respondiَ Kellhus. Se agachَ sobre una pequeٌa esterilla de juncos trenzados en el centro del santuario. El Pragma se sentَ ante él en una esterilla similar, de espaldas a los ‫ل‬lamos baٌados por el sol y los fruncidos precipicios de las montaٌas m‫ل‬s all‫ل‬. --Empieza --dijo el Pragma, qued‫ل‬ndose inmَvil. --El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene... Al principio le sorprendiَ la facilidad del ejercicio. Pero las palabras perdieron r‫ل‬pidamente su significado y se convirtieron en una repetitiva letan‫ي‬a de sonidos desconocidos, m‫ل‬s un pastoso ejercicio de la lengua, los dientes y los labios que habla. --Deja de decir eso en voz alta --dijo el Pragma--. Dilo sَlo para ti. «El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene...» Eso resultaba muy distinto y, como r‫ل‬pidamente descubriَ, era mucho m‫ل‬s dif‫ي‬cil. Decir la frase en voz alta hab‫ي‬a apuntalado de alguna forma la repeticiَn, como si apretara el pensamiento contra su boca y su lengua. Entonces, estaba a solas, suspendido en ninguna parte de su alma, repetido, repetido y repetido, contrario a todas las costumbres de deducciَn y libre asociaciَn. «El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene...» La primera cosa que notَ fue la curiosa falta de tensiَn de su rostro, como si el ejercicio hubiera cortado los v‫ي‬nculos que un‫ي‬an la expresiَn a la pasiَn. Su cuerpo se quedَ completamente inmَvil, mucho m‫ل‬s de lo que hab‫ي‬a estado jam‫ل‬s. Al mismo tiempo, sin embargo, unas curiosas oleadas de tensiَn le recorr‫ي‬an desde su interior, como si algo profundo obstaculizara e impidiera que su aliento interior llegara a su voz interior. Y la repeticiَn fue enmudecida por un susurro, se convirtiَ en un delgado hilo ondulando a través de un torbellino de pensamiento inarticulado, sin forma. «El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene...» El sol ascend‫ي‬a sobre las despeinadas laderas, coloreando su campo visual con el contraste de oscuras plomadas y caras calvas brillantes. Kellhus se dio cuenta de que estaba en guerra. Embrionarios

impulsos salidos de la nada exig‫ي‬an pensamiento. Voces no proferidas surgiendo de la oscuridad exig‫ي‬an pensamiento. Im‫ل‬genes sibilantes clamaban, ped‫ي‬an, amenazaban, todas exig‫ي‬an pensamiento. Y entre todo ello: «El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene principio ni fin. El Logos no tiene...». Mucho después, se dar‫ي‬a cuenta de que ese ejercicio hab‫ي‬a delimitado su alma. La incesante repeticiَn de la frase del Pragma le hab ‫ي‬a enfrentado consigo mismo, le hab‫ي‬a mostrado hasta qué punto él era otro. Por primera vez, vio realmente la oscuridad que le hab‫ي‬a precedido, y supo que antes de ese d‫ي‬a, nunca hab‫ي‬a estado realmente despierto. Cuando el sol, finalmente, se puso, el Pragma rompiَ su ayuno de silencio. --Has completado tu primer d‫ي‬a, joven Kellhus, y ahora continuar‫ل‬s durante la noche. Cuando el sol del amanecer llegue al glaciar de levante, dejar‫ل‬s de repetir laْ ltima palabra de la frase, pero continuar‫ل‬s con las dem‫ل‬s. Cada vez que el sol salga por el glaciar, dejar‫ل‬s de repetir laْ ltima palabra. ‫؟‬Lo entiendes? --S‫ي‬, Pragma. --Le pareciَ que eran palabras dichas por otro. --Entonces, continْa. A medida que la oscuridad sepultaba el santuario, la lucha se intensificaba. Su cuerpo, sucesivamente, se alejaba hasta el punto de marearse y se acercaba hasta el extremo de sofocarse. Un momento era una apariciَn, un accidente de humo ascendiendo en espiral, tan insustancial que parec‫ي‬a que la brisa de la noche pudiera esparcirlo y convertirlo en nada. En otro, parec‫ي‬a ser un manojo de carne acalambrada, con todas las sensaciones agudizadas, hasta que incluso el fr‫ي‬o de la noche repiqueteaba como cuchillos sobre su piel. Y la frase se convirtiَ en algo ebrio, algo que se tambaleaba y se balanceaba a través de un coro de agitaciones, distracciones y pasiones frenéticas de pesadilla. Entonces, el sol saliَ por el glaciar y su belleza le dejَ atَnito. Un ardor anaranjado, las fr‫ي‬as llanuras de hielo y nieve resplandecientes. Y durante el tiempo en que el corazَn tarda en dar un latido, la frase se le escapَ y sَlo pensَ en el modo como el glaciar se ergu‫ي‬a, curvado como la espalda de una mujer hermosa... El Pragma se inclinَ hacia adelante y le golpeَ con un rictus de falsa ira en la cara. --،Repite la frase! --gritَ.

Para Kellhus, cada uno de los grandes nombres representaba una pregunta, una coyuntura de innumerables permutaciones. En sus rostros, ve‫ي‬a fragmentos de otros rostros aflorando como si todos los hombres fueran momentos de un solo hombre. Un instante de Leweth pasando como una borrasca por el entrecejo de Athjeari mientras hablaba con Saubon. Un reflejo de Serwe en el modo en que Gothyelk miraba a su hijo menor. Las mismas pasiones, pero cada una en un equilibrio distinto. Concluyَ que cualquiera de esas personas podr‫ي‬a ser f‫ل‬cilmente pose‫ي‬da como lo hab‫ي‬a sido Leweth, a pesar de su fiero orgullo. Pero sumados, eran incalculables. Eran un laberinto, mil veces mil pasillos, y ten‫ي‬a que pasar por todos ellos. Ten‫ي‬a que poseerlos. «‫؟‬Y si esta Guerra Santa excede mis capacidades? Entonces ‫؟‬qué, Padre?» --‫؟‬Es que ayunas, dunyaino? --preguntَ Cnaiur en su enconado scylvendio--. ‫؟‬Te engordas a base de caras? Proyas les hab‫ي‬a dejado para ir a hablar con Gotian y, en ese instante, estaban solos. --Tenemos la misma misiَn, scylvendio. Hasta entonces, los acontecimientos hab‫ي‬an superado sus m‫ل‬s optimistas previsiones. Su afirmaciَn de que pose‫ي‬a sangre real le hab‫ي‬ a dado, casi sin esfuerzo, una posiciَn entre las castas dominantes inrithi. No sَlo Proyas le hab‫ي‬a prove‫ي‬do de lo «necesario acorde con su rango principesco», sino que le hab‫ي‬a hecho un lugar de honor en su fuego del consejo. Kellhus descubriَ que mientras uno poseyera el porte de un pr‫ي‬ncipe, era tratado como un pr‫ي‬ncipe. La actuaciَn se convert‫ي‬ a en ser. Su otra afirmaciَn, sin embargo --la afirmaciَn de haber soٌado con Shimeh y la Guerra Santa-- le hab‫ي‬a dado una posiciَn muy distinta, m‫ل‬ s peligrosa y con m‫ل‬s posibilidades. Algunos se burlaban abiertamente de ello. Otros, como Proyas y Achamian, la consideraban una posible advertencia, como el primer atisbo de una enfermedad. Muchos, buscando cualquier rastro de sanciَn divina que pudieran hallar, simplemente lo aceptaban. Pero todos le conced‫ي‬an a Kellhus la misma posiciَn. En los pueblos de los Tres Mares, los sueٌos, por muy triviales que fueran, se consideraban un asunto muy serio. Los sueٌos no eran, como hab‫ي‬a cre‫ي‬do el dunyaino antes de la llamada de Moenghus, simples

ensayos, caminos para que el alma se preparara para distintas eventualidades. Los sueٌos eran el portal, el lugar en el que el Exterior se infiltraba en el mundo, donde lo que trascend‫ي‬a a los hombres --fuera el futuro, lo distante, lo demon‫ي‬aco o lo divino-- encontraba una imperfecta expresiَn en el aqu‫ ي‬y en el ahora. Pero no era suficiente afirmar que uno hab‫ي‬a soٌado. Si los sueٌos eran poderosos, también eran baratos. Todo el mundo soٌaba. Después de escuchar pacientemente las descripciones de sus visiones, Proyas le hab‫ي‬a explicado a Kellhus que literalmente miles de personas hab‫ي‬an afirmado haber soٌado con la Guerra Santa; algunas con su triunfo, y otras, con su destrucciَn. Uno no pod‫ي‬a andar diez metros junto al Phayus, segْn dijo, sin ver a algْn ermitaٌo dando alaridos y gesticulando acerca de su sueٌo. --‫؟‬Por qué --le hab‫ي‬a preguntado con su caracter‫ي‬stica honestidad-- deber‫ي‬a yo considerar tus sueٌos distintos? Los sueٌos eran un asunto importante, y los asuntos importantes exigen preguntas dif‫ي‬ciles. --Quiz‫ ل‬no debas --hab‫ي‬a respondido Kellhus--. Yo no estoy seguro de hacerlo. Y fue eso, su renuencia a creer en sus propias afirmaciones proféticas, lo que le hab‫ي‬a dado esa peligrosa posiciَn. Cuando inrithi an َnimos, habiendo o‫ي‬do rumores, se pon‫ي‬an de rodillas ante él, Kellhus se enojaba como un padre compasivo. Cuando le rogaban que les tocara, como si la gracia pudiera transmitirse a través de la piel, él les tocaba, pero sَlo para levantarlos y reprenderlos por humillarse ante otro. Al afirmar ser menos de lo que parec‫ي‬a ser, mov‫ي‬a a los hombres, incluso a hombres cultivados como Proyas o Achamian, a esperar o temer que pudiera ser m‫ل‬s. Nunca lo dir‫ي‬a, nunca lo afirmar‫ي‬a, pero fabricar‫ي‬a las circunstancias que hicieran que pareciera verdad. Entonces, todos los que se consideraban observadores secretos, todos los que preguntaban sin resuello «‫؟‬Quién es este hombre?», estar‫ي‬an m‫ل‬s satisfechos que nunca. ‫ة‬l ser‫ي‬a su perspicacia. As‫ي‬, ser‫ي‬an incapaces de dudar de él. Dudar de él ser‫ي‬a pensar que su propia perspicacia estaba vac‫ي‬a. Renegar de él ser‫ي‬a como renegar de uno mismo. Jugar‫ي‬a en un terreno condicionado. «Tantas permutaciones... Pero veo el camino, Padre.» La risa resonَ en todo el jard‫ي‬n. Algْn joven galeoth mestizo, harto de estar de pie, hab‫ي‬a considerado el trono del Emperador un buen

lugar en el que descansar. Estuvo all‫ ي‬sentado un rato, ajeno al regocijo de los dem‫ل‬s, estudiando sucesivamente el cerdo glaseado jumyan que le hab‫ي‬a cogido a un esclavo y al hombre encadenado a sus pies. Cuando finalmente se dio cuenta de que todo el mundo se estaba riendo de él, decidiَ que le gustaba la atenciَn que le estaban dedicando y se puso a burlarse de una serie de posturas imperiales. Los Hombres del Colmillo rugieron. Finalmente, Saubon cogiَ al joven y lo llevَ de vuelta entre sus parientes, que le aplaud‫ي‬an. Un instante después, una fila de miembros del aparato imperial, todos vestidos con las voluminosas togas que su cargo exig‫ي‬a, anunciaron la llegada del Emperador. Con Conphas a su lado, Ikurei Xerius III apareci jَusto cuando la hilaridad decrec‫ي‬a, con una expresiَn mezcla de benevolencia y disgusto. Se sent e َ n su trono y reaviv e َl alborozo de sus invitados cuando adopt lَa misma postura-- la palma izquierda hacia arriba sobre su regazo, la derecha cerrada ante s --‫ي‬ que el joven galeoth hab‫ي‬a imitado hac‫ي‬a un momento. Kellhus observ cَ َmo su figura empalidec‫ي‬a de ira cuando uno de sus eunucos le explicaba el origen de las risas. Hubo asesinato en su mirada cuando despidi a َ l hombre, y se pele cَ on su postura un instante. Sab‫ي‬a que ser premeditado era el insulto m‫ل‬s intimidador. En ese sentido, hasta un Emperador pod‫ي‬a ser convertido en esclavo, si bien, como advirtiَ Kellhus, él no sab‫ي‬a por qué. Finalmente, Xerius adoptَ la postura norsirai: las manos cogidas a las rodillas. Pasَ un largo rato de silencio antes de que lograra dominar su ira. Durante ese tiempo, Kellhus estudiَ los rostros del séquito imperial: la inquebrantable arrogancia del sobrino del Emperador, Conphas; el p‫ل‬ nico de los esclavos, tan acostumbrados a las enardecidas pasiones de su amo; la mueca de desaprobaciَn en los labios de los consejeros imperiales, dispuestos en semic‫ي‬rculo tras el Emperador, su centro. Y... Un rostro diferente entre los consejeros..., un rostro inquietante. Fue la m‫ل‬s sutil de las incongruencias, una vaga sensaciَn de equ‫ي‬ voco, lo que le llamَ la atenciَn al principio. Un anciano vestido con una elegante tْnica de seda color carbَn, un hombre obviamente obedecido y respetado por los dem‫ل‬s. Uno de sus compaٌeros se inclinَ hacia él y le susurrَ algo inaudible entre el estruendo de voces. Pero Kellhus pudo leerle los labios. «Skeaos...» El nombre del consejero. Tomando aire profundamente, Kellhus dejَ que el impulso de sus propios pensamientos se ralentizara y se detuviera. El hombre que él

era en su vida cotidiana con otros hombres dejَ de existir; fue arrancado de él como los pétalos de una flor. El ritmo de los acontecimientos se ralentiz‫ ة‬.lَ se convirtiَ en un lugar, un campo en blanco para una sola figura: el erosionado paisaje del rostro de un anciano. Ningْn rubor reflejo perceptible. Desconexiَn entre el pulso de sus latidos y su aparente expresiَn... Pero el zumbido de las voces circundantes se fue apagando, y él se apartَ, recompuesto. El Emperador iba a hablar. Palabras que pod‫ي‬an sellar el destino de la Guerra Santa. Hab‫ي‬an transcurrido cinco latidos de su corazَn. ‫؟‬Qué pod‫ي‬a eso significar? Una cara sola, indescifrable, entre el marem‫ل‬gnum de expresiones transparentes. «Skeaos, ‫؟‬eres obra de mi padre?»

«El Logos no tiene principio ni. El Logos no tiene principio ni. El Logos no tiene principio ni. El Logos no tiene...» Por un instante, saboreَ la sangre que ten‫ي‬a en el labio partido, pero la sensaciَn fue lentamente enjuagada por la implacable letan‫ي‬a. La cacofon‫ي‬a interior titubeَ, desapareciَ en un silencio mortal. Su cuerpo se convirtiَ en un completo extraٌo, un cuerpo desechable. Y el movimiento del tiempo en s‫ ي‬mismo, el paso del antes y el después, se transformَ. Las sombras de los pilares del santuario barrieron el suelo desnudo. La luz del sol cayَ sobre su cara y después parpadeَ. Se orinَ y defecَ, pero no sintiَ ninguna incomodidad, ningْn olor. Y cuando el viejo Pragma se puso en pie y le vertiَ agua sobre los labios, fue sَlo una piedra lisa incrustada entre el musgo y la grava bajo una cascada. El sol bordeَ los pilares y después descendiَ ante él para llevar su sombra por encima del regazo del Pragma y luego entre los ‫ل‬rboles bru ٌidos, donde se congregَ con sus parientes y se hinchَ para dan paso a la noche. Una y otra vez, presenciَ cَmo el sol sal‫ي‬a y se pon‫ي‬a, el moment ‫ل‬neo respiro de la noche, y a cada albada la frase se desmembraba un poco m‫ل‬s. A medida que el mundo se aceleraba, el movimiento de su alma se ralentizaba. Hasta que sَlo susurraba. «El Logos. El Logos. El Logos...» ‫ة‬l era un hueco lleno de ecos desprovistos de toda voz creadora; cada frase era una impecable repeticiَn de la anterior. ‫ة‬l era un

caminante a través de una galer‫ي‬a abisal de espejo frente a espejo; cada uno de sus pasos era tan ilusorio como el anterior. Sَlo el sol y la noche marcaban su pasaje, y sَlo estrechando cada vez m‫ل‬s el espacio entre los espejos hacia el imposible lugar en el que un punto de fuga amenazaba con besar a otro punto de fuga, el lugar en el que su alma restar‫ي‬a enteramente inmَvil. Cuando el sol volviَ a salir, sus pensamientos retrocedieron a una sola palabra. «El. El. El. El...» Y le pareciَ un tartamudeo absurdo y el m‫ل‬s profundo de los pensamientos al mismo tiempo, como si sَlo en ausencia de Logos pudiera introducirse en el ritmo de su corazَn latiendo un momento tras otro. El pensamiento se adelgazَ y la luz del sol barriَ una vez m‫ل‬s el santuario, y lo dejَ atr‫ل‬s, hasta que la noche agujereَ el sudario del cielo, hasta que los cielos se revolvieron como la rueda infinita de una cuadriga. «El. El...» Una alma en movimiento encadenada al l‫ي‬mite, al exquisito momento antes de algo, cualquier cosa. El ‫ل‬rbol, el corazَn, el todo transformado en nada mediante la repeticiَn, mediante la inacabable acumulaciَn del mismo rechazo al nombre. Una corona de oro a través de las altas laderas del glaciar. ...Y después nada. Ningْn pensamiento.

--El Imperio os da la bienvenida --anunciَ Xerius, tratando de mantener un tono amable. Recorriَ con la mirada los Grandes Nombres del Colmillo y se demorَ un instante en el scylvendio, que estaba junto a s ,!‫ي‬nuestro extraordinario recién llegado. El Kellhus. Sonri، .--Ah, َ scylvendio. Me dicen que eres el caudillo de los utemot‫ ؟‬.Es as ,‫ي‬ scylvendio? --As‫ ي‬es --respondiَ Cnaiur. El Emperador midiَ su respuesta. Kellhus advirtiَ que no estaba de humor para las galanter‫ي‬as del jnan. --Yo también tengo un scylvendio --dijo. Sacَ el antebrazo de la intrincada manga y cogiَ la cadena que ten‫ي‬ a entre los pies. Dio un tirَn brutal, y el acurrucado Xunnurit levantَ su cara ciega y partida hacia la concurrencia. Su cuerpo desnudo era

esquelético, estaba desnutrido, y las extremidades parec‫ي‬an colgar de distintos goznes, goznes siempre cerrados, lejos del mundo. Las largas franjas de swazond en sus brazos parec‫ي‬an entonces un testimonio de los huesos que hab‫ي‬a debajo de ellas, no del sangriento pasado del scylvendio. --Dime --dijo el Emperador, reconfortado por su mezquina brutalidad--, ‫؟‬de qué tribu es éste? Cnaiur parec‫ي‬a impertérrito. --‫ة‬ste era de los akkunihor. --‫«؟‬Era»? Para ti est‫ ل‬muerto, supongo. --No, no est‫ ل‬muerto. No es nada para m‫ي‬. El Emperador sonriَ como si estuviera entusiasmado con un pequeٌ o misterio que le distrajera de asuntos m‫ل‬s pesados. Pero Kellhus ve‫ي‬a debajo las maquinaciones, la confianza en que demostrar‫ي‬a que ese salvaje era un idiota ignorante. La necesidad. --‫؟‬Porque le hemos doblegado? ‫؟‬Hummm? --insistiَ el Emperador. --‫؟‬Doblegado a quién? Ikurei Xerius se detuvo. --A este perro de aqu‫ي‬. Xunnurit, Rey-de-Tribus, tu Rey. Cnaiur se encogiَ de hombros, como si le asombrara el malicioso capricho de un niٌo. --No has doblegado nada. Se oyeron algunas risas. El Emperador se avinagrَ. Kellhus vio cَmo el aprecio al intelecto de Cnaiur se colocaba tambale‫ل‬ndose en la delantera de sus pensamientos. Hubo una reevaluaciَn, una revisiَn de las estrategias. «Est‫ ل‬acostumbrado --pensَ Kellhus--, a recuperarse de los errores.» --S‫ ي‬--dijo Xerius--. Doblegar a un hombre no es nada, supongo. Es demasiado f‫ل‬cil doblegar a un hombre. Pero doblegar a un pueblo..., sin duda, eso es algo, ‫؟‬no? La expresiَn imperial se tornَ exultante cuando Cnaiur no alcanzَ a responder. El Emperador prosiguiَ. --Mi sobrino, Conphas, aqu‫ي‬, ha doblegado a un pueblo. Quiz‫ل‬ hayas o‫ي‬do hablar de ellos. El Pueblo de la Guerra. Una vez m‫ل‬s, Cnaiur se negَ a responder. Su mirada, en cambio, era asesina. --Tu pueblo, scylvendio. Doblegado en Kiyuth, ‫؟‬Estabas tْ en Kiyuth, me pregunto?

--Estaba en Kiyuth --dijo Cnaiur con un chirrido. --‫؟‬Fuiste doblegado? Silencio. --‫؟‬Fuiste doblegado? Todos los ojos estaban fijos entonces en el scylvendio. --Fui --buscَ el término sheyico apropiado-- adiestrado en Kiyuth. --‫؟‬De veras? --gritَ el Emperador--. Deber‫ي‬a haberlo imaginado. Conphas es un instructor de lo m‫ل‬s exigente. As‫ ي‬que dime, ‫؟‬qué lecciones aprendiste? --Conphas fue mi lecciَn. --‫؟‬Conphas? --repitiَ el Emperador--. Debes disculparme, scylvendio, pero estoy un tanto confundido. Cnaiur prosiguiَ en un tono reflexivo. --En Kiyuth, aprend‫ ي‬lo que Conphas ha aprendido. Es un general bregado en muchos campos de batalla. De los galeoth aprendiَ la eficacia de disciplinadas formaciones de pica contra las cargas montadas. De los kianene aprendiَ la eficacia de encauzar a su oponente, la huida falsa y la idoneidad de ocultar a sus jinetes en la reserva. Y de los scylvendios aprendiَ la importancia del gobokzoy, el «momento»; que uno debe leer al enemigo desde lejos y golpear en el instante en que est‫ ل‬desequilibrado. »En Kiyuth aprend‫ ي‬--prosiguiَ, dirigiendo su pétrea mirada hacia Conphas-- que la guerra es intelecto. La sorpresa era obvia en el rostro del sobrino imperial, y Kellhus se maravillَ de la fuerza de esas palabras. Pero hab‫ي‬an sucedido demasiadas cosas como para concentrarse en ese problema. El aire estaba tenso por ese combate entre el Emperador y el b‫ل‬rbaro. Entonces era el turno del Emperador para guardar silencio. Kellhus entendiَ lo que estaba en juego en esa conversaciَn. El Emperador necesitaba demostrar la incompetencia del scylvendio. Xerius hab‫ي‬a hecho del Solemne Contrato el precio de Ikurei Conphas. Como cualquier mercader, Xerius sَlo pod‫ي‬a justificar ese precio difamando las mercanc‫ي‬as de sus competidores. --،Basta de ch‫ل‬chara! --gritَ Coithus Saubon--. Los Grandes Nombres han o‫ي‬do demasiado... --،Pero no es a los Grandes Nombres a quien corresponde decidir! --espetَ el Emperador. --Tampoco es a Ikurei Xerius a quien corresponde decidir --aٌadiَ Proyas con los ojos brillantes de fervor. --،Gotian! ‫؟‬Qué dice el Shriah? ‫؟‬Qué dice Maithanet del Solemne

Contrato de nuestro Emperador? --gritَ el entrecano Gothyelk. --،Pero es demasiado pronto! --farfullَ el Emperador--. ،Todav‫ي‬a no hemos sondeado a este hombre, este infiel! --،Gotian! --clamaron los otros. --Pues bien, ‫؟‬qué dices tْ, Gotian? --gritَ el Emperador--. ‫؟‬Permitir‫ي‬ as que un infiel te liderara contra los infieles‫? ؟‬Ser‫ي‬as castigado como la Guerra Santa Vulgar fue castigada en las llanuras de Mengedda‫? ؟‬Cu ‫ل‬ntos muertos‫? ؟‬Cu‫ل‬ntos esclavizados por el mal humor de Calmemunis? --،Los Grandes Nombres lideran! --gritَ Proyas--. El scylvendio ser‫ل‬ nuestro consejero... --،Sigue siendo una afrenta! --rugiَ el Emperador--. ‫؟‬Un ejército con diez generales? Cuando os vay‫ل‬is a pique, y lo haréis, por no conocer la astucia de los kianene, ‫؟‬a quién os dirigiréis? ‫؟‬A un scylvendio? ‫؟‬En vuestros momentos de crisis? ،Qué estupidez! ،Entonces ser‫ ل‬una Guerra Santa infiel! Dulce Sejenus, este hombre es un scylvendio --gritَ en tono quejumbroso, como si un ser amado se hubiera vuelto loco--. ‫؟‬ No significa esto nada para vosotros, idiotas? ،Es una plaga en la misma tierra! ،Su propio nombre es una blasfemia! ،Una abominaciَn ante Dios! --‫؟‬Y tْ nos hablas de afrenta? --gritَ Proyas en respuesta--. ‫؟‬Dar‫ل‬s lecciones de piedad a los que sacrificar‫ل‬n sus mism‫ي‬simas vidas por el Colmillo? ‫؟‬Qué hay de tus iniquidades, Ikurei? ‫؟‬Qué hay de ti, que has hecho de la Guerra Santa una herramienta? --،Yo preservar‫ي‬a la Guerra Santa, Proyas! ،Salvar‫ي‬a el instrumento de Dios de vuestra ignorancia! --Pero ya no somos ignorantes, Ikurei --respondiَ Saubon--. Has o‫ي‬ do hablar al scylvendio. Nosotros hemos o‫ي‬do hablar al scylvendio. --،Pero este hombre os vender‫ي‬a! ،Es scylvendio! ‫؟‬No me habéis o ‫ي‬do? --‫؟‬Cَmo no ‫ي‬bamos a o‫ي‬rte? --le espetَ Saubon--. Gritas m‫ل‬s que mi esposa. Gran estruendo de carcajadas. --Mi t‫ي‬o dice la verdad --gritَ Conphas, y los nobles hicieron silencio. El gran Conphas finalmente hab‫ي‬a hablado. Ser‫ي‬a la voz m‫ل‬s sobria--. No sabéis nada de los scylvendios --prosiguiَ con naturalidad--. No son infieles como los fanim. Su maldad no es debida a la tergiversaciَn, a la conversiَn de la fe verdadera en una abominaciَn. Son un pueblo sin Dioses. Conphas se dirigiَ al Rey-de-Tribus, que estaba a los pies del

Emperador, y levantَ la cara cegada para que todos la vieran. Le cogiَ uno de los brazos descarnados. --A estas cicatrices las llaman swazond --dijo, como un paciente profesor--, una palabra que significa «muertes». Para nosotros, son poco m‫ل‬s que salvajes trofeos, no muy distintos de las cabezas de sranc encogidas que los thunyerios cosen en sus escudos. Pero son mucho m‫ل‬s para los scylvendios. Esas muertes son suْ nico objetivo. El significado de sus vidas est‫ ل‬escrito en estas cicatrices. Nuestras muertes..., ‫؟‬lo entendéis? Mirَ los rostros de los inrithi all‫ ي‬reunidos y le satisfizo la aprehensiَn que vio en ellos. Una cosa era admitir a un infiel entre ellos; otra que enumeraran los detalles de su maldad. --Lo que el salvaje ha dicho antes no es verdad --prosiguiَ Conphas--. Este hombre no es «nada». Es un s‫ي‬mbolo de su humillaciَ n. La humillaciَn de los scylvendios. --Mirَ con dureza el rostro impasible de Xunnurit, las hundidas y llorosas cuencas de los ojos. Después mirَ a Cnaiur, que estaba junto a Proyas. --Miradle --dijo con naturalidad--. Mirad a quién habéis convertido en vuestro general. ‫؟‬No creéis que tiene sed de venganza? ‫؟‬No creéis que incluso ahora est‫ ل‬tratando de contener la furia que tiene en su corazَn? ‫؟‬Sois tan inocentes como para creer que no tiene planeada nuestra destrucciَn? ‫؟‬Que su alma no se est‫ ل‬retorciendo, como hacen las almas de los hombres, con posibilidades, con im‫ل‬genes..., su venganza satisfecha y nuestra ruina total? Conphas mirَ a Proyas. --Pregْntale, Proyas. Pregْntale qué mueve su alma. Se produjo una pausa que llenَ el murmullo de los nobles. Kellhus se girَ a la enigm‫ل‬tica cara que rondaba por encima del Emperador. De niٌo, ve‫ي‬a las expresiones del mismo modo que un hombre nacido en el mundo; comprend‫ي‬a sin comprender. Pero entonces pod‫ي‬ a ver las vigas bajo los tablones de la expresiَn de un hombre, y debido a eso, pod‫ي‬a calcular, con una aterradora exactitud, la distribuciَn de fuerzas en los fundamentos de un hombre. Pero ese Skeaos le desconcertaba. Aunque le‫ي‬a las intenciones de los dem‫ل‬s, en el rostro del anciano sَlo ve‫ي‬a una imitaciَn de la profundidad. La matizada musculatura que produc‫ي‬a su expresiَn era irreconocible, como si se amarrara a una osamenta distinta. Ese hombre no hab‫ي‬a sido instruido a la manera de los dunyainos. Es m‫ل‬s: esa cara no era una cara. Pasَ un instante. Las incongruencias se acumularon, se

clasificaron, se adscribieron alternativas hipotéticas... Extremidades. Delgadas extremidades se doblaron y apretaron contra el simulacro de una cara. Kellhus parpadeَ y sus sentidos descendieron a su adecuada proporciَn. ‫؟‬Era eso posible? ‫؟‬Hechicer‫ي‬a? Si era as‫ي‬, no ten‫ي‬a nada de la extraٌa torsiَn que hab‫ي‬a experimentado con el nohombre al que se hab‫ي‬ a enfrentado hac‫ي‬a tanto tiempo. Kellhus sab‫ي‬a que la hechicer‫ي‬a era inexplicablemente grotesca --como los garabatos de un niٌo en una obra de arte--, aunque desconoc‫ي‬a el porqué. Loْ nico que sab‫ي‬a era que pod‫ي‬a distinguir la hechicer‫ي‬a, del mundo, y a los hechiceros, de los hombres normales. ‫ة‬se era uno de los muchos misterios que hab‫ي‬an motivado su estudio de Drusas Achamian. Esa cara, y estaba m‫ل‬s o menos seguro, no ten‫ي‬a nada que ver con la hechicer‫ي‬a. Pero entonces, ‫؟‬cَmo? «‫؟‬Qué es este hombre?» De repente, la mirada de Skeaos se engarzَ con la suya. La frente llena de surcos se frunciَ formando un falso ceٌo. Kellhus asintiَ de la manera amigable y avergonzada de quien es sorprendido mirando fijamente a otro. Pero en la periferia de su campo visual vislumbrَ que el Emperador le miraba alarmado, y después se daba la vuelta para escrutar a su consejero. «Ikurei Xerius no sabe que esa cara es distinta», advirtiَ Kellhus. Ninguno de ellos lo sab‫ي‬a. «El estudio se profundiza, Padre. Siempre se profundiza.» --De joven --estaba diciendo Proyas--, fui educado por un Maestro del Mandato, Conphas. ‫ة‬l dir‫ي‬a que eres bastante optimista con respecto al scylvendio. Varios se rieron abiertamente de aquello, aliviados. --Las historias del Mandato --dijo Conphas sin alterarse-- no valen nada. --Quiz‫ ل‬--respondiَ Proyas--, m‫ل‬s o menos como las historias nansur. --Pero ésa no es la cuestiَn, Proyas --dijo el viejo Gothyelk, con tanto acento que su sheyico a duras penas era comprensible--. La cuestiَn es cَmo podemos confiar en ese infiel. Proyas se girَ hacia el scylvendio, que estaba a su lado, vacilando de repente. --‫؟‬Qué tienes que decir, Cnaiur? --preguntَ. A lo largo de esa conversaciَn, Cnaiur hab‫ي‬a permanecido en

silencio, esforz‫ل‬ndose poco por ocultar su desdén. Entonces escupiَ hacia Conphas.

Ningْn pensamiento. El niٌo se extinguiَ. Sَlo un lugar. Ese lugar. Inmَvil, el Pragma estaba sentado ante él, con las suelas de sus pies descalzos juntas, su h‫ل‬bito oscuro perfilado por las sombras de los profundos pliegues, sus ojos tan vac‫ي‬os como los del niٌo que observaban. Un lugar sin respiraciَn ni sonido. Un lugar sَlo de vista. Un lugar sin antes ni después..., casi. Porque los primeros rayos de sol corr‫ي‬an sobre el glaciar, tan lentos y pesados como grandes ramas de ‫ل‬rbol al viento. Las sombras se templaron y la luz refulgiَ sobre el viejo cr‫ل‬neo del Pragma. La mano izquierda del anciano sali َde la manga derecha portando un acuoso cuchillo. Y era como una cuerda en el agua, con el brazo extendido hacia adelante, con las puntas de los dedos recorriendo la hoja mientras el cuchillo se balanceaba l‫ل‬nguidamente en el aire. El sol se deslizaba y el oscuro santuario se sumerg‫ي‬a en su espalda de espejo... Y el lugar en el que Kellhus hab‫ي‬a existido extendiَ una mano abierta --los cabellos rubios como luminosos filamentos contra la piel bronceada-- y cogiَ el cuchillo del espacio aturdido. El impacto del mango contra la palma provocَ la transformaciَn de lugar a niٌo pequeٌo. La p‫ل‬lida fetidez de su cuerpo. La respiraciَn, el sonido y unos pensamientos tambale‫ل‬ndose. «He sido legiَn...» En la periferia de su campo visual, vio el extremo del sol sobresaliendo tras la montaٌa. Se sintiَ ebrio de cansancio. En el retroceso de su trance, le pareciَ que loْ nico que pod‫ي‬a o‫ي‬r eran ramitas arque‫ل‬ndose y meciéndose al viento, tiradas por hojas como un millَn de velas no mayores que su mano. Causas en todas partes, pero entre incontables sucesos diminutos, difusos, inْtiles. «Ahora lo comprendo.»

--Me sondearéis --dijo Cnaiur, finalmente--. Aclararéis el enigma del corazَn scylvendio. Pero utilizad vuestros propios corazones para hacer un mapa del m‫ي‬o. Veis a un hombre humillado ante vosotros, Xunnurit; un hombre vinculado a m‫ ي‬por nuestro parentesco de sangre. Qué ofensa debe ser, dec‫ي‬s. Su corazَn debe clamar venganza. Y dec‫ي‬ s eso porque vuestro corazَn clamar‫ي‬a as‫ي‬. Pero mi corazَn no es vuestro corazَn. Esa es la razَn por la que es un enigma para vosotros. »Xunnurit no es un nombre vergonzoso para el Pueblo de la Guerra. Ni siquiera es un nombre. Aquel que no cabalga entre nosotros no forma parte de nosotros. Es el otro. Pero vosotros, que confund‫ي‬s vuestro corazَn con el m‫ي‬o --que sَlo veis dos scylvendios, uno doblegado y otro en pie-- creéis que todav‫ي‬a es de los m‫ي‬os. Creéis que su degradaciَn es la m‫ي‬a, y que yo vengaré esto. Conphas os quiere hacer pensar eso. ‫؟‬Por qué otra razَn Xunnurit seguir‫ي‬a entre nosotros? ‫؟‬Qué mejor manera de desacreditar al hombre fuerte que haciendo de un hombre doblegado su doble? Quiz‫ ل‬sea el corazَn nansur el que deba ser sondeado. --Pero nuestro corazَn es inrithi --dijo Conphas con ferocidad--. Ya lo conocemos. --As‫ ي‬es --dijo fieramente Saubon--. Ser‫ي‬a tomar la Guerra Santa a Dios y hacerla suya. --،No! --espetَ Conphas--. Mi corazَn salvar‫ي‬a la Guerra Santa para Dios. La salvar‫ي‬a de este perro abominable y os salvar‫ي‬a a vosotros de vuestra locura. ،Los scylvendios son un anatema! --،Como los Chapiteles Escarlatas! --replicَ Saubon, avanzando hacia Conphas--. ‫؟‬También querr‫ل‬s que nos deshagamos de ellos? --Es distinto --espetَ Conphas--. Los Hombres del Colmillo necesitan a los Chapiteles Escarlatas... Sin ellos, los cishaurim nos destruir‫ي‬an. Saubon se detuvo a unos pocos pasos del Exalto-General. Era enjuto, rapaz. --Los inrithi necesitan al scylvendio, también. Esto es lo que tْ nos has dicho. Debemos salvarnos de nuestra propia locura en el campo de batalla. --Calmemunis y tu pariente Tharschilka te lo han dicho ya, idiota. Con su muerte en las llanuras de Mengedda. --Calmemunis --espetَ Saubon--. Chusma marchando con chusma. --Dime, Conphas --preguntَ Proyas--. ‫؟‬No sab‫ي‬as que Calmemunis estaba condenado de antemano? Si es as‫ ؟‬,‫ي‬por qué el Emperador no le dio provisiones?

--،Nada de todo esto es lo que importa! --gritَ Conphas. «Miente», percibiَ Kellhus. Sab‫ي‬an que la Guerra Santa Vulgar ser ‫ي‬a destruida. Quer‫ي‬an que fuera destruida... De repente, Kellhus comprendiَ que el resultado de ese debate era en realidad primordial para su misiَn. Los Ikurei hab‫ي‬an sacrificado una hueste entera para fortalecer su posiciَn con respecto a la Guerra Santa. ‫؟‬Qué otro desastre provocar‫ي‬an una vez que se convirtiera en una molestia? --La cuestiَn --prosiguiَ con ardor Conphas-- ،es si podéis confiar en un scylvendio para que os lidere contra los kianene! --Pero ésa no es la cuestiَn --replicَ Proyas--. La cuestiَn es si podemos confiar en un scylvendio m‫ل‬s que en ti. --Pero ‫؟‬cَmo puede siquiera discutirse eso? --implorَ Conphas--. ‫؟‬ Confiar en un scylvendio m‫ل‬s que en m‫ ?ي‬--Se riَ con aspereza--. ،Eso es una locura! --Tu locura, Conphas --dijo Saubon--, y la de tu t‫ي‬o... Si no fuera por tus malditas previsiones de destrucciَn y tu tres veces maldito Solemne Contrato, ،nada de esto se estar‫ي‬a discutiendo! --،Pero las tierras que vais a conquistar son nuestras! La sangre de nuestros ancestros cubriَ cada llanura, cada loma, ‫؟‬y a ti te ofende nuestra reclamaciَn? --Es la tierra de Dios, Ikurei --dijo Proyas, cortante--. La mism‫ي‬sima tierra del Ultimo Profeta. ‫؟‬O acaso pondr‫ي‬as los patéticos anales de Nansur por delante del Tractate? ‫؟‬Por delante de nuestro seٌor, Inri Sejenus? Conphas permaneci َen silencio un instante, evaluando esas palabras. Kellhus pens q َ ue uno no deb‫ي‬a entablar a la ligera una guerra de fe con Nersei Proyas. --‫؟‬Y quién eres tْ, Proyas, para hacer esa pregunta? --dijo finalmente Conphas, reponiéndose de su silencio anterior--. ‫؟‬Eh? Tْ, que pondr‫ي‬as a un infiel, ،a un scylvendio nada menos!, por delante de Sejenus. --Todos somos instrumentos de los Dioses, Ikurei. Hasta un infiel, un scylvendio, nada menos, puede ser un instrumento si ésa es la voluntad de Dios. --‫؟‬Tratamos de adivinar cu‫ل‬l es la voluntad de Dios, pues? ‫؟‬Eh, Proyas? --Esa, Ikurei, es la tarea de Maithanet. --Proyas se girَ hacia Gotian, que hab‫ي‬a estado observ‫ل‬ndoles atentamente durante todo el tiempo. --‫؟‬Qué dice Maithanet, Gotian? Dinos: ‫؟‬qué opina el Shriah? El Gran Maestro ten‫ي‬a las manos cerradas alrededor del bote de

marfil. Sosten‫ي‬a la respuesta, como sab‫ي‬a todo el mundo, entre sus manos apretadas. Su expresiَn era dubitativa. «No est‫ ل‬decidido. Desprecia al Emperador, y no conf‫ي‬a en él, pero teme que la soluciَn de Proyas sea demasiado radical.» Kellhus advirtiَ que muy pronto se ver‫ي‬ a obligado a interceder. --Le preguntar‫ي‬a al scylvendio --dijo Gotian, aclar‫ل‬ndose la garganta-- por qué ha venido. Cnaiur mirَ con dureza al Caballero Shriah, al Colmillo bordado en oro en su blanca vestidura. «Las palabras est‫ل‬n en ti, scylvendio. Dilas.» --He venido --dijo Cnaiur, finalmente-- por la promesa de guerra. --Pero eso es algo que los scylvendios no hacen --respondiَ Gotian, con sus sospechas atemperadas por la esperanza--. No hay scylvendios mercenarios. Al menos yo nunca he o‫ي‬do hablar de ellos. --Yo no me vendo, si es a eso a lo que te refieres. El Pueblo de la Guerra no se vende, no vende. Lo que necesitamos, lo arrebatamos. --S‫ي‬. Nos arrebatar‫ي‬a a nosotros --agregَ Conphas. --،Deja que el hombre hable! --gritَ Gothyelk, cada vez m‫ل‬s impaciente. --Después de Kiyuth --prosiguiَ Cnaiur-- los utemot desaparecimos. La estepa no es como vosotros creéis. El Pueblo de la Guerra lucha siempre; si no es contra los sranc, los nansur o los kianene, entre ellos. Nuestras llanuras fueron invadidas por nuestros viejos competidores. Nuestros rebaٌos, degollados. Nuestros campos, quemados. Yo me convert‫ ي‬en caudillo de nada. Cnaiur mirَ sus rostros concentrados. Kellhus hab‫ي‬a descubierto que las historias, si estaban bien contadas, merec‫ي‬an respeto. --Gracias a este hombre --prosiguiَ, seٌalando a Kellhus-- descubr‫ي‬ que los extranjeros pod‫ي‬an tener honor. Como esclavo, luchَ a nuestro lado contra los kuoti. A través de él y de los sueٌos mandados por Dios, supe de vuestra guerra. Yo ya no ten‫ي‬a mi tribu, as‫ ي‬que acepté su apuesta. Muchas miradas, segْn advirtiَ Kellhus, estaban entonces fijas en él. ‫؟‬Deb‫ي‬a aprovechar ese momento? ‫؟‬O permitirle al scylvendio que continuara? --‫؟‬Apuesta? --preguntَ Gotian, tan desconcertado como ligeramente asustado. --Que esta guerra ser‫ي‬a distinta de todas las dem‫ل‬s. Que ser‫ي‬a una revelaciَn... --Ya veo --respondiَ Gotian, con los ojos repentinamente brillantes

de fe. --‫؟‬S‫ ?ي‬--preguntَ Cnaiur--. Creo que no. Sigo siendo un scylvendio. --El llanero mirَ a Proyas y después recorriَ con la mirada la ilustre asamblea--. No te equivoques conmigo, inrithi. En este sentido Conphas tiene razَn. Para m‫ ي‬todos sois unos borrachos dando traspiés. Niٌos que juegan a la guerra cuando deber‫ي‬ais estar en casa con vuestras madres. No sabéis nada de la guerra. La guerra es oscura, negra como la brea. No es un Dios. No hace re‫ي‬r ni llorar. No recompensa el talento ni la osad‫ي‬a. No es un juicio de almas ni la medida de voluntades. Mucho menos es una herramienta, un medio para algْn fin mujeril. Es simplemente el lugar en el que los huesos de hierro de la tierra se encuentran con los huesos huecos de los hombres y los doblegan. »Me habéis ofrecido guerra, y yo he aceptado. Nada m‫ل‬s. Yo no lamentaré vuestras pérdidas. No inclinaré mi cabeza ante vuestras piras funerarias. No me alegraré de vuestros triunfos. Pero he aceptado la apuesta. Sufriré con vosotros. Pasaré a los fanim por la espada y llevaré a sus esposas e hijos al matadero. Y cuando duerma, soٌaré en sus lamentaciones, y mi corazَn se alegrar‫ل‬. Durante un instante se produjo un silencio de estupefacciَn. Después, intervino Gothyelk, el viejo Conde de Agansanor. --He cabalgado en muchas campaٌas. Mis huesos son viejos, pero siguen siendo mis huesos, no los del fuego. Y he aprendido a confiar en el hombre que odia abiertamente y a temer solamente a los que odian en secreto. Estoy satisfecho con la respuesta de este hombre, aunque me guste poco. --Se girَ hacia Conphas con los ojos estrechos de desconfianza--. Es triste que un infiel nos dé lecciones de honestidad. Lentamente, ese asentimiento fue repetido por otros. --Hay sabidur‫ي‬a en las palabras del infiel --gritَ Saubon por encima del murmullo--. ،Haremos bien en escucharle! Pero Gotian siguiَ inquieto. A diferencia de los dem‫ل‬s, él era nansur, y Kellhus ve‫ي‬a que compart‫ي‬a muchos de los temores del Emperador y el Exalto-General. Las noticias de las atrocidades scylvendias eran un hecho cotidiano en la vida de los nansur. Sin avisar, el Gran Maestro buscَ sus ojos a través de la multitud. Kellhus vio cَmo im‫ل‬genes catastrَficas pasaban por la mente del hombre: la Guerra Santa arruinada, y todo por una decisiَn tomada por él en nombre de Maithanet. --He soٌado esta guerra --dijo Kellhus, de repente. Mientras los inrithi ced‫ي‬an a su hasta entonces silenciosa voz, los reuniَ con su mirada acuosa--. No pretendo explicaros el significado de esos sueٌos

porque no lo conozco. --Estaba en mitad del santificado c‫ي‬rculo de su Dios, hab‫ي‬a dicho, pero no era presuntuoso. Dudaba del modo en que hombres hechos y derechos dudaban, y no admit‫ي‬a ninguna presunciَn en la bْsqueda de la verdad--. Pero sé esto: la decisiَn que debéis tomar es clara. Una declaraciَn de certidumbre fortalecida por la declaraciَn de incertidumbre que la hab‫ي‬a precedido. «Las pocas cosas que sé --hab‫ي‬ a dicho-- las sé.» --Dos hombres os han pedido que hag‫ل‬is una concesiَn. El Pr‫ي‬ ncipe Nersei Proyas os ha pedido que aceptéis la ayuda de un scylvendio infiel, mientras que Ikurei Xerius os ha pedido que os liguéis a los intereses del Imperio. La cuestiَn es simple: ‫؟‬qué concesiَn es m‫ل‬s grande? La demostraciَn de sabidur‫ي‬a y perspicacia a través de la clarificaci َn. Su reconocimiento de eso cementar‫ي‬a su respeto, les preparar‫ي‬a para reconocer m‫ل‬s cosas, y les convencer‫ي‬a de que su voz pertenec‫ي‬ a a la razَn y no a sus preocupaciones mercenarias. --Por un lado, tenemos a un Emperador que de buena gana aprovisionَ la Guerra Santa Vulgar a pesar de que sab‫ي‬a que iba a ser destruida casi con toda seguridad. Por el otro, tenemos a un caudillo que se ha pasado toda la vida saqueando y asesinando a los p‫ي‬os. --Se interrumpiَ, sonriendo con arrepentimiento--. En mi tierra, llamamos a esto un dilema. Calidas risas estallaron en el jard‫ي‬n. Sَlo Xerius y Conphas no sonre‫ي‬an. Kellhus hab‫ي‬a burlado el prestigio del Exalto-General centr‫ل‬ ndose en el Emperador, y hab‫ي‬a presentado el problema de la credibilidad del Emperador en los mismos términos que la del scylvendio, como sَlo un hombre justo y equitativo har‫ي‬a. Después hab‫ي‬ a cerrado la ecuaciَn con un amable ingenio, con lo cual se aseguraba la estima y una percepciَn vagamente cَmica de la percepciَn de la verdad. --Ciertamente, puedo responder por el honor de Cnaiur urs Skiotha, pero ‫؟‬quién responder‫ي‬a por m‫ ?ي‬Asumamos que los dos hombres, el Emperador y el caudillo, son igualmente poco dignos de fiar. Si es as‫ي‬, la respuesta est‫ ل‬en algo que ya conocemos: asumimos la tarea de Dios, pero es una tarea oscura y sangrienta igualmente. No hay labor m ‫ل‬s fiera que la guerra. Estudiَ sus rostros, mirando a cada uno de ellos como si estuviera a solas con él. Estaban en el extremo, en el vértice de la conclusiَn a la que la razَn hab‫ي‬a llegado. Incluso Xerius. --Aceptemos la ayuda del Emperador o del caudillo --prosigui ;--َ

concedamos la misma confianza, concedamos la misma tarea... Kellhus se detuvo y mirَ a Gotian. Vio interferencias moviéndose por propia voluntad en el alma del hombre. --Pero al Emperador --dijo Gotian, asintiendo lentamente-- le concedemos también los beneficios de nuestra tarea. Un murmullo de profundo acuerdo recorriَ los Hombres del Colmillo. --‫؟‬Qué dices, Gran Maestro? --gritَ el Pr‫ي‬ncipe Saubon--. ‫؟‬Est‫ل‬ satisfecho el Shriah? --،Pero esto no tiene ningْn sentido! --gritَ Ikurei Conphas--. ‫؟‬Cَmo puede el Emperador de una naciَn inrithi ser tan poco digno de confianza como un salvaje infiel? El Exalto-General se hab‫ي‬a lanzado inmediatamente sobre la bisagra del argumento de Kellhus, pero su protesta llegaba demasiado tarde. Sin mediar palabra, Gotian abriَ el bote y sacَ los dos rollos que hab ‫ي‬a en su interior. Dudَ; su rostro severo estaba p‫ل‬lido. Ten‫ي‬a el futuro de los Tres Mares en las palmas de las manos, y lo sab‫ي‬a. Con cuidado, como si estuviera sosteniendo una reliquia sagrada, abriَ el rollo con el sello de cera negro. Gir‫ل‬ndose hacia el silencioso Emperador, el Gran Maestro de los Caballeros Shriah empezَ a leer con una voz resonante como la de un sacerdote: --Ikurei Xerius III, Emperador de Nansur, por la autoridad del Colmillo y del Tractate, y de acuerdo con la antigua constituciَn de Templo y Estado, recibe la orden de aprovisionar el instrumento de nuestra gran... El rugido de la asamblea reverberَ en el jard‫ي‬n del Emperador. La voz de Gotian siguiَ resonando, acerca de Inri Sejenus, acerca de la fe, acerca de intenciones fuera de lugar, pero los alborozados Hombres del Colmillo hab‫ي‬an empezado a abandonar el jard‫ي‬n, tan ansiosos estaban de prepararse para marchar. Conphas estaba estupefacto en el escalَn inferior al trono del Emperador, mirando al Rey-de-Tribus scylvendio a sus pies. Cerca, Proyas aceptaba la felicitaciَn de sus iguales con palabras dignas y ojos jubilosos. Pero Kellhus estudiَ al Emperador a través de r‫ل‬fagas de figuras. Estaba ladrandoَ rdenes a uno de sus resplandecientes guardias,َ rdenes que, segْn sab‫ي‬a Kellhus, no ten‫ي‬an nada que ver con la Guerra Santa. --Coge a Skeaos --sisearon sus labios-- y después reْne a los dem‫ل‬ s. ،El viejo desgraciado oculta alguna traiciَn!

Kellhus observَ cَmo el Guardia Eَtico hac‫ي‬a gestos a sus compaٌ eros y después se cerraba sobre el consejero sin cara. Se lo llevaron de all‫ ي‬con malos modos. ‫؟‬Qué descubrir‫ي‬an? En el jard‫ي‬n del Emperador se hab‫ي‬an producido dos enfrentamientos. El atractivo rostro de Ikurei Xerius III se girَ entonces hacia él, tan aterrorizado como iracundo. «Cree que formo parte de la traiciَn de su consejero. Quiere detenerme, pero no logra dar con ningْn pretexto.» Kellhus se girَ hacia Cnaiur, que permanec‫ي‬a all‫ ي‬estoicamente, estudiando la figura desnuda de su pariente encadenada a los pies del Emperador. --Debemos irnos r‫ل‬pidamente --dijo Kellhus--. Ha habido demasiada verdad aqu‫ي‬.

_____ 18 _____ Las Cumbres Andiamine «... y esa revelaciَn asesinَ todo lo que yo hab‫ي‬a sabido. Si antes le preguntaba a Dios "‫؟‬quién eres?", ahora pregunto "‫؟‬quién soy?".» Ankharlus, Carta al templo blanco «El Emperador, segْn dice la opiniَn m‫ل‬s generalizada, era un hombre excesivamente suspicaz. El miedo tiene muchas formas, pero no es nunca tan peligroso como cuando se combina con el poder y una incertidumbre perpetua.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Finales de primavera, aٌo del Colmillo 4111, Momemn El Emperador Ikurei Xerius III caminaba retorciéndose las manos. Después del desastre del jard‫ي‬n, hab‫ي‬a empezado a temblar descontroladamente. No hab‫ي‬a podido ir m‫ل‬s all‫ ل‬de sus aposentos imperiales. Conphas y Gaenkelti, el capit‫ل‬n de la Guardia Eَtica, estaban en silencio en el centro de la habitaciَn, observ‫ل‬ndolo. Xerius se detuvo junto a una mesa laqueada y tragَ un largo sorbo de anpoi espirituoso.

Se frotَ los labios y jadeَ. --‫؟‬Le tenéis? --S‫ ي‬--respondiَ Gaenkelti--. Lo han llevado a las galer‫ي‬as. --Debo verlo. --Te recomiendo que no lo hagas, Dios-de-los-Hombres --respondiَ cuidadosamente Gaenkelti. Xerius se detuvo y dedicَ una dura mirada a su corpulento capit‫ل‬n norsirai. --‫؟‬Me recomiendas que no lo haga? ‫؟‬Hay aqu‫ ي‬algo relacionado con la hechicer‫ي‬a? --El Saik Imperial dice que no, pero ese hombre ha sido... entrenado. --‫؟‬Qué quieres decir con «entrenado»? ،Ahَrrame tu ch‫ل‬chara, Gaenkelti! El Imperio ha sido humillado hoy. ،Yo he sido humillado! --Fue... dif‫ي‬cil de reducir. Han muerto tres de mis hombres. Cuatro tienen alguna extremidad rota... --،Est‫ل‬s bromeando! --gritَ Conphas--. ‫؟‬Iba armado? --No. Nunca he visto nada igual. Si no hubiéramos llevado los guardias de m‫ل‬s asignados a la audiencia... Como dec‫ي‬a, ha sido entrenado. --Quieres decir --dijo Xerius, con el rostro transido por el terror-que durante todo este tiempo, todos estos aٌos, ‫؟‬podr‫ي‬a haber matado..., haberme matado a m‫?ي‬ --Pero ‫؟‬qué edad tiene Skeaos, t‫ي‬o? --preguntَ Conphas--. ‫؟‬Cَmo puede ser? Tiene que tratarse de hechicer‫ي‬a. --El Saik jura y perjura que no --repitiَ Gaenkelti. --،El Saik! --espetَ Xerius, gir‫ل‬ndose en busca de m‫ل‬s anpoi--. Ratas blasfemas husmeando alrededor del palacio; conspirando, siempre conspirando contra m‫ي‬. Necesitamos una confirmaciَn en busca de uno independiente. --Dio otro largo trago y tosi .--Mandad َ َ la voz acongojada de otra de las Escuelas... La Mysunsai-- prosigui ,con . --Ya lo he hecho, Dios-de-los-Hombres. Pero creo en el Saik en este caso. Gaenkelti cogiَ la pequeٌa esfera cubierta de runas que llevaba en el peto: un Chorae, la pesadilla de los hechiceros. --He sostenido esto ante su cara una vez que lo han reducido. No ha tenido miedo. No hab‫ي‬a nada en su cara. --،Skeaos! --gritَ Xerius a los techos grabados, volviendo a servirse anpoi--. ،Servil, maldito y sigiloso Skeaos! ‫؟‬Un esp‫ي‬a? ‫؟‬Un asesino

entrenado? Temblaba cada vez que le hablaba directamente. ‫؟‬Lo sab‫ي‬ ais? Temblaba como un cervatillo. Y yo que me dec‫ي‬a a m‫ ي‬mismo: «Los otros me consideran un Dios, pero Skeaos, ،ah, el bueno de Skeaos!, sabe que soy divino. Sَlo Skeaos se ha rendido...». Y mientras tanto me vert‫ي‬a veneno en la oreja. Avivaba mi apetito con su lengua. ،Dioses de la condenaciَn! ،Quiero verle despellejado! ،Le estrujaré la verdad a su cuerpo partido! ،Que sea maldito con la agon‫ي‬a! Con un rugido, Xerius se revolviَ y volcَ la mesa. El cristal y el oro cayeron y se hicieron aٌicos sobre el m‫ل‬rmol. ‫ة‬l se quedَ en silencio, con el pecho agitado. El mundo zumbaba a su alrededor, impenetrable, burl‫ل‬ndose. En todas partes las sombras eran un clamor. Los grandes designios estaban en marcha. Los mismos Dioses se mov‫ي‬an; se mov‫ي‬an contra él. --‫؟‬Qué hay del otro, Dios-de-los-Hombres? --osَ preguntar Gaenkelti--. ‫؟‬El Pr‫ي‬ncipe de Atrithau que te hizo sospechar de Skeaos? Xerius se girَ hacia su capit‫ل‬n con la mirada todav‫ي‬a salvaje. --El Pr‫ي‬ncipe de Atrithau --repitiَ, estremeciéndose al recordar la serena expresiَn del hombre. Un esp‫ي‬a..., y con una cara que transmit‫ي‬ a una total tranquilidad. ،Qué confianza! ‫؟‬Y por qué no, cuando el Primer Consejero del Emperador era uno de ellos? Pero basta. Le visitar‫ي‬a aterrorizado pronto. --Vigiladle. Observadle como a ningْn otro. Se girَ hacia Conphas; le escrutَ brevemente. Por una vez le pareciَ que su divino sobrino estaba perturbado. Las pequeٌas satisfacciones... Tendr‫ي‬a que agarrarse a ellas durante la noche que seguir‫ي‬a. --Por favor, déjanos ahora, capit‫ل‬n --dijo, recobrando la compostura--. Estoy complacido con tu conducta. Haz que el Gran Maestro Cememketri y Tokush sean llamados a mi presencia en seguida. Hablaré con mis hechiceros y esp‫ي‬as. Y mis augures... M‫ل‬ ndame también a Arithmeas. Gaenkelti se arrodillَ, tocَ el suelo alfombrado con la frente y se retir َ. A solas con su sobrino, Xerius le dio la espalda y caminَ hasta el pَ rtico abierto en el otro extremo de la sala. Fuera era oscuro, y el mar Meneanor se agitaba en la penumbra contra el horizonte gris. --Sé cu‫ل‬l es tu pregunta --le dijo a la figura que hab‫ي‬a tras él--. Te preguntas cu‫ل‬nto le he contado a Skeaos. Te preguntas si sabe todo lo que tْ sabes. --Siempre estaba contigo, t‫ي‬o. ‫؟‬No es as‫?ي‬ --Pueden engaٌarme como a un idiota, sobrino, pero no soy un

idiota... Pero eso lo sabremos. Sabremos muy pronto lo que Skeaos sabe. Sabremos cَmo castigarle. --‫؟‬Y la Guerra Santa? --preguntَ cautelosamente Conphas--. ‫؟‬Qué hay de nuestro Solemne Contrato? --Nuestra propia casa, sobrino. Primero, nuestra propia casa... «O eso dir‫ي‬a tu abuela.» Xerius se girَ hacia Conphas, perdido en sus pensamientos. --Cememketri me ha dicho que un hechicero del Mandato se ha unido a la Guerra Santa. Ve a por él..., tْ en persona. --‫؟‬Por qué? Los Maestros del Mandato son idiotas. --Se puede confiar en los idiotas precisamente porque son idiotas. Sus objetivos raramente interceden con los nuestros. ‫ة‬ste es un asunto muy importante, Conphas. Debemos estar seguros. Conphas le dejَ a solas con el mar ennegrecido. Se pod‫ي‬a ver a mucha distancia de la cima de las Cumbres Andiamine, pero nunca, al parecer, lo suficiente. Hablar‫ي‬a con Cememketri, Gran Maestro del Saik Imperial, y Tokush, su Maestro de Esp‫ي‬as. Escuchar‫ي‬a cَmo se peleaban y no descubrir‫ي‬a nada a través de ellos. Y después, bajar‫ي‬a a las galer‫ي‬as. Ver‫ي‬a al «bueno» de Skeaos en persona. Y le inflingir‫ي‬a las primeras consecuencias de su transgresiَn.

El viaje desde el campamento hasta las Cumbres Andiamine ten‫ي‬a un cierto elemento de pesadilla para Achamian. Aquello era Momemn de noche, algo horroroso. El aire era tan acre que ten‫ي‬a sabor. Hab‫ي‬a vislumbrado en varias ocasiones un alto dedo de piedra --la Torre de Ziek, supuso--, y por un breve instante, mientras pasaba cerca del templo-complejo de Cmiral, vio las grandes cْpulas de Xothei arqueadas como negras barrigas bajo el cielo. Sin embargo, se hab‫ي‬a encontrado sumergido en una caَtica madriguera de avenidas bordeadas por viejas casas vecinales y puntuadas por bazares, canales y templos cْlticos abandonados. Compleja a la luz del d‫ي‬a, Momemn era laber‫ي‬ntica de noche. La tropa de Kidruhil con antorchas formaba una refulgente hebra a través de la noche. Pezuٌas con herraduras de hierro repiqueteaban contra la piedra y el fango, lo que atra‫ي‬a a las ventanas caras asustadas y p‫ل‬lidas. Vestido con su armadura ceremonial, el propio Ikurei Conphas cabalgaba a su lado, pero distante. De vez en cuando, Achamian miraba de soslayo al Exalto-General.

Hab‫ي‬a algo enervante en su perfecciَn f‫ي‬sica, algo que hac‫ي‬a que Achamian cobrara total conciencia de su corpulencia; casi como si a través de Conphas, los Dioses hubieran revelado el cruel humor que se escond‫ي‬a en la acumulaciَn de defectos de los hombres m‫ل‬s normales. Pero era algo m‫ل‬s que su aspecto lo que le resultaba inquietante. Ese hombre ten‫ي‬a un aire... un poco demasiado seguro de s‫ ي‬mismo para ser definido como arrogancia. Achamian decidiَ que Ikurei Conphas estaba pose‫ي‬do, bien por una terrible fuerza, o bien por una aterradora carencia. ،Conphas! Todav‫ي‬a le parec‫ي‬a incre‫ي‬ble. ‫؟‬Qué pod‫ي‬an querer los Ikurei de él? Achamian hab‫ي‬a renunciado a pregunt‫ل‬rselo al sobrino imperial. --He venido aqu‫ ي‬a buscarte --dijo el hombre, inexpresivamente--, no a charlar. Fuera lo que fuese lo que el Emperador quer‫ي‬a, era lo suficientemente importante como para mandar de chico de los recados al sobrino imperial. Desde el principio, la llamada hab‫ي‬a llenado a Achamian de una sensaciَn de hermética aprensiَn. Los Kidruhil, con sus pesadas armaduras, se hab‫ي‬an esparcido por las avenidas del campo conriyano como si estuvieran ejecutando un asalto. Pasaron un buen rato forcejeando e insult‫ل‬ndose antes de que quedara claro que los nansur hab‫ي‬an ido all‫ ي‬a buscarle a él. --‫؟‬Por qué iba a llamarme un Emperador? --le hab‫ي‬a preguntado a Conphas. --‫؟‬Por qué llamar a cualquier hechicero? --le respondiَ con impaciencia. Esa respuesta le hab‫ي‬a molestado, le hab‫ي‬a recordado a los funcionarios de los Mil Templos a los que hab‫ي‬a pedido detalles acerca de la muerte de Inrau. Y por un instante, Achamian hab‫ي‬a comprendido lo insignificante que el Mandato se hab‫ي‬a vuelto en el gran esquema de los Tres Mares. De las Escuelas, el Mandato era el idiota perdido cuyas rocambolescas reivindicaciones se volv‫ي‬an m‫ل‬s y m‫ل‬s desesperadas a medida que se cerraba la noche. Como cualquier otra sensaciَn de vergüenza, los poderosos evitaban religiosamente la desesperaciَn. Y por esa razَn, aquella peticiَn resultaba tan inquietante. ‫؟‬Qué pod ‫ي‬a querer un Emperador de un idiota desesperado como Drusas Achamian? Por lo que él sab‫ي‬a, sَlo dos cosas pod‫ي‬an llevar a una Gran Facci َn como los Ikurei a llamarle: o bien hab‫ي‬an encontrado algo cuya

resoluciَn estaba m‫ل‬s all‫ ل‬de las capacidades de su propia Escuela, el Saik Imperial, o de los mercenarios Mysunsai, o bien deseaban hablar del Consulto. Como nadie excepto el Mandato cre‫ي‬a todav‫ي‬a en el Consulto, ten‫ي‬a que ser la anterior. Y quiz‫ ل‬eso no era tan improbable como parec‫ي‬a. Si bien las Grandes Facciones normalmente se re‫ي‬an de su misiَn, todav‫ي‬a respetaban su talento. La Gnosis hac‫ي‬a de ellos ricos idiotas. Finalmente, pasaron bajo una inmensa puerta, cabalgaron a lo largo de los jardines exteriores del recinto imperial y llegaron a la base de las Cumbres Andiamine. El alivio que Achamian esperaba encontrar, sin embargo, no aparec‫ي‬a por ninguna parte. --Hemos llegado, hechicero --dijo Ikurei Conphas, cortante, mientras desmontaba con la facilidad de un hombre acostumbrado a los caballos--. S‫ي‬gueme. Conphas le guiَ por una serie de puertas de hierro que parec‫ي‬an poca cosa con respecto a los edificios circundantes. El palacio, con sus columnas de m‫ل‬rmol brillante bajo las incontables antorchas que rodeaban su per‫ي‬metro, ascend‫ي‬a hasta una altura descomunal por encima de ellos. Conphas martilleَ las puertas, que al ser abiertas de par en par por dos Guardias Eَticos, revelaron un largo pasillo iluminado por velas. En lugar de ascender hacia las Cumbres, sin embargo, bajaba a su corazَn enterrado. Conphas siguiَ adelante, pero se detuvo cuando Achamian vacilَ. --Si te est‫ل‬s preguntando --dijo con una pequeٌa y maliciosa sonrisa-- si el pasaje lleva a las mazmorras del Emperador, as‫ ي‬es... La luz de las velas alumbraba los intrincados relieves estampados de su peto, los muchos soles de Nansur. Bajo el peto, Achamian sab‫ي‬a que hab‫ي‬a un Chorae. La mayor‫ي‬a de los nobles de rango los llevaban; eran sus tَtems contra la hechicer‫ي‬a. Pero Achamian no tuvo necesidad de intuir su presencia. Pod‫ي‬a sentirla. --Me he hecho ya muchas conjeturas --respondiَ, permaneciendo en el umbral--. Creo que ha llegado el momento de que me expliques mi propَsito aqu‫ي‬. --Los hechiceros del Mandato --dijo Conphas con tristeza--. Como todos los avaros, das por hecho que todo el mundo va detr‫ل‬s de tu tesoro. ‫؟‬Qué crees, hechicero? ‫؟‬Que soy tan estْpido como para entrar al trapo en el campamento de Proyas sَlo para secuestrarte? --Perteneces a la Casa Ikurei. Eso es motivo suficiente para la preocupaciَn, ‫؟‬no crees? Conphas le escrutَ en silencio --la mirada de un recaudador de

impuestos-- y al parecer comprendiَ que no pod‫ي‬a ofender a Achamian con una burla o valiéndose de su rango. --Est‫ ل‬bien --dijo abruptamente--. Hemos descubierto a un esp‫ي‬a entre nosotros. El Emperador necesita que verifiques que la hechicer‫ي‬a no ha tenido nada que ver con esto. --‫؟‬No confi‫ل‬is en el Saik Imperial? --Nadie conf‫ي‬a en el Saik Imperial. --Ya veo. Y los mercenarios, los Mysunsai, ‫؟‬por qué no les llam‫ل‬is a ellos? Una vez m‫ل‬s, el hombre sonriَ con condescendencia, con mucho m ‫ل‬s que condescendencia. Achamian hab‫ي‬a visto muchas sonrisas como aquélla antes, pero siempre le hab‫ي‬an parecido un tanto estridentes, repletas de pequeٌas desesperaciones. Pero en aquella sonrisa no hab‫ي‬ a ninguna estridencia. Sus dientes perfectos refulgieron a la luz de las velas. Eran dientes carroٌeros. --Este esp‫ي‬a, hechicero, es extremadamente raro. Quiz‫ل‬ demasiado para su limitado talento. Achamian asintiَ. Los Mysunsai eran «limitados». Las almas mercenarias raramente eran talentosas. Pero para que el Emperador mandara en busca de un hechicero del Mandato, para que desconfiara no sَlo de sus propios magos, sino también de sus mercenarios... «Est‫ل‬ n aterrorizados --pensَ Achamian--. Los Ikurei est‫ل‬n aterrorizados.» Achamian escudriٌَ al sobrino imperial en busca de alguna seٌal de decepciَn. Satisfecho, cruzَ el umbral. Hizo un gesto de dolor cuando oyَ que las puertas se cerraban tras él. Iban avanzando por el pasillo al ritmo de los largos pasos marciales de Conphas. Achamian casi pod‫ي‬a percibir cَmo las Cumbres Andiamine se erig‫ي‬an sobre él. «‫؟‬Cu‫ل‬nta gente ha pasado por este pasillo y no ha regresado nunca?», se preguntَ. Sin aviso previo, Conphas dijo: --Eres amigo de Nersei Proyas, ‫؟‬no? Dime: ‫؟‬qué sabes de Anasurimbor Kellhus, el que afirma ser Pr‫ي‬ncipe de Atrithau? Una sacudida f‫ي‬sica acompaٌَ la pregunta, y por un instante, Achamian tuvo que esforzarse por mantener su r‫ل‬pido paso. «‫؟‬Est‫ ل‬Kellhus implicado en esto?» ‫؟‬Qué deb‫ي‬a decirle? ‫؟‬Que tem‫ي‬a que el hombre fuera un presagio del Segundo Apocalipsis? «No le digas nada.» --‫؟‬Por qué lo preguntas? --Sin duda, habr‫ل‬s sabido del resultado de la reuniَn del Emperador con los Grandes Nombres. En buena medida, fue debido a la astucia de

ese hombre. --Su sabidur‫ي‬a, quieres decir. Una moment‫ل‬nea ira desfigurَ la expresiَn del Exalto-General. Se dio dos golpecitos en el peto, justo por debajo del cuello, precisamente donde llevaba escondido su Chorae, como sab‫ي‬a Achamian. El gesto calmَ un tanto al hombre, como si le recordara todas las formas en que Achamian pod‫ي‬a morir. --Te he hecho una pregunta sencilla. «La pregunta es cualquier cosa menos sencilla», pensَ Achamian. ‫؟‬ Qué sab‫ي‬a él de Kellhus? Muy poco, salvo quiz‫ ل‬que él estaba tan asustado por quién fuera el hombre como el otro atemorizado por quién pudiera ser. Un Anasurimbor hab‫ي‬a regresado. --‫؟‬Tiene esto --preguntَ Achamian-- algo que ver con vuestro «raro esp‫ي‬a»? Conphas se detuvo abruptamente y le escrutَ. O bien estaba atَnito por alguna estupidez oculta en su pregunta, o estaba tomando una decisiَn. «Est‫ل‬n realmente atemorizados.» El Exalto-General bufَ, como si le pareciera incre‫ي‬ble que pudiera preocuparse por lo que un Maestro del Mandato pudiera hacer con los secretos del Emperador. peinarte la barba, --Nada en absoluto. --Sonri .--Deber‫ي‬as َ َ ientras retomaba el paso--. Vas a conocer al hechicero-- aٌadi m Emperador en persona.

Xerius se apartَ de Cememketri y mirَ con dureza la cara de Skeaos. Le sal‫ي‬a sangre de una oreja. Largos mechones de cabello canoso enmarcaban su venosa frente y sus mejillas hundidas, lo que le daba un aspecto salvaje. El anciano estaba desnudo y encadenado, y ten‫ي‬a el cuerpo doblado por la espalda en una mesa curva semejante a la mitad de una rueda rota. La madera era suave --pulida por muchas cadenas-- y oscura contra la piel del Primer Consejero. La c‫ل‬mara ten‫ي‬a el techo abovedado bajo y estaba iluminada por brillantes braseros esparcidos al azar por sus recovecos. Estaban en el corazَn de las Cumbres Andiamine, en lo que a lo largo de las eras se hab‫ي‬a dado en llamar la Sala de la Verdad. En los muros, con estantes de hierro, estaban los instrumentos de la Verdad.

Skeaos le observaba sin miedo y parpadeaba como parpadear‫ي‬a un niٌo que se despertara en mitad de la noche. Sus ojos refulgieron en su cara arrugada y se giraron hacia las figuras que acompaٌaban al Emperador: Cememketri y otros dos viejos magos, vistiendo las togas negras y doradas del Saik Imperial, los Hechiceros del Sol; Gaenkelti y Tokush, todav‫ي‬a vistiendo su armadura ceremonial, con los rostros r‫ي‬ gidos por miedo a que el Emperador, inevitablemente, les hiciera responsables de aquella escandalosa traiciَn; Kimish, el interrogador, que ve‫ي‬a puntos de dolor en lugar de hombres; Skalateas, el mysunsai con toga azul que hab‫ي‬a sido llamado por Gaenkelti, con el rostro de mediana edad visiblemente perplejo, y, por supuesto, los dos arqueros con tatuajes azules de la Guardia Eَtica, con su Chorae suspendido sobre el pecho hundido del Primer Consejero. --Es un Skeaos tan distinto --susurrَ el Emperador, cogiéndose las temblorosas manos. Al Primer Consejero se le escapَ una suave risilla. Xerius reprimiَ el miedo que le mov‫ي‬a y sintiَ que su corazَn se endurec‫ي‬a. Furia. All‫ ي‬iba a necesitar furia. --‫؟‬Qué dices, Kimish? --preguntَ. --Ya ha sido interrogado brevemente, Dios-de-los-Hombres --respondiَ Kimish sin rodeos--. Segْn el protocolo. ‫؟‬Hab‫ي‬a excitaciَn en su voz? A Kimish, a diferencia de los dem‫ل‬s all ‫ ي‬reunidos, no le importaba en lo m‫ل‬s m‫ي‬nimo que quien estuviera en la mesa fuera un consejero imperial. A él sَlo le importaba su oficio. Xerius sab‫ي‬a que las causas pol‫ي‬ticas de esa afrenta, las mareantes implicaciones, no significaban nada para él. A Xerius le gustaba ese rasgo de Kimish, aunque en ocasiones le irritara. Era un atributo apropiado para un interrogador. --‫؟‬Y? --preguntَ Xerius, con la voz casi rota. Toda su pasiَn parec‫ي‬a amplificada, suspendida de la posibilidad de radicales transformaciones. De irritaciَn a furia. De pequeٌo dolor a agon‫ي‬a. --Es distinto de todos los hombres que he visto antes, Dios-de-los-Hombres. Lo que no era atributo apropiado de Kimish, segْn hab‫ي‬a decidido Xerius, era su querencia por el dramatismo. Como un cuentacuentos, hablaba dejando huecos, como si el mundo fuera su coro. El centro del asunto era algo que Kimish se guardaba celosamente, algo que iba dando de acuerdo con las reglas del suspense narrativo, no de la necesidad. --Encontrar respuestas es tu trabajo, Kimish --le espetَ Xerius--. ‫؟‬

Por qué debo yo interrogar al interrogador? Kirmish se encogiَ de hombros. --A veces es mejor mostrar que decir --dijo, cogiendo una serie de alicates de la hilera de instrumentos que hab‫ي‬a junto al consejero--. Observad. Se arrodillَ y cogiَ uno de los pies del Primer Consejero con la mano izquierda. Lentamente, con el aburrimiento del artesano, le arrancَ una u ٌa con un alicate. No hubo nada. Ningْn grito, ni siquiera un estremecimiento del viejo cuerpo. --Inhumano --dijo Xerius jadeando, y se echَ hacia atr‫ل‬s. Los otros se quedaron estupefactos. Se girَ hacia Cememketri, que negaba con la cabeza, y después hacia Skalateas. --No hay hechicer‫ي‬a aqu‫ي‬, Dios-de-los-Hombres --dijo inexpresivamente Skalateas. Xerius se dio la vuelta para enfrentarse a su Primer Consejero. --‫؟‬Qué eres? --gritَ. La vieja cara sonriَ. --Soy m‫ل‬s, Xerius. Soy m‫ل‬s. --No era la voz de Skeaos, sino algo roto, como muchas voces. El suelo se moviَ bajo los pies de Xerius. Se equilibrَ cogiéndose a Cememketri, que involuntariamente se contrajo bajo el Chorae que se balanceaba alrededor de su cuello. Xerius mirَ el rostro burlَn del hechicero. «،El Saik Imperial!» Sus pensamientos aullaron, convulsos, arcanos en hecho y deseo. Sَlo ellos ten‫ي‬an los recursos. Sَlo ellos ten‫ي‬ an los medios... --،Mientes! --le gritَ al Gran Maestro--. ،Esto tiene que ser hechicer‫ي‬ a! ،Lo percibo! ،Se siente como veneno en el aire! ،Esta habitaciَn apesta a ella! --Lanzَ al aterrorizado hombre al suelo--. ،Has comprado a este esclavo! --aullَ, seٌalando a Skalateas, que ten‫ي‬a el rostro ceniciento--. ‫؟‬Eh, Cememketri? ،Bellaco imp‫ي‬o y blasfemo! ‫؟‬Es esto obra tuya? El Saik iba a ser los Chapiteles Escarlatas del oeste, ‫؟‬no? ،Har‫ي‬an de su Emperador un t‫ي‬tere! Xerius se detuvo de golpe e interrumpiَ sus acusaciones al ver a Conphas en la entrada. El hechicero del Mandato estaba a su lado. Los miembros del séquito del Gran Maestro le pusieron en pie r‫ل‬pidamente. --Estas acusaciones --dijo Conphas con cautela-- tal vez sean precipitadas. --Tal vez --espetَ Xerius, alis‫ل‬ndose la toga--. Pero como dir‫ي‬a tu abuela, Conphas, teme primero el cuchillo m‫ل‬s cercano. --Después,

vislumbrando al rechoncho hombre de barba cuadrada que estaba al lado de Conphas, preguntَ:-- ‫؟‬Es éste el Maestro del Mandato? --S‫ي‬. Drusas Achamian. El hombre se arrodillَ sin ninguna ceremonia y tocَ el suelo con la frente. --Dios-de-los-Hombres --murmurَ. --‫؟‬No son curiosos, mandati, estos encuentros de magos y reyes? El bochorno del momento anterior fue olvidado. «Quiz‫ ل‬ser‫ي‬a bueno --pensَ Xerius-- que el hombre comprenda lo que est‫ ل‬en juego en esta reuniَn.» Por alguna razَn, se sintiَ obligado a ser cortés. El hechicero le mirَ socarronamente. Después, recordَ, y bajَ la mirada. quieres --Soy tu esclavo, Dios-de-los-Hombres --murmur‫ ؟‬.--Qué َ que haga? Xerius le cogiَ del brazo --«El gesto m‫ل‬s desarmante», pensَ: «un Emperador cogiendo un brazo de casta baja»-- y le llevَ entre los dem‫ل‬s hasta el postrado Skeaos. --Ya ves, Skeaos --dijo Xerius--, las molestias que nos hemos tomado para asegurarnos de que est‫ل‬s cَmodo. El viejo permaneciَ impertérrito, sَlo sus ojos brillaron con una extraٌa intensidad. «Un mandati», dec‫ي‬an. Xerius mirَ a Achamian. La expresiَn del hombre era neutra. Y entonces, Xerius lo sintiَ, notَ el odio emanando de la p‫ل‬lida forma de Skeaos, como si el viejo hombre reconociera al hechicero del Mandato. El cuerpo despatarrado se estirَ. Las cadenas se tensaron y un eslabَn mordiَ a otro. La mesa de madera crujiَ. El hechicero del Mandato retrocediَ. Dos pasos. --‫؟‬Qué ves? --siseَ Xerius--. ‫؟‬Es hechicer‫ي‬a? ‫؟‬Lo es? --‫؟‬Quién es este hombre? --preguntَ Drusas Achamian. El horror era evidente en su voz. --Mi Primer Consejero... durante treinta aٌos. --‫؟‬Le habéis... interrogado? ‫؟‬Qué ha dicho? --El hombre casi gritaba. ‫؟‬Era p‫ل‬nico lo que hab‫ي‬a en sus ojos? --،Respَndeme, mandati! --gritَ Xerius--. ‫؟‬Hay hechicer‫ي‬a aqu‫?ي‬ --No. --Mientes, mandati. ،Lo veo! Lo veo en tus ojos. El hombre le mir َdirectamente, con la mirada reconcentrada, como si tratara de comprender las palabras del Emperador para concentrarse en algo de repente trivial.

--N-no --tartamude .--Lo َ que ves es miedo... Aqu ‫ي‬no hay hechicer ‫ي‬a. O eso, o bien se trata de una hechicer‫ي‬a de otra clase. Una invisible para los Escogidos... --Es como te dec‫ي‬a, Dios-de-los-Hombres --interrumpiَ Skalateas desde detr‫ل‬s--. Los Mysunsai siempre hemos sido p‫ي‬os. No har‫ي‬amos nada que... --،Silencio! --gritَ Xerius. Lo que antes era Skeaos empezَ a gruٌir. --Meta kaperuptis sun rangashra, Chigra, Mandati-Chigraa... --espetَ el viejo consejero, con la voz entonces totalmente inhumana. Se retorciَ bajo las cadenas; el viejo cuerpo se ondulaba a merced a sus delgados y grasientos mْsculos. Un perno saltَ de la pared. Pero el hechicero estaba estupefacto. --،Las cadenas! --gritَ alguien. Kimish. --Gaenkelti... ،Conphas! --gritَ Xerius, ausente, retrocediendo dando tumbos. El viejo cuerpo se sacudiَ sobre la mesa curva como anguilas muertas de hambre cosidas a la piel humana. Otro perno saltَ de la pared. Gaenkelti fue el primero en morir, con el cuello partido, de tal modo que Xerius pudo ver su fl‫ل‬ccida cara inclin‫ل‬ndose hacia su espada mientras ca‫ي‬a hacia adelante. Una cadena alcanzَ a Conphas en un lado de la cara y le lanzَ contra el muro. Tokush estaba roto como un mu ٌeco. «‫؟‬Skeaos?» Pero entonces se oyeron ،palabras! Palabras ardientes y la habitaci َn se llenَ de fuegos cegadores. Xerius chillَ y cayَ. La piedra se partiَ. El aire se estremeciَ. Y pod‫ي‬a o‫ي‬r al mandati gritando: --،No, maldito seas! ،NOOO! Y después un aullido, distinto de cualquier cosa que hubiera o‫ي‬do antes, como mil lobos quem‫ل‬ndose vivos. El sonido de carne impactando contra la piedra. Xerius se puso en pie contra una pared, pero no vio nada a causa de los Guardias Eَticos que le proteg‫ي‬an. Las luces se apagaron y pareciَ oscuro, muy oscuro. El hechicero del Mandato todav‫ي‬a gritaba, maldiciendo. --،Es suficiente, mandati! --rugiَ Cememketri. --،Maldito ingrato pomposo! ،No tienes ni la menor idea de lo que has hecho! --،He salvado al Emperador!

Y Xerius pensَ: «Estoy salvado...». Se abriَ paso entre los dos Guardias Eَticos y se tambaleَ hacia el centro de la habitaciَn. Humo. El olor de cerdo asado. El hechicero del Mandato estaba arrodillado ante el cuerpo calcinado de Skeaos. Le cog‫ي‬a por los hombros y le agitaba la fl‫ل‬ccida cabeza. --‫؟‬Qué eres? --despotricaba--. ،Respَndeme! Los ojos de Skeaos refulgieron, blancos entre la piel negra y destrozada. Y se rieron, se rieron del airado hechicero. --Tْ eres el primero, Chigra --dijo resollando Skeaos en un susurro ambiental y horripilante--. Y ser‫ل‬s elْ ltimo... Lo que siguiَ perseguir‫ي‬a a Xerius en sueٌos durante el resto de sus contados d‫ي‬as. Como si tratara de respirar m‫ل‬s hondo, el rostro de Skeaos se desdoblَ como las patas de una araٌa apretadas con fuerza a un torso fr‫ي‬o. Doce extremidades, coronadas por unas pequeٌas y malvadas fauces, abiertas, que dejaron a la vista unos dientes sin labios y unos ojos sin p‫ل‬rpados en el lugar en el que deb‫ي‬a haber estado la cara. Como los largos dedos de una mujer, abrazaron al atَnito hechicero del Mandato por la cabeza y empezaron a apretar. El hombre gritَ, agَnico. Xerius permaneciَ impotente, paralizado. Pero poco después la cabeza infernal hab‫ي‬a desaparecido, rodando como un melَn sobre las piedras del suelo y sacudiendo las patas. Conphas dio tumbos tras ella, con el puٌal ensangrentado. Se detuvo con el arma a un lado y mirَ a los ojos hْmedos de su t‫ي‬o. --Abominaciَn --dijo, sec‫ل‬ndose la sangre de la cara. Mientras tanto, el hechicero del Mandato gru‫ٌي‬a y se pon‫ي‬a en pie. Mirَ las caras estupefactas. Sin mediar palabra, caminَ lentamente hacia la entrada. Cememketri le bloqueَ el camino. Drusas Achamian se girَ y mirَ a Xerius. La vieja intensidad regresaba a sus ojos. Le corr‫ي‬an gotas de sangre por la mejilla. --Me voy --dijo sin rodeos. --Vete --dijo Xerius, y asintiَ a su Gran Maestro. Mientras el hombre sal‫ي‬a de la sala, Conphas mirَ a Xerius interrogativamente. «‫؟‬Es esto prudente?», preguntaba su expresiَn. --Nos hubiera dado un sermَn sobre mitos, Conphas; sobre el Antiguo Norte y el regreso de la Bruma. Siempre hacen lo mismo. --Después de esto --repitiَ Conphas--, quiz‫ ل‬deber‫ي‬amos empezar a escucharles. --Los acontecimientos locos raramente dan credibilidad a los

hombres locos, Conphas. Mirَ a Cememketri y supo por la expresiَn del anciano que hab‫ي‬a llegado a la misma conclusiَn que él. Hab‫ي‬a habido Verdad en esa habitaciَn. El horror dio paso al entusiasmo. «،He sobrevivido!» Intriga. El Gran Juego, el benjuka de doblegar corazones y mover almas. ‫؟‬Hubo algْn momento en el que no jugara? A lo largo de los aٌos, hab‫ي‬a aprendido que uno pod‫ي‬a jugar ignorando las maquinaciones de sus oponentes solamente durante un tiempo. El truco consist‫ي‬a en forzar todas las manos. M‫ل‬s tarde o m‫ل‬s temprano, el momento llegaba, y si hab‫ي‬as forzado la mano de tu contrincante con la prontitud necesaria, sobreviv‫ي‬as y dejabas de ser ignorante. El momento hab‫ي‬a llegado. Hab‫ي‬a sobrevivido. Y ya no era ignorante. El mandati mismo hab‫ي‬a dicho: una hechicer‫ي‬a de otra clase, una invisible para los Escogidos. Xerius pose‫ي‬a su respuesta. Conoc‫ي‬a la fuente de esa loca traiciَn. Los hechiceros-sacerdotes de los fanim. Los cishaurim. Un viejo enemigo. Y en ese oscuro mundo, los viejos enemigos eran bienvenidos. Pero no le dijo nada a su sobrino; tanto saboreaba esos raros momentos en los que la perspicacia del hombre quedaba lejos de la suya. Xerius se acercَ al escenario de la carnicer‫ي‬a y bajَ la mirada a la rid ‫ي‬cula figura de Gaenkelti. Estaba muerto. --El precio del conocimiento ha sido pagado --dijo sin pasiَn--, y no hemos sido arruinados. --Quiz‫ ل‬--respondi َConphas, frunciendo el entrecejo--. Pero todav‫ي‬ a estamos en deuda. «Se parece tanto a mi madre», pensَ Xerius.

Las calles y los nebulosos vericuetos de la Guerra Santa estaban inundados de gritos, hogueras y una alegr‫ي‬a salvaje, entusiasta. Cogiendo la correa de su cartera, Esmenet se abriَ paso con los hombros entre los altos y sombr‫ي‬os guerreros. Vio la efigie del Emperador quemada. Vio a dos hombres peg‫ل‬ndole a un desventurado tercero entre tiendas. Muchos se arrodillaban solos o en grupo; lloraban, cantaban o gritaban. Muchos otros danzaban a la ronca llamada de los dobles oboes o el lastimero taٌido de las arpas nilnameshi. Todo el mundo beb‫ي‬a. Observَ a un inmenso thunyeiro descuartizar un toro con su hacha de guerra; después poner su cabeza troceada en la hoguera

de un altar improvisado. Por alguna razَn, los ojos del animal le recordaron los de Sarcellus: oscuros, con largas pestaٌas y curiosamente irreales, como hechos de cristal. Sarcellus se hab‫ي‬a retirado pronto. Hab‫ي‬a dicho que necesitaban descansar antes de levantar el campo a la maٌana siguiente. Ella se hab ‫ي‬a acostado junto a él, sintiendo el calor de su amplia espalda, esperando a que su respiraciَn adoptara el ritmo poco profundo que caracterizaba su sueٌo. Una vez que se convenciَ de que estaba del todo dormido, saliَ de la cama, y haciendo el menor ruido posible, recogiَ un puٌado de cosas. La noche era bochornosa. El aire hْmedo temblaba a causa de las sensaciones y el ruido de las celebraciones cercanas. Sonriendo a la enormidad que ten‫ي‬a ante s‫ي‬, hab‫ي‬a recogido sus pertenencias y se adentraba en la noche. Entonces se encontraba cerca del corazَn del campamento. Esquivando a la multitud, se deten‫ي‬a una y otra vez para localizar la Puerta Ancilline de Momemn. Pasar por entre todas aquellas celebraciones resultَ dif‫ي‬cil. Muchos hombres la agarraban por sorpresa. La mayor‫ي‬a simplemente la lanzaban al aire, riendo, olvid‫ل‬ndose de ella en el mismo momento en que volv‫ي‬an a bajarla al suelo, pero los m‫ل‬s atrevidos, la mayor‫ي‬a norsirai, o bien la toqueteaban o le hund‫ي‬an los labios con fieros besos. Uno de ellos, un tydonnio con cara de niٌo un palmo m‫ل‬s alto que Sarcellus, fue particularmente amoroso. La levantَ sin ningْn esfuerzo gritando «،Tusfera! ،Tusfera!», una y otra vez. Ella se retorci َy le fulmin َ con la mirada, pero él simplemente se re‫ي‬a y la apretaba contra su pechera. Esmenet hizo una mueca de dolor, experiment e َ l horror de mirar unos ojos que miraban directamente a los suyos y, sin embargo, eran completamente ajenos a su furia o su miedo. Ella le empuj p َ or el pecho, y él se ri cَ omo un padre que juega con la chillona de su hija. --،No! --le espetَ ella, sintiendo cَmo una mano patosa la manoseaba entre los muslos. --،Tusfera! --rugiَ el hombre de entusiasmo. Cuando ella sintiَ sus dedos masaje‫ل‬ndole la piel desnuda, le dio un puٌetazo, tal como un viejo cliente le hab‫ي‬a enseٌado, all‫ ي‬donde su bigote se un‫ي‬a a la nariz. Gritando, el hombre la soltَ. Retrocediَ dando tumbos, con los ojos como platos de horror y confusiَn, como si le hubiera acabado de dar una patada un caballo en el que confiara. A la luz del fuego, la sangre ennegreciَ sus dedos p‫ل‬lidos. Ella oyَ vivas mientras hu‫ي‬a de la poblada

oscuridad. Pasَ un tiempo antes de que dejara de temblar. Hab‫ي‬a encontrado un espacio solitario y oscuro detr‫ل‬s de un pabellَn en el que hab‫ي‬a bordados innumerables pictogramas ainonios. Se abrazَ las rodillas y se balanceَ, observando el extremo superior de una hoguera cercana por encima de las tiendas circundantes. Las chispas bailaban como mosquitos en el cielo de la noche. Llorَ un poco. «Voy para all‫ل‬, Akka.» Reemprendiَ su camino. Ten‫ي‬a miedo de los grupos en los que no hab‫ي‬a mujeres o parec‫ي‬a haber demasiada bebida. La Puerta Ancilline, con sus torres coronadas por antorchas, pronto se erigiَ ante ella a no mucha distancia. Se atreviَ a acercarse a un grupo m‫ل‬s tranquilo de juerguistas y les preguntَ dَnde pod‫ي‬a encontrar el pabellَn del Mariscal de Attrempus. Se cuidَ de esconder su mano tatuada. Con la laboriosa cortes‫ي‬a de los hombres borrachos que son conscientes de estarlo, le seٌalaron casi una docena de caminos distintos. Desesperada, finalmente les pidiَ que le indicaran uno solo. --Por ah‫ ي‬--dijo un hombre en un sheyico con mucho acento--, a través del canal muerto. Ella comprendiَ por qué al canal lo llamaban «muerto» antes incluso de verlo. El aire hْmedo se volviَ fétido por el olor de verduras podridas, despojos y agua estancada. Empequeٌecida por un grupo de caballeros conriyanos, cruzَ un estrecho puente de madera. Debajo, el canal era negro y permanec‫ي‬a inmَvil a la luz de las antorchas. Uno de los hombres se inclinَ por encima de la baranda para ver cَmo su escupitajo ca‫ي‬a al agua; sonriَ t‫ي‬midamente a Esmenet. --Yashari asumir‫ي‬a, poro --dijo, tal vez en conriyano. Esmenet le ignorَ. Inquieta m‫ل‬s por el tamaٌo que por los modales de los jَvenes nobles, abandonَ el camino principal, con sus sombr‫ي‬os grupos de juerguistas, y se arriesgَ a caminar por un terreno m‫ل‬s oscuro. Casi todo el mundo cre‫ي‬a que la mayor altura de las castas nobles era una consecuencia de su mejor sangre. Pero Achamian le hab‫ي‬a dicho en una ocasiَn que era m‫ل‬s bien una cuestiَn de dieta. ‫ة‬sa era la razَn por la que, insist‫ي‬a él, los norsirai parec‫ي‬an altos fuera cual fuese su casta: com‫ي‬an m‫ل‬s carne roja. Normalmente, a Esmenet le atra‫ي‬an los hombres escultَricos, «‫ل‬rboles de mْsculos», tal como ella y sus amigas rameras les llamaban en broma, pero no esa noche, no después del encuentro con el tydonnio, en cualquier caso. Esa noche, la hac‫ي‬an

sentir pequeٌa, disminuida, como un juguete que se rompe f‫ل‬cilmente, que f‫ل‬cilmente se deja de lado. Estaba tratando de pasar desapercibida entre las tiendas en el momento en que encontrَ el pabellَn de Xinemus. Cortando por los silenciosos campos, hab‫ي‬a seguido el canal muerto hacia el norte. Vio una hoguera y m‫ل‬s juerguistas ante ella. Mientras pensaba cu‫ل‬l ser‫ي‬a la mejor forma de evitarlos, vislumbrَ el estandarte de Attrempus colgando torcido entre el humo y la luz: una torre alargada flanqueada por dos estilizados leones. Durante un rato, no pudo m‫ل‬s que qued‫ل‬rselo mirando. Aunque no ve‫ي‬a a los congregados alrededor de su base, imaginَ a Achamian sentado con las piernas cruzadas en una esterilla, con el rostro animado por la bebida y su memorable desdén burlَn. De vez en cuando se pasar ‫ي‬a los dedos por su barba veteada de gris, un gesto meditabundo, o quiz‫ ل‬nervioso. Ella entrar‫ي‬a en el terreno iluminado, con su igualmente memorable sonrisa traviesa, y a él se le caer‫ي‬a el cuenco de vino de sorpresa. Ella ver‫ي‬a cَmo mover‫ي‬a los labios para decir su nombre, cَmo los ojos le brillar‫ي‬an de l‫ل‬grimas. Sola, en la oscuridad, Esmenet sonriَ. Ser‫ي‬a tan bueno sentir cَmo su barba le hac‫ي‬a cosquillas en la oreja, oler su fragancia seca de canela, apretarse contra su pecho de barril. O‫ي‬rle decir su nombre. «Esmi. Esmenet. Qué nombre tan pasado de moda.» «Del Colmillo. Esmenet era la esposa del Profeta Asgeshrael.» «،Ah!, un nombre de ramera.» Esmenet se secَ los ojos. No ten‫ي‬a la menor duda de que él se alegrar‫ي‬a de verla. Pero no comprender‫ي‬a el tiempo que hab‫ي‬a pasado con Sarcellus, especialmente una vez que le hablara de aquella noche en Sumna y de lo que hab‫ي‬a significado para Inrau. Se mostrar‫ي‬a adusto, incluso airado. Pod‫ي‬a ser que hasta le pegara. Pero no la rechazar‫ي‬a. Esperar‫ي‬a, como siempre hac‫ي‬a, a que el Mandato lo llamara. Y la perdonar‫ي‬a. Siempre lo hac‫ي‬a. Esmenet luchَ con su cara. «،Tan inْtil! ،Patética!» Se peinَ con los dedos, se alisَ su hasas con las manos sudorosas. Maldijo la oscuridad por impedirle usar sus cosméticos. ‫؟‬Ten‫ي‬a los ojos rojos todav‫ي‬a? ‫؟‬Era ésa la razَn por la que los conriyanos la hab‫ي‬an tratado con tanta amabilidad?

«،Patética!» Se puso a caminar a lo largo de la orilla del canal sin detenerse a pensar por qué lo hac‫ي‬a. El secretismo, por alguna razَn, parec‫ي‬a crucial. La oscuridad y el sigilo eran esenciales. Vislumbrَ la hoguera a través de extraٌos ‫ل‬ngulos entre las tiendas; vio brillantes figuras de pie, bebiendo, riendo. Entre los festejos y el canal hab‫ي‬a un gran pabellَn flanqueado por un buen nْmero de tiendas m‫ل‬s pequeٌas: las dependencias de los esclavos y cosas as‫ي‬, imaginَ Esmenet. Sin aliento, se arrastrَ tras un refugio desnudo adyacente al pabellَn. Se detuvo en la oscuridad, sintiéndose como una criatura malnacida en alguna canciَn infantil, una criatura que deb‫ي‬a rehuir la luz letal. Entonces, se atreviَ a mirar por la esquina. Sَlo m‫ل‬s juerguistas y una hoguera m‫ل‬s. Buscَ a Achamian, pero no le vio por ninguna parte. Se dio cuenta de que el fornido hombre vestido con una tْnica de seda gris con las mangas veteadas ten‫ي‬a que ser Xinemus en persona. Hac‫ي‬a de anfitriَ n; ladrabaَ rdenes a los esclavos y se parec‫ي‬a mucho a Achamian, como si fuera su hermano mayor. Achamian se hab‫ي‬a quejado en una ocasiَn de que Proyas se re‫ي‬a de él por parecer el hermano gemelo, aunque débil, de Xinemus. «As‫ ي‬que eres su amigo», pensَ ella, observ‫ل‬ndole y d‫ل‬ndole las gracias en silencio. No conoc‫ي‬a a casi ninguno de los hombres que estaban alrededor del fuego, pero el hombre que ten‫ي‬a los brazos estriados a causa de las cicatrices ten‫ي‬a que ser el scylvendio del que todo el mundo estaba hablando. ‫؟‬Significaba eso que el hombre de barba rubia, el que estaba sentado junto a la imponente chica norsirai, era su compaٌero? ‫؟‬El Pr‫ي‬ ncipe de Atrithau, el que afirmaba soٌar en la Guerra Santa? Esmenet se preguntaba a quién m‫ل‬s pod‫ي‬a estar viendo. ‫؟‬Estaba el mism‫ي‬simo Pr‫ي‬ ncipe Proyas entre ellos? Observaba con los ojos abiertos de par en par. Una sensaciَn de pavor le sacaba el aire de los pulmones. Advirtiَ que estaba en el mism‫ي‬ simo corazَn de la Guerra Santa, fiera de pasiَn, promesa y sacra determinaciَn. Esos hombres eran m‫ل‬s que humanos, eran Kahiht, Almas del Mundo, atados a la gran rueda de los acontecimientos. La idea de caminar entre ellos le llevَ las c‫ل‬lidas l‫ل‬grimas a los ojos. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a ella? Escondiَ torpemente el dorso de la mano, que revelaba al instante lo que era a los ojos que la miraban... «‫؟‬Qué es esto? ‫؟‬Una puta? Debes de estar bromeando...» ‫؟‬Qué hab‫ي‬a estado pensando Esmenet? Si Achamian hubiera

estado all‫ي‬, ella le habr‫ي‬a avergonzado. «‫؟‬Dَnde est‫ل‬s?» --،Todo el mundo! --gritَ un hombre alto, de cabello oscuro, haciendo que Esmenet diera un respingo. Llevaba una barba recortada y una toga suntuosa con un intrincado bordado floral. Cuando lasْ ltimas voces se acallaron, alzَ su cuenco al cielo nocturno. --Maٌana --dijo--, ،marcharemos! Con los ojos refulgentes de fervor, prosiguiَ, hablando de pruebas superadas y naciones conquistadas, de infieles derrotados e iniquidades corregidas. Después, hablَ de la Santa Shimeh, el sagrado corazَn de todos los lugares. --Guerreamos por un pedazo de suelo --dijo--. Pero no guerreamos por polvo o tierra. Guerreamos por el suelo. El suelo de todas nuestras esperanzas, de todas nuestras convicciones... --Su voz se quebrَ de pasiَn--. Guerreamos por Shimeh. Transcurriَ un instante de silencio y, después, Xinemus entonَ la Plegaria del Gran Templo: Dulce Dios de Dioses, que caminas entre nosotros, innumerables son tus nombres santos. que tu pan acalle nuestra hambre diaria, que tus lluvias despierten nuestras tierras inmortales, que nuestra sumisiَn sea correspondida con dominio, para ser prَsperos en tu nombre. No nos juzgues por nuestros pecados sino por nuestras tentaciones, y da a los dem‫ل‬s lo que los dem‫ل‬s nos han dado a nosotros, porque tu nombre es Poder, y tu nombre es Gloria, porque tu nombre es Verdad, que dura y perdura para siempre jam‫ل‬s. --،Gloria a Dios! --rugieron una docena de voces, resonando como si fuera una reuniَn en un templo. El ambiente lْgubre se prolongَ un instante, y después las voces volvieron a estallar. Se hicieron m‫ل‬s brindis. Se cortaron del asador

porciones de carne humeante m‫ل‬s grandes. Esmenet observَ, con la respiraciَn entrecortada, cَmo la sangre le flaqueaba en las venas. Lo que estaba presenciando le parec‫ي‬a incre‫ي‬blemente hermoso. Brillante. Atrevido. Majestuoso. Hasta santo. A una parte de ella le reconcom‫ي‬a la sospecha de que si gritaba y los enfrentaba con el secreto de su presencia, todos se retirar‫ي‬an r‫ل‬pidamente, y ella se quedar‫ي‬a sola ante las brasas fr‫ي‬as, llorando por su impertinencia. «Esto es el mundo», advirtiَ. All‫ي‬. Ante ella. Observَ al Pr‫ي‬ncipe de Atrithau habl‫ل‬ndole a Xinemus al o‫ي‬do, vio a Xinemus re‫ي‬r y después hacer un gesto en direcciَn a ella. Empezaron a caminar hacia Esmenet. Ella se encogiَ en la negrura que hab‫ي‬a tras la pequeٌa tienda, acurrucada como si tuviera fr‫ي‬o. Vislumbrَ cَmo sus sombras, de lado, fantasmales, avanzaban a través de la tierra poblada y las hierbas; después, los dos hombres pasaron junto a ella, siguiendo un ondeante sendero de luz en direcciَn al canal de agua estancada. Aguantَ la respiraciَn. --Siempre hay --seٌalَ el alto Pr‫ي‬ncipe-- tanta paz en la oscuridad que hay m‫ل‬s all‫ ل‬de un fuego. Los dos hombres se detuvieron en la orilla del canal, se subieron las tْnicas y se pusieron a toquetear sus taparrabos. Pronto, dos arcos gorjeaban sobre la vaporosa superficie. --،Hummm! --dijo Xinemus--. El agua est‫ ل‬caliente. --Pese a estar aterrorizada, Esmenet achinَ los ojos y sonriَ. --Y es profunda --respondiَ el Pr‫ي‬ncipe. Xinemus se carcajeَ de una manera a la vez maliciosa y encantadora. Después de volver a componer sus ropas, le dio una palmada al otro hombre en la espalda. --Voy a utilizar esto --dijo, alborozado-- la prَxima vez que venga a mear aqu‫ ي‬con Akka. Estoy seguro de que a punto estar‫ ل‬de caerse. --Al menos tendr‫ل‬s una cuerda que tirarle --respondiَ el hombre m‫ل‬s alto. M‫ل‬s risas, robustas y c‫ل‬lidas a la vez. «Una amistad --pensَ Esmenet-- acaba de sellarse.» Aguantَ la respiraciَn cuando ellos volvieron sobre sus pasos. Le pareciَ que el Pr‫ي‬ncipe de Atrithau la miraba directamente. Pero si vio algo, no lo revelَ. Los dos hombres se reunieron con los dem‫ل‬s junto al fuego. Con el corazَn latiéndole con fuerza, con el alma zumb‫ل‬ndole de recriminaciones, se deslizَ en direcciَn al extremo m‫ل‬s lejano del pabellَn para colocarse en un lugar en el que no tuviera que temer ser

descubierta por hombres que fueran a orinar. Se apoyَ contra el tocَn de un ‫ل‬rbol de alguna clase, torciَ la cabeza hacia el hombro y cerrَ los ojos; dejَ que las voces que rodeaban el fuego la transportaran. --Me diste un buen susto all‫ي‬, scylvendio. Estuve seguro de que... --‫؟‬Serwe, verdad? Deber‫ي‬a haber sabido que la belleza del nombre... «Parecen buena gente», pensَ Esmenet, la clase de gente que Akka se preciaba de tener por amigos. «Hay... espacio entre esas personas», decidiَ. Espacio para fracasar. Espacio para dolerse. Sola en la oscuridad, de repente se sintiَ segura, como le hab‫ي‬a sucedido con Sarcellus. Aquéllos eran los amigos de Achamian, y a pesar de que ella no exist‫ي‬a para ellos, de algْn modo la mantendr‫ي‬an a salvo. Una sensaciَn de somnolencia la embalsamَ. Sus voces eran cantar‫ي‬nas y estruendosas, brillaban de honesto buen humor. «Sَlo una cabezada», pensَ Esmenet. Después oyَ que alguien mencionaba el nombre de Akka. --‫؟‬... as‫ ي‬que Conphas en persona vino a por Achamian? ‫؟‬ Conphas? --No estaba demasiado satisfecho. Cabrَn lisonjero. --Pero ‫؟‬para qué iba a querer a Achamian el Emperador? --Pareces preocupado por él. --‫؟‬Por quién? ‫؟‬Por el Emperador o por Achamian? Ese fragmento se vio sumergido por la marea de otras voces. Esmenet se dejَ llevar por la corriente. Soٌَ que el tocَn en el que estaba apoyada era un ‫ل‬rbol entero muerto, sin hojas, ramas, ramitas ni corteza, que su tronco era una asta f‫ل‬lica rodeada de extremidades curvas que siseaban al viento como l‫ل‬ tigos. Soٌَ que no pod‫ي‬a despertarse, que de algْn modo el ‫ل‬rbol la hab‫ي‬ a enraizado a la sofocante tierra. «Esmi...» Se estirَ. Sintiَ que algo le rozaba la mejilla. --Esmi. Una voz c‫ل‬lida. Una voz familiar. --Esmi, ‫؟‬qué est‫ل‬s haciendo? Sus p‫ل‬rpados revolotearon y se abrieron. Por un momento, estuvo demasiado horrorizada para gritar. Después él le puso la mano en la boca. --،Chsss! --le reprendiَ Sarcellus--. Esto podr‫ي‬a ser dif‫ي‬cil de explicar --aٌadiَ, asintiendo en direcciَn a la hoguera de Xinemus. O lo que quedaba de ella. Sَlo restaban unas pequeٌas llamas. Con

la excepciَn de una figura solitaria acurrucada sobre las esterillas junto al fuego, todo el mundo se hab‫ي‬a ido. Una cortina se extend‫ي‬a en la distancia, tan fr‫ي‬a y ‫ل‬rida como el cielo de la noche. Esmenet inspirَ aire por la nariz. Sarcellus quitَ la mano y después la puso en pie para tirar de ella tras el pabellَn. Era oscuro. --‫؟‬Me has seguido? --le preguntَ, agitando el antebrazo para soltarse. Todav‫ي‬a estaba demasiado desorientada para estar enfurecida. --Me desperté y no estabas. Sab‫ي‬a que te encontrar‫ي‬a aqu‫ي‬. Esmenet tragَ saliva. Sinti َlas manos ligeras, como si se estuvieran preparando por voluntad propia para protegerle la cara. --No voy a volver contigo, Sarcellus. Algo que Esmenet no pudo descifrar reluciَ en sus ojos. ‫؟‬Triunfo? Después se encogiَ de hombros. La facilidad de ese gesto la aterrorizَ. --Eso est‫ ل‬bien --dijo despreocupadamente--. Ya me hab‫ي‬a hartado de ti, Esmi. Se lo quedَ mirando. Las l‫ل‬grimas trazaron c‫ل‬lidas l‫ي‬neas en sus mejillas. ‫؟‬Por qué estaba llorando? No le quer‫ي‬a..., ‫؟‬verdad? Pero él la hab‫ي‬a querido. De eso, ella estaba segura..., ‫؟‬verdad? ‫ة‬l seٌalَ con la cabeza el campamento abandonado. --Ve con él. Ya no me importa. Sintiَ que la desesperaciَn le acalambraba el velo del paladar. ‫؟‬Qué pod‫ي‬a haber sucedido? Quiz‫ ل‬Gotian le hab‫ي‬a ordenado, finalmente, que se deshiciera de ella. Los Caballeros-Comandantes, le hab‫ي‬a dicho Sarcellus en una ocasiَn, ten‫ي‬an en buena medida prohibidos los placeres como ella. Pero, sin duda, mantener a una puta en mitad de una Guerra Santa hab‫ي‬a provocado un buen puٌado de rumores. Ella hab‫ي‬a soportado muchas miradas morbosas y risas broncas. Sus subordinados y pares sab‫ي‬an por igual qué era ella. Y si ella hab‫ي‬a aprendido algo del mundo de las castas nobles, era que el rango y el prestigio sَlo pod‫ي‬an llevar a un hombre a obrar as‫ي‬. Eso era, ‫؟‬verdad? Pensَ en el extraٌo del Agora Kamposea, en el callejَn, el sudor... «‫؟‬Qué estaba haciendo?» Pensَ en el fr‫ي‬o beso de seda contra su piel, la carne asada, humeando y pimentada, servida con vino de terciopelo. Pensَ en ese verano en Sumna hac‫ي‬a cuatro aٌos, el posterior al verano de las inundaciones, cuando ni siquiera se pod‫ي‬a permitir harina rebajada con tiza. Se hab‫ي‬a adelgazado tanto que nadie quer‫ي‬a comprarla... Hab‫ي‬a estado cerca, muy cerca.

Un susurro interior, pequeٌo, un gimoteo infinitamente razonable: «Implَrale su perdَn. ،No seas idiota! Implَrale...». «،Implَrale!» Pero sَlo pod‫ي‬a mirarle. Sarcellus parec‫ي‬a una apariciَn, algo que estuviera m‫ل‬s all‫ ل‬de cualquier excusa, de cualquier peticiَn. Totalmente hombre. Como ella no dijo nada, él soltَ un bufido de impaciencia y se dio media vuelta. Ella observَ hasta que la oscuridad se tragَ su figura. «‫؟‬Sarcellus?» Casi hab‫ي‬a gritado eso, pero algo cruel la dejَ helada. «Esto era lo que quer‫ي‬as», dijo una voz que no era la suya. Al este, el cielo brillaba bajo la lejana silueta de las Cumbres Andiamine. Pensَ absurdamente que el Emperador pronto se despertar ‫ي‬a. Estudiَ al hombre solitario tendido junto a las brasas. No se mov‫ي‬a. Indiferente, recorriَ el atestado suelo pensando dَnde hab‫ي‬a visto al scylvendio y dَnde hab‫ي‬a visto al Pr‫ي‬ncipe de Atrithau. Se sirviَ vino en un pegajoso cuenco y bebiَ. Mordisqueَ un mendrugo desechado. Se sintiَ como una niٌa que se ha despertado mucho antes que sus padres, o un vagabundo que busca comida husmeando en ausencia de los guardias. Se quedَ un rato junto a la forma que dorm‫ي‬a. Era Xinemus. Esmenet sonriَ, recordando su broma de la noche anterior, mientras orinaba con el Pr‫ي‬ncipe norsirai. Las brasas tintineaban y reventaban, y su torvo naranja se hund‫ي‬a todav‫ي‬a m‫ل‬s en el montَn a medida que el amanecer se tornaba gris en el horizonte. «‫؟‬Dَnde est‫ل‬s, Akka?» Empezَ a retroceder, como si buscara algo demasiado grande como para verlo con un solo vistazo. Unos pasos la sobresaltaron. Ella se dio la vuelta... Y vio a Achamian caminando cansinamente hacia ella. No pudo ver su cara, pero supo que era él. ‫؟‬Cu‫ل‬ntas veces hab‫ي‬a visto esa figura corpulenta desde su ventana en Sumna? La hab‫ي‬a visto y hab‫ي‬a sonre‫ي‬do. A medida que se acercaba, Esmenet vislumbrَ las cinco franjas de su barba; después el primer contorno de su rostro, cadavérico bajo la oscuridad. Se quedَ delante de él, sonriendo, llorando, con las muٌecas hacia adelante. «Soy yo.» ‫ة‬l mirَ a través de ella, m‫ل‬s all‫ ل‬de ella, y siguiَ andando. Al principio, ella se quedَ all‫ي‬, como una estatua de sal. No se hab‫ي‬ a dado cuenta del tiempo que se hab‫ي‬a pasado temiendo y deseando ese momento. D‫ي‬as inacabables, parec‫ي‬a entonces. ‫؟‬Qué aspecto

tendr‫ي‬a él? ‫؟‬Qué dir‫ي‬a? ‫؟‬Estar‫ي‬a orgulloso de lo que ella hab‫ي‬a descubierto? ‫؟‬Llorar‫ي‬a cuando ella le contara lo de Inrau? ‫؟‬Despotricar ‫ي‬a cuando ella le hablara del extraٌo? ‫؟‬Le perdonar‫ي‬a por apartarse del buen camino? ‫؟‬Por esconderse en la cama de Sarcellus? Tantas preocupaciones. Tantas esperanzas. ‫؟‬Y entonces? ‫؟‬Qué hab‫ي‬a sucedido? «Ha simulado no verme. Ha actuado como si..., como si...» Temblَ. Se llevَ una mano a la boca. Después corriَ, como una sombra entre sombras, y se apresurَ bajo el aire empapado. Pasَ volando por campos dormidos, tropez‫ل‬ndose con las cuerdas tensoras de las tiendas. A cada paso, ca‫ي‬a... Con el pecho tembloroso, se puso de rodillas. Cogiَ un puٌado de tierra con las manos y empezَ a tirarse del pelo. Le sobrevinieron gemidos. Furia. --‫؟‬Por qué, Akka? ‫؟‬Por qué? He venido a s-salvarte, a d-decirte... «،Te odia! ،No eres m‫ل‬s que una sucia puta! ،Una mancha en sus pantalones!» --،No! ،Me quiere! ،‫ة‬-él es elْ nico que me ha querido de verdad! «Nadie te quiere. Nadie.» --M-m-mi hija... ،E-ella me quer‫ي‬a! «،Ojal‫ ل‬te hubiera odiado! ،Odiado y vivido!» --،C‫ل‬llate! ،C‫ل‬llate! El torturador se convirtiَ en el torturado, y ella se encogiَ en una bola, demasiado angustiada como para pensar, respirar o gritar. Arrastr َ la cara y la boca por encima del suelo. Un grave gemido lastimero retumbَ en el aire de la noche... Entonces, empezَ a toser descontroladamente, sacudiéndose en el polvo. Escupiَ. Durante un largo rato, permaneciَ inmَvil. Las l‫ل‬grimas se secaron. El ardor se convirtiَ en un pinchazo rodeado de dolor, como si le hubieran amoratado toda la cara. Akka... Su mente derivَ por muchos pensamientos, todos ellos, curiosamente, ajenos al rugido que ten‫ي‬a en los o‫ي‬dos. Se acordَ de Pirasha, la vieja ramera de la que se hab‫ي‬a hecho amiga y a la que hab ‫ي‬a perdido hac‫ي‬a aٌos. Entre la tiran‫ي‬a de muchos y la tiran‫ي‬a de uno, dec‫ي‬a Pirasha, con frecuencia, las rameras han elegido la de muchos. --‫ة‬sa es la razَn por la que somos m‫ل‬s --espetaba--. M‫ل‬s que concubinas, m‫ل‬s que sacerdotisas, m‫ل‬s que esposas, m‫ل‬s incluso que algunas reinas. Podemos estar oprimidas, Esmi, pero recuerda,

recuerda siempre, querida, que nunca somos propiedad de nadie. --Sus ojos empaٌados se llenaron de una ferocidad que parec‫ي‬a demasiado violenta para su anciano cuerpo--. ،Escupimos su semilla! ،Nunca, nunca cargamos su peso! Esmenet se girَ hasta quedar tendida de espaldas y se cubriَ los ojos con el antebrazo. Las l‫ل‬grimas todav‫ي‬a le escoc‫ي‬an en las comisuras de los ojos. «No soy propiedad de nadie. Ni de Sarcellus. Ni de Achamian.» Como si emergiera de un letargo, se puso en pie. Entumecida. Lenta. «،Oh, Esmi! Te est‫ل‬s haciendo vieja.» Cosa mala para una puta. Empezَ a caminar.

_____ 19 _____ Momemn «... a pesar de que los esp‫ي‬as quedaron expuestos relativamente pronto en el transcurso de la Guerra Santa, la mayor‫ي‬a creyeron que los responsables hab‫ي‬an sido los cishaurim y no el Consulto‫ ة‬.ste es el problema de todas las revelaciones: su significado con frecuencia excede el marco de nuestra comprensiَn. Sَlo comprendemos después, siempre después. No sَlo cuando es demasiado tarde, sino precisamente porque es demasiado tarde.» Drusas Achamian, Compendio de la Primera Guerra Santa

Finales de primavera, aٌo del Colmillo 4111, Momemn El scylvendio la sacudiَ con su hambre, con el rostro fiero y famélico. Serwe sinti َsu estremecimiento como si fuera pétreo; después observ sَ in‫ ل‬nimo cَmo abandonaba su apetito y se daba la vuelta en la oscuridad de la tienda. Ella se girَ hacia el extremo opuesto de la cavernosa tienda que Proyas les hab‫ي‬a dado. Vistiendo un simple blusَn gris, Kellhus estaba sentado con las piernas cruzadas junto a una vela, inclinado sobre un gran tomo que también le hab‫ي‬a dado Proyas. «‫؟‬Por qué permites que me utilice as‫ ?ي‬،Soy tuya!»

Deseَ gritar eso en voz alta, pero no pudo. Percibiَ los ojos del scylvendio a su espalda, y si se giraba, estaba segura de que los ver‫ي‬a refulgir como los de un lobo a la luz de la antorcha. Serwe se hab‫ي‬a recuperado r‫ل‬pidamente de las dos semanas anteriores. El incesante zumbido en los o‫ي‬dos hab‫ي‬a desaparecido y los moratones se hab‫ي‬an vuelto de un color amarillo verdoso. Todav‫ي‬a le dol‫ي‬a respirar muy hondo, y sَlo cojeaba al andar, pero eso se hab‫ي‬a vuelto m‫ل‬s una incomodidad que un signo de debilidad. Y todav‫ي‬a llevaba su bebé... El bebé de Kellhus. Eso era lo importante. Al médico de Proyas, un sacerdote tatuado de Akkeagni, le hab‫ي‬a maravillado ese hecho, y le hab‫ي‬a enseٌado una pequeٌa oraciَn con la que darle las gracias a Dios. --Para mostrarle gratitud --hab‫ي‬a dicho-- por la fuerza de tuْ tero. Pero ella no ten‫ي‬a ninguna necesidad de oraciones destinadas al Exterior. El Exterior hab‫ي‬a entrado en el mundo y la hab‫ي‬a tomado a ella, a Serwe, como amante. El d‫ي‬a antes se hab‫ي‬a sentido con fuerzas para llevar la ropa sucia al r‫ي‬o. Se puso la cesta trenzada sobre la cabeza, como hac‫ي‬a cuando todav‫ي‬a era propiedad de su padre, y cruzَ el campo renqueando hasta encontrar a alguien a quien pudo seguir al lugar adecuado del r‫ي‬o. En todos los sitios por los que pasaba, los Hombres del Colmillo la miraban con descaro. A pesar de estar acostumbrada a esas miradas, se sent‫ي‬a a la vez emocionada, airada y asustada. ،Tantos hombres belicosos! Algunos, incluso, se atrev‫ي‬an a llamarla con frecuencia en lenguas que ella no entend‫ي‬a, y siempre con palabras burdas que despertaban las estridentes risas de sus compaٌeros. «Crees que ahora cojeas, ‫؟‬eh, muchacha?» En las ocasiones en que ella se atrev‫ي‬a a devolverles la mirada, pensaba: «Soy la vasija de otro, ،uno mucho m‫ل‬s fuerte y santo que tْ!». La mayor‫ي‬a de ellos se sent‫ي‬an reprendidos por su fiera mirada, como si pudieran, de algْn modo, percibir lo que de verdad ten‫ي‬ an sus pensamientos; pero algunos la observaban hasta que ella apartaba su mirada, con la lujuria espoleada m‫ل‬s que sofocada por su desafiamiento, como el scylvendio. Ninguno, sin embargo, se atrev‫ي‬a a molestarla. Ella sab‫ي‬a que era demasiado hermosa para no pertenecer a alguien importante. ،Si supieran a quién! Las dimensiones del campamento la hab‫ي‬an dejado estupefacta desde el principio, pero sَlo cuando se uniَ a las masas congregadas a lo largo de las rocosas orillas del r‫ي‬o Phayus comprendiَ verdaderamente la inmensidad de la Guerra Santa. Mujeres y esclavas, miles de ellas,

atestaban las brumosas distancias enjuagando, refregando, sum‫ل‬ ndose al incesante sataccato de ropa hْmeda golpeando contra las piedras. Esposas con grandes barrigas se adentraban en el r‫ي‬o y cog‫ي‬ an agua para frotarse las axilas. Pequeٌos grupos de hombres y mujeres se re‫ي‬an, contaban chismes o cantaban himnos sencillos. Niٌos desnudos corr‫ي‬an por entre la confusiَn, gritando: «،No, tْ! ،Tْ!». «Pertenezco a esto», hab‫ي‬a pensado. Y entonces, el d‫ي‬a siguiente, iban a marchar en direcciَn a tierras fanim. Serwe, hija de un caudillo nymbricanio tributario, ،ser‫ي‬a parte de una Guerra Santa contra los kianene! Para Serwe, los kianene siempre hab‫ي‬an sido uno m‫ل‬s de una serie de nombres misteriosos, amenazadores, no muy distinto de scylvendio. Como concubina, hab‫ي‬a o‫ي‬do a los hijos Gaunum hablar de ellos de vez en cuando, con la voz cargada de desprecio pero también de admiraciَn. Comentaban las embajadas abortadas al Padirajah en Nenciphon, las maniobras diplom‫ل‬ticas, los éxitos triviales y los perturbadores contratiempos. Se quejaban de la pésima «pol‫ي‬tica con los infieles» del Emperador. Y la gente y los lugares que mencionaban le parec‫ي‬an todos curiosamente irreales, como una prolongaciَn despiadada y enérgica de algْn cuento de hadas infantil. Los chismes con los esclavos y otras concubinas, eso era real: el hecho de que el viejo Griasa hubiera sido azotado el d‫ي‬a anterior por salpicar salsa de limَn sobre el regazo del Patridomos; que Eppaltros, el atractivo mozo de cuadra, hubiera irrumpido en el dormitorio y hubiera hecho el amor con Aalsa, sَlo para ser traicionado por alguien desconocido y sentenciado a muerte. Pero ese mundo hab‫ي‬a desaparecido, se hab‫ي‬a desvanecido para siempre a manos de Panteruth y sus munuati. La gente y los lugares irreales hab‫ي‬an ca‫ي‬do en catarata sobre el estrecho c‫ي‬rculo de su vida, y entonces caminaba con hombres que depart‫ي‬an con Pr‫ي‬ncipes, Emperadores e incluso Dioses. Pronto, muy pronto, ver‫ي‬a los magnificentes Grandes de Kian dispuestos para la batalla, observar‫ي‬a c َmo el revoloteo de los pendones del Colmillo hac‫ي‬a retemblar el campo. Casi pod‫ي‬a ver a Kellhus en mitad del altercado, glorioso e imbatible, derribando al sombr‫ي‬o Padirajah. Kellhus ser‫ي‬a el héroe violento de esa escritura no escrita. Ella lo sab‫ي‬a. Con una inexplicable certeza, lo sab‫ي‬a. Pero entonces él parec‫ي‬a tan pac‫ي‬fico, doblado a la luz de las velas sobre un texto antiguo. Con el corazَn martille‫ل‬ndole, se deslizَ hacia él rode‫ل‬ndose los

hombros y los pechos fuertemente con la manta. --‫؟‬Qué lees? --preguntَ ella con la voz quebrada. Después empezَ a llorar, con el recuerdo del scylvendio todav‫ي‬a presente entre las piernas. «،Soy demasiado débil! Demasiado débil para soportarle...» El rostro amable se levantَ del manuscrito, un tanto fr‫ي‬o bajo la p‫ل‬ lida luz. --Siento interrumpirte --siseَ entre las l‫ل‬grimas, con el rostro transido por una angustia infantil, por la sumisiَn, terrible e incomprensible. «‫؟‬Adَnde iré?» --No huyas, Serwe --dijo Kellhus. Le hablَ en nymbricanio, el idioma de su padre. Eso era parte del oscuro refugio que hab‫ي‬an construido entre los dos, el lugar en el que los iracundos ojos del scylvendio no los ve‫ي‬an. Pero al o‫ي‬r su lengua materna, ella se vino abajo y se puso a gemir. --Con frecuencia --prosiguiَ él, toc‫ل‬ndole la mejilla y mezcl‫ل‬ndole las l‫ل‬grimas con el pelo-- cuando el mundo nos niega una y otra vez, cuando nos castiga como te ha castigado a ti, Serwe, resulta dif‫ي‬cil comprender el significado. Ninguna de nuestras plegarias es atendida, todas nuestras confianzas son traicionadas. Nuestros huesos son aplastados. Parece que no signifiquemos nada en el mundo. Y cuando creemos que no tenemos ningْn significado, empezamos a pensar que no somos nada. Se le escapَ un suave gritito. Quer‫ي‬a echarse hacia adelante, encogerse con m‫ل‬s fuerza hasta que nada quedara... «Pero no lo entiendo.» --La ausencia de comprensiَn --respondiَ Kellhus-- no es lo mismo que la ausencia. Tْ tienes un significado, Serwe. Eres algo. Todo este mundo est‫ ل‬empapado de significado. Todo, hasta tu sufrimiento, tiene un significado sagrado. Hasta tu sufrimiento tiene un importante papel que cumplir. Ella se llevَ los dedos fl‫ل‬ccidos al cuello. Se le arrugَ la cara. «‫؟‬Significo algo?» --M‫ل‬s de lo que te imaginas --susurrَ él. Ella se desplomَ sobre su pecho, y él la abrazَ mientras Serwe gritaba sin emitir ningْn sonido. Entonces, aullَ su angustia, vociferَ como hab‫ي‬a hecho de niٌa, con el cuerpo tembl‫ل‬ndole, las manos atrapadas entre ambos. ‫ة‬l la meciَ entre sus brazos. Le pasَ la mejilla por la cabeza. Después de un rato, él se separَ de ella, y Serwe bajَ la cabeza por

vergüenza. ،Qué débil! ،Qué patética! Con suaves caricias él le secَ las l‫ل‬grimas de los ojos y la observَ durante un largo rato. Ella no se calmَ totalmente hasta que vio las l‫ل‬ grimas cayendo de los ojos de Kellhus. «Llora por m‫ي‬..., por m‫ي‬...» --Eres de él --dijo finalmente--. Eres su recompensa. --No --dijo ella con voz ronca--. Mi cuerpo es su recompensa. Mi corazَn es tuyo. ‫؟‬Cَmo hab‫ي‬a sucedido? ‫؟‬Cَmo hab‫ي‬a sido partida en dos? Hab‫ي‬a soportado mucho. ‫؟‬Por qué esa agon‫ي‬a? ‫؟‬Entonces que amaba? Pero por un instante se sinti cَ asi sana hablando en su lenguaje secreto, diciendo cosas tiernas... «Significo algo.» Las l‫ل‬grimas de Kellhus se ralentizaban al llegar a su barba bien cuidada, se agolpaban y después ca‫ي‬an al libro abierto y manchaban la tinta antigua. --،Tu libro! --dijo ella entre jadeos, encontrando alivio en una sensaciَn de culpa por un objeto que a él le importaba. Se quitَ de encima la manta, desnuda, de color marfil a la luz, y pasَ los dedos por las p‫ل‬ ginas abiertas--. ‫؟‬Se ha echado a perder? --Muchos otros han llorado sobre este texto --respondiَ suavemente Kellhus. La distancia entre sus caras era densa, hْmeda, tensa de repente. Ella le cogiَ la mano derecha y la guiَ a sus perfectos pechos. --Kellhus --susurr َtemblando--, quiero tenerte dentro..., dentro de m ‫ي‬. Y finalmente, él cediَ. Jadeando debajo de él, ella mirَ el oscuro rincَn en el que estaba tendido el scylvendio, sabedora de que ver‫ي‬a el éxtasis en su cara..., en la cara de los dos. Y ella gritَ cuando llegَ al cl‫ي‬max. Fue un grito de odio.

Cnaiur estaba tumbado, siseando la respiraciَn entre los dientes apretados. La imagen del rostro perfecto de Serwe, gir‫ل‬ndose hacia él en un angustiado éxtasis, poblَ la luz que temblaba en las superficies de tela. Serwe se re‫ي‬a como una muchacha, y Kellhus le dijo en murmullos algo en esa maldita lengua suya. El lino y la lana se sacud‫ي‬an sobre la

piel suave, y después la vela se apagَ. Oscuridad total. Salieron por la portezuela y el olor de aire fresco se introdujo en el pabellَn. --Jiruschi dan klepet gesauba dana --dijo ella, con la voz adelgazada por el espacio abierto y amortiguada por la tela. El chisporroteo del carbَn mientras alguien lanzaba madera al fuego. --‫؟‬Ejiruschina? Baussa kalwe --respondiَ Kellhus. Serwe se riَ m‫ل‬s, pero de un modo ronco, extraٌamente maduro, que él no hab‫ي‬a o‫ي‬do nunca antes. «Una cosa m‫ل‬s que la zorra me oculta...» Anduvo a tientas en la oscuridad y las puntas de sus dedos encontraron el cuero de su empuٌadura. Estaba fr‫ي‬o y caliente a la vez, como la piel humana desnuda bajo el fr‫ي‬o de la noche. Permaneciَ inmَvil unos segundos m‫ل‬s, escuchando el acallado contrapunto de sus voces a través de los estallidos y crujidos de las llamas incipientes. Entonces ve‫ي‬a la luz del fuego, una débil mancha naranja a través de la tela negra. Una pequeٌa sombra pasَ ante ella. Serwe. Alzَ el sable. Hizo un ruido ‫ل‬spero contra su vaina. Un tenue resplandor naranja. Vestido solamente con su taparrabos, se quitَ de encima las mantas y caminَ silenciosamente sobre las esterillas en direcciَn a la entrada del pabellَn. Respiraba pesadamente. Im‫ل‬genes de la tarde anterior le pasaron fugazmente por la cabeza: el dunyaino y su escrutinio sin fondo de los nobles inrithi. La idea de liderar a los Hombres del Colmillo en la batalla despertaba algo en su interior --orgullo, quiz ,--‫ل‬pero no se hac‫ي‬a ilusiones con respecto a su verdadera situaciَn‫ ة‬.l era un infiel para esos hombres, incluso para Nersei Proyas. Y a medida que el tiempo pasara, se har‫ي‬an a la idea de eso. No ser‫ي‬a un general. Un consejero sobre la astucia de los kianene, quiz‫ ;ل‬pero nada m‫ل‬s. Guerra Santa. La idea todav‫ي‬a le hac‫ي‬a soltar un resoplido. Como si no todas las guerras fueran santas. Pero la cuestiَn, como sab‫ي‬a entonces, no era lo que él ser‫ي‬a, sino lo que el dunyaino ser‫ي‬a‫ ؟‬.Qué terrores hab‫ي‬a infundido a esos pr‫ي‬ ncipes extranjeros? «‫؟‬Qué har‫ ل‬de la Guerra Santa?» ‫؟‬Har‫ي‬a de ella su zorra? ‫؟‬Como Serwe? Pero éste era el plan. --Treinta aٌos --hab‫ي‬a dicho Kellhus poco después de su llegada--.

Moenghus ha vivido entre esos hombres durante treinta aٌos. Tendr‫ ل‬un gran poder, m‫ل‬s del que ninguno de los dos podemos derrotar. Necesito m‫ل‬s que la hechicer‫ي‬a, Cnaiur. Necesito una naciَn, una naciَn. De algْn modo, explotar‫ي‬an las circunstancias, le pondr‫ي‬an los arreos a la Guerra Santa y se valdr‫ي‬an de ella para destruir a Anasurimbor Moenghus. ‫؟‬Cَmo pod‫ي‬a temer por esos inrithi, arrepentirse de haberles llevado al dunyaino, cuando ése era su plan? Pero ‫؟‬era ése el plan? ‫؟‬O era simplemente otra mentira del dunyaino, otra forma de pacificar, embaucar o esclavizar? ‫؟‬Y si Kellhus no era un asesino al que hab‫ي‬an mandado a asesinar a su padre, como dec‫ي‬a, sino un esp‫ي‬a al que hab‫ي‬an mandado a cumplir los deseos de su padre? ‫؟‬Era simplemente una coincidencia que Kellhus viajara a Shimeh justo en el momento en que la Guerra Santa se embarcaba en una campaٌa para conquistarla? Cnaiur no era un idiota. Si Moenghus era cishaurim, temer‫ي‬a la Guerra Santa y buscar‫ي‬a el modo de destruirla. ‫؟‬Pod‫ي‬a ser ésa la razَn por la que hab‫ي‬a llamado a su hijo? Los oscuros or‫ي‬genes de Kellhus le permitir‫ي‬an infiltrarse en ella, como ya hab‫ي‬a hecho, mientras que su crianza, su entrenamiento, su brujer‫ي‬a o lo que quiera que fuera le permitir‫ي‬a hacerse con ella, darle la vuelta, quiz‫ ل‬incluso volverla contra su hacedor, contra Maithanet. Pero si Kellhus serv‫ي‬a a su padre en lugar de darle caza, entonces ‫؟‬por qué le hab‫ي‬a salvado en las montaٌas? Cnaiur todav‫ي‬a pod‫ي‬a sentir la imposible mano de hierro alrededor de su cuello y la inmensa profundidad bajo sus pies. --Pero lo digo en serio, Cnaiur. Te necesito. ‫؟‬Podr‫ي‬a haber sabido entonces, ya entonces, del enfrentamiento entre Proyas y el Emperador? ‫؟‬O simplemente sucediَ que los inrithi necesitaban a un scylvendio? Improbable, por no decir algo m‫ل‬s. Pero ‫؟‬cَmo podr‫ي‬a haberlo sabido Kellhus? Cnaiur tragَ saliva y saboreَ a Serwe. ‫؟‬Pod‫ي‬a ser que Moenghus siguiera comunic‫ل‬ndose con él? Ese pensamiento le sorbiَ todo el aire de los pulmones. Vio a Xunnurit, cegado, encadenado a los pies del Emperador... «‫؟‬Soy yo lo mismo?» Todav‫ي‬a hablando en esa maldita lengua, Kellhus volviَ a tomarle el pelo a Serwe. Cnaiur lo sab‫ي‬a porque oyَ la risa de Serwe, un sonido como el de agua cayendo sobre las piedras alisadas del dunyaino.

En la oscuridad, Cnaiur extendiَ su sable, apretَ la punta en la portezuela y la apartَ a un lado un palmo. Observَ sin aliento. Sus caras naranja a la luz del fuego, sus espaldas en la penumbra, los dos inclinados de lado en el tronco de olivo sin corteza en el que se sentaban, como amantes. Cnaiur estudiَ sus reflejos sobre la superficie manchada de su espada. Por el Dios-Muerto, era preciosa. Tanto como... El dunyaino se girَ y le mirَ con los ojos refulgentes. Parpadeَ. Cnaiur sintiَ que sus labios se frunc‫ي‬an involuntariamente, una violenta corriente en su pecho, garganta y o‫ي‬dos. «،Es mi recompensa!», gritَ sin voz. Kellhus mirَ el fuego. Lo hab‫ي‬a o‫ي‬do. De alguna manera. Cnaiur dejَ caer la portezuela, convirtiendo la luz dorada en oscuridad. Una desolada oscuridad. «Mi recompensa...»

Achamian nunca recordar‫ي‬a lo que hab‫ي‬a pensado ni el camino que hab‫ي‬a tomado en su larga caminata desde el recinto imperial hasta el campamento de la Guerra Santa. De repente, se encontr َsentado en el polvo, en mitad de los restos de la celebraciَn. Vio su tienda, pequeٌa y solitaria, manchada y baqueteada por muchas estaciones, muchos viajes, a la silenciosa sombra del pabellَn de Xinemus. La Guerra Santa se extend‫ي‬a tras ella, una gran ciudad de tela, enmaraٌando la distancia de portezuelas, cuerdas tensoras, banderillas y toldos. Vio a Xinemus durmiendo junto a la fogata apagada, con su grueso cuerpo acurrucado contra el fr‫ي‬o. Supuso que el Mariscal se hab‫ي‬a preocupado por la autoritaria llamada del Emperador, y hab‫ي‬a esperado toda la noche junto al fuego, esperado a que Achamian volviera a casa. «Casa.» Se le saltaron las l‫ل‬grimas al pensar en eso. Nunca hab‫ي‬a tenido una casa, un lugar que pudiera considerar propio. No hab‫ي‬a ningْn refugio, ningْn santuario para un hombre como él. Sَlo amigos, esparcidos aqu‫ ي‬y all‫ل‬, que por alguna incomprensible razَn le quer‫ي‬an y se preocupaban por él. Dejَ que Xinemus siguiera durmiendo; aquél ser‫ي‬a un d‫ي‬a exigente. El gran campamento de la Guerra Santa se desmontar‫ي‬a ese d‫ي‬a; las tiendas caer‫ي‬an y ser‫ي‬an enrolladas con fuerza alrededor de postes, los convoyes de equipaje se alinear‫ي‬an y se cargar‫ي‬an de b‫ل‬

rtulos y provisiones; después empezar‫ي‬a la ardua pero exultante marcha hacia el sur, hacia la tierra de los infieles, hacia la desesperaciَn y el derramamiento de sangre, y tal vez incluso hacia la verdad. En la penumbra de su tienda, sacَ una vez m‫ل‬s el mapa de papiro, sin hacer caso de las l‫ل‬grimas que ca‫ي‬an sobre él. Mirَ: EL CONSULTO un rato, como si tratara de recordar lo que el nombre significaba, lo que presagiaba. Después, humedeciendo su pluma, trazَ una irregular l‫ي‬nea diagonal desde él hasta EL EMPERADOR Al fin conectados. Durante mucho tiempo hab‫ي‬a flotado a solas en su esquina, m‫ل‬s como un resto de tinta que un nombre, sin tocar nada, sin significar nada, como las amenazas murmuradas por un cobarde después de que su torturador se haya ido. Ya no. La amarga apariciَn hab‫ي‬a desnudado su abultada carne, y el horror de lo que era y de lo que pod‫ي‬a ser se convirtiَ en el horror de entonces. Ese horror. Su horror. ‫؟‬Por qué? ‫؟‬Por qué iba el destino a infligirle esta revelaciَn a él? ‫؟‬ Era el destino idiota? ‫؟‬Sab‫ي‬a lo débil, lo hueco, que se hab‫ي‬a vuelto? «‫؟‬Por qué yo?» Una pregunta ego‫ي‬sta. Quiz ‫ل‬la m‫ل‬s ego‫ي‬sta de las preguntas. Todas las cargas, incluidas aquellas tan demenciales como el Apocalipsis, deb‫ي‬an reposar sobre los hombros de alguien‫ ؟‬.Por qué no él? «Porque soy un hombre roto. Porque anhelo un amor que no puedo tener. Porque...» Pero ese camino era demasiado f‫ل‬cil. Ser fr‫ل‬gil, estar aquejado de un deseo no correspondido, era simplemente lo que significaba ser un hombre. ‫؟‬Cu‫ل‬ndo hab‫ي‬a adquirido esa tendencia a regodearse en la autocompasiَn? ‫؟‬En qué momento de la lenta acumulaciَn que era la vida se hab‫ي‬a llegado a ver a s‫ ي‬mismo como la v‫ي‬ctima del mundo? ‫؟‬Cَmo se hab‫ي‬a vuelto tan idiota? Después de trescientos aٌos, él, Drusas Achamian, se hab‫ي‬a reencontrado con el Consulto. Después de dos mil aٌos, él, Drusas Achamian, hab‫ي‬a sido testigo del regreso de un Anasurimbor. Anagke, la Zorra del Destino, ،le hab‫ي‬a elegido a él para esas cargas! Y no

estaba en situaciَn de preguntar por qué. Ni siquiera esas preguntas le aliviar‫ي‬an su carga. Ten‫ي‬a que actuar, elegir su momento y vencer, abrumar. ،Era Drusas Achamian! Su canto pod‫ي‬a carbonizar legiones, partir la tierra en dos, hacer que salieran del cielo dragones gritando. Pero incluso mientras volv‫ي‬a a escrutar el pergamino, un gran hueco se abriَ en el corazَn de su moment‫ل‬nea resoluciَn, como la quietud que sigue a las olas en la superficie de un estanque, empequeٌ eciéndole cada vez m‫ل‬s. Y en la estela de ese hueco, voces procedentes de sus sueٌos le acosaban con miedos medio olvidados, la niebla del arrepentimiento inarticulado... Hab‫ي‬a descubierto al Consulto, pero no sab‫ي‬a nada de sus planes ni la forma de descubrirles de nuevo. Ni siquiera sab‫ي‬a cَmo lo hab‫ي‬a descubierto el Emperador. Laْ nica y temblorosa l‫ي‬nea que un‫ي‬a el Consulto con el Emperador carec‫ي‬a de todo significado, con la salvedad de que estaban relacionados de algْn modo. Y si el Consulto se hab‫ي‬a infiltrado en la corte imperial con ese..., ese esp‫ي‬a, deb‫ي‬a dar por hecho que podr‫ي‬a haberse infiltrado del mismo modo en todas las Grandes Facciones, en todos los Tres Mares, quiz‫ ل‬incluso en el mismo Mandato. Una cara abriéndose como los dedos paralizados de la palma de una mano sin piel. ‫؟‬Cu‫ل‬ntos eran? De repente el nombre, el Consulto, que hab‫ي‬a estado tan aislado de los dem‫ل‬s, parec‫ي‬a unido a ellos con una aterradora intimidad. Achamian advirtiَ que el Consulto no sَlo se hab‫ي‬a infiltrado en las Grandes Facciones, sino que se hab‫ي‬a infiltrado en individuos, hasta el punto de convertirse en ellos. ‫؟‬Cَmo se combate a un enemigo como ése sin combatir aquello en lo que se ha convertido? ‫؟‬Sin combatir contra todas las Grandes Facciones? Por lo que Achamian sab‫ي‬a, el Consulto ya gobernaba los Tres Mares y simplemente toleraba el Mandato como un enemigo impotente, un hazmerre‫ي‬r, para fortificar el baluarte de ignorancia que les proteg‫ي‬a. «‫؟‬Cu‫ل‬nto tiempo hac‫ي‬a que se estaban riendo? ‫؟‬Hasta qué punto hab‫ي‬a llegado su corrupciَn?» ‫؟‬Podr‫ي‬a haber llegado hasta tan lejos como el Shriah? ‫؟‬Pod‫ي‬a la Guerra Santa ser su médula, un artefacto del Consulto? Le recorriَ una cascada de implicaciones que le hac‫ي‬an martillear el corazَn, y su piel quedَ cubierta del sudor fr‫ي‬o del p‫ل‬nico. Acontecimientos desconectados se entretej‫ي‬an en una narraciَn mucho m‫ل‬s oscura que la ignorancia, del mismo modo que las ruinas

despedazadas se pod‫ي‬an ir uniendo mediante la intuiciَn de algْn bastiَn o templo perdido. El rostro ausente de Geshrunni. ‫؟‬Le matَ el Consulto? ‫؟‬Llevarse esa cara para consumar algْn obsceno rito de sustituciَn, sَlo para ser frustrados cuando los Chapiteles Escarlatas encontraron su cad‫ل‬ver poco después? Y si el Consulto sab‫ي‬a de Geshrunni, ‫؟‬ significaba también eso que conoc‫ي‬an la guerra secreta entre los Chapiteles Escarlatas y los cishaurim? ‫؟‬Acaso no explicar‫ي‬a eso que Maithanet también supiera de la existencia de la guerra? ‫؟‬La muerte de Inrau? Si el Shriah de los Mil Templos era un esp‫ي‬a del Consulto... Si la profec‫ي‬a de Anasurimbor... Mirَ el papiro una vez m‫ل‬s. ANASURIMBOR KELLHUS Todav‫ي‬a estaba desconectado, pese a su inquietante proximidad al Consulto. Levantَ la pluma, dispuesto a trazar una l‫ي‬nea entre los dos nombres, pero dudَ. Dejَ la pluma a un lado. El hombre, Kellhus, que ser‫ي‬a su alumno y amigo, era tan... distinto de los dem‫ل‬s hombres. El regreso de los Anasurimbor era un presagio del Segundo Apocalipsis. La verdad de eso hac‫ي‬a que a Achamian le dolieran los huesos. Y la Guerra Santa ser‫ي‬a simplemente el primer gran derramamiento de sangre. Con la cabeza d‫ل‬ndole vueltas, Achamian se llevَ una mano aturdida a la cara, entre el cabello. Im‫ل‬genes de su vida anterior --ense ‫ٌل‬ndole ‫ل‬lgebra a Proyas, grabando nْmeros en la tierra de un camino del jard‫ي‬n, leyendo a Ajencis bajo la inquieta luz solar de la maٌana en el pَ rtico de Zin-- recorrieron sus pensamientos, totalmente ingenuos, dolorosamente p‫ل‬lidos, inocentes y completamente destrozados. «El Segundo Apocalipsis est‫ ل‬aqu‫ي‬. Ya ha empezado...» Y él estaba en el mism‫ي‬simo centro de la tempestad. La Guerra Santa. Perturbadas sombras juguetearon y retozaron en los muros de tela de su tienda, y Achamian supo con una certidumbre atroz que estaban sondeando el horizonte, que una inconmensurable trampa se hab‫ي‬a introducido inadvertidamente y estaba fijando su temible curso. «Otro Apocalipsis... Y est‫ ل‬sucediendo.» ،Pero eso era una locura! ،No pod‫ي‬a ser! «Es. Inspira. Ahora espira, lentamente. Est‫ل‬s a la altura de esto, Akka. ،Debes estar a la altura de esto!»

Tragَ saliva. «Pregْntate: ‫؟‬cu‫ل‬l es la pregunta? ‫؟‬Por qué iba a querer el Consulto esta Guerra Santa? ‫؟‬Por qué iba a querer destruir a los fanim? ‫؟‬Tiene algo que ver con los cishaurim?» Pero tras el alivio que sintiَ al plantearse la pregunta, surgiَ la segunda, una cuestiَn cuyos términos eran demasiado dolorosos para él como para negarlo. Un pensamiento como un cuchillo en invierno. «Mataron a Geshrunni inmediatamente después de que yo me marchara de Carythusal.» Pensَ en el hombre del Agora Kamposea, el que creyَ que le segu‫ي‬ a, el que parec‫ي‬a haber cambiado de cara. «‫؟‬Significa eso que me est‫ل‬n siguiendo?» ‫؟‬Les hab‫ي‬a llevado él a Inrau? Achamian se detuvo, sin resuello bajo la luz difusa, con el pergamino petrificado y balance‫ل‬ndose en su mano izquierda. También les hab‫ي‬a llevado... Se llevَ dos dedos a la boca y se los frotَ lentamente contra el labio inferior. --Esmi... --susurrَ.

Amarradas juntas, las galeras de recreo se mec‫ي‬an suavemente en el Meneanor, en el exterior del puerto fortificado de Momemn. Era una tradiciَn con siglos de antigüedad unirlas as‫ ي‬en la festividad de Kussapokari, que marcaba el solsticio de verano. La mayor parte de las galeras eran de las dos castas m‫ل‬s altas: la kjineta de las Casas de la Congregaciَn y la sacerdotal nahat. Hombres de la Casa Gaunum, de la Casa Daskas, la Casa Ligesseras y muchas otras evaluaban a los dem ‫ل‬s y confeccionaban sus chismorreos dependiendo de las turbias lealtades de poder y enemistad que hubiera entre las Casas. Incluso en el interior, hab‫ي‬a miles de variaciones de rango y reputaciَn. El criterio oficial para esos rangos era claro: mayor o menor cercan‫ي‬a al Emperador, que se med‫ي‬a f‫ل‬cilmente por la jerarqu‫ي‬a de los puestos en los laber‫ي‬nticos ministerios o, en el extremo opuesto, filiaciَn con la Casa Biaxi, el tradicional enemigo de la Casa Ikurei. Pero las Casas ten ‫ي‬an por s‫ ي‬mismas largas historias, y el rango entre los hombres estaba inextricablemente vinculado a la historia. As‫ ي‬se lo contaban a las concubinas y los niٌos: «A ese hombre, Trimus Charcharius, respétalo, ni ٌo. Sus ancestros fueron un d‫ي‬a Emperadores», a pesar de que la Casa

Trimus no gozaba del favor del Emperador y hab‫ي‬a sido despreciada por los Biaxi desde tiempos inmemoriales. Si se aٌad‫ي‬a a eso la riqueza, la sabidur‫ي‬a y el talento, los cَdigos jnanicos que abarcaban todas sus relaciones se tornaban tan indescifrables para los dem‫ل‬s como apabullantes para ellos, una complicada ciénaga que devoraba r‫ل‬ pidamente a los estْpidos. Pero este marem‫ل‬gnum de asuntos ocultos y c‫ل‬lculos instant‫ل‬neos no les constre‫ٌي‬a. Era simplemente el modo como se hac‫ي‬a, tan natural como el ciclo de las constelaciones. Las cosas fluidas de la vida no eran menos necesarias por el hecho de ser fluidas. As‫ ي‬que los juerguistas re‫ي‬an y hablaban como si lo hicieran despreocupadamente, apoy‫ل‬ ndose en las barandillas pulidas, disfrutando de la perfecciَn del sol deْ ltima hora de la tarde y temblando cuando eran cubiertos por las sombras. Los cuencos se entrechocaban. Se vert‫ي‬a y se salpicaba vino, haciendo que los dedos pegajosos se tornaran aْn m‫ل‬s pegajosos. El primer trago era lanzado al mar, una propiciaciَn a Momas, el Dios que serv‫ي‬a de excusa para esas reuniones. Las conversaciones eran una mezcla de humor y gravedad, como un desfile de voces, cada una de ellas tratando de llamar la atenciَn, cada una de ellas atenta a la ocasi َn de impresionar, de informar, de entretener. Las concubinas, vestidas con sus culati de seda, hab‫ي‬an sido dejadas de lado por las ‫ل‬speras conversaciones de los hombres, como era debido, y se regodeaban con esos temas que les parec‫ي‬an enormemente divertidos: moda, esposas celosas y esclavos obstinados. Los hombres, sosteniendo cuidadosamente sus mangas ainonias para que fueran iluminadas por el sol, hablaban de cosas serias y contemplaban con un divertido desdén cualquier cosa que no fuera la guerra, los precios y la pol‫ي‬tica. Las escasas transgresiones del jnan que se permit‫ي‬an eran toleradas, incluso alentadas, dependiendo de quien las cometiera. Parte del jnan consist‫ي‬a precisamente en saber cu‫ل‬ndo transgredirlo. Los hombres se re‫ي‬an con fuerza de los ruidos de las inevitables muestras de sorpresa que circulaban entre las mujeres y les llegaban a los o‫ي‬dos. A su alrededor, las aguas de la bah‫ي‬a eran azul oscuro y llanas. Como juguetes en la distancia, los barcos de grano galeoth, los inmensos buques mercantes cironji y otros echaban amarras en la desembocadura del r‫ي‬o Phayus. El cielo posterior a la tormenta parec‫ي‬ a profundo por su claridad. Hacia tierra firme, las colinas poco elevadas que rodeaban Momemn eran marrones, y la ciudad en s‫ ي‬misma parec ‫ي‬a vieja, como las cenizas de un fuego. A través de la perpetua bruma de humo, se percib‫ي‬an los grandes monumentos de la ciudad, como

sombras m‫ل‬s oscuras erigiéndose sobre la mancha gris‫ل‬cea de las casas de vecinos y los caَticos callejones. Como siempre, la Torre de Ziek avasallaba el nordeste. Y el corazَn de la ciudad, las Grandes Cْ pulas de Xothei, se ergu‫ي‬a sobre el confuso templo-complejo de Cmiral. Los pertenecientes a la facciَn Biaxi con buena vista juraron que en mitad de los templos pod‫ي‬an ver la Polla del Emperador, nombre con el que se hab‫ي‬a acabado conociendo elْ ltimo monumento de Xerius. Sigui َ la controversia. Hubo algunos, los m‫ل‬s religiosos, que mostraron su desaprobaciَn por esa broma tan subida de tono. Pero se vieron llevados por m‫ل‬s discusiَn y m‫ل‬s vino. Fueron obligados a conceder que el obelisco, después de todo, ten‫ي‬a una «punta» arrugada. Uno de los borrachos que hab‫ي‬a entre ellos incluso sacَ su cuchillo --la primera violaciَn real de la etiqueta-- cuando se le recordَ que hab‫ي‬a besado el obelisco la semana anterior. Era en el exterior de los muros de Momemn donde las cosas hab‫ي‬ an cambiado. Los campos circundantes eran polvo gris, pisoteado por incontables pies y moldeado por roderas cocidas al sol. La tierra se hab ‫ي‬a roto bajo el peso de la Guerra Santa. Las arboledas estaban muertas. Las fosas sépticas apestaban. Moscas. La Guerra Santa hab‫ي‬a marchado, y los hombres de las Casas discut‫ي‬an sobre ello incesantemente, recordaban la humillaciَn del Emperador --no, la humillaciَn del Imperio-- a manos de Proyas y su scylvendio mercenario. ،Un scylvendio! ‫؟‬Acaso los demonios les acosar ‫ي‬an también en el campo de la pol‫ي‬tica? Los Grandes Nombres hab‫ي‬an puesto en evidencia al Emperador, y a pesar de que Ikurei Xerius hab‫ي‬ a amenazado con no marchar junto a la Guerra Santa, finalmente hab‫ي‬ a reconocido su derrota y hab‫ي‬a mandado a Conphas con ellos. El intento de unir la Guerra Santa con los intereses de Nansur hab‫ي‬a sido un movimiento osado, en eso estaban todos de acuerdo, pero mientras el brillante Conphas marchara con ellos, el Emperador segu‫ي‬a teniendo posibilidades de triunfar. Conphas, un hombre como un Dios, un verdadero hijo de Kyraneas, o incluso de Cenei, una sangre ancestral. ‫؟‬ Cَmo no iba a hacerse con la Guerra Santa? --،Piensa en ello --gritaban--. ،El Viejo Imperio restaurado! La mayor‫ي‬a hab‫ي‬a pasado los pestilentes meses de primavera y verano en sus propiedades en la provincia y hab‫ي‬a visto poco a los Hombres del Colmillo. Algunos se hab‫ي‬an hecho ricos aprovisionando a la Guerra Santa, y todav‫ي‬a m‫ل‬s ten‫ي‬an a sus queridos hijos con Conphas. Hab‫ي‬a pocas razones pr‫ل‬cticas para celebrar la marcha de la Guerra Santa hacia el sur. Pero quiz‫ ل‬sus especulaciones eran m‫ل‬s

profundas. Cuando las langostas descendieron, se hicieron ricos vaciando sus graneros, pero siguieron quemando ofrendas cuando las hambrunas terminaron. Nada detestaban tanto los Dioses como la arrogancia. El mundo era un cristal pintado: sombras de un antiguo e inimaginable poder se mov‫ي‬an debajo de él. En algْn lugar distante, la Guerra Santa recorr‫ي‬a los caminos entre antiguas capitales, una gran migraciَn de hombres robustos y brazos refulgentes bajo el sol. Incluso entonces, algunos afirmaban o‫ي‬r unos débiles cuernos a través de las risotadas y el mar inmَvil, como el repiqueteo de trompetas permanece en los o‫ي‬dos zumbantes. Otros se deten‫ي‬an y escuchaban, y aunque no o‫ي‬an nada, se estremec‫ي‬an y racionaban sus palabras con cuidado. Si las glorias presenciadas induc ‫ي‬an temor al hombre, las glorias afirmadas pero nunca vistas le infund‫ي‬ an piedad. Y juicio.

GLOSARIO DE PERSONAJES Y FACCIONES: Anasurimbor Kellhus: Monje dunyaino de treinta y tres aٌos. Drusas Achamian: Hechicero del Mandato de cuarenta y siete aٌos. Cnaiur: B‫ل‬rbaro scylvendio, caudillo de los utemot. Esmenet: Prostituta sumni de treinta y un aٌos. Serwe: Concubina nymbricania de diecinueve aٌos. Anasurimbor Moenghus: Padre de Kellhus. Skiotha: Padre fallecido de Cnaiur.

Los dunyainos: Secta mon‫ل‬stica secreta cuyos miembros han repudiado la historia y los apetitos animales con la esperanza de encontrar una explicaciَn absoluta a través del control de todos los deseos y circunstancias. Durante dos mil aٌos, han educado a sus miembros para los reflejos motores y la agudeza intelectual. El Consulto: Concili‫ل‬bulo de magos y generales que sobrevivieron a la muerte del No Dios en 2155 y han luchado desde entonces para propiciar su retorno en el llamado Segundo Apocalipsis. Muy pocos en los Tres Mares creen que el Consulto siga existiendo.

LAS ESCUELAS: Nombre colectivo dado a las distintas academias de hechiceros. Las primeras Escuelas, tanto en el Antiguo Norte como en los Tres Mares, surgieron en respuesta a la condena del Colmillo a la hechicer‫ي‬a. Las Escuelas son una de las instituciones m‫ل‬s antiguas de los Tres Mares, y sobreviven, en gran medida, debido al terror que inspiran y su independencia de los poderes seculares y religiosos de los Tres Mares.

--El Mandato: Escuela gnَstica fundada por Seswatha en 2156 para proseguir la guerra contra el Consulto y para proteger a los Tres Mares del regreso del No Dios, Mog-Pharau. Nautzera: Antiguo miembro del Quorum. Simas: Miembro del Quorum y antiguo profesor de Achamian. Seswatha: Superviviente de las Viejas Guerras y antiguo fundador del Mandato.

--Los Chapiteles Escarlatas: Escuela anagَgica m‫ل‬s poderosa en los Tres Mares que ha sido la gobernadora de facto del Alto Ainon desde 3818. Ele‫ل‬zaras: Gran Maestro de los Chapiteles Escarlatas. Iyokus: Maestro de Esp‫ي‬as de Ele‫ل‬zaras. Geshrunni: Esclavo soldado y moment‫ل‬neo esp‫ي‬a del Mandato. --El Saik Imperial: Escuela anagَgica vinculada al Emperador de Nansur. Cememketri: Gran Maestro del Saik Imperial.

--La Myunsai: Autoproclamada Escuela Mercenaria, que vende sus

servicios hechiceros en los Tres Mares. Skalateas: Hechicero mercenario.

LAS FACCIONES INRITHI: Sintetizando elementos monote‫ي‬stas y polite‫ي‬stas, el inrithismo, la fe dominante en los Tres Mares, se basa en las revelaciones de Inri Sejenus ) circa ,(2202-2159 el Ultimo Profeta. Los principios centrales del intrithismo versan sobre la inmanencia de Dios en los acontecimientos histَricos, la unidad de las deidades individuales de los Cultos como Aspectos de Dios tal como fue revelada por el ‫ع‬ltimo Profeta y la infalibilidad del Colmillo como escritura. --Los Mil Templos: Instituciَn que provee el marco eclesi‫ل‬stico del inrithismo. A pesar de que tiene su base en Sumna, los Mil Templos es omnipresente en los Tres Mares noroccidentales y orientales. Maithanet: Shriah de los Mil Templos. Paro Inrau: Sacerdote Shriah y antiguo alumno de Achamian.

--Los Caballeros Shriah: Orden mon‫ل‬stica militar bajo la directa direcciَn del Shriah, creada por Ekyannus III ,el Dorado, en 2511 . Incheiri Gotian: Gran Maestro de los Caballeros Shriah. Curtias Sarcellus: Primer Caballero-Comandante de los Caballeros Shriah.

--Los conriyanos: Conriya es una naciَn ketyai de los Tres Mares orientales. Fundada después del colapso del Imperio Ceneiano oriental en 3372, tiene su base alrededor de Aoknyssus, la antigua capital de Shir. Nersei Proyas: Pr‫ي‬ncipe de Conriya y antiguo alumno de Achamian. Krijates Xinemus: Amigo de Achamian y Mariscal de Attrempus. Nersei Calmemunis: L‫ي‬der de la Guerra Santa Vulgar.

--Los nansur: El Imperio Nansur es una naciَn ketyai de los Tres Mares occidentales y el autoproclamado heredero del Imperio Ceneiano. En la cْspide de su poder, el Imperio de Nansur se extend‫ي‬a desde Galeoth hasta Nilnamesh, pero se ha visto muy reducido a lo largo de siglos de guerra contra los fanim de Kian. Ikurei Xerius III: Emperador de Nansur. Ikurei Conphas: Exalto-General de Nansur y sobrino del Emperador. Ikurei Istriya: Emperatriz de Nansur y madre del Emperador. Martemus: General y Ayuda de Campo de Conphas. Skeaos: Primer Consejero del Emperador.

--Los galeoth: Galeoth es una naciَn norsirai de los Tres Mares, el llamado Medio-Norte, fundada alrededor de 3683 por los descendientes de los refugiados de las Viejas Guerras. Coithus Saubon: Pr‫ي‬ncipe de Galeoth y l‫ي‬der del contingente de Galeoth. Kussalt: Mozo de Saubon. Coithurn Athjeari: Sobrino de Saubon.

--Los tydonnios: Ce Tydonn es una naciَn norsirai de los Tres Mares orientales. Fue fundada después del colapso de la naciَn ketyai de Cengemis en 3742. Hoga Gothyelk: Conde de Agansanor y l‫ي‬der del contingente tydonnio.

--Los ainonios: Alto Ainon es la principal naciَn ketyai de los Tres Mares orientales. Fue fundada después del colapso del Imperio Ceneiano en 3372, y ha sido gobernada por los Chapiteles Escarlatas desde el final de la Guerra Escol‫ل‬stica en 3818. Chepheramunni: Rey-regente del Alto Ainon y l‫ي‬der del contingente ainonio.

--Los thunyerios: Thunyerus es una naciَn norsirai de los Tres Mares. Fue fundada a través de la federaciَn de las tribus thunyerias alrededor de 3987, y sَlo recientemente se ha convertido al inrithismo. Skaiyelt: Pr‫ي‬ncipe de Thunyerus y l‫ي‬der del contingente thunyerio. Yalgrota: siervo gigante de Skaiyelt.

LAS FACCIONES FANIM: Estrictamente monote‫ي‬sta, la fanim es una fe advenediza fundada por las revelaciones del profeta Fane (3669-3742) y restringida a los Tres Mares suroccidentales. Los principios centrales de los fanim tienen que ver con la singularidad y la trascendencia de Dios, la falsedad de los Dioses (que son considerados demonios por los fanim), el repudio de los Hombres del Colmillo como herejes y la prohibiciَn de todas las representaciones de Dios.

--Los kianene: Kian es la m‫ل‬s poderosa naciَn ketyai de los Tres Mares. Se extiende desde la frontera meridional del Imperio de Nansur hasta Nilnamesh. Fue fundada en la estela de la Jihad Blanca, la guerra santa emprendida por el primer fanim contra el Imperio de Nansur entre 3743 y 3771. Kascamandri: Padirajah de Kian.

Skaras: Sapatishah-Gobernador de Shigek.

--Los cishaurim: Hechiceros-sacerdotes de los fanim, con base en Shimeh. Poco se sabe de la metaf‫ي‬sica de la hechicer‫ي‬a de los cishaurim, o la Psushke, segْn se refieren a ella los cishaurim, m‫ل‬s all‫ ل‬del hecho de que no puede ser percibida por los Escogidos y de que es tan extraordinaria como la hechicer‫ي‬a anagَgica de las Escuelas. Seokti: Hereje del cishaurismo. Mallahet: Poderoso miembro del cishaurismo.